DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a musegirl. Yo solo me adjudico la traducción.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction

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Swerve of Fate

Capítulo 4

Mientras estaba sentada en el viejo sofá de la sala en la casa de mi papá, mi pierna se movía en anticipación de la llegada de Edward y miré hacia la ventana por milésima vez.

Papá suspiró y sacudió la cabeza, ya que lo había distraído del partido de la televisión.

—Respira profundo, Bells. No sé por qué estás tan estresada por esto. ¿Estás enamorada de este chico o algo así? ¿Necesito comenzar a limpiar mis armas?

Rodé los ojos.

—Detente, papá. Solamente vamos a conversar. Cuando crecíamos solo fuimos amigos, nada más. Estoy nerviosa por tener que contarle mi historia. No quiero ponerme muy emocional al respecto, ¿sabes?

—Bella…

—¡Él está aquí! —Salté cuando vi el Volvo entrar por la calle.

—Deja que el chico llegue a la puerta —ordenó papá, y lo ignoré. Él tomó la parte de atrás de mi blusa con una mueca burlona—. Si ese chico quiere llevar a mi hija a una cita, necesita venir y recogerte con propiedad.

—¡Ya te dije que no es una cita, papá!

Sonó el timbre y maldije. Edward no necesitaba venir hasta acá solo por mí. Era tonto. Papá soltó mi blusa e inmediatamente me tropecé y terminé en el suelo.

Él rio y caminó a mi alrededor.

—Es una pena lo de tu equilibrio, cariño. Yo abriré la puerta.

—Mierda. Papá, detente. —Me las arreglé para levantarme. Escuché que la puerta se abría.

—Edward Cullen —se escuchó la voz de papá—. Entiendo que estás aquí para recoger a mi hija. ¿Eso es cierto?

—Hola, jefe Swan. Sí, ese era el p-plan —tartamudeó Edward mientras finalmente aparecía desde detrás del sofá.

—Déjalo, papá —lo regañé y me apresuré hacia la puerta—. Quita la voz de policía. No estás interrogándolo. Edward no es un criminal.

—Está bien, Bella. Yo actuaría de la misma manera con Maggie. Está protegiéndote.

Papá gruñó y cruzó los brazos sobre su pecho.

—Está siendo ridículo —dije, mirando mal a papá. Me giré y sonreí hacia Edward—. ¿Listo para irte?

—Absolutamente.

Nos condujo hacia Pacific Pizza para comprar helado antes de dirigirnos hacia Tilicum Park. Encontramos una mesa de picnic y, en lugar de sentarnos en la banca, él me sorprendió al sentarse en la mesa para luego ayudarme a sentar junto a él.

Comimos en un silencio agradable por unos minutos antes de que se girara hacia mí.

—¿Por qué no fuiste a Dartmouth, Bella?

Me aclaré la garganta con suavidad y mantuve mis ojos en mi helado de chocolate.

—No pude. Difícilmente pude conseguir mi certificado de preparatoria después de que estuve enferma. Perdí la audición y tenía terribles problemas de equilibrio. Estuve en terapia física por un año. Un mes después de que mi infección se fue tuve las cirugías para mis implantes cocleares. Terapia auditiva y de lenguaje por tres años para aprender a escuchar de nuevo y perfeccionar mi lenguaje tanto como pude. Aún tengo problemas para encontrar las palabras correctas y nunca podría haber sido capaz de concentrarme de la manera en la que tendría que hacerlo para obtener mi título. Tengo migrañas simplemente por leer un libro.

Una ola de cansancio me invadió. Pensar de nuevo en todo me había vaciado, incluso aunque ahora estuviera en un lugar mejor. Aun así, siempre tendría que gastar un poco más de energía para seguir las conversaciones, debido a mi sordera. Siempre lamentaría el hecho de necesitar de los audiolibros en lugar de sentir el papel bajo mis dedos y el olor de un libro llenar mi nariz. Y, la mayor parte del tiempo, ignoraba cuando la gente me miraba con sorpresa o desdén por no tener un título universitario.

Pausé para tomar un profundo respiro y miré hacia Edward. Su expresión era atónita. Rápidamente cambié de tema, dispuesta a dejar de hablar de mí.

—¿Y qué has estado haciendo por los últimos diez años? ¿Qué especialidad médica elegiste?

Él abrió la boca y luego la cerró antes de intentarlo de nuevo.

—No lo hice. Fui a la escuela de leyes en su lugar.

Por error, tragué un gran pedazo de helado y me estremecí ante el frío.

—Pero tú siempre habías querido ser doctor. ¿Qué pasó?

—¿Qué tanto recuerdas de tu accidente? ¿Del tiempo que pasaste en el hospital?

—Básicamente nada. No recuerdo el impacto y solo tengo recuerdos sólidos después de algunas semanas de llegar al Infantil de Seattle.

—¿Recuerdas que te visité?

Negué con la cabeza.

—No lo creo. Mi papá me dijo que viniste y me trajiste mi anuario.

Edward miró hacia el bosque. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Me llamaste bonito y luego dijiste que no querías decir eso en voz alta.

Inhalé con rapidez.

—¿Tú… tú me… besaste?

Su mirada viajó hacia mí.

—¿Recuerdas eso?

—Algo así. Tengo este sueño recurrente de ti en el hospital y lo último que haces, antes de que todo se desvanezca, es besarme. ¿Eso realmente pasó, Edward?

Asintió con lentitud. Presioné mis labios juntos para evitar sonreír como lunática. Edward realmente había sido mi primer beso. Ese pequeño hecho me hizo más feliz de lo que imaginaba. Era tonto y estúpido aún tener sentimientos por un chico que no había visto en diez años, pero siempre comparaba a otro chico con Edward. Ninguno se le comparaba.

—Te convulsionaste después de eso.

Era como si alguien hubiera echado un bote de agua helada sobre mí. Me dijeron que había tenido tres convulsiones cuando había estado en el hospital, pero no tenía ni idea de que Edward había presenciado una de ellas. Quería meterme bajo la mesa y morir. Sabía que tenía movimientos frenéticos, comenzaba a escupir y babear, y…

—¿Me oriné en la cama cuando pasó?

—Bella, no era algo que pudieras controlar —dijo Edward con gentileza.

—Mierda —susurré y enterré el rostro en mis manos mientras la humillación me llenaba. Era mortificante que, de todas las personas, Edward tuviera que ver eso—. Lamento que hayas visto eso. Que te haya hecho no ir a la escuela de medicina.

Edward alzó una mano para enderezarme el rostro.

—Eso no tuvo nada que ver. Sí, estaba aterrado por ti. Pero esa no es la razón por la que no me convertí en doctor. ¿Qué te dijeron acerca del impacto?

—Solo que la otra persona se metió en mi carril y giré para evitarlo. Golpeé un árbol y mi cabeza se estrelló contra la ventana lo suficientemente fuerte como para causar un trauma. —Me encogí de hombros, no entendiendo cuál era el punto. Ese tipo de cosas pasaban todo el tiempo.

—La razón por la que la otra persona se metió a tu carril fue porque estaba jodidamente drogado. Completamente fuera de sí. Y ni siquiera se llevó un solo rasguño.

Sentí como el aire abandonaba mis pulmones.

—No tenía ni idea. Mis padres nunca me dijeron.

—¿Te dijeron quién era? —preguntó con enojo y negué con la cabeza—. Jacob Black. Él casi te mata y todo lo que tuvo que hacer fueron cien horas de servicio comunitario. El idiota debió de haberse podrido en la cárcel, pero ni siquiera llegó al juzgado. Su abogado hizo un trato. Uno jodidamente bueno. Probablemente ayudó el hecho de que su padre es jefe de la reservación.

—Oh —fue mi patética respuesta. Debí de haber estado furiosa, pero todo eso pasó hacía mucho tiempo y había superado casi todas las secuelas para ser capaz de llevar una buena vida, que no tenía dentro de mí la capacidad para sentirme enojada al respecto—. No tenía idea. Pero no puedes cambiar el pasado, así que no hay razón para permanecer en él.

—Sí, bueno, hice que mi misión en la vida fuera asegurarme de que la verdadera justicia llegara hacia quienes hacen esa clase de idioteces ahora. Los padres de Maggie fueron asesinados por un conductor ebrio que rebasaba por tres veces el límite legal.

Guau. Eso era estar… muy, muy, muy ebrio.

—¿Eres feliz, Edward? ¿Con tu profesión y la vida en general?

Él sonrió y asintió.

—Lo soy. Quizás no llegué a mi campo por las razones usuales, pero sí lo amo. Y Maggie es lo mejor de mi vida. Ella suavizó e iluminó mi alma en maneras que no pensé que fuera posible. —Jugó con su vaso antes de hacerlo a un lado—. Ella, uh, ella siempre me ha hecho pensar que así luciría nuestra hija si tuviéramos una. Tu cabello castaño y mis ojos verdes.

Mi corazón latió como una estampida. Si él había pensado en eso, entonces pensó en nosotros estando juntos, románticamente. Teniendo sexo para hacer dicho bebé. Oh, Dios, ahora también estaba mojada por pensar en eso. Dejé que mi mirada vagara de árbol en árbol.

—¿A dónde fuiste a la escuela de leyes? —Cambié de tema, no estaba lista para tener esa conversación.

—Fui a Harvard —dijo con orgullo.

Reí.

—El estudiante destacado, como siempre.

—Cállate, Swan. Fue más difícil de lo que debió ser. No estaba acostumbrado a no tenerte ahí, pateando mi trasero en los exámenes para mantenerme motivado. —Su sonrisa desapareció mientras me miraba.

—No me pongas esa cara, Cullen. No me tengas lástima —gruñí prácticamente—. Tengo una buena vida. Soy feliz. Tengo una panadería en Seattle. Lo estoy haciendo bastante bien.

—¿Tienes novio? —soltó de repente.

Bufé. No había tenido novio desde la inauguración de la panadería, cuatro años atrás. Tenía un vibrador. Uno muy, muy caro. Con accesorios.

—No, no tengo novio. ¿Tú? Tienes novia, quiero decir. O novio. Quizás hayas explorado otros caminos por los últimos diez años —le dije con una sonrisa juguetona.

—Sin novio —rio—. O novia. Es difícil con Maggie. Tengo que ser muy cuidadoso con quién dejo entrar a nuestras vidas.

—Sí, supongo que eso es un poco más complicado.

—Ella está bastante impresionada contigo. Me dijo que "consiguiera todo el chisme". Lo que sea que eso signifique. —Ambos reímos y él se estiró para deslizar sus dedos por un mechón de mi cabello—. Dijo que eres muy bonita. Ama tu cabello.

Nuestros ojos se encontraron por un momento y, de repente, estaba besándome.

Una mano me acunaba la cabeza, sus labios se amoldaban con los míos, su lengua pedía entrar. Cuando me abrí para él, sabía a vainilla y caramelo. Era el cielo. Me derretí contra su cuerpo, enredando las manos en su sedoso cabello. Edward me acercó más a él mientras seguíamos besándonos como adolescentes.

De repente, estaba en su regazo justo aquí, en la mesa de picnic. Sus manos encontraron mis caderas y me froté contra la dureza íntimamente presionada contra mi centro. Un gemido vibró en mi garganta mientras el placer recorría mi cuerpo. Lentamente comenzó a besar mi mandíbula y succionó mi garganta. Él embistió, presionando mis caderas contra las suyas.

—¡Edward! —grité al sentir lo cerca que me estaba llevando—. Voy a venirme si sigues haciendo eso —gemí.

—Joder, sí —gruño, y me froté contra él—. Déjame darte placer, nena.

Temblé en sus brazos. Él me separó un poco y me aferré a él, queriendo mantenerlo cerca.

—Está bien, solo déjame hacerlo.

Con una mano sosteniendo firmemente mi cadera, usó la otra para desabotonar mis jeans y meter sus dedos en mi ropa interior. ¿Quién diría que dejar que Edward me tocara en medio de un parque público me pondría tan mojada? Nunca había tenido tendencias exhibicionistas, pero por Edward, lo dejaría hacer lo que sea y en donde fuera.

Dejé salir un largo suspiro cuando hundió dos dedos dentro de mí. No había mucho espacio para que se moviera, pero no necesitaba eso. Frotó su palma contra mi clítoris y me aferré más a él.

—Dios, Bella. Te sientes tan jodidamente bien. Caliente, húmeda y apretada —murmuró Edward—. ¿Vas a venirte para mí, nena? —Usó su mano libre para sostenerme la mandíbula—. Quiero darte eso. Verte llegar en mis brazos.

Los ojos de Edward nunca dejaron los míos mientras trabajaba mi coño con su mano. Debió de haber sido incómodo y raro ver al otro de esa manera, pero no lo era. Era intenso y maravilloso y me hacía querer llorar de alegría. Cuando me vine, unos momentos después, su nombre salió de mis labios una y otra vez mientras temblaba y me estremecía.

Colapsé en su pecho y él enredó su brazo libre a mi alrededor.

—Jesús, ¿por qué nunca hicimos eso en la preparatoria?

Su risa vibró a través de mí y alcé la cabeza. Gentilmente, removió su mano de mi pantalón.

—Porque era demasiado cobarde como para invitarte a salir. Dudo mucho que hubiera sido bueno en la preparatoria. Hubiera sido muy torpe, pero hubiera sido divertido aprender contigo.

Pasé mi mano por su erección y Edward gruñó.

—Mi turno para regresarte el favor —dije, con un terrible tiempo. Hubo truenos y el cielo se abrió, dejando caer agua sobre nosotros. Grité y corrimos de vuelta a su auto—. Solamente el clima de Forks podría arruinar nuestra diversión. —Me quité el cabello húmedo del rostro y miré a Edward—. Bueno, supongo que ahora podemos pretender que estamos de vuelta en la preparatoria y escondiéndonos para no ser sorprendidos por nuestros padres.

Edward parecía confuso.

—¿Eh?

Sonreí y puse mi mano en el botón de su pantalón, abriéndolo. Me lamí los labios ante el bulto que ahora veía.

—¿Nunca te han dado una mamada en tu auto?

Antes de que pudiera decir algo, metí la mano en su bóxer y liberé su erección. Edward gimió alto y recargó la cabeza en el asiento. Pasé mi lengua por la longitud de su miembro y lo sentí embestir ligeramente cuando cerré mis labios a su alrededor.

Chupé y lamí su polla, haciendo que Edward llenara su auto con vibrantes gruñidos. Deslizó una mano en mi cabello, sus dedos se apretaron alrededor de los mechones de una manera que me volvía loca de deseo. Me animó a tomarlo más profundamente y a gemir con su polla en mi boca.

—¡Mierda! —gritó y su agarre se volvió casi dolorosamente apretado. Me preparé para su explosión y no me decepcioné cuando se vino en largos chorros que tragué con rapidez. Finalmente, su cuerpo se relajó debajo de mí y me senté de nuevo.

—Jesús, eso fue jodidamente increíble. —Edward suspiró con sus ojos casi cerrados.

De repente, no estaba segura de dónde nos encontrábamos. ¿Acaso esto solamente fue "por los viejos tiempos"? Sabía que no era así para mí, pero Edward no había hecho ninguna declaración.

Como si pudiera leer mi mente, Edward se giró para mirarme. Estaba sorprendida de ver tanto cariño y devoción en sus ojos. Se inclinó y me besó con gentileza por un momento.

—Bella —dijo cuando nos separamos—. ¿Te gustaría ir mañana conmigo y Maggie a la reunión y a la fogata? Realmente me gustaría que la conocieras.

—Eso suena maravilloso. Disfrutaría de eso —le sonreí, la felicidad bailaba en mi estómago. Él quería que conociera a su hija. Eso debía de ser una buena señal, ¿cierto?

Manejamos de vuelta a mi casa en un cómodo silencio. Él me llevó a la puerta, sosteniendo un paraguas sobre nuestras cabezas.

—Edward, olvidé preguntarte, ¿dónde vives ahora?

Él alzó un lado de sus labios.

—Chicago.

Mi corazón cayó a mis pies. Chicago. Eso no estaba ni remotamente cerca de Seattle y no podía simplemente dejarlo.

—Oh.

—Bueno, hasta noviembre. Me voy a transferir a nuestra oficina en Seattle. Quiero estar cerca de mis padres para que Maggie pueda crecer con ellos.

—Oh —dije de nuevo, esta vez con una sonrisa boba. Noviembre estaba a dos semanas de distancia. Definitivamente podía lidiar con eso.

—Sí, "oh". No te dejaré ir esta vez, nena. —Se inclinó y me besó hasta dejarme sin respiración—. Nos vemos mañana, Bella.


¡Feliz lunes!

Y... ¿qué les pareció el capítulo? ;) yo diría que las cosas van muy bien entre ellos, jajaja.

Gracias a todas por sus rr´s del capítulo pasado, no saben como me encanta leerlos y que compartan algunas de sus experiencias por ahí :3 gracias a:

Andy, Let Cull, Gabriela Cullen, Lunita Black27, Paola Lightwood, Domo, Guest, somas, anybella, freedom2604, cary, Guest, Adriu, jupy, Leah De Call, bbluelilas, Shikara65, tulgarita, LeslieeMariia, patymdn, Melany, Roxy Sanchez, rosy canul, Chayley Costa, Bitah, Deathxrevenge, aide nuno, Yani, carolaaproboste v, Yoliki y Tata XOXO.

No saben el gusto que me da recibir a nuevas lectoras y que se animen a dejar sus rr´s, recuerden que todos son muy bien apreciados ;)

¡Nos leemos el miércoles!

xx