22. La Madriguera
- ¡Mamá, me voy!
Lizzy se miró en el espejo una última vez antes de salir al salón.
- ¿Cuándo volverás? - Le preguntó la mujer.
- No tengo ni idea. – Contestó. – Por lo que sé, esas reuniones familiares suelen alargarse, normalmente se quedan a dormir allí.
- No puedes dormir con James.
- ¿Pero puedo quedarme con Rose, Caro y las demás chicas? – Dibujó una media sonrisa. Qué inocente podía llegar a ser su madre.
- Ya veremos, envíame un patronus. – Mary se cruzó de brazos. – No creo que a tu padre le haga mucha gracia.
- Venga, mamá, no pasa nada, estaremos en una casa llena de adultos que nos mantendrán separados.
- Luego hablamos vía patronus.
- Está bien. – La chica suspiró antes de darle un beso en la mejilla a su madre. – Hasta luego, mamá.
- Hasta luego, cielo.
Lizzy cerró los ojos y, en seguida, apareció en el salón de la casa de los Potter. Harry, que estaba en la cocina, asomó la cabeza y le dedicó una sonrisa al verla allí.
- Buenos días, Lizzy. – La saludó.
- Buenos días, Harry. – Respondió ella, sonriendo también. - ¿Está listo James?
- ¡Sí, aquí estoy! – El chico terminó de bajar las escaleras corriendo y entró al salón. Llevaba dos cascos de moto en la mano. Le dio uno y ella arrugó la frente. – Vámonos.
- ¿En moto? – Preguntó ella, todavía extrañada.
- Claro. – Contestó él como si fuera lo más normal del mundo. Sus padres le habían regalado la moto por su cumpleaños y se había sacado el carnet apenas unos días antes. – Mis abuelos todavía no la han visto, además, ¿no te apetece probarla?
- Sí, claro. – Lizzy sonrió. Ahora entendía por qué habían quedado tan temprano. La verdad es que aquello no sonaba nada mal, aunque le daba un poco de miedo. – Pero como vayas muy deprisa, me bajaré y llegaré por mi cuenta.
- Soy el mejor conductor del mundo. – Replicó él, sacando pecho.
- Seguro. – La chica negó con la cabeza, pero lanzó una carcajada. - ¡Anda, vamos!
- Llegaremos en unas horas, ¿vale, papá?
- Tened mucho cuidado, chicos. – Harry se despidió de ellos con un gesto y volvió a la cocina.
Los dos salieron a la calle, se pusieron los cascos y se montaron en la moto. Lizzy se agarró con fuerza a la cintura de James mientras este arrancaba. Él sonrió al notar sus brazos.
- Tranquila, ¿vale? No te vas a caer, esto es como montar en escoba pero mejor.
- Cállate y arranca de una vez, Potter. – Murmuró ella, nerviosa.
- Allá vamos.
El chico arrancó finalmente y empezaron a recorrer las calles del pueblo aumentando poco a poco la velocidad. Cuando llegaron a la carretera, él aceleró y ella aflojó un poco su agarre, dejando que el viento meciera su pelo y sonriendo. El chico tenía razón, aquello era como montar en escoba y, la verdad, no estaba nada mal.
Cuando por fin llegaron a la Madriguera, después de varias horas recorriendo las carreteras a toda velocidad, Lizzy notaba los restos de adrenalina en el estómago y las piernas entumecidas. James detuvo la moto y la colocó con cuidado en la entrada, en un lugar en el que nadie pudiera dañarla antes de bajarse y quitarse el casco.
- ¿No ha sido el viaje más alucinante de tu vida?
- Mentiría si dijera que no. – Contestó ella, bajándose y descubriéndose también la cabeza. Ambos dejaron los cascos sobre el asiento. – Si me saco el carnet, ¿me la prestas?
- Ni en tus mejores sueños, Elizabeth. – James se cruzó de brazos. Quería mucho a la chica, pero no estaba dispuesto a dejarle a su bebé a nadie.
- Oh, venga, sabes que mis padres jamás me comprarían una. – Protestó ella, apoyando sus manos en sus brazos. – Porfa.
- No insistas.
- Porfa. – Lo besó. – Venga, Jamie.
- Nada de lo que hagas me hará cambiar de opinión.
- ¿Estás seguro?
Volvió a besarlo y él, casi sin darse cuenta, la agarró de la cintura. Ella enredó las manos en su pelo y él mordió su labio inferior, haciendo que se estremeciera.
- ¡Parad antes de que vuelva a ver algo que pueda traumatizarme!
Los dos se separaron rápidamente. Rose estaba frente a ellos, con las manos en las caderas y negando con la cabeza. Lizzy no pudo evitar ponerse completamente roja recordando cuando su amiga los había pillado en un momento más bien poco apropiado. Scorpius estaba detrás de ella con una sonrisa burlona, pero más pálido de lo normal.
- ¿Nos estabais esperando aquí fuera? – Preguntó James, con el ceño fruncido y cambiando drásticamente de tema de conversación.
- Desde hace cuarenta minutos. – La pelirroja suspiró. – No queríamos entrar ahí solos, necesitábamos que alguien distrajera a los demás.
- ¿De verdad crees que tu familia se olvidará de Scorpius cuando yo entre ahí? – La morena puso los ojos en blanco. – Me conocen desde que tenía once años, James se encargó de presentarme uno por uno a todos los miembros de la familia.
- Te lo dije. – El Slytherin suspiró. – Albus es un traidor, debería habernos esperado.
- Él y Caro entraron hace un rato. – Explicó Rose. – Todos estaban encantados con ella y querían conocerla, habría sido el momento perfecto, pero llegamos cinco minutos después.
- No tenéis de qué preocuparos, estoy segura de que todo irá bien. – Lizzy sonrió. - ¿Cómo te fue a ti en su casa?
- Bueno, su madre y los señores Greengrass son encantadores y sus tíos también, su padre puso buena cara al igual que su abuela Narcissa, pero su abuelo Lucius… - Negó con la cabeza. – Lo más agradable que me dijo fue que "para ser una pobretona Weasley, no estaba del todo mal".
- Es un cumplido viniendo de él. – Murmuró el chico.
- Oye, que cuando yo comí con la familia de Lizzy, su abuela y ella se pelearon porque Charlotte Collins cree que no soy lo suficientemente bueno para su preciadísima nieta. – James puso los ojos en blanco.
- Pero lo arreglamos todo y ha decidido que va a tolerarle.
- Eso es un gran consuelo. – Replicó él con ironía. – ¿También tuviste que seguir el protocolo a la hora de comer?
- "Los elfos sirven por la derecha y los cubiertos se cogen de fuera a dentro". – Contestó Rose con voz repipi.
- ¡Exacto! Es de locos.
- Lo sé, me sentía completamente fuera de lugar.
Scorpius y Lizzy intercambiaron una rápida mirada y la morena enarcó una ceja.
- No es culpa nuestra que nuestras familias sean un poco tradicionales. – Dijo ella, cruzándose de brazos y fulminando a su novio con la mirada.
- Pero cielo, tienes que reconocer que todo eso es una tontería.
- ¿Y qué si lo es? – Intervino Scorpius.
- Tuvimos que esperar a que tu abuelo empezara, para poder comer los demás. – Añadió la pelirroja. – Pero no quiero discutir ahora.
- Ni yo tampoco. – James suspiró. - ¿Vamos dentro?
Los otros tres asintieron. Rose cogió la mano de Scorpius y ambos se colocaron detrás de la otra pareja. El mayor de los Potter abrió la puerta y entró al interior de la casa, donde toda la familia preparaba el almuerzo de forma ajetreada.
- ¡Hola a todos!
- ¡James! - Molly Weasley no tardó en aparecer al escuchar la voz de su nieto, limpiándose las manos en el delantal. - ¡Oh, pero si estáis aquí todos! Lizzy, por fin eres de la familia, sabía que esto sucedería desde que os vi juntos aquella noche el verano pasado. – Abrazó a la chica y le pellizcó el moflete ampliando su sonrisa. - ¡Y mi pequeña Rose! – La abrazó y la pelirroja no pudo evitar sonreír de manera nerviosa.
- Abuela, este es…
- Scorpius Malfoy, lo conozco desde hace tiempo, ha venido alguna vez con Albus. – Se apresuró a decir ella. Le dedicó una sonrisa cálida al chico que se tranquilizó. – Encantada de volver a verte.
- Igualmente, señora Weasley.
- Molly, hijo, tienes que llamarme Molly, ahora eres de la familia y tú también Lizzy, no quiero excusas. – Ordenó levantando un dedo. Los cuatro empezaron a reír y la mujer se unió a sus carcajadas. Adoraba ver a sus nietos tan felices. – Albus está fuera con Caro y algunos de los primos; vuestros tíos y los demás están ayudando a preparar el almuerzo y montar las mesas. Os recomiendo que salgáis al jardín, ya habrá tiempo más tarde para las presentaciones.
- Me parece bien. – Rose sonrió y tiró de la mano de Scorpius, guiándolo hacia fuera.
- ¿Vamos nosotros también? – Preguntó James.
- Como quieras. – Lizzy se encogió de hombros. – Aunque quizás debería saludar primero a tu madre, no la he visto esta mañana en tu casa.
El pelinegro asintió y la acompañó a la cocina, donde saludó a varios de los familiares del chico. Después de eso, salieron y se sentaron con el resto de los primos. Estaban allí prácticamente todos – exceptuando a Dominique que seguía trabajando junto a su novio en Rumanía -, incluyendo a sus parejas: Teddy con Vic, Caroline con Albus y Lorcan con Lily.
- La parejita del año. – Fred se acercó por detrás y los agarró a los dos por los hombros. - ¿Cómo estáis chicos? ¿Todo bien por el paraíso?
- ¿No les ves las caras? – Molly lanzó una carcajada. – Parecen muy… relajados.
El chico comenzó a reír y su primo lo fulminó con la mirada mientras Lizzy se mordía el labio. Desde que habían empezado a salir, Fred se dedicaba a meterse con ellos cada vez que tenía ocasión y Molly le ayudaba siempre que podía.
- Estamos bien y estas caras son por la moto, hemos venido en ella, por eso llegamos tan tarde. – Explicó James.
- ¿Te la has traído? – Intervino Teddy. - ¿Me dejarás darme una vuelta?
- ¡A mí también! – Pidió Louis. - ¿Y me la prestas mañana? He quedado con Emma y quiero impresionarla.
- Ya le has dicho que existe la magia y que tú eres un mago, hermanito, ¿crees que puedes impresionarla todavía más? – Victoire negó con la cabeza.
- Oh, cállate.
- Oye, ¿cómo se lo tomó? – Preguntó Lucy. La chica había venido sola, Theo y ella todavía no querían implicar tanto a sus familias en su relación, aunque ahora que veía a los demás con sus parejas lo echaba mucho de menos.
- Mejor de lo que me esperaba, solo estuvo a punto de desmayarse, me gritó que si estaba drogado y me amenazó con llamar a la policía. – Explicó el chico. – Pero después saqué la varita, hice un par de hechizos sencillos y se le pasó.
- Mira, reaccionó mejor que el tito Ron cuando vio a Rose besándose con Scorpius.
- Muy gracioso, Fred. – La pelirroja lo fulminó con la mirada. – Pues que sepáis, que mi padre ya no lo odia.
- ¿Ah, no? – Preguntó el rubio, sorprendido.
- No, cielo, dice que ya no le caes tan mal. – Dijo ella. Era una verdad a medias, pero ni él ni el resto de sus primos tenían por qué saber lo que realmente opinaba Ron Weasley del "pequeño Malfoy que había venido a robarle a su niñita".
- Las cosas claras, Scorpius, aquí los que peor lo tenéis sois tú y mi cuñado. – Intervino Molly con una media sonrisa. – Teddy se ha criado en esta familia, Roger les cayó bien en seguida, Lorcan es hijo de unos buenos amigos de nuestros padres por lo que también ha estado siempre por aquí y Lizzy y Caro son amigas de Rose desde primer año; pero para tratarse de un Malfoy y un Nott, creo que la familia lo está llevando muy bien. Mi padre está encantado con Theo.
- Venga, alegra un poco esa cara, esta comida va a salir bien, ya lo verás, tú solo ignora los comentarios que hagan, ya sabes que en esta familia todos son muy bromistas. – Teddy sonrió. Entendía perfectamente cómo se sentía el chico en aquel momento. – Tú relájate y todo saldrá bien.
Tal y como el metamorfamago había dicho, el almuerzo fue bien. James no paró de meterse con Lizzy recordándole lo mucho que estaba olvidando el protocolo a lo que ella respondía con las palabras textuales que su abuela había utilizado para referirse a él; George se pasó casi todo el tiempo riéndose – medio en broma, medio en serio – del peculiar gusto de sus sobrinas por las serpientes; Molly avergonzó a todos sus nietos contándoles a sus parejas anécdotas de cuando eran pequeños y, en definitiva, todos disfrutaron de una maravillosa comida al aire libre – incluso Ron disfrutó a pesar de tener allí a su "querido" yerno –.
Cuando hubieron terminado, llevaron los platos dentro y los más jóvenes no tardaron en proponer un partido de quidditch para librarse de limpiar. Decidieron jugar sin golpeadores y se dividieron en dos equipos, chicos contra chicas. En el primer equipo jugaban Lizzy como buscadora, Lily, Rose y Victoire como cazadoras y Roxanne como guardiana; en el otro, James como buscador, Albus, Scorpius y Fred como cazadores y Hugo como guardián. Louis se presentó voluntario como árbitro y los demás se sentaron alrededor para poder verlo bien. Cuando el chico pitó, todos se elevaron rápidamente en el aire. Había llegado el momento de demostrar quién era el mejor.
El partido terminó hora y media después de haber empezado cuando, tras una dura pelea, James consiguió arrebatarle la snitch a Lizzy prácticamente de las manos. El resultado final fue de 200 a 320, ganando los chicos. La mayoría de los adultos también había acabado por sentarse y verlos y aplaudieron a los ganadores.
- ¡Esa snitch era mía, Potter! – Exclamó Lizzy una vez en el suelo. Había estado a nada de alcanzarla y darle la victoria a las chicas.
- Oh, venga ya, todavía no la habías cogido, no era de nadie. – Replicó su novio. – Soy el nuevo buscador del Puddlemere United, ¿de verdad creías que ibas a conseguir ganarme?
- Eres el reserva, además, todavía estás entrenando.
- Pero sigo siendo el mejor. – Enarcó una ceja.
- Pues la atrapé en la final de la copa de ese año, te recuerdo. – Contestó ella, enarcando una ceja. – No la viste venir.
- Solo porque estaba distraído. – Sonrió levemente y ella no pudo evitar imitarlo. La cogió de la mano y tiró un poco de ella. – Ven.
- ¿A dónde?
- Quiero cinco minutos a solas contigo, mi familia te tiene prácticamente secuestrada.
Lizzy lanzó una carcajada, pero no dudó en seguirlo. Se alejaron bastante de la casa y se tumbaron a la sombra de un árbol. Ella se apoyó en el pecho de él que comenzó a acariciar su pelo.
- Me gusta mucho tu familia, ¿te lo había dicho alguna vez?
- Sí, pero me alegra que sigas opinando eso. – Contestó el pelinegro. Realmente le aliviaba saber aquello. – ¿Al final te quedarás a dormir?
- No lo sé, tengo que enviarle un patronus a mi madre, no le hacía mucha gracia y eso que le he dicho que no iba a dormir contigo. Decía que mi padre no lo vería bien.
- Pobre de tu padre si supiera. – James rió.
- Pues sí. – Lizzy se incorporó y sacó su varita. – Voy a preguntarles. Expecto patronum. – Cuando el león apareció empezó a hablar, usando su mejor voz de niña buena. – Hola mamá, soy yo, ¿al final me dejáis quedarme a dormir en la Madriguera? Por favor, decid que sí, me lo estoy pasando muy bien, hemos jugado un partido de quidditch y quizás ahora hagamos una pequeña competición, no me gustaría irme antes de que acabara. Por favor.
El león salió disparado y ella se recostó de nuevo. Ahora solo les quedaba esperar. Charlaron de cosas sin importancia hasta que vieron una preciosa mariposa aparecer y la chica volvió a incorporarse.
- Está bien, puedes quedarte allí, supongo que Rose puede prestarte un pijama y sé que cogiste la poción, por si acaso. Confiamos en ti y en James, sabemos que sois unos chicos maduros, así que no añadiremos nada más. Mañana nos vemos, cielo. Pásalo bien lo que queda de día.
Cuando la mariposa desapareció, Lizzy se puso de pie y comenzó a saltar y gritar de alegría. James se sentó y la miró con una tierna sonrisa dibujada en sus labios. Ella se lanzó sobre él y lo besó.
- Oye, que todavía no sabes si podrás dormir conmigo.
- Ya, bueno, eso me da un poco igual, tenía ganas de quedarme aquí. Me encanta la Madriguera, podría acostumbrarme a este sitio.
James sonrió y la besó otra vez. La chica no se imaginaba lo feliz que acababa de hacerlo con tan solo esas palabras.
