18. "Puede que me haya enamorado"
"Esto es una estupidez, una locura, algo absurdo".
Lizzy llevaba toda la tarde dando vueltas por su dormitorio, aprovechando que las demás no estaban. Desde que había vuelto de vacaciones tenía aquella sensación que le oprimía el estómago, desde que se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba a James - ¡ni siquiera habían sido capaces de esperar a llegar al colegio y se habían visto a escondidas en el baño! -, desde que había visto su patronus. Creía que iba a volverse loca y es que, por más que intentaba olvidarlo todo, sabía que aquello era algo grande, que lo que había entre los dos se le había ido de las manos, que sentía algo más que amistad por James. Ni siquiera se atrevía a pensarlo, la aterraba aquello, era lo que siempre había temido. Iba a perderlo por esa tontería, por un molesto sentimiento que parecía incapaz de controlar.
"Vamos, Lizzy, seguro que son solo imaginaciones tuyas".
¿Pero a quién pretendía engañar? No podía mentirse a sí misma, se conocía perfectamente y aquel cosquilleo en el estómago, aquella sonrisa tonta que se dibujaba en su cara al pensar en él, el hecho de que no pudiera pasar ya ni un solo día sin sus besos, solo tenían una posible explicación.
- Mierda, Elizabeth.
Se quitó los zapatos y los tiró contra la pared con todas sus fuerzas antes de dejarse caer en el suelo. Apoyó la espalda en la cama y enterró la cabeza entre las rodillas. Aquello no podía estar pasándole a ella, no después de todo lo que habían vivido. Tuvo que reprimir una carcajada irónica. Desde luego, lo que habían vivido durante los últimos dos años no era muy de amigos, precisamente. Después de todo, se habían besado por todos los rincones del colegio y, por Merlín, ¡si solo hubiera habido besos! James y ella eran puro fuego, y mentiría si dijera que no le encantaba, pero los amigos no actuaban de esa manera. Y lo peor era que sabía que todo había empezado muchísimo antes, probablemente el mismo día que se conocieron. Ella siempre había sido una chica autosuficiente pero que él apareciera para ayudarla cuando más lo necesitaba… Algo había hecho clic pero, claro, tenía solo once años, ¿cómo iba a saber ella que lo que sentía por James no era amistad? Era una cría, no entendía lo que pasaba. Recordó todas las veces que se había puesto celosa sin entender realmente qué le pasaba, lo mal que se ponía cada vez que él empezaba a salir con alguna chica. Creía que era porque no quería perderlo como amigo, pero ahora sabía que no era eso, que simplemente estaba celosa. Había sido una tonta al creer que eran solo amigos y, muchísimo más, al pensar que las cosas no cambiarían después de besarse. Aquello se le había ido completamente de las manos y ya no podía pararlo. Había visto a muchas chicas enamoradas del mayor de los Potter, pero nunca se imaginó que ella acabaría así, que sería una pobre ilusa más, porque James no iba a cambiar, ni por ella ni por nadie, y sería una egoísta si se lo pidiera. A él le gustaba ir de flor en flor y, aunque era verdad que ella había impedido innumerables veces que las cosas prosperaran con otras, el chico tampoco había hecho un gran esfuerzo por sentar la cabeza. Levantó la cabeza lentamente al darse cuenta de que, por fin lo había pensado, que lo había admitido. Estaba enamorada de James Sirius Potter, estaba enamorada del que siempre había considerado su amigo, de la única persona que no se podía permitir perder. ¿Pero qué le pasaba? ¿Cómo podía haber sido tan idiota?
- Puede que me haya enamorado.
Su susurro retumbó en la habitación y tuvo que contener una carcajada. Qué irónico que después de todo nunca hubiera sentido realmente nada por ninguno de sus novios, al parecer tenía todos sus sentimientos reservados para él. ¿Y ahora qué se suponía que iba a hacer? ¿Actuar como si nada? ¿Fingir que todo seguía bien, que quería lo mismo que él? ¿Debía seguir haciéndole cree que la decisión que había tomado dos años antes era la correcta? Ella había cambiado, las cosas habían cambiado. No quería seguir siendo solo su amiga, quería algo más aunque pareciera una locura porque él era muy él y ella era demasiado ella y todo se iría a la mierda si intentaban algo, pero era lo que quería. Lo quería a él, quería poder despertar a su lado cada mañana sin tener que salir corriendo, verlo cuando le apeteciera sin tener que poner excusas. Suspiró y se puso lentamente de pie. Ya era tarde y, por mucho que se lamentara, no conseguiría nada, así que lo mejor sería fingir que había pasado la tarde estudiando. Las demás debían estar ya al llegar y no quería tener que mentirles.
James entró en su dormitorio en silencio. Era muy tarde y no quería despertar a sus compañeros. Por suerte solo se había encontrado con Albus por los pasillos y no le había castigado ni quitado puntos. Suspiró y se metió en la cama, sin ponerse si quiera el pijama. Estaba hecho un lío y necesitaba dejar de pensar durante unos instantes. Aquella noche había salido a pasear solo para poder aclararse y había vuelto todavía más liado. Aquella conversación que había tenido con su hermano le había preocupado. Le había dado aquel consejo de corazón, no quería verlo sufrir por una chica y, si no estaba enamorado de su novia, no tenía por qué seguir con ella, pero Albus había tenido razón al decirle que aquello no había sonado muy como él. James había sido siempre el más mujeriego de su familia y lo sabía, para él ninguna era más que una distracción… excepto Lizzy. Ella era diferente y eso estaba comenzando a preocuparle. Desde que habían vuelto al colegio después de las vacaciones – y todavía no había pasado ni un mes – se habían visto prácticamente todas las noches. No sabía cuándo ni por qué, pero todo había empezado a descontrolarse de repente. Las cosas entre Lizzy y él siempre habían estado muy claras, desde el momento en el que decidieron ser amigos con beneficios, y no entendía qué había cambiado. Nunca había querido separarse mucho de ella, pero ahora aquello se había convertido en una necesidad. Ya no era solo un no quiero, sino también un no puedo. No quería ni imaginarse lo que sucedería si ella decidía empezar a salir con otro, se moría de celos solo de pensarlo. Espera, ¿había utilizado la palabra celos? No, aquel no era el término apropiado, para sentir eso tenía que sentir cosas muy profundas por ella, cosas que él no quería sentir. Acabarían haciéndose daño y perdiéndose, lo sabía. Dio un par de vueltas en la cama. ¿Por qué no podía dormir y ya está? ¿Por qué tenía que ponerse a pensar justo entonces? Quería sacar a Lizzy de su cabeza, aunque solo fuera durante un rato, no quería pensar en ellos, en su relación. No quería admitir lo que sabía desde hacía mucho, que la quería, que estaba enamorado de ella y que era y siempre sería el amor de su vida. Aquello, probablemente, pasaba desde el principio, siempre se fijó demasiado en ella, siempre quiso hacerla sonreír. Ahora entendía por qué Victoire, Dominique e incluso Louis se reían tanto de él. Todo había cobrado sentido, su afán por protegerla aún cuando ella le había dicho que no necesitaba su protección, su facilidad para provocarlo, sus disgustos cada vez que la veía con otro. ¡Y él que pensaba que solo actuaba así porque era su amiga! Aunque claro, los amigos no hacían lo que ellos hacían. Si había algo que le gustaba en el mundo a James era dormir con Lizzy. Para él, ellos eran calma. Nada lo tranquilizaba más que tenerla a su lado o entre sus brazos, nada le hacía sentir más en paz que ver sus labios curvarse en una de sus sonrisas – incluso en las irónicas -. La necesitaba junto a él, joder, aquello empezaba a ser grave. Él había jurado una y otra vez que jamás se enamoraría, que el amor no era para él y mira ahora…
"Maldita sea, Elizabeth, ¿qué ha hecho?"
No pudo evitar sonreír levemente. Sabía cuál sería la respuesta de ella. Enarcaría una ceja y le soltaría cualquier comentario irónico. Y después empezaría a reír y lo besaría, diciéndole que era solo una broma. Como si no la conociera ya de sobra. Dio un par de vueltas más que solo le sirvieron para desvelarse más. ¿No iba a poder pegar ojo en toda la noche? Tenía que descansar, debía hacer muchísimas cosas al día siguiente. Se quedó quieto mirando al techo y no pudo evitar sonreír al recordarla otra vez. Poco a poco dejó que la imagen lo envolviera por completo y se fue quedando dormido. Demasiadas emociones por un día.
