"¿Qué se hace cuando el corazón grita que tiene miedo?"

La lluvia volvió a hacerse presente cerca de las doce y media del medio día, justo cuando los ojos de Quinn volvieron a abrirse, despertándose al fin de aquella movida noche. La fiebre había desaparecido, pero aún le tocaba esperar allí en aquel hospital a que el doctor que la atendió el día anterior le diera el alta. Había pasado casi toda la noche en vela, pudiendo solo dormir un par de horas, las cuales solo fueron posibles cuando Sam al fin se marchó a trabajar, pues tenía que hacer horas extras debido a aquel incidente. No había nadie en la habitación y apenas había ruido. Lo único que rompía el silencio era el pitido incesante de aquella máquina que marcaba sus pulsaciones y el ruido de las pequeñas gotas que chocaban contra el cristal de su habitación y, algo más a lo lejos, el de estás al chocar contra el asfalto. No era una lluvia intensa, sino más bien, como decía su madre, "Una lluvia sanadora". Parecía como si ésta tratara de limpiar todo el dolor acumulado y quisiera que todo volviera a su cauce. Sus ojos volvieron a recorrer la habitación, juraría que ese gesto lo había hecho alrededor de 100 veces la noche anterior, pues aún no estaba acostumbrada a estar en un hospital y mucho menos encamada. Volvió a toparse con aquella cámara, la cual le devolvió la sonrisa, aquella que tantos recuerdos guardaba. Como pudo trató de acomodarse, colocando un par de cojines detrás de su espalda para estar más cómoda, para luego coger la cámara y apreciarla con más detenimiento. En ella seguía plasmada su inicial, aquella que acreditaba que solo le pertenecía a ella y por la cual la pudo identificar. No era una cámara moderna de esas que puede contener miles de fotos y borrarlas cuando quisieras, era de esas de carrete, de las antiguas, con cierto toque vintage. Ese era su estilo, además de que le gustaba esa tonalidad que le daba a sus fotos. Optó por abrirla, para comprobar si tenía algún carrete puesto. Sí, había uno, pero era extraño. Era extraño porque solo había una tienda específica de cámaras antiguas que los vendía, la misma tienda donde ella los compraba. Lo sabía con certeza porque cuando la compró recorrió todas las calles de Nueva York tratando de encontrar alguna tienda que vendiera unos carretes que le sirviera, pero ya ninguna tienda vendía carretes, lo que vendían eran tarjetas de memoria para las cámaras modernas. Casi estuvo por tirar la toalla y de maldecirse por haberse comprado una cámara tan antigua, cuando sin querer, entre medias de una callejuela, se encontró con aquella tienda. Parecía como si el destino quisiera que aquella cámara formara parte de su vida y de sus recuerdos.

Estaba tan ensimismada observando la cámara que ni si quiera se dio cuenta de la presencia de una de las enfermeras, la cual había venido para ver como se encontraba. Lo único que hizo sacarla de sus pensamientos fue el sonido de una de las carpetas que portaba la enfermera al chocar contra el suelo. Al parecer llevaba tantas, de cada uno de los pacientes, que una de ellas se resbaló y acabó estampándose contra este. Se asustó tanto que trató de esconder la cámara detrás de ella, entre su espalda y la almohada. ¿El motivo de esa reacción? Hacía tiempo que no la tenía y aquella sensación de ser descubierta con ella le hizo recordar aquellas veces en las que su madre entraba de sorpresa a su cuarto y trataba de quitarle la cámara. Por eso cada vez que esta entraba siempre trataba de esconderla tras de sí, intentando evitar que esta se la quitara. Algunas veces deseaba que su madre lograra comprender su pasión por la fotografía y que la dejara dedicarse a ello.

-El doctor James ya mismo estará aquí, si tienes alguna duda o quieres algo no dudes en presionar el botón – dijo la enfermera tras recoger la carpeta y acercarse a la cama de Quinn, señalando con el dedo índice el botón al que se refería, el cual estaba a un lado de la cama.

Quinn llevó su mirada hacia al botón al que se refería, para luego devolver su mirada a la enfermera. Pero a mitad del camino, antes de que sus ojos volvieran a posarse en la figura de ésta, se topó con algo que antes no había visto. Allí, sobre la parte más alta de una de las mesitas, había un pequeño pastel con una vela incrustada en el centro de este. Por el color de este juraría que era de chocolate, su sabor favorito.

-¿Sabe quien ha traído eso? ¿Ha sido un chico rubio? – preguntó a la enfermera señalando el cupcake. Pues por un momento por su mente pasó que el causante de la aparición de aquel pequeño pastel era Sam, pero la respuesta de la enfermera deshizo aquella teoría.

- Me temo que no, la persona que lo trajo fue una chica y lo hizo minutos después de que el chico al que se refiere se fuera. Es más, la chica que lo hizo fue la misma que estuvo toda la noche en una de las sillas del pasillo, cerca de la puerta de su habitación – contestó la enfermera anotando algunos datos en una de las carpetas.

- ¿A qué chica se refiere? – Quinn no entendía nada.

- Era una chica bajita, de pelo castaño si no me equivoco. Y al parecer estaba bastante preocupada en saber su estado cada vez que alguna compañera mía entraba para ver cómo estaba – agregó ésta, haciendo que la rubia comenzara a ponerle nombre y cara a aquella chica misteriosa.

La única persona que lograba entrar en aquella descripción era Rachel, aunque no estaba tan segura, pues minutos después de que se fueran Brittany y Artie, ésta se fue, por lo que todo era muy contradictorio. Cuando la enfermera terminó de anotar todo y de hacerle algunas preguntas sobre cómo se encontraba, volvió a dejarla sola en aquella vacía habitación, pero ahora era distinto, pues la duda comenzaba a adueñarse de su cabeza. En un intento de saber más sobre aquella persona que se encontraba tras el cupcake, volvió a llevar su mirada hacia éste, deteniéndose más en él, descubriendo que debajo de él había una pequeña nota escrita a bolígrafo. Estiró su brazo, cogiendo el pequeño pastel con una mano y con la otra el papel que se encontraba debajo de éste. Sin duda en cuanto sus ojos leyeron con más detenimiento aquella nota, pudo saber de quién se trataba, era imposible no saberlo, su letra era inconfundible, sobre todo con aquellas estrellas dibujadas sobre cada "i". "Feliz cumpleaños Quinn. Sé que no quieres celebrarlo ni que te feliciten, y menos viniendo de mí, pero quería hacerlo. Rachel" pudo leer en aquella nota, la cual pilló de sorpresa a Quinn, pues aunque sabía que era su cumpleaños, nunca se hubiera imaginado que Rachel le hiciera algo así, sobre todo después de cómo se había comportado con ella. Es más, incluso había pensado que se había olvidado de su cumpleaños. Aunque seguía teniéndole rencor y odiándola, algunas veces, aunque fueran muy pocas, seguía viendo en Rachel aquella mejor amiga con la que compartió tantos recuerdos. Gestos como esos le hacían recordar aquella etapa feliz, pero también pequeños destellos de todo lo que ocurrió después seguían apareciendo en su cabeza, como si quisieran tratar de advertirla de un posible peligro. Era como si su mente quisiera que no se olvidase de todo el dolor que sufrió por culpa de la castaña. A veces simplemente quería olvidarlo, tratar de perdonarla, pues echaba de menos a su mejor amiga, pero por mucho que lo intentase le era imposible. Por mucho que quisiera pasar página, el capítulo seguía repitiéndose una y otra vez en su mente, provocándole más dolor.

A los pocos minutos de que la enfermera se fuera, el doctor James vino para comprobar por sí mismo el estado de Quinn, para luego darle al fin el alta. Pero por motivos de prevención, no podía abandonar el hospital sola, por lo cual tendría que avisar a alguien que pudiera recogerla y llevarla a casa. Su primer pensamiento fue en Sam, pero él estaba trabajando, por lo cual no podía hacerlo. Luego pasó por su cabeza Tina y Mike, pero ambos habían ido a pasar el día junto con los padres de Tina. Intentó llamar a Brittany, pero por algún motivo, el cual no sabía, ésta tenía el móvil apagado. Volvió a buscar entre su lista de contactos a alguien que la pudiera ayudar, pero mientras estaba pasando sus contactos, se topó con el nombre de Rachel. Se paró por unos segundos en él, observándolo. Por su mente pasó la idea de llamarla, pero pronto aquella idea se desvaneció, sabía que era una idiotez, aunque en cierto modo quería hacerlo. Sus sentimientos estaban en tal punto de ebullición que no paraban de chocar unos contra otros. Optó por dejar atrás el nombre de la castaña y seguir buscando. Al fin, tras pasar unos cuantos números más, encontró a la persona indicada, Santana. Por suerte la morena le contestó enseguida, aunque juraría por el tono de voz que utilizó, que algo iba mal, pues su voz sonaba triste y algo entrecortada. Trató de hablarle antes sobre otros temas, preguntándole si estaba bien, aunque de nada le sirvió, pues Santana no le dijo el motivo de su estado, más bien quiso convencerla de que estaba bien, aunque esta no se lo tragara. Finalmente le pidió el favor de que la acompañara, y tras varias súplicas, la morena acabó aceptando.

*En otra habitación de hospital…*

Todo estaba en silencio, o al menos eso parecía. La lluvia cesó mucho antes de que amaneciera, y en su caso era un alivio, puesto que pronto tendría que volver a casa para poder pegarse una ducha y descansar un poco, ya que los asientos de los hospitales no eran tan cómodos como aparentaban; además de que no pudo pegar ojo en toda la noche debido al sonido incesante de aquella máquina que seguía ametralleándole la cabeza. Burt hacía ya horas que había salido de la operación, cosa que tranquilizó en cierto modo a Kurt. Según le habían comentado los médicos, la operación en un principio se complicó, ya que debido a una incisión mal calculada, tuvieron que intentar cesar una hemorragia, pero gracias a la rápida actuación de estos, lograron taponarla. Cuando el castaño escuchó aquello, quiso demandar al hospital y al médico responsable de la operación, ya estaba bastante asustado antes de la operación y eso acabó por ponerlo de los nervios. No se podía permitir perder a alguien más, no después de la muerte de su madre. Su padre lo era todo en su vida y si lo llegase a perder no sabría qué hacer con la suya. Sabía que aún tenía muchas cosas que aprender y, aunque su padre no fuera el maestro perfecto, aún podía aprender cosas grandiosas de él y en algunos aspectos, ser él quien le enseñase. Por suerte Blaine estaba a su lado cuando ocurrió todo eso, logrando tranquilizarlo, dándole un punto de cordura, dándole un punto de apoyo. A veces, él mismo se sorprendía de la suerte que tuvo en la vida encontrándose con Blaine. Podían parecer dos mundos opuestos, pero cuando ambos se encontraban, todo encajaba. Blaine le daba esa estabilidad que había perdido hacía mucho tiempo, la hacía ver las cosas con claridad, enseñándole que detrás de cada bache, de cada tropezón, había un motivo, algo de lo que aprender. Simplemente se sentía afortunado, era como si su madre le hubiera regalado un ángel de la guarda.

Estaba bastante cansado, sus ojos comenzaban a ser cada vez más pesados, pero no quería dormir. Tenía la necesidad de estar ahí, de no apartar sus ojos de la silueta de su padre, aunque éste estuviese todavía dormido. Por suerte, en ese mismo momento, alguien más entró a la habitación, impidiendo que el sueño se apoderara de él. Se trataba de Blaine, quien portaba en sus manos un par de vasos de café de máquina. Al parecer estaban recién sacados, pues desde su posición podía ver el humo que desprendían ambos debido al calor.

-He tardado un poco más porque había mucha cola – dijo dándole uno de los vasos a Kurt, depositando un beso en la frente de éste – ¿Que tal está? – agregó, sentándose en el reposabrazos del sillón en el que se encontraba el castaño.

- Aún sigue dormido, aunque algunas enfermeras han pasado para ver cómo iba – comentó, soplando sobre la superficie del café, haciendo que el humo procedente de éste se disipara por unos segundos, para luego volver a aparecer.

- ¿Han dicho algo? – preguntó Blaine observando con detenimiento cada movimiento de su novio.

- Nada, que estaba bien, pero que tendríamos que esperar a que pasen unas horas para poder ver como se encuentra realmente. Han dicho que al principio estará quejoso debido a la operación, pero que dentro de lo que cabe, estará bien – respondió dándole un pequeño sorbo al café sin apartar su mirada de la silueta de su padre.

Blaine no quería hacerle muchas preguntas respecto a Burt, ya que sabía que aquello le afectaba, por eso decidió observarlo. Le dolía verlo así, tan asustado y no saber qué hacer para darle a entender que todo iba a salir bien. Sabía todo lo que había sufrido y no soportaba la idea de que tuviera que vivir de nuevo todo aquello. Sus ojos no dejaban de recorrer una y otra vez cada gesto que dibujaba Kurt en su cara, quería transmitirle seguridad pero aún no sabía cómo. Al final decidió poner su mano libre sobre la cabeza de éste para luego volver a depositar otro beso en él, quedándose así por un rato, atrayéndolo hacia su pecho para luego soltar una gran bocanada de aire.

-Todo saldrá bien, te lo prometo – dijo en un tono suave, dándole delicadas caricias.

Kurt en cambio no dijo nada, simplemente se limitó a oír los latidos de Blaine. Eran lentos pero su sonido era fuerte. Su voz inundaba todo su cuerpo cuando hablaba, como si fuera un altavoz y éste tratara que su voz inundara todo un estadio. Se sentía seguro de esa forma, se sentía seguro en los brazos de Blaine.

-T-tengo algo que decirte y espero que no te enfades – pronunció el moreno después de unos minutos, haciendo que Kurt se separara un poco de él.

- ¿Q-Que pasa? – preguntó con cierto miedo dibujado en sus ojos.

Blaine antes de decir algunas palabras más, llevó su mirada hacia la silueta de Burt. Le había prometido que pasase lo que pasase, en cuanto saliera de la operación se lo diría, pero ahora estaba teniendo sus dudas, no sabía si era lo correcto. Dejó escapar varios suspiros antes de devolver su mirada hacia los ojos de Kurt. En ellos aún se podía ver el miedo, con algún que otro matiz de duda, esperando por aquellas palabras que aún no había pronunciado. Llevó su mano izquierda hacia una de las mejillas del castaño, acariciándola. No era algo por lo que se tuviera que preocupar, pero en cierto modo sabía que aquello no le iba a gustar y mucho menos en la situación en la que estaban.

-Tu padre me pidió antes de que le operaran que… - tomo un poco de aire antes de continuar, sin dejar de mirar los ojos de Kurt - … te comprara unos billetes para que volvieras a Nueva York.

La cara del castaño lo decía todo, no podía imaginarse que su padre le hubiese pedido a su novio que le comprase unos billetes y menos para ir a Nueva York, ¿acaso no sabía que no podía irse sabiendo la situación en la que se encontraba? No podía irse ahora, no cuando la operación era tan reciente. No podía dejarlo solo.

-Él quería que los comprase para el mismo día de su operación, pero logré convencerlo de que lo hiciera unos días más tarde. Le dije que tú te negarías de inmediato, sabía lo importante que era para ti la operación de tu padre y que seguramente querrías estar unos días con él después de la operación – agregó Blaine, quien observaba con detenimiento cada gesto que Kurt dibujaba en su cara – no te lo tomes a mal, él quiere que luches por tus sueños. Sabe que aquí no puedes hacer nada y que estando a su lado mientras él está obligado a estar encamado, tus sueños y oportunidades se van alejando.

- ¿Y qué pasa que mi opinión no cuenta? – preguntó Kurt en un tono bastante enfadado, levantándose bruscamente de la silla – ¿Qué quiere que me vaya a una ciudad a cientos de kilómetros de aquí, sabiendo cómo está, solo para que luche por mis sueños? – comenzó a dar pequeñas vueltas, haciendo gestos con las manos y tratando de no levantar más la voz para no despertar a su padre - ¿Quién en su sano juicio puede pensar así y menos sin preguntarme? – las preguntas no podían dejar de salir de su boca – Ya no soy un crío que necesite ir de la mano de su padre para hacer las cosas, sé cuál es mi deber, pero ahora mismo está junto a él. No me puedo ir así sin más, no cuando aún no sabemos nada. No sabemos si han logrado quitarle el cáncer por completo, sí, ahora aparenta estar bien, pero ¿y si dentro de unos días o unas semanas el cáncer vuelve a regenerarse o aún peor, tenga metástasis? No voy a poder estar ahí junto a él, si lo que quiere es que me vaya a Nueva York. Mis sueños tengo tiempo para perseguirlos, pero quien me dice a mí cuanto me durará mi padre, quien me dice si mañana ya no está. No pienso perder ese tiempo tan preciado buscando un sueño cuando lo puedo pasar con mi padre – sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y su voz a entrecortarse. Aquello le dolía, el pensar en la posibilidad de perderlo, de no volver a verlo por el mero hecho de irse a otra ciudad sólo porque su padre quería que él luchara por sus sueños. Lo veía egoísta por su parte.

- Kurt, no es lo que tú piensas. Sé que duele, sé que tienes miedo de perderlo y de no volver a verlo, pero él no quiere que malgastes tu tiempo aquí en una ciudad que no te deja brillar. Él quiere que te conviertas en esa estrella que ve en ti. Sí, puede que no haya elegido bien el momento, pero quiere ver como tus sueños se hacen realidad, quiere ver por sí mismo como te conviertes en esa persona que llevas dentro y estando aquí no lo vas a lograr. El quiere ver que cuando se recupere estés allí arriba, entro los mejores – dijo levantándose del reposabrazos, acercándose a él – También sabía que posiblemente te pondrías así, y me pidió que seas tú quien eligieras el día que te querrías ir. En cierto modo quiere que abras los ojos, que veas lo brillante que es tu futuro y no te estanques en esta ciudad, a su lado – agregó, llevando ambas manos hacia las mejillas de Kurt, limpiando las lágrimas que caían por éstas con sus pulgares, para luego depositar un suave beso en sus labios – él te quiere… y yo también – dijo en voz baja, haciendo que tanto su frente como la del castaño se juntaran, provocando que ambos cerraran sus ojos, dejando escapar algún que otro suspiro.

*De nuevo en la ciudad de los rascacielos…*

Acababa de llegar a casa, Santana iba detrás de ella, aún con la cara bastante seria. Al parecer le había sucedido algo, pero ni si quiera durante el trayecto de vuelta a casa le había comentado nada, simplemente se limitó a afirmar o a negar con la cabeza, sin mencionar palabra alguna. Sin duda algo grave le debería de haber sucedido para que estuviera tan callada. Soltó las llaves en una de las mesitas del recibidor, pasando lentamente por el pasillo que comunicaba con el salón. Aún estaba bastante cansada, por lo cual no podía hacer movimientos bruscos y se tenía que apoyar con sus manos en las paredes para no acabar contra el suelo, pues sus piernas aún no soportaban su peso. Como pudo logró sentarse en el sofá, dejando caer su bolso sobre éste. Santana, a su vez, también se sentó junto a ella, dejando a un lado una bolsa con la ropa que había utilizado Quinn durante su estancia en el hospital. Ambas se quedaron calladas por unos minutos, incrementando el silencio que ya reinaba en aquel piso. No había nadie, solo ellas dos y el sonido procedente del exterior.

-¿Quieres…algo de beber? – preguntó Quinn después de varios minutos de silencio.

- Como no sea algo fuerte… - dijo Santana mirando hacia la nada, estaba tratando con todas sus fuerzas de estar bien, pero desde esa misma mañana nada había salido bien.

Por su cabeza aún rondaban las palabras que le dijo a Brittany y la reacción de ésta. En cierto modo entendía su reacción, era su mejor amiga y que le dijera que no podía ir, aún ocultando el motivo, era obvio que le doliera, pero aquella reacción que tuvo fue bastante inesperada para la morena. No sabía cómo tomarse todo aquello y el corazón le estaba comenzando a gritar que tenía miedo. Miedo por todo lo que vendría, miedo por no saber reprimirse, miedo al dolor. Estaba comenzando a pensarse la idea de olvidarla, pero era una opción muy dura, sobre todo cuando el corazón no estaba a la labor.

-¿Es-estás bien? – preguntó Quinn tratando que Santana al fin se abriera y le contara el motivo de aquella actitud – lo digo porque has estado muy callada y tu cara, que digamos, no expresa alegría – agregó sin apartar sus ojos de la silueta de la morena, estaba bastante preocupada.

No podía contarle nada, no porque no quisiera, simplemente porque ya había demasiadas personas involucradas en ella y no quería involucrar a más. Simplemente se limitó a coger una gran bocanada de aire y expulsarla lentamente, así al menos le daría tiempo para saber que decirle. Antes de contestarle, recorrió con la mirada aquella parte del apartamento. Todo estaba bastante ordenado. Frente a ellas estaba el televisor, de pantalla plana; al lado una estantería llena de libros, demasiados como para ponerse a enumerarlos; al otro lado una repisa con varios DVD's, al parecer eran películas antiguas en blanco en negro; y el resto del espacio estaba ocupado por cuadros y algún que otro mueble. Era una casa bastante acogedora, más de lo que hubiera imaginado, pues aunque estuvo el día anterior, no pudo pararse a observar con más detenimiento. Volvió a llevar sus ojos hacia sus manos, ésta vez juntándolas y tratando de jugar con sus dedos.

- Estoy bien, simplemente que hoy no es un bien día – dijo al fin, aún sin mirar a Quinn.

- Sabes que si te ocurre algo puedes hablar conmigo, puede que no sea una psicóloga ni muy buena en dar consejos, pero… sé escuchar – comentó, llevando una de sus manos hacia el brazo de Santana, regalándole varias caricias.

No sabía por qué, pero aquellas palabras le recordaron a Rachel. Puede que ambas pareciesen muy distintas, pero tanto Quinn como Rachel en cierto modo se parecían. Ahora comenzaba a comprender porque antes estaban tan unidas, eran del tipo de persona que se preocupaban por sus amigas y amigos. Aún sabiendo que ellas posiblemente tuvieran sus problemas, estaban ahí.

- Me recuerdas a Rachel – dijo llevando esta vez su mirada hacia los ojos de Quinn, viendo como la cara de ésta cambiaba radicalmente.

- No me hables de ella – contestó, siendo ahora ella la que evitaba su mirada.

- A ver, lo que voy a decir no quiero que te lo tomes como si yo estuviera a favor de Rachel ni nada de eso, tu bien sabes que la enana no es santa de mi devoción, pero… ¿por qué tanto rencor? ¿Por qué tanto odio? Sí, entiendo que en su día os peleasteis y que lo que hizo no te gustó, pero ¿no crees que ya es el momento de pasar página y de perdonar? – preguntó, mirando con detenimiento cada gesto de Quinn.

Ésta, antes de contestar, se tomó un tiempo para coger aire y soltarlo un par de veces. Odiaba esos momentos cuando alguien le preguntaba o hacía algún comentario sobre Rachel. No es que no quisiera oír de ella, simplemente le dolía volver a recordar todo lo vivido, todo lo sufrido. Pero también, sin querer, volvían a su memoria aquellos bonitos recuerdos. Y un sentimiento de melancolía se apoderaba de ella.

-Por mucho que quiera pasar página no puedo – dijo, encontrándose con los ojos de Santana - ¿Sabes de esas veces en las que tienes tanto miedo que el propio miedo te paraliza? Pues así me siento yo con Rachel. Tampoco es solo miedo, es un cúmulo de sentimientos, pero todos ellos me hacen desconfiar de ella. Soy de esas personas que me cuesta brindar confianza, y cuando la da, la da de verdad, es por eso que cuando la infravaloran y juegan con ella hace que me cierre hacia esa persona, por muy amiga que sea. Eso sin contar el daño que me pueden llegar a hacer.

- Si te digo la verdad, creo que Rachel ha cambiado bastante. No te puedo contar nada, pero te aseguro que no es como antes. Es extraño, incluso para mí, que esté diciendo esto y más aún sabiendo que vivo con ella, pero me he dado cuenta que es una persona en la que puedes confiar – estaba diciendo lo que sentía, pero también, en cierto modo, estaba tratando de devolverle el favor a Rachel.

- Yo también creía eso, hasta que me metió la puñalada trapera – dijo llevando su mirada hacia la nada. Por mucho que quisiera olvidarlo, aquello seguía ahí.

- No es por llevarte la contraria pero… ¿por qué crees tú que quiso hacerlo? – preguntó. Quería intentar comprender ambos puntos de vista, pues por mucho que no soportara a Rachel, ésta le había demostrado que seguía preocupándose por Quinn, sobre todo después de haber comprado aquella cámara y dejar que Sam se atribuyera todo el mérito.

- Pues para quitarme a Finn. Ella estaba enamorada de él y supongo que tomó aquello como una oportunidad para al fin tenerlo – su voz comenzaba a elevarse sin darse apenas cuenta.

- ¿No crees que si hubiera querido tenerlo para ella no lo hubiera hecho antes? No sé, pero creo que fue de idiotas eso de ir y contarle aquel secreto a Finn y mucho más escribiendo una carta. Piénsalo bien, ¿porque iba a hacer eso si sabía que era la única persona que sabía aquel secreto y que si lo contaba podía perderte como amiga? – dijo Santana, despegando su espalda del sofá, tratando de encontrarle sentido a aquello.

- Entonces según tú si no fue ella ¿quién fue? Porque como bien has dicho ella era la única persona que sabía aquel secreto – Quinn no quería enfadarse con Santana, pero aquellas palabras que dijo la morena parecían como si no la creyera, como si cuestionaran todo lo que ella mismo vivió.

- No sé, pero me parece muy raro que ella le dijera aquello y ahora trate de volver a tener tu amistad. Si solo quería tener a Finn, ¿por qué ahora quiere que vuelvas a ser su amiga? Es todo muy contradictorio – Santana realmente no entendía nada, le parecía todo muy raro, como si alguien más estuviera detrás de todo aquello.

- Pues por el mero hecho de que ahora que Finn ha roto con ella se siente sola y no tiene a nadie – de nuevo el odio comenzaba a apoderarse de ella.

Santana volvió a darle una última mirada a Quinn, al parecer faltaba una pieza del puzle para que todo encajara y la única que podía tenerla era Rachel. Por eso mismo, antes de pensar en más conjeturas, quería hablar con ella y aclarar sus dudas. No sabía por qué, pero aunque no quería involucrarse en aquella pelea que ambas tenían, tenía la necesidad de saberlo todo, de saber aquello que se le escapaba. De alguna manera sentía que tenía que ayudarlas, de devolverle así el favor a Rachel.

Después de aquellas palabras hablaron de un par de temas al azar, tratando de dejar atrás todo aquello, pero apenas hubo más conversación. Minutos después de que Santana se fuera, Quinn aún seguía dándole vueltas a todo aquello que dijo la morena. No entendía porque estaba empeñada en hacerle ver que posiblemente Rachel no estaba detrás de aquella carta, era como si tratara de decirle o advertirle de que alguien más supo su secreto y fue esa persona quien le contó todo a Finn, pero nada cuadraba. En uno de sus amagos de tratar de sacarse todo aquello de su mente, llevó una de sus manos hacia el bolsillo derecho de su pantalón, tratando de encontrar su móvil, pero lo único que encontró fue aquella nota que dejó Rachel debajo de aquel pastel. Aún seguí preguntándose por qué la guardó, pero al parecer la única respuesta que obtenía era porque le recordaba a ella. No entendía como a veces podía odiarla, pero al mismo tiempo echarla de menos. No sabía por qué Rachel aún seguía provocándole aquel sentimiento. De nuevo se detuvo frente aquel papel, jugando con él entre sus dedos, como si tratara encontrar respuestas en él.

-¿Qué demonios me pasa? ¿por qué sigues apareciendo una y otra vez? – dijo elevando la voz, entrecortándose al final de la frase, mientras apretaba los dientes y dejaba en un golpe seco el papel en la mesa - ¿Por qué no te puedo odiar tanto como quisiera? ¿Por qué dueles? – ésta vez dejó que el aire almacenado en sus pulmones salieran en forma de suspiro, en forma de rabia, en forma de dolor.

No podía negarlo, frente a Santana había actuado de una manera más exagerada, quizás para darle a entender que estaba enfadada o tal vez para engañarse a sí misma. Sin duda había algo que le costaba descifrar, algo por lo cual podía llegar a tener más miedo.

Continuará…

Hola! Ya estoy aquí. Me ha costado e incluso me he "regañado" a mi misma por ser tan tardona, pero he tratado de ponerme las pilas y de acabar el capítulo antes de que acabara la semana e incluso el mes. Con respecto al capítulo, deciros que me ha costado la vida escribirlo, pues aunque tuviera una mínima idea de cómo iba a ser, escribirlo me ha costado. Es la primera vez que me centro más en lo que ocurre con Quinn y Kurt, y dejo más de lado lo que pasa con Santana, pero sin duda lo que acabáis de leer tiene importancia en lo que puede llegar a suceder de ahora en adelante. Como ya habéis podido leer, Santana comienza a cuestionarse que es lo que realmente sucedió entre Quinn y Rachel y posiblemente sepa toda la verdad en el próximo capítulo. También habéis visto que Quinn esconde algo, algo que ni ella misma sabe (y no sé si quiera si lo sé yo xD). Es más, esa última parte me surgió mientras escribía y pensé que estaría bien incluirlo. Si os digo la verdad, iba a pasar algo completamente distinto, pero como os dije en el adelanto, al principio del capítulo también me pasó lo mismo, que acabé cambiándolo. Espero que os haya gustado y que perdonéis a esta autora tan tardona :/

El próximo capítulo comenzará (lo más seguro) con Brittany, donde podréis ver su punto de vista y qué es realmente lo que le pasa. También veréis que es lo que ocurre con Santana y esa duda suya. Y posiblemente Quinn descubra algo que le haga sospechar y creer aún más en las suposiciones de Santana.

De nuevo mil gracias por leerme y por dejarme comentarios, tanto a los que habláis como a los que no. Espero tardar menos en el próximo capítulo y gracias por la espera.

San.