Otra mañana más que se sumaba a la semana, el frío cada vez era más intenso, pues el invierno ya estaba comenzando a llegar y las hojas de los árboles comenzaban casi a desaparecer. Aquella mañana comenzaba, pero para Santana hacía horas que había empezado. Apenas pudo dormir esa noche, pues de sólo recordar lo sucedido la tarde anterior, su cuerpo estaba hecho puro nervio. De nuevo venían a su cabeza pequeñas imágenes de Brittany, aquellos ojos que la enloquecían, aquel nervio que se apoderó de ella cuando la rubia tocó partes de su cuerpo, aquella cura de heridas, aquella camiseta juguetona que voló en pedazos su mente, aquella sonrisa que le regaló cuando ambas están sentadas en la cama. Recuerdos que ponían sus sentimientos a flor de piel. Se sentía bien, estaba feliz, aunque también el miedo permanecía ahí, pues era cierto que no podía hacer nada, Brittany ya tenía una vida planeada, a alguien que la amaba, aparte de ella, estaba a punto de casarse, pero Santana aunque sabía cuál era la verdad, una pizca de esperanza se prendía en su interior. Es cierto que tenía miedo, un miedo atroz, un miedo que la paralizaba, pero incluso con él, sus sentimientos eran tan fuertes que a veces derribaban esa barrera y casi hacían que estos fueran expuestos por completo. Sentía como miles de sentimientos la inundaban, la ahogaban para luego llevarla a flote, perecía como si estuviese en una montaña rusa en la que nunca podía bajar. Por eso mismo tenía miedo de pensar, pues cuanto más pensaba más intenso era ese sentimiento y estaba llegando a un punto en el que ya no podía aguantarlo. Esos silencios comenzaban a arañar su pecho.

El despertador como todas las mañanas comenzó a sonar, haciendo que al fin saliera de sus pensamientos. Rápidamente lo apagó, pues el sonido comenzaba a ser molestoso. Perezosamente destapó la cama, exponiendo sus piernas, cubiertas por un pantalón largo, al exterior. Al hacerlo descubrió el frio que hacía, haciéndola volver a taparse. Era una mañana helada. Gracias al silencio que había en su habitación, pudo descubrir que Rachel ya estaba despierta y al parecer dispuesta a ducharse, ya que el sonido del agua de la ducha comenzaba a escucharse por el pasillo. Se mentalizó para salir lo más rápido posible de la cama, y al fin, poco a poco pudo lograrlo. Destapó de nuevo la cama y rápidamente corrió a su armario a por una sudadera que le abrigase lo suficiente para no morir de frio. Ya, con la sudadera puesta, pudo salir de la habitación. Decidió ir a la cocina a prepararse un café, ya que Rachel tenía ocupado el baño y no podía entrar. Al recorrer el pasillo que comunicaba con las habitaciones y el salón, pudo escuchar como la castaña cantaba mientras se duchaba, no cantaba mal, pero tampoco quería decirlo en alto vaya a ser que esta lo oiga y se lo crea. Finalmente llegó a la cocina, encendió la cafetera, a la vez que buscaba entre los armarios el bote de café para poder hacer más. Sacó una cuchara del cajón de los cubiertos, para luego llenarla de café y echarlo en el hueco correspondiente de la cafetera. Tuvo que echar el doble de cantidad, pues sabía que la castaña iba a querer café. Tras terminar de echar el café necesario cerró la compuerta de la máquina y esperó a que estuviera del todo lista para poder echarse el café. Mientras, decidió coger algo de leche y calentársela, pues ella era más de café con leche. Fue hacia la nevera y al abrirla descubrió algo que no le gusto.

-¡Enana! – fue lo único que pudo decir, pues al abrir la nevera y buscar su cortón de leche, descubrió que este había desaparecido y había sido sustituido por al menos tres cartones de leche de soja – ¿Se puede saber que mierda es esta? – dijo a la vez que sostenía uno de aquellos cartones que ahora amenazaban con apoderarse de su nevera.

- ¡¿Soja?! En serio ¡¿soja?! – volvía a decir tras leer un par de veces el nombre del producto – Te la vas ganar enana – fue lo último que dijo.

Soltó la leche en el mismo lugar en el que estaba, cerró la nevera y fue directa hacia el fregadero. Posó una de sus manos sobre el grifo, a la vez que lo giraba hacia el agua caliente, y sin pensárselo dos veces lo abrió. Tan solo bastaron un par de segundos, para que a lo lejos escuchara un grito. Rachel acababa de saber lo que era ducharse con agua fría en una mañana helada. Al oír aquello una pequeña sonrisa se le dibujó a la morena, aunque no estaba del todo satisfecha. Escuchó como el agua dejó de caer. Tras un par de minutos, Rachel salía del baño con el albornoz puesto, el pelo mojado y una cara de mala leche. Fue directa a la cocina, pues había escuchado ruidos allí.

-¿Se puede saber que ha pasado? – comentó en voz alta la castaña una vez había llegado.

- Se habrá acabado el agua caliente – insinuó Santana apoyándose en la encimera con los brazos cruzados.

- Que casualidad, justo cuando yo me estaba duchando y tú estabas en la cocina cerca del fregadero – dijo señalando a este último, a la vez que varias gotas procedentes de su pelo mojado comenzaban a caer, mojando el suelo.

- Lo mismo digo, que casualidad que siempre tengo en la nevera un cartón de leche NORMAL – intensificó el tono en aquella palabra – y ahora de repente tenga cartones de leche de soja por todas partes justamente cuando llegas tú – volvió a insinuar a la vez que gesticulaba con los brazos.

- No es culpa mía que guardes en la nevera la leche caducada, porque anoche cuando fui a echarme un vaso, como todas las noches, descubrí que estaba mala y tuve que echarme de la mía – comentó a la vez que se cruzaba también de brazos.

- Pero eso no es un motivo para que me llenases la nevera con leche de soja, podías haberme preguntado donde estaban los cartones de leche normal y haber metido uno nuevo – añadió Santana elevando el tono.

- Yo no sé si estabas despierta sobre esa hora, eran casi las dos de la mañana y tú estabas en tu cuarto, no me iba a poner a esa hora a llamar a tu puerta y preguntarte donde están los cartones de leche, porque tú misma me hubieses echado de tu cuarto a patadas – comentó Rachel también en voz alta callando a la morena, pues esta sabía que tenía razón en eso último.

- Bueno… da igual, la próxima vez no me llenes la nevera de leche y menos de SOJA – volvió a decir – y sécate el pelo que me estás mojando el suelo – agregó a la vez que señalaba el lugar del que hablaba.

-Aish – fue lo único que pudo decir, pues Santana la estaba empujando para que volviera al cuarto de baño y se secara.

Al fin, tras al menos un cuarto de hora más, la castaña salió del cuarto de baño, dejándolo libre para que Santana pudiese entrar.

-Menos mal que has salido, estaba a punto de llamar a los bomberos para decirles que una enana con mucha nariz se había atorado en el váter – comentó irónicamente la morena.

-Muy graciosa, estaba secándome el pelo y arreglándomelo, también vistiéndome… - Rachel no pudo terminar de explicarle a Santana lo que estaba haciendo, ya que esta fue interrumpida por la cantante.

- Ya, no me cuentes tu vida y échate a un lado que tengo que entrar al baño que mira la hora que es – dijo Santana a la vez que le mostraba la hora colocándole el teléfono delante de su cara.

- Está bien… - Rachel se apartó dejando así paso a la morena.

Rápidamente Santana entró en la ducha, pues necesitaba entrar en calor debido al frio invernal que hacía esa mañana. El agua caliente caía sobre su cuerpo, haciendo que este al fin retomara su temperatura normal. Se enjabonó y tras aclararse salió de la ducha como nueva. Trató de vestirse lo más rápido posible, pues no quería que su cuerpo perdiera la temperatura corporal que acababa de recuperar. Por último cepilló su cabello y tras terminar salió del baño. Tan solo había tardado cerca de diez minutos.

Al salir del baño y recorrer el pasillo para volver a la cocina, se encontró con una Rachel preparada, esperando a que la morena saliera para irse juntas a la escuela.

-¿Por qué aún sigues aquí? – preguntó, a la vez que se colocaba bien el bolso/mochila que había cogido previamente.

- Te estaba esperando para irnos juntas – contestó a la vez que se acercaba lentamente a la puerta de entrada.

- No hace falta que me esperes, puedes irte en el coche o andando, ya me iré yo después – dijo a la vez que metía dentro del bolso unos papeles que habían en la mesa que adornaba el gran salón.

- Pero no tengo coche, es más no tengo el carnet, y afuera hace demasiado frío como para ir andando hasta la escuela – comentó mirando hacia un lado, aferrando sus manos a la tira de su bolso, el cual estaba colgado en su hombro.

- Pretendes que te lleve ¿no? – captó de inmediato lo que quería preguntarle Rachel.

- S-sí… - dijo en voz baja a la vez que agachaba su mirada.

Santana pensó varias veces en esa propuesta, pues sabía que cuantas más veces la rechazara, más pesada iba a ser la castaña con tal de que ésta la llevase hasta la escuela. Sin decir nada comenzó a caminar hacia la puerta de entrada, para abrirla y salir al fin de la casa. Rachel, quien al no recibir una respuesta de la morena se quedó quieta, sin entender nada, parada en el interior de la casa, al lado de la puerta.

- Vienes o no, no tengo todo el día para esperarte, las clases empiezan en menos de veinte minutos – comentó Santana al otro lado de la puerta mirando a Rachel.

- ¿Me vas a llevar? – pudo decir al fin cuando aquellas palabras de la morena fueron procesadas por su cerebro.

- Sí, pero date prisa – dijo a regañadientes, a la vez que presionaba el botón del ascensor.

Finalmente bajaron, pero al hacerlo descubrieron que estaba comenzando a llover, pero ninguna llevaba paraguas y el coche estaba a unos cuantos metros. Santana sin pensárselo comenzó a caminar en dirección al coche, a la vez que con sus manos tapaba la coronilla de su cabeza, tratando de no mojarse, pues aunque la lluvia no era intensa, el agua se calaba en la ropa, mojándola. La morena, al voltearse, se dio cuenta de que Rachel no la seguía.

-Vamos, cuanto más rato te quedes ahí más intensa será la lluvia – dijo a la vez que más de una gota caía cerca de sus ojos, provocando que estos se cerraran al sentir la lluvia.

Rachel estaba bajo el techo que cubría la entrada al edificio, mirando a la morena con la cara en blanco.

-¡Camina hacia aquí!– gritó Santana para que ésta la escuchase, pues estaba comenzando a mojarse más, la lluvia ya estaba mojando sus hombros y su pelo estaba comenzando a estar cada vez más húmedo – ¡No tengo todo el día, o caminas o voy hacia ti y te traigo a arrastras! – volvió a gritar, ya más cabreada.

- No quiero que se me moje el pelo, acabo de hacerme las planchas – comentó elevando la voz para que ésta pudiera escucharla.

- Yo a ti te mato. ¡Ven aquí! me da igual tu pelo, el mío también se está mojando y no digo nada – gritó cada vez más cabreada – como no vengas me voy sin ti y ya te apañas tu solita como llegar a la escuela – dijo a modo de amenaza.

- Está bien, está bien – gritó a regañadientes.

Rachel corrió hacia Santana, colocando su bolso a modo de paraguas provisional. Al fin, ambas aligeraron el paso hasta llegar al coche de la morena, el cual se encontraba en la esquina de esa misma calle. Al llegar a él, Santana quitó el seguro, haciendo que al fin pudiesen entrar en él. Rachel entró tan rápido en el coche que a punto estuvo de salirse por la otra puerta y caer encima de la morena. Santana, mientras, se subió un poco más tranquila, dejando su móvil encima de un dispositivo de manos libres. Se colocó el cinturón, a la vez que miraba de reojo los movimientos de la castaña, la cual tardó bastante en encontrar el encaje del cinturón. Finalmente encendió el motor, poniendo rumbo a NYADA, mientras que a su lado, Rachel, trataba de arreglar el desastre que la lluvia había causado en su pelo, mirándose a través del espejo del asiento del copiloto.

Tras un par de minutos conduciendo, la lluvia se intensificó, cada vez caía más fuerte sobre el capó del coche y sobre el cristal delantero, haciendo que los parabrisas tuvieran más dificultad para limpiar el agua.

-Dios mío, por favor, que esto no sea una tormenta – rogaba Santana en voz baja a la vez que miraba el cielo a través del cristal.

- ¿Qué? ¿una tormenta? – preguntó Rachel, pues esta había logrado escuchar a la morena.

- No lo sé, pero sí lo es, espero que pase pronto – contestó devolviendo la mirada hacia la carretera, la cual estaba llena de coches, como todas las mañanas en aquella ciudad – encima estamos en un embotellamiento con esta lluvia.

Tras este comentario, Rachel cogió su bolso, buscando algo en él, resoplando, haciendo que Santana la mirase.

-¿Te pasa algo? – preguntó con algo de interés.

- No nada – contestó, cerrando el bolso y apretándolo contra su pecho.

- No te creo pero bueno, si tú lo dices – agregó la morena, devolviendo su mirada hacia el frente.

Un silencio se apoderó de sus voces, haciendo que el único ruido que se escuchase fuese el motor del coche y las gotas de lluvia golpeando el cristal.

*A unos metros de allí…*

Quinn se había despertado con fiebre, toda la noche se la pasó tosiendo, por lo que no pudo apenas dormir. Justamente hoy, el mismo día de su cumpleaños, acababa de ponerse enferma. Sam había salido a comprar algunas medicinas para ella, aunque con la lluvia que estaba cayendo, sabía que iba a tardar en regresar. Tomó de nuevo su temperatura, colocando el reverso de su palma contra su frente, comprobando que tenía más fiebre aún. Decidió ponerse de pie, pues cuanto más esperase a que Sam volviera, mas iba a aumentar se fiebre. Se destapó, sintiendo por primera vez el frio de la mañana. Trató de levantarse despacio, pues estaba comenzando a sentir mareos. Poco a poco, sujetándose con las paredes y con toda cosa que se encontraba, logró llegar al baño, se acercó a la bañera, encendiendo el agua fría. Puso su mano bajo el chorro de agua para comprobar cuanto de fría estaba.

-No sé si moriré por calentura por culpa de la fiebre o de frio por lo helada que esta el agua – se decía a si misma a la vez que alejaba su mano del agua.

Se mentalizó para entrar en aquel baño de agua helada. Se deshizo de la ropa que abrigaban su cuerpo, para adentrarse en el agua, apoyándose en las paredes del baño, para no resbalar ni caer. Finalmente entró en la bañera, decidió tomarse un baño en vez de una ducha, debido al mareo. El agua comenzaba a caer sobre su piel, provocando que diera pequeños chillidos debido al agua helada. Llevó su cabeza hacia tras para que ésta también se mojara, haciendo que su cara quedase completamente bajo el agua. Tras un par de segundos así, sacó la cabeza. Cerró el grifo, el cual había estado todo ese tiempo abierto, para luego salir poco a poco de la bañera. Cogió una de las toallas que había colgada en uno de los tiradores que estaban cerca de la propia bañera y se la enrolló en su cuerpo. Poco a poco, aun agarrándose en las paredes, pues el mareo aún seguía ahí, se acercó al lavabo a la vez que miraba su reflejo en el espejo. Se dio cuenta de que de su pelo caían gotas, por lo que cogió una toalla más pequeña que estaba cerca del lavabo. Al tener el pelo corto le era más fácil y más rápido secárselo. Comenzó a pasar la toalla sobre su pelo, dejando su cabello totalmente despeinado. Terminó de secar su cuerpo, para luego volver a ponerse el pijama.

Volvió sobre sus pisadas a su cuarto, se sentó sobre la cama y se colocó el termómetro, a la vez que de nuevo posaba el reverso de su mano contra su frente. Su temperatura había disminuido. Tras un par de segundos después, el termómetro afirmaba aquella suposición. Volvió a meterse en la cama, pero esta vez tapándose con menos mantas, pues esto lo único que hacía era subirle la temperatura. Se quedó un par de minutos mirando a la nada para más tarde recorrer con la mirada cada rincón de su cuarto. En unas de sus miradas observó uno de sus álbumes de fotos, el cual estaba sobre una de las estanterías que estaban colgando de la pared. Decidió cogerlo, pues estaba bastante aburrida sin poder hacer nada. Volvió a destaparse, y sin ponerse las zapatillas, recorrió los pequeños metros que la separaban de la estantería, elevó su brazo a la vez que se ponía de puntillas para poder llegar mejor, finalmente consiguió atrapar el álbum.

Regresó nuevamente a su cama, esta vez sentada, tapándose de nuevo con un par de mantas y cruzando sus piernas para poder sostener mejor el álbum de fotos entre ellas. Tocó suavemente la portada, pues sabía que en cuento lo abriera su mente se iba a teletransportar. Una a una pasó las páginas, recuerdos comenzaban a flotar por su mente, en una de las fotos aparecía de pequeña, con la cara manchada de chocolate tratando de volver a meterse en la boca en cachara llena de más chocolate. En otra ya algo más grande, tratando de montar en bici por primera vez junto a su padre, el cual sostiene firmemente el manillar para evitar que ésta callera. Otra fue tomada en navidades, cuando su tio se vistió de papa Noel y asustó a todos sus primos, sus caras reflejaban el miedo, mientras que en la suya se dibujaba una sonrisa. Página tras página las huellas de los años pasaban como si de segundos se trataran, hasta que llegó a las fotos de los años más recientes. No podía entender cómo pudo llevar esas ropas.

-Dios mío! Era una terrorista de la moda – se decía a si misma a la vez que no podía parar de reírse de sí misma.

De nuevo pasó un par de páginas, hasta encontrarse con aquellas fotos que ahora le causaban dolor y rabia. Eran las fotos de ella junto a Finn, Puck, Sam, Tina, incluso Mercedes estaba ahí, a la cual hacía mucho tiempo que no veía. Pero quien ocupaba gran parte de esas fotos junto a ella era Rachel. En aquella época eran inseparables, lo hacían todo juntas, y sabían todo la una de la otra, aunque Quinn siempre fue un poco más abierta sobre sus sentimientos y pensamientos hacia Rachel que la castaña hacia ella. Más recuerdos comenzaban a inundar su mente. Es cierto que aquel tiempo fue el más valioso para ella, pero ahora recordar todos esos momentos le dolía, pues de nuevo volvía a su mente aquella traición de la cantante. Todavía no entendía como esta pudo revelar su secreto, nunca se lo hubiera imaginado, pues Rachel siempre guardaba sus secretos, podía confiar ciegamente en ella. Ese pensamiento seguía inundando su mente. Se centró en una de las fotografías en las que aparecían ambas, las dos abrazadas, Quinn la abrazaba por la espalda sonriente, mientras que Rachel recibía aquel abrazo a la vez que sus brazos estaban estirados hacia atrás, agarrando la parte baja de la espalda de la rubia, también sonriente. Aquella foto fue tomada hacia ya algo más dos años, justamente en ese mismo día, el día de su cumpleaños. Ambas ataviadas con vestidos, pues su madre se empeñó en hacer una fiesta tipo baile de fin de curso. ¿Quién le iba a asegurar que ese iba a ser el último cumpleaños feliz? Tras ese cumpleaños, al año siguiente sus padres se separaron, su amistad con Rachel se desquebrajó, tuvo a una hija a la cual dio en adopción, perdió a su novio del instituto y para colmo tuvo que dejar atrás sus sueños como fotógrafa para inscribirse en la escuela NYADA todo porque su madre prefería que ella fuese una estrella de Hollywood y no una fotógrafa de cuarta, tal y como ella decía. Recordar aquella foto, aquellos pensamientos y sentimientos que tuvo ese mismo día hizo milla en Quinn, de repente una lágrima comenzó a formarse en sus ojos, y sin tener tiempo a frenarla, ésta cayó sobre el plástico que cubría a la foto. Cuando pudo ver claramente, debido al agua que se estaba formando en sus ojos, limpió aquella gota, para luego cerrar el álbum. Pasó nuevamente una mano sobre la tapa, mientras que con la otra se secaba el par de lágrimas que recorrían sus mejillas.

-¿Por qué me sigue doliendo? – se preguntó a la vez que aferraba contra su pecho aquel álbum.

Nunca se lo había dicho a nadie, ni si quiera a Sam, pero aparte de mostrar ese odio hacia Rachel, también escondía un dolor que le venía acompañando ya dos años, desde que descubrió lo que hizo la castaña. Más de una noche había llorado a escondidas, pues es cierto que le dolió perder a su novio, dar en adopción a su hija, pero sobretodo lo que más le dolió fue perder a su amiga, la cual conocía de años. Pero por mucho que quisiera perdonarla el dolor seguía ahí y para Quinn le era muy difícil e imposible perdonar algo así. Ya habían pasado dos años, dos años sin su mejor amiga, sin su compañera de risas y de locuras. Con Rachel no hacía falta palabras, pues con la mirada se lo decían todo. Desde que ocurrió todo aquello, Quinn había dejado de celebrar su cumpleaños, por mucho que Sam la insistiera y tratara de celebrar aunque fuese una mini fiesta, esta siempre la rechazaba, pues ya no encontraba un motivo por el cual celebrar su cumpleaños, total, era un año más.

Dejó aún lado el álbum, pero apoyar su espalda contra el colchón, tapándose totalmente. Giró su cuerpo hasta colocarlo de lado, llevando su mirada hacia la ventana, por la cual veía como las gotas comenzaban a caer cada vez más fuerte, a la vez que chocaban contra el cristal. Se sentía exactamente igual a como estaba el tiempo. De nuevo una lágrima cayó de sus ojos, mojando esta vez la almohada. Dejó caer sus ojos, cerrándolos por completo, necesitaba descansar y dejar de pensar.

*De nuevo bajo aquella lluvia…*

Santana y Rachel permanecían aún bajo aquella lluvia incesante y atrapadas en un atasco, todo provocado por aquella tormenta de la cual ninguna sabía. La morena decidió apagar el motor, pues de nada le servía tenerlo encendido si ningún coche se movía. Rachel, mientras, con su bolso aferrado a su pecho miraba como el agua caía cada vez más fuerte sobre el cristal, a la vez que rezaba porque esa lluvia cesara. Todo era silencio, lo único que se podía escuchar era la lluvia que caía sobre el capó y el cristal, a la vez que el sonido del claxon de algún que otro coche. De repente algo les llamó la atención, el móvil de Santana estaba comenzando a sonar, alguien la llamaba. Esta decidió utilizar el manos libres, pues así, si por casualidad los coches se empezasen a mover no tendría que colgar la llamada.

-¿Sí? – contestó la morena sin alejar sus manos del volante y su mirada de la carretera.

-¿Santana? – la voz de Brittany inundaba todo el coche, haciendo que finalmente la cantante mirase hacia su móvil.

-B-brittany, estoy en un atasco, t-tratando de llagar a NYADA – comentó Santana sin haber sido preguntada.

Rachel al notar el nerviosismo en la voz de la morena la miró de reojo, sin decir nada, simplemente oyendo aquella conversación entre ambas.

-¿Cómo? ¿estás de camino a NYADA? – preguntó Brittany.

- Si, tenemos clase ¿n-no lo recuerdas? – contestó Santana sin entender nada.

- Santana ¿no miraste anoche las noticias del tiempo, no? Al parecer hay una tormenta y aconsejaron de quedarse en casa, pues decían que iba a poner a peor e incluso NYADA dio un comunicado diciendo que las clases de hoy se cancelaban – comentó.

- ¿E-es en serio? – la cara de la morena cambió totalmente, a la vez que dejaba caer su espalda contra el asiento bruscamente. No fue la única a la que le cambió la cara, pues Rachel también se sorprendió.

- ¿Ahora qué hago? – se dijo a sí misma la castaña en voz alta, haciendo que Santana la mirase extraña.

- ¿Rachel? – preguntó Brittany al oír la voz de la cantante.

- Oh! Hola Brittany – saludo sin mucho entusiasmo, a la vez que aferraba su bolso más fuerte contra su pecho.

- ¿Qué haces ahí? – preguntó interesada.

- Ah! Pues que convencí a Santana de que me llevase con ella a la escuela, ya sabes que no tengo carnet y hacía mucho frio esta mañana y cuando íbamos a coger el coche comenzó a llover… - Rachel comenzó a explicarle rápidamente todo lo que había hecho, haciendo que Santana la parase.

- Ya, enana, tampoco tienes que contar tu vida y menos a esa super velocidad – dijo deteniéndola.

- Jajaja ¿no podéis ni tan siquiera llevaros bien por un rato mientras estáis metidas en el coche? – preguntó entre risas Brittany.

- N-no es eso, ya s-sabes que ella me pone de los nervios – contestó agachando la cabeza, para luego llevar su mirada hacia la castaña, haciendo que esta la mirase de la misma manera.

- Bueno, dejaros de peleas ¿vale? Me tengo que ir, Artie está de los nervios por su nueva historia y parece una embarazada, tiene muchos antojos – comentó entre risas, haciendo que el corazón de la morena comenzase a doler – Adiós Rachel, adiós San os quiero.

- Adiós – se despidió Rachel mirando de reojo la expresión en la cara de Santana.

- Adiós Britt – finalizó la morena, quien en su cara se podía leer el dolor que tenia al oír aquello que contó entre risas Brittany sobre Artie.

La llamada finalizó haciendo que el silencio volviera a hacerse dueño de sus bocas. Estuvieron así unos minutos, donde lo único que se movía era la hora que marcaba el reloj del coche y los parabrisas que limpiaban lo que podían del agua que caía. Ni los coches que las rodeaban ni si quiera ellas movieron un solo músculo. Al fin, Rachel se decidió a hablar, tomó aire, miró a la morena y pronunció aquellas palabras que llevaba rato guardando.

-Santana – la llamó, pues quería que esta le diese toda su atención.

- Um! – contestó para luego mirar a Rachel, dándole aquella atención que esta buscaba.

- ¿Te puedo hacer una pregunta sin que te la tomes a mal? – preguntó entrecerrando los ojos a la vez que subía sus cejas. Santana miró a su alrededor, para luego volver a mirar a la castaña.

- Pregunta – dijo al fin, dándole paso a Rachel.

- ¿Sientes algo por Brittany? O sea, me refiero, aparte de quererla como amiga ¿sientes algo más? – preguntó haciendo que Santana abriera completamente sus ojos, pues no se esperaba aquella pregunta.

La morena no sabía que contestar, pues no tenía la confianza suficiente como para confesarse con Rachel, además sabiendo lo que esta le hizo a Quinn tenía muchas menos papeletas para ser la elegida a quien contárselo. Pensó detenidamente que decirle, pues esta la estaba observando, esperando una respuesta.

-B-Brittany es mi amiga, s-solamente – logró contestar, aunque claramente el tartamudeo seguía ahí.

Rachel la miró detenidamente, como si estuviera haciendo un escáner de su mente y tratara de encontrar las palabras justas para poder hablarle sin que esta se lo tomara a mal.

-No me refiero a eso, sé que Brittany es tu amiga, eso lo tengo claro. Pero lo que no tengo claro es esa mirada tuya cuando la miras, ese tartamudeo que tienes cuando ella te habla o tú le hablas, esa sonrisa tonta que se te dibuja cuando la miras. No te estoy diciendo esto para hacerte daño, ni mucho menos, pero llevo tiempo observándote, sin que te dieras cuenta – Rachel hizo un parón, al ver que Santana seguía mirándola con esa cara de terror decidió proseguir – Sé que te dolió oír que Brittany se casaba, vi que lloraste ese mismo día, a pesar de estar con unas copas de más, no me tragué el cuento ese de que te emocionaste solo por aquella noticia o por lo de David, porque os oí. Sé que sientes algo más por ella, vi tu mirada el otro día, cuando ella estaba de espalda colocando mis CD's en la estantería; vi tu sonrisa tonta cuando ambas os estabais mirando una enfrente de la otra sentadas en la cama; y acabo de ver tu cara y la tristeza en tus ojos cuando Brittany ha mencionado a Artie. Sé que no me debo meter en esto, pero quiero ayudarte – añadió mirando dulcemente a Santana a la vez que posaba una de sus manos en el antebrazo de la morena.

- No sé de d-donde sacas eso – pudo decir, pues Rachel lo había clavado todo – n-no me gusta Brittany – dijo llevando su mirada hacia el frente, a la vez que trataba de liberar su brazo del agarre de la castaña.

- Santana, tengo padres homosexuales, sé cómo se miran. Lo hacen como cualquier otra pareja y te aseguro que tu mirada es como la de ellos o incluso más intensa, y por eso no tienes porque tener miedo a aceptarlo – comentó, haciendo que Santana moviera sus ojos de un lado a otro, tratando de encontrar una escusa para salir de aquel aprieto.

- Me da igual tus padres, n-no quiero a Brittany, para de llamarme h-homosexual, n-ni si quiera me conoces y ya m-me estas juzgando – atacó Santana sin saber muy bien que decir.

- Santana no te estoy llamando homosexual, te estoy dando un ejemplo, y que lo seas me da igual, no tiene nada de malo. Simplemente me estoy preocupando por ti, he visto el dolor en tus ojos y como compañera de piso y como amiga, quiero ayudarte – confesó, tratando de agarrar las manos de la morena.

- No eres mi amiga y mucho menos q-quiero tu ayuda, no sabes n-ni de lo que hablas – volvió a atacar, nuevamente intentando que ésta no agarrara su mano.

- Santana, Santana mírame – pidió Rachel a la vez que agarraba la cara de la morena y la giraba hacia ella – No voy decir nada, solo quiero ayudarte y no te estoy atacando. Y si, me considero tu amiga, aunque tú no me aceptes como tal – dijo suavemente, mientras que Santana respiraba de una manera agitada, a la vez que miraba directamente a los ojos de Rachel, encontrando en ellos algo de sinceridad.

-D-déjame en paz – quitó las manos de la castaña de su cara para volver nuevamente hacia el volante.

Su respiración seguía agitada, pero esta vez sus ojos comenzaban a empañarse, no entendía exactamente el porqué, pero aquellas palabras que le dijo Rachel hicieron mella en ella. Trató de mirar hacia el lado de su ventana, así evitaría que ésta viera sus lágrimas caer. Rachel al ver aquel estado de la morena, vio que pudo haber cometido un error, no quería asustarla, solo quería ayudarla, pues sabía por sus padres el dolor que se pasa al tratar de esconder eso.

-Lo siento Santana, sé que debería haberme callado, como has dicho no soy quien para meterme en tu vida ¿no? No voy a volver a hablar más de ese tema – comentó llevando su mirada hacia su bolso – pero si te sirve de algo, yo también puedo contarte un secreto y así ambas sabemos uno de cada una – añadió aún con su mirada en su bolso para luego llevarla hacia Santana.

La morena había escuchado aquello, aparte de sentir dolor por aquello que le había dicho Rachel, también sentía que no debía de enfadarse con ella, pues aunque no era santa de su devoción, había logrado saber su secreto sin que esta le dijera nada. No se movió, simplemente se mantuvo en su posición, aunque esta vez con una respiración más relajada. Rachel, quien no le quitaba el ojo, al ver aquel cambio en su respiración decidió continuar.

-Lo tomaré como un sí – dijo para luego confesar su secreto – El otro día viste en mi escritorio que tenía una cámara, la cual no dejé que tocases. Es cierto que es un objeto importante, pero no para mi, para Quinn – se detuvo en su confesión, para tomar aire y continuar, haciendo que Santana, aún sin mirarla, le pusiera más atención a Rachel – Esta era su cámara – dijo metiendo su mano en su bolso, para después sacarla – la llevaba a todos lados, su sueño era ser fotógrafa profesional, pero su madre no creía en su sueño – no paraba de mirar la cámara – Su madre le dio un ultimátum, quería que vendiera esta cámara para que se inscribiera en NYADA y se convirtiera en una estrella de Hollywood – aquel relato hizo que al fin, poco a poco Santana comenzase a mirar hacia el lado en el que se encontraba la castaña.

- Lloró, lloró tanto cuando la vendió que casi se quedó sin lágrimas. Aquel sueño de convertirse en una fotógrafa se hizo añicos y con él al poco tiempo, nuestra amistad. Siempre luché por hacer que Quinn me perdonase, pero de nada me servía – hizo una pausa para llevar su mirada hacia la ventana, viendo como gotas de agua recorrían el cristal, dejando una huella – Hace un par de semanas, recorriendo las calles de vuelta a casa, me topé con una tienda de fotografía, y por casualidad, estaba allí, aquella cámara por la cual Quinn lloró tanto estaba allí, en el escaparate, detrás un cristal – su mente había vuelto a ese mismo día, olvidando por completo que estaba Santana junto a ella – En cuanto la vi supe que no podía pasar de largo. La pagué a plazos, hasta que hace un par de días logré tenerla finalmente en mis manos. Estaba feliz por volver estar cerca de esa cámara. Pero esa felicidad duró muy poco, Sam me llamó pidiéndome consejo para encontrar un regalo para el cumpleaños de Quinn – Santana la miró cada vez más envuelta en aquella historia, aún con los ojos algo empañados – Decidí darle esta cámara – volvió su mirada hacia la cámara, haciendo que los ojos de la morena se abrieran al oír aquello.

- Quería que el fuese el que se la regalase, pues por mucho que Quinn amase esta cámara, si yo se la regalaba esta la iba a rechazar y no quiero que eso pase. Quiero que sea feliz, al menos una vez, una vez más en su cumpleaños – finalizó llevando su mirada hacia la de Santana, haciendo que esta la mirase detenidamente.

- ¿Has hecho eso simplemente por hacer que vuelva a tener su cámara? – preguntó interesada.

- No es solo por la cámara, sé lo que significa esa cámara para ella y también sé que desde hace dos años no ha celebrado su cumpleaños y tampoco ha querido ninguna fiesta, solo quería devolverle la sonrisa, aunque fuese a través de Sam – confesó, haciendo que Santana entendiese mejor lo que le quería decir Rachel.

- No eres tan mala como pensaba enana – en su cabeza miles de pensamientos pasaban, creía que debía serle sincera y afirmarle aquella suposición de la que hablaba anteriormente la castaña, aunque el miedo seguía ahí, no sabía si ser sincera del todo o tener al menos algo en lo que esconderse.

El silencio se hizo otra vez presente, la lluvia seguía como sonido de fondo y los coches seguían sin moverse de su sitio. Había pasado ya más de una hora y aún seguían allí. De repente un sonido procedente del bolso de Rachel fue lo que quebró el silencio. Era su teléfono, alguien la estaba llamando. Finalmente cuando logró sacar el móvil del boso pudo contestar a la llamada.

-¿Sí? – preguntó.

- ¿Rachel? Soy yo Sam, necesito tu ayuda – dijo el rubio desde la otra línea con una respiración agitada.

- ¿Que ocurre Sam? – preguntó algo alterada al escuchar al chico, haciendo que Santana la mirase sorprendida.

- Es Quinn, esta noche se la ha pasado con mucha fiebre y hace un rato bajé a por unas medicinas y cuando he logrado subir me he acercado a ella para saber cómo estaba pero no me responde, le he tocado la frente y está muy caliente – comentó cada vez más alterado.

- ¡¿Qué?! Está bien quédate ahí, voy a tratar de llegar allí lo más rápido posible – dijo también contagiándose de ese nerviosismo.

Santana la miraba sin entender nada, simplemente escuchaba atentamente lo que la castaña decía. La llamada finalizó, en los ojos de Rachel se podía leer el pánico en el que acababa de entrar. Su respiración se hizo cada vez más fuerte.

-Necesito ir lo más rápido posible a casa de Quinn – comentó finalmente.

- ¿Pero qué ha pasado? – preguntó algo alterada al escuchar aquello.

- Al parecer Quinn ha estado toda la noche con fiebre y Sam al volver hace rato de la farmacia se la ha encontrado creo que inconsciente y con mucha fiebre, necesito ir ya – confesó, haciendo que Santana abriera ampliamente los ojos.

- Está bien, saco las llaves y nos vamos – comentó, a la vez que Rachel la miraba incrédula.

- ¿Cómo vas a dejar aquí el coche? te pueden multar – dijo agarrando sus cosas a la vez que se desabrochaba el cinturón.

- Me da igual, una amiga está primero que un coche – comentó sacando las llaves del contacto y desabrochándose también el cinturón, haciendo que una leve sonrisa se dibujase en los labios de la castaña.

- Gracias – fue lo único que pudo decir Rachel, recibiendo de Santana una pequeña sonrisa.

Continuará….

Espero que os haya gustado y siento si en algún momento de la historia no habéis podido entender muy bien lo que quería decir, pues he estado bastante despistada por motivos personales. Solo os aseguro que vendrán capítulos moviditos, el siguiente ya lo tengo casi entero imaginado, falta escribirlo. Espero no tardar mucho, pues este como ya avisé, tuve que dejar la escritura para poder hincar los codos y poder estudiar para los dos últimos exámenes que tenía (los he aprobado todos, por si a alguien le interesa jeje). Espero en estos días de fiesta poder escribir más y subir el próximo capítulo pronto.

Mil gracias por leerme y escribirme, en serio, me encanta entrar en la página y encontrarme con comentarios, sin duda me llena de fuerzas para seguir escribiendo.

Nos vemos pronto y si no llego para antes de año nuevo, pues ya os lo felicito de antemano.

Saludos. San.