El sol comenzaba a brillar, un nuevo día se dibujaba en la ciudad de Nueva York. El otoño comenzaba a adueñarse de ella, haciendo que las hojas de los árboles comenzasen a teñirse de un color rojizo y que el frío empezara a adueñarse de la ciudad.

Allí, la escuela de NYADA empezaba a llenarse de alumnos, la mayoría esperaba aún a las afueras del edificio para disfrutar de esos pequeños rayos de sol antes de entrar dentro y comenzar así con la rutina. En una de las escaleras de entrada a la escuela se encontraba Quinn, una de las que sin duda llegaba siempre temprano, ya que era una estricta con el horario. Odiaba llegar tarde a cualquier lugar. Brittany la llama la mamá del grupo, ya que siempre está preocupándose por cualquier cosa o por cualquier acto que hagan los demás. Aunque ella sea la primera en hacer esas locuras.

Cualquiera diría que la rubia estuvo hasta tarde despierta, puesto que en su cara apenas se nota el cansancio. La noche anterior después de dejar a Rachel en su casa, cosa que odió hacer, tuvo que llamar a Sam, ya que este le pidió que cuando llegase a casa le llamase. Tras estar casi una hora hablando finalmente pudo irse a la cama, siendo ya casi las dos de la mañana. Ahora el sueño se está vengando de ella y sus ojos casi no soportan su propio peso.

A unos metros de ella se encuentra Brittany, quien la ha reconocido desde lejos estando esta de espalda. La rubia muy sigilosamente se acerca a la otra rubia, y acercando su boca al oído de Quinn suelta suavemente un "Buh", esta quien estaba quedándose dormida pega un rebote y casi se come la baranda de la escalera que tiene en frente.

- ¿Pero tú estás loca o qué? Casi se me sale el corazón del susto – Grita Quinn girándose a la vez que se lleva la mano al corazón.

- Jajaja que mal te sientan a ti las juergas los días de clase – dijo la rubia de ojos azules soltando una carcajada.

- Ya ya, muy graciosa, pero tú ve ahorrando porque como me des otro susto así la operación de trasplante de un nuevo corazón la tendrás que pagar tú – ironizó.

- ¿En serio? Jo, va, no te daré más sustos ¿Me perdonas? – dijo poniendo cara de cachorrillo y juntando los dos dedos índices.

- ¡Cómo no te voy a perdonar si me pones esa cara! – respondió Quinn mirando a Brittany y acercándose a ella para darle un abrazo.

- Menos mal – dijo ésta soltando un suspiro – ¿Bueno y que tal anoche? ¿Pudiste apañártelas tú sola con Rachel? – comentó Brittany entre risas.

- Por suerte sí, pero ya sabes cómo se pone. ¡Dios! Me entraron ganas de matarla.

- ¡Exagerada! Si en verdad os lleváis bien y además, os conocéis perfectamente la una a la otra, lo que pasa es que vuestro propio orgullo no os lo deja ver. Acuérdate de hace un par de años, esos en los que tú y Rachel erais uña y carne. ¿Te acuerdas?

Aquellas palabras de Brittany hicieron que Quinn recordara algo que hace tiempo olvidó o pensó haber olvidado. Recuerdos comenzaban a apoderarse de su pensamiento, haciendo que un sentimiento de odio comenzara a adueñarse de ella. Sabía que su amiga no lo dijo de manera intencionada, pero logró traer a ella aquellos recuerdos que hace tiempo dejó atrás por el bien de todos.

- No, no es nuestro propio orgullo y si me acuerdo, ¿pero te acuerdas tú de lo que hizo ella? – comentó la rubia de ojos verdes sentándose en unos de los escalones.

- Sí que me acuerdo – los recuerdos de hace dos años también recobraban sentido en la cabeza de Brittany - pero Quinn han pasado ya dos años. Pensé que ya lo habías olvidado y habías decidido volver a empezar de nuevo – el silencio cobró vida en la boca de Quinn, ya que ni una palabra salía de ella, cosa que ponía nerviosa a la otra rubia - ¿No- no crees que ya sea hora de perdonar? – preguntó sentándose junto a ella.

- Se perfectamente el tiempo que ha pasado y no, no lo es – dijo mirando fijamente a Brittany quebrando el silencio

- Quinn…

- No, Brittany, no lo entiendes. ¿Tú crees que a mí me gustó que Rachel le contase a todo el mundo que yo estaba embarazada y que el padre no era Finn sino Puck y encima después de hacer eso me quitase a mi novio? ¿Y crees que no sé cuántos años han pasado? Sí que lo sé, han pasado dos años sin mi hija, sin Beth. Porque sí, en su tiempo fui una idiota que se guió por su rencor y dejó que su hija fuera adoptada – sus ojos comenzaban a empañarse.

- Quinn no te tienes que culpar por eso. Eras una chica joven y tenías toda tu vida por delante, sabías perfectamente que un bebé en ese momento te mantendría alejada de tu sueño e hiciste lo correcto. Sí, es duro para ti ahora, pero tomaste la mejor decisión para Beth. Ahora tiene una madre que puede estar todo el tiempo con ella.

Toda esta conversación había sacado a la luz un montón de sentimientos que Quinn mantenía guardados en silencio. Una y otra vez en su cabeza se repetía que si no hubiese sido por Rachel su vida podría haber sido mejor, ya que podría seguir teniendo a su lado a Finn y a Beth. Pero no, ya no los tiene, y todo por culpa de Rachel Berry. De nuevo ese sentimiento de odio se anclaba en ella. Por suerte o por desgracia la causante de ese sentimiento se acercaba hacia ellas aumentando ese sentimiento en el interior de Quinn.

- Hola – dijo nada más llegar y dando dos besos a Brittany

- Hola – saludó ésta temiendo la reacción de Quinn, ya que Rachel también le dio a ella dos besos.

Rachel no sabía que la otra rubia estaba con los humos subidos, por eso no se esperó la reacción de esta tras darle dos besos.

-No me toques – dijo cortante Quinn y girando su cabeza hacia otro lado.

- ¿Por qué? ¿Qué te he hecho ahora? ¿Fue por lo de anoche, porque tuviste que cargar conmigo? – preguntó Rachel sin entender nada. De alguna manera sabía que se arriesgaba si le daba dos besos a Quinn, pero tampoco se esperaba que se lo tomase tan mal.

- No seas tonta, sabes perfectamente el por qué – comentó mirándola fijamente. En su mirada podía notarse esa llamita de odio que salía de sus ojos.

- No, no sé a qué te refieres exactamente. Es por ese supuesto odio que me tienes por ser mejor que tú – dijo intentando llevar aquella situación a algo cómico, ya que no soportaba aquel mal rollo que le estaba transmitiendo Quinn.

- No seas idiota. Echa cuenta.

Rachel se quedó pensativa, no sabía a lo que exactamente se refería la rubia. Mientras, al lado de ellas dos estaba Brittany, la cual observaba aquella situación. Sabía a ciencia cierta que las conversaciones entra las "Faberry" nunca acababan bien, y esta iba a ser una de esas. Tenía miedo de que a Quinn se le fuera la cabeza y acabase arrancando uno a uno los pelos de la cabeza de Rachel. Sí, exageraba, pero con Quinn nada es imposible. Por lo que se puso en alerta y comenzó a analizar uno a uno los movimientos de esta, así sería capaz de detenerla a tiempo. Sin duda la rubia ya comenzaba a tener los ojos entre cerrados, cosa que ya delataba su cabreo; sus cejas comenzaban a curvarse y sus manos no paraban quietas. En un momento u otro saltaría al cuello de Rachel. Finalmente la castaña logró encontrar un motivo por el cual Quinn podría haberse puesto así, aunque dudaba de ese pensamiento, ya que sabía que había pasado bastante tiempo de eso y pensó que la rubia de ojos verdes lo habría olvidado, pero decidió soltarlo por si las moscas.

-¿Es por lo que pasó hace dos años? ¿Por lo de Beth?

- ¡Anda! Si aún lo recuerdas, creía que como tú ya tenías a Finn y toda tu vida era un cuento de hadas según tú ya se te habría olvidado – ironizó a la misma vez que se ponía de pie, poniendo a ambas nerviosa por lo que podría hacer.

- Quinn tranquilízate – trató de decir Brittany agarrando el brazo de la rubia intentando que esta se tranquilizara y volviera a sentarse, pero la mirada que obtuvo como respuesta provocó el miedo en esta.

- ¿En serio me estás diciendo que todo esto es por lo que paso hace dos años? ¿Qué quieres que te diga? Sí, lo siento, y lo siento mucho, porque por esa actuación tan idiota por mi parte perdí de alguna manera a mi mejor amiga. Pero entiende que ya han pasado dos años, ¿Qué más puedo hacer? ¿Cómo lo puedo arreglar? – comentó Rachel.

- Nada, no puedes hacer nada. Ya bastante hiciste y con ese poco que hiciste la cagaste. Solo te pido que te mantengas alejada de mí, no quiero saber nada de ti. Y todo lo que te dije ayer olvídalo. Esa Quinn preocupada por lo que te podía pasar o por lo que podrías estar pasando murió hace tiempo. Murió el mismo día en el que murió esa Rachel Berry que guardaba los secretos – esas fueron las últimas palabras de Quinn antes de entrar dentro de la escuela, ya que la sirena dando el inicio de las clases acababa de sonar.

Rachel se quedó completamente rota, sabía que esa Quinn comprensiva con ella había desaparecido cuando tomó aquella estúpida decisión. Ya no tenía nada que hacer, de alguna manera ya la había perdido, lo único que podía hacer es dejarla ir. Sabía de algún modo que posiblemente con el tiempo podría volver a entrar en el corazón de Quinn, aunque fuera solo como una amigas más y no como una mejor amiga. Tomó aire y decidió seguir los pasos de la rubia, ambas tenían que tomar las mismas clases esa mañana. Tras esta entrar, Brittany se quedó sola. Miró a su alrededor esperando a que Santana llegara, pero esta no llegaba y ya tenía que entrar, la clase estaba a punto de empezar. Decidió llamarla. Varios tonos de llamadas después y ninguna respuesta al otro lado del teléfono le bastaron para saber que esa mañana Santana no entraría a primera hora.

-¿Que estarás haciendo San? Jo, las clases contigo son más entretenidas – se dijo a sí misma mirando el móvil que aún tenía en la mano y tras esto entró con resignación a dar esa clase sin su compañera.

*En otro punto de la ciudad*

La vibración de un móvil en silencio, en lo alto de una mesita de noche, es lo único que se puede percibir en aquel departamento. La luz de la pantalla se enciende y se apaga, pero nadie lo coge. Santana aún permanece dormida, el despertador no le ha sonado y no se ha percatado de que acaba de perder la primera clase y si no se despierta pronto perderá las demás. La luz del móvil acaba apagándose, a la misma vez que la vibración de este desaparece. Pero aun así la morena no se entera de nada. El silencio vuelve a apoderarse de aquel departamento, pero poco tiempo dura ese silencio, ya que el timbre suena, acompañado de varios golpes en la puerta. Esto al fin hace despertar a Santana.

-¿Quién es? ¿Quién me ha jodido el sueño? – grita mosqueada, aún tumbada en la cama.

Odia que la despierten cuando está en el mejor momento del sueño. Se levanta como puede, a la misma vez que maldice a la persona que está al otro lado de la puerta. Se coloca sus zapatillas de andar por casa y camina hasta la puerta, pero como siempre, antes de llegar se tropieza con una de las sillas que rodean a la mesa del salón, haciendo que esta maldijera en una lengua inexistente. Sí, se puede decir que Santana López tiene un gran genio, pero sobre todo, lo que le caracteriza es que es la persona más patosa del mundo. Al fin, tras ese tropiezo, logró llegar a la puerta, la cual seguía siendo golpeada. Daba la sensación de que la persona que estaba detrás de ella tenía la intención de derribarla a golpes.

- Va, va. Un momento – dijo gritando a la vez que quitaba el candado y abría finalmente la puerta.

- ¡Hola extranjera! – dijeron dos chicos a la vez, uno era castaño, de ojos azul verdoso y otro de pelo negro y engominado, de grandes ojos almendrados.

- ¡¿Qué hacéis aquí?! – exclamó sin poder cerrar la boca, sus mejores amigos le acababan de dar una enorme sorpresa – ¿Kurt no me digas has logrado convencer a Blaine de que te compre un loft cerca de los grandes almacenes de Vogue? – comentó irónica.

- Muy graciosa Santana, pero no, no estamos aquí para que Blaine me compre un loft cerca de Vogue. Estamos aquí para visitar a nuestra mejor amiga, y si esta nos lo permite nos gustaría pasar a ver su casa. El pasillo del edificio ya lo tenemos muy visto, ya que has tardado lo tuyo en abrir ¡eh! – dijo entre risas.

- El señorito hoy está quejoso, yo no sé cómo lo soportas día tras día – comentó entre risas dirigiéndose a Blaine – Pasad.

Esta dejó paso a sus dos amigos, haciendo que estos al fin entraran en aquel piso. Observaron con detalle cada recoveco de la casa de Santana, como si esta estuviera participando en un programa en el que buscaban la casa mejor ordenada y mejor decorada. Por supuesto que ella no entraba en ese perfil, ya que ordenada como se dice ordenada, no lo es. Aunque eso sí, su casa sí que estaba bien decorada, para eso tenía a sus amigos el mismo día que la compró, de alguna manera les debe a sus amigos el buen gusto decorativo de su casa.

-Te hemos despertado ¿verdad? – preguntó Blaine al ver la cara de dormida que San aún portaba, a la vez que se sentaba en uno de los sofás.

- Sí, lo habéis hecho – contestó frotándose un poco los ojos – Esperad, ¿Qué hora es? – preguntó de manera exagerada.

- Las ocho y media ¿por? – respondió Kurt mirando en su fabuloso reloj blanco que su novio Blaine le regaló hacía apenas un par de semanas para su aniversario.

- Es broma ¡¿verdad?! – se llevó las manos a la cabeza.

- No, no es broma – dijo el castaño.

- ¡Mierda! Me he quedado dormida y ya las horas que son no me da tiempo de entrar a primera hora – comentó sentándose en el sofá junto al moreno, ya había perdido la primera clase.

- Tranquila, vístete, seguro que llegas a la segunda a tiempo – comentó este acariciándole el brazo.

- Menos mal que es con la profesora de interpretación, que si llega a ser con la profesora de canto ahí ya la habría cagado.

- Ves como no es para tanto – dijo Kurt sentándose al lado de Santana, en el brazo del sofá.

- Bueno, como tenemos un ratito para charlar antes de que te vayas ¿qué tal las cosas con David? Aún sigues con él o al fin le has dejado claro que ya nada de nada – comentó Blaine muy interesado en el tema.

-Eso, eso, cuéntanos – agregó su novio.

- Finalmente tuve el valor suficiente para decirle que ya no quería seguir con él, que era inútil estar con él cuando ya no sentía nada – se sinceró.

- Me alegro, al fin puedes estar con quien quieras o con quien te haga sentir ese hormigueo en el estómago – comentó Blaine mirando de reojo a Kurt.

- Sí – dijo Santana mirando al horizonte.

De alguna manera sabía del sentimiento del que hablaba Blaine, aunque el suyo era a su parecer multiplicado por diez. Con solo pronunciar el nombre de ella su cuerpo temblaba, temblaba de una manera poco común. Era solo imaginar tenerla cerca y un escalofrío le recorría todo el cuerpo. Pensar que tenía sus ojos, esos ojos azul cielo, enfrente de los suyos le ponía nerviosa. Brittany hacía que un mar de sentimientos inundara el corazón de Santana, pero aún incluso cuando esta ya sabía lo que sentía, que aquellos sentimientos eran reales, más se negaba sentir por ella. No podía, simplemente no podía sentir por alguien que nunca podrá tener. Sí, le dolía, pero era una verdad demasiado cierta. Tendría que callar esos sentimientos para siempre, sabía que si le decía algo a Brittany podría llegar incluso a perderla como amiga y eso era lo último que quería Santana. Simplemente se conformaba con ser esa amiga enamorada, que solo tiene privilegios de amiga, nada más, aunque por dentro se moría por ser algo más. Se tendría que conformar con verla en brazos de otro, besando a otro y estando enamorada de otro, por muy doloroso que sea. Esa era su realidad más dolorosa.

Este silencio de Santana hizo a Kurt pensar, sin duda, cuando la morena se callaba era porque escondía algo. La mayoría de las veces eran cosas importantes, y claro está, nada se escapaba de las redes de Kurt y sus intuiciones. Pero sobre todo, lo que más delataba a la morena eran sus ojos. Estos estaban llenos de luz, como cuando uno está enamorado y sus ojos reflejan todo lo que siente por dentro. Este fue el motivo detonante para que finalmente Kurt preguntara a Santana aquella pregunta que rondaba por su cabeza hacia ya unos minutos. Sabía que para preguntarle a Santana sobre temas amorosos debía de ser muy cauteloso, puesto que esta pocas veces se habría y contaba todo lo que su corazón callaba.

- Santana – la llamó tocándole el brazo, llamando así su atención, haciendo que esta le mirase a los ojos - ¿Qué es lo que esconden tus ojos? ¿por qué tienen ese brillo? Me refiero a que tus ojos nunca han tenido ese brillo, y sin duda sé que ese brillo viene de aquí – dijo señalando con su dedo índice el corazón de esta.

- Espera Kurt, ¿quieres decir que ella…? – preguntó Blaine señalando a Santana a la vez que miraba como el castaño asentía con la cabeza.

- ¿De qué estáis hablando? ¿Qué brillo ni que brillo? A ver, soltarlo ya – comentó Santana sin entender nada mirando a ambos.

- Santana ¿estás enamorada? – preguntó Kurt, haciendo que a esta se le cambiara la cara por completo.

- ¿E-enamorada? No – intentaba disimular.

- Santana no nos engañes, sabemos perfectamente cuando mientes y cuando no. Siempre te pones nerviosa – comentaba Blaine.

- Vamos, dínoslo, no juzgaremos su guapura ni nada – dijo Kurt a la vez que juntaba las manos a modo de súplica.

- Es difícil de decirlo – confesó Santana a la vez que se levantaba y se llevaba una de las manos a la boca, señalando su nerviosismo.

- Tan difícil de decir no puede ser – dijo Blaine.

Era demasiado difícil para Santana decirles a sus mejores amigos que de quien estaba enamorada era de una chica, ya que ni siquiera ella se lo llegaba a creer. Además, ella era de los más callada cuando se trataba de temas amorosos, no le gustaba hablar de sus sentimientos y mucho menos de los que son tan fuertes. No, no lo podía decir, le era imposible. ¿Pero se lo callaría para siempre? ¿Sería capaz de guardarlo y no tener a nadie con quien desahogarse? Estas preguntas rondaban la cabeza de Santana. Sin duda este secreto sería difícil de soltarlo.

-Al menos dinos como es, quiero decir de personalidad – intentaba averiguar Kurt.

- Es… - Santana cogió fuerzas y se atrevió a soltar detalles de Brittany, sabía que de un modo u otro sus dos mejores amigos acabarían enterándose – es las persona más dulce que existe en este mundo, sabe escuchar, es atenta, sensible…

- ¿Atenta? – preguntaba Kurt.

Aquella palabra se clavó en su cabeza en cuanto la escuchó. Esto hizo que Santana se pusiera nerviosa. Su mente no estaba en ese momento pendiente de cada palabra, simplemente pensaba en ella. Cosa que la perjudicó, ya que acabó pronunciando esa palabra.

- Qui-quise decir atento – intentaba arreglarlo.

- ¿Segura? – preguntó Blaine.

Santana no sabía que decir, si decía que sí nunca sería capaz de contar la verdad, pero si decía que no, se estaba arriesgando a que supieran la verdad. Cosa que aún no estaba preparada, o por lo menos eso era lo que ella pensaba. Mientras ella pensaba en lo que decir, Kurt se dio cuenta de que encima de la mesa de centro que se encontraba a un par de centímetros de ellos había unas fotos echas dentro de una cabina de un fotomatón, al lado de ellas había una nota que no pudo llegar a apreciar con claridad lo que ponía en ella, ya que estaba doblada. Pero sin que la morena se diera cuenta, cogió aquellas fotos y las observó con detenimiento, ya que esta estaba de espaldas a ellos. En ellas aparecía Santana junto a una chica, y por lo que pudo apreciar, ambas aparecían muy sonrientes. Salvo en una, en esa ambas salían mirándose mutuamente, con una leve sonrisa, cosa que llamó la atención de Kurt. Sin duda aquella foto las delataba, ella no podría saberlo, pero en esa foto su mirada la delataba. En ese momento una pregunta le vino a la mente.

-Bueno, sé que no nos quieres decir como es físicamente, pero al menos dinos de qué color son sus ojos – preguntó intentando que su amiga callera en la trampa y pronunciara la palabra "azules"

Santana se quedó pensativa unos segundos, aún de espaladas a sus amigos. Si le decía el color de los ojos no sería nada malo, de todas formas en Nueva York había muchas personas con los ojos claros.

-A-azules – dijo finalmente, dándose la vuelta al fin.

- Lo sabía – gritó este, asustando a su novio, ya que no se esperaba que Kurt se levantara de un salto.

- ¿Qué sabías? – preguntó sin entender nada.

- Esto, esto es lo que sabía – dijo enseñándole las fotos.

- ¿De-de donde has sacado eso? – no sabía que decir, Kurt la acababa de pillar.

- ¿Es ella?

- ¿Cómo que ella? ¿Ahora resulta que tú también eres de nuestro bando? Bueno, de nuestro bando bando, no, pero tú ya me entiendes, ¿lo eres? – preguntó Blaine, quien era el único que aún no sabía nada de las fotos.

Santana no pronunciaba ni una palabra, sin duda su amigo era demasiado listo para ella. ¿Cómo era posible que la hubiera pillado sin ella decirle nada? ¿Tanto se le notaba?

-No, no es – trató de nuevo de mentir, pero su amigo ya no la creía tanto.

- ¿Segura? – preguntó Kurt sin creerla nada.

- Sí – de nuevo mentía.

- Bueno, si no es al menos dinos su nombre o quien es – comentó Blaine.

- Ella es una amiga, la- la conocí este año. Está en mi misma clase – aclaraba Santana a la vez que intentaba aparentar tranquila.

- ¿Y su nombre? – preguntó el moreno.

- Se- se llama Brittany – respondió mirando a aquellas fotos, sin duda sus ojos lo decían todo.

- Sin duda es ella la que ocupa en este momento tu corazón ¿verdad? Y no me digas que no, tus ojos te delatan demasiado. Además, te pones muy nerviosa cuando hablas de ella – comentó Kurt mirándola fijamente.

La acababan de pillar. Sí, Kurt era más listo de lo que se pensaba. Ahora no tenía escapatoria, ya todo se había descubierto. ¿Pero qué hacía ahora?

-Cuéntanos, sabes que puedes confiar en nosotros – dijo Kurt acariciando el brazo de Santana.

-No tengas miedo, sabemos lo difícil que es admitirlo. Pero cuando lo admitas verás el peso que desaparecerá – comentó Blaine.

Santana tomó aire, se lo pensó un par de veces. Pero sabía, como ellos mismos le habían dicho, que podía confiar en ellos. Siempre lo había hecho ¿porque esta vez no? Tras darle varias vueltas a la cabeza al fin les contó todo lo que le había pasado y como había acabado enamorándose de Brittany.

-Ves, te dije que al final un día de estos Santana se acabaría enamorando – comentó Blaine.

- Osea, ¿qué dudabais de que me enamoraría? – preguntó Santana entre risas.

- Yo no, Kurt – se excusaba Blaine a la vez que le señalaba.

- Bueno, dejemos de hablar de eso. Ahora lo que importa es ¿Cuándo se lo vas a decir? – preguntó Kurt.

- No, imposible. Ya te lo he dicho, ella tiene novio y tampoco quiero destruir la amistad que tenemos – dijo Santana moviendo las manos.

- Vale - asintió resignado.

- Chicos, ya es muy tarde, tengo que ir a prepararme. Además, tengo que buscar aún una canción para la clase de canto y aún no se cual – comentó Santana mirando el reloj.

- ¿Y porque no buscas una canción que exprese tus sentimientos hacia Brittany sin necesidad de que ella lo sepa? – propuso Kurt.

- No sé yo, tampoco estoy tan preparada como para expresar mis sentimientos.

- Nadie sabrá que son tus sentimientos – comentó Blaine apoyando la idea de Kurt.

- Pero la cosa es… ¿qué canción? – preguntó esta aún sin estar muy segura de la idea.

- Piensa, seguro que habrá alguna – dijo Kurt mirando a la morena.

Santana se quedó pensativa, "alguna canción que exprese mis sentimientos" se repetía una y otra vez. Finalmente encontró la adecuada, pero no podía cantarla ella sola, necesitaba ayuda.

-Sé cuál, pero creo que necesitaré ayuda – dijo Santana mirando a sus amigos, haciendo que estos captaran la indirecta.

- ¿Y cuál de nuestras increíbles voces necesitas? – comentó Kurt.

- Lo siento Kurt, pero necesito la voz de Blaine. Sabes que nuestras voces compactan mejor – dijo entre risas.

- ¿Y cuál es la canción elegida? – preguntó Blaine.

- Everything has Changed de Taylor Swift y Ed Sheeran.

- ¡Hecho!

Continuará…

Espero que no me regañéis mucho por mi tardanza, pero como recompensa esta capítulo es el más largo de todos los que he escrito. Ya tengo ganas de escribir los dos capítulos siguientes, ya que pasarán cosas muy importantes. Sinceramente espero que disfrutéis de este capítulo y si necesitáis saber más o preguntar algo, seguidme en twitter SandraG_Oficial , cualquier duda o cosa os la responderé.