14. El secreto de la Sala de los Menesteres

Era una noche como cualquier otra. Lizzy cenaba con sus amigas en la mesa de Ravenclaw y James en la de Gryffindor con los suyos, aunque ambos intercambiaban miradas de vez en cuando. La moneda comenzó a quemar en el bolsillo de la chica cuando estaba terminando el postre y supo lo que quería decir sin necesidad de palabras: cita aquella noche. Levantó la mirada y él le lanzó un guiñó que le sacó una sonrisa, aunque trató de disimular para que las demás no sospecharan. Nadie podía enterarse de todas las noches que pasaba en la Sala de los Menesteres con James.

Cuando las cinco terminaron de cenar se dirigieron hacia su dormitorio, se cambiaron y se acostaron. O eso hicieron todas menos Lizzy, que se duchó la última y, aprovechando que sus amigas dormían agotadas después de un largo día, se puso unos vaqueros y un jersey finito. Esperó sentada en la cama hasta que la moneda volvió a iluminarse y salió rápidamente de la sala común. Nada más salir, una mano tiró de ella y la cubrió con una capa.

- El profesor Watt se acerca. – Murmuró el chico, poniendo un dedo en sus labios de forma que no dijera nada. Lizzy asintió y esperó hasta que el hombre pasó antes de hacer nada. Cuando estuvieron seguros, se puso de puntillas y rozó sus labios levemente. James sonrió. – Yo también me alegro de verte.

- ¿Nos vamos?

- Cuando quieras.

Lizzy se dio la vuelta y comenzó a andar hacia el pasillo donde se encontraba la sala seguida por él. No avanzaban muy rápido, tenían que tener cuidado con la capa, no podían permitir que nadie los descubriera por una larga lista de motivos. Cuando por fin llegaron, pasaron tres veces por delante de la pared vacía y la puerta apareció. Como siempre. Los dos entraron y se quitaron la capa. Se habían acostumbrado a ir allí al menos un par de veces por semana y la habitación siempre mostraba el mismo aspecto para ellos. Lizzy se quitó los zapatos y se tumbó en la cama, cansada.

- ¿Te ha costado mucho salir del dormitorio? – Le preguntó James, sentándose junto a ella y comenzando a acariciar su barriga con delicadeza.

- No, con todo lo que estamos estudiando últimamente a estas horas todas llevan ya un rato durmiendo. – Contestó ella, cerrando los ojos y relajándose gracias a las caricias del chico.

- Todavía quedan meses para los TIMOS. – Replicó él. – Tómatelo con un poco más de calma, lo harás muy bien, si hasta yo saqué algún Extraordinario.

- Recuerdo lo mucho que sorprendió a todo el mundo. – Lizzy sonrió. – Excepto a mí, yo confiaba plenamente en ti. Además, fui quien te obligó a estudiar, era obvio que ibas a conseguir buenas notas.

- Es que las recompensas eran muy buenas. – Se tumbó y se puso de perfil, mirándola. Ella le dedicó una mirada tierna y él no pudo resistirse más.

Unió sus labios con fuerza. Comenzaron a besarse con pasión y, poco a poco, se fue tumbando sobre ella. El chico empezó a recorrer el cuello de ella con sus labios hasta llegar a la clavícula y sus manos no se quedaron quietas. Las metió por debajo del jersey y empezó a quitárselo. Ella lanzó una carcajada, pero hizo lo mismo con él. Recorrió los pectorales del chico con lentitud.

- ¿Te gusta lo que ves, Collins? – Preguntó él.

- Como si fuera la primera vez que lo veo, Potter. – Lizzy puso los ojos en blanco antes de pegarlo más a ella y volver a besarlo, deslizando ahora sus manos por su espalda. Suspiró. El quidditch hacía milagros.

James volvió a besar el cuello de la chica y ella gimió. Sonrió al conseguir aquello y siguió besando cada centímetro de su piel con lentitud, arrancándole varios suspiros. Ella se retorcía un poco bajo él, sin dejar de acariciar su espalda, su pecho y su pelo. Cuando llegó al borde de su pantalón, lo desabrochó pero, antes de quitárselo, la miró pidiéndole permiso.

- Lizz… - Su voz sonó ronca.

- No tienes que preguntarme cada vez, si no quiero ya te pararé. – Se dio cuenta de lo agitada que sonaba y se sonrojó.

James sonrió antes de deslizar la ropa hacia abajo y continuar recorriendo su piel. Lizzy cada vez notaba su corazón y su respiración más acelerados. Cuando el chico volvió a subir y recorrió su cuello hacia arriba, ella no tardó en buscar sus labios. Lo besó con una pasión que la sorprendió incluso a ella. Se incorporó un poco y, sin dejar de besarlo, consiguió tumbarlo en la cama, quedando ella sentada a horcajadas sobre él. Se separaron para recuperar el aliento y ella le dedicó una sonrisa traviesa antes de llevar sus manos hacia su pantalón. James gimió y Lizzy se mordió el labio de forma seductora mientras desabrochaba el botón y comenzaba a quitárselos – sin pedir permiso –. Cuando terminó con eso empezó a trazar un camino de besos desde sus labios hasta sus abdominales pasando por su mandíbula, su cuello, su pecho… Recorría su cuerpo con tanta curiosidad, como si fuera la primera vez que lo veía, y con tanta urgencia como si el mundo fuera a acabarse y aquellos fuesen sus últimos minutos. James gruñó un par de veces y gimió otras tantas. Cuando Lizzy volvió a incorporarse no lo dudó y se desabrochó el sujetador ante su embelesada mirada. Volvieron a unir sus labios y, entre caricias, se quitaron la poca ropa que les quedaba. Sus respiraciones estaban cada vez más agitadas y sus manos recorrían sus cuerpos una y otra vez provocando más suspiros por parte de ambos. Siempre que habían llegado a aquel punto lo habían dejado, pero aquel día no podían. Sus labios y dedos dejaban rastros de fuego sobre la piel del otro, explorando cada centímetro de sus cuerpos con deseo. Lizzy arqueaba la espalda y se aferraba con fuerza a los hombros de James mientras él acallaba sus gemidos en la boca de ella. Sin dejar de besarla, la tumbó y volvió a quedar sobre la chica, con el cuerpo apoyado entre sus piernas. Ella se estremeció un poco y ambos rompieron el beso, para tomar aire y tratar de pensar. ¿Hasta dónde estaban dispuestos a llegar? Lizzy notaba cómo todo su cuerpo temblaba de deseo y miedo y James intentaba pensar con serenidad, ¿qué estaban haciendo?

- Lizz, podemos dejarlo aquí si quieres. – Murmuró, sin dejar de recorrer con su mano la pierna de la chica. Él sabía lo que quería, pero no quería hacer nada que ella no quisiera.

- No… no quiero parar. – Contestó ella, tras unos segundos. Sus ojos reflejaban el miedo que sentía. – Pero, James, yo nunca he estado con nadie.

- Yo tampoco. – Confesó él, sonrojándose levemente.

- ¿Cómo? – La morena abrió mucho los ojos. ¿James también era virgen?

- Nunca he estado el suficiente tiempo con una chica como para sentir que era el momento, supongo que no había encontrado a la adecuada… hasta ahora. – Dijo sin dejar de mirarla. – Lizz, ¿estás segura de esto?

Ella bajó la mirada un momento. No podía pensar con claridad si tenía sus ojos delante. Sabía que no quería parar, pero también tenía miedo y estaba nerviosa. "Pero estás con James", dijo una voz en su cabeza y ella sonrió. Sí, estaba con James, eran ellos dos y no se imaginaba aquello con otro. Si tenía que ser alguien, quería que fuera él. Solo con él se sentía segura y querida, sabía que no la estaba utilizando, que si estaba pasando aquello era por el vínculo que existía entre ambos, ese que se empeñaban en seguir llamando amistad. En aquel momento no pensó en todo lo que cambiaría a la mañana siguiente, ni siquiera en si se arrepentiría, solo supo que era la persona adecuada.

- Sí, pero estoy nerviosa. – Confesó. – Tendrás cuidado, ¿verdad?

- No dejaría que nadie te hiciera daño jamás. – James unió sus labios y dejó que la ternura sustituyera a la pasión.

Hasta entonces se habían dejado llevar por sus instintos, pero ambos sabían que aquel instante lo cambiaría todo. Ella correspondió su beso con calma y dejó que se acomodara mejor entre sus piernas. Gimió. Si tenía que equivocarse, quería que fuera con él.


Ambos se habían quedado dormidos poco después de terminar, aunque Lizzy pasó toda la noche inquieta y fue la primera en despertarse. Cuando lo hizo, la realidad la golpeó. Se dio cuenta de dónde estaba, de lo que había hecho. Estaba apoyada sobre el pecho de James, pero, nerviosa, se dejó caer hacia el lado y se hizo un pequeño ovillo, consciente de que necesitaba tranquilizarse y estar tan cerca de él no iba a ayudarla en aquel momento. Ya no podía echarse atrás. Quiso creer que todo había sido un sueño, pero sabía que no era así. Ambos estaban desnudos y había una pequeña mancha en las sábanas. Aquello iba a arruinarlo todo entre ellos. Sin darse cuenta sollozó un poco. Se cubrió la boca rápidamente con la mano, pero era tarde: James se había despertado.

- ¿Lizz? – Preguntó, todavía dormido. - ¿Ocurre algo? ¿Estás bien?

- Sí, vuelve a dormir. – Mintió ella, aunque no pudo evitar que otro sollozo se le escapara. Había comenzado a llorar.

- ¿Estás llorando? – El chico se incorporó rápidamente en la cama y se acercó a ella, que le dio completamente la espalda. – Es culpa mía, ¿verdad? ¿Te he hecho daño? Por Merlín, lo siento Lizzy, yo… Dime qué te pasa, por favor.

- Ya te he dicho que nada. – Insistió ella. – Estoy bien, no me ha dolido tanto como temía, tranquilo. No es tu culpa, vuelve a dormir.

- Elizabeth no voy a dormirme hasta que me digas qué ocurre. – La agarró del hombro y consiguió darle la vuelta con delicadeza. – Por favor, si hay algo que pueda hacer, cualquier cosa, lo que sea, lo haré.

- James esto ha sido un error, se suponía que no iba a ser así, que iba a ser algo bonito y romántico con mi novio, con velas, flores y todas esas cursiladas. – Lizzy negó con la cabeza. ¿A quién pretendía engañar? A ella le daban igual esas cosas, no ganaba nada mintiéndole a él y, menos aún, tratando de engañarse a sí misma. Tenía que decirle la verdad, ¡era James! – Pero no es tampoco eso, es que… ahora todo va a cambiar entre nosotros.

- ¿Por qué debería?

- ¡Porque nos hemos acostado! No podemos actuar como si nada y yo sigo sin querer perderte.

- No van a cambiar las cosas. – James apretó los labios. – Lizz, no me arrepiento de nada. He hecho esto porque he querido, porque lo he creído oportuno. Creía que tú pensabas igual.

- Y tienes razón, pero me da miedo que todo se estropee a partir de ahora. – Bajó la mirada. – No quiero que te vayas de mi lado después de esto, quiero seguir como hasta ahora.

- Seguiremos siendo nosotros, dos amigos que se ven a escondidas de vez en cuando para divertirse un poco. – James la rodeó con uno de sus brazos, dedicándole una sonrisa, y ella se acurrucó en su pecho. – Nada va a cambiar, no voy a alejarme de ti nunca. No podría hacerlo aunque quisiera.

- ¿De verdad? – Su voz sonó tan insegura que, por un instante, James recordó a la niña de once años que había conocido. Había cambiado mucho en aquellos años, se había vuelto más fuerte y decidida, pero de vez en cuando esa parte resurgía. Y él sabía perfectamente cómo hacerla callar.

- Te lo prometo. – Dijo antes de besarla con ternura. Cuando se separaron, besó su frente y comenzó a acariciar su pelo. – Y ahora, duérmete. Todavía podemos aprovechar un par de horas de sueño.


Al día siguiente, Lizzy recibió una nota durante el desayuno:

"E.C.,

Sala de los Menesteres, once de la noche. No llegues tarde.

J.S.P."

Cuando la leyó frunció el ceño. ¿Qué querría? Aún así, a esa hora se dirigió hacia allí y atravesó la puerta de la sala. No pudo evitar sonreír al hacerlo. Había un caminito de velas y pétalos de rosa que conducía hacia la cama, sobre la que había un precioso ramo de flores. De fondo, sonaba música lenta. James se acercó a ella dedicándole una tímida sonrisa.

- Anoche dijiste algo de flores y velas y, ya sé que no se puede volver atrás, pero creí que te parecería un detalle original. – Dijo, algo nervioso, deseando que le gustara aquella idea absurda. – Las cosas no van a cambiar entre nosotros, te lo he prometido y lo haré todas las veces que hagan falta hasta que me creas.

- Eres un idiota. – Contestó ella, andando hacia él. – Pero un idiota que me encanta.

Lo besó con fuerza intentando transmitirle que no se arrepentía de lo que había pasado. En ningún momento lo había hecho realmente. Sabía que James era la persona adecuada para ella, pero el miedo a perderlo, a ser una más, la había hecho reaccionar así. "Pero no eres una más", se recordó a sí misma, y era verdad. Había sido la primera vez de ambos, aquello tenía que significar que, al igual que para ella, para él era alguien extremadamente importante. Recordó sus palabras la noche anterior, sus caricias, su ternura y no pudo volver a dudarlo. No se había equivocado al elegir a James.


N/A: Este capítulo es *-* James es muy adorable cuando quiere y creo que no podían haber tenido una mejor primera vez.

Espero que os haya gustado. Un beso,

María :)