5. La primera novia de James

La amistad de James y Lizzy siguió hacia delante. Pasó un año y medio y la chica estaba a punto de terminar su segundo año en Hogwarts. Las cosas habían cambiado bastante, poco a poco se había vuelto más segura, había crecido un poco – aunque no mucho – y había empezado a atraer las miradas de los demás. James, por su parte, había entrado en el equipo de quidditch – el antiguo buscador terminó séptimo y el chico pudo entrar en su tercer año -, había crecido mucho y traía a todas las chicas del colegio locas. Por eso a nadie le extrañó que, después de un par de líos sin importancia que le duraron una visita a Hogsmeade, empezara a salir "en serio" con una chica de su misma casa: Annabeth Meadow. Era una chica bastante guapa, rubia con los ojos claros y la piel de porcelana. Según muchos parecía una muñeca; según Lizzy, alguien que lloraría si se partiera una uña. Ella era la única que estaba totalmente en contra de esa relación, no le parecía lo suficientemente buena para James, la consideraba superficial y demasiado tonta. Pero era su elección y lo único que podía hacer era aceptarla si no quería pelearse con su amigo.

Una tarde, después de estar con Annabeth y soportar su parloteo sobre ropa y zapatos, James comenzó a buscar a Lizzy por todo el castillo. Desde que había empezado a salir con la otra chica, apenas pasaba tiempo con su amiga y la echaba mucho de menos. Lizzy no era como las demás, con ella podía hablar de cualquier cosa y extrañaba aquellos momentos. La buscó por todas partes, pero no la encontró, no estaba en el castillo. Sonrió al darse cuenta de que le quedaba un lugar por mirar y, tras subir corriendo a su dormitorio y coger su escoba, se dirigió hacia el campo de quidditch. Fue hacia allí, consciente de que no estaba equivocado, y, ya desde lejos, pudo distinguir una pequeña figura dando vueltas por el aire. Comenzó a correr y en seguida alcanzó la puerta del estadio. Cuando entró al campo pudo verla volando y sonrió. Parecía completamente despreocupada y relajada. No se había dado cuenta de su llegada, así que decidió llamarla.

- ¿Te importa si me uno, Collins?

- ¡James! – Pegó un salto en su escoba, pero le dedicó una cálida sonrisa y descendió para poder hablar con él de cerca, aunque no se bajó de su escoba. – Me has asustado.

- Perdona, no era mi intención. – Él se encogió de hombros. - ¿Volamos un rato juntos?

- ¿No te está esperando tu querida novia? – Preguntó ella, un poco molesta.

- No, no he quedado con ella.

- Qué raro, últimamente parece que solo sales cuando ella te deja. – Comentó con ironía. - Esto está dañando tu imagen de chico duro.

- No exageres… - Murmuró. Sabía que llevaba razón, pero no quería reconocerlo. Le preocupaba que la gente empezara a verlo como un chico ñoño por culpa de Annabeth.

- ¿Y te ha dejado venir aquí solito? – Siguió diciendo ella.

- No tengo que pedirle permiso, es mi novia, no mi madre. – Se sonrojó al decir aquello. Lizzy sabía perfectamente qué decir para molestarlo.

- Pues será ahora, porque la semana pasada…

Ambos suspiraron. James había dejado a Lizzy tirada en la biblioteca porque Annabeth había sufrido un incidente con un tintero y había tenido que acompañarla a la sala común. Después de eso, no lo dejó bajar de nuevo y él no pudo avisar a la Ravenclaw, que aún le guardaba cierto rencor.

- Ya te he pedido perdón, no seas rencorosa.

- No lo soy, pero te estuve esperando durante horas y no apareciste. – Le dedicó una mirada enfadada. – Me sentí muy tonta.

- Si quieres me marcho. – Contestó él, abatido. Sabía que no lo había hecho bien, pero Annabeth podía llegar a ser muy convincente.

- No, no hace falta. – Lizzy suspiró. No podía estar eternamente enfadada con él y quería aprovechar aquel rato sin Annabeth. – Hace mucho que no volamos juntos.

James sonrió, se montó en la escoba y despegó. Dio un par de vueltas rápidas para calentar antes de dirigirse al centro del campo, donde Lizzy lo esperaba.

- ¿Te acuerdas de todo lo que volábamos el año pasado? – Preguntó él tratando de iniciar una conversación agradable.

- Me vino muy bien practicar contigo. – Ella le dedicó una media sonrisa.

- Te enseñé a volar prácticamente.

- Ya sabía volar. – Replicó ella.

- Mantenerse encima de una escoba no es volar. – James lanzó una carcajada al recordar la primera vez que la había visto volando. – Ahora podrías entrar al equipo de Ravenclaw si quisieras, ¿no lo has pensado?

- No sé si es lo mío…

- Rose ha entrado y esa otra amiga vuestra, ¿Martha?, – Lizzy asintió. – también se presentó a las pruebas.

- Era obvio que tu prima iba a conseguir el puesto de Vic, es buenísima.

- Y tú también, ¿no te gustaría ser cazadora? – Insistió. – Me encantaría jugar contra ti y poder ganarte.

- ¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? – La morena enarcó una ceja.

- Porque soy el mejor buscador que haya habido jamás en Hogwarts. – Contestó él con arrogancia. – No podrá vencerme una simple cazadora, por muy buena que sea.

- No quiero ser cazadora, si alguna vez entro en el equipo, será como buscadora. – Confesó finalmente, sonrojándose un poco.

- Entonces ya no me quedan dudas. – Comenzó a reír. – ¡Te ganaré, Elizabeth!

- Eres un creído. – Se cruzó de brazos, aferrándose con más fuerza con las piernas a la escoba. – Yo no lo tendría tan claro, Potter.

- ¿Y cómo vas a demostrarlo?

- ¡Te echo una carrera! – Exclamó riendo. A penas tardó unos segundos en poner en marcha su escoba y comenzar a volar a toda velocidad por el campo.

- ¡Eso es trampa, no estaba listo! – Se quejó él, aunque no tardó en seguirla, también entre risas.

Por mucho que se pelearan, al final siempre volvían a ser ellos.

Pasaron toda la tarde volando, picándose el uno al otro, echando carreras y hablando de cosas sin importancia. No regresaron al castillo en toda la tarde, a pesar de la proximidad de los exámenes, y solo pararon cuando empezaron a sentir hambre y se dieron cuenta de que era la hora de cenar. Bajaron de sus escobas y, sin pasar por sus respectivos dormitorios, fueron directamente al Gran Comedor.

- Siéntate conmigo, Lizz. – Le pidió él. – Hace mucho que no comemos juntos.

- ¿No le molestará a Annabeth? – Preguntó ella con cierta amargura. Antes no tenía más que sentarse, pero ahora las cosas eran distintas. A la rubia no le hacía mucha gracia tener que cargar con la "amiguita" de su novio y Lizzy lo sabía.

- Por supuesto que no, ¿por qué iba a molestarle? – James puso los ojos en blanco y la morena negó con la cabeza. No se daba cuenta de nada. Sin dejarla discutir más, la cogió del brazo y la llevó hasta la mesa de los leones. – Podemos sentarnos aquí, hay dos asientos libres.

- Como quieras, Jamie. – Accedió ella finalmente, con un suspiro. Sabía que no tenía nada que hacer y, siendo sinceros, a ella también le apetecía mucho cenar con él y, ¿por qué no?, ver la cara de disgusto de Annabeth al verla allí.

Los dos tomaron asiento y comenzaron a servirse la cena, sin dejar de charlar. Su conversación solo se vio interrumpida por la llegada de la novia del chico.

- Hola, guapo. – Dijo, dándole un corto beso. Justo entonces reparó en la presencia de la chica y dibujó una mueca de disgusto. – Lizzy, qué agradable sorpresa.

- Hola, Annabeth. – Respondió ella con su mejor sonrisa de niña buena.

- ¿Podrías cambiarte de sitio? Me gustaría sentarme al lado de mi novio. – Pidió, haciendo énfasis en el posesivo.

- ¿Por qué no te sientas en frente? Lizzy ya estaba aquí y estamos muy cansados, hemos estado toda la tarde practicando con las escobas. – Intervino él.

- Pero James, me gustaría poder estar a tu lado. – La rubia puso cara de pena, pero no le sirvió para nada. – Además, me has dejado toda la tarde sola por estar con ella.

- ¿Te molesta que haya estado volando? – James enarcó una ceja.

- No, me molesta que hayas estado volando con ella. – Señaló a Lizzy y la fulminó con la mirada. – Puede que se haga la tonta, pero yo sé que está muerta de celos y quiere separarnos.

- ¡Eso es mentira! – Lizzy abrió mucho la boca ofendida. No le caía bien, pero eso no quería decir que estuviera celosa. Se puso de pie y la miró indignada. – Eres tú la que no soporta que James pase tiempo conmigo porque tiene miedo de que la deje pero, entérate, él no es de tu propiedad y puede salir con quien quiera y hacer lo que le plazca.

- ¿Quién te crees que eres para hablarme así, niñata?

- Lizzy Collins y que sea la última vez que me llamas así. – No gritó al decir eso, pero no le hizo falta. Sus palabras y su expresión eran amenazantes por sí solas.

- No sé quién te crees que eres, pero…

- Ya basta, Annabeth. – Intervino James intentando evitar que las dos se pelearan.

- ¿La defiendes?

- Estás siendo muy injusta, Lizzy es mi amiga.

- Genial, James, haz lo que quieras, pero quizás yo no quiera seguir con esto. – Negó con la cabeza. – Se me ha pasado el hambre

La rubia salió corriendo del comedor y el pelinegro se puso de pie. Le pidió disculpas a Lizzy con la mirada y salió corriendo detrás de ella. No tardó en alcanzarla.

- Annabeth, espera. – La cogió del brazo y la obligó a girarse. – No te enfades.

- ¿Que no me enfade? – Lanzó una risa irónica. – James, tienes que elegir: o ella o yo. No pienso seguir soportando a esa niñata.

- No puedes estar hablando en serio. – El chico abrió mucho los ojos. – Lizzy es mi amiga, no voy a dejarla de lado.

- Pues entonces esto se ha acabado. – La chica se cruzó de brazos y lo miró con decisión. – Tienes que elegir.

- No pienso hacerlo, no voy a romper mi amistad con Lizzy. – James negó con la cabeza. – He estado siempre para ti y empiezo a estar harto de tus tonterías. Que si no hagas esto, que si no hagas lo otro, que si ahora sí, que si ahora no… Me estoy comportando como un perrito faldero y eso es perjudicial para mí. Tú no me dejas Annabeth, te dejo yo.

- ¿Perdona?

- Lo que has oído. Entre tú y yo ya no hay nada, adiós.

La rubia lanzó un grito frustrado y se dirigió hacia la torre de Gryffindor. Creía que se iba a salir con la suya, pero todo había acabado mal. James acababa de dejarla. El chico la vio alejarse y después regresó al Gran Comedor, aunque se quedó en la puerta. Tenía que hablar con Lizzy. La chica no tardó en salir y, al verlo allí, le dedicó una mirada preocupada.

- ¿Qué ha pasado?

- Aquí no. – La agarró del brazo y la llevó hasta un pasillo desierto. Una vez allí miró hacia ambos lados antes de comenzar a hablar. – La he dejado.

- ¿Por qué? – Sonrió sin darse cuenta y no pudo evitar sonrojarse.

- Veo que te alegra la noticia. – James negó con la cabeza, pero lanzó una carcajada. – Ha intentado hacerme elegir entre ella y tú y le he dicho que no podía hacerme eso y que jamás iba a alejarme de ti, además, tenías razón, por su culpa estaba perdiendo mi reputación de chico malo y no podía consentirlo.

- ¿La has dejado por mí? – La Ravenclaw abrió mucho los ojos.

- Bueno y por lo que te he dicho. – El chico se sonrojó. – No quiero estar con una chica que me obliga a elegir entre ella y mis amigos, no merece la pena.

Lizzy lo abrazó y él la estrechó con fuerza entre sus brazos. Aspiró el aroma de su pelo y no pudo evitar sonreír. Estaban muy cerca el uno del otro y, por un instante, pensó que la chica tenía unos labios bonitos, pero logró contenerse a tiempo. Era una cría de segundo, de apenas 13 años y, además, su amiga, no podía pensar en esas cosas. Cuando se separaron ella le dedicó una sonrisa radiante.

- ¿Me acompañas hasta mi torre?

- Por supuesto.

Ambos comenzaron a andar. Lizzy todavía no se había dado cuenta del inmenso poder que tenía sobre James – que era, aunque tampoco lo sabían entonces, el mismo que él tenía sobre ella -, pero se sentía la chica más afortunada de Hogwarts por tenerlo a su lado.