4. Encuentros familiares

Los alumnos de Hogwarts volvían a casa para las vacaciones de Navidad. Lizzy estaba muy emocionada, ¡por fin podría contarles a sus padres cómo era su vida en el castillo con todo lujo de detalles! Las cartas no eran suficientes para ella. Iba en el mismo compartimento que Rose, Martha, Eliza y Caroline charlando animadamente y recibiendo las continuas visitas de James, que quería saber si se encontraba bien.

- ¡Mirad, ya estamos llegando! – Rose saltó de su asiento. Se había pasado todo el viaje hablando de las ganas que tenía de ver a sus padres y su hermanito pequeño y de comer la comida de su abuela Molly.

- Sí, qué ganas tengo de contarle a mi hermano todo sobre Hogwarts. – Caroline sonrió. Ella era hija de muggles y tenía un hermano un año mayor que le escribía constantemente preguntándole cosas. – Aunque os echaré de menos.

- Yo también, pero pronto estaremos de vuelta. – Martha sonrió al decir aquello.

El tren se detuvo poco a poco y las chicas se pusieron de pie y se quedaron mirando sus baúles, en la parte superior del tren. No podían cogerlos y no había nadie que pudiera ayudarlas.

- ¿Creéis que podremos usar la magia en el tren? – Preguntó tímidamente Eliza.

- No creo que pase nada por una vez. – Lizzy se encogió de hombros y cogió su varita. – Wingardium Leviosa.

Los cinco baúles bajaron al suelo lentamente, uno a uno y cada chica cogió el suyo antes de abrir la puerta del compartimento y salir al pasillo abarrotado. Se miraron las unas a las otras y se despidieron con una sonrisa por si no se veían en la plataforma. Lizzy consiguió llegar a la puerta después de casi cinco minutos abriéndose paso a través del resto de alumnos. Cuando sus pies alcanzaron el andén comenzó a buscar a sus padres, pero alguien la interrumpió.

- ¡Lizz! – James corría hacia ella con una sonrisa.

- ¡Jamie! – Sonrió, pero su expresión cambió cuando él llegó hasta ella, la agarró de la mano y comenzó a tirar, arrastrándola tras él. – Espera, ¿a dónde vamos? ¡James, tengo que encontrar a mis padres!

- Tienes que conocer a mi madre. – Se limitó a decir él, con una media sonrisa. Lizzy enrojeció. Él sabía que era una gran fan de las Arpías y, sobre todo, de Ginny Potter.

- Pero yo ya la conocí un día, mi madre me llevó a la redacción del Profeta a verla. – Dijo nerviosa, tratando de soltarse. - ¡James Sirius Potter!

- No voy a soltarte, deja de intentarlo, Collins. – El chico rió y señaló a un gran grupo que destacaba por el gran número de cabezas pelirrojas. - ¡Mira, ahí están! ¡Mamá, papá!

- ¡James! – Una pequeña cabecita roja corrió hacia ellos. El chico soltó su baúl, aunque no la mano de Lizzy, y la abrazó.

- Lily, ¿me has echado de menos? – Le preguntó, lo que le arrancó una sonrisa a la morena.

- ¡Mucho!

- ¿Más que a Albus? – Su hermanita comenzó a reír y Lizzy negó con la cabeza. No cambiaría nunca.

- Os he echado de menos a los dos. – Contestó Lily de forma diplomática.

- ¡James! – Lizzy abrió mucho la boca al ver a Ginny acercándose. Quiso huir de nuevo, pero estaba paralizada y, además, James le apretó un poco más la mano.

- ¡Hola, mamá! – Saludó el chico.

- ¿Quién viene contigo? – Preguntó arrugando un poco la frente. Le sonaba un poco la cara de aquella niña, aunque no recordaba de qué.

- Es mi amiga Lizzy, os he hablado de ella, es tu mayor fan. – Dijo haciendo que ella se pusiera completamente roja.

- Oh, así que esta es la famosa Lizzy. – Ginny le tendió una mano y ella, tras soltar su baúl de forma estrepitosa, se la estrechó. – James nos ha hablado mucho de ti. ¿Eres la hija de Mary Collins, verdad?

- Sí. – Consiguió decir.

- ¿Te conocí un día en la redacción, verdad?

- Sí. – Repitió ella, todavía atacada, provocando que la mujer se riera.

- Normalmente habla más. – Comentó James. – Es que se ha puesto nerviosa.

- No estoy nerviosa es que me has pillado por sorpresa y tengo que ir con mis padres, deben estar buscándome. – Murmuró, todavía roja. – Es un placer volver a verla, señora Potter. Soy una gran admiradora.

- Tiene un autógrafo tuyo colgado en su pared. – Añadió su hijo.

- ¿De verdad? – La mujer sonrió con ternura. Le parecía una niña adorable.

- Sí, desde que mi madre lo consiguió. – Lizzy sonrió tímidamente.

- ¿No vienes a saludar a tu padre, James?

Un hombre de pelo negro, ojos verdes y gafas redondas apareció detrás de Ginny. Lizzy volvió a abrir la boca. Ante ella estaba el famosísimo Harry Potter.

- Oh, vaya, parece que estáis ocupado. – Dijo al ver a Lizzy. - ¿No me presentas a tu amiguita?

- Claro papá, esta es Lizzy. – La señaló. – Lizzy, mi padre.

- Es un honor conocerlo, señor Potter. – Consiguió decir ella, estrechando la mano que él le ofrecía.

- El honor es mío. – Harry sonrió. – Así que tú eres la famosa Lizzy, James nos ha hablado mucho de ti.

La chica iba a responder - ¿les habría dicho cosas buenas o malas? – cuando una voz muy conocida hizo que se sobresaltara.

- ¡Elizabeth!

- Mamá. – Se giró y vio a sus padres corriendo hacia ella. – Papá.

- ¿Dónde te habías metido? ¡Estábamos muy preocupados! – Dijo su madre, agachándose junto a ella. Ambas se abrazaron con fuerza. Su padre llegó en seguida y también abrazó a la chica mientras le hacía algunas cosquillas que le provocaron una alegre carcajada. – Mi pequeña, ¿cómo estás?

James no pudo evitar pensar que ya sabía de dónde había sacado Lizzy su mirada enfadada. La de su madre era casi igual, aunque apenas había durado unos segundos – el tiempo de comprobar que la chica estaba sana y salva – y ahora la miraba con ternura.

- Estoy muy bien. Iba a ir a buscaros, pero James me ha traído aquí. – Se excusó. La mujer giró entonces la cabeza y miró al amigo de su hija y su familia.

- ¡Ginny! No te había visto. – Dijo, saludándola.

- Tranquila Mary, el año pasado también me puse de los nervios mientras esperaba a James, es normal. – Le quitó importancia ella.

- Así que este es James. – Le dedicó una sonrisa. – Mi hija nos ha hablado muchísimo de ti en sus cartas.

- El famoso James Potter. – El hombre también sonrió y le tendió la mano. – Encantado de conocerte.

- Igualmente, señor Collins. – Él se la estrechó y lo mismo hizo con la mujer. – Señora Collins.

- ¡Qué chico más educado! – Exclamó ella antes de empezar a hablar de nuevo con Ginny de forma amistosa.

- Ven, te presentaré al resto de mi familia. – James la cogió de la mano otra vez y la llevó corriendo hacia un hombre pelirrojo, al que le faltaba una oreja y que sonreía ampliamente. A su lado, una mujer morena, también de aspecto agradable que abrazaba a una niña de pelo largo castaño. Reconoció a Fred junto a ellos. - ¡Tito, tita!

- ¡Hola, James! – Exclamó el hombre.

- Esta es mi amiga Lizzy. – La presentó. – Y estos son mi tío George y mi tía Angelina, los padres de Fred, y mi prima Roxanne.

- Encantada. – Dijo la chica. - ¿Usted es el dueño de Sortilegios Weasley, verdad?

- El mismo. – Respondió George con una sonrisa. - ¿Te gustan los productos de la tienda?

- Mucho, son geniales. – Lizzy sonrió. No era una gran bromista, pero había cosas realmente útiles en la tienda. – Pero que no se enteren mis padres.

- No dejes que James te lleve por el mal camino. – Angelina puso los ojos en blanco.

- No lo hará.

- Es una cabezota, no me dejará hacerlo. – Se quejó él. – Bueno, voy a seguir presentándola. ¡Hasta luego!

- Un placer conocerlos. – Se despidió Lizzy mientras James la arrastraba de nuevo. Esta vez se detuvieron delante de otra pareja. Él era alto pelirrojo y tenía la cara surcada por una cicatriz; ella era guapísima, rubia y elegante. Hablando con ellos estaban Louis y Dominique.

- ¡Hola tito, hola tita! – Saludó James llamando la atención de los dos adultos. Sus primos sonrieron al verlos a ambos.

- Hola James. – Saludó la mujer, con un claro acento francés.

- Vengo a presentaros a mi amiga Lizzy. – La señaló y esta les dedicó una tímida sonrisa. – Estos son los padres de Vic, Dom y Louis: el tío Bill y la tía Fleur.

- Encantado. – Dijo el hombre, sonriendo. Le parecía una situación muy divertida.

- Igualmente. – Respondió la chica.

- ¿Dónde está Teddy? ¿No ha venido? – Preguntó, buscándolo con la mirada.

- Debe estar con tu prima. – Contestó Bill, resignado. Le costaba hacerse a la idea de que su princesita tuviera novio.

- ¡Vamos a buscarlo! – James volvió a tirar de Lizzy. - ¡Luego nos vemos!

- Encantados de conocerte, Lizzy. – Se despidió Fleur amablemente.

- Igualmente, señora Weasley. – Gritó ella, haciéndose oír por encima del ruido.

James la guió entre la gente, buscando a la pareja. Quería que Teddy conociera a la chica, le había hablado de ella y sabía que le alegraría conocerla. Finalmente lo encontraron junto a Vic, pegados en una pared del andén, en un rincón algo escondido. Se estaban besando, pero eso no detuvo al chico.

- ¡Teddy!

- Joder, James, ¿otra vez? – El metamorfamago se separó de su novia y puso los ojos en blanco. Victoire enarcó ambas cejas, pero suavizó el gesto al ver a la chica. - ¿Qué quieres?

- Vengo a presentarte a Lizzy. – La señaló y él se dio cuenta por primera vez de que el chico no venía solo.

- ¡La famosa Lizzy! – Exclamó Teddy con una sonrisa. – Es como si ya te conociera.

- Es encantadora. – Dijo Vic, echándose el pelo hacia atrás. – Y tiene mucha paciencia, nadie aguanta a James como ella.

- ¡Eh! – Se quejó él. – Más bien será al revés.

Los tres rieron, pero Lizzy no pudo evitar pensar que un poco de razón tenía porque ella no tenía ninguna paciencia y le gritaba demasiadas veces a la semana.

- Lo que sea, yo soy Teddy Lupin. – Le tendió la mano. – Encantado de verte, por fin.

- Igualmente. – La morena sonrió. Había oído hablar a menudo de él, era como el hermano mayor de James y lo admiraba muchísimo. Además, también era el novio de Victoire y ella hablaba de vez en cuando del chico.

- Y no es que quiera ser desagradable, de verdad que me has caído muy bien pero, ¿os importaría dejarnos solos? Cuando lleguemos a la Madriguera se acabó la intimidad y hasta Pascua no volveré a ver a mi preciosa novia.

- ¿Nos estás echando? – James abrió la boca, dolido. - ¡Teddy!

- Vámonos, Jamie. – Lizzy lo cogió de la mano y comenzó a tirar de él, pero no se movía.

- Pero, Teddy…

- Estamos de más. – Insistió ella.

- Vic, dile que…

- ¡James Sirius Potter, déjalos tranquilos de una vez! – Exclamó haciendo que él pegara un pequeño bote. Lo único que le faltaba era que Lizzy se enfadara con él justo entonces. – Anda, vámonos.

- Está bien. – Masculló por lo bajo.

- Mantenlo siempre bajo control, encantado de conocerte Lizzy. – Teddy le guiñó un ojo y ella se sonrojó.

- Igualmente, Teddy. – Respondió ella. – Nos vemos pronto, Vic.

- Adiós chicos. – La rubia sonrió antes de acercarse de nuevo a su novio y besarlo.

James y Lizzy volvieron hacia donde estaban los adultos, todavía cogidos de la mano.

- ¿Te han caído bien? – Preguntó, temeroso. No sabía por qué pero quería causarle una buena impresión.

- Sí, todos son muy majos y Teddy parece genial. – Contestó sonriendo.

- Me alegra. – Dijo, aunque sintió una punzada en el estómago al escucharla hablar de Teddy. - ¡Mira, ahí está mi tío Percy!

- ¿Todavía falta gente? – Lizzy abrió los ojos. Sabía que la familia de James era muy grande, pero no sabía que lo era tanto.

- Sí, vamos. – Volvió a tirar de ella y se detuvo delante de un hombre elegante, también pelirrojo, y una mujer de aspecto amable con el pelo castaño. Junto a ellos estaban Molly y una niña de pelo castaño de la edad de Lily. – Estos son mi tío Percy y mi tía Audrey, los padres de Molly, y esa es mi prima Lucy. Esta es mi amiga Lizzy.

- Encantada de conocerte. – Audrey sonrió y la chica le devolvió el gesto, todavía algo sorprendida. No conocía mucho a Molly, pero sabía que era bastante rebelde, no le pegaba que su padre fuera tan "estirado".

- Igualmente.

Pero a Lizzy no le dio tiempo a decir nada más, porque James vio a alguien más y tiró de ella.

- ¡Luego nos vemos! – Le dijo a sus tíos.

- Adiós, señores Weasley. – Gritó ella mientras se alejaba. – James, ¿dónde vamos ahora?

- A conocer a mis padrinos. – Respondió con una sonrisa y señaló hacia la zona en la que estaban los padres de ambos, junto a otra pareja. - ¡Tito Ron, tita Hermione!

- ¡Por fin vienen! – Exclamó la madre de Lizzy al verlos llegar.

- ¡Lizzy! – Rose se acercó a ellos y agarró a su amiga del otro brazo. - ¡Albus y yo te estábamos buscando, ven que te presente a mis padres!

- Ya se los iba a presentar yo. – Intervino el chico frunciendo el ceño.

Cuando llegaron, James fue el primero en hablar.

- Lizzy, estos son mis padrinos, el tío Ron y la tía Hermione. – Los presentó antes de que Rose pudiera decir nada.

- Encantada de conocerlos, señores Weasley. – Dijo ella, estrechando las manos de ambos.

- Y este es mi hermano Hugo. – Consiguió decir su prima, señalando a un niño que escuchaba a Albus asombrado al igual que la pequeña Lily, tan pelirrojo como su hermana.

- Bueno, lamento mucho tener que interrumpir, pero debemos irnos a casa, tus abuelos nos esperan. – Dijo el padre de Lizzy con una cálida sonrisa. – Ha sido un placer conocerlos a todos, supongo que nos veremos por aquí.

- Desde luego. – Harry sonrió. – Nos veremos pronto.

Todos se despidieron y Lizzy, tras abrazar a Rose y James, salió del andén junto a sus padres.

- ¿Qué te ha parecido la familia de James? – Preguntó su madre mientras se dirigían hacia la calle. Tenían que ir hasta el Callejón Diagón para usar la red flu.

- Muy grande – Lizzy sonrió. Era el primer adjetivo que se le había ocurrido. Jamás había visto una familia así, tantas cabezas pelirrojas, tantas pecas y tantas sonrisas. No le importaría verlos más a menudo. – y muy agradable.