Los juegos del hambre ni los personajes no me pertenecen son de la autora Suzanne Collins alias La Sádica. La historia, pa que vean, si es mía.

No solo los papás sienten celos…

POV Narrador

-¡Ya me cansé llamita! Mejor ve y dale de comer a los gansos por mí en lo que tu abuelo descansa un poco.

-¡Sí, abuelo!

El hombre de cabello rubio y ojos grises observaba como la niña de trenzas oscuras se dirigía a la cocina por las sobras de comida de los animales. No podía entender como una pequeña niña había podido cambiar todo su mundo. El mundo que él conocía era de dolor, hambre y miseria. Un mundo donde tener hijos significaba dolor; donde el hambre reinaba y la miseria gobernaba por todo un país a excepción de esos "pavorreales" como él los llamaba. Pero todo eso cambió cuando esos dos chiquillos lograron salir con vida y derrocar una dictadura insufrible y su vida dio otro giro cuando se entero de la llegada de la pequeña.

-Abuelo, ya terminé. Creo que Grissy puso un huevo.- La pequeña la había nombrado así ya que la gansa era la única de color gris.

-No lo creo llamita, esa gansa ya no da huevos porque es muy vieja.

-No abuelo, de verdad lo hizo.

-Okey llamita, más tarde la revisaré. Ahora, ¿qué te parece si vamos al parque, eh?

-Sí, sí, sí, sí- decía la pequeña mientras daba saltos y corría alrededor de él hombre de ojos grises.

-Bien, ponte tu chaqueta. No quiero que tu mamá me lance una flecha si te resfrías por mi culpa.

Después de pasar un largo, largo, largo rato en el parque, decidieron pasar a la plaza para comprar un helado y sentarse en una de las bancas cercanas al monumento dedicado a los caídos de la guerra. De repente se dio cuenta que un pequeño niño de no más de 4 años se acercaba lentamente hacia donde ellos estaban (mejor dicho, donde la niña estaba). Tenía ojos color miel y el cabello negro y tenía las manos escondidas detrás de su espalda como si estuviera escondiendo algo.

Llegó hasta donde se encontraba la pequeña, ignorando completamente al hombre rubio y dejando ver lo que había detrás de su espalda.

Mocoso atrevido- pensó el hombre rubio.

-Ten- dijo el "mocoso" entregándole un girasol a la pequeña- De mí para tú.

El rubio volteó a donde se encontraba el pequeño y lo miro con asombro, enojo y algo que no podía comprender bien que era. La pequeña tomó la pequeña flor y antes de que pudiera decir algo, el rubio cargó a la pequeña y se la llevó sin decir una sola palabra al niño.

Ni siquiera sabe hablar bien. De seguro ni siquiera sabe ir al baño el mocoso

-Abuelo, regresa y déjame darle las gracias.

-¿Para qué? Además ya se nos hace tarde, debemos irnos.

-Tía Effie dice que debemos dar siempre las gracias.

-Tu tía dice muchas cosas. Deberías agradecerme a mí por no dejar que ese mocoso te coqueteara. Solo deja que se entere tu padre acerca de esto…-recordó las veces en las que la niña jugaba con los demás niños del parque y Peeta siempre vigilaba a la niña de cerca.-

-¿Qué es coquetetear?

-"Coquetear" niña, es cuando un chico hace cualquier cosa para llamarte la atención

-¿Darle una flor a alguien es cotetear?

- "Coquetear" y sí sería coquetear.

-¿Y eso es malo?

-Para ti si porque estas muy pequeña.

-No es cierto. Ya tengo 4 años ya soy una niña grande- le enseño la pequeña levantando los cuatro dedos de su mano.

-Está bien niña grande pero si no nos apuramos serás una niña regañada.

En la noche, cuando la pequeña ya se había ido con sus papás, se sentó en un banquillo y recordó la escena del mocoso y el sentimiento que no pudo identificar. Se levantó y camino hacia los gansos y reviso que todo estuviera en orden. Cuando reviso a Grissy, miró atónito como debajo de la gansa había un huevo. La pequeña tenía razón.

Entonces lo comprendió.

La pequeña además de ser como una nieta para él, era ese cambió que su vida necesitaba. Porque él solo conocía ese mundo de dolor, hambre y miseria. Pero esos dos chicos a los que consideraba sus hijos y que ama aunque nunca lo diga le dieron mucho. Le dieron más de lo que él merecía. Había sufrido pérdidas muy grandes. Pero si la madre de la niña era la libertad, el padre la esperanza, ella era el renacer. Y solo tuvo que darse cuenta con un huevo. Entendía que lo que tenía eran celos de que viniera otro chico y le arrebatara su atención.

Porque… no solo los papás sienten celos.

Hey! Lamento tardar mucho ya que últimamente me cuesta mucho escribir y ordenar mis ideas para un capitulo. Sé que es muy corto pero es mejor que nada. Si tienen una idea díganmelo por PM o en los reviews que por cierto agradezco mucho sus reviews y que agreguen mi historia a favoritos.

-KCF