Igual que en el capítulo anterior, os recomiendo leer este otro capítulo para poder entender mejor el contexto: s/12029151/47/24-a%C3%B1os-despu%C3%A9s

¡Espero que os guste! :)


20. Reconciliación

James no podía apartar la mirada de Lizzy. Estaba tumbada en la cama junto a él, de costado. Tenía una sonrisa tranquila dibujada en sus labios y tampoco desviaba sus ojos de los suyos. El chico todavía no era capaz de creérselo. Lo había conseguido, había logrado que lo perdonara, habían vuelto juntos. Sabía que desde lo que había pasado en el campo de quidditch no había parado de sonreír, pero es que se sentía completamente en paz consigo mismo. Sabía que había hecho lo correcto, ¿qué más daba haber perdido el campeonato? Volvía a tener a Lizzy entre sus brazos y eso era lo único que necesitaba.

- Estás completamente loco, ¿te lo he dicho ya?

- Solo unas quince veces desde que hemos llegado aquí. – Respondió él, acariciando su mejilla lentamente.

Ella se estremeció un poco, pero no dejó de sonreír. Esa reconciliación en medio del partido de quidditch había sido impresionante. Todo lo que él le había dicho, que llevaba enamorado de ella desde los 12 años, que había sido un idiota al querer quedar por encima de ella utilizando a las otras chicas, que era el amor de su vida y no se rendiría. ¡Por Merlín! Le había costado asimilarlo incluso. James enamorado de ella, parecía una locura, pero era la realidad.

- Te quiero. – Murmuró.

- Me gusta cómo suena eso, ¿puedes repetirlo? – Pidió James después de lanzar una carcajada.

- Te quiero, te quiero, te quiero. – Lizzy lo besó con ternura.

- Yo también te quiero. – Respondió James cuando se separaron.

- Creo que nunca me cansaré de escucharlo.

Volvieron a besarse, ahora con más pasión, pero ella rompió el beso antes de que las cosas fueran a más.

- Tenemos que hablar, Jamie, no podemos seguir retrasándolo.

- Lo sé. – El pelinegro suspiró. Le habría gustado que todo quedara en el partido, pero la conocía demasiado bien y sabía que ella no se conformaría con eso. – ¿Por dónde quieres empezar?

- ¿Qué tal por vestirnos? – La Ravenclaw enarcó una ceja y le dedicó una pícara sonrisa. – Me distraes.

- ¿Así que te distraigo, eh? – Replicó él, acercándose un poco a ella y sonriendo.

- Ni lo intentes, Potter. – Lo alejó antes de salir de la cama y comenzar a recoger su ropa. – ¡Venga, vamos!

- ¿Es obligatorio?

- Sí, James.

- Está bien… - Suspiró antes de levantarse también. Se vistió rápidamente y se dirigió al sofá, donde la chica ya lo esperaba. Sacó un papel doblado de su pantalón y se lo dio. – Quiero que primero leas esto.

- ¿Qué es?

- Una cosa que escribí para ti cuando estábamos peleados. – El Gryffindor se encogió de hombros. – Me prometí que te la daría cuando nos hubiéramos reconciliado.

Lentamente, Lizzy la abrió y comenzó a leer. Sus ojos se fueron empañando poco a poco y el papel empezó a temblar en su mano. Aquella era la carta más bonita que le habían escrito en su vida.

- James…

Lo besó. No sabía qué decir, no sabía cómo expresar lo que sentía. Notaba sus ojos llorosos y un gran remolino de emociones en su estómago. Lo siguió besando hasta que ambos se quedaron sin aire y tuvieron que separarse.

- Veo que te ha gustado.

- Es preciosa, es… No sé cómo describirla. – Se mordió el labio, nerviosa. – James, te quiero y sé que he sido una tonta. También creía imposible que tú sintieras lo mismo, por eso me enfadé tanto ese día. Me culpaba de todo. Yo había roto las normas, yo me había enamorado. Creía que iba a perderte.

- Nos pasaba lo mismo.

- Y ambos actuamos mal. – Suspiró. – Siento lo de McLaggen.

- Siento lo de… bueno, lo de todas esas chicas. – Apartó la mirada de la chica. – Fui un embustero y las utilicé, pensé que no me perdonarías por eso.

- Ya, bueno, no puedo echártelo en cara, estábamos peleados.

- Pero mis motivos…

- Fueron tan egoístas como los míos. – Lizzy apretó un poco los labios antes de seguir. – Somos tal para cual incluso para esto.

- Tengo suerte de tenerte. – La rodeó por los hombros y ella se apoyó en su pecho. – La mejor buscadora de su promoción.

- De todo el colegio.

- No, Collins, ese soy yo, lo de hoy no cuenta. – James dibujó una media sonrisa. – Habría cogido esa snitch si hubiera querido, pero sabía que regalaros el campeonato sería una buena ofrenda de paz.

- Desde luego a tu tío Ron le has dado una alegría.

- Sí, debe estar muy orgulloso de Rose, aunque verás cuando se entere de que está saliendo con Scorpius… - Empezó a acariciar lentamente el pelo de la chica que cerró los ojos y dejó que todo su cuerpo se relajara. Había decidido que todo estaba hablado ya, no necesitaban pedirse más explicaciones, no necesitaban nada más. Se querían y querían estar siempre el uno con el otro, así que, ¿para qué hablar sobre ello más?

- ¿Los dejarás tranquilos, verdad?

- Le prometí a mi prima que no diría nada hasta que ella lo hiciera, aunque le puse de límite hasta verano.

- Jamie… - No tuvo que decir más. Él suspiró y refunfuñó un poco.

- Pero Lizz, mi tío merece saberlo. – Se quejó.

- Deja que sea ella quien se lo diga, por favor, pronto estará preparada para hacerlo, no la presiones. – Suspiró. – Nosotros tampoco queremos contarlo y nuestra situación es completamente distinta. Nuestras familias no son enemigas, no tenemos esa presión añadida. ¿Te imaginas cómo debe ser empezar una relación así?

- Supongo que debe ser muy difícil. – James suspiró. Si ya era complicado para ellos por miles de motivos, no quería ni imaginarse cómo había sido para su prima. A lo mejor había sido un poco injusto con ella y Scorpius. – No solo tienen que ver cómo les va, sino también lidiar con el resto del mundo que va a tratar de separarlos.

- Y con todos los comentarios. – Añadió Lizzy. – Somos afortunados si nos paramos a pensarlo, lo nuestro tampoco ha sido tan difícil.

- Claro solo tardamos cuatro años en besarnos y seis en declararnos, pan comido. – Replicó él con ironía.

- No olvides estas semanas separados.

- Por supuesto. – Puso los ojos en blanco. – Pero supongo que tienes razón, esto no era difícil, si se ha complicado ha sido porque somos unos orgullosos.

- Y cabezotas. – Lizzy sonrió levemente. - ¿Sabes lo que más me fastidia? Que la gente va a decir ahora que esto era evidente, que era lógico que acabáramos juntos. Yo creo en la amistad entre un chico y una chica, puede que nosotros nos hayamos enamorado, pero no todas esas relaciones terminan de esta manera, ¿sabes lo que quiero decir?

- Sí, claro. Además, entre tú y yo siempre ha habido algo, desde el minuto cero. – Él asintió. – Solo ignóralos.

- Es lo que pienso hacer, tranquilo. – La Ravenclaw se incorporó hasta quedar sentada en el sofá, con las piernas cruzadas sobre el asiento. – Deberíamos darle las gracias a Peeves, ¿quién sabe lo que habría pasado si no me hubiera atacado? A lo mejor ahora mismo solo sería la amiga de tu prima Rose.

- Lo dudo mucho. – Él también se movió y quedó en una postura similar a la de ella.

- ¿Cómo puedes estar tan seguro? Si no hubiéramos hablado aquella primera noche, quizás no lo hubiéramos hecho nunca. Podrías tener conmigo la misma relación que con Martha, Eliza o Caroline.

- Lizz, sé que esto hubiera acabado pasando de una u otra manera. Esto que hay entre nosotros…

- ¿Crees en el destino, James?

- Creo en las almas gemelas, más bien, y sé que tú y yo lo somos. – La agarró de la mano y comenzó a jugar con sus dedos, haciendo que ella sonriera de forma distraída. – Llámalo destino si quieres, llámalo como quieras, Elizabeth.

- Últimamente me llamas más Elizabeth. – Comentó ella, con la vista fijas en las manos de ambos.

- Me sale solo, lo siento.

- No te lo tengas muy creído ni se lo cuentes a nadie, pero no me importa que lo hagas. Elizabeth suena bonito cuando lo dices tú. – Lo miró y se mordió el labio. – Pero sigo prefiriendo Lizzy o Lizz, me encanta que me digas Lizz, solo tú me llamas así.

- Es que eres mi pequeña Lizz. – James sonrió.

- Tengo ya 17 años, no sé si eres consciente de ello.

- Sigues siendo un año más pequeña que yo, así que eres mi pequeña y lo serás siempre, hasta cuando tengamos 90 años y peleemos porque hemos olvidado a quién le tocaba hacer la cama.

- ¿Me estás diciendo que quieres pasar toda tu vida a mi lado, James Sirius? – Enarcó una ceja de forma divertida y le dedicó una sonrisa burlona.

- Podría decirse que sí, Collins. – Se acercó a ella lentamente y unió sus labios en un tierno beso. – Pero solo si tú quieres.

- Creo que eso es más que evidente.

- Por cierto, tengo otra cosa para ti. – Volvió a rebuscar en su bolsillo y sacó una snitch. Se la lanzó y ella la atrapó sorprendida. – Toda tuya.

- Creía que no podías coger las pelotas del colegio. – Murmuró ella, dándole vueltas en sus manos.

- Es la snitch de tu primera copa, de mi último partido en Hogwarts y, lo más importante, de nuestra reconciliación. ¿De verdad creías que iba a dejarla ahí?

Volvieron a besarse y James, poco a poco y sin separarse de ella, consiguió ponerse de pie y cogerla en brazos. La elevó y ella lanzó una carcajada.

- ¡James! – Protestó mientras él la llevaba de vuelta a la cama.

- ¿Qué? – Sonrió de forma inocente. – Solo te llevo a un sitio más cómodo.

- Eres incorregible.

- Pues como tú, Lizz. – Volvió a unir sus labios y notó que ella sonreía. – Te quiero.

- Tramposo.

- ¿Por qué? – Fingió ofenderse.

- Solo lo dices porque quieres acostarte conmigo. – Dijo ella con falsa indignación achicando un poco los ojos y arrugando la nariz. – Otra vez.

- Me encanta tu sinceridad, pero ya te dije una vez que no me hacía falta recurrir a trucos para eso.

- Imbécil. – Le pegó en el hombro y ambos estallaron en carcajadas. – Yo también te quiero.

Volvieron a besarse y James, por fin, la bajó, dejándola sobre el colchón. Intercambiaron una última sonrisa antes de fundirse en un beso lento. ¿Para qué ir con prisas? Tenían por delante el resto de toda una vida juntos.