(Recomiendo escuchar al principio del capítulo la canción de Coldplay - "Allways In My Head")

"En un beso sabrás todo lo que he callado"

Pablo Neruda

Y ahí iba, la quinta vuelta que la manecilla del reloj había dado desde que se quedó clavada observando cómo pasaba el tiempo ante sus ojos. De vez en cuando el fuerte viento la asustaba, pues éste azotaba con gran fuerza a las ventanas, ahogando en gritos al silencio. Acurrucada en el lado izquierdo de la cama, aún podía escuchar como el cielo seguía llorando, aunque éste poco se diferenciaba de ella. Esa misma noche se desveló cerca de las cuatro y media de la mañana por culpa de una horrible pesadilla. Trató de volver al mundo de los sueños pero su corazón estaba demasiado asustado como para volver a cerrar los ojos. Había soñado con ella, había soñado que la tenía frente a sus ojos, a solo un par de centímetros de su boca. Soñó que le decía la verdad, pero incluso en el mismo sueño el miedo se apoderaba de ella. Aunque en él, al contrario que en la vida real, tuvo el valor suficiente como para decirle la verdad, decirle que la quería. Por un momento sintió como el peso de su secreto se desprendía de sus hombros, por un momento se sintió libre, pero ese sentimiento duró poco. Al final del sueño Brittany acababa huyendo, alejándose de ella, dejando que las palabras ardieran en su boca mientras su corazón pedía a gritos una oportunidad.

Sus ojos cansados trataban de aguantar su propio peso, mientras otra lágrima se atrevía a lanzarse al vacío para acabar estampada en sus manos, haciendo que éstas volvieran a sentir lo que era ser tocadas por algo que no fuera ella. Volvió a llenar sus pulmones de aquel aire insaciable que se hacía cada vez más pesado, mientras apretaba los labios entre sus dientes, tratando de actuar fuerte, de fingir el dolor acumulado, pero ya no podía aguantarlo más. Se había rendido ante el amor, había perdido aquella batalla de la cual nunca quiso ser partícipe. Se había prometido a sí misma poner tierra de por medio para tratar salvar algo de sus heridas, para evitar al menos que éstas fueran más profundas, pero no podía evitarlo, siempre caía de nuevo en la misma trampa. A veces sentía como si su corazón estuviera hecho de papel, de esos fáciles de doblar, fáciles de romper. Tenía miedo de salir lastimada, pero no podía negarlo más, por mucho que quisiera su corazón ya estaba quemado y mutilado por el amor. Aún así, aún sabiéndolo, de nuevo su mente volvía a llenarse de ella, volvía a aparecer aquella sonrisa tímida que a veces le regalaba, aquellas pecas poco definidas que adornaban su nariz, aquellos ojos tan azules como el cielo que a veces le costaba mirar, aquellas manos tan finas pero que aún así encajaban perfectamente con las suyas. De nuevo volvió a sentir como quemaba su piel debajo de cada roce, debajo de cada caricia que Brittany a veces le regalaba; como su corazón enloquecía al pensar en ella, junto con aquella sensación de ahogo; como se erizaba su piel al recordar aquella vez que estuvieron solas bailando, cuando Brittany la agarró por detrás. Su cabeza reproducía uno a uno cada momento que tuvo con ella y eso era lo que más le dolía, el no poder dejar de pensar en ella, el no poder olvidarla, porque cuanto más trataba de borrarla más la echaba de menos.

Se podía decir que había optado por el camino más sencillo, pero no era así. Sí, era cierto que Santana era de esas personas que se callaban sus sentimientos, de esas que preferían no hablar de sí mismas, pero había callado por mucho tiempo y ahora comenzaba a hacer mella. Ahora comenzaba a notar como el corazón dolía y la boca quemaba.

El sonido del despertador la trajo de vuelta al mundo real, provocando que tuviera que levantarse a regañadientes intentando apagar el molestoso pitido que comenzaba a colarse en sus entrañas. Tras incorporarse, debido a la propia gravedad, acabaron por ceder el par de lágrimas que aún acechaban a sus ojos, negándose a desaparecer; sintiendo a la vez como un pequeño dolor se instalaba en su lado izquierdo, justo donde quedaba el corazón. Al fin el ruido cesó y el silencio volvió a hacerse presente. Tuvo que tomar una gran bocanada de aire para poder saciar así la sed de sus pulmones, quienes habían aguantado durante toda la noche aquel amargo dolor en su pecho. Su mano viajó hacia aquellos mechones de pelo que osaban nublar su vista, arrastrándolos con sus dedos hacia atrás hasta llegar a las puntas, dejando de nuevo que la gravedad los hiciera caer. Levantó su vista, recorriendo con la mirada el desastre en el que estaba sumido el cuarto, había olvidado completamente recogerlo. Aquellos pensamientos que la tuvieron acechando durante toda la noche fueron los causantes de que ni si quiera tuviera las fuerzas necesarias como para ponerse a recoger el cuarto. Había olvidado incluso lo que era despertar sin sentir dolor.

De nuevo volvió a llevarse las manos a su rostro, hundiéndolas en él, dejando escapar un pequeño grito, como si este fuera capaz de sacar todo aquel dolor acumulado. Arrastró su cuerpo hasta la otra punta de la cama, haciendo que sus pies tocasen el frío suelo por primera vez en la mañana, provocando que estos se encogieran al sentir el frío. Se colocó una pequeña manta alrededor del cuerpo, cubriéndola hasta las rodillas, sintiendo como de nuevo el calor volvía a su cuerpo.

Salió hasta el pasillo, observando el silencio en el que estaba sumido todo, sintiendo a la vez como el frío comenzaba de nuevo a calarse poco a poco debajo de su piel. Aquel extraño silencio sorprendió a Santana, pues todas las mañanas tenía que soportar aquel tono chirriante característico de la castaña junto con algún que otro recital no deseado de uno de los musicales de Barbra Streisand. Volvió a dar unos cuantos pasos, caminando hasta el salón, encontrándoselo tal y como lo había dejado la noche anterior, sorprendiéndose de nuevo por la no presencia de Rachel y su dichoso té de hiervas, aquel que cada mañana mataba un poco más a su sentido del olfato. Tampoco estaba lleno el comedero de Barbra, aquel felino que casi todas las mañanas se ponía como objetivo despertarla mediante ronroneos y con algún que otro latigazo de cola en la cara. Era algo nuevo, extraño, pero en cierto modo lo entendía. El día anterior Rachel llegó bastante tarde, mucho más de lo habitual y algo distraída, como si le hubiera ocurrido algo que la dejó impactada. Ni si quiera le montó ningún pleito al ver como estaba la casa. Pero lo que más le sorprendió a Santana fueron las extrañas marcas que tenía en las muñecas y la pequeña brecha en la frente que ésta trataba de cubrir con su cabello. En un primer momento no le dio importancia, pero fue cuando se metió con ella y ésta no dio ninguna reacción cuando supo que algo raro estaba pasando. Apenas mencionó ninguna palabra, solamente un "no tengo hambre" mientras se dirigía a su cuarto, seguido de un pequeño portazo. Santana atónita ante tal suceso, no pudo hacer otra cosa más que seguir sus pasos y averiguar qué es lo que pasaba en el mundo de Berry. Caminó hasta quedar frente a su puerta, haciendo que sus nudillos chocasen contra esta.

- ¿Rachel estás bien? – preguntó dando otro par de golpes a la puerta.

- Ahora no Santana – dijo Rachel con voz desgarradora desde el otro lado de la puerta después de varios segundos de silencio.

- ¿Qué ha pasado? – volvió a preguntar, haciendo caso omiso de lo que había dicho la castaña.

- Te he dicho que ahora no – gritó – Santana – agregó, esta vez en un tono más bajo, casi inaudible para la morena.

- Pues yo no me voy a ir hasta que no me lo cuentes. Algo malo te debe de haber pasado para que actúes así de rara, y no me vengas con escusas baratas de que es porque se te ha estropeado el alisado por culpa de la lluvia porque no me lo creo, que ya nos conocemos – sentenció a la vez que dejaba caer su cabeza sobre la puerta – Vamos Berry, ábreme la puerta y hablamos – trató de sonar lo más dulce posible. Lo único que quería era ayudarla, tal y como lo había hecho ella en su día.

Sin embargo no tuvo respuesta. Trató de pegar más su oreja en la puerta para tratar de escuchar algo, pero lo único que llegaba a escuchar era su propia respiración y algún que otro sollozo a lo lejos, pero no lo suficientemente audible. Varios minutos después, la puerta se abrió, dejando ver a una Rachel bastante lamentable y con los ojos enrojecidos. En ese espacio de segundos en los cuales sus ojos chocaron, no hubo ninguna palabra. Rachel simplemente dejó la puerta abierta, dejando que Santana pasara, para luego volver de nuevo a su cama, al lugar donde previamente había tratado de dejar todo su dolor impregnado en las sábanas. Santana no sabía qué hacer, si quedarse ahí parada en la puerta o simplemente sentarse junto a Rachel. Después de varios segundos de dudas acabó optando por la segunda opción. De nuevo ambas miradas chocaron, pero las palabras seguían sin salir.

-¿M-Me vas a contar que es lo que ha pasado? – preguntó Santana tras un carraspeo.

-… - Rachel no dijo nada, simplemente bajó su mirada y se secó alguna que otra lágrima.

- Berry, sabes que puedes confiar en mí – dijo agarrando la mano izquierda de la castaña, notando como había en ésta unos pequeños arañazos - ¿Q-Qué es esto? ¿Rachel que te ha pasado? – preguntó algo preocupada después de darle la vuelta a la mano de ésta y comprobar con sus propios ojos lo que había notado anteriormente.

- N-No es nada – contestó asustada retirando su mano, hundiéndola en su pecho mientras trataba de cubrirla con la otra.

- ¿Cómo que no es nada? ¿Y esto? ¿esto qué es? – esta vez señaló las marcas que tenía dibujadas en las muñecas.

- M-Me caí – mintió mientras no paraba de mover los ojos de un lado a otro, tratando de evitar la mirada de Santana.

- ¿Qué te caíste? Si hubiera sido solo por los arañazos en las manos y la brecha que tienes en la frente me lo hubiera creído – dijo sorprendiendo a Rachel, pues esta pensaba que la morena no se había dado cuenta de aquella última herida - ¿Pensabas que no me había dado cuenta? Rachel, no te creo porque no quiera, es que es imposible que esas marcas que tienes en las muñecas se formaran por una caída y tú lo sabes muy bien. Vamos, dime la verdad – añadió dejando a Rachel sin palabras.

-No…n-no te lo puedo decir – esta vez se atrevió a mirarla a los ojos.

- ¿Por qué no me lo puedes decir?

- Porque no quiero crear más problemas – de nuevo bajó su mirada mientras jugaba con sus manos.

- Rachel, esto no se trata de un juego de niños y mucho menos se puede comparar con que te roben una piruleta, esto tiene que ver con tu salud, con tu integridad física. Dime ¿Quién te lo ha hecho? ¿Ha sido un chico? ¿Finn? – Preguntó tratando de sonsacarle la verdad.

- No, Finn no haría daño ni a una mosca y además, hace mucho que no lo veo – contestó sin pensar, para luego darse cuenta de lo que había dicho.

- O sea, que sí es un chico – dijo llevando su mirada hacia la nada, tratando averiguar quién era.

- Santana, déjalo ya – suplicó agarrando una de las manos de la morena.

- Rachel no lo voy a dejar, no hasta que no me lo digas o lo acabe averiguando. Esto no es algo que se debe dejar pasar – sentenció mirándola detenidamente mientras pensaba en todo lo que le había dicho Rachel - ¿Por qué has dicho antes que no querías crear más problemas? ¿Acaso se trata de alguien…? ¡Espera! No, no puede…¡¿Sam?!

Aquel nombre palideció el rostro de la castaña, pues esta nunca pensó que Santana pudiera adivinarlo y mucho menos tan pronto, sin decirle apenas nada. Millones de pensamientos rondaron por su mente, quería sacar aquella idea de la cabeza de Santana, pues lo que menos quería era que por culpa de la morena, Quinn se enterara de todo y acabara alejándose más de lo que ya estaba. En su corazón solo había un miedo y ese miedo era perder a Quinn. Sí, podía sonar estúpido, pero no le importaba lo que le pudiera hacer Sam, pues sabía que el daño físico podía soportarlo, pero lo que no podía soportar era el dolor que ya llevaba acumulado por culpa de Quinn. Quería arreglar las cosas y pensaba que la única manera de lograrlo era callándose aquello.

-No, no, no es Sam – mintió de una forma bastante alterada, sorprendiendo aún más a Santana.

- Si no es Sam ¿por qué te has puesto tan tensa? – preguntó sin creerse nada – Berry, dime la verdad. No se lo voy a decir a nadie – dijo tratando de tranquilizarla – si yo fui capaz de decirte lo que me pasaba y de confiar en ti ¿por qué tu no haces lo mismo? Tan solo quiero ayudarte – añadió.

- Porque…porque no es tan fácil Santana.

- ¿Y me lo vas a decir a mí? Para mí tampoco lo fue, pero logré contártelo – clavó su mirada en la castaña, esperando a que esta por fin hablara.

- Es… - dejó salir una bocanada de aire, como si esta fuera capaz de darle la fuerza necesaria para poder contárselo – Sí, tienes razón… fue Sam – sin poder evitarlo sus ojos comenzaron a empañarse, mientras trataba de evitar a toda costa que de nuevo las lágrimas rodaran por su piel – Su-supongo que por mi culpa actuó así.

- ¿Por tu culpa? Rachel, sea de quien sea la culpa, no tiene el derecho de pegarte y mucho menos de ponerte la mano encima – dijo elevando un poco el tono de voz.

- Él…él no me pegó – dijo interrumpiendo a Santana.

- ¿Qué no te pegó?

- Él solamente se mosqueó y me empujó, el suelo hizo el resto – clavó su mirada en sus manos, mientras recorría con la mirada cada pequeña herida que tenía dibujada en la palma de la mano.

- Y lo de las muñecas ¿también lo hizo el suelo? – preguntó en un tono sarcástico.

- No…e-eso lo hizo él.

Santana al escuchar aquello sintió como la rabia se apoderaba de ella. Ni si quiera las palabras lograban salir de su boca. Trataba de contenerse mientras resoplaba, pero aquello poco le ayudaba.

-¡Voy a hablar con él! – soltó bastante cabreada mientras se levantaba.

- No, no, no, no. No lo hagas, por favor – dijo agarrando del brazo a la morena, haciendo que se sentara de nuevo.

- ¿Qué no lo haga? ¿Te vas a quedar aquí sentada cruzada de brazos sin hacer nada? – no entendía el motivo que la llevaba a quedarse callada.

- Por favor, entiéndeme – suplicó.

- ¿Qué te entienda? Rachel parece que te guste el masoquismo.

- No lo hago por él, sino… - no le dio tiempo a sincerarse, pues Santana la interrumpió.

- Sino por Quinn – no necesitaba que se lo dijera, ella ya lo sabía.

- El tiene miedo de que se la quite, por eso actúa así. Y yo…yo solo quiero recuperar esa parte que perdí de ella. Quiero intentar tapar ese vacío que siento dentro de mí, intentar…sanar el dolor acumulado, ese dolor que muchas noches no me deja dormir. Pero no puedo hablar con él, porque sé que haría lo imposible para alejarme más de ella y no quiero que eso suceda, no después de lo que ha ocurrido hoy – esta vez fue sincera, tan sincera que le daba miedo.

- Berry… - de nuevo los ojos de la castaña volvieron a llenarse de lágrimas, provocando en Santana la necesidad de abrazarla – Está bien… – dijo soltando una bocanada de aire mientras la abrazaba – no hablaré con él, pero algo tendremos que hacer, no me pienso quedar de brazos cruzados – agregó, sintiendo como su hombro derecho comenzaba a mojarse debido a las lágrimas de Rachel – te prometo que arreglaré esto.

Después de aquellas últimas palabras, Santana dejó descansar a Rachel, sintiendo aún más la necesidad de hablar con Sam. Era cierto que le había prometido a la castaña no hablar con él, pero aquella idea de saber que éste le había puesto la mano encima era superior a cualquier promesa. Necesitaba hablar con él, dejarle las cosas claras, pero aún más, hacerle ver a Quinn la clase de novio que tenía al lado. Ese fue su último pensamiento antes de acostarse, antes de que aquella pesadilla se adueñara de su mente.

Había vuelto de nuevo hacia el pasillo, preguntándose si debería despertar o no a Rachel para ir a clase. Hoy no era un día ajetreado, ni mucho menos un día importante en NYADA, pero sabía lo histérica que se ponía Rachel cuando llegaba tarde o faltaba un día a clase. Llegó hasta el pomo de la puerta, comenzando incluso a girarlo, pero se quedó a mitad de camino. Por un momento pasó por su mente aquella imagen tan lamentable de la castaña la noche anterior, aquellos ojos ensangrentados, con un par de lágrimas rodándole por las mejillas y la nariz enrojecida del mismo llanto. Por un momento sintió la necesidad de no despertarla, de dejarla descansar. El día anterior había sufrido bastante y pensaba que la mejor manera de dejar que aquellas heridas sanaran era dejándola descansar, y eso fue lo que hizo. Retrocedió, volviendo de nuevo al cuarto para vestirse y salir lo más pronto posible para ir a NYADA.

Y allí estaba, delante de las puertas de la gran escuela, viendo como entraba y salía gente. Algunas con mucha prisa, otras, al contrario, se tomaban las cosas con más calma. Por primera vez sentía como si un gran peso se posaba en sus hombros y este no la dejara caminar. Era como si su propio cuerpo le estuviera diciendo que algo iba a pasar, como si este ya pudiera imaginarse el dolor. Tenía miedo, miedo de encontrarse con Brittany y no saber qué decir, miedo de volver a revivir aquel espantoso sueño. Pasó cerca de las taquillas para dejar algún que otro libro que ya no le hacía falta, mientras tenía que soportar como las parejitas de aquella escuela se daban el lote delante de ella a tan solo un par de taquillas de distancia. Por su cabeza pasó la idea de plantarles un libro en la cara, pues a su parecer, parecía como si todos ellos quisieran restregarle su amor, ese que ella no podía tener. El timbre sonó, dando comienzo a las clases, provocando que aquel pasillo que prácticamente estaba vacío, se llenara de alumnos en cuestión de segundos. El objetivo de hoy de Santana era intentar no encontrarse con Brittany, intentar que aquel sueño no se hiciera realidad.

La primera clase que tuvo fue interpretación, la cual fueron las dos primeras horas más extrañas de toda su vida, pues tuvo que soportar como sus compañeros se metían en el papel de una naranja. Según la profesora tenían que aprender a sentir y respirar como una. La siguiente clase que tuvo fue historia de la música, donde tuvo que oír como aquel profesor cascarrabias, canoso y con poco pelo en la cabeza, hablaba de la vida de grandes artistas y músicos que fueron importantes para la música clásica. Después de aquellas tres horas de suplicio pudo disfrutar de un breve descanso, pero debido a aquella necesidad de tranquilidad que la inundaba, decidió ir al lugar más tranquilo de la escuela, el auditorio, así al menos no tendría que soportar a más parejas dándose el lote delante de sus ojos. En cuanto llegó, pudo ver como todo estaba prácticamente a oscuras, la única luz que había era la de un foco, el cual enfocaba al gran piano que estaba encima del escenario. Parecía como si todo fuera parte de una película. Bajó uno a uno los escalones de las gradas, haciendo que el ruido de sus zapatos fuera el único eco que se podía escuchar. Al fin llegó a aquel escenario, al fin estaba frente a aquel gran piano de cola negro, el cual brillaba aún más por la luz de los focos. Sintió la necesidad de sentarse frente a él y de dejar que sus dedos se posaran sobre las teclas, haciéndolo sonar. Sentía la necesidad de poder oír por primera vez a aquel magnífico piano, de dejar que sus oídos se perdieran en el sonido que éste producía.

Sin pensárselo más veces se sentó, para luego dejar levemente los dedos sobre las teclas. Miró por un segundo hacia las gradas, comprobando que no hubiera nadie, pues ahora mismo solo quería estar sola. Devolvió su mirada hacia el gran piano, para luego cerrar los ojos y coger una gran bocanada de aire para luego dejarlo salir poco a poco. Necesitaba sacar todo lo que sentía en una canción, como si ésta pudiera de alguna manera sanar el dolor que sentía. Esta vez había optado por una canción que no estaba acostumbrada a cantar, era una canción en español. Muchas veces había cantado canciones en español junto a su madre, sobre todo en Navidades o en los cumpleaños, pero nunca había cantado una cuando se sentía de esa manera. La primera vez que la escuchó se sintió tan identificada que ahora tenía la necesidad de cantarla. (Recomiendo escuchar la canción que canta Santana mientras lo leéis, "Vuelvo a caer" de Raúl Gómez)

Aún con los ojos cerrados, comenzó a tocar las primeras notas, sintiendo poco a poco como su mente comenzaba a viajar en los recuerdos.

Soy un decimal, solo una más.
Te apareces en mis sueños sin avisar.
Te cuelas en resquicios de dolor,
y llenas el vacío de mentiras de papel.

Ahora recordaba las veces que dolió, las veces en las que se tragó el miedo y el alma con tal de poder mirarla a los ojos.

Voy a contra pie, me contrarié,
intento no seguir más en tu red.
Quererte fue mi mal, mi perdición.
Traspasa la barrera de inacción,
que tonta fui.

Y yo ya no te espero,
y yo empiezo de cero,
pero sé que te echo de menos,
por eso cuento mis pasos
y retrocedo otra vez,
y vuelvo a caer.

Ahora recordaba aquellas veces en las que a escondidas plastificaba en su retina cada detalle de su rostro, como aquel gesto suyo de arrugar la nariz cuando se pedía un café en la cafetería y este estaba demasiado amargo. Su forma de sonreír cuando bailaba, como si fuera las únicas veces en las que se sentía libre. Aquella forma suya de estremecerse cuando el miedo se apoderaba de ella y la forma en la que se relajaba cuando agarraba su mano, como si una simple caricia fuera lo único necesario para hacerla sentirse segura. Como brillaban sus ojos aquella vez que cantó solo para ella. El calor que desprendía su cuerpo cada vez que la abrazaba, como si este fuera su hogar. Aquellos hoyuelos traviesos al final de su espalda.

Soy un decimal, soy una más.
Te encuentro de repente en la oscuridad,
me niego y llega la desolación,
observo como pierdo
la ilusión de estar por ti.

Le dolió y le dolía porque estaba tratando de retener aquello que no podía tener. Estaba tratando de guardarlo para poder dejarla marchar, para poder pasar página. Pero mientras lo intentaba hacer, no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas y mucho menos de retenerlas. Estas ya habían tomado se decisión, dejarse llevar por la gravedad y acabar estampadas contra su pantalón. La canción estaba llegando a su final, pero su garganta ya no aguantaba más el dolor y las notas poco a poco estaban comenzando a desequilibrarse, haciendo que su voz se quebrara.

Y yo ya no te espero,
y yo empiezo de cero,
pero sé que te echo de menos,
por eso cuento mis pasos
y retrocedo otra vez,
y vuelvo a caer.

Santana estaba teniendo su propia tormenta de sentimientos, pero lo que no sabía era que a unos metros de ella, arriba en las gradas, aquellas que ella misma previamente había bajado, se encontraba su dolor, Brittany. Ésta había llegado hacía apenas unos segundos. Acababa de salir de su clase de baile cuando escuchó por los pasillos el sonido de un piano y la voz de alguien cantando. Al principio no supo saber de quién se trataba, pero cuando llegó al auditorio y abrió la puerta, pudo ver con sus propios ojos quien era. Al principio se sorprendió al verla allí sola, cantando una canción a su parecer demasiado bonita, aunque no supiera entender la letra. Pero su corazón se encogió cuando Santana comenzó a llorar y su voz a quebrarse. Aquella imagen tan dolorosa de la morena le dolió demasiado. Llevaba días intentando averiguar qué era lo que le pasaba, pues ésta había estado actuando de una manera muy rara e incluso a veces tratando de evitarla, era como si ya no quisiera saber nada de ella. Pero ahora que la veía de esa manera, comenzaba a pensar que quizás actuaba así porque algo en su interior le estaba haciendo daño, como si hubiera estado escondiendo algo y no quisiera que nadie lo supiese.

Santana tocó las últimas notas de aquella dolorosa canción, haciendo que por la cabeza de Brittany pasara la idea de marcharse y dejarla sola, pues sabía cómo era la morena, pero fue aquel último gesto que hizo ésta lo que provocó que la bailarina se quedara donde estaba. Tras tocar la última nota, Santana llevó sus manos hacia su cara, hundiéndolas en esta, para luego dejar caer sus codos sobre las teclas, haciendo que estás sonaran a destiempo, dejando que su llanto fuera ahora lo único que se escuchara en aquel auditorio. Brittany al ver aquello sintió como su corazón se paró en seco, mientras unas ganas enormes de abrazarla se apoderaba de ella. No pudo contenerse por mucho tiempo y tratando de hacer el menor ruido posible, bajó las gradas hasta llegar a aquel escenario.

(Recomiendo escuchar de fondo la canción "Losing Control" de Nell)

Ahora se encontraba frente a ella, viendo simplemente la espalda iluminada de la morena, escuchando aún los sollozos de ésta. A medida que se acercaba, podía notar como su corazón se aceleraba y sus manos comenzaban a temblar. Tenía miedo, miedo de que Santana pudiera estar sufriendo, de que algo le estuviera haciendo tanto daño que pudiera alejarla de ella.

- ¿Sa-Santana? – con miedo dijo su nombre, haciendo que ésta se sorprendiera e intentara parar su llanto mientras se secaba las lágrimas que aún recorrían por sus mejillas.

- ¿Q-que…que haces aquí? – dijo sin girarse, aún con la voz entrecortada, sintiendo un nudo en la garganta.

- ¿Estás bien? – preguntó preocupada, recorriendo el par de metros que las separaban.

Santana no se atrevía a decir nada, ni si quiera podía mirarla, pues el hecho de escucharla ya le dolía. De repente sintió como alguien se sentaba a su lado, era ella. A los ojos de Brittany, Santana se veía tan indefensa que no pudo aguantar las ganas de abrazarla. Sin que ésta se lo esperara, Brittany rodeó con sus brazos el cuerpo tembloroso de Santana, provocando que el corazón de la morena se parara por unos segundos para luego latir con tanta fuerza que incrementó el miedo en ésta, temiendo que la rubia lo sintiera. Se sentía tan bien en sus brazos que no quería que se alejara, se sentía protegida, pudo incluso oír los latidos pausados pero a la vez inquietos de la bailarina. Pero fue la primera en poner punto y final a aquel abrazo. Lo hizo porque tenía miedo de que el corazón actuase, miedo de que este no tuviera frenos y acabase estampándose de lleno contra la realidad.

Había tratado de borrarla, de sacarla de su corazón, pero ahora que la tenía en frente, pudo darse cuenta de que no podía hacerlo, no podía y eso era lo que más le dolía. Sus ojos se encontraron y ahí fue cuando sintió que el dolor había tocado fondo. Trató de fingir una sonrisa pero lo único que pudo mostrarle fue una lágrima que se había formado en sus ojos, para que después esta cayera al vacío como si su único objetivo fuera estamparse contra el suelo. Esa fue la primera de cientos. No quería volver a mostrarle ese lado de ella, pero ya no podía soportarlo, dolía demasiado. Quizás ésta no lo supiera, pero había acabado amándola de la misma manera que se ama al arte, de la misma manera en la que un ciego trata de encontrar la luz en sus ojos. Había acabado amándola desesperadamente, perdiendo, sabiendo el final de todo esto.

- Santana por favor, no llores – dijo Brittany con la voz entrecortada, pues le dolía verla de esa manera.

- …- la morena no dijo nada, simplemente se limitó a mirarla, a tratar de retener con todas sus fuerzas aquello que estaba sintiendo.

Brittany llevó su mano derecha hacia una de las mejillas de Santana, tratando de frenar en seco sus lágrimas. Se veía tan débil.

- ¿Me vas a decir por qué estás así? – quería saber el motivo que la tenía así.

- N-No…puedo – dijo tratando de contener las lágrimas, evitando de nuevo la mirada de la bailarina.

- ¡Ei! – la llamó, posando su dedo índice flexionado sobre la barbilla de la morena, tratando de levantarla para que esta la mirara – todo va a estar bien – agregó sin poder apartar su mirada de la silueta de esta.

- No…no lo va a estar – dijo esta vez atreviéndose a mirarla, aún con los ojos enrojecidos.

- ¿Por qué lo dices tan segura? ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Qué es lo que te tiene así? Dímelo por favor – suplicó – Me duele verte así – esta vez se atrevió a acariciar su mejilla, sintiendo en sus manos el calor que desprendían estas, mientras que sus ojos no dejaban de viajar por su rostro.

Aquel gesto fue como un puñal en el corazón de Santana, quien tuvo que frenar una vez más a aquel alocado corazón. Tenía miedo, miedo de acabar cometiendo una locura, de tirarlo todo por la borda porque simplemente no podía retener más sus sentimientos. La opresión que sentía en su pecho era tan grande que apenas podía respirar. El nudo que tenía en la garganta se hacía cada vez más grande y este no dejaba que su voz saliera.

-No t-te lo puedo d-decir porque… - sus ojos se volvieron a encontrar - ...porque lo que me tiene así p-puede cambiarlo todo y no quiero que eso ocurra - su voz se hacía cada vez más y más pequeña – no quiero perderte – añadió, perdiendo su voz toda su fuerza al final de aquella frase.

- Santana no me vas a perder, te lo prometo – sus ojos se volvieron a encontrar, pero esta vez eran miradas intensas, como si estuvieran tratando de leerse mutuamente – dímelo – dijo en un pequeño susurro, como si tuviera incluso miedo de escucharlo.

Santana calló por unos segundos, observando simplemente los gestos de Brittany. Sus manos habían dejado por un momento sus mejillas para viajar hacia su pelo. Se sentía tan bien cuando Brittany la tocaba. Su cuerpo volvió a temblar, pues por su mente estaba pasando la idea de decírselo todo, de hacerle caso a Rachel. Pensaba que esa era la única manera de poder pasar página, de evitar que doliera tanto, pero el miedo aún así seguía ahí.

-Es d-difícil de explicar. Es como cuando sientes una presión en el pecho y tienes miedo de que explote – dijo, viendo como ahora Brittany jugaba con sus manos, como si ésta estuviera tratando de relajarla, provocando en Santana una leve sonrisa – B-Brittany, lo que q-quiero decir es que… - intentó tomar aire, para poder tranquilizar un poco a su corazón - …desde el primer día en el que nos conocimos, s-supe que ibas a ser alguien especial. Has sido alguien que ha cambiado por c-completo mi vida – fijó su mirada en la silueta de esta, tratando de retenerlo todo en su retina, como si se estuviera obligando a su misma a decir adiós – p-pero algo ha cambiado y es por eso p-por lo que tanto miedo – dio una pausa, quería saber qué era lo que rondaba por la cabeza de Brittany.

La bailarina, por su parte, estaba tratando de tranquilizarse. Su corazón había comenzado a palpitar sin frenos y estaba comenzando a tener miedo, no por lo que le podía decir Santana, sino por lo que estaba comenzando a sentir. Tenía miedo porque ni si quiera podía entenderlo. Sólo entendía una cosa, necesitaba tener cerca a Santana. Volvió a dejar que su mano viajara hasta la mejilla de ésta, acariciándola suavemente, mientras que en un arrebato dejó que su frente se acercara a la de la morena, provocando que el corazón de ésta latiera sin frenos. Por un momento cerraron sus ojos, dejando que de nuevo reinara el silencio, mientras que el corazón de Santana se moría un poquito más.

-Estoy aquí Santana – susurró aún con los ojos cerrados, devolviéndole de nuevo el temblor a la morena, haciendo que ahora su corazón doliese.

- N-No, no puedo – dijo apretando sus ojos, alejándose unos centímetros de su frente – No me hagas esto por favor – su voz se entrecortó.

- ¿Por qué? ¿Qué ocurre? – preguntó algo preocupada.

- Porque… - No pudo decir nada, simplemente dejó que sus ojos se perdieran entre los suyos. Se acababa de dar cuenta de que había perdido la batalla contra su corazón. La había perdido y había acabado dejando que este hablase.

Sin poder si quiera detenerlo, sus manos se posaron delicadamente en sus mejillas, sintiendo por primera vez el calor y la suavidad de estas. Sorprendiendo a su vez a Brittany. Tomó una gran bocanada de aire tratando de tranquilizar a su corazón, para después, sin apartar la vista de sus ojos, soltarlo y dejar que poco a poco el espacio que las separaba fuera cada vez más pequeño, hasta que al fin les dio una última mirada a aquellos penetrantes ojos azules, para acabar colisionando con sus labios. Fue un beso dulce y lleno de ternura, pero a la vez un beso que dolía. Fue la primera vez que sintió a su corazón latir tan fuerte, la primera vez en la que al tocarla su temblor cesó. Por un segundo su pecho dejó de doler, por un segundo se sintió a salvo, libre. Por un momento olvidó que existía otra vida. Por primera vez había pensado en ella, en sus sentimientos, por primera vez le había hecho ver a Brittany qué era lo que sentía. Cuando sus labios se tocaron pudo sentir como Brittany se congeló, pero luego en cierto modo también lo correspondió. Fue un beso corto y significativo, pero no fue hasta cuando abrió los ojos cuando se dio cuenta de lo que había hecho, cuando se dio cuenta de que había revivido aquella pesadilla, pero esta vez era ella quien tenía la necesidad de huir.

-L-Lo siento – fue lo único que dijo antes de salir corriendo, antes incluso de dejar a Brittany hablar.

Se sentía mal, mal porque no había podido controlar más a su corazón, porque sabía que acababa de mutilar su amistad. Había dejado que todo se viniera abajo por culpa de su débil corazón, por dejarse llevar por las palabras de Rachel, por dejarse llevar por sus propios sentimientos. Sí, era cierto que se había propuesto decirle la verdad para intentar pasar página, pero besarla no entraba en sus opciones, ese fue el último arrebato que le pidió el corazón.

Temblando y de nuevo con los ojos enrojecidos, subió aquellos escalones mientras dejaba a una atónita Brittany sentada junto al piano. Salió de aquel auditorio, cerrando tras de sí la puerta, dejando por un segundo que su cuerpo cayera contra ésta. Aún temblando y con un nudo en la garganta, se llevó las manos a la cabeza, pasando sus dedos por su cabello, mientras dejaba que de nuevo las lágrimas brotaran de sus ojos.

-¿Qué he hecho?

¡Hola! Al fin estoy de vuelta. Como ya os comenté en los adelantos que dejé de este capítulo, he tardado un poco más debido a que he estado bastante ocupada y porque aún he tenido problemillas rondando por la cabeza. Espero que os haya gustado este capítulo. Si os soy sincera ha cambiado un poquito de cómo lo tenía pensado, pero la cabeza no me daba para más así espero que me podáis entender. Con respecto al próximo capítulo, ya lo tengo más o menos imaginado, ahora toca el proceso de escribirlo. El próximo capítulo girará en torno a lo que acabáis de leer y quizás veréis otros punto de vista.

Como no sé si estaré de vuelta antes de que termine el año, me gustara desearos de antemano una feliz navidad y un feliz año nuevo. Espero también que este año se porten bien con vosotros y os dejen muchos regalos.

De nuevo mil gracias por leerme y dejar comentarios. Nos vemos pronto.

San.