9. El primer novio de Lizzy

James no podía apartar la mirada de la mesa de Ravenclaw donde Lizzy y su querido novio, Richard Davies, estaban besándose. Se mordía la lengua y negaba con la cabeza, incapaz de creerse que su amiga estuviera con "ese". ¿No se daba cuenta de que era un idiota que solo quería utilizarla? No es que estuviera celoso, ni mucho menos, solo quería protegerla, era demasiado inexperta y confiada, solo estaba en su cuarto curso, seguro que no se daba cuenta de lo que aquel chico de sexto buscaba en ella. Y es que Lizzy estaba más guapa cada día que pasaba y desprendía una confianza que abrumaba a cualquiera. James no se había dado cuenta de ello hasta aquel verano, cuando la vio en la piscina que habían instalado años atrás en la Madriguera. Su prima Rose la había invitado a pasar con ella una semana y, el día que habían ido allí, él había aprovechado para ir a verla. Cuando llegó a la casa de sus abuelos y la vio en bikini, se quedó sin respiración. ¡¿Desde cuándo tenía curvas?! Cuando ella lo vio, se levantó del borde de la piscina, donde conversaba con Rose y Victoire, y corrió hacia él. Lo abrazó con fuerza y él le dio un par de vueltas en el aire. Lizzy sonrió cuando la dejó en el suelo y trató de colocarse unos pelos que se habían escapado de sus trenzas.

- Madre mía, Lizz, estás increíble, este año voy a tener que pasarme el curso espantando chicos.

- No digas tonterías, estoy como siempre. – La chica le dedicó una sonrisa de las suyas y él se estremeció un poco. Si hacía eso en Hogwarts, él acabaría pegándose con toda la sección masculina del colegio. Algo se removió en su estómago, desde luego la morena iba a darle muchos problemas aquel curso.


- ¿Estás bien?

La voz de Fred lo trajo de vuelta a la realidad. Por supuesto, los problemas no habían tardado mucho en aparecer. Solo estaban en octubre y Lizzy ya tenía novio. Un chico que solo se había fijado en su cuerpo y su cara, un chico que no se fijaba en sus ojos, ni la escuchaba cuando hablaba. De verdad, ¿por qué no se daba cuenta de que Richard no le convenía?

- Claro.

- Llevas como cinco minutos callado mirando a Lizzy. – Su primo a duras penas contenía una sonrisa. - ¿Estás celoso, James?

- ¿Por qué iba a estarlo?

- Porque desde que empezó con Davies, ya no pasa tanto tiempo contigo. – "Entre otras cosas", añadió mentalmente.

- Es normal, cuando yo salgo con alguna chica también paso menos tiempo con ella. – James negó con la cabeza. – Es que él solo quiere utilizarla, pero sé que no va a hacerme caso. Dirá que estoy siendo sobreprotector con ella y me gritará.

- Ya, no creo que puedas convencerla fácilmente.

- ¿Sabes lo que necesito? – El pelinegro sonrió y su primo arrugó la frente. Estaba seguro de que iba a hacer una estupidez. – Pruebas.

- ¿Pruebas?

- Voy a seguirlo a todas partes con la capa de invisibilidad y cuando diga algo que no deba decir, entonces atacaré.

- Es una locura.

- No lo es.

- Claro que sí. – Fred le dedicó una media sonrisa. – Pero, como sé que no vas a hacerme caso, no insistiré. Ya te darás cuenta de todo cuando ella empiece a chillarte.


Lizzy se despidió de Richard en la puerta de su clase con un beso que hizo que muchas de sus compañeras murmuraran y suspiraran con envidia. En aquel momento una gran parte de las chicas de cuarto curso querían ser Lizzy. Se separaron para coger aire y él le guiñó un ojo antes de marcharse. Ella suspiró, todavía recuperando el aliento, estaba encantada con él, era su primer novio y no podía pedir a alguien mejor. Era inteligente, simpático, guapo y la trataba genial, siempre dándole besos y abrazos, aunque había notado que a veces intentaba acelerar demasiado las cosas, pero había decidido no tenérselo en cuenta. Era mayor y estaba acostumbrado a otro tipo de chicas, pero sabía que por ella había cambiado o, al menos, eso creía. No le gustaba ser cursi, pero aquel gesto le resultaba de lo más romántico y no podía evitar presumir delante de sus amigas.

- ¿No te parece fantástico? – Dijo cuando llegó hasta Rose.

- Anda, tápate bien el cuello, parece que te has encontrado con un par de vampiros. – La pelirroja puso los ojos en blanco y le colocó bien el pelo. No terminaba de caerle bien aquel chico.

- Es que a veces Richard es muy… apasionado. – Se sonrojó al decir aquello y soltó una risita un poco tonta.

- ¿Me dejas darte un consejo, Lizzy?

- Claro, Rose, eres mi mejor amiga.

- No hagas nada de lo que después puedas arrepentirte. – La chica apretó los labios con preocupación.

- Tranquila, no lo haré, además, él me respeta, comprende que solo tengo 14 años y no quiero precipitar las cosas.

Rose asintió y trató de convencerse de que lo que decía su amiga era verdad, pero no podía evitar sentir que algo fallaba en ese chico, había escuchado demasiadas historias sobre él y ninguna era buena, pero al ver a Lizzy tan feliz… Solo esperaba que no se estuviera equivocando.


James comenzó con su plan aquella misma tarde. Nada más salir de clase subió a por su capa de invisibilidad y el mapa del merodeador y comenzó a seguir al chico por todo el castillo. Primero fue a buscar a Lizzy y tuvo que soportar una sesión de besos y caricias que hicieron que la sangre hirviera en sus venas y a punto estuviera de descubrirse delante de ellos; después lo siguió hasta la biblioteca, donde estuvo haciendo un trabajo con dos chicos más de su curso; finalmente, entró tras él en la mismísima Sala Común de Ravenclaw y lo siguió hasta los dormitorios consciente de que, si iba a decir algo sobre la chica, lo diría allí, delante de sus amigos. Una parte dentro de él deseaba equivocarse pues no quería que le hicieran daño a Lizzy, pero otra sabía que tenía razón y que debía advertirla cuanto antes. Cuando Richard entró en su cuarto, saludó a sus compañeros y dejó sus cosas tiradas de forma despreocupada antes de tirarse en su cama.

- Y bien, Davies, ¿cómo te va con Collins? – Preguntó uno de sus compañeros con la ceja enarcada.

"Bingo", pensó James. Ahora se enteraría de todo.

- Eso, cuéntanos, ¿algún progreso? – Añadió otro en tono jocoso. James tuvo que tragar saliva para no pegarle un puñetazo en ese mismo momento.

- No puedo daros todos los detalles, soy un caballero. – Contestó Davies.

- ¿Desde cuándo?

- Desde que me he dado cuenta de que es la forma más efectiva de conseguir lo que quiero de las chicas.

- ¿También de Collins?

- Tenéis una obsesión con ella.

- Está muy buena. – Uno de los chicos hizo un gesto obsceno y los demás rieron mientras James se obligaba a respirar.

- Para tener 14 años no está nada mal. – Dijo otro. – Además, seguro que se deja hacer.

- Tiene mucho carácter, pero todavía no hay chica que se me haya resistido. – Richard sonrió con chulería. – Y de este fin de semana no pasa, pienso meterla en mi cama, así que buscaos un sitio donde dormir el sábado.

- ¿Y si ella no quiere?

- Querrá, ya os he dicho que a mí nadie se me resiste, además, creo que se ha enamorado de mí, soy su primer novio.

- Qué honor. – Dijo uno en broma.

- Lo sé, aunque será una pena tener que romperle el corazón después, pero las chicas guapas están para eso, ¿no? Usar y tirar.

James a duras penas se contenía bajo la capa de invisibilidad. Quería mandarlo, no ya a la enfermería, sino de cabeza a San Mungo por decir aquello. Sabía que tenía algo raro, sabía que no podía fiarse de él, pero aquello era demasiado. Davies era uno de los más mujeriegos de Hogwarts, pero él no se quedaba atrás y jamás habría hecho eso con una chica, ni soltado un comentario como el que él acababa de decir. ¿De "usar y tirar"? ¿Pero de qué iba? Tenía que avisar a Lizzy, tenía que protegerla de ese energúmeno que solo quería aprovecharse de ella, pero antes le partiría la cara. Sí, eso haría. En cuanto saliera de la torre lo acorralaría en algún pasillo y tendrían una "larga conversación". No tuvo que esperar mucho para conseguirlo, apenas diez minutos. Alguien pegó a la puerta y Richard fue a abrir.

- Lizzy, qué sorpresa, ¿qué haces aquí?

- He terminado todo lo que tenía que hacer para mañana y me preguntaba si te apetecería dar una vuelta. – Dijo con una gran sonrisa, aunque nerviosa por dentro. No quería agobiar al chico, sabía que necesitaba su espacio igual que ella el suyo.

- Claro, yo tampoco iba a hacer nada ya, vámonos.

James aprovechó para salir con ellos y seguirlos por los pasillos. Cuando llegaron a uno lo suficientemente vacío – e imaginando lo que él pretendía hacer – se quitó la capa de invisibilidad y corrió hacia Richard. Le pegó un empujón que lo tiró al suelo y Lizzy no pudo evitar gritar.

- ¡James, ¿qué haces?!

- ¡Protegerte de este cerdo! – Lo cogió del suelo, por el cuello de la camisa y lo estampó contra una pared. A pesar de que era un año más mayor que él, no estaba teniendo ningún problema.

- Suéltalo, no ha hecho nada. – La chica corrió hacia él y empezó a tirar de sus brazos, sin lograr nada.

- ¡Dile lo que habías pensado hacer, lo que de verdad quieres de ella!

- James, él me quiere.

- No te quiere, escúchame bien Elizabeth, solo quiere utilizarte. – Lo estampó otra vez, ahora con un poco más de fuerza. - ¡Díselo!

- Solo está celoso, Lizzy, ¿no irás a creerlo?

- Tengo pruebas, te he escuchado hablando con tus amigos y sé que has dicho que meterías a Lizzy en tu cama este fin de semana y el lunes la dejarías. – Dijo enfadado. Los ojos de la morena empezaron a llenarse de lágrimas al escuchar aquello. – Dijiste que las caras bonitas solo son de usar y tirar pero, amigo, te equivocaste de chica.

James lo soltó, pero solo para poder darle un puñetazo que a punto estuvo de tumbarlo. Davies cogió su varita, pero alguien fue más rápido y lo desarmó antes de que pudiera hacer nada. Lizzy lo miraba con su varita en la mano y una mirada realmente amenazadora a pesar de las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos – puede que incluso más debido a estas -.

- Dime la verdad, Richard. – Exigió.

- Se lo está inventando.

- No lo estoy haciendo, tienes que creerme, Lizzy, lo he escuchado todo.

Sus miradas se cruzaron y supo que le había dicho la verdad. Sintió cómo la rabia la invadía. Aquel chico había querido utilizarla sin más, sabía que estaba emocionada porque era su primera relación y había intentado aprovecharse de la situación. Con un movimiento de varita lo sostuvo boca abajo en el aire.

- Suéltame. – Dijo él. - ¿De verdad le crees?

- Eres un cabrón, Davies, y vas a aprender que nadie se mete conmigo y se marcha sin pagar las consecuencias.

Comenzó a darle vueltas en el aire, cada vez más deprisa, hasta que lo dejó caer. El chico se quejó, se había hecho daño, pero la cosa no acababa ahí porque ella se acercó y le propinó una fuerte patada en el estómago. Recogió su varita del suelo y se la tiró.

- ¡Y ahora largo!

Richard se levantó tosiendo un poco y se marchó de allí cojeando, pero lo más deprisa que pudo. No se había imaginado que eso podría sucederle y no quería arriesgarse a que tanto Potter como la chica volvieran a descargar su ira sobre él. Cuando ya se hubo marchado, las miradas de Lizzy y James volvieron a encontrarse. El chico tragó saliva, aquello no había hecho nada más que empezar.


Hola a todos :)

Siento el retraso, he estado de vacaciones y no he podido subir antes, pero a partir de hoy volveré a subir un capítulo diario ;)

Un beso y espero que os esté gustando,

María :)