11. ¿Solo amigos?

Tres días tardaron en reunir el valor suficiente para sentarse a hablar. Ninguno de los dos contó lo sucedido a nadie – bueno, Lizzy le dijo a Rose que James la había besado, pero había omitido todos los detalles y la pelirroja creía que solo se habían dado un beso tonto -, no querían que la gente empezara a decirles que se veía venir, que ya lo sabían. Aquel día, James fue a buscarla después de clase. No necesitaron palabras, él la miró, ella asintió y juntos fueron hasta la Sala de los Menesteres. Se sentaron en la cama en silencio, con las miradas perdidas y visiblemente nerviosos, sin saber muy bien cómo empezar aquello.

- Lo que pasó el otro día fue increíble. – Empezó a decir James. – Nunca había sentido nada parecido.

- Yo tampoco. – Lizzy se sonrojó al recordar lo que había pasado en aquel pasillo. – Fue algo… mágico.

- Es como si tus labios y los míos encajaran a la perfección, – El chico fue acercándose a ella poco a poco. – como si estuvieran hechos para besarse.

- Jamie… - La chica no sabía qué hacer. Por una parte, sabía que lo correcto era alejarse, pero por otra necesitaba volver a sentir aquello. – No sé si…

No terminó la frase. Dejó los labios entreabiertos y cerró los ojos mientras él terminaba de recorrer la distancia que los separaba. Cuando sus labios volvieron a entrar en contacto, sintieron la misma descarga, el mismo escalofrío y volvieron a dejarse llevar. James acarició la mejilla de Lizzy con dulzura mientras ella apoyaba las manos en sus hombros.

- Esto no está bien. – Murmuró Lizzy en cuanto se separaron.

- Lizz…

- Hablo en serio. – Consiguió alejarse de él y apartar sus ojos de los suyos. – No podemos hacerlo, no podemos besarnos así como así. Necesitamos hablar y, cuando digo hablar, me refiero solo a eso. – Lo miró de forma seria y él no pudo evitar dedicarle una media sonrisa que hizo que se relajara. – No hagas eso, me desconcentras y me entran ganas de besarte otra vez.

- ¿Y por qué no lo haces?

- ¡Porque tenemos que hablar!

- Vale, vale, no me grites. – James suspiró. Él también sabía que tenían que tener "la charla", pero no podía resistirse. - ¿Quién empieza?

- Tú mismo.

- Vale, sé que esto sería complicado por cómo somos, pero no sé, ¿qué te parece?

- ¿Hablas de salir? ¿Tú y yo? – La morena frunció el ceño. No se esperaba aquello, desde luego.

- ¿Qué tendría de malo? – Él también arrugó la frente, sin saber qué la había sorprendido tanto.

- Que somos amigos, James, los amigos no salen, ni se besan. – Lizzy suspiró. – Te conozco, para ti las chicas son una diversión de un rato, esto no saldría bien. Además, ya sabes cómo somos, nos pasaríamos todo el día peleando, acabaríamos mal y yo no puedo perderte, James, no lo soportaría.

- No quieres salir conmigo.

- Claro que quiero, pero no podemos hacerlo, no quiero que te marches de mi vida. Te necesito a mi lado. – La Ravenclaw se mordió el labio con preocupación y el chico apartó la mirada. Sabía que tenía razón, que acabarían por perderse el uno al otro, que no podían seguir con aquello por mucho que les gustara.

- Ni yo que tú te marches de la mía. – Susurró. – Supongo que tienes razón, que deberíamos fingir que no ha pasado nada y ya está, pero me va a resultar difícil olvidarlo todo. Ha sido el mejor beso de mi vida.

- Y de la mía. – Confesó ella. – No puedo siquiera describirlo con palabras.

- ¿Y no podemos repetirlo, Lizz?

- No creo que pudiera controlarme si lo hiciéramos. – Negó con la cabeza y James no pudo evitar reír debido a su comentario.

- Vaya, parece que la señorita ya no es la chica buena de siempre.

- Cierra el pico, Potter, sabes perfectamente a lo que me refiero, esto también es difícil para mí, ¿sabes?

- Lo imagino. – El Gryffindor suspiró. Se notaba que Lizzy le había estado dando muchas vueltas durante aquellos tres días y que lo tenía todo claro.

- Actuaremos con normalidad, solo quiero que seamos los de siempre. – Aquellas palabras la estaban destrozando por dentro, pero sabía que era lo correcto. Al menos, él parecía estar de acuerdo.

- Te prometo que esto no cambiará nada entre nosotros.

Ambos sonrieron y se abrazaron. Lizzy enterró la cara en el pecho del chico que le acariciaba el pelo con ternura. Ambos se morían por besarse de nuevo, pero habían decidido que, por su propio bien, debían ser solo amigos.


Su plan funcionó durante una semana hasta que, durante una discusión que había empezado porque James le había gastado una broma de mal gusto a los Ravenclaw de segundo año, volvieron a besarse. No lo planearon, ni siquiera lo pensaron, solo se dejaron llevar, dejaron que sus labios se buscaran y acabaron besándose de nuevo, esta vez en una zona alejada de los jardines. Cuando se separaron, Lizzy salió corriendo, alarmada por lo que acababa de hacer. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué no podía ceñirse al plan sin más? ¡No debería haberlo besado! Pero no había podido resistirse, no había podido evitar lanzarse a sus brazos y callarlo con un beso. Ella había insistido en ser solo amigos y ahora ella era quien rompía aquel acuerdo. No quería ver a nadie, ni hablar con James; necesitaba estar sola para poder pensar. Tenía demasiadas cosas en la cabeza en aquel momento, sus pensamientos se entremezclaban unos con otros y su estómago estaba encogido. No sabía qué sentía por él, solo era consciente de que no quería separarse de él y de que no podía resistirse. Algo dentro de ella le gritaba que volviera a besarlo, que dejara de comportarse como una idiota y que olvidara aquel absurdo plan. Por más que intentaba callarla, no lo conseguía. Intentaba demostrarse a sí misma que aquello era una tontería, una obsesión pasajera, pero sabía que no era más que una mentira.

- Lizz, espera.

Se giró y se encontró con James. La había seguido y, en su cara, vio sus mismas emociones reflejadas. Al parecer ambos estaban en la misma situación y ninguno sabía qué hacer.

- Esto es una locura, James, al final voy a perderte. – Susurró cuando él, por fin, la alcanzó.

- Nadie va a perder a nadie. Yo… espera. – El chico miró a ambos lados antes de cogerla del brazo y conducirla hasta un pequeño cuarto con escobas y fregonas. No quería que nadie los viera o escuchara. – Escúchame, Lizzy, ambos sabemos lo que significa lo que ha pasado.

- Sí, que lo hemos fastidiado todo. – Contestó ella, negando con la cabeza. – No vamos a volver a ser los de siempre.

- No, que lo de ser solo amigos no funciona. – James suspiró. – Ambos nos teníamos ganas desde hace tiempo, esto iba a pasar tarde o temprano.

- Yo no lo buscaba. – Mintió ella.

- Claro que sí. – Él resopló. – El día que Lily estuvo en la enfermería, el año pasado, en las cocinas, me diste un beso en la comisura de los labios.

- Yo no… - Se tuvo que quedar callada. Claro que lo había hecho, es más, había deseado que él la hubiera besado.

- Claro que sí y, si hubiera seguido mis impulsos, esta conversación la habríamos tenido hace meses.

- No sé qué hacer, James, salir contigo sería un error. – Susurró ella, cabizbaja. El chico la abrazó, tratando de tranquilizarla. Sabía que estaba asustada y hecha un lío y lo único que quería era ayudarla. – No quiero tener que controlarme cuando estás conmigo, no quiero fingir que no me apetece besarte hasta quedarme sin aire.

- Entonces cambiemos de plan. – Murmuró él, acariciando su pelo. – No te pido que seas mi novia porque, tienes razón, sería arriesgarse demasiado, pero podemos dejar de ser solo amigos.

- ¿Qué? – La morena se separó un poco de él con el ceño fruncido. - ¿Hablas de vernos a escondidas?

- ¿Por qué no? – James se encogió de hombros. – No nos arriesgaríamos a perdernos y podríamos hacer lo que nos apeteciera. ¡Es una buenísima idea!

- Es… - La Ravenclaw guardó silencio unos instantes, pensando en lo que el chico acababa de decirle. – Creo que tienes razón. No tenemos por qué dejar de vernos, solo tenemos que fingir normalidad delante de los demás.

- Actuaremos como siempre pero, en privado, podemos hacer otras cosas. – No pudo resistirse más y volvió a besarla. Le fascinaban sus besos y, estaba seguro, jamás se cansaría de ellos, ni en un millón de años. – No sé cómo he podido tardar tanto en atreverme.

- Yo tampoco. – Lizzy suspiró y consiguió separarse un poco de él. – Tenemos que poner una serie de condiciones, Jamie.

- Supongo que sí. – Él asintió. – En primer lugar, nadie puede enterarse de esto.

- Sí, en segundo, que podemos salir con quien queramos, pero si uno de los dos está con alguien, prohibido besarse. – Añadió ella. – No me gustaría engañar a nadie, sea mi novio o tu novia.

- ¿Me estás diciendo que quieres liarte con otros chicos, Collins? – Preguntó divertido, enarcando una ceja.

- Te estoy dando permiso para que tú te ligues a otras chicas, no te quejes, Potter. – Sonrió de lado al decir aquello. – A ver quién hace esto, aparte de mí.

- Soy muy afortunado por tenerte. – Contestó él de forma irónica.

- Lo sé, soy única e inimitable. – La Ravenclaw lanzó una carcajada antes de dar un pequeño salto y enredar sus brazos alrededor del cuello de James. – Esto va a salir bien, me parece una idea genial y me encanta lo de vernos a escondidas, todo el secretismo y el misterio. Es muy emocionante.

- No te olvides de la parte complicada: secretos, mentiras, excusas. – James puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar sonreír.

- Merecerá la pena.

- Lo sé, Lizz, lo sé.

Volvieron a besarse como solo ellos sabían, con esa mezcla perfecta de dulzura y pasión. Lizzy acariciaba el pelo de James una y otra vez, le encantaba su tacto y sabía que a él le gustaba que lo hiciera. Siguieron así hasta que la chica notó algo en su pie y se separó bruscamente del Gryffindor. Sacó su varita y apuntó al suelo.

- Lumos.

No pudo evitar chillar y salir corriendo del cuartito al ver un montón de cucarachas correteando de un lado a otro. James la siguió, sin poder parar de reír. Aquello había sido el espectáculo más lamentable que había visto nunca.

- ¡No es divertido!

- Claro que lo es.

- Te odio. – Lo fulminó con la mirada.

- Anda, ven aquí tonta. – La atrapó sin apenas dificultad y, tras comprobar que no había nadie en aquel pasillo, la besó.

- La última vez que nos encerramos en un armario.

- Te lo prometo. – Dijo él, volviendo a reír, antes de besarla de nuevo.