3. La primera fiesta de Navidad

James esperaba nervioso sentado en la puerta de la sala común de Ravenclaw. Lizzy había subido sola a por unas cosas, así que había decidido aprovechar aquel momento. Cuando la puerta se abrió y vio la melena castaña de la chica, se puso de pie rápidamente.

- ¡Lizzy! – La llamó.

- Hola, James. – Ella se acercó a él con una sonrisa. - ¿Me estabas esperando?

- Sí, he visto que salías del comedor, pero no me ha dado tiempo de alcanzarte así que decidí esperar aquí fuera hasta que salieras. – Se encogió de hombros, quitándole importancia, aunque solo consiguió sonar más nervioso.

- ¿Y qué pasa?

- Pues, verás, ¿has escuchado que Neville organiza una fiesta de Navidad?

- Claro, nos lo ha dicho esta mañana en clase. – La chica asintió. Estaba emocionada, ¡su primera fiesta en Hogwarts! – Tengo muchas ganas de ir.

- Había pensado que quizás querrías venir conmigo. – Lo dijo tan rápido que Lizzy no entendió ni una sola palabra.

- ¿Cómo?

- Que he pensado que podríamos ir los dos juntos, ya sabes, como amigos. – James suspiró. Ya estaba hecho, solo esperaba que ella le dijera que sí. El año anterior había ido con Fred y el resto de chicos de su dormitorio, pero este año le apetecía ir con ella, sabía que se lo pasaría bien. Además, había escuchado que los mayores siempre intentaban ir con niñas más pequeñas y él no quería que ninguno de esos brutos se acercara a ella. Era demasiado inocente, no quería que le pasara nada y es que, aunque sabía que ella podía defenderse perfectamente, no podía evitar querer protegerla.

- ¡Sería genial, James! – Respondió ella.

- ¿De verdad?

- Sí, había pensado ir con tu prima y las demás, pero si voy contigo tendré con quien bailar. – Sus ojos brillaron emocionados y el chico sonrió, relajado, aunque no estaba muy seguro de si sabía bailar.

- ¿Te gusta mucho el baile?

- Me encanta, podría pasarme horas y horas bailando. – Lizzy suspiró. - ¡Tengo que decirle a mi madre que me envíe un vestido bonito! ¿Y te vas a poner corbata?

- Supongo…

- ¡Entonces tiene que ir a juego con mi vestido!

- ¿Cómo? – El Gryffindor arrugó la frente. ¿Pero de qué estaba hablando y desde cuándo era así? Ella molaba, no era una chica como las demás.

- Mi abuela siempre dice que la corbata del chico debe ser del mismo color que la ropa de la chica, si no, no parecerían una pareja de baile, solo dos personas que han coincidido. – Explicó antes de encogerse de hombros.

- Vale, pues cuando sepas el color dímelo y se lo diré a mi madre, supongo.

- Va a ser genial Jamie. – Dijo ella, aplaudiendo y dando unos ridículos saltitos.

- ¿Jamie? – El chico le dedicó una media sonrisa. Le divertía verla así, pero aquel nombre…

- ¿No te gusta? Me parece adorable.

- Ni siquiera mi madre me llama así. – Se quejó, aunque no demasiado. Por alguna extraña razón no le molestaba tanto como quería aparentar. En los labios de la chica sonaba muy dulce. – No tengo cinco años.

- Pues a mí me gusta, además, tú me llamas Elizabeth. – Protestó Lizzy.

- ¡Pero si es tu nombre!

- Y Jamie una abreviatura del tuyo.

James suspiró al escuchar aquel comentario. Sabía que no había nada que hacer, no podría convencerla de que dejara de llamarlo así.

- Eres imposible.

- Eso me lo dicen a menudo. – La chica sonrió. - ¿Hacia dónde vas? Tengo Defensa contra las Artes Oscuras y no quiero llegar tarde.

- A Encantamientos. – Respondió el Gryffindor. – Me pilla de camino, te acompaño.


El 22 de diciembre llegó y, con él, la fiesta de Navidad que organizaba todos los años Neville Longbottom y a la que podían asistir todos los alumnos de Hogwarts. James esperaba al final de las escaleras a Lizzy, algo nervioso. Fred y el resto de sus amigos ya habían entrado, seguidos de un grupito de niñas de primero y segundo de varias casas, pero él había decidido esperarla allí. No podía tardar mucho en llegar ya.

- Hola, pequeñajo. – Dijo alguien, mientras le pasaba un brazo sobre los hombros.

- Hola, Dom. – Respondió él dedicándole a su prima mayor una media sonrisa. – Estás muy guapa.

- Gracias, James. – La pelirroja le devolvió la sonrisa. Llevaba el pelo recogido en un elegante moño y un vestido azul oscuro, bastante ajustado, que le sentaba genial. - ¿Qué haces aquí solito?

- Espero a Lizzy.

- ¿Tu cita? – La chica enarcó una ceja.

- No, solo somos amigos. – Se apresuró a responder él. – Yo no quiero novias, eso es para pringados.

- Eres de los míos. – La pelirroja lanzó una carcajada.

- ¿Tu también esperas a alguien?

- Sí, también se retrasa aunque, - Señaló las escaleras. – creo que vas a tener que esperar menos que yo.

James giró la cabeza y no pudo evitar abrir mucho la boca. Lizzy y las demás bajaban las escaleras acompañadas de Victoire y sus amigas, todas guapísimas, aunque para él, la morena era la mejor de todas.

- Hola James, hola hermanita. – Saludó la rubia al llegar hasta ellos. Llevaba un vestido que le llegaba por la rodilla de color rosa claro y tul en la falda. - ¿Esperando a tu última conquista?

- No todas estamos casadas desde los trece años. – Contestó Dominique.

- ¿Con quién vas hoy?

- George Anderson.

- Prefecto de Slytherin de último año. – Victoire enarcó una ceja. – Es un buen chico o, al menos, eso parece.

- Pero es muy impuntual. – La pelirroja negó con la cabeza y su hermana sonrió.

James escuchó aquella conversación de forma distraída, sin apartar la mirada de Lizzy. Cuando la chica llegó, él le cogió la mano y la besó, sin saber muy bien por qué. Ella se puso completamente roja y le dedicó una media sonrisa. Llevaba un vestido verde de manga corta, con una especie de bordado en la parte inferior y un lazo a la altura de la cintura de un verde más oscuro – el mismo tono de su corbata -.

- Estás guapísima. – Consiguió decir al fin.

- Tú también. – Respondió ella con amabilidad. – Y me encanta tu corbata, vamos totalmente a juego.

- Como buena pareja de baile, como diría tu abuela.

- ¡Exacto!

Los dos comenzaron a reír. Rose y las demás no podían parar de cuchichear al verlos juntos. ¿Le gustaría James a Lizzy? ¿Y ella a él? ¡Querían saberlo!

- ¿Entramos? – Sugirió él.

- Claro. – Se giró hacia sus amigas, que recuperaron la compostura en seguida. - ¡Luego os veo chicas! ¡Adiós, Vic!

- Hasta luego, Lizzy. – Se respondió la rubia dedicándoles una mirada divertida. – Pasadlo muy bien.

Los dos entraron a la fiesta, el uno junto al otro. Lizzy miró la sala, emocionada. El Gran Comedor estaba irreconocible: habían quitado todas las mesas largas para despejar la habitación, había una banda tocando al fondo y habían repartido mesas con aperitivos y sillas donde poder descansar por los laterales. Nadie habría dicho que aquel era el mismo lugar en el que desayunaban, comían y cenaban todos los días de no ser por el techo, que mostraba una clara noche estrellada. La chica sonrió y James no pudo evitar imitarla al mirarla. Le encantaba la forma en la que veía el mundo, como si todo fuera maravilloso, como si pudiera descubrir grandes cosas incluso en los pequeños detalles.

- Me encanta. – Murmuró.

- Se nota.

Lizzy se giró y sus ojos se encontraron con los de James. Un escalofrío la recorrió y no pudo evitar pensar que ya entendía por qué la mitad de las chicas de su clase estaban loquitas por él – aunque nunca se lo diría en voz alta -. Tan ensimismados estaban que tardaron en darse cuenta de que la gente de sus cursos los miraba y comentaba. No eran pocas las chicas a las que les habría gustado ir a la fiesta con James y muchas no entendían el motivo por el que había decidido ir con "esa" en lugar de con ellas. Lizzy no era, desde luego, la chica más guapa del colegio. Era bajita, algo rellenita, de piel clara y pelo de un castaño muy normal. Podría decirse que lo más bonito de ella eran sus ojos: a pesar de ser castaños, como su pelo, eran muy grandes y tenían unas largas pestañas, pero no era solo eso. James había visto muchas veces en sus ojos un brillo especial, eran capaces de transmitir todo lo que ella sentía sin necesidad de palabras. La primera vez que los vio le abrumó la decisión que desprendían y a lo largo de aquellos meses había visto reflejado en ellos la alegría, la tristeza, el miedo, el nerviosismo... Todas las emociones de Lizzy pasaban por sus ojos y eso era algo que James no podía pasar por alto. Seguía siendo la chica más especial que había conocido nunca y, estaba seguro, siempre lo sería.

- Nos está mirando todo el mundo. – Murmuró, nerviosa.

- Supongo que a mi club de fans no les caes muy bien. – Bromeó él, haciendo que la chica le golpeara el brazo.

- Creído.

Pero sabía que tenía razón. James era guapo, muy guapo. Probablemente uno de los chicos más guapos de Hogwarts y eso que solo estaba en su segundo curso. Muchas suspiraban cada vez que se revolvía el pelo o sonreía de medio lado, lo seguían con la mirada por los pasillos y reían, cuchicheaban y se tocaban el pelo cuando él se acercaba. Pero para Lizzy, James era mucho más que una cara bonita. Era el chico que acudió en su ayuda – aun cuando nadie se la había pedido – su primera noche en el castillo, el que iba a buscarla a la puerta de la sala común, el que la acompañaba a sus clases para que no se perdiera y la llevaba a los jardines donde intentaban estudiar entre bromas y risas. James no era el hijo de Harry Potter para ella, ni siquiera el de la mejor cazadora en la historia de las Arpías. Era solo James y su sonrisa era una de las cosas que más tranquilidad podía aportarle en el mundo.

- ¿Quieres bailar, Lizzy?

- La duda ofende. – Respondió ella, haciendo que su mente regresara a la fiesta.

Avanzaron hasta el centro de la pista y, una tras otra, bailaron todas las canciones que tocaba la banda. Ella bailaba con gran soltura, se notaba que realmente aquello le encantaba aquello y él no lo hacía tan mal como había temido. Siguieron bailando hasta que, de repente, empezó a sonar una canción lenta y todos se agarraron y comenzaron a bailar pegados. Ambos se quedaron quietos y se miraron a los ojos, sin saber bien qué hacer.

- No tenemos que bailar esto si no quieres. – Murmuró el chico rápidamente.

- ¿Y por qué no iba a querer? – Lizzy se puso un mechón de pelo detrás de la oreja. – Es una canción muy bonita, pero solo la bailamos si tú quieres.

- Pues vamos a bailar entonces.

Se acercó a ella torpemente y apoyó sus manos en la cintura, mientras ella deslizaba los brazos alrededor de su cuello y le dedicaba una sonrisa tranquilizadora. Era la primera vez que bailaba una canción así y no estaba muy seguro de lo que tenía que hacer.

- Nunca he bailado algo como esto. – Confesó sonrojándose un poco.

- Yo tampoco, pero he visto a mis padres. – Contestó la Ravenclaw. – Tú solo déjate llevar, esto no es un concurso.

Y así lo hizo. Se dejó llevar por la música hasta que la canción terminó y empezó de nuevo una canción con más ritmo. Se separaron lentamente y sonrieron.

- No ha estado nada mal, Lizz.

- ¿Lizz?

- ¿Nunca te han llamado así? – James enarcó una ceja.

- No. – Ella negó con la cabeza, pero sonrió.

- Pues a partir de ahora te llamaré así, me gusta como suena. – Anunció él. – Lizz.

- De acuerdo, Jamie. – La chica asintió. – Me parece un nombre muy bonito.

Ambos volvieron a sonreír y siguieron bailando conscientes de que aquella iba a ser la primera de muchas fiestas juntos.