Aquel lugar comenzaba a llenarse de gente, algunas iban y venían en forma de carrera, otras con un paso más tenue, a la vez que la voz de una mujer comunicaba por megafonía los vuelos que estaban a punto de despegar. Santana se encontraba en el aeropuerto junto a Kurt y Blaine, quienes ya habían facturado las maletas y estaban esperando a ser llamados para poder coger el vuelo que les llevase de vuelta a Ohio. Eran apenas las cinco de la tarde y dentro de unos minutos volvería a estar sola, tal y como estuvo hacia unas semanas. Los echaría de menos.

-Por favor, llamadme cuando lleguéis o por lo menos decidle a mi madre que me llame para saberlo – comentó la morena con algo de preocupación.

- Tranquila, sabes que tu madre con tal de hablar contigo nos robará los teléfonos para que solo ella pueda hablar – dijo entre risas Kurt, aunque aún preocupado por su padre.

La madre de Santana, quien vivía en Ohio, iba a ser la encargada de recoger a la pareja en el aeropuerto de su ciudad natal, pues el padre de Kurt no estaba en buenas condiciones como para hacerlo y en unas últimas, la morena tuvo que recurrir a su madre, pues no quería que ambos, tras un largo vuelo, tuvieran que andar o coger un taxi para llegar a casa. El vuelo tan solo duraría cerca de dos horas, puesto que Kurt quería estar lo más pronto posible cerca de su padre, es por eso que compraron un vuelo directo en vez de con escala.

-Trata de convencer a tu padre de que venga a Nueva York, sabes que aquí hay mejores médicos y el hospital está muy cerca de casa, mientras que allí tenéis que coger la carretera y encima tardáis cerca de media hora – comentó Santana, pues sabía que Nueva York era un sitio mejor y además así podría tener a sus amigos cerca.

- Lo intentaré, pero sabes que es muy testarudo y no hay quien lo mueva de Ohio – respondió Kurt con algo de tristeza en sus ojos, pues no solo estaba preocupado por su padre, sino que también por la morena, quien se quedaba sola y aún no estaba lo suficientemente preparada como para afrontar su enamoramiento sola, pues sabía que con cualquier gesto de la rubia Santana iba a caer como si de una piedra se tratase.

Blaine miraba a la morena con preocupación, pues sabía que Santana era dura por fuera e incluso algo fuerte, pero por dentro era más blanda que una nube de gominola. Sabía que si estaba sola podría sufrir más, pues no tendría en quien apoyarse si algo saliese mal, si por algún motivo lograse contarle su secreto a Brittany y ésta actuara de manera violenta o fría hacia ella, sabía que lo peor estaba por venir. Quería pensar en positivo, pero tratándose de la cabeza loca de Santana nunca se sabía, y mucho menos si ésta estaba influenciada por sus sentimientos.

Ambos chicos no eran los únicos que pensaban de esa manera, pues la morena también comenzaba a tener miedo. Durante el tiempo que la pareja había estado con ella, ellos habían actuado a modo de salvavidas, pues muchas veces se culpaba a si misma por sentir algo así, por tener esos pensamientos hacia aquella rubia que le había robado el corazón, pero ambos le hicieron comprender que eso no tenía nada de malo, que lo único que había encontrado era amor hacia una persona y aunque fuese nuevo para ella, podría aprender sobre ello. Además de eso, ambos le daban fuerza para dar un paso más en su "amistad" con la bailarina, cosa que ahora comenzaba a temer, pues estaría sola y no se vería con fuerzas para continuar.

De repente aquella llamada que Santana estaba deseando no escuchar se hizo presente, dando por finalizada la espera de la pareja.

-Es hora de irnos – dijo Kurt con un semblante triste, no quería despedirse de la morena, pues no sabía hasta cuando la volvería a ver.

- Te vamos a echar de menos extranjera – comentó Blaine volviendo a pronunciar aquel mote que tanto Kurt como él le pusieron el mismo día que la conocieron, haciendo que los ojos de Santana comenzasen a llenarse de lágrimas a la vez que se tornaban de un color rojizo.

- Yo también – pudo decir a la vez que aferraba a ambos contra ella a modo de abrazo.

- Vaya, si lo sé la próxima vez viajo más, así nos das más cariño – dijo Kurt tratando de alejar aquellos sentimientos de tristeza para poder sacarle una sonrisa a la morena.

- Yah! Sólo doy abrazos los justos, no quiero que me tomen por cariñosa – comentó Santana siguiendo el juego de Kurt, a la vez que deshacía el abrazo, pues aunque fuera el último momento que tenía con ellos, tampoco quería que todo fuese tan triste.

- Nos vamos ya, sino se irán sin nosotros – dijo Blaine a la vez que miraba su reloj.

- Sí, espero que no te comas tanto el tarro y nos llames si tienes algún problema – añadió el castaño a la vez que tocaba con su dedo índice la cabeza de Santana.

- Está bien, os llamaré, pero vosotros también – terminó por decir.

Tanto el moreno como el castaño comenzaron la caminata yendo hacia la puerta de embarque, mientras que la morena los miraba como se iban. De repente Kurt se paró y dio media vuelta, comenzando a caminar hacia la morena. Esto hizo que Santana no entendiese nada, ¿por qué volvía? El castaño recorrió los metros que los separaban, y en cuanto tenía a la morena frente por frente le entregó una especie de pendrive.

-Se me olvidaba darte esto – comentó tras dárselo – pero solo lo puedes ver cuando llegues a casa ¿de acuerdo?

- Es…tá bien – contestó Santana aún sin entender nada.

- Ya lo entenderás – volvió a decir el castaño guiñándole un ojo, para después de eso volver tras sus pasos y regresar al lado de Blaine.

Finalmente ambos saludaron por última vez a Santana desde lejos y se adentraron en la puerta de embarque, rumbo a Ohio. La morena tras ver que al fin la pareja había subido al avión, tomó la decisión de volver a casa, pues aquel regalo que Kurt le acababa de dar la había dejado con ganas de saber lo que era.

Veinte minutos tardó para poder llegar a casa, pues el tráfico era bastante denso, aunque apenas lo notó, ya que estuvo entretenida tarareando algunas de las canciones que ponían en la radio. Al fin, tras abrir la puerta de casa pudo comprobar cómo en ésta reinaba el silencio, cosa que le hizo entristecer, pues con la marcha de Kurt y Blaine todo era distinto, ya se había acostumbrado al ruido y a la compañía y ahora encontrarse totalmente sola y sin ningún ruido molestoso le dolía.

Recorrió el pasillo que separaba la entrada con el salón, al llegar allí se sentó lentamente en el sofá a la vez que recorría con la mirada aquella estancia. Nada, no podía oír nada, simplemente el ruido procedente del exterior. Dejó por un momento de mirar a su alrededor para posar al fin su espalda contra el sofá. De repente escuchó pasos procedentes del pasillo que comunicaba con su casa, haciéndola creer que podrían ser el castaño y el moreno, pero aquella ilusión se deshizo al comprobar que se trataba de algunos de sus vecinos.

-Eres tonta, ¿Cómo van a ser ellos si tú misma los has visto irse? – se dijo a la vez que juntaba su palma de la mano con su frente, a modo de tortazo.

De nuevo silencio. Algo le trajo al mundo real, se había acordado de aquel pendrive que le había dado Kurt. Rápidamente fue a su cuarto a por su portátil, para luego dejarlo sobre la mesa de centro que adornaba el salón. Volvió de nuevo a sentarse sobre el sofá y esperó a que el portátil se iniciara. Tras un par de minutos, en la pantalla de éste se podía ver ya el escritorio junto con algunas de las carpetas que Santana tenía en él. Sacó de su bolsillo el pendrive y tras mirarlo lo introdujo en unas de las ranuras que tenía el ordenador. Unos segundos después aparecía en el escritorio una nueva ventana, en la que se podía ver los archivos que había en dicho pendrive. Tan solo había una carpeta, en la que se podía leer "Para Santana". Ésta sin pensárselo dos veces cliqueó sobre la carpeta y tras esto apareció una especie de video. Volvió a cliquear sobre el video para que éste se reprodujera.

En aquel video aparecían Kurt y Blaine, el moreno sentado sobre el piano que justamente Santana tenía en casa, en una de las habitaciones, y en frente de él Kurt, sentado sobre una silla. Ambos se encontraban en la habitación del piano, la cual Santana utilizaba a modo de sala de música.

Sin más preámbulos, Blaine comenzó a tocar el piano. Aquella canción le sonaba. Finalmente éste comenzó a cantar y al fin Santana pudo entender de qué canción se trataba "Everybody hurts" una cover de David Archuleta.

When you day is long and the night – Cuando tu dia es largo y la noche

the night is yours alone – la noche es tu soledad
When you're sure you've had enough – Cuando estés seguro que has tenido suficiente

of this life, well hang on – de esta vida, entonces resiste

Esto hizo estremecer a Santana, no se esperaba aquello. Tras Blaine comenzó a cantar Kurt.

Don't let yourself go, cause everybody cries – No te sientas perdida, porque todo el mundo llora
and everybody hurts sometimes – y todos sufren a veces

Aquella canción removía más de un sentimiento en el corazón de la morena, pues justamente se identificaba con esa canción, aquellas palabras estaban calando profundamente en ella.

When your day is night alone – cuando tu día es una noche solitaria

hold on – resiste
If you feel like letting go (hold on) – si te sientes vencido (resiste)
When you think you've had too much –cuando creas que has tenido demasiado

of this life, well hang on – de ésta vida, entonces resiste.

En ese momento ambos comenzaron a cantar juntos, haciendo que los ojos de Santana comenzasen a llenarse de lágrimas.

Cause Everybody hurts – porque todos sufren

take comfort in your friends – refugiate en tus amigos
Everybody hurts - todos sufren

Don't throw your hand – no te des por vencido

oh no, don't throw your hand – no te des por vencido

if you feel like you're alone – si te sientes sola

no, no, no, you are not alone – no, no, no, no estás sola

De pronto las lágrimas cedieron y comenzaron a mojar las mejillas de la morena, provocando que más de una acabara cayendo sobre su pantalón, llegando a mojarlo. Sin duda Kurt y Blaine habían sabido con cual canción despedirse.

Well everybody hurts, sometimes – bueno, todos sufren, a veces
Everybody cries – todos lloran

And everybody hurts, sometimes – y todos sufren, a veces
But everybody hurts sometimes – pero todos sufren a veces

so hold on, hold on, hold on - así que resiste, resiste, resiste

Poco a poco la canción fue tomando fin, a la vez que Santana comenzaba a secarse algunas de las lágrimas que aún acechaban por mojar sus mejillas. Tras la última nota procedente del piano, ambos comenzaron a hablar.

-Esperamos que te haya gustado, pues no sabíamos de qué forma despedirnos de ti, hasta que esta misma mañana descubrí que tenías un piano guardado en esta habitación – comentó Blaine mostrando una sonrisa.

- Además sabemos perfectamente que tú no eres de regalos, no te gustan los momentos "ñoños" como tú los llamas. Pero esto es diferente y espero que hayas comprendido el mensaje – agregó Kurt a la vez que una leve sonrisa que dibujaba en sus labios.

- No te des por vencida y resiste – dijo Blaine a la vez que se levantaba del asiento del piano para colocarse al lado del castaño.

- Te echaremos de menos – comentaron a la vez ambos.

- Recuerda que existen los teléfonos – terminó de decir Kurt a la vez que hacía un gesto con su dedo meñique y pulgar, agitándolos, como si fuese un teléfono.

Tras esas palabras el video finalizó. Las lágrimas cedieron y dieron paso a una leve sonrisa, aquellos dos la entendían perfectamente y sabían cómo hacerla feliz. Aquel último comentario de Kurt fue lo que le devolvió la sonrisa, pues por muchas veces que ambos peleasen, siempre lo hacían en broma. Podía confiar en ellos ciegamente.

*No muy lejos de aquel lugar…*

Rachel acababa de salir de aquella tienda en la que semanas atrás había descubierto la cámara que hacía un par de años Quinn tuvo que vender. Al fin había podido pagar el resto del dinero que le quedaba por pagar, y ya portaba en sus manos aquella cámara preciada de Quinn. Quiso comprarla lo antes posible, ya que en un par de días era su cumpleaños y aunque la rubia no quería saber nada de ella, ésta sí que quería regalarle algo preciado y así poder emblandecer su corazón. Sabía que la fotografía era imprescindible en la vida de la rubia, pero ésta tuvo que dejarla de lado por su madre. Rachel estuvo con ella el mismo día que la vendió, pues ocurrió mucho antes de que ésta dejara de hablarle y de odiarla. En cuanto salieron de la tienda Quinn acabó soltando alguna que otra lágrima, pues ella misma compró con su propio dinero aquella cámara que hacía un par de años tuvo que acabar vendiendo. Después de ese duro momento, Quinn dedicó sus tardes a perfeccionar su baile y su canto, a la vez que tomaba clases de interpretación en una academia, para poder entrar en NYADA, tomando así su tiempo que tiempo atrás lo dedicaba a la fotografía. Rachel había vivido con ella ese duro trance, pues incluso el ánimo de su amiga decayó, ya que tuvo que decir adiós a aquello que le hacía feliz.

La castaña se encontraba a escasos metros de la tienda, observando detenidamente la cámara. Tal y como pudo apreciar el mismo día que la vio, ésta aún tenía grabada aquella "Q". Una leve sonrisa se le dibujó en los labios, aquel recuerdo aún permanecía vivo en su memoria. De repente algo la sacó de sus pensamientos, pues su móvil comenzó a sonar. Como pudo metió su mano dentro de su bolso y tras varios intentos de sostenerlo, al fin pudo sacarlo. En cuanto lo sacó pudo comprobar de quien se trataba.

-Rachel estás muy ocupada – se escuchaba desde la otra línea. Se trataba de Sam, quien hablaba en voz baja.

- No, dime – pudo decir tras poder colocarse bien el teléfono en el oído.

- Siento molestarte, pero necesito tu ayuda – comentó el rubio aún en un tono bajo.

- ¿Porque hablas tan bajo? – preguntó ésta, pues no entendía nada.

- Porque estoy en casa y Quinn está en la cocina y no quiero que me escuche – respondió.

- ¿Y para que necesitas mi ayuda? – volvió a preguntar interesada en lo que le quería decir Sam.

- Pues… como sabes, pronto es el cumpleaños de Quinn y no sé que regalarle, además, desde que nos vio conversando está muy fría conmigo y apenas me dirige la palabra. Quiero sorprenderla, pero no sé cómo. Ambos la conocemos, pero sé que tú conocerás sus gustos mejor que yo – comentó al fin con algo de preocupación en su voz.

- Lo que quieres es que te dé una idea de qué regalo regalarle ¿no? – preguntó para luego obtener un silencioso "sí" – déjame pensar – dijo para luego llevar su mirada al horizonte, viendo como la gente pasaba a su alrededor.

No se le ocurría nada, de pronto su vista llegó a acabar en la cámara que hacía unos minutos había comprado. Se le ocurrió una idea, pero tampoco quería realizarla, ya que acabaría desperdiciando su oportunidad para arreglar las cosas con Quinn, pero también sabía que si ella se lo regalaba directamente le iba a rechazar el regalo, por muy preciado que fuese para ella. Quizás si Sam se lo regalase a ella si lo aceptaría, pues aunque quisiera arreglar las cosas, ante todo quería ver feliz a la rubia, aunque esta no supiera la verdad.

-¿Rachel sigues ahí? Por favor, ayúdame, quiero que este cumpleaños no lo pase cabreada o mal, ya sabes por lo que te lo digo – dijo Sam al ver que Rachel no contestaba.

Sam hablaba del año pasado, cuando los padres de Quinn se separaron justamente el día antes de su cumpleaños, haciendo que ésta no quisiera celebrarlo. El rubio trató de cambiar su pensamiento, incluso recurrió a la ayuda de sus amigos, pero nada, Quinn no quiso celebrarlo, estaba mal y no quería ni tan si quiera hablar con nadie. Rachel lo supo por boca de Brittany, quien al no saber qué hacer trató de buscar ayuda en ella, pero de nada sirvió.

La castaña al escuchar aquello de la boca de Sam al fin se decidió. Cogió fuertemente la cámara y la apretó contra su pecho, para luego coger aire y hablar.

-Sé… que regalo hacerle – dijo al fin entrecerrando los ojos.

- Dime – respondió el rubio desde la otra línea ilusionado.

- Hace tiempo Quinn tuvo que vender una cámara, su primera cámara, pues su madre no quería que ella se dedicase a eso, ya que quería que se centrara para poder entrar en NYADA – comentó Rachel, haciendo saber a Sam de aquella historia – Esa cámara es muy preciada para Quinn y sé que le haría ilusión volver a tenerla y de seguro le hace olvidar aquello que vivió el año pasado – terminó por decir a la vez que miraba la cámara.

- ¿De verdad?¿Dónde está esa cámara? – preguntó algo sorprendido por aquella historia, pues nunca habría imaginado que la rubia le gustase la fotografía.

- L-la tengo yo – respondió finalmente tras tomar una profunda bocanada de aire – si puedes llégate hoy o mañana y te la doy – agregó.

- ¿Pero cómo es que la tienes tú? ¿No habías dicho que ella la vendió? – volvió a preguntar interesado por la repentina aparición de dicha cámara.

- Hace unas semanas la volví a ver en una tienda de fotografía y hace unos minutos acabó de salir de ella, ya está pagada – reveló la castaña.

- Ah! Entiendo. ¿Cuánto te tengo que pagar por ella? – preguntó Sam interesado en el precio, pues aunque Rachel le había ayudado con el regalo tampoco quería que ella también costeara el dinero de la cámara.

- Nada, tómalo como un regalo de mi parte – contestó ésta tras volver a dar un breve repaso a la cámara con su mirada.

- ¿De verdad? Rachel, al menos déjame pagártelo – insistió.

- No, de verdad, es un regalo – volvió a decir – Me tengo que ir ya, nos vemos luego – terminó por decir. Ni si quiera esperó a que el rubio se despidiera, simplemente colgó, pues cuanto más tardase en colgar más pronto se arrepentiría de haber tomado aquella decisión.

Finalmente Rachel decidió volver tras sus pasos, para así llegar de nuevo a casa. Recorrió unas cuantas manzanas, portando consigo la cámara, quien permaneció durante todo el trayecto aferrada contra su pecho. Al fin, unas calles más arriba, había llegado a casa. Abrió la puerta de casa, a la vez que esta hacia un fuerte chirrido, ya que era vieja. Entró y cerró la puerta tras de sí. Recorrió el pasillo que juntaba a la entrada con el salón y la cocina. Pasó cerca del sofá, a la vez que saludaba a Barbra, su gata siamesa de grandes ojos azules, la cual se encontraba en el filo superior del respaldar de éste. Le había puesto ese nombre debido a Barbra Streisand , su cantante y actriz favorita. Ésta al notar como la mano de su deña pasaba por su lomo se acercó más a ella, queriendo recibir más caricias.

-Lo siento Barbra, hoy no estoy muy del todo alegre como para darte mimos – le dijo a la vez que dejaba de acariciarla, para volver a caminar rumbo a su cuarto. Ésta al ver que su dueña se marchaba caminó detrás de ella.

Rachel llegó finalmente a su cuarto, tras soltar su bolso en su cama, recorrió los metros que la separaban de su escritorio, para después sentarse en la silla que había frente a este. Tras este movimiento, dejó la cámara que aún mantenía contra su pecho en la mesa del escritorio. Barbra, quien aún la seguía por detrás, rápidamente, de un salto se subió sobre sus rodillas, haciendo que ésta la mirase.

-Ya te dije que no estoy de buen humor – volvió a decir a la vez que de nuevo acariciaba el lomo de su gata, haciendo que ésta quisiera más caricias - Espera, déjame primero hacer unas fotos y escribir unas cosas y luego te acaricio – dijo a la vez que dejaba de acariciarla.

Aún con Barbra en su regazo, empujó la silla hacia la cama, para poder así coger su móvil, el cual estaba dentro de su bolso. Tras cogerlo volvió de nuevo junto a su escritorio. Buscó entre sus aplicaciones la cámara, para luego distanciarse lo suficiente para poder apuntar bien a su objetivo, aquella cámara que pertenecía a Quinn. Al fin, tras encontrar la posición perfecta, disparó, haciendo que un breve sonido al hacer la foto se escuchara en la habitación. Barbra miraba entretenida a su dueña, a la vez que se echaba finalmente en las rodillas de ésta. Rachel decidió hacer un par de fotos más por si acaso. Después de tomar las fotos necesarias, subió la pantalla de su portátil, el cual adornaba el escritorio. No tuvo que esperar a que este se encendiera, pues esa misma mañana lo dejó abierto, ya que quería terminar de escribir aquella entrada que días atrás comenzó a escribir. No le había dicho a nadie, pero desde que Quinn y ella dejaron de ser amigas, ésta al sentirse sola y no tener a nadie a quien contarle sus sentimientos y pensamientos, decidió crear un blog, donde contar con palabras esos sentimientos, eso sí, sin poner nombre. Le había puesto de nombre a su blog "Mi guerra pendiente". Allí también subía a veces versiones suyas de canciones o a veces alguna que otra suya. Realmente en aquel blog hablaba de lo que pasó con Quinn, de lo que pensó en cuando se enteró de la jugada de Sam, también de lo que pasó con Finn, de su ruptura y finalmente de la situación actual con la rubia. Aparte de eso también escribía entradas acerca de la amistad, del amor y de cualquier cosa que se le pasase por la cabeza, pero principalmente se centraba en aquella historia. Su nueva entrada hablaba de esa cámara, aquella que hacía dos años Quinn disfrutaba haciendo fotos con ella. Cualquier persona que entrara en su blog pensaría que podría estar demasiado obsesionada con Quinn, pero es que realmente echaba de menos a su mejor amiga, pues habían sido amigas por mucho tiempo y aquella separación le dolió más de lo que podría haber imaginado.

Estaba escribiendo la nueva entrada titulada "Recuerdos", cuando escuchó como alguien llamaba de manera violenta a la puerta. Rápidamente se levantó, haciendo que Barbra dejara de descansar sobre esta para seguirla. Tras recorrer el salón y el pasillo, se encontraba frente a la puerta de entrada. Abrió lentamente ésta para sorprenderse luego al encontrarse a aquella persona al otro lado. Se trataba de su casero, Robert, un hombre de unos cuarenta años, gordito, de pelo negro con algunas canas y un gran bigote, el cual decoraba su cara.

-Hola ¿Que pasa Robert? – preguntó al recordar aquella fuerza con la cual éste había pegado anteriormente en la puerta.

- Hola. No sé si lo recordarás, pero mañana se te acaba el contrato y un nuevo cliente viene a ver la casa, así que necesito que para mañana desalojes el piso – comentó a la vez que masticaba un chicle sin darle mucha importancia a la cosa.

- ¿Cómo? ¿mañana? – Rachel no se había acordado para nada, es cierto que hacía un par de meses él mismo se lo comentó, pero debido a los problemas que tenía con Finn más los que tenía con Quinn se le olvidó por completo – Pero no tengo ningún sitio a donde ir, se me olvidó por completo que mañana terminaba mi contrato – agregó preocupada.

- Lo siento morena, pero ese no es mi problema, apáñatelas como puedas, pero mañana quiero esto desalojado, sino te las verás con la policía – comentó dirigiendo su mirada hacia el cuerpo de la castaña.

- Pero.. – no le dio tiempo a decir nada más, pues el hombre la interrumpió.

- Nada de peros, mañana quiero esto vacio – dijo por última vez, para luego volver tras sus pasos, dejando a una Rachel intranquila, ya que no sabía qué hacer.

Cerró la puerta, para luego darse la vuelta y encontrarse frente a ella a Barbra, mirándola con la cabeza algo daleada, dándole a entender que tampoco entendía nada.

-Tranquila Barbra, s-seguro que habrá alguna manera de solucionar esto, y-ya lo verás – le dijo a la vez que pensaba en algo con lo que poder arreglar semejante desastre.

*En otro apartamento no muy lejos de allí…*

Brittany acababa de llegar a casa, había aprovechado la tarde para comprar algunas cosas para la casa, mientras que Artie seguía escribiendo en esa nueva idea. Soltó las bolsas en la cocina y una a una fue guardando la compra. Tras terminar de colocarlas en su sitio, fue hacia el salón, pero antes comprobó que Artie seguía en su despacho. No le hizo falta ir hacia la habitación, simplemente con ver que la puerta del despacho estaba cerrada pudo comprobar que el castaño seguía allí.

Finalmente volvió al salón para al fin sentarse en el sofá y disfrutar de un breve relax. Cogió el mando de la tele, pulsando el botón de encender, haciendo que ésta tras unos segundos se encendiera. Pasó uno a uno los 89 canales que tenía, pero nada le atraía lo suficiente como para mantener la tele en un canal. Había muchas cadenas en las que aparecían telebasura, cosa que no le interesaba, también estaban los canales de naturaleza, pero estaba demasiado cansada como para ponerse a ver un documental; luego estaban los de cocina, pero en solo pensar en comida ya le entraba hambre. Finalmente estaban algunos canales en los que echaban películas, pero todas las había visto, y los de dibujitos, pero en ninguno echaba su serie favorita "las super nenas". Podría sonar raro, pero así era, sus dibujos favoritos eran esos y de solo pensarlo le hacía recordar a Santana debido a los motes que se habían puesto mutuamente hacía tiempo.

Su vista se clavó en el suelo, estaba aburrida y no sabía qué hacer, no podía molestar a Artie, pues este siempre acababa molestándose si le interrumpía en mitad de su escrito. Además, al recordar aquella serie se había acordado de Santana y lo que le había pasado a Kurt, pues tiempo después de que el castaño se fuera ésta al estar preocupada le preguntó a la morena, para luego enterarse de aquella triste noticia.

Mientras que su mirada seguía clavada en el suelo, una figura apareció frente a esta, se trataba de Lord Tubbintong. Éste con andares pesados, debido a su gran peso, se acercó lentamente hasta ella, esperando a ser levantado y llevado hasta el sofá. Brittany, quien lo entendió desde el primer momento, posó sus manos sobre el cuerpo de éste, para luego levantarlo y colocarlo sobre su regazo.

-¿Tú también estás aburrido? – preguntó a la vez que rascaba suavemente la parte trasera de sus orejas, haciendo que solo recibiera de éste un leve ronroneo.

De repente algo le hizo detener esa acción, su teléfono móvil comenzaba a sonar. Rápidamente metió su mano en el bolsillo izquierdo de su pantalón y sacó el teléfono de él. Éste aún sonaba. Tras ver quien era decidió contestar.

-Hola Rachel ¿pasa algo? – preguntó algo sorprendida al ver que le llamaba la castaña.

- Hola Brittany, perdón por molestarte – se apresuró a decir – pero es que necesito tu ayuda – añadió.

- ¿Que es lo que pasa? Dime – dijo interesada, queriendo saber cual era aquella cosa que le había hecho llamarla.

- ¿Te acuerdas del día en el que me ayudaste a encontrar piso? - preguntó algo preocupada.

- Sí, sí que me acuerdo. ¿Pero porque me preguntas eso?

- E-es que se me había olvidado p-por completo que mañana se acababa m-mi contrato y resulta que Robert hace unos minutos se ha llegado diciéndome q-que mañana tengo que abandonar esto, p-pero no sé a dónde ir, ya sabes, mis padres e-están en Los Ángeles y n-no tengo ningún sitio donde quedarme – comentaba Rachel a toda prisa.

- A ver, tranquilízate Rachel, sabes que todo tiene arreglo menos la muerte, así que respira primero y luego decidimos que hacer – Brittany trataba de tranquilizarla a la vez que su cabeza comenzaba a pensar en alguna solución para la castaña.

- ¿Q-que p-puedo hacer? – preguntó aún con nerviosismo.

Brittany trataba de pensar lo más rápido posible, pues tampoco que quería que su amiga acabase en la calle. No se podía quedar en casa porque no había habitaciones suficientes para que alguien se quedase a dormir y el sofá era demasiado pequeño para una sola persona. Encima estaba Artie, quien se ponía de los nervios cuando había más de un invitado y él estaba tratando de escribir. Pensó en Quinn, pero imposible, la rubia no querría que ella se quedara en su casa. Luego se le vino a la mente Tina y Mike, pero ambos vivían aún con sus padres, por lo que tampoco podría ser. También pensó en Finn, pero éste tras cortar con Rachel no querría teniéndola viviendo bajo su mismo techo, pues seguro que la castaña le recriminaría más de alguna cosa. Finalmente por su mente pasó la imagen de Santana. Estaba claro, Santana debería de ser la indicada para que Rachel pasara unos días con ella hasta que esta encontrara otro piso. La morena estaba totalmente sola, Kurt y Blaine se habían ido y seguro que no querría vivir sola después de haber estado acompañada durante unos días. Pensaba que a la morena no le importaría del todo. Ya tenía candidata.

-¿Te parece buena idea si te quedas en casa de Santana? – preguntó para saber si Rachel estaba dispuesta a hacerlo.

- Sí, lo que sea – aceptó, pues lo único que quería era un sitio en el que estar el mínimo tiempo posible, para mientras poder buscar un nuevo apartamento.

- Bueno, le preguntaré a Santana a ver qué le parece la idea. En cuanto se lo pregunte te llamo – agregó.

- Muchas gracias Britt te debo una muy grande – agradeció Rachel elevando la voz, llegando casi a pegar un grito.

- Jajaja de nada. Te voy a colgar, ahora iré a visitar a Santana y le preguntaré, espero convencerla – dijo por última vez.

- De acuerdo. Gracias de nuevo.

Tras estas últimas palabras de Rachel Brittany colgó el teléfono. Ahora le tocaba convencer a la morena. Había preferido visitar a la morena, ya que aquellas cuatro paredes en las que se encontraban comenzaban a agobiarla, encima también estaba preocupada por el estado de la morena tras despedirse de sus amigos y sobre aquella noticia que había recibido. Sin más preámbulos hizo que Lord Tubbington se bajara de su regazo para luego ir a la puerta del despacho de Artie, comunicarle aquella salida de emergencia a su novio y finalmente coger su bolso y poner rumbo a la casa de la morena.

Decidió coger el coche, pues a fuera hacía bastante frío y dentro del coche con la calefacción estaría calentita. Tan solo le bastaron unos veinte minutos en recorrer las manzanas que separaban su casa de la de Santana. Durante el trayecto había estado pensando en la manera de contarle a la morena aquella noticia, pues sabía que ésta posiblemente no se lo tomaría muy a bien, ya que no había intimado lo suficiente con la castaña como para ahora comenzar a compartir piso, pero eso fue un riesgo que corrió al pronunciar su nombre.

Al fin ya estaba en la puerta del edificio, no tuvo que llamar, ya que un vecino al ver que ésta tenía la intención de entrar aguantó la puerta y la dejó pasar. Entró en el ascensor y tras sobrepasar el sexto piso, al fin llegó a la planta en la que vivía la morena. Recorrió el pasillo que comunicaba a los distintos apartamentos para pararse finalmente en la puerta de la casa de Santana, frente al número 36. Pegó con los nudillos contra ésta y esperó a que la morena abriera.

En el otro lado, Santana seguía aún con el portátil encendido, aún pensativa, aún en la misma posición, aún con el video de Kurt y Blaine en reproducción, cuando algo la sacó de ese trance. Alguien llamaba a la puerta. Rápidamente cerró las ventanas que mantenía abiertas, para dejar el escritorio de su portátil sin ninguna ventana de por medio. Tras eso se acercó a la puerta, pero antes de abrir decidió mirar por la mirilla, para luego sorprenderse al ver a la rubia allí parada, frente a ella, esperando a que ésta le abriera. Santana antes de abrir pasó sus manos por su pelo para comprobar que éste estaba en su sitio. Cogió una gran bocanada de aire y después de eso abrió. Al hacerlo se encontró con una enorme sonrisa esperándola, a la vez que unos hermosos ojos azules se clavaban en ella.

-¿Britt q-que haces aquí? – preguntó nerviosa sin entender nada.

- Pensé que quizás necesitarías compañía – dijo sincera, ya que aparte de querer comentarle aquel problema de Rachel también quería estar con ella.

- B-bueno, no es así pero… - trató de no hacer ver su nerviosismo.

- ¿No quieres que esté aquí? Entonces me voy – comentó a modo de juego, pues sabía que la morena nunca afirmaría que se sentía sola.

- N-no quería decir eso, p-pasa – dijo finalmente abriendo aún más la puerta, dándole paso a la bailarina.

- Está bien, pero solo porque tú me lo has dicho – agregó entre risas adentrándose en el piso, provocando una leve sonrisa en el rostro de la morena.

Aunque aquella sorpresa le había pillado desprevenida, agradecía que Brittany estuviera allí con ella, pues se estaba sintiendo sola y con ella en casa todo cambiaba, incluso su corazón latía más fuerte. Brittany llegó hasta el salón, allí dejó su bolso encima del sofá, para luego sentarse junto a él, haciendo que Santana reprodujera el mismo movimiento. El silencio se hizo presente, aunque para Santana todo era muy ruidoso, ya que su corazón latía de tal manera que creía que estaba llegando a colarse en algunos de los rincones de aquella sala. De nuevo aquel temblor se hacía dueño de su cuerpo, mientras que su mirada no podía ni tan si quiera subir la vista y centrarse en los ojos de la rubia, pues estos estaban clavados en ella. De repente decidió preguntarle algo.

-¿Quieres caf…. – ¿Estás bi… - ambas habían decidido hablar al mismo tiempo, provocando que ninguna de ellas terminara su frase, pero luego convertir aquella situación en una risa ahogada.

- Tu primero – dijo Brittany a la vez que le regalaba una sonrisa a la morena. Haciendo que ésta al fin llevase su mirada hacia los ojos de la bailarina.

- ¿Q-quieres café? – preguntó al fin a la vez que le regalaba una leve sonrisa a Brittany.

- Sí, no estaría mal una taza de café – respondió mirando directamente a los ojos de la morena.

- E-está bien, quédate aquí, y-yo ya lo traigo – dijo a la vez que se levantaba patosamente dirigiéndose hacia la cocina.

Mientras Santana preparaba los cafés a toda prisa, Brittany se quedó mirando la sala aunque de vez en cuando llevaba su mirada a la pantalla del portátil que había encima de la mesa, donde minutos antes Santana aún permanecía viendo aquel video que tanto Kurt como Blaine le dedicaron. Santana tardó apenas un par de minutos, ya que el café ya estaba hecho de esa misma mañana, tan solo tenía que calentarlo. La morena venía de vuelta, con ambas manos ocupadas con dos tazas de café. Estaba sufriendo, ya que se había pasado calentándolos. De repente los ojos de Brittany cesaron de recorrer cada lugar con la mirada, para centrarse nuevamente en la morena, quien caminaba rápido, a la vez que su cara expresaba cierta expresión de dolor. Santana trataba de controlar que el café no callera y de no quemarse, pero a la vez trataba de no mirar directamente a los ojos de la rubia, pues sabía que si la miraba podría dejar de pensar en lo demás y acabar cayéndose o peor aún quemándose con el café.

-Toma, ten cuidado, quema – dijo una vez que estaba frente a la bailarina, soltando la taza, dejándola en manos de ésta.

- Tanto que… - no le dio tiempo a acabar la frase cuando notó aquel calor abrasador que manaba de la taza, haciendo que no la pudiese agarrar debidamente, provocando que ésta cayera al suelo.

La taza al caer se rompió en mil pedazos, haciendo que el café que contenía comenzase a mojar el suelo de madera, a la vez que algún que otro trozo de taza saltara debido a al choque. Santana quien vio la escena rápidamente soltó su taza sobre la mesa.

-¿Estás bien? – preguntó bastante preocupada – ¿te has cortado? – insistía a la vez que no dejaba de quitarle la vista a Brittany.

- Tranquila, estoy bien. Lo siento mucho, no pensaba que quemase tanto – respondió sin levantar la vista del suelo, pues estaba preocupada de haber manchado algo – creo que hay que recoger esto – dijo señalando el destrozo.

- Está bien, quédate quieta, yo voy a por la fregona – comentó Santana aún con su vista clavada en la rubia.

Rápidamente la morena fue a la cocina a por la fregona y el cubo de ésta. Al llegar de nuevo al salón vio como Brittany trataba de recoger algunos de los pedazos grandes de taza que estaban esparcidos.

-Ten cuidado, te puedes cortar. Déjalos, los recojo con esto – dijo mostrando la fregona que portaba en la mano, pero Brittany no hizo caso, pues ella también era testaruda, haciendo que en uno de sus movimientos al coger un trozo de taza acaraba cortándose en uno de los dedos de su mano izquierda.

-Ah! – es lo único que pudo oír Santana mientras ésta secaba lo mojado.

Al oír esto la morena dejó por completo todo lo que estaba haciendo.

-¿T-te has cortado? – preguntó bastante preocupada, agachándose frente a la rubia, viendo como ésta estaba agarrando su dedo índice, el cual comenzaba a sangrar bastante.

- C-creo que si – dijo sin dejar de mirar su dedo ensangrentado.

Santana sin decir nada más fue rápidamente hacia el cuarto de baño, para sacar de entre uno de los cajones que había debajo del lavabo un botiquín. Comprobó que tenía lo necesario en él y volvió al salón. Al llegar allí vio como Brittany mantenía la misma postura, sentada en el sofá agarrando su dedo herido. Se acercó a ésta, dejando el botiquín a un lado del suelo a la vez que posaba sus rodillas sobre éste. Mientras que Santana abría el botiquín Brittany la miraba extrañada, pues no se esperaba que la morena hubiese ido a por un botiquín para curarle la herida. Santana estaba asustada, pues no quería que Brittany sufriese por ese corte, pero a la vez estaba realmente nerviosa, pues estaba de rodillas frente a ella, tratando de mojar con agua oxigenada una de las gasas que había cogido previamente (recomiendo escuchar esta parte con "Tyler Ward – red" de fondo).

-D-dame el dedo – dijo algo más segura, pues quería hacer que el dedo de la rubia cesara de sangrar, aunque su cuerpo comenzaba a temblar con solo tocar su mano.

- ¿N-no dolerá no? – preguntó algo asustada, poniendo una cara de cachorrito, provocando que una sonrisa se dibujara en la boca de Santana.

- No, pero mantén la mente ocupada mientras yo trato de curarte – comentó ya más calmada al ver aquella conducta de Brittany.

Al fin Santana comenzó a curar poco a poco la herida, mientras que observaba como de vez en cuando Brittany movía el dedo por el escozor del agua oxigenada. Tras terminar de limpiar la herida comenzó a echar betadine, pero en uno de sus movimientos provocó que algún que otro mechón de pelo se deslizara hacia adelante, tapándole la vista. La morena tenía las manos ocupadas, por lo que no pudo quitárselo. Brittany, quien la miraba atenta, rápidamente con su mano derecha, colocó delicadamente ese mechón detrás de la oreja de Santana, provocando en ésta un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo a la vez que su corazón comenzase a palpitar a mil por hora. Esto hizo también que Santana la mirase directamente a los ojos, mientras que recibía de la rubia una leve sonrisa, haciendo que nuevamente el temblor se apoderase de ella. Santana desvió la mirada, pues los sentimientos la estaban matando, pero en ese movimiento descubrió que no solo tenía una herida en el dedo sino que también un pequeño rasguño en uno de los lados de la cara.

-T-tienes un arañazo en la cara – dijo tímidamente a la vez que colocaba su mano sobre la barbilla de la rubia, haciendo que con este gesto un calor comenzase a crecer alrededor de sus mejillas, estaba sonrojada por haber hecho eso.

-¿Q-qué? – Brittany se sorprendió al ver aquella reacción de la morena, pues nunca había visto ese lado de ella, nunca había visto a una Santana tan preocupada y cariñosa al mismo tiempo.

Sin duda no se esperó desde un principio aquello, pues muchas veces se había cortado en casa e incluso con amigos, pero ninguno había actuado de esa manera tan cariñosa, ni si quiera Artie. No sabía por qué, pero le gustaba aquella faceta de la morena, le gustaba Santana cariñosa.

Santana tras terminar de curar la herida del dedo, fue directa a por la que se encontraba en la cara. Suavemente fue curando aquel rasguño, mientras que alguna que otra mirada se escapaba, buscando los ojos de la rubia, pero que rápidamente cambiaban de dirección al comprobar cómo Brittany también la miraba. De nuevo millones de sentimientos recorrían el cuerpo de Santana. Estaba comenzando a volverse loca, aquellos sentimientos no eran normales, todo lo que alguna vez había sentido se estaba multiplicando por mil y tenía miedo de acabar malherida, pero ahora no le importaba eso, pues tenía en frente a la persona que amaba, la quisiera a ella o no, pero la tenía. Los sentimientos de Santana estaban claros, mientras que los de Brittany comenzaban a conocer otro lado de la morena, otro lado que empezaba gustarle.

Continuara…

Hola! Esta vez he actualizado antes, pues la inspiración llegó y he logrado escribir un capítulo largo. La verdad es que el capítulo iba a ser algo más largo, pero éste ya me ocupaba 14 hojas en el Word (el capítulo más largo hasta la fecha) y además quería dejaros también con la intriga de lo que pasará con Brittany y Santana y el tema de Rachel (soy mala ya lo sé jajaja) porque señoras/es, la cosa no acaba aquí y más cosas saldrán a la luz. Espero que os haya gustado el capítulo, intentaré ponerme pronto con el próximo capítulo, porque sé cómo va a empezar pero no como acabar xD

Espero vuestros comentarios, pues algunas al poner vuestros pensamientos de la historia poco a poco me vais dando ideas.

Mil gracias por leerme, nos vemos pronto.