Un nuevo día comenzaba en la ciudad de Nueva York, una de las primeras en despertar. Sin duda en cuanto la ciudad despertaba el ruido se hacía cada vez más fuerte, ahogando el silencio con el sonido del tráfico, las sirenas y las alarmas de los distintos coches.
Hoy era un nuevo día, comenzaba la semana y con ella la continuación de las clases. Santana ya estaba casi lista, hacia algo más de media hora que se había despertado, pues el sueño no le atrapó lo suficiente como para dormir más y esto hizo que se despertara mucho antes que el despertador. La mañana comenzaba tranquila, aunque tal y como era la vida de la morena poco iba a durar esa tranquilidad. Esta se encontraba en la cocina preparando algo de café, intentando darle algo de energía a su cuerpo, ya que desde que la rubia se fue toda su energía se fue con ella. Tras terminar de hacer el café y de llenarse una taza se fue al salón, pues no tenía ni tan siquiera fuerzas para mantenerse en pie. Llevaba muchos días sin apenas dormir nada y aquello ya le estaba comenzando a afectar a sus fuerzas. Tomó asiento a la vez que le daba un sorbo a la taza, para luego dejarla encima de la mesita de centro. Al hacerlo su mano tropezó con algo, miró para ver lo que era y finalmente se encontró con el objeto con el cual chocó. Se trataba del móvil de Brittany, al parecer el otro día al tener que irse tan pronto se olvidó por completo de él. Se lo quedó mirando, pues incluso el solo verlo le recordaba a ella, era como si hubiera recibido un hechizo de la rubia y no existiera cura. No se atrevía ni si quiera a tocarlo, pues pensaba que se podría desvanecer hasta la propia esencia de Brittany en él. La forma en que la morena miraba aquel objeto era comparable a la mirada con la que un amante de los cuadros mira cada obra de arte.
-¿Estás bien? – preguntó Blaine quien acababa de aparecer en el salón y al ver la expresión de la cara de la morena estaba algo preocupado.
-¿Eh? – Santana no se esperaba que Blaine apareciera de la nada.
- Que si estás bien – volvió a decir a la vez que se acercaba a Santana.
- S-sí, estoy bien ¿por qué lo preguntas? – dijo ésta mirándolo.
- Por tu cara.
- No, no me pasa nada, simplemente que no he podido dormir lo suficiente – mintió.
- ¿Otra vez? Ya llevas muchos días sin apenas dormir – comentó.
- Sí, otra vez y como siga así voy a parecerme a un zombie – dijo ésta dando otro sorbo al café.
- Seguro que pronto recuperas el sueño – trató de animarla, pero ésta estaba aún ensimismada viendo el móvil de Brittany.
Blaine se percató de lo que estaba mirando Santana.
-¿Es de Brittany? – preguntó éste señalando con el dedo el teléfono, haciendo que ésta lo mirase.
- S-sí, seguramente que con las prisas se le olvidó cogerlo – respondió.
- Pues asegúrate de cogerlo y dárselo, así tienes excusa para hablar con ella – comentó Blaine regalándole una sonrisa.
- Tranquilo, no lo olvidaré – dijo ésta dando un gran buche al café para acabárselo – y además, soy su amiga, no necesito un objeto para sacarle conversación – añadió, pues le había molestado lo que el moreno le acababa de decir.
- No lo digo por eso, sino que así te ahorras el pensar que decirle – concretó sonriendo.
-… - ésta no dijo nada, pues sabía que algo de razón tenía el moreno.
Santana se levantó para dejar el vaso en la cocina, en cuanto terminó volvió al salón para recoger un par de cosas más y poner rumbo a la escuela, mientras que Blaine se dedicaba a mirarla. La morena estaba a punto de salir por la puerta cuando la voz de Blaine la detuvo.
-¿No se te olvida algo? – comentó el moreno con el móvil de Brittany en sus manos, insinuándole que eso era lo que le faltaba.
- Eh… sí – dijo ésta rascándose la cabeza y mostrando una sonrisa a modo de disculpa.
Santana volvió de nuevo al salón, cogió el móvil, se despidió de Blaine y salió rápidamente por la puerta de camino a NYADA.
*En la escuela de NYADA…*
Rachel estaba esperando afuera, en las escaleras de la escuela, a que el timbre de inicio de las clases sonara. Estaba revisando alguna que otra partitura de la clase de canto, cuando vio a Quinn caminando lentamente hacia las escaleras. Sabía, por la expresión que la rubia tenía en su cara, que estaba enfadada y algo le decía que podría ser su culpa. Rachel se la quedó mirando por un largo rato, haciendo que Quinn se diera cuenta al pasar por su lado.
-¿Qué miras? – preguntó la rubia molesta.
-¿No puedo mirarte? – preguntó Rachel agarrando fuertemente sus partituras y apretándolas contra su pecho.
- No, no puedes – respondió dándole una mirada de arriba abajo.
- ¿Por qué estás así conmigo? – se atrevió a preguntar relajando la mirada.
- ¿Encima te atreves a preguntar? – dijo Quinn cabreada - parece que no tenías bastante con quitarme a Finn sino que ahora también me quieres quitar a Sam – añadió volviéndola a mirar de arriba abajo con cara de desprecio.
- ¿Qué? – preguntó Rachel bastante asombrada por la acusación de la rubia.
- Vamos, no te hagas la víctima y la "yo no sé nada" porque no me vas a convencer.
- Yo no quiero quitarte a Sam, además ¿de dónde sacas eso? – preguntó mirándola fijamente.
- Os vi el otro día muy juntitos, y no me digas que no, porque mis ojos no mienten, no como otras – comentó dando a entender que la mentirosa era Rachel.
- Sí, estábamos juntos, pero no es lo que tú te piensas – agregó Rachel.
- ¿Ah no? ¿Entonces que fue? – Quinn la miró fijamente esperando una respuesta de la castaña.
*Unos días atrás…*
Sam había arrastrado a Rachel hasta una cafetería de los alrededores, pues tenía miedo de que Quinn no se creyera el cuento de que tenía que ir a la casa a por unos papeles del trabajo. Al entrar en aquel establecimiento, rápidamente condujo a la castaña hasta una de las mesas más alejada de las ventanas.
-Siéntate – dijo señalando una de las sillas que rodeaba a la pequeña mesa.
- V-vale – respondió ésta sin entender nada.
- Te gusta el café con leche ¿no? – preguntó Sam mirando a Rachel, haciendo que esta afirmara, aún sin entender nada – bien, quédate aquí, en seguida vuelvo.
Sam se dirigió hacia el mostrador de la tienda y pidió dos cafés con leche, mientras que Rachel aún se preguntaba el motivo por el cual el rubio la había arrastrado hasta esa cafetería. Minutos más tarde Sam había vuelto junto con los dos cafés en ambas manos. Se sentó y tras hacerlo comenzó a hablar.
-Te preguntarás el por qué te he arrastrado hasta aquí ¿no? – preguntó Sam, obteniendo como respuesta de la castaña un leve movimiento de cabeza de afirmación – es sobre nuestro secreto, sobre Quinn – dijo este haciendo que Rachel lo mirase fijamente.
- Ya te dije que no te preocupases, que tu secreto estaba a salvo – comentó la castaña dándole un sorbo a su café.
- Sí, lo sé, pero sé que quieres recuperar la amistad de Quinn y de seguro que harás lo que sea para recuperarla – dijo Sam a la vez miraba a Rachel.
- Pero que yo trate de recuperar su amistad no significa que vaya a contar tu secreto, además, deberías de estar agradecido conmigo, yo fui quien cargó con tu culpa o acaso no lo recuerdas – comentó Rachel.
- Sí, sí que lo recuerdo – apartó la mirada de los ojos de Rachel para dirigirlos a la mesa, pues en ese momento su cabeza estaba llena de viejos recuerdos.
*Dos años atrás…*
Sam recorría los pasillos de la escuela secundaria de Nueva York, buscando al profesor Will Schuester, ya que según él sus calificaciones eran muy bajas y él se había esforzado mucho en todo ese año. Los pasillos estaban vacíos, pues la mayoría estaba aún en clases, pero sin embargo, el sonido de alguien hablando le atrajo hasta la puerta del baño de chicas. No sabía el por qué pero aquellas voces le eran muy familiar. De repente escuchó la palabra "embarazada" y le hizo tener más curiosidad aún por saber quiénes eran aquellas chicas. Por suerte, los baños tenían puertas a las que solo había que empujar para poder entrar, por lo que empujó levemente la puerta, abriéndola solo unos centímetros, pues no quería que lo descubriesen. Pudo lograr ver de quienes se trataban, eran Quinn y Rachel, ambas hablando una enfrente de la otra. Al comprobar de quienes se trataban, su interés en aquella conversación aumentó.
-¿Que estás embarazada? – elevó Rachel la voz, a la vez que abría ampliamente los ojos al escuchar aquellas palabras.
- Sí, pero no grites, no quiero que nos escuchen – dijo Quinn mirando hacia la puerta, haciendo que Sam se asustase más después de haber oído aquello, pues él estaba enamorado de Quinn y escuchar que ella estaba embarazada y de otro no le gustaba para nada.
- ¿Finn lo sabe? – preguntó Rachel algo triste, pues ella estaba enamorada de él.
- Esa es la cosa, Finn no se puede enterar – respondió Quinn bajando la voz.
- ¿Por qué? Si él es el padre – preguntó Rachel sin entender nada.
- No… él no es el padre – dijo Quinn apenada, ya que le dolía engañarle a Finn.
- ¿Cómo que él no es el padre? – Rachel estaba cada vez más sorprendida, pero no solo ella, Sam también.
- Es… - Quinn tomó aire – por favor no se lo digas a nadie y mucho menos a Finn – comentó Quinn antes de pronunciar el nombre del padre.
- Tranquila no le diré a nadie, sabes que soy una tumba.
- El padre es Puck – dijo finalmente, haciendo que Rachel se asombrara a la vez que Sam.
El rubio en cuanto escuchó aquello retrocedió, pues no se esperaba aquello de Quinn. De repente sus ganas por saber más desaparecieron, haciendo que éste cerrara lentamente la puerta y se marchara. Recorrió de nuevo los pasillos de aquella escuela, pero esta vez teniendo en mente lo que acababa de escuchar. Sin duda, aquello podría servirle para hacer que Quinn y Finn rompiesen y él tuviera el camino libre para estar con ella, pero la cosa era buscar la manera de hacerlo. De inmediato algo le vino a la mente, entregarle a Finn una carta anónima que contara el secreto de Quinn, pero pensó que posiblemente el moreno no lo creería, por lo que se le ocurrió hacer una carta que tuviera una letra muy parecida a la de Rachel, así no sospecharían de él y solo culparían a Rachel. De inmediato se puso a ello.
Al día siguiente Finn ya tenía la carta dentro de su taquilla, esperando a ser leída, mientras que Sam estaba a la espera de que éste la leyera. De pronto le entró remordimiento de conciencia, pues sin tener motivos estaba de alguna manera involucrando a Rachel en ello. Rápidamente recorrió los pasillos buscando a la castaña, en cuanto la encontró trató de contarle de alguna manera su plan, sin contarle que hizo una letra muy parecida a la suya.
-¿¡Tú estás loco!? ¿de dónde has escuchado eso? – gritó Rachel al enterarse del plan del rubio.
- Os escuché ayer en el baño. Vamos, tienes que ayudarme – dijo este juntando las manos en forma de súplica – así yo consigo a Quinn y tú a Finn – añadió.
- ¿Quién te ha dicho a ti que yo esté interesada en Finn? – preguntó Rachel.
- Se te ve a leguas, sobre todo por las miraditas que le echas.
- Lo que yo sienta o deje de sentir no tiene nada que ver en esto ¿por qué he de dejarte hacer eso? – preguntó Rachel algo mosqueada.
- Porque como ambos sabemos, el futuro de Quinn puede verse truncado si decide quedarse a ese niño y además, no durará mucho tiempo con Finn, pues él está interesado en ti. ¿Qué prefieres, dejar que Quinn arruine su futuro o hacer que se dé cuenta y recapacite? – comentó Sam tratando de convencer a Rachel.
- ¿Pero a cambio de qué, a que Finn la deje, Puck no quiera saber nada de ella y encima tenga que dar a su hija en adopción? – preguntó Rachel aún sin saber muy bien qué hacer.
- Pero será mejor hacer eso que provocar que su vida cambie por completo, que se convierta en madre y tener un "marido" que no la quiera.
- ¿Y yo qué papel juego en esto? Además si acepto tu propuesta seguramente ella me culpe por haberle contado su secreto a Finn, ya que yo soy la única que lo sabe, bueno, lo era – comentó Rachel.
- Tranquila, si se enfada contigo yo haré todo lo posible para que Quinn te perdone, eres su mejor amiga, seguro que te perdonará – dijo tratando de convencerla.
- No me gusta del todo tu oferta – comentó aún sin saber qué hacer.
- La tienes que aceptar ya, la carta ya está dentro de la taquilla de Finn, no se puede recuperar – añadió.
- ¡¿Qué?! – dijo Rachel abriendo los ojos por completo – ¿por qué no me lo dijiste antes de echarla?
- Porque sabía que si te lo decía antes de echarla te echarías para atrás – añadió Sam.
Rachel no tuvo otra opción más que aceptar aquella oferta, ya que si trataba de negarlo Quinn no iba a dudar en culparla, ya que ella era la única a la que le había contado su secreto, sin contar a Sam. Finn finalmente encontró la nota, y en cuanto la leyó entró en rabia. Quinn al poco rato también supo de aquella carta y rápidamente sus acusaciones ya tenían dueño, Rachel. El castaño puso punto y final a su relación con la rubia, haciendo que la rabia de ésta hacia Rachel aumentara. Quinn le negó la palabra a la castaña y puso de patitas a la calle a ésta. Rachel estaba molesta con Sam, pues él había provocado todo esto y cualquier intento de ésta por sacar a la luz la verdad le era imposible. Finalmente Quinn dio a luz a una niña, a la cual dio en adopción; al poco tiempo comenzó una relación con Sam, ya que este había estado todo ese tiempo detrás de ella y siendo su hombro en el cual apoyarse. Lo único bueno que Rachel pudo conseguir en todo ese tiempo fue su relación con Finn, aunque a la vez se sentía culpable por estar con él. Trató de acercarse a Quinn, pero cualquier intento le era en vano, ya que la rubia siempre la evitaba y trataba de no coincidir con ella, hasta que finalmente llegaron a NYADA, donde ambas entraron.
*De vuelta en la cafetería…*
- Sí que me acuerdo y lo siento mucho por causarte tanto dolor. Te dije que iba a tratar de arreglar tu relación que Quinn y estoy en ello. Sin duda te agradezco el no contarle nada de esto a Quinn – se sinceró Sam.
- Sabes que lo único que he querido en todo este tiempo ha sido recuperar su amistad y en ello estoy, pero ella se niega a concederme esa oportunidad – comentó Rachel apenada.
- Lo sé, pero si te sirve de algo, su rencor hacia ti no es el mismo que hace unos años – dijo Sam tratando de hacer que esta se sintiera mejor.
- Ya, pero eso no quita que aún siga molesta – Rachel no podía apartar su mirada de aquel vaso lleno de café.
Al mismo tiempo, mientras que ellos conversaban dentro de aquella cafetería, Quinn estaba caminando de regreso a casa, pues Sam se había marchado y ella no encontraba motivo para seguir dando vueltas. En el trayecto, decidió parar en alguna cafetería, pues su cuerpo le pedía algo de cafeína. Atravesó una de las calles más transitadas, hasta llegar a una cafetería. Antes de entrar miró por el cristal para ver si estaba repleto o no el lugar, pero en una de sus miradas encontró algo que no le gustó ver. A lo lejos, en aquel establecimiento, pudo ver a Rachel y a Sam juntos sentados en una mesa. La rabia comenzaba a apoderarse de todo su cuerpo, no solo estaba cabreada con Sam por haberle mentido, sino también con Rachel, pues no solo tuvo bastante con quitarle a un novio, sino que ahora le quería quitar a Sam. Pensó en entrar, pero sabía que podía llegar a montar un buen circo y lo que menos quería era acabar el día en números rojos por la cantidad de dinero que tendría que pagarle al dueño de la cafetería. Contuvo su rabia, los miró una vez más y volvió a caminar rumbo a casa, ya tomaría cartas en el asunto.
*La actualidad*
- Solo estábamos hablando, nada más – Rachel trataba de defenderse.
- Te lo advierto, aléjate de mi novio o sino atenta a las consecuencias – los ojos de Quinn estaban llenos de rabia.
- No me gusta Sam, no tienes de lo que preocuparte – comentó la castaña algo asustada por los ojos de la rubia.
- No mientas – dijo ésta tratando de agarrar la camiseta de la castaña.
En ese momento apareció Santana, quien acababa de llegar y al ver aquella escena decidió intervenir.
-¿Que os pasa? Dejaros de tonterías, esto no es un ring en el que poder pegaros – comentó la morena separando a ambas.
- ¿Que qué me pasa? Pregúntale a ésta – dijo señalando a Rachel – siempre trata de quedarse con lo mío.
La cara de Rachel cambió, pues sabía que eso no era verdad, pero llevarle la contraria a Quinn sería aumentar más su rabia, por lo que decidió quedarse callada y simplemente mirarla.
-Bueno ya, dejaros de peleas, que bastante tengo yo con soportaros – comentó Santana tratando de parecer graciosa y relajar esa tensión que había.
Tanto Quinn como Rachel se miraron al oír eso, pero rápidamente la rubia giró su cabeza, pues no quería ni mirar a la castaña. En ese mismo momento Santana recibió un mensaje de texto. Sacó su móvil del bolsillo y miró de quién se trataba.
"¿Dónde estás? ¿Ya has llegado a NYADA? El otro día perdí mi móvil y he tenido que recurrir al móvil de Artie.
Britt-Britt"
Ese mensaje alegró a Santana, ahora entendía por qué ese número le era desconocido. Rápidamente comenzó a escribir una respuesta para la rubia.
"Si, estoy en las escaleras junto con Rachel y Quinn, y por lo del teléfono no te preocupes, lo tengo yo, te lo dejaste en mi casa el otro día.
San"
Tras enviar aquel mensaje, no pasaron ni treinta segundos y su móvil comenzó a sonar, dando a entender que otro mensaje de Brittany acababa de llegar.
"Menos mal, yo ya le estaba echando la culpa a Lord Tubbington… Ya estoy llegando, no tardaré mucho ^^
Britt-Britt"
Y así fue, a los pocos minutos de que Santana recibiera aquel mensaje, apareció Brittany. Ésta traía una gran sonrisa dibujada en su boca, pues estaba contenta de poder recuperar su móvil, pero también de poder saludar a las demás.
-¡Hola! – saludó nada más llegar.
- Hola – contestaron al unísono las demás, aunque cada una de una diferente manera. Quinn sin muchas ganas de hablar; Rachel simplemente saludó, aunque ese saludo no era del todo alegre; mientras que a Santana su sonrisa, al pronunciar ese "Hola", estaba a punto de sobrepasar su límite de estiramiento.
- Veo que no está el horno para bollos – comentó al ver las caras de Rachel y Quinn.
- No, éstas acaban de pelear – dijo Santana señalándolas con la mirada.
- ¿Otra vez? – preguntó Brittany algo decepcionada con ambas, pues deseaba que aquel enfado de las dos desapareciera.
Quinn estaba a punto de responder pero en ese mismo momento el timbre sonó, dando inicio a las clases, haciendo que todos los alumnos que estaban esperando en las escaleras comenzasen a entrar. Quinn fue la primera en dejar el grupo y en entrar a clases, pues necesitaba alejarse de allí, ya que su rabia aumentaba cada vez que sus ojos se topaban con la castaña. La segunda en irse fue Rachel, pues no veía motivo para seguir allí. Brittany también estaba a punto de irse, pero algo la frenó. Santana de repente agarró suavemente su antebrazo, haciendo que ésta volteara y quedara frente a frente con la morena.
-S-se te olvida algo – comentó Santana algo tímida.
- ¿El qué? – preguntó Brittany sin entender nada, a la vez que miraba a la morena.
- Es-esto – dijo sacando de su bolsillo el móvil que Brittany se dejó en su casa – como te dije antes en el mensaje, te lo dejaste en mi casa – concretó de una manera más relajada.
- ¡Es verdad! – dijo Brittany mirando el teléfono con los ojos muy amplios – menos mal que te tengo a ti – añadió dándole un fuerte abrazo como símbolo de agradecimiento, haciendo que ésta abriera ampliamente los ojos y provocando que el cuerpo de la morena comenzase a temblar.
- ¿D-de nada? – logró decir aún sin dar crédito a ese abrazo. Sin duda la rubia sabía cómo sorprenderla.
A los segundos el abrazo se deshizo, pues ya apenas quedaban alumnos en las escaleras y si no entraban la profesora de interpretación les negaría la entrada a su clase.
-¿Vamos? – preguntó Brittany extendiendo su mano, haciendo que la morena se pusiera aún más nerviosa.
- Eh… s-sí – dijo finalmente a la vez que agarraba la mano de Brittany, provocando que su corazón palpitara más fuerte que de costumbre y que su mano comenzase a sudar.
- ¿Estás bien? – preguntó la rubia al notar como la mano de Santana comenzaba a sudar.
- S-sí – respondió nerviosa – es que t-tengo calor – mintió.
- ¿En pleno otoño? – comentó.
- Sí, es que me he abrigado mucho esta mañana y ahora tengo calor – volvió a mentir.
- Ah vale – dijo con una amplia sonrisa.
Finalmente entraron a la escuela y comenzaron las clases.
Un par de horas después, Santana acababa de salir de la clase de canto. Caminaba por los pasillos de la escuela, rumbo a la clase de relajación, una nueva idea que había propuesto la profesora de actuación para lograr que cada uno se adentrara mejor en el personaje, cosa que a Santana no le gustaba para nada. Mientras caminaba logró oír una música procedente de un de las salas de baile. Le resultaba raro, pues normalmente las salas de baile se abrían después del descanso y también por la tarde, nunca en las primeras horas. Se acercó a la puerta y la abrió lentamente, pues tenía curiosidad por saber de quién se trataba. Al abrirla vio como un enorme pasillo conducía hasta la sala, por lo que tendría que andar más para saber quién era. A medida que caminaba podía oír mejor la música, hasta que finalmente logró averiguar la canción que sonaba, era "Turning tables - Adele" (ver este vídeo para ayudar a la imaginación, So You Think You Can Dance Season 8 "Turning Tables", verlo desde youtube)
Cuando llegó al final del pasillo logró ver de quienes se trataban, eran Mike y Brittany. Santana quería ver que era exactamente lo que estaban haciendo, pero la música paró de repente, haciendo que ésta entrara en nervios, pues no quería que la vieran. Pero por suerte para ella, Mike volvió a apretar el botón de reproducción, dando inicio de nuevo a la música, haciendo que Santana pudiese disfrutar de aquel baile. La música volvió a inundar aquella sala, acompañando a los movimientos de brazos y piernas que ambos hacían estando sentados en unas sillas, pero por mucho que la morena tratara por concentrarse en ambos, sus ojos solo veían a una sola persona, Brittany. Aquellos movimientos suaves pero a la vez fuertes, que hacía la rubia, conquistaban poco a poco los ojos de la morena, quien miraba atentamente al espejo que tenían ambos en frente para poder ver mejor la cara de la bailarina. En ese momento Mike se acercó a Brittany, posicionando el cuerpo de ésta sobre sus hombros y elevándola en el aire. Esto provocó enormes celos en Santana, pues tenía envidia de que incluso Mike pudiera tocar más partes del cuerpo de la rubia que ella misma. Pero ella no podía hacer nada, no podía echárselo en cara, ya que Brittany era solo una amiga, no tenía derecho sobre ella. El baile prosiguió, llegando al momento en el que Brittany se lanzaba en el aire, siendo atrapada a tiempo por Mike. Aquel movimiento sobresaltó el corazón de la morena, pues pensó que la bailarina iba a caer, pero gracias a Mike no sucedió eso. En ese momento ambos quedaron frente a frente, haciendo que el corazón de Santana se encogiera cada vez más al verlos. Después de ese momento, ambos continuaron bailando, dando un giro sobre ellos mismos, pero de nuevo volvieron a juntarse. Cada movimiento que Brittany hacía era memorizado por Santana, pues le impresionaba la forma de bailar que ésta tenía, ya que lo daba todo en cada uno de los movimientos, y además podía ver en la expresión de su cara que el baile era su mayor pasión. Sin duda Brittany amaba el baile, a la vez que la morena amaba verla bailar. La música estaba acabando y con ella el baile.
Tras acabar, Santana volvió en sí, pues había quedado absorta en el baile y no se había dado cuenta de que llegaba tarde a la clase de relajación. Lentamente y con mucho sigilo, salió de aquella sala, pero al hacerlo su cuerpo chocó con alguien, haciendo que ésta callera al suelo.
-Lo siento, no me había fijado que estabas ahí, estaba en mi nube… - trataba de disculparse la chica que acababa de chocar con Santana, pero ésta la detuvo.
- No necesito que me des explicaciones, mira por dónde vas, así no te chocarás con nadie más – comentó la morena algo cabreada.
- Lo-lo siento de verdad, es que soy nueva y estaba siguiendo las instrucciones de éste folleto para llegar a la clase de canto – dijo la chica a la vez que le mostraba el folleto.
Santana en ese momento se fijó en aquella chica, pues quería ver de quien se trataba. Sin duda era la primera vez que la veía. Era alta, de pelo castaño y de enormes ojos azules, aunque se vestía de una manera muy particular a la de Rachel.
-M-me llamo Marley, encantada – dijo a la vez que extendía su mano a modo de saludo.
- ¿Y? – preguntó Santana, pues no tenía muchas ganas de andar perdiendo el tiempo con la nueva.
- ¿No te vas a presentar? – preguntó la castaña asombrada por la actitud de Santana.
Santana resopló, pues no quería perder el tiempo y mucho menos con alguien igualita a Rachel, por lo menos en la forma de vestir, pero si quería acabar con eso tendría que presentarse.
-Me llamo Santana ¿contenta? – comentó sin estrechar la mano – mira, lo siento, pero llego tarde a clases y si yo fuera tú también me iría ya y me dejaría de presentaciones – agregó.
- ¿Por qué dices eso? – preguntó Marley sin entender nada, haciendo que Santana sonriera por aquel comentario.
- Ya lo entenderás cuando llegues a la clase de canto – dijo la morena, pues ésta sabía que Carmen Tibideaux no perdonaba tan fácilmente los retrasos, es más, no te dejaba entrar a clase.
- ¡Oh! Vale.
Santana estaba a punto de irse cuando la castaña la frenó.
-¿Me podrías decir cómo llegar? – preguntó ésta, pues no sabía por dónde ir, ya que la escuela era muy grande.
La morena volvió a resoplar, pero al ver la expresión que tenía la castaña en su cara trató de ayudarla, pues sabía cómo se sentía eso de ser nueva y que nadie te ayudase a encontrar tu clase.
-Sigue recto todo este pasillo y cuando llegues al final giras a la derecha, encontrarás una puerta que pone auditorio, ve allí, ahí es donde damos las clases de canto – dijo señalando con el dedo el pasillo que tenían en frente.
- Muchas gracias, no sé que habría hecho sin ti – comentó Marley regalándole una enorme sonrisa – espero que nos volvamos a ver en otro momento – añadió y tras decir aquellas palabras comenzó a recorrer el camino que le había indicado Santana.
Ésta, sin embargo, no respondió a aquel comentario, solamente se la quedó mirando. Aquella chica le recordaba, según su forma de vestir, a Rachel, pero a la vez tenía esa inocencia que también le recordaba a Brittany. No sabía si se volvería a topar con ella, pero algo le hizo comprender que aquella chica no era común.
Siento mucho haber tardado tanto en subir el capítulo, pues hace como una semana me quedé sin internet y no pude buscar el video que completaba a éste capítulo, además hace unos días mi portatil se estropeó y tuve que llevarlo a un técnico para que me lo reparara, haciendo que perdiera más tiempo para poder subirlo. Pero hoy les traigo al fin el capítulo, espero que me perdonen el retraso, pero parece ser que todas las cosas me vienen de golpe. Prometo no tardar tanto en el siguiente capítulo. Os comunico que vienen cosas interesantes y algunas que estoy terminando de perfilar para ver si entran en la historia o no. Solo os digo que el siguiente capítulo puede que os guste.
