A veces por mucho tiempo y esfuerzo que le dediques a las cosas, algunas no están destinadas para ti y ese esfuerzo se desvanece en pérdidas.
La noche anterior había estado dándole los últimos retoques a su obra, aquella que tantas horas había tomado de su tiempo. Pero ese esfuerzo y dedicación hoy tomaba su fin, pues aquella mañana, una llamada deshizo sus ilusiones y prendieron fuego a sus ideas, volviéndolas en polvo.
No sabía el motivo concreto que provocó que su "obra maestra" no consiguiera el pase para su representación, lo único que obtuvo fue un rotundo "no", ni si quiera una explicación le dieron. En ese momento las ganas de volver a escribir y de dirigir una nueva obra se hicieron cenizas en la mente de Artie. Había pasado noches en vela, se había arrancado un par de mechones de pelo de la frustración que tenía por querer acabar pronto esa obra, y todo para que ahora con una simple llamada pusiera fin a sus ilusiones. Sabía que esto le podría pasar a un director y escritor inexperto, pero no a él, y menos en la etapa final.
Artie se encontraba frente al ordenador, revisando una a una cada hoja de su obra, aquella que rechazaron. Ahora él mismo comenzaba a echarse las culpas, pues había puesto demasiada confianza en esa historia. De repente unos brazos se enlazaron sobre su cuello, atenuando su molestar.
-¿Qué ocurre? – susurró Brittany en el oído de Artie, quien al despertar y no ver a su prometido junto a ella se preocupó.
- Acaban de rechazar mi obra – confesó el castaño posando sus manos sobre los brazos de ésta, aún con la mirada fija en la pantalla del ordenador.
- ¿De verdad? ¿por qué? – Brittany no lo entendía, pues sabía que él le había dedicado mucho tiempo a dicha obra.
- No lo sé, no me han dicho el por qué, será que no les ha gustado del todo.
- Eso es imposible, si era muy buena – la rubia trataba de apaciguar su molestar.
- Pues por lo visto ellos no lo han visto así. Está claro que no sirvo para esto – agregó Artie a la vez que posaba una de sus manos sobre el ratón del ordenador y cerraba de una vez la pestaña en la que se encontraba su obra escrita.
- ¿Y qué piensas hacer ahora? – preguntó Brittany liberando el cuello de Artie a la vez que acercaba una de las sillas que había alrededor de la mesa en la que se encontraban, sentándose en ella.
- Me han comentado que si aún sigo con la idea de representar una obra, que escriba una nueva y que se la presente, pero tal y como han tratado a ésta última no creo que acepte la propuesta. Además me piden que sea para un público adolescente, ya que los jóvenes de ahora solo están interesados en las películas y no en las obras teatrales – dijo éste mirando fijamente a los ojos de su novia.
- ¿Por qué no? Piensa, podrías escribir una mejor y dejarles con la boca abierta – Brittany trató de convencerlo.
- Va a ser imposible, solo tengo un mes como fecha máxima para presentarles una nueva obra – agregó desilusionado.
- Pero eso no es nada para ti, recuerda que la última vez escribiste una de tus mejores obras en solo veinte días, seguro que podrás escribir otra en menos de un mes – ésta le regaló una sonrisa tratando de animarlo.
- Ya, pero aquella vez estaba inspirado, ahora no tengo ni tan siquiera una mínima idea de que escribir – Artie seguía sin inspiración y sin ganas.
- Si quieres yo te puedo ayudar, soy buena cuando se trata de imaginar algo – propuso.
- ¿Y qué es lo que se te ocurre en este momento? – pregunto sin ganas el castaño.
- Pues no sé, déjame pensar – Brittany hizo una mueca con la boca a la vez que recorría con la mirada la habitación.
Mientras que Brittany pensaba en algo con lo cual su novio pudiese escribir, éste la miraba incrédulo, pues pensaba que estaba perdiendo el tiempo. En ese momento los ojos de la bailarina se iluminaron por completo, a la vez que dirigía su mirada hacia el castaño.
-Dices que quieren algo que atraiga a los adolescentes ¿no?
- Eh… sí – afirmó con la cabeza aún sin saber que era aquello en lo que pensaba su novia.
- ¿Y qué mejor obra que una que hable sobre ellos? Piénsalo, normalmente cuando lees un libro y eres adolescente quieres que el o la protagonista sean adolescentes y que le pasen cosas que te podrían pasar a ti – comentó Brittany.
- Si… - Artie trataba de entender lo que su novia estaba diciendo.
- Podrías escribir sobre eso y también podría tratar sobre un… ¡Glee Club! Recuerda las cosas que vivimos con Schuester hace un par de años, seguro que eso te inspira. Y además podrías hacer que algún personaje sea gay, ya sabes que ese tema está ahora muy en boca de todos y muchos adolescentes pasan por problemas por ese motivo – aquella idea de la que hablaba Brittany estaba siendo procesada por la cabeza pensante de Artie, haciendo que no lo viera como una mala idea.
- No… no es mala idea – dijo el castaño a la vez que seguía imaginándose aquello que le decía su novia.
- Piensa en ello y quizás se te ocurra algo más.
- Gracias – agradeció Artie dejándole un suave beso en los labios de ésta.
- De nada – dijo regalándole una sonrisa – me voy a vestir, que mira qué hora es – agregó mirando la hora en la pantalla del ordenador, a la vez que se levantaba de la silla.
- ¿Tan temprano? – preguntó tras dirigir su mirada al reloj.
-Sí, ayer al final quedé con Santana para ayudarla en el baile que tiene que presentarle a la profesora de danza – comentó ésta.
- ¿Es mala con el baile?
- No, no creo que sea mala, sino más bien creo que lo que no tiene es fe en sí misma – dijo a la vez que dirigía la mirada a la nada, mientras Artie la miraba fijamente.
- ¿Sabes? Cada vez que hablas de Santana, la expresión de tu cara cambia por completo – comentó éste sin dejar de mirarla, haciendo que la rubia concentrara sus ojos en él tras escuchar aquello.
- Será… por lo cercanas que nos hemos convertido en tan poco tiempo – dijo tras pensar detenidamente en ello – además, por muy diferentes que somos la una de la otra, ambas nos compenetramos bien y nos entendemos con solo mirarnos a los ojos – una leve sonrisa se le dibujó en sus labios.
- Me alegra que hayas encontrado a una amiga así – comentó Artie cogiendo las manos de ésta.
- Yo también – afirmó con la cabeza, aún con la sonrisa en sus labios, mientras el castaño la arrimaba más hacia él – pero no estoy ahora para mimos Artie, ¡que llego tarde! – terminó diciendo Brittany liberando sus manos y yendo hacia la habitación a cambiarse.
*En ese mismo momento, en otro apartamento no muy lejos de allí…*
Un fuerte sonido acababa de romper el silencio en aquel apartamento, haciendo que Santana se despertara de un bote, pues no se esperaba aquel estruendo. Rápidamente se incorporó y salió de la habitación, esperando que lo que le acababa de despertar no fuera algo de mucha importancia. Al salir vio como Kurt se encontraba frente a ella y debajo de él había un gran charco de café y al lado los trozos que habían quedado supuestamente de una taza.
-Se me ha resbalado ¿te he despertado? – preguntó Kurt aún quieto sin hacer nada y un poco preocupado por haberla despertado.
- Sí, pero no te quedes ahí, rápido, trae una fregona y limpia esto que ya mismo estará entrando por mi cuarto – dijo al ver como el gran charco se movía hacia su puerta.
- Uh… ¡es verdad! – rápidamente se dirigió hacia la cocina y trajo consigo la fregona. Con cuidado limpio el desastre y recogió los pedazos de taza que estaban esparcidos por todo el suelo.
- Con lo bien que estaba yo durmiendo… - comentó Santana en voz baja.
- Bueno, míralo por el lado positivo, así tienes tiempo para arreglarte y desayunar antes de entrar a clases – dijo Kurt muy a su favor.
- ¿Qué hora es? – preguntó ésta al oír aquello, pues sabía que tenía que entrar antes, ya que había quedado con Brittany.
- Las… ocho menos cuarto – contestó el castaño tras mirar en su reloj de muñeca.
- ¡Mierda! – gritó a la vez que se llevaba una mano a la frente.
- ¿Qué pasa? – preguntó algo confuso al ver la reacción de ésta.
- ¡Que me he quedado dormida! Quedé con Brittany sobre las ocho en una de las salas de baile, y solo tengo un cuarto de hora para estar allí – dijo muy acelerada.
- ¿Y qué haces que no te estás vistiendo ya? – preguntó Kurt mirándola de arriba abajo.
- ¡Porque tú me estás entreteniendo! – elevó la voz – Para de hablarme, me voy a vestir – terminó de decir y volvió a entrar a su cuarto para vestirse.
- Pero si yo no… - no le dio tiempo a terminar su frase, pues ésta ya estaba dentro de la habitación – cada día está más loca – se dijo a sí mismo en voz alta, a la vez que negaba con la cabeza y volvía a la cocina a dejar la fregona.
Santana rápidamente entró en su armario, cogió un pantalón elástico ajustable, una camiseta y una sudadera. Comenzó a vestirse lo más rápido posible tras aquella elección. Los pantalones entraron casi a la primera, pero las mangas de la camiseta se le resistían. Finalmente, cogió la sudadera y fue directa al cuarto de baño. Se lavó la cara y se cepilló lo más rápido posible el cabello. Rápidamente salió del baño y fue a la cocina para meterse algo en el estómago, pues no quería que cuando estuviera ensayando con Brittany se desmayara. Allí estaba Kurt, quien la observó entre risas, pues a la morena ya le estaba comenzando a sudar la frente de lo acelerada que estaba. Ésta buscó algo que llevarse a la boca, pero todo lo que veía le quitaba mucho tiempo. Finalmente cogió un plátano que había en la encimera. Comenzó a comérselo mientras se terminaba de poner la sudadera. Ya estaba a punto de salir por la puerta cuando una voz la frenó.
-¿Te vas a la calle sin zapatos? – preguntó Kurt entre risas apoyado en el quicio de la puerta de la cocina.
- ¿Qué? – Santana se extrañó al oír aquello, por lo que miró a Kurt y tras él echó una mirada a sus pies.
- Joder, nada, que hoy no es mi día – se dijo a si misma a la vez que corría hacia su cuarto a por sus zapatillas de deporte.
Tras encontrarlas, comenzó a ponérselas a la vez que caminaba hacia la puerta de la entrada.
-¡En – tra! – dijo a la vez que forzaba su pie, pues la última zapatilla no quería entrar en él.
Mientras ella hacia eso, Kurt volvió a la cocina a arreglar el desastre que había causado la morena al buscar algo para desayunar. Finalmente Santana cogió su mochila y abrió la puerta de la entrada.
-¡Adiós! – gritó y tras esto cerró la puerta.
- Espe- ra – trató de avisar a la morena, pero ésta ya se había ido – te tengo que decir algo – se dijo a sí mismo a la vez que se asomaba por la puerta de la cocina, pero ya era tarde.
Kurt tenía algo que contarle a la morena, pero se acordó tarde, cuando ésta ya se había ido. Rápidamente pensó en llamarla al móvil, pues sabía que ella iba tarde no iba a pararse a escuchar algo cuando tenía bulla. Fue hasta el salón, cogió su teléfono y marcó el número de la morena. El sonido de llamada comenzaba a sonar, pero Santana no contestaba. Algo le hizo despegar el móvil de la oreja, pues estaba escuchando una música muy familiar procedente del cuarto de la morena. Éste, aún sin colgar el teléfono, se acercó lentamente hasta la habitación y al abrir la puerta, se dio cuenta de que Santana se había olvidado el teléfono.
-Primero los zapatos y ahora el teléfono. Santana ¿Dónde demonios tienes la cabeza? – se dijo a si mismo tras colgar finalmente el teléfono, a la vez que se sentaba en la cama de la morena.
Kurt se quedó por un momento mirando su teléfono, pero luego llevó su mirada hasta la mesita de noche de Santana, allí, debajo del pie de la lámpara, encontró algo que le contestó a su pregunta anterior. Eran las fotos que le había regalado Brittany, donde aparecían ambas.
-Vale, ya sé donde la tienes – dijo mostrando una leve sonrisa al coger las fotos - ¿Qué vas a hacer cuando nosotros ya no estemos aquí? ¿quién te va a escuchar y te va a apoyar? – decía en voz alta a la vez que miraba las fotos en las que aparecía ésta – Podemos llamarnos pero no será lo mismo – añadió borrando aquella sonrisa que antes tenía dibujada – tengo que arreglar esto – finalizó soltando las fotos, pues tenía que hablar rápidamente con la morena y contarle lo que pasaba.
Santana finalmente llegó a NYADA con unos cuantos minutos atrasados, pues decidió no ir en coche sino a pie, ya que continuamente en las mañanas, Nueva York es un embotellamiento. Al llegar se encontró con la puerta de la sala abierta, pues seguramente Brittany ya estaría dentro esperándola. Y así fue, al entrar en aquella sala, se encontró con una enorme sonrisa esperando por ella. Al verla, a ésta también se le dibujó en la cara otra enorme sonrisa.
-¡Buenos días! – dijo con entusiasmo Brittany.
- Buenos días – respondió casi de la misma manera al ver aquella reacción de la rubia.
- ¿Estás preparada para la clase de danza? – preguntó yendo rápidamente al lugar en el que se encontraba Santana para quitarle la mochila que ésta aún llevaba colgando sobre uno de sus hombros.
- No sé si lo estoy del todo – contestó mirándola con cara de preocupación, pues lo que peor se le daba era el baile y no quería darle una mala impresión.
- Tranquila, en cuanto ponga la música seguro que te relajas y te dejarás llevar por ella – añadió la bailarina mientras tocaba suavemente la espalda de la morena, provocando en esta que miles de escalofríos recorrieran su cuerpo y comenzase aquel temblor del cual ya comenzaba a acostumbrarse.
- S- sí – respondió Santana aún sin mucha fe en sí misma.
Brittany se acercó al reproductor que estaba cerca del piano que adornaba la habitación, pulsó play y la música comenzó a envolver toda la sala. Sonaba "A thousand years" de Christina Perri (recomiendo escuchar la canción mientras leéis esta escena).
La rubia se acercó a Santana y agarrando con sus manos las de la morena tiró de ella.
-Si te quedas ahí parada no podrás sentir la música, déjate guiar – comento con una sonrisa entre sus labios, dejando a la morena helada.
-¿Va-vamos a bailar una música lenta? – preguntó ésta temiendo el baile que tendría que bailar.
- Claro, es la única manera de sentirla. Las baladas son las que más sentimientos transmiten y las que más ayudan en la danza – respondió aún sin soltar las manos de Santana – Vamos a comenzar con unos pasos sencillos.
Tras decir esto, Brittany le mostró a Santana los pequeños pasos con los cuales comenzarían, quienes fueron difíciles de digerir por ella, ya que requería de ciertos spagats, vueltas sobre uno mismo difíciles de mantener el equilibrio, poses en el suelo y saltos en el aire. La cara de la morena cambió por completo al ver todo aquello, estaba cada vez más enamorada del baile de la rubia, pero a la vez asustada por todo lo que tenía que hacer, pues su baile no era del todo bueno y mucho menos para hacer preciosos movimientos. Brittany se dio cuenta por la cara de Santana de que algo no iba bien.
-¿Demasiado difícil? – preguntó a la vez que paraba la música, aunque se arrepintió luego de haberlo dicho, ya que conociendo a la morena, ésta le diría que no, y así fue – Está bien, comencemos por lo básico.
- ¿Qué es lo básico? – preguntó Santana con ambas manos sobre su nuca.
- Sentir la música, vamos a escucharla primero y luego hablamos de danza – dijo Brittany volviendo de nuevo hacia el reproductor, dando inicio a la música.
Santana simplemente la miraba, aún con sus manos sobre su nuca, sin saber qué hacer. De repente las manos de la rubia se apoyaron sobre las de Santana, deshaciendo la lazada que ésta había hecho con sus dedos. Brittany, que estaba detrás de Santana, bajó los brazos de la morena, a la vez que tocaba sus hombros para que ésta los relajara, pero esa misma acción lo único que provocaba era más tensión sobre los hombros de Santana.
-Escucha la canción – comentó Brittany cerca del oído de la morena, provocando en esta un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.
Brittany al ver que Santana no se relajaba, posó una de sus manos sobre el vientre de ésta y con la otra agarraba una de las manos de la morena. De nuevo una acción inesperada de la bailarina provocó que el cuerpo de Santana no se controlase y se encogiera a la vez que tomaba una gran bocanada de aire por la boca, provocando ruido y haciendo que Brittany se sorprendiera por su reacción.
-¿Pasa algo? – preguntó aún sin soltar a la morena.
- N-nada, es que t-tus manos están frías – mintió.
- Oh! Lo siento – se disculpó a la vez que soltaba a la morena.
- Creo que no voy a ser capaz de bailar – comentó Santana tratando de cambiar de tema y de no pensar en lo que acababa de suceder – no sé seguir el ritmo y mucho menos hacer esos pasos que tú haces.
- No digas eso, puedes seguir el ritmo – afirmó Brittany mirando directamente a los ojos de Santana.
- No, no puedo – volvió a negar la morena.
- Te gusta cantar ¿verdad? – una afirmación de la morena fue lo que le sirvió para seguir – para cantar, aparte de saberte las letras, necesitas saber los tempos y el ritmo de la música para poder crear una buena armonía ¿no? Pues en el baile es igual, para crear figuras necesitas guiarte por el ritmo. De alguna manera el baile y el canto están ligados por algo que ambos necesitan, ritmo, y te aseguro que tú sabes seguirlo – comentó agarrando una de las manos de Santana – no vuelvas a cuestionarte eso y mucho menos a negarlo.
A la morena, aunque había pasado poco tiempo desde su despertar, le estaba siendo difícil el día. No era por motivos del baile, sino por la dulzura que esa mañana Brittany le estaba regalando. Cualquiera se alegraría si pudiese disfrutar de esa dulzura de la persona amada, pero para Santana era una sensación agridulce pues ese momento era increíble para ella, pero sabía que más tarde acabaría por dolerle, pues sabía que para ella era un simple gesto amistoso, pero para la morena algo más y eso le dolía. Este pensamiento hizo que la cara de Santana cambiara por completo, haciendo que Brittany se diera cuenta.
-¿Pasa algo?
- No, nada, ya sabes, el baile… - intentó disimular.
- Si quieres podemos dejar el baile para otro día si ves que no vas a poder hoy, de todas formas aún queda tiempo para cuando tengas que representar el baile – dijo Brittany con una leve sonrisa acompañada de una dulce mirada dirigida hacia Santana.
Éste acto hizo derretir el corazón de la morena por completo.
-Siento haberte hecho levantarte temprano para nada – se sentía apenada por no haber podido seguir los pasos de Brittany y dar por finalizada la clase.
- No pasa nada, además, me gusta levantarme temprano – comentó la rubia.
- Eso suena a mentira, nadie quiere levantarse temprano – dijo Santana con una sonrisa, sabía que su amiga mentía.
- Para una vez que sonaba casi a verdad, haberme seguido el rollo! – comentó entre risas Brittany, haciendo que Santana rompiera a reír.
- Gracias – confesó la morena tras ceder la risa.
- No digas eso, eres mi mejor amiga y eso me hace sentir como si fuera una extraña y como si nunca hiciera cosas buenas por ti – comentó Brittany abrazando suavemente a Santana.
- Pero es la verdad, me siento agradecida por ti y por todo lo que haces por mí, soy yo la que te debe – confesó Santana a la vez que su ya conocido temblor se apoderaba de ella, como de costumbre.
- Bueno, pues si quieres hacer algo por mí, cántame una canción, así compensaras todo lo que he hecho – comentó entre risas deshaciendo el abrazo.
- ¿Aquí? ¿ahora? – la había pillado por sorpresa.
- Si – dijo afirmando con la cabeza.
- ¿A capela? ¿sin música? – Santana sabía que cantaba bien, pero cuando se trataba de cantar en frente de Brittany la cosa se torcía y su miedo por hacerlo mal aparecía.
- Bueno si quieres ahí hay un piano – dijo señalando a éste que estaba cerca del reproductor de música.
- Es que así, sin avisar, sin nada preparado… no sé si podré – Santana buscaba escusas – Está bien – dijo al fin tras ver la cara de cachorrito que Brittany le estaba dando.
Lentamente la morena se sentó en el asiento y posó sus manos sobre las teclas del piano, tomó aire y comenzó a tocar.
*En ese momento en la misma NYADA…*
Kurt hacía unos minutos acababa de llegar a NYADA, buscando a Santana. Se encontraba recorriendo los pasillos de la escuela, pero aún no encontraba el rastro de la morena. De repente vio a lo lejos una gran puerta, encima de ésta había un letrero que ponía "Auditorio".
-¿Puede estar aquí? – se dijo a sí mismo a la vez que se acercaba a la puerta y la abría.
Al abrirla pudo ver una enorme sala llena de asientos y con un gran escenario. De repente escuchó como el piano que adornaba el centro del escenario comenzaba a sonar. No estaba solo. Pensó que sería Santana. Lentamente comenzó a caminar, acercándose poco a poco a éste, pues la silueta de la persona que tocaba le era imposible de reconocer debido al piano.
-Santana ¿eres tú? – pronunció en voz alta a medida que se acercaba, pero nadie contestó, pues seguro que el propio sonido que producía el piano le impedía escucharlo.
-¿Santana? – volvió a preguntar cuando al fin pudo divisar a la silueta de dicha persona, era una chica, pero no llegaba a distinguir bien si era ella o no.
Finalmente, tras varios pasos más, pudo estar cerca de la espalda de la muchacha. Sin pensárselo dos veces, posó su mano derecha en uno de los hombros de la chica, haciendo que esta se sobresaltara y cesara la música. Un grito fue lo que oyó tras esto.
-¿Q-quién eres? ¿qué quieres de mi? – dijo la joven, aún sorprendida, tras volverse y ver a Kurt.
- S-soy Kurt y estoy buscando a Santana – contestó también sorprendido por la reacción de ésta - ¿Quién eres tú?
- Yo soy Marley y no, aquí no hay una tal Santana – dijo más calmada.
- Bueno, gracias de todas formas – comentó Kurt desilusionado.
Éste comenzó a caminar rumbo de nuevo hacia la puerta por donde había entrado, pero una voz lo detuvo, era la misma chica, Marley.
-¿Estás buscando a la misma Santana que conozco? – preguntó la castaña tras pensar detenidamente en aquel nombre.
Aquello hizo que Kurt se diera la vuelta y concentrara su mirada en la joven que aún seguí sentada de espaldas al piano.
-¿Es morena, delgada, de ojos marrones oscuros y rasgos latinos? – preguntó Marley tratando de describir a la Santana que ella conocía, o por lo menos con la que se topó en su primer día de clases.
- Sí y también un poco cortante y malhumorada – dijo Kurt recordando a su amiga – ¡Es esa misma! – dijo con una leve sonrisa en sus labios - ¿La conoces?
- Bueno, eso de conocer… conocer no, pero sí que me la he topado una vez – comentó Marley recordando a Santana.
- ¿Y sabes dónde puede estar? – preguntó ya más tranquilo sabiendo que alguien la conocía.
- Esta mañana la vi entrar en la sala de baile, pero no sé si seguirá allí – contestó la castaña dudosa.
- ¿Podrías llevarme hasta allí? – dijo feliz, pues ya sabía dónde podría estar la morena.
- Sí – contestó la joven afirmando con la cabeza.
Marley sin pensárselo dos veces se levantó del asiento y dirigió sus pasos hasta el chico al que acababa de conocer. Lentamente salieron del auditorio y comenzaron a caminar por los pasillos de la escuela.
-¿Desde cuándo conoces a Santana? – preguntó interesado el castaño.
- Pues… - Marley pensó detenidamente en aquel "encuentro" que tuvieron ambas – la verdad de hace muy poco, más bien la conozco por culpa de un encontronazo, pues fue la primera persona con la que me topé al llegar aquí – comentó.
- O sea, que no sois amigas – dijo Kurt mirando detenidamente a la castaña.
- No, aunque la verdad tengo que admitir que al principio se portó fríamente, pero luego fue muy amable ayudándome a encontrar mi clase – apuntó Marley recordando aquello.
- Santana ¿amable? – Kurt no podía creerse aquella faceta de su amiga, sobre todo con una extraña.
- Sí, la verdad que fue amable, encima por mi culpa de no mirar choqué sin querer con ella y la tiré al suelo, pero no se molestó apenas – la castaña estaba agradecida con la morena.
- Tuviste que haberle caído bien para que te tratara bien – comentó Kurt mirando al frente.
El silencio se hizo dueño ahora de sus bocas, ninguno hablaba, simplemente caminaban en dirección a la sala de baile. De repente Kurt miró de reojo a Marley, pues algo en aquella chica le recordaba a alguien.
-¿Te han dicho que te pareces a una tal Rachel? – preguntó al fin, haciendo que la castaña pensara.
- Precisamente eso es lo mismo que me dijo Santana el mismo día que me tropecé con ella, aunque aún no he tenido la oportunidad de conocerla – respondió llevando su mirada al frente.
De nuevo el silencio brotó, aunque esta vez por poco tiempo, pues tan solo un par de segundos le bastaron para llegar al lugar.
-Aquí es – dijo Marley con una gran sonrisa señalando el letrero en el que ponía "Sala de baile".
-Muchas gracias, no sé lo que habría hecho sin ti – comentó Kurt agradecido que la chica a la vez que le regalaba una sonrisa.
- De nada, espero servirte de ayuda en otra ocasión – dijo la castaña aún con la sonrisa en la boca.
- Eso espero – terminó por decir Kurt también con la sonrisa dibujada.
Ambos se despidieron, Marley volvió sobre sus pisadas rumbo al Auditorio, mientras que Kurt aún se encontraba frente por frente a la sala de baile. Estaba a punto de tocar con sus manos el pomo para abrir la puerta, pero algo le detuvo, alguien estaba cantando acompañado de un piano. Su oído no era del todo malo, y aunque la puerta servía como muro de insonorización, aún podía escuchar aquella canción. Pegó su oreja en ella y pudo descubrir que aquella persona era Santana, pues nadie podría tener ese tono de voz carismático de la morena. Aquella canción que escuchaba era "I can't make you love me" la versión de Adele (Recomiendo escuchar esta parte con la canción de fondo).
*Minutos antes…*
Santana se decidió a tocar aquella canción que tanto expresaba sus sentimientos en esos momentos, aunque también tenía miedo por si tras terminar de cantarla, Brittany le preguntara del porqué de esa canción, pero en ese momento era lo que sus sentimientos pedían, un poco de sinceridad. Sin pensárselo dos veces comenzó a tocar. La música proveniente de aquel piano comenzaba a colarse en los recovecos de aquella sala y conquistar poco a poco los oídos de la rubia, quien se había quedado sin habla tras escuchar los primeros sonidos y las primeras palabras salir de la boca de la morena. Ambas sentían distintos sentimientos recorrer sus cuerpos, Santana sentía miles de mariposas volar dentro de su estómago, quienes a cada palabra que soltaba estaban a punto de salir; mientras que a Brittany de repente un escalofría recorría su cuerpo, pues la voz de Santana la transportaba a otro lugar, le hacía pensar y disfrutar de aquella música acompañada de esa increíble voz que ya se había ganado el corazón de la rubia. Pocas veces lo decía, pero sin la morena, la vida de Brittany habría sido muy aburrida, pues desde que llegó Santana a su vida había ganado muchas cosas, sobre todo su amistad. Aquel cariño que tenía hacia la cantante no podía ni tan siquiera definirlo, era más que un cariño de amistad y del que sientes por una hermana, pero no encontraba aquella palabra para definirlo. En cambio, Santana si tenía el nombre hacía aquello que sentía por la bailarina, amor, algo que comenzaba a sentir por primera vez y de lo que tenía miedo, pues nunca lo había vivido y si en ese momento alguien viniese y le hiciera una encuesta del 1 al 10 de cuan profundo era su amor, éste sobrepasaría aquella puntuación, incluso más del doble.
Los ojos de la morena estaban clavados en las teclas del piano, pues no se atrevía ni tan siquiera mirar a la rubia, quien sí mantenía sus ojos fijos en ella. Aquella sensación de ser observada por Brittany le hacía temblar y provocarle escalofríos. Esos momentos en los que no sabía cómo actuar, le hacían sentirse como una tonta, pues sus sentimientos eran los que guiaban a su cuerpo y apenas podía controlarlo completamente, ahora entendía aquel decir "El amor nos vuelve tontos". Pero estaba claro que por Brittany sería hasta la reina de los tontos con tal de hacerla feliz, no podría nunca verla triste o derramar aunque fuera una sola lágrima.
Por la mente de la bailarina las únicas palabras que rondaban por su cabeza eran "Es increíble" "Que bien canta", "Cualquiera se puede enamorar así de ti". Brittany aún no había comprendido que aquellas palabras que Santana cantaban eran para ella y de alguna manera la morena lo agradecía, pero también le hacían pensar que todo lo que ella le estaba cantando no lo apreciaba la bailarina. Eran muchos los sentimientos que brotaban de a poco en Santana, pero para su descanso, la canción ya tomaba su fin y al fin las últimas notas sonaban en aquel piano, para luego tornar en silencio. Cuando el silencio brotó, rápidamente fue ahogado por un par de manos aplaudiendo todo lo fuerte que sus fuerzas le permitían, Brittany había quedado sin palabras e impresionada. La morena al ver por fin la cara de la bailarina, rápidamente se ruborizó.
-Esa canción es hermosa – comentó Brittany tras finalizar el aplauso.
- B-bueno, es una canción que e-expresa muchos sentimientos, además es muy bonita y e-el ritmo es lento – dijo aún ruborizada y tratando de que las palabras salieran de su boca.
Santana se quedó mirando a Brittany, quien le regaló una enorme sonrisa seguida de un acto inesperado, un abrazo cálido.
-Eres increíble – susurró la rubia aún en el abrazo.
Esto hizo que el cuerpo de Santana entrara en shock, a la vez que un escalofrío recorría su cuerpo desde su nuca hasta los dedos de los pies. Mientras que esta escena se daba, alguien las observaba de lejos, Kurt. Éste había entrado sigilosamente hacía un par de minutos, pero al ver la escena decidió esperar, no quería interrumpir su momento, pues sabía que luego Santana se lo echaría en cara y tener a la morena cabreada no era muy que digamos agradable. Tras finalizar el abrazo, ambas se quedaron mirándose sin decir nada, a la vez que una leve sonrisa se les dibujaba en la cara, momento que el castaño aprovechó para entrar en escena. Un carraspeo le sirvió para que dos pares de ojos se concentraran en él.
-¿Q-Que haces aquí? – preguntó sorprendida Santana.
- Te estaba buscando – respondió Kurt mirando a la morena para luego dirigir su mirada hacia Brittany – Hola – dijo saludándola con una gran sonrisa.
- Hola – devolvió el saludo de la misma manera.
- ¿Qué quieres? – preguntó Santana aún sin entender nada, obviando el saludo que tanto el castaño como la bailarina acababan de tener.
- Tengo que hablar contigo, es importante – comentó cambiando la expresión de su cara, haciendo que Santana se preocupase.
- Ve, yo puedo esperar. Además, nuestra práctica a acabado – dijo Brittany al ver como la morena fijaba sus ojos en ella.
- ¿Segura? – preguntó ésta.
- Sí, ve con él – la rubia le regaló una sonrisa, a la vez que agarraba suavemente la mano de Santana.
- Está bien, no tardo – dijo finalmente tras regalarle otra sonrisa a la vez que su cuerpo se encogía por aquel acto.
Santana se levantó y se acercó lentamente hasta el castaño, quien no dejaba de mirar a ambas.
-Me ha alegrado verte – comentó Kurt cuando estaba a punto de salir por la puerta.
- A mi también – contestó ésta, sin entender tampoco que es lo que pasaba.
Tras salir de aquella sala y cerrar la puerta, Santana se quedó mirando al castaño, esperando a que éste se decidiera a hablar y explicarle el por qué de entrar sin decir nada y de dar por finalizada su práctica.
-Te estarás preguntando que porqué he venido – comenzó a decir Kurt, quien estaba siendo observado por la morena – ha pasado algo y… nos vamos hoy – dijo el castaño haciendo preocupar a Santana.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó con cara de preocupación.
- Es algo grave, me enteré esta mañana, quería decírtelo pero te fuiste antes de que yo te lo dijera.
- No sabía que me tenías que decir algo, iba tarde y no me di cuenta – trató de justificarse.
- No pasa nada – dijo Kurt acariciando el brazo de Santana.
- Pero ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Qué es tan grave? – volvió a preguntar.
- Es m-mi padre, le han diagnosticado c-cáncer – confesó a la vez que las lágrimas brotaban de sus ojos.
- Dios, lo siento que Kurt – dijo Santana a la vez que abrazaba al castaño, tratando de consolarlo.
- Según le han dicho los médicos, el cáncer está en la primera fase, eso quiere decir que tiene más posibilidades de superarlo, pero para hacerlo le queda un largo proceso – añadió deshaciendo el abrazo a la vez que secaba sus lágrimas.
- Estoy segura de que él lo superará, es fuerte. ¡Dios! Soy una tonta – se dijo a sí misma a la vez que se pegaba con la mano en la frente - ¿por eso fue por lo que se te calló la taza de café? – preguntó.
- Sí, tras recibir la llamada y enterarme, me quedé en shock, intenté mantener mis fuerzas, pero en cuanto mi padre colgó todo se me desmoronó. En cuanto abriste la puerta no quise decirte nada, pues no quería fastidiarte el día, por eso tuve que cambiar la expresión de mi cara y demás – comentó Kurt con una leve sonrisa, haciendo que Santana se sintiera peor por no darse cuenta de eso – En cuanto te fuiste se lo comenté a Blaine y ambos decidimos volver hoy en la tarde a Ohio – terminó de explicar aún con los ojos llorosos.
- Te entiendo, yo también haría lo mismo, solo espero que se recupere – dijo Santana volviendo a abrazar a Kurt.
- Gracias – agradeció con la voz rota.
Continuara…
Lo siento por tardar, parece que esto se va a hacer costumbre, pero en cuanto subí el último capítulo me tuve que poner a fondo con los estudios y dejar de lado la escritura, pues se acercaban los exámenes de recuperación, los cuales por desgracia (si le interesa a alguien o no) no pude recuperar dos y ahora estoy convalidando con esas asignaturas (pobre de mí, ya debería de estar en mi segundo año de carrera pero no pudo ser). El caso es que tras terminar con los exámenes quise ponerme rápidamente a escribir, tenía la idea de cómo iba a ser el capítulo y demás, pero cuando me quise poner a redactarlo ni una palabra salía, no podía escribir nada, no sabía ni tan siquiera como pasar este capítulo en letras. De verdad que lo siento, pero a veces me pasa eso y yo soy la primera que me agobio porque quiero subir pronto los capítulos pero mi cabeza no me deja, además también porque no puedo estar más de dos horas escribiendo seguido, pues será que me aburro o me desconcentra eso de ver tantas palabras juntas que acabo por dejarlo pronto. Pero bueno, os dejo aquí este capítulo que no se si os gustará o no, pues incluso el mismo capítulo ha cambiado según tal y como lo tenía yo en mi mente. Perdón si no he podido describir bien las cosas, pues ya estaba hasta a punto de tirarme de los pelos con tal de terminar la historia y lo escribí tal cual salían las palabras de mi boca. Espero que podáis entenderme y perdonarme esos dos meses que he estado desaparecida.
Por último decir que el siguiente capítulo seguro que tardo en subirlo, pues aún no sé que voy a escribirlo, como dije en otros capítulos, esta historia la escribo más bien a ciegas, sin saber en lo que pasará en el siguiente capítulo, pues según como me llega la inspiración así escribo. El principio del siguiente capítulo ya lo tengo pensado, pero el final aún no lo sé :S espero que pronto llegue la santa inspiración y me guie. Los que son partidari s de la pareja Faberry, decir que aún estoy en proceso de pensar en lo que puede pasar. Para finalizar solo deciros que Santana no va a estar por mucho rato sola en su apartamento, tras la marcha de Kurt y Blaine.
Muchas gracias, agradeceré todos los comentarios, ya sean a favor o en contra de la historia. Y también agradeceré cualquier idea que tengáis sobre lo que puede pasar, puede que me guste y utilizarlo en la historia y por su puesto mi más sincero y enorme agradecimiento a esa persona.
Besos.
