"La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener"
Gabriel García Márquez
Un nuevo día comenzaba a dibujarse en Nueva York. Las nubes habían dejado de llorar sobre la ciudad de los rascacielos, aunque seguían ahí, tapando la herida. Le habían dado tregua a las alcantarillas, quienes ya apenas podían drenar el agua. El sonido de unos zapatos al chocar contra el suelo era lo único que se escuchaba en aquel piso. Acababa de llegar a casa. Apenas había ruido, solamente el que provenía del exterior, producido por los coches y el caos cotidiano de la ciudad. Eso era lo más extraño, pues eran ya cerca de las ocho y media de la mañana y no veía a la morena por ningún lado. Rachel sabía que Santana tenía una entrevista de trabajo a las nueve, tal y como le había comentado Brittany, pero no había rastro de ella. Dejó las llaves y su bolso en el recibidor y se encaminó hacia el pasillo, el cual daba a las habitaciones, encontrándose con Barbra, quien la seguía de cerca. Por suerte la habitación de Santana era la primera, por lo que no tendría que recorrer mucho para saber si esta seguía aún en casa o no. En cuanto llegó a la puerta posó su mano sobre el pomo y empezó a girarlo lentamente. Abrió despacio la puerta, observando la oscuridad en la que estaba sumido el cuarto. Apenas había luz, solo un par de rallos habían logrado colarse por las cortinas que tapaban la ventana. Caminó como pudo hacia ésta para abrir las cortinas y permitir que la luz entrase en el cuarto. En cuanto lo hizo pudo observar el desastre en el que estaba sumida la habitación. Había ropa esparcida por el suelo, zapatos que estaban donde no deberían de estar, y el portátil de ésta encendido a un lado de la cama. No entendía como la morena podía vivir con ese desastre.
Se acercó lentamente hacia la cama, sentándose en el borde. Allí estaba Santana bajo las mantas, tapada hasta la cabeza. La observó por unos segundos, para luego comenzar a mecerla para que despertara.
-Santana, Santana despierta – dijo en un tono dulce, poniendo una mano encima de la manta que tapaba su hombro y comenzaba a moverla de un lado a otro suavemente, pero ésta seguía sin despertar – Santana, vamos que se te hace tarde – volvió a decir moviéndola esta vez de una forma más brusca.
- Mmm… - fue lo único que dijo la morena, a la vez que se movía perezosamente.
- Vamos levántate, que mira la hora que es – comentó de nuevo – tienes la entrevista en menos de media hora – agregó.
- Déjame, no voy a ir – murmuró debajo de las sábanas, aunque eso no impidió que Rachel la escuchase.
- ¿Por qué? Recuerda que fue Brittany quien te consiguió esa entrevista – dijo sin entender el motivo de la morena.
- Por eso mismo no quiero ir – contesto aún debajo de las mantas con la voz entrecortada.
- No digas tonterías, se lo prometiste. Levántate – esta vez Rachel optó por destapar las sábanas que cubrían la cabeza de Santana.
- No, te he dicho que no voy a ir – dijo elevando la voz, ésta cada vez más rota, a la vez que agarraba con fuerza las sábanas, impidiendo que Rachel la destapara.
- ¿Santana que ocurre? – preguntó preocupándose por aquella actitud. No sabía el motivo por el cual la morena decía ahora de no ir a la entrevista de trabajo, y mucho menos el motivo por el cual su voz se entrecortaba cada vez más.
- No puedo… - un leve hilo de voz salió de su garganta, a la vez que dejaba de hacer fuerza en las sábanas.
Rachel confusa aprovechó ese momento para destaparla, contemplando por primera vez el rostro de la morena empapado en lágrimas.
-S-santana – murmuró en voz baja sin saber qué hacer - ¿Qué es lo que ocurre? ¿por qué lloras? – preguntó intentando buscar un motivo.
La morena como pudo trató de secar sus lágrimas, pero nada podía hacer cuando estas no querían cesar.
-¿E-es por lo de ayer? – intentó adivinar Rachel tras pensar unos segundos - ¿es por lo que dijo Brittany? – agregó.
Santana no dijo nada, simplemente movió levemente la cabeza afirmando aquella suposición de la castaña. Rachel soltó una gran bocanada de aire, a la vez que acariciaba el brazo desnudo de la morena, pues la entendía perfectamente, ella también habría reaccionado de esa manera si le hubiera pasado lo mismo.
¿El motivo por el cual Santana estaba así? Había ocurrido la noche anterior, minutos antes de volver a casa. Artie llegó al hospital, preocupado por lo que le había pasado a Quinn. En cuanto llegó, Brittany se olvidó de ella, soltando su mano y corriendo a los brazos de su prometido. Ese momento fue duro para ella, pues se sentía como un segundo plato, como si todo lo que hubiera hecho en todo el día no hubiera servido para nada. Éste se enteró por boca de Sam de todo lo que había pasado y lo que le dijo el médico a Quinn. Tras varios minutos de charla y de contar también un poco por encima su día, le preguntó a Brittany si había comentado algo sobre lo que habían hablado unos días atrás. Era algo que iba a romper por completo los esquemas de Santana y de desquebrajar aún más los pequeños pedazos en los que había quedado su corazón. "Nos casamos en Febrero". Aquellas palabras que salieron de la boca de Brittany se habían incrustado tanto en su mente que incluso podía escucharlas ahora. En ese momento juraría que había dejado de sentir el corazón, para luego comenzar a sentir un fuerte dolor en el pecho que se hacía cada vez más intenso a medida que pasaban los segundos. Juraría que su boca se quedó muda y sus oídos dejaron de sentir el ruido. Todo se quedó en silencio dentro de ella, como si un huracán hubiera arrasado una ciudad entera y lo único que había quedado eran los restos de aquella civilización. Sintió como si el tiempo se hubiera puesto en su contra, pues al reloj le costaba dar paso a los segundos. No podía si quiera mirar a Brittany, pues sabía que sus lágrimas amenazarían con salir en cuanto sus ojos se topasen con los de la rubia. Quería huir de allí, escapar lejos y dejar fluir todo el dolor que en ese momento sentía. Necesitaba estar sola.
Rachel quien estaba a unos metros de ella, en cuanto asimiló aquella noticia, rápidamente giró su cabeza hace el lado en el que se encontraba Santana, tratando de que sus ojos se encontrasen con los de la morena, pero de nada le sirvió, pues ésta estaba con la cabeza agachada. Sabía que su suposición estaba en lo cierto, aquella actitud de Santana afirmaba que sentía algo por Brittany. En ese momento sintió que debía hacer algo, evitar que Brittany sospechara y también evitar que Santana sufriera más estando allí, por lo que se inventó una escusa algo creíble. Le pidió a Santana que fuera a casa a darle de comer a Barbra, ya que ella tenía aún que hacer un par de cosas más y desde esa misma mañana no había probado bocado y estaría hambrienta. No fue muy creíble, pero nadie dijo nada, incluso Santana se sorprendió por lo que había dicho Rachel. Antes de marcharse, dio las gracias a la castaña con la mirada y como pudo, conteniendo sus lágrimas, se acercó a la pareja y los felicitó, tratando de evitar que su voz se entrecortase, aunque sin dirigirle apenas la mirada a Brittany. Aún no podía mirarla a los ojos, le era imposible hacerlo sin acabar rota.
Tras salir del hospital y de recorrer en coche el par de manzanas que la separaban de su casa, la lluvia comenzó a caer de nuevo sobre la cuidad. Pudo comprobar la magnitud de su fuerza en cuanto se bajó del coche. La lluvia caía sobre ella, pues no llevaba paraguas, pero esto poco le importaba, ya estaba lo suficiente mojada en lágrimas, pues se había pasado todo el trayecto llorando. En cuanto llegó a casa dejó caer en el suelo el par de cosas que llevaba en sus manos junto a su bolso, para luego dejarse caer ella, apoyándose contra la puerta de la entrada. Ahí fue cuando dejó que todo el dolor que se había estado aguantando saliera en forma de lágrima, en forma de grito y en algún que otro golpe contra el suelo. Aún no podía quitarse de la mente aquellas palabras que Brittany dijo, parecía como si estuvieran grabadas a fuego, como si fuera la única canción de un CD y éste estuviera en repetición. Se preguntaba porqué tuvo que enamorarse de alguien a quien no podía tener, ¿Por qué ella? Quería volver el tiempo atrás y evitar que su "yo" del pasado tuviera aquella estúpida idea de mudarse a Nueva York. Evitar que se inscribiera en NYADA. Evitar enamorarse de Brittany. Quizás hubiera sido lo mejor, pues así no estaría llorando en ese momento, pero por suerte o desgracia no podía hacer eso. Le tocaba aprender a aguantarse las ganas de abrazarla, besarla y de mirarla, pero también tenía que aprender a sobrellevar el dolor, a evitar que los celos se la comieran. Podría decirse que tenía que aprender a vivir entre la espada y la pared.
Santana tras recordar todo aquello, pensó que sería buena idea confesarle al fin aquello que Rachel le preguntó, confesarle que era cierto, que ella estaba enamorada de Brittany. Pues aunque Rachel no era santo de su devoción, le había demostrado que estaba ahí cuando le hacía falta, que podía leer sus pensamientos y sentimientos sin necesidad de decirle nada. Pero sobretodo, no la juzgaría y la aceptaría tal y como es. Pero aunque estaba decidida a hacerlo, tampoco sabía por dónde empezar, y aún seguía teniendo miedo de abrirse, de acabar dañada. Y así, tal y como había pensado Santana, Rachel supo que algo estaba pasando por la cabeza de ésta.
-¿Quieres contarme algo? A veces es bueno desahogarse con otra persona – dijo Rachel a la vez que acariciaba el brazo desnudo de la morena, haciendo que ésta se la quedase mirando – puedes confiar en mí, no diré nada – agregó, provocando que Santana soltara una gran bocanada de aire.
- No…no sé si p-puedo – respondió aún con la voz rota a la vez que trataba de colocarse de una forma más correcta.
-Inténtalo – Rachel trataba de darle ánimos, pues por primera vez Santana estaba siendo más humana con ella y podía decir que estaba comenzando a abrirse.
Tras un leve silencio, la morena al fin se decidió a hablar. Necesitaba soltarlo, necesitaba tener a alguien en quien confiar ahora que Kurt y Blaine no estaban junto a ella, y aunque la idea le resultara algo extraña, podría decirse que Rachel al fin y al cabo era una buena sustituta.
-T-tiene que ver con a-algo de lo que hablamos ayer – comenzó a decir – a-algo que te negué – a su voz entrecortada se le unía el nerviosismo al tratar de contarle la verdad.
- ¿Te refieres a lo de Brittany? – Rachel no quiso dar rodeos, prefería ser clara, pues así Santana no sufriría tanto.
- S-sí – su boca comenzaba a secarse del mismo nerviosismo.
- ¿Estaba en lo cierto verdad? – preguntó tratando de que sus ojos se toparan con los de la morena.
- S-sí, pero… - al fin, tras varios esquivos, dejó que sus ojos se encontraran con los de Rachel – … n-no me gusta – agregó.
- ¿No te gusta? – Rachel ahora sí que no entendía nada.
- No, e-estoy… - no podía acabar su frase, no así, mirándola a los ojos, por lo que tuvo que volver a agachar su mirada mientras jugaba con sus dedos, mostrando así su nerviosismo – … e-enamorada de ella – al fin había dicho aquellas palabras, era la primera vez que decía en voz alta que estaba enamorada de Brittany.
- ¡Oh Dios! Ahora entiendo porqué siempre actuabas de esa manera, o sea, quiero decir, estaba claro que te gustaba, pues se te notaba, pero no sabía que era así, que realmente estabas enamorada de ella – dijo Rachel sorprendida, pues aunque sabía más o menos lo que sentía Santana, nunca llegó a pensar que lo que estaba es enamorada de Brittany.
- ¿Tanto se me nota? – preguntó algo preocupada, aunque sintiendo un gran alivio tras haberse quitado ese peso de encima.
- No es que se te note, pero… desde pequeña siempre tuve este "sexto sentido" de ver más allá de las personas – dijo haciendo con sus dedos el símbolo de las comillas - es decir, ¿de saber lo que sienten las otras personas a través de los ojos? – agregó dudando en cierto modo, pues ella tampoco sabía explicar ese "don".
- Eso quiere decir que desde pequeña ya eras rara – dijo Santana tratando de quitarle hierro al asunto y de dejar de pensar en aquello que le dolía.
- Eh! Se supone que estabas mal, que estabas llorando. No puedes meterte conmigo así como si nada – sentenció la castaña cruzándose de brazos aunque mostrando una sonrisa, provocando en Santana un efecto dominó y devolviendo la sonrisa que tenía borrada desde la noche anterior.
- Pero que esté mal no significa que no me pueda meter contigo – sentenció la morena, haciendo que Rachel le lanzara una mirada amenazadora.
- ¿Bueno y que vas a hacer con la entrevista de trabajo? Irás ¿no? – preguntó Rachel.
- No, ya te he dicho que no voy a ir – aquella pregunta volvió a hacer que Santana borrara la leve sonrisa que tenía.
- Santana, aunque no quieras ir al menos ve, no vas a perder nada por ir – comentó la castaña tratando de convencerla.
- Si que tengo que perder – dijo dando un pequeño resoplo – Brittany me envió anoche un mensaje diciéndome que se llegaría a por mí en cuanto terminase la entrevista – agregó cabizbaja.
- ¿Cómo? – Rachel no tenía ni idea de lo que hablaba.
- Pues eso, que Brittany quiere quedar conmigo después de la entrevista para hacernos unas fotos y yo no quiero verla, no puedo…no así – dijo llevándose las manos a su cara.
- Pero tampoco puedes plantarla, porque si no te ve allí sabrá que no has ido a la entrevista y eso le dolerá – Rachel estaba tratando de hacer razonar a Santana.
- ¿Que eso le dolerá? Más me duele a mí verla a ella con el cuatro ojos y tener que tragarme mis sentimientos. Encima para colmo tengo que plantarme una sonrisa en la cara para que no sospeche, para no perderla como amiga. Dime ahora tú que es lo que más duele – no pudo controlarse, aquello que había dicho Rachel le había hecho daño, pues ella sabía que lo suyo dolía más.
- No estoy diciendo que lo tuyo no duela, simplemente que ella no sabe acerca de tus sentimientos y si le das un plantón no sabrá el motivo. Además, cuanto más intentes huir de algo más te perseguirá. No podrás estar huyendo toda tu vida de ella, algún día tendrás que dar la cara – Rachel quería que Santana recapacitara y se enfrentara a sus miedos.
- Ya, pero no lo quiero hacer tan pronto, no cuando el dolor es tan reciente – Santana trataba de mantenerse firme en sus ideas.
- Pero lo único que vas a hacer es plantearle dudas a Brittany y eso hará que quiera saber los motivos y al final llegará un momento en el que no sabrás qué inventarte para seguir engañándola.
- Ya, pero… qué hago para dejar de amarla ¿me arranco el corazón? Esto duele demasiado y no sé si voy a ser capaz de soportarlo.
- Simplemente tienes que dejar que el tiempo pase. El amor es como un reloj de arena y llegará un momento en el que la arena deje de caer, llegará un momento en el que el amor deje de doler, un momento en el que dejes de sentir ese amor.
Aquello que había dicho Rachel dejó a Santana en stand-by, en cierto modo tenía razón, por mucho que tratara de huir de ella y de inventarse escusas, al final llegaría un día en el que tendría que plantarle cara e ir con la verdad. Pero aún seguía pensando que era muy pronto, el corazón le seguía doliendo y no sabía si iba a poder mantenerse entera cuando sus ojos se encontrasen con los de la rubia. Estaba en duda y los minutos avanzaban a pasos agigantados, tenía que tomar ya una decisión antes de que el tiempo se agotara.
Todo estaba en silencio dentro de aquel pequeño establecimiento, y aunque fuera de día y este ya estaba abierto, aún estaba vacío. Aquel lugar era muy distinto en la mañana a como se veía en la noche. La única luz que había en el local era de la que provenía de las ventanas. Las sillas aún estaban encima de las mesas, y las luces del escenario estaban apagadas, por lo cual hacía que éste estuviera casi en una penumbra total, pues poca luz natural lograba llegar a él. Pero lo que más le sorprendía era que no hubiera nadie detrás de la barra, nadie que estuviera allí para atenderla.
-¿Hola? ¿Hay alguien? – preguntó en voz alta, mirando alrededor de aquel establecimiento.
-Sí, un momento – logró oír a lo lejos, logrando descubrir que aquella voz provenía de una de las puertas que estaban detrás del mostrador.
- Está bien, no hay prisa – respondió con un poco de nervios, era la primera vez que tenía una entrevista de trabajo.
Al fin, tras esperar unos segundos más, de la puerta por donde escuchó aquella voz salió una mujer de estatura media; entrada en carnes; con una redecilla en la cabeza agarrando su pelo, el cual estaba sujeto con un pequeño moño; mientras se secaba las manos en un trapo de cocina. Era la primera vez que veía a esa mujer, pero juraría que su cara le recordaba a alguien, alguien de quien ahora mismo no lograba averiguar.
- Hola, ¿En qué te puedo ayudar? – dijo la mujer mostrando una enorme sonrisa.
- Hola, vengo por lo de… la entrevista…de trabajo – le costaba decir aquellas palabras, pues aunque había tomado la decisión de ir, aún no estaba muy a la labor de seguir con aquella idea, no cuando la que estaba detrás de todo esto era Brittany.
- Ah sí, tú tienes que ser Santana ¿verdad? La amiga de Brittany – logró recordar.
- Sí, soy yo.
- Encantada, yo soy Millie Rose – dijo estirando su mano, esperando a que Santana la estrechase.
- I-igualmente, S-Santana López – devolvió el saludo, aún sin saber qué hacer.
- Brittany me contó un poco sobre ti, me dijo que eras muy buena, que eras la adecuada para este puesto y que no me iba a arrepentir – comentó, dejando atónita a Santana, pues nunca se esperaría de que Brittany dijese eso de ella.
- Bueno tampoco… - no le dio tiempo a seguir con su frase, pues de la misma puerta por donde había aparecido Millie, salió alguien a quien no se esperaba encontrarse ahí.
- Mamá no queda más hielo, hay que ir a… - no pudo proseguir con su frase, pues ella tampoco se espera encontrársela en su propio bar, en "The Blue Eyes" - ¿S-Santana? – preguntó algo dudosa.
- ¿M-Marley? – preguntó en el mismo tono de voz en el que lo había hecho la castaña.
- ¿Os conocéis? – preguntó Millie sin entender nada, observando las caras de atónito que ambas tenían.
- Sí, ella t-también va a NYADA – dijo contestando a su madre sin apartar su vista de la de Santana - ¿Qué haces aquí? – volvió a preguntar a la morena, esta vez mostrando una leve sonrisa.
- V-vengo a por lo de la entrevista de trabajo – logró decir Santana, ella aún estaba tratando de asimilarlo todo.
- Bueno, como os conocéis… Marley ¿no te importará hacerle tú la entrevista? Tengo cosas que hacer en la cocina – dijo Millie interrumpiendo la conversación de ambas, mirando hacia donde estaba Marley.
- No, no me importa – respondió ésta mostrando una enorme sonrisa a su madre.
- Santana discúlpame, pero el deber me llama – se disculpó en un tono gracioso, provocando en la morena una leve sonrisa.
- N-no importa.
Finalmente la madre de Marley entró por la misma puerta por donde había salido, volviendo a su trabajo, dejando a ambas solas sin saber que decirse.
-¿Cómo es que nunca te había visto aquí? Quiero decir, he venido un par de veces a este bar y nunca te he visto – preguntó Santana tratando de romper el hielo.
- Eso es porque yo trabajo de día, los días que no tenemos clases y algunas veces por la tarde. Por eso es por lo que no me has visto, por la noche tenemos a otros encargados que se ocupan de todo – dijo Marley tratando de explicarle todo a la morena – pero bueno, no hablemos de mí y comencemos con la entrevista.
Tras más de una hora de entrevista, la cual había sido un par de veces interrumpida por algún que otro cliente que entró al bar, al fin ésta había terminado. Santana tenía grandes posibilidades de conseguir el puesto, pues había pasado con creces las pruebas que le había puesto Marley, como por ejemplo tratar de servir a aquellos clientes que entraron o de tratar de llevar en una sola mano todos los platos que había en una mesa. Le costó algo de trabajo pero pudo con ello.
-Bueno si mi madre está de acuerdo, lo más seguro es que comiences la semana que viene – comentó Marley recogiendo un par de vasos que estaban en un mesa.
- ¿En serio? – Santana no se creía que ya tenía casi todas las papeletas de conseguir ese puesto.
- Sí, la verdad es que me has sorprendido, no sabía que se te daba tan bien eso de servir y tomar nota – dijo entre risas la castaña.
- Bueno mientras no sea fregar platos… - comentó también entre risas. No sabía porqué pero aunque por fuera aquella chica se pareciera a Rachel, en temas de moda, en cierto aspecto le recordaba a Brittany. Era una mezcla extraña pero aún así le gustaba.
- Nunca digas "de esta agua no beberé", no sabes lo que te puede llegar a tocar – aquel comentario que hizo Marley, aunque esta no lo supiera, le había afectado en cierto modo a Santana.
Era cierto, ella era de esas personas que siempre decían que no a algo. Como todas aquellas veces que dijo que ella nunca se enamoraría, que estaría siempre tirándose a quien le diera la gana y que nunca iba a estar amarrada a una persona, que eso era para los tontos que creían en el amor. Pero justamente ahora el tiempo le estaba dando de su misma medicina. Ahora, eso a lo que llamaba una estupidez, lo estaba sintiendo en sus propias carnes, estaba enamorada y para colmo lo estaba de una persona imposible de conseguir. Ahora daría todo lo que tuviera para poder tener a Brittany en sus brazos, para poder tan siquiera probar por unos segundos sus labios. Se había convertido en todo lo que tanto odiaba. Se había enamorado.
-Ya, ya sé que no lo tengo que decir – dijo con la sonrisa borrada. Sabía que ya no debía volver a decirlo, pues sabía que se volvería realidad.
- Tranquila, de todas formas me aseguraré de que no te toque fregar los platos – comentó regalándole una sonrisa a la morena, provocando que esta forzara otra pequeña sonrisa.
Santana iba a contestar a Marley, pero no le dio tiempo, alguien más había entrado al establecimiento, alguien más las estaba mirando. Allí, frente a ella, en la puerta, se encontraba su dolor. Brittany acababa de llegar.
-Hola – dijo en un tono alegre a la vez que recorría los metros que la separaba de ellas.
- Hola Brittany ¿Qué tal estás? – saludó Marley acercándose a ella, plantándole dos besos en ambas mejillas.
- Estoy bien ¿y vosotras? – dijo mirando a Marley para luego dirigir su mirada hacia la de Santana
- Bien, estábamos conversando sobre el puesto de trabajo – concretó la castaña.
- H-hola – Santana trató de devolverle el saludo, pero su voz se rompió y apenas pudo ser audible.
Brittany se quedó mirando a Santana para luego acercarse a ella, regalarle una sonrisa y darle un abrazo. Quizás ella no lo supiera, pero aquello lo único que hizo fue hacerle más daño a Santana. Podría decirse que la rubia era su dolor pero también su cura. Varios sentimientos y sensaciones recorrían el cuerpo de la morena, sin llegar a un punto medio, sin saber que era realmente lo que sentía. Solo podía sentir dolor, pero también alivio. Era como aquellas veces en las que cuando era pequeña jugaba en la nieve y sus manos quedaban congeladas. Luego trataba de calentarlas, mojándolas en agua caliente. Al principio quemaba, dolía, pero luego sentía alivio.
-¿Llego en un mal momento? – preguntó, soltando al fin a Santana, permitiendo a esta al fin respirar con normalidad mientras trataba de serenar sus nervios y sentimientos.
- No, ya hemos terminado la entrevista – respondió Marley aún con la sonrisa plasmada en la boca.
- Entonces no te importará que te robe a Santana ¿no? – dijo mirando a la castaña a la vez que estiraba su brazo para agarrar la mano de la cantante, provocando que de nuevo volvieran a brotar las dudas y los miedos dentro de esta.
- Bueno, solo necesito que me deje su número y después te la puedes llevar – comentó esta vez mirando hacia Santana, regalándole otra sonrisa, ésta vez de una forma más tímida.
- ¿M-mi número? – preguntó Santana sin entender nada a la vez que trataba de serenarse.
- Sí, por si consigues el puesto para poder llamarte y decirte cuando empiezas – explicó Marley.
- Ah! Sí, es cierto jeje – dijo Santana mostrando una pequeña sonrisa – ¿d-donde te lo apunto?
- Aquí mismo – comentó extendiéndole el pequeño cuaderno en el que apuntaba los pedidos y entregándole un bolígrafo.
En cuanto Santana le apuntó su teléfono hubo un par de conversaciones más, pero no muy largas, ya que la clientela comenzó a llegar y Marley estaba bastante atareada. Al fin, en cuanto se despidieron de ella, Brittany y Santana salieron de aquel lugar. Guiadas por la bailarina, ambas recorrieron algunas cuantas calles. El recorrido fue silencioso, pues Santana no se atrevía a abrir la boca, aún no podía si quiera mirarla a los ojos, contando a demás de que sus sentimientos estaban encontrados. En cuanto a Brittany, ella tampoco dijo mucho, estaba un poco pensativa y de algún modo extrañada por aquella actitud de Santana en la noche anterior. Era como si estuviera escondiendo algo y no quisiera decirle. Sus ojos se habían encontrado un par de veces con la silueta de la morena durante el trayecto, y aunque no le dijo nada, la notaba algo tensa, como si no quisiera estar con ella o algo la incomodaba. Queriendo dejar atrás aquellos pensamientos, decidió aprovechar ese momento a solas, caminando por las calles de Nueva York, para cogerla de la mano. No sabía el motivo de aquel impulso, pero de alguna manera necesitaba notarla cerca, sentir que estaba ahí. Aquella sensación, la suavidad de las manos de Santana y la misma calidez de estas, en cierto modo la hacía sentirse segura sin importar lo que estuviera haciendo. No lograba encontrar una explicación pero sabía que aunque dijera alguna estupidez Santana iba a hacer lo imposible para tratar de entenderla, sabía que con Santana podía ser ella. En cambio, para Santana, aquel movimiento dejó paralizado su cuerpo, haciendo que su corazón bombease de una forma más frenética, provocando que sus pulmones tuvieran que esforzarse el doble para tratar de conseguir que el aire llegase a ellos. Sabía que Brittany no lo hacía a mal, pues eran amigas, pero aquello le dolía y estaba llegando a un punto en el que no sabía cómo poder contenerse. Por su cabeza aún rondaba lo ocurro la noche anterior, las palabras de Brittany, aquella huída del hospital, las miles de lágrimas derramadas, su corazón roto, aquella presión en el pecho, aquel dolor que no cesaba hasta incluso ahora. Todo era muy reciente, ni si quiera había podido sanarse o ponerse una cura para tratar de dejar de enfermarse de ella. Sentía como si el destino, o lo que estuviera haciéndole esto, quería verla mal, verla sufrir. Quiso alejar su mano de la de Brittany, pero incluso su cuerpo estaba en contra de su mente. Parecía como si ya ni si quiera tuviera el control de su propio cuerpo. Brittany, quien no dejaba de observarla, sentía la necesidad de decirle algo y, sin pensárselo dos veces, decidió que ese era el momento.
-¿Pasa algo? Has estado muy callada durante todo el camino – comentó Brittany algo preocupada por ella.
- N-no, n-nada – contestó tratando de esconder sus nervios y sentimientos.
- No te creo – dijo dejando de caminar – has estado actuando muy rara desde anoche – añadió, sorprendiendo a Santana con aquellas palabras y haciendo que el miedo se instalara en ella.
- ¿A-A que t-te refieres? – no podía si quiera pronunciar palabra, estaba contra la espada y la pared, justamente donde no quería encontrarse.
- Pues eso, no sé, tu forma de actuar ha cambiado – dijo sin apartar su vista de la de Santana - ¿Q-Quizás es por lo que dije?
- ¿P-por lo que dijiste? – Santana quiso fingir que no sabía a lo que se refería
- Sí, por lo de la fecha de la boda. ¿Quizás hubieras preferido que te lo hubiese dicho antes, a solas y no enterarte a la vez que el resto? – dijo tratando de averiguar el motivo.
- N-no… - Santana no sabía que decir, en cierto modo si era por lo de la boda, pero no porque se hubiera enterado al mismo tiempo que el resto, simplemente le dolía que se tuviera que casar.
- ¿Entonces? – preguntó con detenimiento, observando cada movimiento de Santana, para luego dejar sus ojos fijos en los de esta.
Santana optó por llevar sus ojos al suelo, no podía mirarla. Quería decírselo. En cierto modo tenía la necesidad de decirle la verdad, de decirle que estaba enamorada de ella, que no podía soportarlo más. Pero por otro lado no podía, no podía porque sabía que la perdería y eso era justamente lo que menos quería, perderla. De un momento a otro, la conversación con Rachel de esa misma mañana, llegó a su mente, confundiéndola aún más. Tenía que hacer algo, pues aquel secreto la estaba matando y no sabía cuánto iba a durar escondiéndolo. No quería seguir mintiéndole, necesitaba ser sincera, pero el precio a pagar era muy caro. Decidió tomar aire, llenarse de valor y mirarla directamente a los ojos. Aún cogida de la mano de Brittany, sentía que ese era el momento, que era el ahora o nunca. Al fin se atrevió a hablar.
-B-Brittany, el motivo p-por el que he estado actuando rara e-es porque… - los nervios la estaban matando, por primera vez iba a ser sincera con ella, pero la voz tampoco estaba de su parte. Su cuerpo se mantenía de pie gracias al agarre de Brittany. Estaba a punto de decirle todo aquello que había estado guardando, de decirle que estaba enamorada de ella. Por unos segundos se centró en sus ojos, en aquel azul cielo que hoy transmitían compasión; en las pequeñas pecas que adornaban su nariz; en sus labios; en cada gesto que se dibujaba en su rostro; pero también en sus manos. En éstas fue donde más tiempo dejó clavada su vista. Las acarició por unos segundos, sintiéndolas como nunca antes las había sentido. Fue en ese momento cuando en sus ojos comenzaron a formarse lágrimas, no podía dejarlas caer, pero tampoco las podía retener. Tenía miedo, miedo por lo que podía suceder después, de perderla, de arruinarlo todo por una estupidez, de ser incapaz de retener esos sentimientos, de amarla. Por primera vez estaba pensando con detenimiento en lo que vendría después, en su rechazo, en el dolor, pero también en lo que podría afectar aquello en la relación de Brittany con Artie. No lo había pensado antes, pero tampoco quería destrozar una pareja, ese no era su objetivo por mucho que no le gustase el castaño. Quizás… lo mejor después de todo es seguir tal y como estaba, seguir callando aunque el corazón le doliese, aunque no pudiera sostenerlo por más tiempo. Como pudo retuvo sus lágrimas y volvió a encontrarse con los ojos de Brittany. Sin duda no podía hacerle eso, no podía verla mal, pues eso le dolería aún más. Su decisión estaba tomada - …porque n-no sé si voy a poder estar e-el día de tu boda – dijo al fin dejando salir algún que otro suspiro, mientras que en sus ojos se podía ver el dolor.
Así es, aunque había tomado la decisión de no decírselo, de no decirle que estaba enamorada de ella, había preferido decir eso, pues sabía que no iba a poder presenciar como Brittany se casaba. Sí, le dolía tener que decirle que no iba a poder estar en el día más importante de su vida, pero más le dolía perderla, verla feliz en los brazos de otra persona sin ser ella quien provoque esa felicidad. Simplemente no podía.
-¿C-Cómo? – las palabras no podía salir de la boca de Brittany y las lágrimas comenzaban a formarse en sus ojos.
- L-Lo siento – apenas pudo ser audible, no podía verla así.
- P-Pero algo p-podremos hacer para que tú e-estés en la boda – dijo Brittany tratando de encontrar una solución. No podía imaginarse casándose y que la morena no estuviese entre los presentes, entre sus damas de honor. Incluso pensarlo le dolía.
- B-Brittany n-no creo que se pueda a-arreglar – comentó tratando de no hacerle daño, eso era lo que menos quería.
- ¿P-pero porqué? – preguntó intentando entender el motivo, a la vez que alguna que otra lágrima recorría su mejillas.
- Aún no t-te lo puedo decir. Por favor, prométeme que me entenderás – dijo llevando ambas manos hacia el rostro de la bailarina, tratando de evitar que más lágrimas cayeran – Te prometo que te lo explicaré, te prometo que t-te daré un buen motivo, pero aún no te lo puedo decir – esta vez era ella quien no podía retener sus lágrimas, no podía ver a Brittany de esa manera, le dolía hacerle daño.
Sus ojos volvieron a encontrarse con los de la rubia, estos ahora expresaban dolor y más le dolía a ella. Le dolía que por tratar de evitar desquebrajarse por dentro, le hiciera daño a Brittany, pero no había otra forma con la que evitar todo aquello, de una manera u otra, el dolor estaba de por medio.
Sé que he tardado, pues como expliqué en el adelanto, he estado con los exámenes finales y al fin he podido aprobar las dos asignaturas que me habían quedado. He leído algún que otro comentario diciéndome que no deje la historia, y os lo vuelvo a decir, por mucho que tarde en subir capítulo, no la voy a dejar a medias. También en ese mismo adelanto pregunté que si queríais faberry como amistad o como pareja y resulta que ha ganado el faberry como pareja, así que me toca pensar en cómo acabará esa historia. Con respecto a este capítulo, deciros que he tardado más también porque he cambiado algunas cosas que tenía pensadas de escribir. Si os digo la verdad, quitando un poco la tardanza y los comederos de cabeza que me ha dado este capítulo, me ha gustado mucho escribirlo, pues es la primera vez que he escrito conversaciones más maduras y llenas de sentimiento. Espero que os guste tanto como a mí.
Sobre el siguiente capítulo, deciros que aún no tengo una idea de cómo va a ser, pero creo que posiblemente comience con lo que ocurrió con Kurt y su padre. El resto aún tengo que pensarlo xD
De nuevo daros las gracias por leerme, por dejarme comentarios y por ser tan pacientes. A mí también me frustra no poder subir capítulos más seguidos, pero es que tampoco soy una escritora y soy de las se cansan pronto escribiendo jeje.
Mil gracias, nos vemos en el próximo capítulo (cualquier duda me la podéis preguntar, contestaré encantada)
San.
