27. La graduación
- No puedo creer que ya vayamos a graduarnos. – Caro hizo un puchero mientras se sentaba en la cama, con cuidado de no arrugar su vestido. – Se me han pasado demasiado rápido estos siete años, hemos vivido tantas cosas… No puedo creer que todo se acabe. ¿Cómo se supone que voy a dormir sin vosotras? Me he acostumbrado hasta al mal genio de Eliza por las mañanas.
- Gracias, Caro, yo también te quiero. – Replicó la aludida girándose un poco. Estaba frente a un espejo terminando de maquillarse.
- Venga, no podemos estar tristes hoy, se supone que es un día importante, ya lloraremos dentro de un par de días en el tren. – Trató de animarlas Rose, que ya llevaba casi diez minutos lista. – Hoy tenemos que divertirnos, están ahí fuera nuestras familias y esta noche tenemos la fiesta. Va a ser un gran día.
- Y Lizzy por fin verá a James y se tranquilizará de una vez por todas. – Añadió Martha. Sus amigas lanzaron una carcajada, pero la morena puso los ojos en blanco.
- Deja de meterte conmigo, ¿qué tiene de malo que eche de menos a mi novio? – Se defendió, sin dejar de mirarse en el espejo. Se había recogido el pelo y comprobaba que todos los mechones estaban en su sitio.- Llevo sin verlo desde las vacaciones de Pascua, me habría hecho falta tenerlo por aquí durante los exámenes. Yo no te he preguntado si sigues mandándote cartas con Keith.
Martha se puso completamente roja y esta vez todas rieron menos ella. Hasta en aquellos momentos, seguían siendo ellas, las cinco mismas amigas de siempre.
- No, ya sabéis, desde que nos vimos en Pascua no hemos vuelto a hablar. – Murmuró, todavía sonrojada. - ¡Pero no hablemos de eso! Daos prisa, tenemos que irnos pronto.
Las otras asintieron y se dieron los últimos retoques. Lizzy estaba cogiendo su chaqueta, cuando la puerta del cuarto se abrió y una voz muy conocida hizo que se girara rápidamente.
- ¡Hola chicas!
- ¡James!
No tardó ni dos segundos en llegar hasta él. Le echó los brazos al cuello y él la levantó unos centímetros para poder besarla con más facilidad. Se besaron como si no hubiera nadie más en aquella habitación, como si estuvieran los dos solos en el mundo. Lizzy se estremeció al notar la corriente eléctrica que la recorría. Joder, cuánto lo había echado de menos.
- ¿Sabéis que seguimos aquí delante, verdad? – Los interrumpió Rose que empezaba a sentirse un poco incómoda.
James la dejó en el suelo lentamente antes de separar sus labios y dedicarle una tierna sonrisa. Acarició su mejilla y ambos sonrieron.
- Hola. – Susurró Lizzy.
- Hola. – Contestó él antes de darle un beso en la frente. – Te he echado de menos, no podía esperar más.
- ¿Cómo has entrado?
- He adivinado la contraseña. – Se encogió de hombros y enarcó un poco las cejas, como si hubiera sido lo más sencillo del mundo. Nadie tenía que saber que había fallado 20 veces y que, al final, una chica de segundo le había ayudado a entrar. – Y luego utilicé el contrahechizo que usamos el año pasado.
- Estás loco. – Unió sus labios durante unos segundos. – Completamente loco.
Volvió a besarlo, olvidando otra vez que sus compañeras de cuarto seguían ahí y él la siguió con la misma intensidad, sintiendo también que estaban solos en el universo.
- Oh, por favor. – Rose puso los ojos en blanco. Le indicó a las otras tres que se pusieran de pie. - ¡Parejita, nosotras nos vamos!
- ¿Qué? ¿Ya? – Lizzy consiguió separarse de James y miró a sus amigas con el ceño fruncido.
- Faltan solo 20 minutos, tenemos que irnos ya.
- Id bajando, ahora os veo. – Les pidió.
- Lizzy…
- Llegaré a tiempo, no os preocupéis.
Finalmente, las otras asintieron y salieron del dormitorio, cerrando la puerta a sus espaldas. La chica se acercó entonces al espejo y se miró.
- Hemos arruinado mi pintalabios. – Murmuró, cogiendo la barra. James se acercó y apoyó sus manos en la cintura antes de empezar a besar el hombro desnudo de la chica. – Jamie…
- ¿Qué? – Preguntó él, avanzando hacia su cuello. Ella lanzó una carcajada y dejó la barra de labios sobre el tocador.
- Mi graduación empieza en 20 minutos. – Respondió dándose la vuelta y rodeando su cuello con sus brazos.
- Tú misma lo has dicho, todavía tenemos 20 minutos. – La cogió por las piernas, levantándola y ella volvió a reír antes de dejarse besar.
- Dejémoslo en 15. – Murmuró cuando sus labios se separaron. Se perdió en sus ojos castaños y apenas notó que el comenzaba a avanzar con ella en brazos. – Tiempo de sobra.
- Tiempo de sobra.
"Mierda, mierda, mierda". Esa era la única palabra que resonaba en la cabeza de Lizzy mientras ella y James corrían escaleras abajo. Llegaban tarde, realmente tarde, a la graduación. Los 15 minutos se habían transformado en 30 y, casi sin haberse mirado en el espejo, ambos habían echado a correr. El iba delante y tiraba del brazo de ella, que lo seguía a poca distancia, con los zapatos en la mano y retocándose el pelo que ahora llevaba suelto. Se alisó un poco su vestido – uno azul marino, con una raya blanca en la parte inferior, con tres botones también blancos en el pecho – y se colocó la chaqueta torera sin dejar de correr. Cada vez estaban más cerca, no podía pararse y perder más tiempo.
- Me parece increíble estar llegando tarde a mi propia graduación. – Murmuró. - ¡Y muchísimo más tarde que a la tuya! ¿Cómo se te ocurrió subir?
- No lo sé, me pareció buena idea, no pensé que fuéramos a llegar tan tarde. – Se veía el arrepentimiento en los ojos de James.
- ¿Qué tal está mi pelo?
- Bueno, - Él la miró unos instantes antes de contestar. – podría estar peor.
- Mierda, menudo desastre.
- Tranquila, ya estamos llegando, solo tenemos que girar esta esquina.
Ella asintió y ambos aceleraron. Ya se habrían perdido el discurso de la directora y Lizzy solo esperaba que no la hubieran nombrado ya – sabía que era de las primeras de la lista –. Se detuvo solo unos segundos para ponerse los zapatos antes de abrir la puerta, justo en el que la directora anunciaba a la siguiente persona.
- Collins, Elizabeth.
- ¡Aquí! – Exclamó, entrando seguida de James que todavía le sostenía la mano. – Lamento el retraso.
- Señorita Collins, - McGonagall enarcó una ceja y observó a la pareja de forma divertida. – veo que termina usted Hogwarts igual que lo empezó: tarde y de la mano del señor Potter.
Lizzy se quedó paralizada sin saber qué hacer o decir. Abrió la boca y rápidamente la cerró antes de darse media vuelta, con la cara completamente roja. Quería salir de aquella habitación, todo el mundo la estaba mirando y seguro que sabían lo que había hecho. ¡Por Merlín, sus padres sabían lo que había hecho, sus abuelos lo sabían! James la sujetó de los brazos y le dedicó una media sonrisa.
- Venga, es tu momento, no puedes marcharte. – Susurró. Ella asintió lentamente. Tenía razón, se suponía que tenía que salir al frente, recoger su diploma y posar para las fotos. – Aunque, estírate un poco la falda por atrás.
Lizzy no pudo evitar sonreír ante aquel comentario. Volvió a darse la vuelta y, tras colocarse bien el vestido, se acercó a la directora mientras James se sentaba junto a su familia, notando las miradas de los padres y la abuela de la chica clavadas en la nuca.
- Se marcha mi mejor alumna. – Comentó el profesor Watt cuando ella por fin llegó al frente. – La echaremos de menos, Elizabeth.
- Yo a usted también. – Confesó ella. – Siempre ha sido mi profesor favorito, el cariño es mutuo.
- Deduzco que le va muy bien con James y que, ya que usted es la actual campeona del torneo de duelo y él el campeón del año pasado, se han entretenido intentando determinar cuál de ustedes es mejor, aunque la respuesta sea obvia.
- Sí, claro, exactamente eso. – Respondió notando como el rubor volvía a extenderse por sus mejillas.
- Enhorabuena, señorita Collins, ha sido usted una buena alumna a pesar de todo. – Dijo la directora estrechándole la mano y sonriendo mientras David Collins hacía fotos a su hija.
- Gracias directora, por todo.
- No tiene que dármelas y, por favor, dígale a James que tenía razón: este año lo hemos echado de menos.
La chica sonrió una última vez antes de girarse para que pudieran hacerle una última foto sosteniendo el diploma y sentarse en la silla reservada para ella.
- Anda que ya te vale. – Murmuró Eliza mientras subía el siguiente.
- No era mi intención entretenerme tanto. – Se excusó ella. – Se nos ha pasado el tiempo sin darnos cuenta.
- Ya, claro. – La chica no pudo evitar lanzar una carcajada, lo que provocó que la morena volviera a sonrojarse.
- Anda, calla.
Eliza sonrió, pero lo hizo caso y guardó silencio mientras la directora seguía nombrado alumnos.
- ¿Se puede saber por qué has llegado tan tarde?
- Hola, mamá, yo también me alegro mucho de verte. – Respondió Lizzy con ironía una vez hubo terminado la ceremonia.
- Enhorabuena por tu graduación, cielo. – La abrazó. – Pero contesta a mi pregunta.
- Me he encontrado con James al salir de la torre y nos hemos puesto a hablar. – Mintió, dedicándole una sonrisa y tratando de parecer tranquila. – Cuando nos hemos dado cuenta de la hora, hemos salido corriendo pero ya era tarde.
- Ha sido una gran falta de respeto. – La riñó en voz baja. – Y la gente seguro que ha pensado... mal.
- Mamá, – La Ravenclaw volvió a sonrojarse. - ¿cómo puedes…? Yo…
- Estabais solo hablando, ¿verdad? – Insistió ella, sin creérselo. ¿A quién pretendía engañar su hija? Ella también tuvo su edad.
- Claro. – Volvió a mentir ella. – Solo hablamos.
- Está bien. – Miró hacia un lado y señaló con la cabeza al resto de la familia, que se acercaba a ella. – Lo mejor será cambiar ahora de tema, pero cielo, tened mucho cuidado, ¿vale?
- Sí, mamá. – La abrazó otra vez antes de girarse y empezar a saludar al resto de sus familiares.
- Me parece increíble que hayas llegado tarde a mi graduación. – Comentó Albus con sorna cuando se acercó a saludar a su hermano. - ¡Qué vergüenza!
- La verdad es que deberíais haber llegado antes, aunque vuestras caras han sido un poema cuando habéis escuchado a McGonagall – Añadió su padre dedicándole una media sonrisa a su hijo, que se sonrojó un poco.
- Harry, no le rías las gracias, este es un tema muy serio. – Ginny enarcó una ceja. – No quiero nietos todavía, James.
- Mamá por favor, solo estábamos charlando.
Albus y Lily estallaron en carcajadas entonces y el mayor los fulminó con la mirada. Ahora sí que no iban a creerlo. Sus padres negaron con la cabeza, un poco preocupados. James ya no era un niño.
Después de recibir las felicitaciones de unos y otros y hacerse montones de fotos con sus amigos y sus familias, Lizzy y James por fin encontraron un momento para estar los dos solos. Se sentaron en unas sillas, en un rincón, aprovechando que sus padres hablaban entre ellos y no les estaban prestando atención.
- Tengo un regalo para ti. – Dijo él, rebuscando en el bolsillo de su chaqueta.
- No tenías que haberte molestado. – Contestó ella rápidamente.
- No es molestia. – Sacó un sobre y se lo dio. – Espero que te guste.
- ¿Qué es? – Lizzy abrió el sobre y no pudo evitar abrir mucho la boca al ver dos pasajes de avión y una reserva de hotel. – París.
- ¡Nos vamos a París!
- ¿Nos vamos a París? – Se puso de pie de un salto y lanzó un grito antes de lanzarse a los brazos de James, atrayendo la atención de todo el mundo a su alrededor. – Te quiero, te quiero, te quiero, eres el mejor.
- Después de este año, era lo mínimo. Creo que una semana juntos y lejos de todo nos vendrá bien. – Contestó él, dedicándole una cálida sonrisa. – Ya está todo pagado, no tienes que preocuparte por nada.
- No puedes hacer eso, yo también debería pagar algo.
- Es un regalo, además, deja que me gaste algo en ti, para algo soy un buscador profesional. Nos han dado una buena paga extra después de ganar la liga, quería gastármela en mi Lizz. - Dijo James, quitándole importancia.
- Eres genial. – Lo besó. – Gracias.
- ¿A qué vienen esos gritos? – Preguntó Lily acercándose.
- Tu hermano me va a llevar a París.
- ¿Qué? – La pelirroja abrió mucho la boca. - ¿Puedo ir yo también?
- No. – James negó con la cabeza. – Que te pague un viaje tu novio.
- ¿Me estás dando permiso para llevarme a tu hermana un fin de semana fuera? – Lorcan se acercó a ellos con una sonrisa burlona. James apretó los labios y tomó aire lentamente. – Porque estaba pensando en pasar unos días en la playa con ella.
- Ya veremos.
- No es un no. – Lizzy se encogió de hombros y le dio un beso en la mejilla a su novio. – Parece que va mejorando.
Lorcan y Lily rieron, pero James negó con la cabeza. Desde luego, sin Lizzy no podría soportar al novio de su hermana. Apartó la mirada y recorrió la sala lentamente. En una esquina estaban Theo y Lucy – no pudo evitar sonreír, él siempre la sujetaba como si estuviera hecha de porcelana, como si fuera lo más valioso del universo –; cerca, Molly y Wood – que por fin habían empezado a salir – se besaban. Tuvo que reprimir una carcajada al ver a sus tíos Ron y Hermione junto a los señores Malfoy, con Rose y Scorpius de barrera entre ellos y sonriendo de forma nerviosa. Todo el mundo estaba allí y parecían felices. Volvió a mirar a Lizzy. No era normal lo que la había echado de menos. Ella le dedicó una cálida sonrisa y él se estremeció. Lo de estar separados por fin se había terminado.
