23. Hermana mayor
Lizzy estaba aquella tarde en casa de James. Sus padres habían salido a hacer unos recados y la pareja había aprovechado para ver una película en el salón. En aquel momento solo estaban ellos dos y Lily en la casa – Albus había salido con Caro a dar un paseo y no volvería hasta la hora de la cena –.
- ¿Qué me das si me como el bote de palomitas entero? – Preguntó James, arrebatándole el bol a la chica.
- Un desmaius probablemente, dame mis palomitas James Sirius. – La chica estiró el brazo, tratando de cogerlas pero él fue más rápido y las levantó antes de atrapar los brazos de la chica con la otra mano. Ella forcejeó un poco entre risas. – Suéltame, Jamie.
- ¿O qué?
- O te enterarás de lo que es bueno en cuanto alcance mi varita. – Lo amenazó ella, sin poder parar de reír.
- ¿Con que esas tenemos, eh? – Sin importarle que todas las palomitas cayeran sobre ambos, James las soltó y empezó a hacerle cosquillas a Lizzy, que se retorcía en el sofá pataleando y sin poder parar de reír.
- ¡Déjame! – Le pidió entre risas. - ¡Te voy a matar, Potter!
- ¿Tú y cuántas más, Collins? – La provocó él sin parar sus cosquillas.
- Ya verás lo que es bueno.
Un ligero carraspeo los interrumpió. Ambos se detuvieron y giraron la cabeza, un poco extrañados. Frente a ellos estaba Lily, que los miraba un poco avergonzada, sin saber muy bien qué decir. Se retorcía las manos, nerviosa y alternaba la mirada entre su hermano y su cuñada.
- ¿Ocurre algo? – Preguntó por fin James.
- Bueno, yo… - Se sonrojó un poco y su hermano enarcó una ceja. Aquel comportamiento era muy raro en ella.
- ¿Ha pasado algo, Lily?
- No, nada, es solo que, bueno, no quería interrumpiros pero me preguntaba si podría hablar un momento con Lizzy. – Dijo ella por fin.
- Claro. – La morena se incorporó y, tras librarse del agarre de James, se sacudió algunas palomitas que tenía en la ropa y el pelo.
- Pero a solas, arriba en mi cuarto. – Dudó un poco antes de seguir hablando. – Son cosas de chicas.
- ¿Cómo cosas de chicas? – James miró a su novia con el ceño fruncido. Esperaba que no se estuviera refiriendo a lo que él creía porque entonces su hermanita no podía hablar con Lizzy a solas.
- Oh, claro, no te preocupes. – La morena asintió con la cabeza y sonrió. Miró de soslayo a James, que seguía mirándola con preocupación. – Voy a atrancar la puerta y a usar hechizos silenciadores así que más te vale no intentar nada.
- Pero Lizzy…
- Pero nada. – Se puso de pie y le dedicó una media sonrisa. – Ya la has oído, son cosas de chicas así que tú te vas a quedar aquí y vas a terminar de ver la película. Te pediré un resumen cuando vuelva, así que más te vale estar atento y no tratar de interrumpirnos. ¿Todo claro?
- Eres una mandona.
- Lo sé. – Le dio un beso rápido antes de volverse hacia su cuñada. - ¿Subimos, Lily?
La pelirroja asintió y la guió hacia su cuarto. Cuando entraron, la mayor hizo, tal y como había dicho abajo, varios hechizos para que nadie pudiera abrir la puerta, ni escuchar lo que se decía en aquella habitación. Se fijó rápidamente en el dormitorio de la chica. Tenía las paredes azules y la mayoría de accesorios en naranja, además de varios pósters y muchas fotos pegadas en las paredes.
- Siéntate donde quieras. – Dijo, dejándose caer en la cama. Lizzy cogió la silla del escritorio y la movió para quedar frente a ella. Ambas guardaron silencio unos instantes, sin saber muy bien qué decir.
- ¿Y bien?
- Bueno, verás, no sabía con quién hablar, pero tú me caes bien desde siempre y creo que puedo confiar en ti. – La pelirroja suspiró. – Puedo, ¿verdad?
- Por supuesto.
- Tienes que prometerme que no le contarás a James nada de lo que te diga.
- ¿Por qué iba a hacerlo? Son cosas personales, no le interesan. – Se encogió de hombros. – Tus secretos están a salvo conmigo.
- Bien, sabía que no me equivocaba. – Lily se mordió el labio de forma nerviosa. – No sé muy bien por dónde empezar.
- ¿Va todo bien con Lorcan? – Se atrevió a preguntar la Ravenclaw.
- Sí, nos va genial, estoy muy contenta. - Su cuñada suspiró, un poco más tranquila. Le alegraba que ella sacara el tema. – De hecho, el jueves vamos a salir a cenar, me ha dicho que va a ser una cena especial y que me pusiera algo elegante.
- Me alegro mucho por vosotros, es un buen chico.
- Sí, lo es. – Lily suspiró otra vez y bajó un poco la mirada. – Pero estoy un poco nerviosa por lo que pueda pasar después de la cena…
- Oh.
- Mira, Lizzy, no sé con quién hablar de esto. Intenté hacerlo con Victoire pero Teddy, James y Albus me lo impidieron; a Rose le da vergüenza y mis amigas saben lo mismo que yo. Molly habló con Lucy, pero ella no me quiere contar lo que le dijo, así que pensé que quizás tú…
- ¿Quieres que te dé "la charla"?
- A ver, no soy tonta, sé de qué va el tema, pero hay cosas que no sé a quién preguntarle. – Confesó finalmente. – Entenderé que no quieras, podrías meterte en un buen lío con mi hermano.
- Son cosas tuyas que James no va a saber, además, me da igual lo que opine. – La morena sonrió. – A ver, pregunta, intentaré contestar lo mejor que pueda.
- Imagino que mi hermano y tú ya habéis, bueno, eso.
- Sí.
- ¿Puedo saber cuándo?
- Estoy segura de que no quiere que sepas esto. - Lizzy lanzó una carcajada nerviosa. – En mi quinto curso, en noviembre.
- ¿En serio? – Lily abrió mucho los ojos. – Tenías mi edad.
- Era un poco más mayor porque soy de enero, pero sí. – La Ravenclaw se encogió de hombros. – Mira, James y yo nos veíamos a escondidas desde principios de cuarto, llevábamos más de un año con aquello, era algo que ambos sabíamos que iba a suceder y que al final pasó.
- ¿Y cómo sabes si estás preparada?
- Bueno… - Lizzy se sonrojó. A ver cómo explicaba aquello. – Yo no lo sabía, no fue algo planeado, ¿sabes?
- Es que yo no sé si él quiere, ni si yo quiero. Me pongo muy nerviosa y me asusto solo de pensarlo. – Subió los pies a la cama y se abrazó las rodillas. – Me aterra, Lizzy.
- Creo que eso significa que no lo estás. – Se levantó de la silla y se sentó junto a la otra. Rodeo sus hombros antes de volver a hablar. – Lorcan te quiere, Lily, va a respetar tus decisiones y, si no lo hace, ya nos encargaremos nosotros de hacérselo pagar. – Sonrió al decir aquello. – Pero es un chico legal y no va a hacer nada que no quieras.
- Ya lo sé. – La pelirroja sonrió levemente. – Sé que me quiere y yo a él también.
- Entonces no te preocupes, cuando sea el momento lo sabréis.
- ¿Algún consejo?
- Respira. – Lizzy se encogió de hombros, pero la otra la miró como si estuviera completamente loca. - ¿Qué? Es la verdad, no me mires así.
- Es un consejo de mierda, perdona que te diga. – La chica empezó a reír.
- Tú ahora te ríes, pero ya me lo agradecerás, ojalá alguien me lo hubiera dicho. – Lizzy suspiró. – Yo soy hija única, no tengo primas y mis amigas estaban como yo, así que no pude hablar de esto con nadie. Hazme caso, tú solo respira y relájate, lo demás saldrá solo. ¡Ah! Y usad protección. Si necesitas, avísame y yo te doy, pero no te arriesgues.
- Vale, lo haré. – Lily sonrió. - ¿Y qué me pongo?
- Encaje. Dicen que a los chicos les gusta aunque yo la verdad es que eso no lo sé por experiencia propia. Total para lo que me dura puest... – La otra arrugó la frente y la morena se dio cuenta de su error. – Oh, te refieres a la ropa para la cena. – Se sonrojó completamente y la Gryffindor no pudo evitar reír. – No sé, ¿qué tienes arreglado?
- Algunos vestidos pero, ¿vendrías de compras conmigo?
- Claro, vamos. – Las dos se pusieron de pie y la más pequeña recogió algunas cosas.
- ¿Sabes? Quiero mucho a mis hermanos, pero siempre quise tener una hermana mayor. – Comentó, cerrando su bolso. – Me alegra que salgas con James.
Le dio un abrazo y Lizzy no pudo evitar sonreír. A ella también le habría gustado tener una hermana. Cuando se separaron, deshizo los encantamientos y volvieron a la planta baja, donde James seguía viendo la película. Tenía los brazos cruzados y cara de pocos amigos.
- Nos vamos de compras. – Anunció su novia, acercándose a él. Lily acababa de irse a través de la chimenea. – Supongo que después volveré a casa directamente.
- Odias ir de compras.
- Tu hermana me ha pedido que la acompañe y, antes de que lo intentes si quiera, tú no puedes venir. – Sonrió y se acercó un poco más a él. – No te enfades, tonto.
- Mi hermana es una cría, no sé de qué cosas tiene que hablar contigo que yo no pueda saber.
- Lily tiene 15 años.
- Por eso precisamente me preocupo. – Apretó los labios. – Es que cuando tenía esa edad me creía el rey del mundo, pero ahora sé que solo era un niñato y no quiero que le pase nada malo. Lizz, cuando tú y yo teníamos su edad…
- ¿Confías en mí?
- Claro. – James asintió y Lizzy lo besó.
- Pues entonces quédate tranquilo, la aconsejaré bien.
Volvieron a besarse una última vez antes de que la chica se desapareciera. El pelinegro suspiró, aunque un poco más tranquilo. Si Lily tenía que hablar de esas cosas con alguien, prefería que lo hiciera con Lizz.
- Recuérdame cómo has conseguido quedarte a dormir conmigo esta noche.
Lizzy estaba subida en la encimera de la cocina, con las piernas alrededor de la cintura del chico y las manos de él sobre sus caderas.
- Tienes que darle las gracias a tu hermana y su fiestecita de pijamas. – Contestó ella, acercándose para besarlo. Cuando se separaron, sonrió. – Me parece increíble que ni tus padres, ni los míos hayan puesto ninguna pega.
- A mí también. – James volvió a besarla con fuerza.
- ¿En serio, chicos? Preparamos la comida aquí.
Se separaron rápidamente. Lily los miraba desde la puerta con una expresión divertida. Llevaba un precioso vestido blanco y una rebeca negra, a juego con sus bailarinas.
- Deberías dejar de interrumpirnos. – Dijo James, fulminándola con la mirada.
- Es que no quiero sobrinos tan pronto. – Replicó ella, poniéndose roja. - ¿Han llegado Lucy y Roxanne?
- Todavía no.
- ¿Y Caro?
- Sí, está arriba con Albus. – Su hermano puso los ojos en blanco. – Creo que no saben disimular muy bien.
- Bueno, no pasa nada. ¿Lizzy vienes conmigo? Tengo que contarte una cosa.
- Claro. – La morena apartó un poco al chico y se bajó de un salto. – Te veo ahora en tu cuarto, Jamie.
Él asintió, resignado. No sabía si quería saber lo que su hermanita le iba a contar a su novia. Las dos chicas subieron al cuarto de la más pequeña, donde Lizzy hizo los mismos hechizos que la otra vez.
- Cuéntame. – Le pidió con una sonrisa. Estaba un poco nerviosa y todo.
- No ha pasado nada. – Confesó la pelirroja. – Hemos estado cenando y después fuimos a su casa, pero no hemos hecho nada. Hemos hablado de nosotros y le he dicho que quiero esperar un poco. Se lo ha tomado bien y me ha dicho que no tiene prisa.
- Te lo dije, ¿estás más tranquila ya?
- La verdad es que sí. – Se mordió el labio. – Muchas gracias, de verdad, Lizzy, me has ayudado mucho más de lo que crees.
- Para eso estoy aquí. – La abrazó, sonriendo. – Si necesitas cualquier cosa, ya sabes. Y gracias por lo de la fiesta de pijamas.
- Era lo mínimo que podía hacer. Voy a bajar a ver si han llegado las demás, tú deberías irte al cuarto de James.
- Eres la mejor.
Deshizo los hechizos y salió rápidamente. Hacía mucho que no dormía con James y no sabía cuándo podría volver a hacerlo. Tenían que aprovechar aquel regalo.
