8. El mayor miedo de James
- ¡James!
La voz de Fred sobresaltó a ambos chicos que estaban tumbados en los jardines del colegio charlando. El pelinegro se incorporó y miró a su primo con el ceño fruncido, mientras Lizzy se sentaba bostezando – había estado a punto de quedarse dormida escuchando al chico - .
- ¿Qué pasa?
- ¡Es Lily, tienes que venir corriendo!
- ¿Qué le ocurre? – James se levantó en un salto y miró a su primo angustiado.
- No lo sabemos, tiene mucha fiebre, no se le baja, Roxanne y Hugo la han llevado a la enfermería. – Explicó. – Date prisa, Molly está buscando a tu hermano. Os necesita allí.
El chico no dijo nada, sino que se limitó a salir corriendo, seguido por Fred. Lizzy se levantó rápidamente y los siguió, preocupada. Aquel era el primer año de la pequeña de los Potter en el colegio y, en aquellos meses, había descubierto que era una niña encantadora, aunque con un carácter temible a veces. Sabía que era la pequeña debilidad de James, que la mimaba, consentía y protegía a partes iguales. El chico no tardó en llegar a la puerta de la enfermería, donde vio a Albus, Hugo y Rose discutiendo con Hannah Longbottom, la enfermera.
- Tienes que dejarnos pasar.
- Lo siento chicos, pero nada de visitas, tengo mucho que hacer.
- Pero…
- Nada de peros, Albus. Tu hermana está grave, no es momento para discutir.
- ¿Qué le pasa a Lily? – James se detuvo junto a los demás, casi sin aliento. Miró a la enfermera y volvió a preguntar. – ¿Qué le ocurre a mi hermana?
- No lo sé, tengo que hacerle unas pruebas, pero está grave. – Respondió la mujer, con la frente arrugada. Le preocupaba aquella chica. – He avisado a vuestros padres, no tardarán en llegar. Quizás tengamos que trasladarla a San Mungo.
Dicho esto, cerró la puerta, dejando a los familiares de la chica hundidos.
- Lily… - Albus se dejó caer en el suelo y Rose corrió a su lado, al igual que Scorpius Malfoy y el resto de sus compañeros de dormitorio, que lo habían seguido hasta allí.
- ¡Maldita sea! – James le pegó un puñetazo a la pared, sin poder dejar de pensar en su hermanita. ¿Y si le pasaba algo? Dio otro golpe, sin pensar en el dolor que sentía. - ¿Por qué no me dejan pasar? ¡Tengo que estar con ella, joder!
- James, para. – Fred lo agarró del brazo, pero este le dio un codazo, logrando soltarse de él, y golpeó de nuevo la pared.
- Tú no lo entiendes, si le pasara algo a Lily, no me lo perdonaría nunca, debería haberla cuidado mejor, podría haber hecho algo para evitar esto.
- James, no digas tonterías, no puedes impedir que alguien se ponga enfermo. – Insistió su primo.
- James, tranquilo. – Lizzy lo abrazó por la espalda. Acababa de llegar y no sabía muy bien qué pasaba, pero sí que, fuera lo que fuera, aquella no era la solución. Él dejó caer los brazos y, tras darse la vuelta, la abrazó con fuerza. – Saldrá de esta, ya verás.
- Han llamado a mis padres, dicen que está grave, que tendrán que trasladarla a San Mungo incluso. – El pelinegro trataba de contener las lágrimas, pero su voz sonaba desolada.
- La curarán, además, tu hermana es fuerte, podrá con esto. – Susurró ella. – Anda, siéntate y trata de tranquilizarte, es lo mejor que puedes hacer ahora. Yo me quedaré contigo todo el tiempo que haga falta, te lo prometo.
- Está bien…
James suspiró y se sentó. Fred no pudo evitar enarcar una ceja, sorprendido. Todavía no se había acostumbrado a la influencia que aquella pequeña morena tenía sobre su primo, pero en aquel momento no podía estar más agradecido. Lizzy se sentó a su lado y comenzó a mirarle las manos.
- No es nada, solo unos rasguños. – Dijo dedicándole una sonrisa tierna. – Intentaré conseguir gasa más tarde, ¿de acuerdo? De momento, - Se arremangó la camisa y se arrancó un trozo de la manga de la camiseta interior que llevaba puesta. – tendrás que conformarte con esto.
- Pero, Lizz…
- Es solo ropa. – Lo cortó ella antes de que pudiera excusarse. – Me compraré otra, además, ya empieza hacer calor, había decidido no volver a ponerme más camisetas interiores.
Apoyó la cabeza en el hombro del chico y él le dio un ligero beso antes de rodearle los hombros con el brazo. Agradecía muchísimo su presencia allí, bueno, y la de todos. El pasillo entero estaba ocupado por los Potter-Weasley y algunos amigos tanto de la familia, como de la chica. Fred y Jordan estaban al otro lado de James; Rose estaba sentada entre Hugo, al que cogía la mano con fuerza, y Albus, al que abrazaba, junto al que también estaban sus compañeros de habitación. Era extraño ver a la pelirroja y a Scorpius tan juntos sin insultarse, pero en ese momento ambos solo podían pensar en Albus. El resto de sus primos también estaban allí sentados. Dominique, Louis, Molly, Roxanne y Lucy permanecían en silencio y no apartaban la mirada de la puerta de la enfermería, preocupados por su prima pequeña.
Harry y Ginny Potter no tardaron en llegar. Aparecieron corriendo por el pasillo y sus dos hijos mayores no tardaron en levantarse.
- ¡James, Albus! – Se madre los abrazó, angustiada. - ¿Dónde está Lily? ¿Qué ha pasado?
- La han encontrado con mucha fiebre y, al no poder bajársela, la han traído aquí pero Hannah no nos ha dejado pasar. – Explicó el mediano de los Potter.
- Tenéis que entrar para ver como está, por favor. – Pidió James.
- Claro que entraremos. – La pelirroja los soltó y se acercó corriendo a la puerta. Pegó un par de veces antes de hablar. – Hannah, soy Ginny, déjame pasar.
La enfermera no tardó en abrir, con cara de preocupación y angustia.
- ¡Por fin llegáis! – Exclamó al verlos.
- ¿Cómo está, Lily? – Preguntó Harry.
- Bastante débil, no puedo bajarle la fiebre, pero no creo que podamos trasladarla al hospital, lo mejor será que paséis y os lo explique todo mejor.
- ¡No! – Exclamaron los dos hermanos al mismo tiempo.
- Nosotros también merecemos saber que le pasa.
- Es nuestra hermanita.
- Chicos, lo siento, pero debo hablar en privado con vuestros padres. – La enfermera Longbottom suspiró. – Lo mejor será que os vayáis a descansar, aquí no podéis hacer nada y a nosotros solo nos queda esperar y ver cómo evoluciona.
Dicho esto, dejó que los dos adultos pasaran y volvió a cerrar la puerta. James quiso volver a golpear la pared, pero sus ojos se encontraron con los de Lizzy y en ellos vio su súplica. Bufó un poco, pero se sentó de nuevo al lado de la chica.
- Saldrá bien.
- ¿Cómo puedes estar tan segura?
- Porque alguien tiene que estarlo. – Lizzy se encogió de hombros antes de volver a apoyarse en su hombro.
James le dedicó una media sonrisa y volvió a mover su brazo para que estuviera más cómoda. No quería decírselo, pero aquella noche la necesitaba junto a él.
Fueron pasando las horas y, poco a poco, la gente fue marchándose hasta que solo quedaron en aquel pasillo Albus, Rose, Scorpius, Hugo, James y Lizzy. Los demás se fueron porque tenían hambre, sueño o muchas cosas que hacer, aunque prometieron volver pronto para ver si ya sabían algo del estado de Lily. Nadie se quejó, desde que sus padres habían entrado a la enfermería, las puertas no habían vuelto a abrirse y muchos eran conscientes de que solo perdían su tiempo allí sentados. Sin embargo, los hermanos Potter no podían estar más angustiados. ¿Y si había empeorado y no querían decírselo? Albus no podía parar de tamborilear con los dedos ni de mover el pie, tratando de serenarse, mientras James acariciaba una y otra vez el pelo de Lizzy, que estaba empezando a quedarse dormida en su hombro.
- Deberías irte a dormir a la torre. – Murmuró, consciente de que no había tomado la poción y de lo que aquello significaba para ella. – Es tarde.
- No voy a dejarte solo. – Negó con la cabeza. – Solo pellízcame si ves que empiezo a dormirme.
- ¿Sabes qué? Iremos a por un poco de café, estoy harto de estar aquí sin poder hacer nada. – Le dedicó una cálida sonrisa a la chica antes de levantarse y ayudarla a ponerse de pie. No tenía palabras para agradecerle lo que estaba haciendo por él aquella noche.
- Está bien, no me vendría mal coger algo de comida tampoco, tengo bastante hambre. – Confesó ella, sonrojándose lo que provocó que el chico volviera a sonreír.
- Vamos a las cocinas, ¿os traemos algo? – Preguntó a los otros cuatro. Scorpius Malfoy nunca le había caído bien, pero después de lo que estaba haciendo por su hermano… solo podía darle las gracias.
- No tengo hambre. – Murmuró Hugo. Rose lo abrazó con fuerza.
- Hugo, tienes que tomar algo, aunque sea algo pequeño. – Le dijo. Suspiró y miró a su primo con la frente arrugada. - ¿Podrías traernos algo dulce? No quiero que nos dé un bajón de azúcar a ninguno.
- Sí, eso estaría bien y café. – Pidió Albus. - ¿Y tú, Scorp?
- Lo mismo, muchas gracias. – Contestó el rubio, un poco tenso.
- Está bien, en seguida volvemos.
James y Lizzy comenzaron a andar, cogidos de la mano, hasta que giraron la esquina, momento en el que el chico se detuvo.
- ¿Qué…?
- Espera un momento. – De su túnica sacó el mapa del merodeador. – Solo para no tener que dar explicaciones, no quiero que nos pillen. – Lo apuntó con su varita, antes de pronunciar la contraseña. – "Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas".
El mapa empezó a mostrar los pasillos del colegio y él condujo a la chica a través de ellos hasta las cocinas sin encontrarse con nadie. Cuando entraron, un par de elfos domésticos se acercaron corriendo y ellos les pidieron lo que querían de comer.
- "Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas". – Murmuró Lizzy.
- ¿Qué? – James la miró sin comprender.
- Es la contraseña del mapa, nunca la habías dicho delante de mí, ni tampoco Rose. – Explicó ella. – Supongo que es algo muy personal, ¿pero por qué esa frase?
- La pusieron mi abuelo y el resto de merodeadores. – Explicó él. - ¿Nunca había abierto el mapa contigo?
- No. – Ella negó con la cabeza y le dedicó una media sonrisa. – Tranquilo, no diré nada, sé que han sido los nervios del momento.
- Confío en ti, por eso mismo me extraña no haberlo hecho antes, - Murmuró él. – Pero sí, estoy muy nervioso. Esto es lo que más miedo en el mundo: que a mi hermana le pase algo. Es una de las personas más importantes de mi vida, ya sabes que la quiero con locura y que estoy dispuesto a todo para protegerla y verla sonreír pero, ¿y si nunca más vuelvo a escuchar su risa? ¿Y si no logran curarla?
- No digas eso.
- Lizzy, es una posibilidad real, tú misma has escuchado a Hannah, dice que está muy débil, tanto que no pueden si quiera llevarla a San Mungo. – James se quebró en aquel momento y empezó a llorar. La chica lo abrazó rápidamente. – No podría soportarlo, tendría que haber hecho algo.
- No es tu culpa. – Susurró ella mientras pasaba su mano una y otra vez por su espalda. – Lily estará bien, mañana se le habrá quitado la fiebre y, después de un par de días de descanso, volverá a ser la misma de siempre.
- ¿Y si no…?
- Lo será. – Dijo ella, firmemente, separándose de él pero agarrándolo ahora de las manos.
- Pero…
- Confía en mí, todo saldrá bien al final.
Lizzy se puso entonces de puntillas y le dio un beso que, más que en la mejilla, acabó en la comisura de los labios del pelinegro. Este deslizó una de sus manos hasta su cintura, reteniéndola a poca distancia de él. Sus labios seguían pareciéndole preciosos y en aquel momento sentía que necesitaba probarlos. La necesitaba a ella para tranquilizarse. Notó que la chica respiraba de forma nerviosa, pero no se apartó, ni desvió su mirada de la suya en ningún momento. Lizzy entreabrió un poco los labios, para decir algo, y James supo que era su oportunidad pero, justo cuando la distancia que los separaba era ya mínima, la voz de uno de los elfos domésticos los interrumpió y se separaron lentamente.
- Muchas gracias. – Les dijo Lizzy, cogiendo el paquete que le daban.
- Vuelvan cuando quieran. – Dijo el otro elfo con una gran sonrisa.
Ambos abandonaron las cocinas y se dirigieron hacia el pasillo de la enfermería, comprobando cada rincón en el mapa del merodeador. Cuando solo les quedaba cruzar una esquina, James detuvo a Lizzy.
- Saca tu varita. – Le pidió.
- ¿Para qué? – Ella arrugó un poco la frente, sin comprender.
- Tú solo hazlo.
- Está bien.
- Vale, ahora apunta al mapa y di "Travesura realizada". – Dijo con una media sonrisa. – Es la contraseña para cerrarlo.
- "Travesura realizada". – Todas las líneas desaparecieron del mapa y ella sonrió. – Esto es increíble y las frases, simplemente geniales. – Lo miró agradecida y las ganas de besarla volvieron a apoderarse de James. – Gracias por confiar en mí.
- Anda, llevémosle esto a los demás. – Murmuró él, tras carraspear. No podía hacerlo, aquello sería un gran error.
Lizzy asintió, pero no pudo evitar sentir una pequeña punzada en su estómago. Una parte dentro de ella quería que la hubiera besado.
Las horas pasaron y, a las siete de la mañana, por fin se abrió la puerta de la enfermería. Hannah salió con una radiante sonrisa y los seis chicos se levantaron rápidamente.
- Hemos conseguido bajarle la fiebre y ya está consciente, podéis pasar a verla.
Sin dudarlo ni un momento, James, Albus, Hugo y Rose corrieron al interior de la sala mientras Scorpius y Lizzy se quedaban parados en la puerta. Vieron como abrazaban a la pequeña y la cubrían de besos mientras sus padres los miraban con una sonrisa tranquila.
- Creo que aquí sobramos, Malfoy. – Dijo la Ravenclaw, mirando al rubio.
- Estoy totalmente de acuerdo contigo, Collins, ¿nos vamos?
- Será lo mejor.
Pero, justo cuando iban a marcharse, una voz los detuvo.
- ¡Esperad! – James los miraba con una sonrisa. – Habéis pasado aquí toda la noche apoyándonos, no molestáis ni interrumpís nada.
- Sí, entrad. – Rose también sonrió, cosa que sorprendió a todos. Era la primera vez en aquellos tres años que le dedicaba un gesto amable a Scorpius.
Los dos se miraron dubitativos durante unos segundos, pero finalmente se acercaron a los demás. James abrazó a Lizzy por la espalda y la besó en la mejilla antes de susurrar en su oído.
- Tenías razón, Elizabeth.
- Como siempre, Jamie. – No pudo evitar estremecerse y sonreír. – Como siempre.
N/A: Hasta principios de septiembre no subiré ningún capítulo porque voy a pasar unos días fuera y no tendré ordenador así que nos leemos a la vuelta :)
