DISCLAIMER: HP y sus personajes, lugares y demás son propiedad de la señora J.K Rowling yo solo los uso para diversión sin fines de lucro… AH Y RECUERDEN ESTO ES MA/E (Mature/Extreme) ASÍ QUE YA ESTÁN ADVERTIDOS.
Hola, sigo trabajando a pesar de tardarme, ya saben que la vida no es muy fácil que digamos, pero intento apurarme. Aquí les dejo el nuevo cap. Y les informo que este será un fic cortito así que algunas cosas serán bastante rápidas, un beso espero les guste y dejen reviews.
AVISO IMPORTANTE
SE ME OLVIDABA, LA SEGUNDA PARTE DE EL DRAGON, LA LEONA Y EL ESCORPION SERA PUBLICADA EN EL ESPACIO DE LA PRIMERA. PARA QUE ESTEN AL PENDIENTE.
(Recomiendo la canción de Alex Band con el mismo nombre)
Capitulo3: Only one
Scorpius la vio entre el gentío del andén, estaba de puntilla estirando su delicado cuello tratando de ver entre tanta gente. De repente escucho a Albus despedirse y salir corriendo hacia donde ella estaba rodeada de un montón de pelirrojos, la vio sonreí y un momento después su visión se vio obstaculizada por una espalda ancha cubierta por tela oscura.
-James- la escucho decir mientras el hermano de Albus la alzaba en volada y ella reía delicadamente. El monstruo de los celos de nuevo despertó.
Adrian también estaba viendo como James Potter la hacia reír y la tocaba disimuladamente, en las manos, en los codos, el cabello. Se suponía que ellos eran novios o algo, porque… bueno, después de San Valentín se sentaban juntos a veces y platicaban mas a menudo, además que él la había besado en una ocasión, para ser exactos hacia una semana y en su mundo el creía que con eso era mas que suficiente para que quedara claro que quería muchísimo mas de ella.
- ¿Cómo has estado?- pregunto el moreno, alto y de ojos chocolate, vestido en su uniforme de la academia, quería que ella lo viera. James tenía una sonrisa fácil y un sentido del humor muy desarrollado, era capaz de hacerla reír hasta las lágrimas por prácticamente cualquier cosa. Ella le sonrió mas y James sintió su corazón dar un vuelco. Elena le gustaba desde siempre pero jamás se atrevió a hacer nada, era menor que él y a su padre de seguro le molestaría mucho si lo viera cortejando a su ahijada.
Aunque… si lo pensaba bien, ella pronto cumpliría la mayoría de edad y… bueno ya no habría impedimento legal para no hacer ver sus intenciones.
-Estoy muy bien, gracias, aunque la escuela no ha sido lo mismo sin ti- le contesto con gentileza, y era cierto. James Potter había sobre pasado por mucho a los antiguos merodeadores e incluso a sus tíos los gemelos Weasley, desde su graduación la escuela ya no era tan divertida.
-Si bueno, se tiene que avanzar- Ella asintió. James dejo que sus ojos vagaran con un poco de libertad, había crecido, ya casi le llegaba a la altura de los hombros, sus cabellos color chocolate estaban atados en una coleta alta algo floja y parecían brillar como la miel, su cuerpo estaba mas maduro, era toda una belleza, ninguna chica, de todas con las que el había estado se comparaba con ella, su angelical rostro lo dejaba desarmado.
-Chicos es hora de irnos- anuncio Molly quien a pesar de ser más joven que ellos era muchísimo más madura y responsable que todos ellos juntos, ella era muy seria y no le gustaba convivir con sus muchos primos en la escuela, decía que su único enfoque era estudiar no andar por ahí de vaga. Se parecía mucho a su estirado padre Percy Weasley.
Caminaron detrás de sus demás familiares, Elena dejo que el moreno le ayudara con su baúl, cuando este había insistido. Una vez en la calle James rompió el silencio.
-Sabes, conseguí boletos para ver a First Moment y me preguntaba si… bueno… si tú quisieras ir… bueno, mmmh… conmigo- a pesar de ser un chico muy atrevido junto a ella siempre se sentía nervioso. Tal vez era su dulzura o su inocencia lo que le hacia tener un sentimiento de remordimiento, al intentar seducirla.
-Claro, seguro. A Lily le va a dar algo cuando sepa que tienes boletos, pobre- Lily era dos años menor que ella y Albus, asi que era demasiado joven para acudir a un concierto o eso era lo que seguro diría el tío Harry.- Fred debe estar loco por ir- ella sabia lo mucho que al chico le gustaba la banda. Albus pareció incomodo de repente y ella supo que algo no cuadraba.
- En realidad… solo conseguí dos y… bueno yo creí que te gustaría ir conmigo, como en una cita- A estas alturas ya se encontraban en los corredores de la estación King Cross rodeados de Muggles que iban y venían, ella parpadeo un poco y sus mejillas tomaron un ligero color. Adoraba James, era su amigo y quizás en algún momento de su vida sufrió un ligero enamoramiento por él, pero ahora no sabia como tomar aquello, pues su mente se vio invadida por unos ojos color azules que no eran precisamente los de Adrián Pucey, una punzada de remordimiento le llego hondo.
-Creo que, estaría bien- accedió solo por que no quería que James se enfadara, además lo suyo tendría algún futuro y no habría problema con que su mama gritara hasta que le explotara la cabeza si le dijera que salía con Adrián u otro Slytherin.
-Me alegra que digas que si- dijo mirándole fijamente y acariciando su mejilla distraído por la suavidad de su piel, James se sentía completamente hipnotizado por aquellas orbes mercurio que lo veían fijamente, se inclino un poco con la intención de besarle sin importarle nada. Mas el golpe en su espalda lo distrajo.
Volteo con la intención de matar a quien quiera que se atreviera a interrumpir su momento de oportunidad, con lo que no conto fue con el derechazo que fue directo a su mandíbula haciéndolo trastabillar y caer sobre su espalda. Un chico salido de quien sabe donde comenzó a golpearlo, el no se amilano, escucho a Elena llamarlo varias veces con la intención de detenerlo. Se lo saco de encima y comenzó a regresarle los golpes. Fue cuando se dio cuenta de que se trataba de Pucey.
-¡Basta!, ¡Ya basta! ¡Por favor!- Elena estaba en shock, más que eso, asustada, esos dos iban a matarse si no los detenía, de un momento a otro James se puso de pie dándose por ganador. Adrián podría ser igual de alto pero no era tan corpulento como el chico Potter. Lo vio sacar su varita y las chispas rojas salían de esta.
Elena se precipito y se interpuso entre ambos jóvenes, Adrián seguía tirado respirando agitadamente, ese condenado de Potter tenia buenos puños, el gusto de la sangre llenaba su boca, el muy hijo de puta le había roto el labio y ese último golpe que conecto en su estomago lo dejo sin aire, era un estupido, actuó sin razón y lo sabia, sus celos lo dominaron y lo único que quería era destruir al imbecil de Potter por tratar de besar a su chica.
-He dicho que ya basta, ¿estás loco?- ahí estaba el genio Granger, James salio de su ofuscación y la vio tan bella, valiente, y bueno… muy enfadada. Suspiro y bajo la varita, era cierto ¿estaba loco? Si, y era solo por ella. Había estado a punto de cruciar a un chico al que ni siquiera conocía bien y que si bien podía haberse valido con la escusa de la agresión pero eso no era lo que haría un verdadero auror, mucho menos su padre.
-¿Qué pasa aquí?- la voz arrastrada le saco de sus cavilaciones y ahí enfrente suyo estaba Lucius Malfoy se veía furioso y exigía una explicación –Adrián… levántate- le ordeno al joven de ojos azules. James se envaro en toda su estatura, conocía al patriarca de los Malfoy de vista, su padre le había advertido sobre esa gente hacia años cuando el y Scorpius Malfoy estuvieron a punto de ser expulsados por liarse a golpes durante un partido de Quidditch
Adrian se puso de pie con algo de dificultad, sin ver al abuelo de Scorpius, solo tenia ojos para Elena que en esos momentos veía fijamente al abuelo de Scorpius. Lucius no podía creer lo que sus ojos veían, esa muchacha era la hija de la sangre sucia, ¿como lo sabia? fácil…
Estaba admirando la foto, el investigador acababa de llegar con su último reporte como era su costumbre, cada año. La habían nombrado Premio Anual. Dio un suspiro y dejo la foto donde una joven castaña y de ojos plateados sonreía a la nada mientras escribía algo en un pergamino. Desde el principio ordeno que le siguieran, con esa gente nunca se estaba seguro, por lo que él no se confiaría de que esa mujer y su hija se mantuvieran alejadas de su familia, lo que el no se esperaba era que la mocosa no fuera un adefesio o un Squib.
No, a pesar de ser una bastarda, la muchacha tenia mucho de los Malfoy, con solo verle a los ojos, era como verse en un espejo, los rasgos aristocráticos, además que era astuta y había ido a parar en Slytherin con Scorpius…. Scorpius, su orgullo, aun hoy en día se sorprendía por la concepción de su nieto, en la que por cierto tuviera mucho que ver, ya que prácticamente le había guiado la polla a su hijo para que desvirgara a la madre del muchacho.
En esa ocasión Draco había estado tan ebrio que ni siquiera lograba tener una erección, pero Lucius con lo mañoso que era le había hecho tomarse una fuerte dosis de afrodisiaco a base de Cantárida, y no se fue hasta que escucho a Astoria llorar por su virtud perdida, al día siguiente la pobre chica no podía ni sostenerse en sus pobres piernas de la buena follada que su hijo le dio.
Si, se había comportado como un maldito, pero no podía permitir que su hijo se mezclara con aquella gentuza, mas el daño ya estaba hecho, pues el muy idiota ya había preñado a la Sangre sucia, asi que lo único que pudo hacer fue chantajearlo con dejarlo en la calle y con matar a la mugrosa si la volvía a ver, el sabia que Draco era un cobarde pero no tenía ni idea a que grado, asi que… asi lo hizo jamás la volvió a ver y el se encargo de que jamás se enterara de la existencia de la mocosa.
Se puso sus lentes de nuevo y levanto la foto para observarla de nuevo, se había convertido en una jodida belleza, lastima que fuera hija de quien era, de lo contrario se habría enorgullecido en llamarla nieta…
Y ahí estaba ella viéndolo con curiosidad mal disimulada, de no ser por los condenados rizos marrones y los ojos color mercurio, Lucius hubiera jurado que estaría viendo un retrato mas joven de su difunta madre. Lucius le lanzo una mirada estilo Malfoy y tuvo que reconocer el valor de la mocosa al no achicarse bajo su glacial mirada.
Scorpius vio a su primo retener su enojo frente a su abuelo y vio al pobre idiota de Potter quererse poner al tú por tú con él. Imbécil, ¿Cómo carajos se le ocurría? ¿Qué no tenía ni puta idea de quien era su abuelo y de lo que era capaz? Scorp nunca había sido partidario de las Artes Oscuras pero solo por el placer de ver a ese idiota de Potter retorciéndose de dolor apoyaría a su abuelo a conciencia. Había visto a ese tratando de besarla y eso le hacía hervir la sangre más allá de todo juicio o moral.
-Vamos chicos, es tarde, nuestros padres nos esperan- esa era ella tratando de calmar las cosas.
-No sabía que tu tenías padre, Granger- las risitas no hicieron esperar, era Marissa y su sequito de inadaptadas, Scorpius sintió un apretujón en el pecho, sabia por las investigaciones que había hecho entre los chiquillos de las casas que Elena era huérfana de padre.- Pensé que eras una bastarda- otra ronda de risitas, parecían hienas riéndose ante la expectativa de una suculenta merienda, los ojos de Marissa refugiaban maldad y malas intenciones, jamás le habían gustado los ojos verdes de esa chica, juraría que a veces veía sombras oscuras moviéndose en sus orbes, un escalofrió le bajo por las espalda al recordar aquello.
-Tienes razón, Zabini, soy una bastarda –Lucius alzo una ceja a su más puro estilo mientras contemplaba a aquella mocosa decir eso con tal aplomo como si en verdad lo creyera –Por desgracia mi padre murió cuando yo era muy pequeña y por eso soy una bastarda- más risitas y uno que otro comentario despectivo susurrado mientras una sonrisa de triunfo se abría paso por el bello rostro de Marissa –Pero es mejor ser una bastarda por algo tan técnico como no tener padre que por tener uno que no te quiere…- La sonrisa de la morena murió ahí mientras una mueca de la más pura repugnancia se instalaba en su fes, Scorpius vi todo en cámara lenta y gracias a Merlín fue más rápido en cachar a la Slytherin antes de que se fuera de lleno contra la muchacha. Marissa forcejeo mientras profería insultos maliciosos contra la Gryffindor. El rubio la sostuvo contra si evitando a toda costa que se zafara de su agarre y fuera a hacerle daño a Elena que la veía con una mirada regia, su corazón palpito más deslumbrado que nunca.
Lucius escondió una sonrisita de orgullo al ver a la chiquilla defendiéndose con la clase de una reina, sin duda era un desperdicio y una lástima que fuera una mestiza, porque tenía la sangre más fría que muchos que se decían sangre pura.
-Bueno, después de este penoso espectáculo creo que es hora de irnos- La chiquilla de Zabini dejo inmediatamente su ataque mientras lo miraba avergonzada, sabía que había perdido mucho a sus ojos, pues una Señora Malfoy no debía comportarse como verdulera, nunca. Se dio la media vuelta y comenzó a caminar esperando que su nieto y el chico Pucey lo siguieran.
Marissa vio a los pobretones aun esperando y vio a la mugrosa Muggle de Granger, la odiaba con toda su alma, esa maldita siempre sobresalía en todo la muy… recompuso su cara y se pegó más al duro y largo cuerpo de su novio antes de pasarle los brazos por el cuello y plantarle un fogoso beso, viendo por el rabillo del ojo a la mugrosa fruncir las cejas y apartar la vista, ¡Lo sabía! Lo había sospechado pero ahora sabía que era cierto, a la mugrosa de Granger le gustaba su Scorpius, ella la había cachado más de una vez mirándole sin que nadie se diera cuenta de su descarado escudriño. Se pegó más a Scorp mientras sentía sus manos posarse en sus caderas, empapo las bragas al imaginar todo lo que harían este verano.
Scorpius la separo con cuidado de su cuerpo mientras buscaba a Elena con la mirada, solo para ver su espalda alejarse de él, maldita sea con Marissa y su incesante ataque. Sin decir nada se alejó de ella y recogió su valija, corriendo para alcanzar a su abuelo y a su primo. Marissa lo vio correr sin siquiera despedirse, sabía que no debía atosigarlo pero lo quería, y no estaba dispuesta a dejar que nadie se lo quitara.
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Draco vio por la ventana de la cabaña hacia el cielo, le gustaba estar en aquel lugar, era lo más cercano a la tranquilidad que tenía, nadie sabía de ese lugar en absoluto, nadie excepto las mujeres que llevaba de vez en cuando y ni siquiera ellas, pues tenía sus métodos para traerlas y llevarlas sin que ellas conocieran el camino hacia su refugio, sintió una mano bajar por su pecho y abdominales hasta su entrepierna, la mano se cerró sobre su polla y comenzó un lento bombeo, se puso duro en cuestión de minutos, la mujer castaña apareció en su visión con una sonrisa seductora que él devolvió antes de cerrar los ojos y tirar su cabeza hacia atrás cuando comenzó a chuparlo con su boca, ella era magnifica en eso, lo succiono completo mientras con sus manos atendía su escroto y hacia rodar sus bolas, ella siguió hasta que el con rudeza la tomo por el cabello y la aparto tomándose en su mano, bombeando su esperma y salpicándole la cara mientras ella sonreía lujuriosa, una vez hubo terminado se apartó frustrado, pues sabía que aunque la puta que estaba a sus pies relamiéndose su leche era una copia fiel de la mujer que amaba, no era ella, ninguna era ella.
La ira aumento en su sistema, como odiaba todo, odiaba su vida, odiaba a su esposa pero lo que más odiaba era a su padre, ese bastardo miserable.
-¿Draco?- la mujerzuela a sus pies, ya se había lamido todo lo que le arrojo y parecía deseosa de mas, con furia se acercó a ella y la tomo por los cabellos antes de arrojarla a la cama y montarse en ella, la penetro de un golpe mientras ella chillaba de dolor, la monto como un animal enfurecido mientras ella sollozaba pero no más de dolor, continuo sus empujes mientras la llevaba al clímax una y otra vez, para el quinto orgasmo ella solo estaba ahí abierta de piernas corriéndose desmadejada, con fuerza la hizo rodar sobre su estómago y con un nuevo empuje en ella, la penetro y la hizo gozar, cuando se sintió nadar en sus fluido y la fricción no fue de su gusto la penetro por el trasero haciéndola nuevamente gritar de dolor, le surco por detrás hasta que ella se corrí de nuevo instándole a llegar con ella, salió ante su inminente orgasmo y se vacío sobre su redondo trasero llenándole con su semilla, la vio jadeando desmadejada sobre el colchón y supo que había sido rudo, ella ladeo la cabeza y le sonrió con lujuria, le gustaba el juego rudo y que él la maltratara, también sabía que por una buena follada con él a ella no le importaba usar el hechizo de magia oscura para parecerse a ella.
Se levantó de la cama sintiéndose repentinamente mal y nauseabundo.
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Hermione se apresuró para llegar a su escritorio, le encantaba haber vuelto, poder usar su magia sin tener que mirar sobre su hombro para cerciorarse de que nadie la veía, hasta el más simple hechizo de levitación era como un orgasmo para ella, tantos años reprimiendo su magia era como estar sobrecargada de energía, sonrió, quizás al principio le había parecido una idiotez regresar, pero ahora sabía que la idea de Harry de retomar su vida en el mundo mágico había sido lo correcto, él la había visto marchita por no poder usar su magia, por no poder sobresalir y le había dicho que era tiempo, tiempo para retomar su vida. Para regresar y enfrentar sus demonios, más aun cuando su hija estaba a nada de cumplir los diecisiete años y ser una adulta legalmente.
Recogió los documentos que le habían enviado a su jefe esa mañana, entro a la oficina y los dejos sobre el escritorio, no había nadie ahí pues su jefe aun no regresaba de su viaje por Australia, con un pase de varita convoco una jarra con agua fresca y un vaso, otro ademan y el aire se perfumo suavemente a vainilla, esperaba que a él hombre le gustara la vainilla, pues al ser su primer día aun no lo conocía.
-Buenos días- una voz cadenciosa le llego por la espalda, ella de inmediato se enderezo de donde estaba acomodando los objetos –Supongo que tú eres Hermione, la nueva asistente- Se dio la vuelta y dio de lleno con un hombre alto y moreno, los ojos oscuros de él le recorrieron completa desde la punta de sus tacones a la parte superior de su cabeza, se alegraba de haber ido de compras antes de entrar a trabajar y adquirir atuendos adecuados para su nuevo puesto, no era lo mismo ser secretaria de un abogado cualquiera a ser la asistente del director del departamento de regulación y control de criaturas mágicas.
-Sí, soy Hermione Granger- El hombre alzo su ceja oscura y una mediana sonrisa apareció en su rostro dejándole ver lo atractivo que era.
-Ya, te me hacías conocida- comento mientras entraba totalmente a la oficina y rodeaba el escritorio –Mi nombre es Anthony Rickett – dijo mientras le tendía la mano para estrechársela, ella dudo un segundo antes de darle la mano, él la sorprendió llevándosela a los labios y depositando el fantasma de un beso en el dorso, se sonrojo sin remedio, a pesar de ser una mujer madura después de Malfoy había abandonado el salir con hombres, además con Elena pequeña no le había dado confianza rehacer su vida con nadie. –Me alegra de que estés con nosotros, se me ha dicho que eres una mujer con grandes habilidades que espero podamos aprovechar para beneficio de la comunidad- con eso la soltó y se acomodó en su silla, Hermione espero un momento para ver si él tenía algo más que decir pero cuando lo vio enfrascarse en los papeles sobre su escritorio ella salió en silencio.
A la hora de la comida se encontró con Harry en el pasillo esperándole para ir juntos a tomar algo.
-¿Qué tal tu mañana?- Harry había embarnecido en esos años, ya no era más el adolecente flacucho y sin gracia de antaño, ahora era un hombre guapo y fornido que lograba que más de una fémina volteara a verlo a su paso.
-Bien supongo- el Señor Rickett no era un hombre exigente, mientras el trabajo estuviera bien hecho no se quejaba por los por menores. Ambos caminaron mientras Harry le contaba sobre la redada contra pociones ilegales que había llevado a cabo esa mañana de ahí que llevara su viejo uniforme de Auror, para pasar desapercibido entre su equipo.
Ambos se detuvieron un segundo frente la oficina de Harry pues quería pasar por unos papeles que había olvidado mandar a otro departamento.
-Me estoy haciendo viejo, Herms, ya comienzo a olvidar cosas, Gin bromea sobre poner mi nombre en mis calzoncillos por si es que un día no recuerdo quien soy- Hermione se rio ante el comentario, antes de ver la cara de su amigo transfigurarse en una mueca de desprecio, ella volteo solo un poco para poder ver lo que su amigo veía con tanta insistencia…
Draco recorrió el solitario pasillo del ministerio, odiaba tener que presentarse en persona para solucionar problemas o solicitar permisos, era una puta lata tener que verle la cara a Potter y compañía cada vez que iba, porque si, cada vez que iba, el lugar parecía infestado de pobretones que por su "gran" heroísmo ahora trabajaban ahí. ¡Argh! ¡Qué Mierda!
¡Oh! Y hablando del elegido, ahí estaba San Potter parado con su estúpido uniforme de Auror. Algo que él no comprendía pues según tenía entendido ahora él era el mandamás en ese departamento, su vista se vio atraída por la acompañante del moreno, ¡vaya con Potter! Se veía demasiado atraído por la mujer que lo acompañaba, además que le sonreía estúpidamente, o al menos eso le parecía a él.
Mmmh, aun que tenía que admitir que Potter tenia buen gusto, ella estaba de espaldas y era más bajita que San Potter a pesar de los tacones que estilizaban y realzaban sus torneadas pantorrillas, lástima que su falda de tubo le impidiera ver más de aquellas doradas piernas.
Tenía un culo redondo y respingón que hacía que la clara tela de su falda gris claro se tensara deliciosamente, una cinturita de muñeca que se le notaba a pesar de la holgada blusa blanca que le cubría y al final una mata de rizos castaños que se extendía por su espalda.
¿Rizos castaños? No. No puede ser cierto, se dijo a sí mismo. Ella, ella no podía estar ahí, seguía tan perdido en su negación que no noto que Potter lo miraba con claro desprecio lo que si noto fue el angelical rostro de Hermione Granger de perfil al principio y finalmente de lleno cuando ella volteo a ver lo que su amigo veía.
Ella seguía igual, su exquisito rostro seguía prácticamente igual al de la adolecente con la que tantas veces fantaseo. Solo que ahora estaba complementado por el cuerpo de una mujer con suficientes cuervas como para que cualquier hombre se ahogara feliz.
Hermione jadeo quedamente, no podía creer su mala suerte. Su primer día en el ministerio y tenía que topárselo. Ahí estaba él, había cambiado bastante, ya no era un niño si no un hombre hecho y derecho, su cuerpo ya no era delgado y fibroso. Más bien era musculoso y a todas luces duro como roca. Su irritación y odio aumentaron ¿Cómo era posible que se viera tan condenadamente bien? Bastardo miserable, no debería verse tan condenadamente guapo. Debería verse viejo y acabado, con una panza horrible y un caso grave de alopecia.
Draco la observo detenidamente, se veía algo pálida y claramente desconcertada de verle ahí, ¿Cuándo había regresado? ¿No se suponía que estaría haciendo cualquier cosa que estuviera haciendo en el mundo Muggle y no aquí? Sus pies parecían no obedecerle y demasiado pronto para su gusto se vio a si mismo frente a ellos.
-Potter- saludo con su típica voz arrastrada reservada exclusivamente para Potter y Co.
-Malfoy- respondió al saludo con una más que obvia pisca de irritación y disgusto. Potter podía irse a la mierda, le importaba un cuerno que lo odiara, sabía que se lo merecía, lo que si le dolía en el fondo de su alma era la obvia indiferencia en la actitud de la mujer.
-Granger- no pudo evitar quedarse embobado en esos maravillosos ojos chocolates que brillaban con luz propia y parecían hechos de fuego, era un fuego en el que a él le gustaría calcinarse sin problema alguno.
-Malfoy- Hermione quiso abrazarse a sí misma, todas las emociones que creía enterradas reaparecieron en un segundo mezcladas con odio y resentimiento profundo, aun cuando su voz había sonado fría y carente de emoción justo como lo deseaba sabía que no podría controlar el temblor que parecía querer controlar su cuerpo. Ese miserable no merecía saber cuánto aun le afectaba su abandono. Y jamás lo sabría se dijo a si misma con convicción, si tenía que tratar con Draco Malfoy, lo haría pero solo como un conocido de la infancia nada más.
-Cuanto tiempo- dijo casual, siendo consciente de las dagas que parecía lanzarle Potter con la mirada, comprensible, se dijo, había abandonado a Granger sin decirle ni un adiós, se había comportado como un cobarde, pero al final no se arrepentía, ella estaba viva y a salvo.
-Sí, bueno, creo que Hermione y yo debemos irnos- Potter trataba a todas luces de alejarla de él, lástima porque él no pensaba dejarla desaparecer tan rápido, quería seguir viéndola, quería sentirla cerca, una erección comenzó a alzarse en sus pantalones, ella era mejor que cualquier puta con hechizo multimorfo encima.
-Tal vez, debas esperar Granger, hable con tu jefe y me dijo que tu resolverías todas mis dudas- Ella dudo sobre si creer su farol pero al final pareció convencida, Draco no tenía ni puta idea de en qué departamento trabajaba ella y no le interesaba. Lo único que él quería era cinco minutos para hablar con ella y tenerla cerca, Merlín como había soñado con volver a verla y no pensaba negarse su compañía tan pronto aun cuando ella lo odiara, aun cuando sabía que lo que hubo una vez entre ellos ya no existía y jamás existiría de nuevo, se conformaría con eso.
-Malfoy, estoy en mi descanso, si gustas esperar a que regrese puedo decirte todo lo que quieras saber en la oficina de mi jefe o puedo mandarte un memorándum si así lo deseas, solo dime que tema en concreto te interesa.- Draco intento no desesperarse, ella no quería quedarse a solas con él, era más que obvio, negó con la cabeza.
-No. Necesito que me lo aclares ahora, no tengo tiempo después, soy un hombre muy ocupado, y en cuanto al memorándum no creo tener paciencia para leerlo- Hermione no podía creer la desfachatez del hombre era un asno, no tenía tiempo según él y quería que ella sacrificara su hora de descanso como el egoísta misógino que era.- Quizás prefiera que le diga a tu jefe sobre lo poco profesional que eres, al preferir salir a descansa que atender a una persona tan importante como yo- Draco decidió jugárselas todas con aquella parapeta absurda e insultante, la conocía demasiado bien como para saber que le importaba mucho su trabajo y mostrarse profesional.
Ella apretó los labios y le dio una mirada de socorro a Potter que solo lo veía a él como queriéndole estrangular. Lástima, Potter se quedaría con las ganas de verlo derrotado.
Camino alejándose por donde había venido, seguro que habría alguna sala desocupada donde pudieran hablar sin ser interrumpidos, escucho sus tacones resonar por el pasillo, dio vuelta en una esquina y se metió en la primera oficina desocupada.
Hermione bizqueo por el pasillo sin ver a Malfoy, ¿A dónde carajos se había metido? Camino unos paso más tratando de escuchar algo, antes de sentir una poderosa mano cerrarse en su antebrazo y jalarla al interior de una sala desierta, no tuvo tiempo de reaccionar antes de que él la empujara contra el escritorio y cerrara cualquier espacio entre ellos, ella jadeo de sorpresa y abrió su boca dispuesta a reclamar siendo callada por los labios del rubio que devoraron su boca con lujuria y desesperación, Draco la beso desahogando todos esos años de frustración y abandono, ella le correspondió con odio mordiéndole hasta sacarle sangre, el empuño sus manos en sus rizos castaños hasta que ella jadeo de dolor y el aprovecho para meter su lengua en ella y saborearla a su antojo. Ella le pellizco con las uñas los brazos tratando de soltarse. Él la monto con su propio cuerpo sobre el escritorio de madera sus manos tocándole por todas partes. Ella se arqueo cuando su cuerpo traidor sucumbió antes sus caricias, pero reacciono al sentirlo intentando subir su falda por sus muslos.
Le odio, le odio más que nunca por hacerle sentir tan joven e indefensa que en un ataque de rabia le golpeo en la entrepierna, Draco se dobló por el dolor liberándola por completo antes de sentir su nariz siendo aplastada contra su cerebro, se tambaleo y cayó al piso con un golpe seco antes de verla salir por la puerta dejando ahí tirado.
Hermione corrió por el pasillo hasta su escritorio, solo paro un segundo antes de soltar un sollozo y tomar su bolso, la puerta se abrió y su jefe salió por ella, con cara de preocupación.
-¿Que sucedió?- él estaba confundido al verla con la cara llena de lágrimas, se acercó tomándola en sus brazos mientras ella lloraba, parecía tan frágil que hizo que su corazón doliera por ella. Ella siguió llorando en su pecho mojándole con su desesperación. Cuando ella comenzó a temblar descontroladamente se preocupó enserio ¿Qué le había pasado? ¡Merlín! le sujeto mientras se encaminaba sin soltarla bajo su brazo, se las arregló para evadir a la gente, gracias a Merlín todo el mundo estaba fuera almorzando.
Al llegar a las chimeneas los vellos de su cuello se erizaron avisándole que alguien los observaba sus ojos buscaron por el espacio abierto de la planta, hasta toparse con los plateados ojos de Draco Malfoy. Malfoy lo observaba con profundo odio, algo que claramente lo desconcertó, nunca había tenido problemas con los Malfoy, él no tenía problemas con nadie, era por eso que le habían asignado a su departamento.
Dejo ese pensamiento cuando la mujer en sus brazos jadeo de sorpresa al ver al rubio, algo muy extraño estaba pasando, con rapidez dijo la dirección, se apareció en una chimenea en el callejón Diagon, salió de la tienda aun con Hermione bajo el brazo y camino con agilidad entre la multitud.
Al llegar a la pared saco su varita y la paso por ella, la pared se reabrió dándole el paso, la jalo más cerca sintiendo su pequeño y curvilíneo cuerpo apretado contra el suyo, ella aun lloraba solo que en silencio, eso le hizo apretar los dientes, sabía que los Malfoy´s eran una basura de personas pero jamás creyó que Malfoy fuera de la clase que ataca mujeres indefensas.
Se apresuró por el local y salió a Londres Muggle, le gustaba el mundo Muggle, tan brillante, ruidoso y moderno, incluso mantenía un departamento ahí para cuando visitaba Picadilly y se hacía tarde, o para cuando quería pensar mientras vagaba solo por la ciudad.
Podría llevarla a su apartamento para que estuviera sola y pudiera calmarse pero no lo haría, no sería apropiado, mejor un lugar tranquilo, era hora del almuerzo, ¡eso es! Un restaurante, uno tranquilo, lejos del bullicio. Alzo una mano aun con ella pegada a su cuerpo. Le ayudo a subir al taxi y subió detrás de ella, ella aun sollozaba, el apretó su mano haciendo que ella le mirara por primera vez, sus grandes ojos chocolate estaban fundidos en lágrimas que empapaban sus espesas pestañas. Se veía tan frágil.
-Tranquila, no sé qué paso, pero no debes preocuparte, estoy aquí, si quieres hablar, estoy dispuesto a escuchar- Hermione parpadeo por un momento aclarando su mente dándose cuenta de lo que había hecho, se había arrojado a los brazos de su jefe, mierda. Anthony vio la vergüenza cubrir sus facciones.
-Lo siento tanto, debes creer que soy una loca…- Un nuevo sollozo se abrió paso por su garganta, ella se cubrió la boca con la mano intentando pararlo. Anthony le tomo la mano y se la apretó con suavidad reconfortándola, Hermione vio bondad en los ojos del hombre y supo que por algún motivo podía confiar en él.
-Yo no te juzgo, la vida es dura y las personas son malas, quizás no todas, pero hay algunas manzanas podridas por ahí…- Hermione sabía que se refería a Malfoy y de nuevo se sintió mortificada sobre ese asunto, y sobre que su nuevo jefe se enterara que alguna vez estuvo enredada con ese hijo de perra.
-Yo, te agradezco mucho que me hayas sacado de ahí, no sé cómo explicarme a mí misma y mi comportamiento- El taxi paro en ese momento, Hermione vio por la ventana que se habían alejado de la ajetreada avenida y ahora estaban en una calle desierta, frente a lo que parecía ser un pequeño restaurante.
Ambos bajaron del auto y mientras Anthony pagaba al conductor, ella pensó sobre las posibles consecuencias de ser franca con su jefe, la mano del hombre posándose con firmeza en la base de su espalda le saco de su rápida meditación. Él le sostuvo la puerta y la invito a entrar al local, no era un cinco estrellas, de hecho era más bien bastante sencillo. A Anthony le gustaba venir ahí y sentarse durante horas disfrutando de una buena comida en solitario mientras veía el paisaje desde la segunda planta, una vez estuvieron en el lugar que él habitualmente tomaba, la camarera los atendió, Anthony ordeno y después ella se marchó dejándoles solos.
Hermione miro por la ventana el paisaje de la calle desierta, era tranquilizante de alguna manera. A su mente vino la imagen de Malfoy tocándola, besándola como si no hubiera pasado nada, como si no estuvieran a casi veinte años de distancia de ser quien ellos eran, un sollozo la derrumbo de nuevo, lo odia, odiaba sentirse de esa manera… vulnerable.
Había pasado por tanto para llegar a ser una mujer fuerte de nuevo y ahora después de tanto esfuerzo él venía y lo derribaba todo como si de una casa de naipes se tratara.
-Oye, cálmate- dijo su acompañante con voz suave y compasiva –Si Malfoy te hizo daño pondremos una denuncia, ¿está bien? No se saldrá con la suya, yo te apoyare- Sus palabras le calentaron el corazón, este hombre, era un buen hombre, le ofrecía apoyo aun sin conocerle, aun sin saber todo lo que existía detrás de esta historia. Se secó las lágrimas con el dorso de las manos, mientras negaba con la cabeza. –No llores ¿de acuerdo? No estés triste, lo resolveremos-
-No entiendes, no lloro de tristeza… lloro… lloro de rabia, rabia por haber creído que una persona como Draco Malfoy podía cambiar, que podía ser mejor o al menos intentarlo. Fui una tonta ¿sabes? Fui tonta y me deje enredar por las palabras de un sinvergüenza -Las cejas de Anthony se alzaron al ver el odio en sus palabras, ¿Qué era esto? ¿De que hablaba ella?, ¿acaso esto era más de lo parecía? Pues él había creído que Malfoy le había insultado o incluso hasta levantado la mano, pero esto… había demasiado detrás de aquellas palabras.
En un arrebato tomo su delicada y pequeña mano entre la suya, ella era hermosa, sus hermosos ojos chocolate estaban llenos de lágrimas contenidas y aun así eran bellísimos. –Puedes confiar en mí, Hermione… sé que no me conoces, pero… pero jamás te traicionaría, lo juro.- Hermione parpadeo haciendo que las gotas saladas se deslizaran por sus mejillas, dedos amables lavaron sus lágrimas y acariciaron sus mejillas. Quizás no estaba bien, pero algo en esa mujer había despertado su lado su lado más protector.
Durante los siguientes cuarenta minutos Anthony se dedicó a escuchar su historia, una historia digna de cualquier drama de Shakespeare, una guerra, un amor/odio profundo, engaños y demás. Anthony reconocía no saber nada de la guerra, sus padres a buen juicio habían sacado a toda su familia del país llevándoles tan lejos como el dinero se los permitió.
-Y… un día… él solo… solo no regreso- ella hizo una pausa mientras controlaba los temblores de su cuerpo, temblores debido a la rabia que sentía- Y lo siguiente que supe es que al día siguiente anunciado en el periódico estaba su compromiso e inminente boda con una chica de la alta sociedad… yo no supe que hacer, los recuerdos de esa semana son difusos es como si hubiera abandonado mi cuerpo y alguien más hubiera vivido todo aquello, aún recuerdo que deje el periódico en la mesilla del apartamento que compartíamos, recuerdo haberme vestido como una total autómata y haber hecho mis maletas, fui al banco donde mi abuela me había dejado una pequeña herencia, saque todo y me fui- una risita triste salió de ella como si aquello le hiciera gracia incluso con lo desgarrador de su historia –Desaparecí no se lo dije a nadie, no hasta que mi…- ella hizo una pausa y se le quedo viendo con ojos gigantes como dándose cuenta de con quien hablaba.
-Hermione- dijo el apretándole la mano, brindándole su confianza. Ella negó con la cabeza mientras tomaba aire y se ponía de pie.
-Lo… Yo, lo siento mucho Anthony, que vergüenza- dijo mientras desviaba la mirada y tomaba dinero de su bolsa antes de dejarlo, Anthony se paró junto a ella y puso de nuevo los billetes en su mano.
-No debes avergonzarte, quiero ser tu amigo, Hermione- ella le sonrió triste y su corazón se encogió ante lo débil y abrumada que ella se veía, ¡Maldito Malfoy! Como se atrevía a destrozar el espíritu de una mujer tan encantadora.
-Gracias, pero… no puedo seguir hablando, yo necesito tiempo para reponerme, sé que es mucho abusar pero quería pedirte el resto del día, si no te importa- Quería saber, quería saberlo todo sobre ella pero, también sabía que no debía presionarla, se ganaría su confianza, quería protegerla y para eso debía ser paciente.
-De acuerdo, pero ten en mente que estoy aquí para ti si es que lo necesitas- el susurro ronco del guapo hombre a su lado hizo cosas extrañas con ella, hacia tanto tiempo que no tenía a nadie que se preocupara de esa manera, ni siquiera sus amigos que aunque ellos la apoyaran todos tenían sus respectivas vidas.
-Gracias, debo… debo irme- después de eso se acercó al alto y poniéndose de puntillas deposito un beso en su bronceada mejilla –De verdad gracias.- ella se alejó dejándolo sorprendido por su repentina calidez y confianza, Anthony sonrió mientras tomaba asiento de nuevo, necesitaba aclarar sus ideas, tanto como ella.
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Draco se quedó parado durante casi media hora viendo hacia la nada, su corazón sangraba por lo perdido y heridas que si al menos no estaban sanada pero habían cerrado, se quedaron en carne viva al verle partir en brazos de otro. Cuando su cuerpo respondió sus pasos fueron lentos inseguros y mientras las llamas verdes lo tragaban su mente llego a una conclusión, ¡Al demonio! ¡Al demonio con todo y con todos! No se detendría esta vez, la mujer de su vida estaba de nuevo a su alcance y esta vez no sería un niñito cobarde y llorón como en el pasado, destruiría a cualquiera que se interpusiera en su camino, a cualquiera…
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Bueno Espero que les haya gustado y que dejen reviews
XOXO
Dragoncita
