16. La fiesta de Molly

Aquella fiesta era una auténtica locura, nunca habían visto la Sala de los Menesteres tan llena. Gente de todas las casas bebía, fumaba y bailaba sin pensar en dónde estaban, sin preocuparse de lo que sucedería si los pillaran. Lizzy y James recorrían los pasillos en silencio, sumidos en sus respectivos pensamientos. La chica estaba arrepentida, sabía que no había actuado bien antes. James y ella no eran nada, no debería haberle interrumpido mientras hablaba con aquella pelirroja, especialmente porque ella había tenido una cita con otro aquel mismo día, pero no había podido evitarlo. El chico, por su parte, no podía quitarse de la cabeza la imagen de su hermanita bailando con Jordan, ¿cómo podía estar saliendo con un chico de séptimo? Tenía que hacer algo, no podía permitirlo. Solo se habían librado porque Lizzy le había dedicado una de sus miradas de "ni-se-te-ocurra-James-Sirius-Potter" y no quería que estuviera enfadada con él el resto de la noche. La miró de reojo y supo, sin necesidad de palabras lo que estaba pensando.

- No interrumpiste nada, Lizz, habíamos ido juntos y ninguno de tus amigos estaba en la fiesta, no tendría que haberte dejado sola.

- Bueno, eso de que no interrumpía… - Enarcó una ceja y negó con la cabeza.

- Si de verdad está interesada, volverá a buscarme. – Respondió el con cierta arrogancia. – Además, tú eres más divertida.

- ¿Y a dónde me llevas?

- No podemos usar la Sala de los Menesteres porque, bueno, venimos de allí, - Puso los ojos en blanco sin poder evitarlo. – así que, ¿la Torre de Astronomía?

- Me parece bien. – Contestó la Ravenclaw, con una sonrisa.

Siguieron recorriendo los pasillos lentamente – no tenían ni la capa, ni el mapa así que tenían que tener mucho cuidado – hasta llegar a la puerta que los llevaría hasta allí. James tiró del pomo pero, al ver que estaba cerrada, sacó la varita.

- Alohomora. – Murmuró. Cuando la puerta se abrió, hizo un gesto con la mano para que ella pasara. – Las damas primero.

- Gracias. – Lizzy le guiñó el ojo y empezó a subir las escaleras, aunque a medio camino se detuvo y gritó. - ¡Que no se te olvide volver a poner el encantamiento!

Él negó con la cabeza antes de agitar su varita y murmurar un par de hechizos – uno silenciador entre ellos, por si acaso -. Cuando terminó siguió a la chica escaleras arriba y ambos salieron casi al mismo tiempo a la terraza. Las estrellas brillaban mucho aquella noche y la luna estaba preciosa. El mayor de los Potter no podía apartar la mirada de la morena mientras esta se dirigía hacia la baranda. Estaba muy guapa aquella noche, pero él no podía olvidarse de que había salido con otro aquel mismo día. Ni siquiera sabía por qué había accedido a ir a un "lugar más íntimo" con él, aunque suponía que era solo porque no tenía nada con ese Hufflepuff. Siguió mirándola, sonriendo, mientras ella apoyaba la espalda en la madera y tomaba una bocanada de aire, con los ojos cerrados. Pero su sonrisa se borró cuando vio que tomaba impulso y se sentaba sobre ella, quedando suspendida sobre el vacío.

- ¿Estás loca? – Corrió hacia ella y la agarró por la cintura. - ¡Baja de ahí de inmediato!

- Por favor, pareces mi madre. – Lanzó una carcajada y levantó los brazos, haciendo que él la agarrara con más fuerza. – No entiendo por qué actuáis así.

- ¿Porque no queremos ir a tu funeral, quizás?

- La vida es muy corta para esas tonterías, Jamie.

- Contigo desde luego es cortísima, cada vez que me das un susto de estos haces que la mía se acorte un par de años y no quiero ni imaginar cómo podrías acabar tú… - Negó con la cabeza y la pegó un poco más a él, alejándola del borde. – Anda, vamos, no me quedaré tranquilo hasta que tengas los pies en el suelo.

- Aquí estoy muy cómoda. – Replicó antes de morderse el labio.

- En el suelo también. – Contestó el Gryffindor, ignorando su gesto. – Además, ¿qué vas a hacer ahí sentada toda la noche? ¿Discutir conmigo?

- Se me ocurren cosas mejores…

Apoyó las manos en sus hombros y se acercó un poco más antes de unir sus labios con fuerza. James la siguió, aunque todavía le angustiaba la posibilidad de que se resbalara y cayera. Una idea cruzó su mente rápidamente y, sin dejar de besarla, la levantó e hizo que enredara las piernas alrededor de su cintura. La llevó hasta una pared, donde apoyó su espalda antes de empezar a besar su cuello.

- Buena estrategia, Potter. – Susurró ella conteniendo un suspiro.

- Al final siempre me salgo con la mía, deberías saberlo, Lizz. – Respondió él, sin dejar de besarla.

Sus labios volvieron a encontrarse con fuerza y pasión. La chica comenzó a desabrochar la camisa de James lentamente mientras él subía un poco su falda y acariciaba su pierna.

- Creo que lo mejor será parar. – Se obligó a decir Lizzy notando los besos del pelinegro en su clavícula y sus manos cada vez más arriba bajo su falda.

- ¿Por qué? – Se quejó él, sin dejar de esparcir besos por la piel de ella.

- Estamos al aire libre, cualquiera podría vernos. – Respondió riendo. – Me parece un motivo de peso.

- No tienen por qué. – Dijo él, dejando de besarla pero mirándola con pena. – No creo que nadie pase por aquí.

- La última vez que dijiste eso tuve que esconderme medio desnuda en un baño mientras tú distraías al profesor Longbottom – Replicó ella enarcando una ceja.

James empezó a reír y tuvo que bajarla al suelo, incapaz de sostenerla más tiempo. Lizzy trataba de mantenerse seria, pero el recuerdo de la situación era demasiado y acabó uniéndose a sus risas. Fue uno de los momentos más embarazosos de su vida, pero al ponerlo en perspectiva sabía que era gracioso o, al menos, lo era para el resto del universo. Vio que el chico tenía que secarse las lágrimas y negó con la cabeza.

- Ya vale, ¿no?

- Es que fue muy divertido. – Consiguió decir a duras penas. – Me imagino mi cara o, peor aún, la tuya y…

Siguió riendo y Lizzy, rendida, decidió ignorarlo. Se colocó bien el vestido y comenzó a abrocharle los botones, maldiciendo a Molly por haber ocupado el único lugar en el que podían verse con tranquilidad.

- ¿Qué has estado haciendo hoy? – Le preguntó una vez hubo terminado y él había recuperado la compostura.

- No mucho, la verdad. – Contestó él, mientras ambos se sentaban en el suelo. Apoyó la espalda en la pared y la chica se puso un poco de lado, con la cabeza apoyada y las piernas encogidas. – Fred y yo no hemos salido del dormitorio en todo el día.

- ¿Debería ponerme celosa?

- No lo digas ni de broma. – El pelinegro puso cara de asco y la Ravenclaw le dedicó una media sonrisa. – Hemos estado hablando e intentando estudiar.

- Espero que este curso no os metáis en muchos líos.

- Por favor, Lizz, es nuestro último año en Hogwarts, es obvio que vamos a hacer cosas inolvidables. – Sonrió y ella lo miró con preocupación. Sabía lo que esa sonrisa signficiaba y no le daba buena espina. – Estamos planeando algo grande para nuestra graduación, queremos que sea especial.

- Cuanto menos sepa mejor, así nadie podrá acusarme de cómplice, - Respondió ella. – solo os pido que dejéis el castillo entero, yo tengo que hacer séptimo todavía.

- ¿Qué harás el año que viene sin mí?

- No lo sé. – Respondió ella con sinceridad, apartando la mirada. Era un tema que ambos evitaban y es que sabían que lo que quiera que tuvieran se complicaría todavía más cuando el chico saliera del colegio. – Supongo que todo será más aburrido.

- Ya nadie te protegerá de tus novios.

- Hablando de eso… No me has preguntado qué tal mi cita con Charlie. – Murmuró ella. Sabía que no era el tema adecuado, pero quería ver cómo reaccionaba el Gryffindor.

James maldijo por lo bajo. No debería haber hecho ese comentario, ahora tendría que escucharla hablar de ese imbécil que, estaba seguro, solo la quería por una cosa, por lo mismo que la mayoría de sus novios la habían querido. Puede que Lizzy tuviera razón y tuviera un gusto pésimo en lo que a chicos se refería. Se dio cuenta de que ella lo miraba y tuvo que fingir una sonrisa. El cambio de tema era únicamente culpa suya.

- ¿Qué tal tu cita, Lizz? – Preguntó finalmente.

- Bien, hemos estado por el pueblo todo el día, ya sabes, Honeydukes, Sortilegios, las Tres Escobas, lo normal. – Explicó ella mientras él fingía estar encantado con su explicación. – Es muy majo, me escucha cuando hablo y es realmente caballeroso.

- ¿Estás segura de eso?

- Ni siquiera me ha besado, Jamie. – Se encogió de hombros. – Supongo que le gusta ir despacio. No sé, me gusta bastante.

Él apretó los dientes, pero asintió. Aquellas palabras le habían molestado más de lo que estaba dispuesto a reconocer y algo dentro de él le dijo que pasaría una buena temporada sin poder probar los labios de la chica.

- Genial, supongo. Espero que te trate como te mereces.

- Yo también, pero todavía no sé si va a pasar algo entre nosotros. – Se acercó a él y acarició su mejilla lentamente con un dedo hasta llegar a su barbilla. Le sonrió y James supo que sabía lo que estaba pensando y por qué le había dicho aquello. Quería saber si estaba celoso, quizás le había molestado más de lo que él creía haberlo visto con aquella chica.

- Eres malvada, Collins.

- He aprendido del mejor, Potter. – Contestó ella mientras dibujaba el contorno de los labios del chico. Se incorporó un poco y acercó su boca a su oído. – ¿Estás celoso, Jamie? Sabes que no soporto los celos.

- Celoso yo… - Dijo en un susurro mientras la chica comenzaba a trazar una línea de besos desde debajo de su oreja hasta su barbilla. Gruñó un poco y la notó sonreír. – Lizz, para.

- ¿Por qué? Me gusta jugar con fuego.

- Pues entonces puede que tengamos un problema, porque a mí también.

Antes de que pudiera reaccionar, la tumbó en el suelo y se colocó sobre ella, manteniendo sus brazos a ambos lados de la cara. Ella lanzó una carcajada y lo insultó por lo bajo cosa que hizo que él también riera antes de besarla de nuevo. Lo mejor sería dejar de hablar de cosas serias y ser simplemente ellos.


Un rato más tarde, Lizzy se despidió de James y se dirigió hacia la Torre de Ravenclaw, con la cabeza completamente embotada. Al final la noche no había estado mal, aunque tenía la sensación de que, últimamente, se arriesgaban demasiado. Suspiró. No estaba muy segura de por qué había sacado el tema de Charlie, era un chico muy majo y podría entenderse bien con él, pero sabía que a James no le gustaría – como a ella tampoco le gustaban sus novias por muy simpáticas que fueran –, pero después de ver a aquella pelirroja no había podido evitar dejarle claro que él no era el único que podía ligar. Recorrió su cuello con las yemas de los dedos, preguntándose si le habría quedado marca y esperando que no fuera así. Recorrió los últimos metros, rogando por encontrarse con alguien antes de llegar a la entrada. En ese momento, no estaba precisamente en condiciones de adivinar ninguna contraseña.