Notas de Yunnie: Y otro capi más. Se me va a alargar un poquito más de lo que tenía previsto, creo que le quedan aún dos o tres capítulos.

Advertencias: yaoi/slash, lemon

Disclaimer: Haven no me pertenece, o posiblemente el final hubiera sido muy distinto y Audrey, Nathan y Duke vivieran los tres juntos como una familia feliz.

Miedos

Algo le estaba aplastando el pecho y le dificultaba el respirar con normalidad. Al abrir los ojos se dio cuenta de que su compañero de cama estaba prácticamente encima suyo. Tenía el rostro enterrado contra la curvatura de su hombro, y el brazo y parte del pecho sobre su plexo solar.

-Duke.

El balbuceo soñoliento y adormilado era la respuesta habitual cuando le intentaba despertar, así que tanteó hasta dar con su hombro y le zarandeó.

-Duke, no puedo respirar.

Quizás aquello era exagerar un poco, pero estaba seguro que surtiría efecto. Y así fue, porque Duke levantó la cabeza y le miró confundido antes de darse cuenta de su posición.

-Ah, lo siento Nathan- se apartó lentamente-. Siempre me he movido mucho mientras duermo- se excusó, sentándose sobre la cama y desperezándose con tranquilidad.

Eso era algo más que evidente. Cada noche Duke se iba a dormir al otro extremo de la cama pero cada mañana se lo encontraba acurrucado contra él. Al principio Nathan se levantaba confundido pero después de una semana viviendo juntos se había convertido en lo habitual.

-¿Tortitas?- preguntó Duke.

Nathan asintió y su compañero desapareció, presumiblemente dirección a la cocina. Sin buscarlo, habían establecido una rutina práctica y cómoda que apenas alteraba su horario habitual. Duke preparaba el desayuno cada mañana mientras él se vestía y adecentaba. Luego desayunaban en silencio y después Duke subía a arreglarse mientras él recogía la cocina. Casi una convivencia normal.

A menudo se preguntaba porque diablos seguía durmiendo Duke en su cama. Hacía días que debería haber llamado para arreglar la calefacción y mandarlo sin compasión al sofá. Suponía que no lo había hecho aún porque era entretenido escucharle farfullar al respecto. De hecho, si se paraba a pensarlo bien, hasta podría haberle enviado a dormir a un hostal. Estaba convencido que Duke no era un peligro para nadie. Al menos no más de lo que había sido toda su vida, por lo que ya no creía que necesitara supervisión constante. Pero por algún motivo allí seguía, viviendo con él. Quizás porque Duke cocinaba bien- mucho mejor que él seguro- y siendo sincero... porque era agradable no estar tan solo. No lo admitiría nunca, pero le gustaba su compañía, algo tan sencillo como tener su presencia rondando a su alrededor.

-¿No se supone que hoy es tu día libre?- preguntó Duke cuando le vio coger la placa y las llaves.

-No hay días libres en Haven. Además, Dwight me ha enviado un mensaje. Parece que tenemos estatuas moviéndose solas por el centro y aterrorizando a la gente.

-Que suerte la nuestra- ironizó, cogiendo su abrigo y siguiéndole con resignación.

Nathan aparcó en una pequeña plazoleta del centro. Al otro externo se encontraban Dwight y un par de agentes que, escopeta en mano, disparaban a varias estatuas de piedra blanquecina que se acercaban a la terraza del café, mientras Audrey intentaba calmar a los aterrorizados ciudadanos que se habían visto atrapados allí. Esperaron prudencialmente hasta que los disparos terminaron antes de acercarse.

-Creo que esa era la última, pero por si acaso...- Dwight le pasó un arma de medio alcance a Nathan e hizo un gesto a Duke para que se colocara tras él-. Estaban intentando estrangular a la gente. Y es difícil deshacerse de una presa de piedra. ¿Todo el mundo bien?

Su mirada se dirigió específicamente a su esposa sin que lo pudiera evitar. Audrey asintió y se levantó de debajo de la mesa en la que se había refugiado con una aterrorizada chiquilla.

-Todos bien. Algunos rasguños de los fragmentos de piedra que han volado pero nada más. Y...- se interrumpió y su expresión se tornó seria de repente-. Oh Nathan. Tus ojos.

Nathan se volvió hacia ella. Se llevó la mano a los ojos y los tanteó varias veces, pero no notó nada extraño. Tampoco es que tuviera sentido del tacto como para darse cuenta si había algo fuera de lo habitual.

-¿Qué les pasa?

-Están... negros- dijo Audrey-. Y el negro... se mueve.

Todos le miraban ahora con una mezcla de miedo y preocupación. No eran unos ojos como durante un tiempo fueron los de Duke, completamente tomados por la oscuridad. Parecían estar formados por algo denso y viscoso que se movía con voluntad propia.

-Es lo que dijeron los chicos de la Guardia. Estás a punto de convertirte en un problema, si no ha pasado ya- dijo Dwight.

Nathan se tapó los oídos, como si estuvieran a punto de explotar por la presión. Suponía que en esos momentos debía agradecer su propio problema porque no sintió el dolor habitual que se asociaba a la liberación de un problema. Pero estaba seguro de que eso era lo que había pasado. Miró a sus compañeros, que instintivamente dieron un paso atrás. Miró sus propias manos, que no parecían tener nada fuera de lo habitual. Tocó el respaldo de la silla que había a su lado, pero no estalló en mil pedazos ni ardió en llamas ni se empezó a descomponer. Parecía que su toque no se había convertido en algo potencialmente mortal.

-No... no sé qué tipo de problema es- pronunció las palabras con cautela, porque a saber qué clase de trampa letal les esperaba esta vez. Casi no se atrevía ni a hablar.

Fue entonces cuando su mirada se cruzó con la de Dwight. El grandullón se quedó lívido y empezó a caminar aterrado hacia atrás.

-No- sollozó-. No, no, no. Lizzie- llamó a su hija en un sollozo desesperado y se arrodilló en el suelo, sujetando un cuerpo invisible- Lizzie cariño, quédate conmigo.

Audrey miraba a Dwight sin comprender, hasta que vio como varios de los civiles miraban también a Nathan y de repente empezaban a comportarse de manera totalmente irracional. Algunos salían corriendo en desbandada, otros gritaban aterrorizados, con una mueca de puro pavor. Unos pocos simplemente se desmayaron sin más.

-¡Audrey!- el grito de Dwight esta vez fue desgarrador- Audrey, no- lloraba sin ninguna clase de reparo- ¿Es que me lo van a quitar todo otra vez?- se lamentó.

-Debe ser el problema de Jackie Clark- dedujo Audrey-. Nathan, la gente ve sus peores miedos cuando les miras a los ojos- explicó, colocando una mano delante para bloquear la visión de su amigo porque no estaba segura de ser inmune esta vez-. Ciérralos- le ordenó-. Duke, guíalo hasta el coche, lo mantendremos lejos de todo el mundo hasta que se pase el efecto- indicó, girándose para asegurarse de que el caos no era excesivo a su alrededor.

-Vamos Nathan, dame la mano- pidió Duke, asegurándose de que sus miradas no se cruzaran.

Nathan levantó un brazo, tanteando en el aire a su alrededor en un intento de ubicar de donde exactamente procedía su voz. Ya era difícil moverse sin tacto pero si tampoco podía utilizar la vista aquello iba a ser un horror. Duke le sujetó la mano y le dio un apretón tranquilizador, aunque Nathan no dio señales de haberlo notado. Lo que sí notó fue una sensación extraña circulando por su venas, algo extendiéndose más allá de su propia piel, buscando como liberarse. Duke le soltó como si hubiera recibido una descarga eléctrica y supo que se había apartado unos pasos de él.

-No, no... no quiero volver allí- murmuró un aterrorizado Duke-. No quiero estar muerto- tenía la mirada perdida y desorbitada, y temblaba tanto que las rodillas le fallaron y acabó en el suelo, ovillado-. Ese sitio es horrible. No puedes sentir nada. No puedes obtener nada- sollozó.

Nathan sintió que se le encogía el corazón. ¿Duke hablaba de... estar muerto? Una muerte que era culpa suya y a juzgar por su reacción había sido atroz. Todos habían obviado expresamente el tema de conversación con él. Era claramente incómodo y Duke no parecía guardar malas memorias al respecto, así que simplemente lo habían dejado pasar, como si nunca hubiera estado realmente muerto. Resultaba obvio que se habían equivocado.

-Parker, creo que no es solo la vista. A Duke acaba de afectarle cuando le he tocado.

Nathan se quedó donde estaba, impotente y desubicado. Tenía miedo de abrir los ojos y empeorar las cosas. Tenía miedo de moverse y tocar a alguien de manera accidental. Aunque todo fueran ilusiones, para los afectados era algo muy real y ya sabía que aquel problema provocaba un terror y sufrimiento difíciles de controlar.

-Vale Nathan, no te preocupes. Siéntate en el suelo, justo donde estás- intentaba parecer calmada pero ver a su marido y a uno de sus mejores amigos tan destrozados por sus peores pesadillas hacía que sintiera ganas de llorar. Bastaba una mirada para saber que ambos estaban pasando un infierno mental-. Voy a acercarme a ti y comprobar si soy inmune a tu problema- indicó, la voz un tanto ahogada por el nudo que se le había formado en la garganta. Dwight estaba sumido en un dolor tan profundo que parecía a punto de perder la cabeza y Duke parecía tan aterrorizado como un niño perdido en medio de la oscuridad. Y no estaba segura de poder ayudarlos esta vez.

Nathan aguardó lo que parecía una eternidad hasta que escuchó los pasos de Audrey a su lado. Se tensó cuando la chica le puso un brazo sobre el hombro para indicarle donde estaba. De todas las personas del mundo, seguía siendo ella la única a la que podía sentir. Notó su mano bajar por su brazo, buscando su mano para entrar en contacto con su piel.

-Parker no- intentó apartarse al notar de nuevo aquel movimiento extraño e informe en su interior, pero fue demasiado tarde. Escuchó como dejaba escapar el aire de golpe y se alejaba de él. Como todos los demás, no era inmune a su nuevo problema.

No quedaba ya nadie a quien pudiera aterrorizar con su mirada, así que abrió los ojos. Al menos podría ver donde estaba y que pasaba a su alrededor. Audrey temblaba como una hoja y murmuraba que no quería dejar de ser ella otra vez. Dwight estaba sentado en el suelo, la cabeza y los hombros dejados caer como si apenas pudiera sostener su propio peso y Duke estaba como paralizado, con los ojos muy abiertos y expresión de terror.

El resto de la gente había salido huyendo despavorida, a excepción de uno de los agentes de policía que estaba gritándole al aire que no se acercara a él. También había un anciano tirado en el suelo, así que se aproximó para comprobar su estado. Por suerte, sólo estaba desmayado y no le había provocado un ataque al corazón.

-Muy bien- murmuró Dwight-. Ya tenéis lo que buscabais, me habéis dejado sin razones para vivir- anunció sacando su arma.

-¡Dwight por dios!- gritó Nathan, abalanzándose sobre él al ver que apuntaba el cañón contra su sien.

Consiguió apartar la mano y el disparo salió hacia el aire. La bala giró a pocos metros e hizo un giro imposible, volando directa al pecho del grandullón. Llevaba puesto el chaleco antibalas así que le quedaría un feo moratón, pero sobreviviría.

-¿Nathan?- llamó Dwight dubitativo- Te escucho pero no puedo verte. Nathan, oh cielos, están muertas. Lizzie y Audrey y... el bebé- se le quebró la voz, sacudida por violentos sollozos-. No creo que pueda seguir viviendo.

-Todo es una ilusión, Dwight. He liberado un problema, ¿lo recuerdas? Nada de esto es real.

-Claro que es real. ¿No ves su sangre en mis manos? Oh, cielos. Mi pequeña. Siempre la hago sufrir.

Sólo por precaución, Nathan le quitó el arma de la mano. Dwight se sobresaltó. Parecía que realmente no era capaz de verle aunque estaba justo delante de él.

-¿Qué...?

-He sido yo. Tienes que centrarte Dwight, esto son tus miedos. Nadie ha muerto, Parker está aquí y te aseguro que todavía respira. Y Lizzie está en la escuela, sana y salva.

El rubio parecía claramente confundido pero tras unos segundos de lucha interna asintió.

-Vale. Tal vez estés mintiendo pero... prefiero creer tu mentira. ¿Qué tengo que hacer?

-No tengo ni la menor idea. Quédate dónde estás y no hagas ninguna tontería. Voy a ver si a Parker se le ocurre cómo ayudar.

Se acercó hasta la mujer y le tocó con suavidad el hombro. Audrey tampoco debía poder verle porque se sobresaltó y empezó a mirar a su alrededor, buscando que la había tocado.

-Parker tranquila, soy yo.

-Nathan- la mujer se lanzó al lugar de donde creía que provenía su voz y efectivamente pudo tocar que allí había alguien-. No entiendo, ¿por qué no puedo...? Da igual. Oh Nathan, no quiero volver al granero. Estoy tan cansada de esto... No quiero empezar de nuevo. No quiero perder a las personas que me importan. No quiero haceros pasar por lo mismo una y otra vez. Quizás... quizás mi madre se equivocó. Quizás debería haberme dejado morir junto a Mara.

Nathan se llevó una mano a la cabeza, sintiéndose mentalmente agotado. Normalmente era ella la que lidiaba con la parte emocional de los problemas. Él no era bueno en esto, no sabía ni por dónde empezar. Pero sí tenía clara una cosa.

-Eso no es cierto, Parker. No hay uno solo de nosotros que no desee que vuelvas, mil veces si eso es lo que hace falta para que puedas estar aquí.

-Oh Nathan, ¿Pero qué clase de persona soy? Robando identidades una y otra vez, obligándoos a quererme y dejarme ir... Yo sólo quiero ser yo, y quedarme con todos vosotros.

-Entonces eso es exactamente lo que vas a hacer.

-No puedo. Tengo que entrar en el granero. Me está esperando, ¿no lo ves? Los problemas sólo irán a peor si no entro en él. Entraré y lo quemaré- Nathan se dio cuenta alarmado de que tenía un mechero en la mano-. Así desaparecerá todo para siempre, el granero, los problemas y yo. Y todos podréis seguir adelante.

-No hay ningún granero, Parker. Todo esto es parte de una ilusión.

-Nathan, sé que quieres retenerme con vosotros, pero...

-No es eso Parker. Tú... confía en mí, ¿vale? Sólo quédate aquí y espera a que mi problema pase. Cuando se ponga el sol lo verás todo mucho más claro.

-De... de acuerdo. Pero sólo hasta que pase el sol- no se la veía muy convencida, pero sí confiaba en él lo suficiente como para creer. Así que sentó en el suelo y esperó.

No parecía que fuera a hacer ninguna tontería inminente, pero Nathan optó por guardarle el mechero. Su capacidad para aterrorizar a la gente parecía estar ligada a una preocupante tendencia suicida. Así que aunque no tenía ningunas ganas, se acercó también a Duke y le llamó con suavidad.

-¿Nathan?- miró a un lado y a otro pero no logró ubicarle- Oh, cielos, Nathan. ¿Tú también has muerto?- preguntó con horror, tendiendo las manos y tanteando en el aire, intentando encontrarle.

-No Duke, no he muerto. Estoy aquí- le sujetó las dos manos pero Duke no dio señales de haberlo notado e intentó seguir con su búsqueda. Nathan le sujetó con más fuerza, impidiendo que se moviera-. Para de una vez- gritó. No sabía porque tenía tan poca paciencia con él. Se daba cuenta de que no le estaba tratando con el mismo tacto que a Audrey o a Dwight, pero era algo que no podía evitar.

-Lo siento, no... No sé dónde estás- Duke se estremeció y se apartó un poco de él, moviéndose torpemente- Ya sabes cómo es esto. No sientes nada, no ves nada. Tienes frío y no te puedes calentar. Tienes hambre pero no puedes comer. Deseas con todas tus fuerzas estar vivo, pero no puede ser- sonrió tristemente y giró imprevisiblemente hacia un lado, como si realmente no tuviera conciencia de ningún gesto de los que estaba haciendo-. Aunque al menos esta vez puedo hablar contigo. La otra vez también sabía que había otros muertos, pero ni siquiera podíamos interactuar. Sólo horas que no acaban y necesidades que no puedes saciar- Duke volvió a caminar al tuntún y Nathan tuvo que sujetarle para que no se golpeara con la mesa que había junto a él-. Siento mucho que hayas muerto, Nathan. No... ¿no te habré matado yo, verdad?- preguntó asustado.

Aquello fue demasiado para él. No sólo los horrores que describía Duke sobre la muerte, si no su preocupación por él. Por la persona que había puesto fin a su vida y le había condenado a semejante tortura. Notó que le acudían las lágrimas a los ojos, aunque las descartó porque no era momento de permitirse llorar.

-Nadie ha muerto, Duke. Todavía estamos vivos los dos... Deja de vagar, maldita sea. Vas a golpearte con algo- gruñó, apartándole de un tirón de la farola que había estado a punto de embestir. Tiró de él hacia abajo y consiguió sentarle a base de pura fuerza, porque Duke no parecía consciente ni de su entorno ni de su propio cuerpo-. Quédate aquí y no hagas nada. Sólo serán unas horas, hasta que el problema deje mi cuerpo y entonces todo volverá a la normalidad.

-De... de acuerdo- accedió Duke.

Nathan le vio ladearse en una postura de lo más incómoda, aunque él no parecía ser consciente. Le observó suspicaz durante unos segundos, pero parecía que Duke no tenía intenciones de suicidarse como los demás. Posiblemente porque creía que ya estaba muerto. Fuera como fuese, tenía que evitar que más gente sufriera su influencia. Se aseguró de que el policía no estaba haciendo nada peligroso, comprobó que el anciano estaba bien y llamó a la comisaría.

Dio instrucciones a Laverne para que cortaran todos los accesos a la plaza y establecieran un perímetro de vigilancia prudencial. Una vez estuvo seguro que nadie podría acercarse, se sentó a esperar. Fue un día larguísimo. De vez en cuando tenía que volver a recordar a sus amigos que todo era parte de una ilusión, porque empezaban a alterarse de nuevo y actuar de forma peligrosa. También tuvo que dejar inconsciente al policía porque había empezado a disparar a su inexistente acosador. Por suerte apuntaba hacia el escaparate de la cafetería así que el cristal fue el único herido en la refriega. Pero estaba tan alterado que no atendía a razones así que finalmente Nathan le golpeó con la pistola en la nuca.

Por fin el sol empezó a desaparecer en el horizonte y Nathan sintió como la sustancia extraña de su interior empezaba a correr de nuevo por las venas, agolpándose en su estómago. Supo de manera intuitiva que si no fuera por su problema estaría en el suelo doblado de dolor. Algo subió por su garganta y por un instante tuvo la sensación de que no podía respirar. Y entonces se vio obligado a tomar una gran bocanada, y al dejar salir el aire una sustancia oscura salió de su boca. En un gesto instintivo la cazó al vuelo, intentando sujetarla entre los dedos. Cuando abrió un poco la mano vio un líquido espeso y burbujeante que formó una bola de éter.

-¿Nathan?- Audrey le miró con cautela y suspiró aliviada al ver que sus ojos volvían a ser del precioso azul de siempre- Gracias a Dios.

-¿Estáis bien?- preguntó Nathan, mirando a sus tres compañeros. Todos asintieron y en efecto parecían haber vuelto en sí y ser de nuevo conscientes del mundo a su alrededor.

-Sí. Gracias por no dejarme perder la cabeza- dijo Dwight.

-Chicos, tengo... tengo un problema- dijo Nathan, no muy seguro de cómo llamarlo exactamente.

-¿Qué te pasa?- preguntó Audrey con preocupación.

-No, literalmente. Tengo un problema en la mano- aclaró, abriendo un poco los dedos para que pudieran ver la bola de éter. Ésta intentó escapar así que se apresuró a formar de nuevo un puño para retenerla.

-Madre mía. Mejor busquemos algo donde encerrarlo antes de que ese elemento del mal se active dentro de alguien más- dijo Audrey, visiblemente pálida. Estaba claro que no le había gustado experimentar sus peores temores.

-Sí, buscad algo. Yo... os esperaré en el coche- dijo Duke, alejándose con aire un tanto ausente hacia el bronco azul. Nathan buscó la llave en el bolsillo y le abrió con la mano libre.

-¿Qué le pasa?- preguntó Dwight, extrañado por su reacción.

-Ha recordado lo que es estar muerto- fue la escueta respuesta de Nathan.

-Cielos... ¿Deberíamos hablar con él?- inquirió el grandullón.

Audrey le vio meterse en el coche y frotarse los brazos a sí mismo como si estuviera helado.

-No, creo que es mejor dejarle unos momentos a solas- buscó con la mirada algo que pudiera resolver su problema más inminente-. En la cafetería debe haber recipientes. Podemos meter el éter en uno.

Tras revolver en la cocina acabaron guardando la bola en una botella. En cuanto Nathan la soltó en su interior, la bola volvió a su consistencia líquida y empezó a burbujear dentro del cristal.

-Sería estupendo poder contactar con Vince o con mi padre y preguntarles si saben algo de esto- dijo Audrey.

Era una de las cosas que habían intentado hacer varias veces durante aquella semana, pero la torre/granero no había vuelto a aparecer y ninguno de sus dos habitantes respondía a sus ruegos, por lo que no tenían la menor idea de porque estaba sucediendo de nuevo toda aquella locura.

-Vince encontrará la manera de ponerse en contacto con nosotros, estoy seguro- afirmó Dwight-. Yo voy a llevar esto a Gloria. Con un poco de suerte puede averiguar alguna cosa de él- dijo mirando con clara desconfianza el éter.

-Yo me quedaré aquí. Me encargaré del informe y miraré si consigo averiguar quién ha dado vida a las estatuas - propuso Audrey. Ya habían contactado con Laverne para indicar que podían levantar el bloqueo de la plaza y para que enviara algunos agentes a comprobar que todo estaba en orden por los alrededores. Miró a Nathan- Tú deberías ir con él.

Los tres se volvieron hacia el coche. Duke seguía en el asiento del copiloto, con la mirada perdida más allá de la ventanilla, dibujando círculos con un dedo en el cristal.

-Que suerte, me ha tocado el premio gordo- ironizó Nathan-. ¿No sería mejor que te encargaras tú?

-Si hay alguien con quien Duke esté dispuesto a hablar de lo sucedido es contigo, Nathan.

-Yo creía que nos conocías, Audrey Parker.

-Nathan por favor, ¿puedes ser su amigo, aunque sólo sea una vez?- le regañó Audrey.

Nathan miró a Duke y de nuevo a Audrey.

-Por si lo has olvidado, fui yo quien le maté. No creo que sea buena idea quedarme ahora con él- esta vez había desaparecido todo rastro de burla y sólo quedaba su preocupación desnuda, el miedo a hacerle sufrir todavía más.

Audrey negó con la cabeza.

-Te necesita Nathan. Siempre te necesita. Llévale a casa y habla con él.

-De... de acuerdo- accedió finalmente. Estaba convencido que era una idea pésima, pero había una cosa que era cierta: la situación de Duke era responsabilidad suya. Él había sido el culpable de su muerte, así que para bien o para mal, ya era hora de que enfrentara la verdad.