Hola a todos :)

Para entender bien este capítulo os recomiendo que leáis este de mi fic "24 años después" (se explica todo lo que sucede antes de lo que leeréis a continuación): s/12029151/39/24-a%C3%B1os-despu%C3%A9s

Espero que os guste. ¡Un beso!


19. Separación

"¿Así que para ti soy solo un capricho?"

"Fuiste tú quien insistió en ser solo amigos".

"Quizás ya no sea suficiente".

"¿Me estás diciendo que no ves esto de ser solo amigos bien?"

"Eres James Sirius Potter".

"Y tú Elizabeth Collins".

"Solo sé que no puedo seguir con esto".

"¿De verdad quieres arriesgarlo todo por un capricho?"

"No te creo, ya no puedo hacerlo".

"Lizzy, no quiero perderte".

"Es demasiado tarde".

Un sollozo se escapó de sus labios. Cada vez que cerraba los ojos volvía a revivir la pelea una y otra vez, parecía que las frases que uno y otro se habían dicho se habían grabado en su mente y no la dejaban tranquila. Había creído que todo mejoraría al volver a casa, pero eso no había sucedido. Un nuevo sollozo. Enterró la cabeza en la almohada. Lo único que le faltaba era que alguien la escuchara y quisiera saber qué le pasaba. Sabía que estaba siendo una idiota, que actuar así no serviría para nada y que se estaba comportando como un ser irracional, pero no podía evitarlo. Algo dentro de ella la obligaba a actuar así. Especialmente desde lo de McLaggen. ¿Cómo había sido capaz de salir con él solo para provocar a James? Se había comportado como una cría y se avergonzaba de ello. En su momento le parecía la mejor forma de vengarse, de hacérselo pagar – no en vano él había salido con una chica distinta cada día desde que se pelearon –, pero ahora sabía que había sido solo una tontería. ¡Y la que habían liado en las Tres Escobas! Por Merlín, eso sí que le daba vergüenza. Tanto ella, como él habían dado un espectáculo lamentable. Él con Annabeth y ella con McLaggen, besándose en mesas contiguas intentando darse celos el uno al otro. Una pequeña sonrisa se dibujo en sus labios sin querer. La cara que se le había quedado al chico cuando ella le dijo que no quería nada con él había sido de auténtica sorpresa. Algo lógico, después de lo que había pasado en aquel bar. Se estremeció al darse cuenta de por qué él le había sugerido ir a un lugar más íntimo. Dio otra vuelta en la cama. Ya había dejado de llorar, realmente no sabía cómo le seguían quedando lágrimas. Su puerta se abrió levemente y ella se incorporó.

- ¿Estás despierta? – Era la voz de su madre.

- Sí. – Respondió. – ¿Qué pasa?

- Solo quería saber si te habías tomado la poción. – Mintió ella. Entró y cerró la puerta antes de acercarse a la cama de su hija.

- Sabes que sí. – Contestó ella. - ¿Algo más?

- Bueno, sí, ¿estás… bien? – Preguntó finalmente, tras dudar un poco.

- Claro, ¿por qué preguntas?

- Como antes has dicho que James era un maldito gilipollas y que no pensabas volver a dirigirle la palabra en tu vida, pensé que quizás te pasaba algo. – Murmuró la mujer, algo preocupada. Sabía que entre su hija y el mayor de los Potter pasaban cosas raras, siempre había tenido esa sensación y después de ese comentario, lo tenía todavía más claro.

- Ya, bueno, es lo que es, mamá.

- ¿Os habéis peleado?

- ¿Tú qué crees? – Lanzó una pequeña carcajada irónica. – Si siguiéramos siendo amigos, no habría dicho eso.

- ¿Y qué ha pasado?

No sabía si quería reír o llorar. ¿Qué se suponía que debía contestar? "Oh, pues mira mamá, James y yo nos veíamos a escondidas y hemos discutido porque me he dado cuenta de que estoy enamorada de él y quiero algo más y él, evidentemente, no. Además para restregarme lo bien que está, se está dedicando a salir con todo bicho con falda". No, no podía decir aquello, se quedaría castigada de por vida por mentir durante tanto tiempo. Tendría que seguir fingiendo, no le quedaba otra.

- Tonterías, mamá, cosas de la edad. – Murmuró. Aquello era lo que siempre le contestaba ella cuando le contaba un problema que ella consideraba grave. – Supongo que hemos llegado a un punto de inflexión.

- No se te ve muy feliz con esa decisión. – Insistió, queriendo saber qué sucedía realmente.

- Éramos buenos amigos, es normal que lo eche de menos, llevamos solo unas pocas semanas peleados.

- Pero…

- No insistas ni te hagas ideas equivocadas. – Lizzy se dejó caer de espaldas y cerró los ojos. Estaba cansada de mentir. – Estoy cansada, ¿quieres algo más?

- No, solo quería saber eso.

La mujer se levantó lentamente y le dedicó una última mirada preocupada a su hija. A ella no la engañaba.

- Si de verdad sois amigos, volverá.

- No quiero hablar de James, ya te he dicho que no voy a volver a dirigirle la palabra. – Susurró la chica.

Mary Collins quiso añadir algo más, quiso saber qué decir para tranquilizar a su hija, pero no se le ocurría nada. Le habría gustado saber más - ¿qué habría pasado realmente? Algo muy grave para haber roto una amistad tan fuerte y para tener a su hija así –, pero ella jamás se lo diría. La entendía, cuando tenía su edad tampoco le contaba todas las cosas que le pasaban a su madre, era comprensible. Había cosas que los hijos no querían que sus padres supieran y que los padres no querían saber. Le dio un beso en la frente a su pequeña o, mejor dicho, a su ya no tan pequeña y salió del dormitorio, cerrando la puerta con cuidado. Lizzy se tapó hasta la cabeza con la sábana. Debía aprender a mentir mejor, no podía permitir que todo el mundo en su casa se diera cuenta de lo que le pasaba. Volvió a revivir la pelea en su cabeza y suspiró. Si Rose no fuera su mejor amiga, no iría a la fiesta de cumpleaños ni en broma. No quería verlo, pero no podía hacerle eso a la pelirroja, así que tendría que hacer de tripas corazón. Dio una última vuelta antes de, por fin, lograr quedarse dormida. Al menos tenía todavía un par de días para mentalizarse.


"Querida Lizzy,

Sé que he sido un gilipollas y lo siento mucho, pero es que…."

- ¡No, no, no!

James arrugó el trozo de pergamino y lo tiró a la papelera, donde reposaban otros cinco. Cogió un nuevo fragmento y volvió a intentarlo. A lo mejor a la séptima lo conseguía. Y, si no, tenía toda la noche.

"Lizz,

Sé que soy un idiota, pero me gustaría poder llamarte Lizz el resto de mi vida…"

- ¿Pero qué mierda te pasa, James? – Se preguntó a sí mismo en voz alta. – Esto es un desastre.

Lo arrugó y lo lanzó junto a los otros, cada vez más enfadado. ¿Me gustaría poder llamarte Lizz el resto de mi vida? ¿Pero cómo se le podía haber ocurrido eso? Era una estupidez.

"Lizzy,

Ambos hemos sido unos imbéciles, es obvio que nos queremos, ¿para qué pelear? Deberíamos volver juntos y esta vez ser una pareja de verdad. Por favor, dame una oportunidad, yo…"

Era un auténtico desastre. No se le ocurría nada decente. Estaba seguro de que si la chica leía aquello, lo rompería en mil pedazos y lo quemaría hasta que quedara reducido a cenizas. Y probablemente después se las enviaría en un sobre para que pudiera saber lo que ella opinaba de su cartita. Apoyó la cabeza en el escritorio y maldijo un poco. Desde que sus primos le habían hecho aquella encerrona y le habían prácticamente obligado a confesar que estaba enamorado de la Ravenclaw no había dejado de darle vueltas a cómo reconquistarla, especialmente después de lo que Albus le había dicho. Sabía que tenía que hacer algo grande, que ella no era como las demás y que su sonrisa y unas palabras bonitas no bastarían pero, ¿qué podía hacer? No se le ocurría nada, no sabía qué sería lo mejor. ¿Y si ella lo rechazaba a pesar de todo? No podría soportarlo. Cogió otro trozo de pergamino, indeciso. Sabía que una carta no solucionaría nada, pero quizás… Tomó aire y empezó a escribir.

"Mi preciosa Elizabeth:

Sabes que eres alguien muy especial para mí. Siempre has estado a mi lado tanto en los buenos, como en los malos momentos y nunca me has pedido nada a cambio. Decías que verme sonreír era recompensa suficiente, aunque yo nunca lo creí así. Ojalá pudiera compensarte algún día todo lo que has hecho por mí… pero supongo que eso es lo que implica estar enamorado de alguien. No lo vi venir y ojalá lo hubiera hecho porque así nos habríamos ahorrado esta pelea absurda. Cuando me di cuenta de que comenzaba a sentir algo por ti, me asusté. Mucho. Más de lo que estoy dispuesto a admitir. Creía que tú no me corresponderías de la misma forma, que para ti seguíamos siendo los mismos amigos de siempre. ¡Qué equivocado estaba! Ojalá pudiera retroceder en el tiempo, ahora sabría cómo reaccionar. Tenía tanto miedo de perderte que no supe entender lo que querías. Sabes que las relaciones formales y yo nunca nos hemos llevado bien, pero sé que ahora todo es distinto. Eres tú. Cuando imagino mi futuro, tú siempre estás a mi lado. He sido un idiota, nunca debería haberme asustado tanto. Ahora sé que no te habría perdido al empezar una relación, porque tú no eres como las demás. Ojalá puedas perdonarme, ojalá sigas queriéndome y me des una nueva oportunidad. Yo no pido nada, solo que estés a mi lado. Lamento profundamente lo que he hecho estas semanas, todas las chicas a las que he utilizado para ponerte celosa y, ¿por qué no admitirlo?, hacerte daño. Me estaba volviendo loco y creía que tú eras la culpable de todo. Tú que fuiste lo suficientemente valiente como para poner las cartas sobre la mesa, ya ves lo idiota que puedo llegar a ser. No ha estado bien eso que he hecho, mucho menos el motivo. Quizás después de leer esta carta estés menos dispuesta que nunca a perdonarme, pero necesitaba sincerarme contigo, que supieras la verdad. Elizabeth Collins, estoy profunda e irrevocablemente enamorado de ti y nada podrá cambiarlo. Ni el tiempo, ni la distancia, ni siquiera tus malas caras. Sé que tú también me quieres, pero que estás muy dolida. Déjame secar tus lágrimas y servirte de consuelo, prometo no volver a dañarte jamás, aunque ambos sabemos que las discusiones entre nosotros son inevitables. Solo quiero estar contigo, ojalá me hubiera dado cuenta antes. Todas las demás sobran, yo solo tengo ojos para ti. Espero que puedas perdonarme, yo te estaré esperando el tiempo que haga falta. He esperado seis años para decirte esto, puedo esperar todos los que necesites.

Te quiere con locura,

James."

Suspiró aliviado al terminar de escribir. Había logrado desahogarse completamente y había logrado escribir una carta, en su opinión, bonita. La dobló con cuidado y la metió en un sobre, pero no se la dio a su lechuza para que la enviara. No, aquella carta se la daría en mano una vez hubiera conseguido su perdón, después de hacer su gran cosa. Sonrió sin poder evitarlo. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Aquello era bueno, muy bueno. Miró la snitch de cristal que su padre le había regalado al ganar su último campeonato. Le daría a Lizzy uno de sus deseos más preciados.