15. Noche estrellada
Estaban a principios de agosto y Rose había invitado a Lizzy a pasar, como cada verano, una semana con ella. Habían pasado toda la semana en Londres, pero el fin de semana lo pasarían en la Madriguera, donde también estaban algunos de los primos de la chica, incluido James. Aquel curso había sido relativamente tranquilo para ambos. Lizzy había hecho sus TIMOS, James había aprobado sus exámenes; ella había salido con un par de chicos después de lo que pasó entre ellos, él había tenido una novia y varios líos sin importancia. Todo había sido como siempre y nadie los había descubierto, aunque muchos sospechaban.
Era ya tarde y todos estaban en sus habitaciones. Lizzy estaba tumbada en su cama mirando el techo. Rose y Lily – con las que compartía habitación – llevaban ya un rato dormidas y ella comenzaba a aburrirse, no tenía nada de sueño. De repente, se dio cuenta de que el bolsillo de su pantalón se iluminaba. Se levantó rápidamente de la cama y sacó de él la moneda. Sonrió sin poder evitarlo. James aparecía en el mejor momento. Se puso las zapatillas, abrió la puerta con cuidado y salió al rellano, donde el chico la estaba esperando.
- Hola. – Susurró.
- ¿Te apetece salir un rato fuera? – Le preguntó él, también en voz baja. No quería despertar a nadie. – No puedo dormir.
- Me parece una buena idea, yo tampoco puedo.
Ambos sonrieron y, con cuidado, bajaron hasta la planta baja y salieron al jardín. Se alejaron un poco de la casa, para que si alguien se asomaba a la ventana no los viera, y James extendió una manta para que pudieran sentarse. Lizzy se dejó caer con un suspiro mientras él terminaba de vaciar su bolsa y sacaba un paquete de cigarrillos y dos botellines.
- ¿Qué es? – Preguntó la chica cuando él se sentó y le dio una de las bebidas.
- Cerveza muggle. – Contestó el Gryffindor con una sonrisa. Abrió ambas botellas y le dio un sorbo a la suya. – Pruébala, tiene alcohol pero creo que con esto podrás.
- Muy gracioso. – Lo fulminó con la mirada. Había pasado más de un año y él seguía recordándole lo que había pasado en su cumpleaños. - ¿Lo olvidarás algún día?
- Jamás. – Le dedicó una media sonrisa y ella puso los ojos en blanco. Se llevó la cerveza a la boca pero, tras darle un trago, arrugó la frente y puso cara de asco. – Tenía que haberte hecho una foto.
James estalló en carcajadas y la Ravenclaw negó con la cabeza. Aquella bebida estaba asquerosa.
- ¿Cómo te puede gustar esto?
- Los primeros tragos son los peores, después le empiezas a coger el gusto. – El chico se encogió de hombros y sacó un cigarrillo de la caja antes de dársela a Lizzy. – Coge uno si quieres.
- Estás cogiendo un vicio muy malo. – Comentó ella, aunque también sacó uno. Él encendió ambos y le dieron una calada casi al mismo tiempo. Lizzy suspiró al echar el aire, hacía mucho que no fumaba.
- ¿Y tú qué? Creo que estás haciendo lo mismo que yo.
- Pero tú fumas más que yo. – Se defendió ella. – Yo solo lo hago de vez en cuando, tú casi todos los días.
- Ya no tanto. – Se encogió de hombros y le dio otra calada. – Lo estoy dejando, es el primero que me fumo en toda la semana.
- Me alegra oír eso. – Lizzy echó el humo. Su primer cigarrillo se lo había quitado a él unos meses antes, cuando empezó con aquello, y se enfadó mucho con ella. Le dijo que era malo para la salud y que no debía hacerlo, pero a ella le dio igual, aunque solo fumaba muy de vez en cuando.
Ambos se quedaron en silencio. Era una noche tranquila, corría una ligera brisa y a lo lejos podían escuchar a los grillos cantar. Estaban el uno junto al otro, no necesitaban nada más. Cuando el cigarro de la chica se consumió, lo terminó de apagar con cuidado y se dejó caer de espaldas. James no tardó en imitarla.
- ¿Sabes? Antes me encantaba mirar las estrellas. – Confesó ella casi susurrando. – Cuando era pequeña y estaba en casa de mis abuelos, siempre salía a verlas. Podía pasar horas y horas tumbada sin hacer nada, simplemente viéndolas brillar, buscando las constelaciones, hasta que mis padres me obligaban a regresar dentro.
- ¿Y ya no te gusta?
- Me siguen fascinando, pero me dan ansiedad.
- ¿Ansiedad? – James frunció el ceño. Sabía que Lizzy era muy nerviosa pero, ¿tanto? No entendía por qué decía aquello.
- Me hacen sentir pequeña, insignificante. – Suspiró. – Me gustaría hacer algo grande, ¿sabes? No quiero que mi vida no haya tenido sentido, quiero cambiar el mundo, ayudar todo lo que pueda para que sea un sitio mejor, pero cada vez que miro hacia arriba, las veo a ellas y me recuerdan lo pequeña que soy.
- Lizz, no digas eso.
- Pero es la verdad, - se giró un poco para poder mirarlo. – una sola persona no puede cambiar el mundo por mucho que quiera.
- ¿Y qué te crees que eran las grandes figuras históricas? Solo personas. – La miró con ternura. – Aquellos que cambiaron el mundo también fueron como tú.
- Pero me parece tan difícil…
- Nada que merezca la pena es fácil. – Susurró él sintiendo una punzada en el estómago. Que se lo dijeran a ellos. – ¿Has decidido ya qué quieres hacer cuando salgas de Hogwarts?
- Me gustaría hacer algo relacionado con las relaciones internacionales, ya sabes, me gusta viajar, me gustan los idiomas, me encanta hablar. – Ambos sonrieron. – Sería genial poder ayudar a la cooperación entre distintas comunidades de magos.
- Eso ya es un buen comienzo.
- Pero aún así, me parece complicado lograr algo grande. – La Ravenclaw bajó la mirada. – No quiero malgastar mi vida.
- No tienes que cambiar todo el mundo para hacer algo importante, también puedes poner del revés el universo de una sola persona, hacerle ver sus errores e inspirarlo a ser mejor persona.
- Eso no suena como yo.
- Yo creo que sí, a mí me haces querer ser mejor para poder merecerte. – Murmuró el chico, apartando también la mirada.
- No digas tonterías. – Ella sonrió levemente. – Tú quieres ser mejor persona porque eres un gran chico, yo no puedo inspirar a nadie. Siempre estoy equivocándome, siempre estoy cometiendo errores.
- Eso no es verdad.
- Claro que sí. – Volvieron a mirarse a los ojos. - ¿Por qué no soy capaz de elegir a un chico que me quiera por como soy? Todos me buscan por lo mismo y yo los elijo una y otra vez. Soy una idiota.
- Todos nos equivocamos. – Él suspiró. Sabía que la chica tenía un muy mal ojo a la hora de encontrar pareja, pero no podía machacarse por ello. – No lo pienses.
- Al final me quedaré con cualquier imbécil y malgastaré mi tiempo, no conseguiré nada de lo que quiero, nada de lo que sueño. – Negó con la cabeza. Sabía que en aquel momento sonaba patética y que James no entendería por qué decía la mitad de las cosas que decía, pero no podía evitarlo. Se estaba dejando llevar por la melancolía y por eso dejaba salir de esa manera todas sus emociones y temores. – Me horroriza pensar eso, ya sabes que quiero ser independiente, que casarme y tener hijos no está en mis planes.
- Es solo una mala racha, no tienes por qué ponerte así. – El Gryffindor le dedicó una sonrisa tranquilizadora. – Yo tampoco sé elegir las chicas. ¿Por qué de entre todas me quedo siempre con las que quieren vivir el romance de su vida conmigo? Yo no soy de esos, no me gustan las relaciones, ni el compromiso, pero no me martirizo, no me gusta pensar en por qué me equivoco una y otra vez. – Le acarició la mejilla con delicadeza. – Sé que vas a hacer grandes cosas en el mundo, que vas a esforzarte para que no haya conflictos, para acercar a los magos de unos y otros países. De momento, mi mundo ya lo has cambiado, algo es algo, pero no esperes que lo repita.
- Prométeme una cosa, Jamie.
- Lo que quieras.
- Que nunca te marcharás de mi lado. – Se acercó un poco a él.
- Nunca, Lizz. – Rozó sus labios lentamente y notó como ella se estremecía. – Te prometo que jamás voy a dejarte sola, pero tienes que prometerme lo mismo, no puedo imaginarme mi vida sin ti.
- Pues claro, James. – Sonrió antes de unir tus labios. – Nada ni nadie harán que me separe de ti.
Volvieron a besarse lentamente, tratando de expresar con sus labios lo que no se atrevían con sus voces. No aceleraron las cosas, no hicieron ningún movimiento brusco, simplemente se quedaron ahí tumbados, besándose bajo las estrellas. Lizzy tenía las manos apoyadas en el pecho de James y él acariciaba su mejilla y su pelo mientras seguían besándose despacio. Apenas se separaban unos segundos para tomar aire y, en esos momentos, aprovechaban para mirarse a los ojos y sonreír antes de besarse de nuevo. Eran besos con sabor a cerveza muggle y tabaco, pero sus besos, al fin y al cabo y aquella noche no necesitaban nada más.
Cuando por fin se levantaron de la manta, no sabían si quiera cuanto tiempo había pasado. Lizzy se peinó el pelo con las manos y James recogió tanto la manta, como los botellines vacíos y las colillas apagadas.
- ¿Quieres que busquemos una habitación vacía y durmamos acurrucados? – Sugirió el chico con una tierna sonrisa mientras volvían hacia la Madriguera. – No quiero dormir solo esta noche.
- Me parece un plan perfecto. – Ella se puso de puntillas y le dio un beso en la nariz.
- Qué cursi.
- Lo sé, pero de repente me apetecía mucho.
Entraron con mucho cuidado a la casa y miraron la hora en el reloj del salón. Las cuatro y media de la mañana. Se dirigían hacia las escaleras en silencio, cuando una voz los sobresaltó.
- Chicos, ¿qué hacéis levantados a estas horas?
- Abuela… - Dijo James dándose la vuelta. Lizzy y él intercambiaron una rápida mirada. - ¿Qué haces aquí?
- He bajado a beber agua, no esperaba ver a nadie despierto. – Les dedicó una pícara sonrisa y la chica se sonrojó. ¿Sospecharía algo? – ¿Habíais salido al jardín?
- Sí, no tenía sueño y resulta que Lizzy tampoco, así que hemos aprovechado para tomar un poco de aire fresco.
- A mí también me encantaba salir a ver las estrellas cuando tenía vuestra edad. – Comentó Molly Weasley, sonriendo con nostalgia. – Tu abuelo me llevaba a la Torre de Astronomía cuando todos dormían, creo que fue así como me conquistó.
- ¿Te escapabas de la Sala Común después del toque de queda? – James lanzó una carcajada.
- ¿Hay alguien que no lo haga? – La mujer rió y Lizzy no pudo evitar sonreír. Le caía genial la señora Weasley. – De todas formas, deberíais iros ya a dormir, es muy tarde y por la mañana Albus y Rose querían ir de excursión a no sé dónde.
- Tiene razón. – La morena asintió con la cabeza. – Lo mejor será que subamos, ¿verdad James?
- Sí, vamos.
- Os acompaño. – La mujer sonrió ampliamente y ellos suspiraron. Estaban casi seguros de que los había descubierto y no los dejaría dormir en el mismo cuarto.
Los tres subieron las escaleras y se despidieron en el rellano. Lizzy se encogió de hombros y James puso los ojos en blanco, pero aún así ambos sonrieron. Nunca estaba de más salir a ver las estrellas.
