Ya habían pasado unas cuantas horas desde que entraron en aquel hospital, médicos y enfermeras seguían yendo y viniendo de un lado a otro, algún que otro paciente se las quedaba mirando cuando pasaba cerca de ellas, y Sam, Sam aún seguía dentro de la habitación, dentro de la 212. Salió para decir que Quinn estaba bien, pero al rato volvió a entrar, pues no quería dejarla sola. Mientras el trío de amigas seguía afuera esperando, rezando para que las dejasen entrar. Rachel se había cansado de estar sentada, pues había estado en aquella posición por más de dos horas, y ahora comenzaba a dar pequeños tumbos, dando vueltas por aquel pasillo. Brittany, debido a su miedo decidió sentarse, aunque con el paso de los minutos optó por tumbarse sobre las sillas que estaban apiladas en filas, unas al lado de las otras. Santana también decidió sentarse, colocándose cerca de la rubia, cosa que ésta aprovechó para colocar su cabeza sobre el regazo de la morena, provocándole millones de escalofríos. Santana no podía apartar su vista de la silueta de la bailarina, quien estaba tumbada de lado, dándole la espalda. De alguna manera se alegró de que esta no se hubiese puesto mirando hacia ella, pues entonces sí que no se hubiera podido controlar. Sus manos viajaron, así como por arte de magia, hacia el cabello de la rubia, dejándole suaves caricias, sintiendo por primera vez en sus manos la suavidad del pelo de ésta. En cada caricia su corazón se paraba, mientras que una extraña sensación se instalaba en su estómago. Podía incluso contar las veces que había respirado, pocas. La bailarina, al notar por primera vez aquellas caricias, giró su cabeza para encontrarse con esos ojos que poco a poco estaba consiguiendo descifrar. Sin saber porqué, una sonrisa se dibujó en sus labios, haciendo en la morena un efecto dominó. Brittany al recibir de Santana otra sonrisa, volvió a sentir de nuevo aquella sensación, volvió a sentir como su corazón se paraba para luego latir con más fuerza. Era la segunda vez que le pasaba y no entendía el porqué, pero le gustaba aunque también de alguna manera le asustaba. Decidió dejar de pensar en ello. Cerró los ojos, sintiendo las carias de Santana, a la vez que abrazaba con su brazo izquierdo las piernas de esta. Trató de serenarse, de serenar a su corazón, para relajarse. No era la única que trataba de serenar a su corazón, la morena comenzaba a morirse por dentro. Su corazón estaba que parecía que iba a estallar, sus ganas de abrazarla crecían más y más, a la vez que sus ojos se hacían cada vez más dueños de aquella silueta. Quería que ese momento fuese un sueño, así al menos podría soñar que era suya, que nadie se la iba a arrebatar, que ella también tenía posibilidades de amarla. También agradecía que fuese real, pues al menos no tendría porque decir que todo había sido un sueño, podía disfrutar que la tenía en su regazo, que era suya en ese pequeño instante. Quería parar el tiempo, hacer que los segundos dejasen de pasar para poder disfrutar siempre de ese momento.
Rachel, que aún seguía dando vueltas, las pudo ver, pudo ver aquella reacción de ambas. Estaba segura de que Santana sentía algo por Brittany, aunque esta lo negara. Aquella mirada que la morena le regalaba a la rubia no era de amistad, lo sabía porque ella también lo había vivido. Pero algo raro pasaba, era Brittany, hacia un par de semanas que había visto una actitud rara en ella, como si algo dentro estuviera cambiando. Este pensamiento se incrementó cuando en el apartamento de Santana, ambas se quedaron mirándose muy cerca la una de la otra. Podía poner la mano en el fuego por Santana, pero no estaba segura de la bailarina, no sabía que es lo que pasaba dentro de ésta, pero estaba segura de que lo iba a averiguar.
Los minutos seguían pasando y el hambre comenzaba a hacerse dueño de sus estómagos, provocando algún que otro rugido en el estómago de Rachel. Esta posó su mano sobre su vientre, notando cada vez más aquella sensación de vacío en su interior. Tenía que comer pero no quería irse, pues temía que mientras bajaba a comer algo la rubia se despertara y no pudiera verla. De todas formas no podía entrar a la habitación, pero quería estar presente cuando ésta despertara, aunque fuese en aquel pasillo, en esas sillas de plástico tan incómodas. Santana, a pesar de tener a Brittany en su regazo, no pudo dejar de quitarle un ojo a su compañera de piso y casi amiga.
-¿Rachel porque no bajas a desayunar? Tu estómago hace más ruido que aquel viejo tratando de abrir la silla de ruedas – dijo apuntando con el dedo hacia el señor que se encontraba detrás de la castaña, a unos metros de distancia.
- Más respeto, no es un viejo, es un señor mayor y no voy a bajar, no tengo hambre – sentenció, aunque de nada le sirvió, ya que su estómago volvió a rugir, esta vez de una forma más sonora.
- Ya, no tienes hambre – comentó mirándola – entonces lo que tienes en tu estómago que es ¿Un gremlin? – agregó.
- Muy graciosa – dijo irónicamente a la vez que se cruzaba de brazos mirándola de una forma acusadora.
- Santana, no te metas con ella y Rachel, hasta yo estoy escuchando el rugido de tu estómago, con que comas algo no te va a pasar nada – comentó Brittany levantándose del regazo de la morena y mirando a ambas – parecéis dos niñas de primaria, siempre molestándoos mutuamente – agregó entre risas.
- Es ella la que siempre empieza – dijo Rachel señalando a la morena.
- ¿Perdona? Eres tú quien haces que yo empiece – se defendió.
- Parad ya, este no es un lugar para pleitos. Rachel, baja a comer algo, si ocurre algo te llamo – sentenció la bailarina, haciendo que ambas callaran.
Tanto Santana como Rachel se lanzaron miradas, las cuales se podían traducir como "Ya te enteraras" o "Aquí no acaba la cosa". Finalmente Rachel hizo caso a Brittany y bajó a desayunar. En cuanto esta se fue, surgió un momento incomodo entre la bailarina y la morena, no sabían porque, pero ninguna de las dos podían mirarse a la cara. Santana tenía miedo de cruzarse con la mirada de Brittany, ya que de solo recordar aquel momento que minutos antes habían tenido, le provocaba rubor en sus mejillas. Brittany tampoco se quedaba atrás, no es que tuviera rubor, sino que de solo recordar aquella sensación que había tenido antes no podía mirarla. Ambas tenían sus miradas fijas en el suelo, Brittany jugaba con sus pies, mientras que Santana trataba de contar las manchas que había dibujadas en él, así al menos tendría su cabeza ocupada y no estaría pensando en lo sucedido. Había un silencio incómodo, pero a la vez normal. Alguna que otra mirada se escapaba, pues ambas en alguna ocasión miraba a la otra de reojo, pero ninguna palabra salía de sus bocas. Aquel momento estaba comenzando a incomodar demasiado a la morena.
-¿Q-que tal Artie? – fue lo único que pudo preguntar, aún con su mirada fija en el suelo, aunque no le gustase hablar de él, era la única forma en aquel momento de sacar conversación.
- B-bien – Brittany la miró extrañada, pues era la primera vez que Santana le preguntaba por su novio – quiero decir, ocupado en su obra – concretó, no quería que la morena se tomara a mal aquella breve respuesta. Pero lo único que recibió de ella fue una pequeña afirmación con la cabeza.
De nuevo aquel silencio incómodo, de nuevo aquellas miradas escondidas.
-T-tengo algo para ti – Brittany rompió el silencio, haciendo que al fin la morena la mirase.
- ¿Q-que es? – preguntó interesada.
- El otro día, cuando hablaste con tu madre y me dijiste que estaban pasando por un mal momento económico y que no iban a poder pagarte el alquiler, me hizo pensar en una cosa. Espero que no te lo tomes a mal ni nada, pero lo he hecho porque sé que lo necesitas – aquellas palabras estaban poniendo a Santana cada vez más nerviosa.
- ¿Qué cosa? – preguntó extrañada, mirando fijamente a los ojos de la rubia.
- Le… pedí a Artie el teléfono… de un amigo suyo, e-es el dueño de "The blue eyes", y como él estaba buscando una camarera, pues… pensé en ti – Santana estaba atónita, no sabía qué decir ni qué pensar y Brittany lo estaba comenzando a notar – l-le pedí si te podía… hacer una entrevista – agregó con cara de preocupación, no sabía que es lo que estaba pasando ahora mismo por la cabeza de Santana – y m-me dijo que sí.
- ¿P-por qué has hecho eso? – preguntó, intentando entender el motivo, a la vez que sus ojos no dejaban de mirar aquel azul cielo que envolvía la mirada de la bailarina.
- Porque soy tu amiga, porque me preocupas y… - hizo una pausa, quería ser sincera, pues hacía un par de días que aquella posibilidad se hacía cada vez más grande en su pensamiento y tenía miedo - …no quiero que te tengas que ir de Nueva York, n-no quiero que te vayas, no… q-quiero que te alejes de mi – se sinceró, parando el corazón de Santana, instalando en ella el nerviosismo, haciendo que aquella sensación de vacío en su estómago, que cada vez se hacía más grande, se llenase en cuestión de segundos de aquello a lo que llaman "mariposas". Necesitando tomar grandes bocanadas de aire, ya que sus pulmones habían optado por dejar de funcionar.
No sabía qué decir ni qué pensar, aquellas palabras le habían provocado un huracán de sentimientos en menos de dos segundos. Se sentía feliz pero a la vez preocupada, no sabía qué hacer en ese momento. Su boca se había quedado pequeña mientras que en su interior el amor brotaba de cada recoveco.
-N-no tenías porque… - no pudo continuar, Brittany acababa de bajar su mirada, dibujándose en su cara un aura de tristeza, rompiendo el corazón de Santana.
- Lo siento – dijo en un tono de voz casi inaudible.
La morena se quedó por unos segundos mirándola, sintiéndose mal por no haberle dado las gracias, por no haberle agradecido que se hubiera preocupado por ella. Brittany era de esas personas que en seguida podían ser heridas con un par de palabras y esto le preocupaba a Santana, pues temía que le hubiera hecho daño.
-¿C-Cuando es la entrevista? – preguntó, posando su mano derecha sobre las manos de la rubia, notando nuevamente como la mirada de ésta volvía a fijarse en la suya. Quería remediarlo, aunque no estuviera muy a la labor de ver ese trabajo.
- De verdad, si no quieres ir puedes decirlo – comentó Brittany, sintiéndose aún mal, pues pensaba que Santana solo aceptaba esa propuesta para que se sintiera mejor.
- Es en serio – dijo acariciando las manos de la bailarina – quiero ir – agregó tratando de retener los ojos de ésta sobre los suyos.
Brittany dibujó una pequeña mueca en su cara, aún no estaba segura de si lo que decía Santana era cierto o no, pero en sus ojos podía ver algo de sinceridad. Tras estar unos segundos deliberando detenidamente si decírselo o no, optó por lo primero.
-T-te espera mañana por la mañana, sobre las nueve – aquellas últimas palabras perdieron fuerza, aunque fueron lo suficiente audibles para que la morena lo escuchase.
- Te prometo que allí estaré ¡si hace falta acampo en la entrada! – estas palabras devolvieron la sonrisa a Brittany – gracias por preocuparte, por estar ahí – ahora era su mirada la que se escapaba, la que huía de los ojos de la rubia – g-gracias p-por… - tenía miedo, quería decirle tantas cosas que todas se quedaban pequeñas, quería ser sincera, quería decírselo, pero no podía, no así, no ahí, no cuando sabía que sus posibilidades de tenerla estaban por debajo del cero – g-gracias por p-permitirme conocerte – optó por callar, por ser sincera de una manera más débil. De nuevo el silencio se hizo presente, pero éste ya no era incómodo era agradable.
Las horas seguían haciéndose paso y Quinn seguía sin despertar, haciendo cada vez más desesperada aquella espera. Rachel volvió de la cafetería, trayendo consigo algunos aperitivos para Brittany, Santana y Sam. Las enfermeras cada cuarto de hora pasaban para ver el estado de la rubia, dando pequeños comunicados de su estado al trío de amigas. Sam volvió a salir otro rato, pues aquellas cuatro paredes estaban comenzando a pasarle factura. Los cuatro estaban charlando cuando el doctor que atendió a Quinn se les acercó.
-¿Que tal chicos? – preguntó nada más llegar.
- Bien, descansando un poco, esas cuatro paredes pueden llegar a asfixiar si llevas mucho tiempo allí dentro – comentó Sam.
- Pero sois cuatro, con un poco de coordinación no tendríais porqué estar así – rió tras su comentario, haciendo que tanto Sam como Santana, Brittany y Rachel no entendieran nada.
- ¿Cómo? – preguntó la morena tratando de entender lo que acababa de decir el doctor.
- Sí, sois 4, si os turnáis en las visitas no tendríais porque estar tan cansados – volvió a decir de nuevo con una sonrisa, mientras que los demás seguían sin entender nada.
- Eso es imposible, las enfermeras nos han dicho que las visitas no están permitidas, salvo que sean familiares cercanos o parejas – sentenció Rachel mirando como el trío de amigos tenía la misma expresión que ella.
- ¿Quién os ha dicho eso? – preguntó el doctor James, colocando en su bolsillo izquierdo el bolígrafo que previamente tenía en la mano.
- Una de las enfermeras – respondió Sam aún sin dar crédito a lo que sus oídos escuchaban.
- No están permitidas las visitas que no sean de familiares y parejas a los enfermos que están en una situación crítica. El de vuestra amiga no es el caso, por lo que tenéis permitido entrar – aclaró mirándolos detenidamente.
- ¿O sea, que hemos estado aquí las tres esperando para nada? – dijo Santana, comenzando a notar como una sensación de rabia se instalaba en ella, ahora mismo lo único que tenía ganas era de atrapar a una de esas enfermeras que con tanta intensidad les había prohibido entrar.
- Siento que hayáis tenido que esperar tanto tiempo, hablaré detenidamente con las enfermeras para que no vuelvan a cometer un error así – en su cara se podía leer su arrepentimiento – si no os importa ahora me gustaría ver el estado de la señorita Quinn Fabray – agregó mirando hacia su carpeta.
- Sí, por supuesto – comentó Sam, dejándole paso al doctor.
El trío de amigas seguía sin entender como por culpa de las enfermeras habían tenido que esperar por horas allí, en aquel pasillo, en esas sillas incomodas, sin saber apenas nada de Quinn. Santana sin duda era la que más humo echaba por su nariz. El doctor entró por segunda vez en el día en la habitación de la rubia, seguido por Sam y por el trío de amigas, quienes entraban por primera vez allí. No era una habitación muy iluminada, las paredes estaban pintadas de un rosa palo bastante claro y había una gran ventana que ocupaba gran parte de la pared. Al parecer a Quinn le había tocado una habitación para una sola persona, pues no había más camas al lado de la suya, simplemente había un par de sillones, los cuales parecían, a simple vista, más cómodos que los de la sala de espera. Los cuatro se detuvieron en frente de la rubia, cerca de los pies de la cama, mientras que el médico hacía su trabajo. Brittany, quien al entrar volvió a sentir como el pánico se apoderaba de ella, se colocó detrás de Santana, acercándose a ella, asomando únicamente sus ojos a través del hombro de la morena, a la vez que su mano buscaba con prisa la de ésta. Por suerte la encontró, entrelazando sus dedos, sintiendo como su mano encajaba perfectamente con la de la cantante. Santana se estremeció al notar aquel movimiento de la bailarina, al sentir como esta buscaba desesperadamente su mano y entrelazaba sus dedos con los de ella. De nuevo su corazón se paraba, el temblor volvía a renacer en su interior y se volvía a instalar aquella sensación, aquellas extrañas "mariposas". No podía decir nada, de nuevo las palabras se ahogaban en su boca, por lo que solo podía hacer una cosa para hacer notar a Brittany que estaba ahí. Acarició suavemente con su pulgar los centímetros de piel que su movimiento le dejaba, para luego girar ligeramente su cabeza y encontrarse con aquellos ojos en los cuales podía leer el miedo. Al fin su mirada pudo encontrarse con la suya, para luego regalarle una suave sonrisa, provocando que esta también le regalara otra. Tras esos dulces gestos, Brittany podía sentirse algo más calmada. Se alegraba de que en esos momentos Santana estuviera a su lado, ya la había calmado dos veces en lo que llevaba de día. Se sentía protegida.
Rachel volvió a darse cuenta de lo que pasaba entre ellas dos, pero no le dio tanta importancia, pues estaba más pendiente de lo que ocurría con Quinn. El médico volvió a tomarle la temperatura y a comprobar sus signos vitales, al parecer todo estaba bien.
-¿Cuándo cree que pueda despertar? – preguntó la castaña queriendo tener una respuesta sincera.
- Lo más seguro es que despierte en una de estas horas, no os puedo decir una en concreto. Los antibióticos han hecho efecto, ya apenas tiene fiebre, solo unas decimas y sus signos vitales están bien, por lo que es cuestión de horas o minutos que despierte – concretó mirando a Rachel para luego dirigir su mirada hacia los demás presentes – Si no tenéis alguna pregunta más debería retirarme – agregó.
- No, muchas gracias doctor – dijo Sam a la vez que estiraba su mano.
- De nada, espero que podáis descansar – terminó de decir estrechando su mano con la del rubio.
En cuanto el médico se fue, Rachel aprovechó el momento para acercarse lentamente hacia donde se encontraba Quinn, sentándose sobre el filo de la cama.
- Me alegro de que le haya bajado la fiebre – fue lo único que pudo decir, pues sus ojos se habían vuelto a fijar en los rasgos de la rubia, a la vez que su mano, delicadamente, alejaba un mechón que acechaba con taparlos.
- Y por lo que ha dicho el doctor es solo cuestión de horas de que despierte – comentó Sam echándose sobre uno de los sillones que adornaban la habitación.
Brittany observó al rubio, notando en su cara un cierto reflejo de cansancio, pues se había tirado toda la mañana y lo que llevaban de tarde allí metido.
-¿Estás cansado? – dijo mirándolo, aún sin soltar la mano de la morena.
- Un poco, nunca pensé que cuatro paredes iban a dejarme tan cansado – respondió soltando una gran bocanada de aire.
- Si quieres puedes irte a descansar un rato a casa, nosotras nos podemos quedar pendiente de ella y si ocurre algo te avisamos – sugirió Santana, aún con el temblor metido en el cuerpo.
- No sé, tampoco quiero que carguéis con todo esto – comentó mirando de reojo hacia Rachel, no sabía porque, pero sentía algo de celos, no entendía porque ella sabía más de su novia que él. Ese era el motivo por el cual no quería irse, quería saber más.
- Has estado toda la noche pendiente de ella, además se te nota el cansancio. Al menos ve aunque sea a darte una ducha si no quieres descansar y al menos te refrescas – dijo Rachel, alejando su mirada de Quinn para dirigírsela a Sam. Ella aún no sabía que es lo que pasaba por la mente del rubio.
Sam las observó unos segundos, aunque no quería irse era cierto que estaba cansado y que una ducha no le vendría nada mal. Sus ojos se volvieron a centrar en Quinn y en la castaña, no sabía porqué pero tenía la sensación de que Rachel podría contarle todo lo sucedido, el engaño y demás y es por eso que no la quería dejar sola. No quería pensar mal, pues la castaña había guardado su secreto desde hacía ya dos años, pero siempre había tenido ese pensamiento muy arraigado a su cabeza. Pero algo estaba a su favor y era que Quinn no la iba a creer, pues ya había perdido su confianza en ella y él sabía perfectamente que una vez que la rubia pierde la confianza en alguien, esa persona no la vuelve a recobrar.
-Está bien, iré a descansar un rato – dijo levantándose del sillón a la vez que recogía el par de cosas que tenía en el otro sillón – cualquier cosa avisadme, de todos modos no voy a tardar mucho – agregó acercándose hasta la rubia, depositándole en la frente un beso.
Rachel, quien se encontraba aún sobre el filo de la cama pudo observar los movimientos del rubio, sentía algo de celos, pues ella ya no podía si quiera acercarse a la rubia. Echaba de menos aquellos momentos juntas, echaba de menos a su mejor amiga. Le dolía pensar que solo se podía acercar a ella ahora, cuando ésta estaba aún inconsciente.
Sam se despidió de las demás dejándolas solas. Cada una optó por matar el tiempo a su modo, Rachel prefirió estar observando a la rubia, quien aún seguía con los ojos cerrados; Brittany optó por sentarse, ya estaba más calmada y quería probar la diferencia entre las sillas del pasillo y esos sillones; mientras que Santana decidió dar vueltas por la habitación, no paraba de pensar en lo sucedido con Brittany y sobre la posibilidad de convertirse en camarera. Jamás llegó a pensar que viajara hasta Nueva York y que su primer trabajo fuera ser camarera en vez de una cantante profesional.
Al cabo de unos minutos una enfermera volvió a entrar a la habitación, al parecer habían faltado un par de papeles por rellenar y eran necesarios, ya que tendrían que ir en el historial de la rubia. Santana se ofreció voluntaria, así mantendría ocupada su cabeza mientras los rellenaba, pero de nada le sirvió, ya que Brittany también quiso ir, pues se sentía más protegida con ella que con Rachel. Además se iba a sentir un poco incomoda en aquella habitación con la castaña solo pendiente de Quinn y sin darle si quiera conversación. Bajaron de nuevo a la recepción, dejando a solas a Rachel y Quinn. La cantante no podía dejar de mirarla, cada vez que lo hacía millones de recuerdos inundaban su mente, recuerdos de hace más de dos años, recuerdos felices y algunos tristes. Era su cumpleaños y aún no la había podido felicitar, aunque fuera en voz baja, aunque esta no lo escuchara. Nunca se lo había dicho a nadie, pero en cada cumpleaños de la rubia, aunque esta no lo celebrase, ella siempre compraba un pequeño cupcake junto a su vela y la soplaba por ella. Pedía deseos para Quinn. Lo había hecho ya por dos años, desde que esta dejó de hablarle y su amistad se rompiera. Esto le recordó algo. Se alejó por unos momentos de Quinn, acercándose hasta su bolso, el cual se encontraba sobre los pies de la cama, para sacar de él una pequeña bolsa de papel. Dentro de ella se encontraba aquel cupcake junto a su vela que siempre compraba en su cumpleaños. Lo sacó del envoltorio, para luego volver a meter su mano en el bolso y buscar un mechero. Tras dar con él encendió la vela, volviendo de nuevo a su posición inicial.
-Aunque no me escuches quería recordarte que hoy es tu cumpleaños y aunque ya no lo celebres quiero soplar la vela por ti, tal y como lo hago cada año desde que dejaste de hacerlo. Si estuvieras despierta me llamarías loca, me insultarías y me mirarías con esos ojos amenazadores, pero quiero mantener la tradición. Recuerda, una vez me dijiste que no importaba lo lejos u ocupadas que estuviéramos, siempre nos reuniríamos para celebrar nuestros cumpleaños. La rompimos pero quiero volver a recuperarla, quiero volver a verte sonreír en tu cumpleaños, al menos una vez más, aunque sea a través de otra persona – miró hacia su bolso, pues allí tenía aquel regalo que seguramente le devolvería la sonrisa, aquella cámara que hacía tiempo no veía. Devolvió su mirada hacia Quinn, aún seguía en el mismo sitio, inmóvil. Cerró los ojos para pensar detenidamente en el deseo que pediría. Cuando ya lo tuvo sopló, apagando la llama que prendía la vela, para luego volver a abrir los ojos – feliz cumpleaños Quinn – un aura de tristeza comenzaba a envolverla, la echaba de menos.
Volvió a meter el pequeño pastel dentro de su envoltorio, para luego sacar de su bolso aquel objeto preciado para la rubia. Con mucho cuidado la sostuvo entre sus manos, tenía miedo de romperla en el último momento, por eso mismo la dejo sobre la mesita que se encontraba a un lado de la cama, así al menos estaría más viva que en sus manos. Tras dejarla allí volvió a levantarse, esta vez para dirigirse hacia la ventana. Aún llovía, con menos fuerza, pero aún el agua mantenía mojada las calles. Soltó una gran bocanada de aire. Odiaba todo esto.
-Prométeme que cumplirás el deseo – dijo mirando al horizonte, aún sin despegar sus ojos de la ventana – prométeme que después de todo me creerás, que borrarás el pasado y me dejarás de nuevo volver a tu lado. Prométeme que volverás a dejarme ser tu amiga, pero prométeme sobre todo que volverás a sonreír, que volverás a celebrar tu cumpleaños – estaba recordando aquel deseo que había pedido – ¿Me lo prometes? – dijo esta vez girándose sobre sus hombros, logrando que su mirada chocase con la silueta de la rubia. Sin quererlo sus ojos se habían llenado de agua, logrando dejar caer una lágrima.
Como pudo trató de secarse las mejillas, pues estas habían sido inundadas por la depresión de agua que manaba de sus ojos. Quería decirle la verdad, quería que todo volviera a ser como antes y que supiera quién fue el responsable de haberle dejado aquella carta a Finn, pero no podía hacerlo. No podía porque corría un riesgo mayor, que Quinn no la creyera y cortara todo tipo de conexión que hasta ahora habían logrado mantener; o que simplemente todo acabara peor, que la creyese y que aún así no quisiera volver a verla. Cualquier opción acababa en tragedia, por lo cual solo le quedaba una única opción, seguir callando.
Se quedó allí, mirando caer la lluvia por unos minutos, hasta que por fin Santana y Brittany volvieron. Sabía que ocurría algo entre ellas, sobre todo en Santana, pero sabía que no debía presionar, la morena no era de soltar prenda y mucho menos cuando la acorralaban y querían que soltase todo así a bocajarro. Debía tomárselo con cautela, quería ayudarla, aunque sabía que lo más seguro es que acabase sufriendo.
Los minutos pasaron, Sam incluso había vuelto, pero Quinn se mantenía aún en ese estado de sueño. El rubio en cuanto llegó pudo lograr descubrir la cámara, sabía que Rachel la había dejado allí. Por más que la observaba, aún seguía sin entender como Quinn podía estar tan enamorada de esa cámara, que para sus ojos era pura chatarra. Parecía una cámara antigua, tipo de las que los coleccionistas tienen en sus estanterías. Pero aunque no le gustase tendría que agradecerle a Rachel por haberle dejado regalársela a Quinn.
Otra media hora acababa de pasar, ya se estaba haciendo de noche y la lluvia había dado una tregua. De repente algo raro comenzó a suceder, la máquina que medía los latidos del corazón de Quinn comenzó a hacer un ruido más agudo, como si el corazón de la rubia hubiese comenzado a latir de una manera más fuerte. Tanto Sam como Rachel, Santana y Brittany se acercaron a la cama asustados. El rubio atrapó fuertemente la mano de ésta, no sabía que pasaba, pero esperaba que fuesen signos de que al fin Quinn estaba despertando. De repente sintió como la mano de la fotógrafa comenzaba a moverse, como si tratara de agarrar algo.
-Creo que está despertando, acabo de notar como movía su mano – dijo este aún sin creérselo, haciendo que las demás también se sorprendieran.
- ¿Estás seguro? – preguntó Santana acercándose a un lado de la cama.
- Sí – respondió mostrando una sonrisa en forma de alivio.
- ¿Deberíamos avisarles a las enfermeras? – comentó Brittany trayendo algo de cordura a la conversación.
- Esperemos un poco mas y si vemos que ocurre algo extraño les avisamos – sentenció Sam sin apartar sus ojos de Quinn.
Rachel se encontraba unos centímetros más alejada. En cuanto escuchó decir eso a Sam supo que su momento de estar cerca de la rubia se había acabado, ya no podía estar cerca de ella, pues sabía que en cuanto esta despertara iba a ser reprochada. Es por eso mismo que ahora la observaba de lejos, no quería causarle más dolores de cabeza. Sus ojos no dejaban de observar detenidamente cada leve movimiento que el cuerpo de Quinn realizaba. Quería que despertara pero tenía miedo, miedo por lo que le diría al verla allí, miedo al pensar que rechazaría la cámara pensando que era un regalo de ella, aunque fuese cierto. Pero sobre todo tenía miedo por su reacción al despertar y encontrarse allí, en un hospital.
Lentamente la rubia fue abriendo los ojos, encontrándose con seis pares de ojos pendiente de ella y otros dos más alejados. No sabía dónde se encontraba, porqué estaban ahí y mucho menos el porqué de la presencia de Rachel.
-¿Dónde estoy? – pudo lograr decir tras abrir los ojos y que estos se adecuasen a la luz.
- Estás en un hospital, perdiste el conocimiento y te tuvimos que traer aquí – dijo Sam tratando de explicarle todo lo sucedido.
- ¿Qué? ¿en un hospital? – en su cara se podía leer el miedo. Como pudo trató de levantarse, pues aquella palabra la acababa de despertar del todo.
- Tranquila, tranquila, todo está bien, no hace falta que te pongas así – comentó Santana, agarrándola por los hombros intentando que ésta se quedara quieta.
Mientras todo esto sucedía, Rachel daba un par de pasos hacia atrás, tenía miedo de su reacción al verla con claridad.
-Estuviste toda la noche con fiebre y debido a eso perdiste el conocimiento. Le pedí a ellas que me ayudasen, pues no sabía qué hacer, no sabía cómo bajarte la fiebre – Sam trataba de que esta comprendiera el motivo de que se encontrara en un hospital – Rachel logró bajarte algo la fiebre pero seguías sin despertar, por lo que Santana y yo decidimos traerte aquí – agregó.
- ¿Qué Rachel qué? ¿Qué tú y Santana qué? – era demasiada información, Quinn trataba de comprender, a la vez que intentaba serenar sus miedos.
- Sam nos llamó, bueno más bien a Rachel, para que le ayudásemos – dijo Santana girándose sobre sus hombros para observar a la castaña, quien cada vez estaba más lejos de la cama y con una expresión de preocupación en su rostro – Ella como pudo te bajó la fiebre con trapos mojados, pero como no despertabas Sam y yo propusimos de traerte aquí, aunque Rachel estaba en contra, ya que sabía de tu miedo a los hospitales, cosa que nosotros no sabíamos. Pero comprende que fue necesario, no sabíamos como despertarte y estábamos bastante preocupados – volvió a explicar de una forma más calmada.
Quinn estaba sin palabras, no entendía por qué Rachel había hecho eso, incluso después de cómo ella la trataba, aunque no estuviese por la labor de cambiar su actitud, esto le sorprendía. Por unos segundos había olvidado que estaba enfadada con ella, por unos segundos había sentido que había vuelto a esos años, cuando ella y Rachel eran amigas, pero la realidad se estrelló contra sus recuerdos, aún tenía muy arraigado el porqué de su enfado y eso le trajo de nuevo a su corazón ese sentimiento de dolor. Sabía que iba a ser imposible perdonarla, por mucho que esta tratara de conseguirlo.
Siguieron contándole todo lo que había pasado, incluso le contaron lo que sucedió con las enfermeras, todo esto para tratar de mantener su mente ocupada y que no recordara su miedo a los hospitales. Cuando finalizaron de contarle todo, Sam recordó que aún no la habían felicitado, ya que con todo lo que había pasado tras esta despertar se le había olvidado por completo.
-Por cierto, tengo que darte – dijo este mirando de reojo a la castaña, a la vez que se acercaba a la mesita de noche y atrapaba entre sus manos la cámara preciada por la rubia.
- ¿El qué? – dijo siguiéndole con los ojos.
- Feliz cumpleaños cariño – la felicitó acercándole la cámara lo más cerca posible de su regazo.
- ¡Feliz cumpleaños! – dijeron al unísono Brittany y Santana, una de ellas sonriente, mientras que la otra trataba de observar la reacción de la castaña, pues ella era la única que sabía la verdad a parte de Sam y Rachel.
Quinn no sabía que decir, sus ojos habían comenzado a tornarse de un color rojizo, a la vez que estos se nublaban, mientras que su cuerpo se quedó inmóvil. No sabía que decir, miles de recuerdos volvieron a su mente. No sabía si era cierto o no, pero aquella cámara era justamente igual a la que ella tenía. Volvió a recordar aquel primer día que la compró; aquella primera foto borrosa que logró sacar con ella; aquella vez en la que pensó que la había perdido y lloró por más de un día, hasta que al final recordó donde la había dejado por última vez. Volvió a recordar aquella primera foto junto a Rachel, aquellos veranos en la playa hechos recuerdos gracias a ella, pero también recordó la última foto tomada, la última vez que pudo tenerla entre sus manos y el motivo por el cual tuvo que venderla. Todos estos recuerdos chocaban contra su mente, devolviéndole la sonrisa, a la vez que más de una lágrima se escapaba de sus ojos.
-¿Cómo…? – fue lo único que pudo decir, sosteniendo por primera vez en años su preciada cámara.
- ¿Te gusta?
Rachel observaba la escena desde lejos, una leve sonrisa se dibujó en sus labios cuando volvió a verla sonreír. Sin quererlo, las lágrimas volvían a acechar a sus ojos, tentándola con ser liberadas. Se sentía aliviada, pues de nuevo había vuelto de encontrar aquel brillo que hacía tiempo los ojos de Quinn habían perdido. Por unos segundos había jurado volver a ver visto a su mejor amiga, aquella que no paraba de sonreír, que buscaba cualquier excusa con tal de sacarle una foto o de fotografiar una mota de polvo que se le pasaba por al lado. Por unos segundos había sentido que la antigua Quinn había vuelto, que la volvería a abrazar y darle estúpidos consejos de moda, los cuales nunca seguía, pero siempre escuchaba.
-¿Le contaste? – dijo Quinn de repente mirando hacia Rachel, pues ella sabía que Sam no sabía nada de su pasado con la fotografía y pensaba que tampoco iba a dar en el clavo con un regalo por primera vez en su vida, ya que siempre fallaba, aunque esta tratase de fingir que le gustaba.
Esto puso contra las cuerdas a Rachel, no podía decir que sí, pues sabía que esta iba a rechazar de inmediato el regalo y no quería eso, pero tampoco sabía que decir para hacerle creer que fue todo idea de Sam.
-¿De qué estás hablando? – el rubio trató de fingir que no sabía a lo que se refería.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Brittany sin saber nada, recibiendo de Santana una mirada, pidiéndole que callara a la vez que tomaba una de sus manos.
- Contesta – volvió a decir Quinn, esta vez elevando la voz, sin apartar su mirada de los ojos de la castaña
-No – respondió Rachel casi en el mismo tono, aunque perdiendo fuerza al final de la palabra.
- ¿Entonces como pudo saberlo? – dijo moviendo la mano en la que se encontraba la cámara, dando a entender que era a aquel objeto a lo que se refería.
- Quinn, no sé de lo que estás hablando, yo mismo compré esa cámara – comentó Sam, tratando de encubrir a Rachel, haciendo que la rubia lo mirase.
- Es cierto Quinn, yo misma estuve con él el mismo día que la compró – Santana se unió a la mentira, dejando sorprendido a Sam, pues este no sabía que ella estaba enterada de todo eso.
- Créelos, yo no tengo nada que ver con eso – sentenció Rachel mirando hacia la cámara para luego volver a toparse con los ojos de Quinn.
- Créeme – dijo el rubio llamando su atención – No sé a lo que te refieres, pero vi esa cámara en una tienda y pensé que a lo mejor te gustaría. Ya sabes, por cambiar, pues siempre te hago regalos muy parecidos y al verla pensé que podría ser un buen regalo – agregó tratando de mantener la mentira.
- ¿De verdad? – preguntó Quinn esta vez algo más calmada y casi convencida.
- Sí, además, como bien a dicho Santana ella estuvo conmigo cuando la compré – dijo señalando a esta.
Quinn volvió a dar una pequeña mirada a la cámara, para luego volver a mirar hacia los ojos de Rachel. Acabó creyendo a Sam, pero por alguna razón aquel pensamiento de que la castaña podría estar tras ese regalo no se le salía de la cabeza. Por alguna extraña razón quería que ella estuviera tras ese regalo, aunque no entendiese el porqué.
Continuará….
PERDÓN PERDÓN PERDÓN por tardar tanto, como expliqué en el adelanto, he tenido un bloqueo mental y aunque tenía la historia imaginada, no podía plasmarla. Además de las nuevas ideas que vienen a mi mente para historias propias que impiden que prosiga con la historia. Pero ya estoy aquí para subir nuevo capítulo. Espero que podáis perdonarme. Con respecto a la historia, aquí no acaba la cosa, pronto nuevas cosas sucederán. Volverá un personaje, del cual pensabais que ya no volvería a aparecer y muchas de vosotras imaginasteis cositas antes de que dejara de escribir sobre él (este él es neutro, esto no quiere decir que el personaje al que me refiero sea un chico, ya os dejo hacer apuestas). Este personaje volverá para quedarse y posiblemente provoque ciertos celos en alguien. Para terminar deciros que ya tengo una idea de cómo será el capítulo siguiente y espero ponerme enseguida con él y recobrar el tiempo perdido. De nuevo perdón por tardar, pues ya había recibido algunos comentarios pidiéndome que no dejara la historia y os prometo que no la voy a dejar, aunque tarde subiré capitulo. Además, al parecer os ha parecido buena idea eso de subir adelantos, pues así sabéis que no me he ido, y eso es lo que haré. Cuando me quede poco subiré un adelanto y cuando vaya a subir el capítulo lo borraré.
Gracias de nuevo por leerme y dejarme comentarios, incluso a los lectores silenciosos, esos que me leen y que no dicen nada, GRACIAS.
San.
