"No quiero pensar porque no quiero que el dolor del corazón se una al dolor del pensamiento."
Emilio Castelar
Había vuelto a casa mucho antes de que la audición terminara, incluso le había dado tiempo a llegarse a la tienda de revelado para revelar las últimas fotos que había tomado. La tarde estaba acabando, y con ella las tonalidades de amarillo y naranja, comenzaban a tornarse en un morado oscuro, casi azul. El frío seguía siendo el gran protagonista y los copos de nieve aún no se decidían a hacerse presente, al menos no esa tarde. Dejó que su cuerpo cayera contra el sofá como si éste no tuviera la fuerza necesaria como para mantenerla en pie. Dejó que su cabeza reposara contra el respaldar, mientras cerraba los ojos y relajaba su cuerpo a modo de suspiro. Llevó sus manos hacia su pelo, dejando que éste se colara entre medias de sus dedos, sintiendo su suavidad. Hoy había sido un día raro, un día de esos atropellados, en los que crees que vas a poder hacer algo pero acabas rompiéndote antes de hacerlo. Hoy se había levantado con la idea de hablar con Rachel, de decirle que olvidara todo lo que habían hablado la vez que estuvieron solas en los columpios, la vez en la que ésta acabó rompiendo en llanto delante de sus ojos. Lo había pensado bien, se había puesto como objetivo dejarle claro que no quería volver a ser su amiga, no quería que se hiciera ese tipo de ideas después de lo que pasó ese día. Se lo había propuesto porque cada vez que pensaba en aquel momento, seguían volviendo a su mente aquellas imágenes del pasado, incluyendo todo lo que había sufrido por ella. Pero aquella idea se desvaneció cuando la escuchó cantar su canción. Por primera vez se había sentido vulnerable, por primera vez la había entendido y aquello le dolía. Por primera vez estaba dudando. Sentía como si algo más se había quedado en el tintero, como si Rachel no le hubiera dicho toda la verdad. Comenzaba a tener ideas locas, tratando de averiguar algo más, pero de nuevo paraba en seco a sus pensamientos, pues en cierta manera le asustaba saber la verdad, le asustaba pensar que posiblemente había estado viviendo en una mentira.
Volvió a abrir los ojos, sintiendo como un fuerte dolor amartillaba su cabeza. Era como si un taladro la estuviera atravesando por las sienes. Llevó sus manos hacia la zona adolorida, tratando de apaciguar el dolor dándose pequeños masajes circulares con sus dedos índice y corazón, pero de nada le servía, el dolor seguía aumentando. Trató de aguantar por unos minutos más aquel incesante dolor, siguiendo con aquellos pequeños masajes, pero aquello no surgía efecto. Finalmente optó por levantarse e ir a la cocina a por una pastilla, pues temía que aquel dolor de cabeza acabara convirtiéndose en migraña, tal y como siempre le ocurría. Volvió al salón con la pastilla en una mano y con un vaso de agua en la otra. De nuevo se dejó caer contra el sofá, dejando el vaso sobre la mesa de centro que adornaba el salón. Abrió su mano, observando aquella pequeña pastilla, dándose cuenta como ésta había dejado un pequeño rastro de color blanquecino sobre su palma. Sin pensárselo dos veces se llevó la pastilla a la boca, para luego rápidamente coger el vaso de agua para hacer que ésta bajara de forma más fácil. Pudo incluso sentir como ésta atravesaba su esófago, dejando tras de sí un amargo sabor en su boca, hasta llegar a su estómago. Volvió a tomar un par de buches más de agua, tratando así de eliminar aquel extraño sabor que dejó la pastilla tras su paso. Ahora tenía que esperar a que la pastilla hiciera efecto. Dejó de nuevo el vaso, ahora vacío, sobre la mesa, mientras sus ojos se quedaban clavados en la esquina de la mesa, justamente sobre el montón de fotos recién reveladas. Aún no las había visto, aún no había comprobado cómo habían quedado aquellas primeras fotos que pudo hacer de nuevo con su vieja cámara. Le había costado volver a cogerla, volver a hacer fotos con ella. Aquella cámara estaba llena de recuerdos, algunos agradables y otros demasiado dolorosos, ese fue el motivo que la llevo a demorar tanto aquella primera escapada que hizo para poder tomar sus primeras fotos. Fue hace un par de semanas, cuando la nieve se hizo presente llenando por completo la ciudad de blanco, y paralizando por unas horas el centro de Nueva York. Ver aquella escena por la ventana de su habitación hizo revivir a aquel pequeño gusanillo que ya había dado por muerto, por primera vez en mucho tiempo había vuelto a tener la necesidad de salir a la calle con cámara en mano y retener aquel momento tan mágico. Era la primera vez que aquel instante, aquel copo de nieve revoltoso, y aquel sonido de la cámara al tomar la foto, la hicieron sentirse tan libre después de dos años. Por primera vez podía volver a distinguir los colores, era como si antes hubiera estado ciega o los colores hubieran perdido su tonalidad.
Decidió verlas, al menos así mantendría la mente ocupada y dejaría de pensar en su dolor de cabeza. Llevó su mano hacia el montón de fotos, teniendo incluso que inclinarse un poco sobre sus rodillas para poder alcanzarlas, para luego volver a su posición inicial y dejarlas sobre estás. Una a una fue pasando las fotos, recordando el momento exacto en el que las tomó. En algunas había incluso retratado a las personas que paseaban cerca de ella, totalmente emocionadas. Posiblemente incluso para algunas, como aquel niño pequeño al que le tomó una foto, era la primera vez que veían la nieve. Sus caras eran una mezcla de asombro y felicidad. Sin duda para ellos también fue un gran día. Siguió viendo las fotos, pasándolas lentamente, pues le encantaba fijarse en todos los detalles, hasta que se topó con una que no recordaba haber tomado. Era imposible que la hubiera hecho ella, más que nada porque no conocía aquel lugar que aparecía en la foto. Frunció el ceño, notando como de nuevo el dolor de cabeza volvía a ser más agudo. Era una foto algo borrosa, como si no se hubiera tomado a cosa hecha. En ella aparecía Rachel algo distorsionada, aún y cuando la cámara estaba enfocando hacia ella, pero aún así le era fácil reconocerla, era imposible no hacerlo. Muy distinto al fondo que aparecía detrás de ella, el cual era prácticamente imposible de distinguir. Aquello le era extraño, no entendía porque tenía una foto de Rachel, ni si quiera sabía cómo había podido acabar allí, entre el resto de fotos que había tomado. Pero lo que más le extrañaba era que aquella foto tenía las mismas marcas que tenían las demás, pues cuando compró la cámara esta tenía un pequeño fallo, y es que dejaba unas pequeñas marcas curvadas en la esquina derecha de todas las fotos. No quiso descambiarla cuando se dio cuenta de aquellas marcas, pues pensaba que éstas la hacían aún más especial. Pero aún así, aún sabiendo que aquella foto había sido tomada con su cámara, no entendía o más bien no sabía porque Rachel aparecía en ella. Sabía perfectamente que ella no había hecho aquella foto, y por lo que sabía, fue Sam quien la compró, por lo cual el motivo de la existencia de aquella foto seguía sin ser claro. No entendía nada. Volvió a dejar las fotos sobre la mesa, dejando ésta última algo más alejada del resto. Se llevó las manos hacia la cabeza, agachándola, mientras apoyaba los codos sobre sus rodillas. Estaba tratando de entenderlo, pero todo seguía siendo muy confuso, era como si estuviera haciendo un puzle y cuando iba a colocar la última pieza, esta no encajaba. El dolor de cabeza le impedía prácticamente pensar, por lo cual lo hacía aún más difícil. Pero de repente algo voló por su cabeza, era una simple hipótesis, pero aún así tenía algo de sentido. Recordó aquella vez en la que Sam le regaló la cámara, cuando estuvo ingresada en el hospital y todos los demás estaban junto a ella, incluida Rachel. Aquella vez, cuando vio la cámara, por su cabeza pasó la idea de que fue Rachel quien se la compró en vez de Sam, incluso la excusa que puso éste le era prácticamente imposible de creer, pero acabó aceptándolo una vez que Santana dijo que ella lo acompañó. Le era raro porque Sam nunca supo de su pasión por la fotografía, era algo que mantenía ocultado, no porque sintiera vergüenza de ello, simplemente porque era algo demasiado personal, algo que en su tiempo le dolió. Ahora estaba comenzando a darse cuenta de que quizás no fue Sam quien compró aquella cámara, sino Rachel, ya que ésta era la única que sabía sobre su significado y todo lo que había vivido con ella. Era imposible que Sam hubiera encontrado aquella cámara, su cámara, de casualidad. Cada vez estaba más segura de su teoría y en cierta manera le dolía y la cabreaba. Le dolía porque ahora comenzaba a entenderlo todo, porque veía egoísta aquel gesto, y en cierta manera se sentía mal por haberla tratado de esa manera. La cabreaba porque parecía como si fuera un muñeco de trapo al que todo el mundo podía manejar a su antojo. Pero aún necesitaba explicaciones, comprobar si era cierta su teoría y actuar a raíz de aquello.
Las horas pasaron de manera pesada, el dolor de cabeza aún no se había disipado, al igual que su mente aún no había dejado de pensar en aquella remota idea. Ni si quiera aún había sabido nada de Sam. Había dejado atrás el sofá y las fotos nuevas. Ahora estaba frente a aquella estantería que estaba llena de cosas de Rachel, sus favoritas. Cuando Rachel tomó la decisión de irse y darle tiempo a Quinn, ésta dejó aquellas pertenencias suyas a cosa hecha. Lo había hecho porque sabía que a Quinn le gustaban, pues entre ellas estaban sus películas favoritas, "Casablanca", "Cantando bajo la lluvia", "Lo que el viento se llevó"…, aquellos clásicos que tanto le gustaban. No si quiera quiso aceptarlos cuando Quinn se presentó personalmente a su casa para devolvérselos. Entre sus pertenencias también había un pequeño álbum de fotos que se hicieron un año antes de que todo aquello ocurriera, su último álbum escolar en el que aparecieron juntas, y algún que otro vinilo de sus grupos favoritos. Sus gustos artísticos eran prácticamente iguales, y eso hizo que su amistad se solidificara de forma más rápida, aunque ahora recordarlo simplemente dolía. Había sido tan feliz siendo su mejor amiga, que aún después de haber pasado dos años, seguía sin entender el motivo que le llevó a Rachel hacer aquello. Sabía que Finn fue su objetivo principal, pues a fin de cuentas éste al final acabó siendo su novio, pero seguía sin entender cómo pudo traicionarla de esa manera, aún y cuando ésta le prometió no decir nada. Siempre había creído y confiado en ella, pues siempre le guardaba sus secretos, pero aquel día parecía como si fuera otra persona o más bien como si todo ese tiempo en el que habían sido mejores amigas hubiera estado fingiendo ser alguien que no era. Aquel día descubrió un lado de Rachel que nunca se esperaba conocer, un lado extremadamente egoísta. Pero lo que más le dolió fue que dejó que todo el mundo lo supiera y la tacharan de promiscua, que se dejara llevar por lo que sentía por Finn y no por su amistad, que mandara a la mierda todos aquellos años y momentos que vivieron juntas. Simplemente le dolió que no pensara en ella ni si quiera un instante, que no pensara en las consecuencias que acarrearía su decisión. Se sintió como si no hubiera significado nada en su vida, mientras que para ella sí.
Sus ojos estaban perdidos entre aquel montón de recuerdos cuando de repente escuchó como la puerta de la entrada se abría, dejando ver a un patoso Sam entrar por ésta. Al parecer este había bebido bastante, pues se pasó toda la tarde celebrando con sus compañeros de trabajo aquel sueldo extra de navidad que su jefe les había dado por adelantado. Su cuerpo tambaleaba de tal manera que tenía que apoyar ambas manos en la pared para no acabar de bruces contra el suelo. Aún no había llegado al salón cuando comenzó a quitarse la chaqueta y la bufanda que tenía alrededor del cuello, dejando caer ambas prendas al suelo, sin preocuparse donde cayeran estas. Quinn, en cambio, lo miró incrédula, pues pocas veces lo veía de tal guisa, aunque últimamente había comenzado a ser algo habitual. Este poco a poco comenzó a acercarse a Quinn, a paso lento y mal coordinado.
-Hola car-riñño – dijo entre medias de un hipo, llegando finalmente hasta donde se encontraba Quinn.
- Hola – saludo juzgándolo con la mirada - Has bebido ¿verdad? – preguntó mirándolo de arriba abajo, sujetándolo por los brazos para evitar que se cayera, pues incluso estando quieto no podía dejar de moverse.
- Noo – mintió intentando esconder una pequeña sonrisa. Sus mejillas estaban totalmente encendidas, y sus labios parecían como si los hubieran pintado de un rojo carmesí.
- Si es así tal y como dices, entonces ¿Por qué hueles a alcohol? ¿Por qué no puedes mantenerte en pie sin que te tenga que agarrar? – preguntó una vez haber dejado que su nariz muriera por unos segundos tras respirar aquel intenso olor a alcohol que desprendía el rubio.
- Sol-lo essstoy contennnto jeje – no pudo contener su risa tras aquel comentario. Llevó sus manos hacia la cintura de Quinn, atrayéndola hacia él – ¿n-no me vass a saludarr en connn-dicioness? – dijo otra vez entre medias de un hipo, a la vez que se acercaba más a Quinn, tratando de darle un beso en los labios.
- No Sam, ahora no, y menos con el pestazo a alcohol que me llevas – esquivó el beso, deshaciéndose del agarre que tenía el rubio en su cintura, alejándose unos cuantos pasos de él.
- Vamosss si ess soolo un bess-itoo – trató de agarrarla de nuevo esta vez por los brazos, pero Quinn volvió a zafarse.
- ¡Te he dicho que no! – elevó la voz, alejándose de él, poniendo rumbo a su cuarto.
- ¡Quinn! – gritó, tomando la iniciativa de seguirle los pasos.
- Sam, déjame – dijo sin mirar hacia atrás, recorriendo los últimos metros que la separaban de su habitación. Odiaba cuando Sam se emborrachaba, pues siempre acababa siendo muy violento, es por eso que prefirió alejarse de él.
El dolor de cabeza seguía estando presente y la actitud tan pesada de Sam no la ayudaba. Finalmente entró en su cuarto, cerrando tras de sí la puerta, pero de nada le sirvió, pues Sam la volvió a abrir.
-Sam ¿Qué te he dicho? – dijo una vez que vio como este entraba a la habitación y se acercaba a ella, arrinconándola prácticamente entre la cama, la pared y la mesita de noche.
- Solo quii-eroo que mme saluuudes en connndicccioness – aún tambaleante, avanzó unos pasos más hasta quedar frente por frente con Quinn – soloo un bessitoo – se acercó un poco más a la rubia, rompiendo por completo el espacio que quedaba entre medias de ambos.
- ¡No! Sam ya te lo he dicho – trató de empujarlo poniendo sus manos sobre su pecho, pero de nada le sirvió.
- Y yoo tammbién te lo he dii-cho - Sam la agarró por las muñecas, inmovilizándolas, para luego echarse hacia adelante, buscando la boca de Quinn.
La rubia estaba prácticamente contra la pared, tratando de esquivar a Sam. Este no perdió el tiempo y como Quinn no se dejaba besar, optó por atacar su cuello, donde finalmente tuvo éxito. Quinn, aunque estaba prácticamente atrincherada por Sam, trató con todas sus fuerzas de zafarse del agarre del rubio, pero le era imposible.
-¡Sam, déjame! – dijo en voz alta, tratando de empujarlo, haciendo que este ejerciera aún más fuerza, mientras no dejaba de besar y de pegar pequeños mordiscos sobre su cuello.
- Vammoss si sab-ess que tú también lo quieeres – susurró en su oído, a la vez que soltaba una de las muñecas de Quinn, acercando aún más su cuerpo al de ella, dejando que una de sus manos viajara por el vestido de ésta, hasta llegar al final. Para luego tratar de levantar la tela y acariciar con sus manos los muslos de Quinn. Aquel movimiento hizo que el cuerpo de la rubia se paralizara. No se podía creer lo que estaba haciendo Sam. Trató de nuevo de salir de su agarre, pero este incrementó aún más su fuerza, haciéndole daño. Sam la estaba forzando a hacer algo que ella no quería.
-Suéltame – dijo con la voz entrecortada, casi inaudible – suéltame por favor – suplicó aún intentando separarlo de ella.
- Si noos lo vammoss a passar bien – la empujó más contra la pared, dejando atrás su cuello y besando ahora la comisura de sus labios.
Quinn no sabía qué hacer, el dolor de cabeza era cada vez más agudo y Sam no entendía que ella no quería hacerlo con él. Quería huir, alejarse de él. Estaba completamente asustada, pues era la primera vez que veía aquel lado tan violento y oscuro de Sam. El siempre había sido caballeroso, incluso cuando le decía que no quería hacerlo, este paraba y la dejaba tranquila, pero hoy era diferente. Parecía como si fuera otra persona, no lo reconocía y le estaba comenzando a dar miedo. Sam esta vez llevó su mano hasta su vientre, bajándola cada vez más hasta llegar a su objetivo. Trató de meter su mano por encima de la pequeña tela que la cubría, haciendo que Quinn se sobresaltara y no pudiera más con lo que le estaba haciendo. Tenía miedo y su cuerpo lo notaba. Sus ojos comenzaron a escocer, estos se temían lo peor y se estaban preparando para dejar salir toda aquella rabia y dolor acumulado. Necesitaba salir ahí y tenía que hacerlo ya o sería demasiado tarde. Como pudo, en un descuido de él, juntó todas sus fuerzas y lo empujó con todas sus ganas.
-¡Qué coño te pasa! – gritó alterada, zafándose al fin de su agarre y alejándose unos pasos de él. Sus ojos estaban comenzando a enjugarse.
- Solo te esstaba danndo lo que t-tú queríias – dijo sonriente tratando de acercarse de nuevo a ella, aún tambaleante.
- No te me acerques – su voz se entrecorto – No me puedo creer que me trates así – dijo entre dientes – ¿te crees que soy tu muñeca y puedes hacer conmigo lo que quieras? No vuelvas a hacer eso, no lo vuelvas a hacer en tu vida – sus ojos no pudieron aguantar más las lágrimas y éstas acabaron por inundar sus mejillas.
- Soy tu novvio y me t-tienes que daaar lo que necccesito – dio unos cuantos pasos hacia adelante, logrando agarrarla por una de sus muñecas, haciendo fuerza en esta.
- Que lo sea no significa que me tengas que tratar como lo estás haciendo – ni sus ojos ni cuerpo podían creerse lo que estaba viendo y sintiendo. Como pudo pegó un pequeño tirón, logrando que soltara su muñeca – no vuelvas a acercarte a mí – dijo apenas sin voz, con un nudo en la garganta, éste cada vez más intenso, mientras que no podía parar de llorar. Estaba completamente acongojada.
Tenía miedo, no lo reconocía. Trataba de echarle la culpa al alcohol, pero aún así Sam estaba mostrando una parte de sí mismo que no le gustaba. Estaba aterrada y su única opción en ese momento era huir de allí, no quería que Sam le hiciera nada. Volvió tras sus pisadas de vuelta al salón, perseguida por un tambaleante Sam, que se apoyaba sobre las paredes.
-¿A dónnde cre-es vass? – preguntó algo cabreado, agarrándola nuevamente del brazo.
- ¡Suéltame! – dijo mirando hacia su brazo, el cual tenía sujeto Sam. Éste cada vez apretaba más el agarre, haciéndole daño.
- Primmero contésstame y lueego ya ver-remos – sus ojos se clavaron en los de Quinn, éstos estaban completamente rojos.
- ¡No! – volvió a pegar un fuerte tirón de brazo, deshaciendo el agarre que ejercía el rubio en su brazo.
Esta vez decidió salir rápidamente de la casa. Apenas le dio tiempo a coger nada, ni si quiera un abrigo, pues Sam le seguía los pasos. Lo único que pudo coger fue su bolso y aquella última foto que le dio tantos quebraderos de cabeza, aquella foto de Rachel. La cogió porque necesitaba averiguar más sobre su origen y tenía miedo de que en un arrebato, Sam la destruyera y acabara por quedarse sin esa pequeña pista. Logrando esquivarlo, finalmente logró salir corriendo de casa. No fue hasta salir del edificio cuando se dio cuenta del frio que hacía y comenzara a arrepentirse de no haber cogido abrigo, pero ya no podía dar marcha atrás, no quería volver a revivir aquel desagradable momento que acababa de vivir. Abrazándose como pudo, tratando de darse calor a sí misma y de frenar su temblor, comenzó a caminar por la calle. La gente que pasaba cerca de ella la miraban extrañados, no entendían porque iba sin abrigo, sabiendo el frio que hacía. Trató de buscar alguna tienda abierta en la que poder comprarse un abrigo o algo con lo que poder abrigarse y entrar en calor, pues incluso sus dientes habían comenzado a castañear, pero las tiendas de ropa ya habían cerrado, tan solo podía mirar hacia aquellos amplios escaparates bien iluminados y envidiar a los maniquíes que llevaban aquellos abrigos tan esponjosos, que seguramente abrigarían bastante. No tenía a donde ir, ni si quiera sabía hacia donde le llevaban sus pies, tan solo siguió caminando.
Después de estar unos diez minutos deambulando por las calles de Nueva York, sus pies se pararon en seco, como si algo fuera a chocar contra ella y estos la advirtieran. Levantó su vista, llevando sus ojos hacia el frente, pensando que realmente había algo delante de ella con lo que se podía hacer daño, pero acabó encontrándose con un gran edificio que se alzaba por encima de ella. Sabía perfectamente cual era ese lugar y no entendía porque sus pies o su conciencia la habían llevado hasta allí. Trató de girar sobre sus pies y dar marcha atrás, no estaba del todo segura de entrar dentro. Pues por mucho que lo pensase y se dijera a si misma que era una buena idea, al menos para pasar un rato refugiada del frío, sabía que le acabaría por doler, sobre todo cuando las cosas aún no se habían aclarado del todo. Estaba tratando de luchar contra sus sentimientos, pero ya había luchado contra ellos cuando ocurrió lo de Sam y ahora estaba completamente indefensa contra ellos. Cualquier paso en falso y acabaría entrando. Sus ojos no habían parado de llorar durante todo ese rato y ahora sus mejillas quemaban por culpa de sus lágrimas y del viento que azotaba contra su cara, convirtiéndolas en pequeñas dagas que cortaban su piel.
Santana estaba acurrucada en el sofá, tapada con una manta, con el sonido de la tele de fondo, mientras que no podía alejar sus ojos de su teléfono móvil. Después de que terminase la audición y de que le cantara aquella canción a Brittany, no pudo volver a hablar con ella, ya que esta tubo que acompañar a Artie y ella tampoco se encontraba lo suficientemente fuerte como para encarar una conversación decente tras todo lo sucedido. Es por eso que ahora no podía apartar sus ojos de su teléfono, pues tenía la necesidad de hablar con ella, tratar de explicárselo todo, decirle la verdad en palabras. Pero ahora tampoco podía, seguía teniendo miedo, seguía sintiéndose vulnerable a pesar de que sabía que la mejor manera de enfrentarse a las cosas eran encarándolas. Pero no podía luchar contra esos sentimientos, contra el miedo. Era como si paralizara una parte de ella, como si dejara por un segundo de respirar, como de esas veces en las que sientes que te vas a caer y tu cuerpo sufre una pequeña descarga eléctrica a modo de aviso. Así se sentía.
Algo la sacó de ese pequeño trance, llegando a asustarla y provocando que casi se le cayera el teléfono al suelo. Acababan de llamar a la puerta, y parecía que aquella persona tenía insistencia por la forma de llamar. Dejó el teléfono a un lado, y colocándose la manta alrededor del cuerpo, comenzó a caminar hacia la puerta.
- ¡Voy yo! – gritó para que Rachel la escuchara.
-¡Santana, si es la vecina de enfrente pidiendo azúcar, dile que no tenemos! – gritó también Rachel desde su cuarto, pues se estaba arreglando para ir luego a "The Blue Eyes" junto a Santana.
- ¿Y porque le tengo que decir que no hay? – preguntó en voz alta, deteniéndose unos pasos antes de llegar a la puerta.
- ¡Porque siempre nos quedamos sin azúcar cada vez que viene a pedirnos! – volvió a gritar, causando la risa en Santana, mientras ésta negaba con la cabeza a modo de incredulidad.
Finalmente recorrió el par de pasos que la separaban de la puerta, sorprendiéndose tras abrirla y encontrarse a quien había detrás de ella. Estaba completamente pálida y tiritando. Sus mejillas y su nariz estaban sonrojadas, posiblemente del frío, pues no llevaba abrigo. Sus labios presentaban un cierto color morado, mientras que sus ojos estaban rojizos y aguados, como si hubiera estado llorando.
-¿P-Puedo pasar? – dijo con la voz temblorosa, a la vez que no dejaba de tiritar.
- S-Sí, pasa – respondió echándose a un lado, dejándole paso, aún sin saber el motivo de su aspecto, cerrando tras de sí la puerta una vez que ésta entró - ¿Tienes frío? – preguntó viendo como la rubia se abrazaba a sí misma.
- Un poco – apenas tenía voz.
- Toma, abrígate con esto – dijo quitándose la manta que tenía envuelta sobre el cuerpo, para dársela a Quinn, haciendo que ésta entrara algo más calor y tratara de frenar, en cierta manera, su temblor.
- ¿Quién er…? – Rachel decidió asomarse una vez que escuchó la muerta cerrarse, pero nunca se le pasó por la cabeza que aquella persona que había llamado fuera Quinn. Ni si quiera pudo terminar su frase cuando sus ojos se quedaron clavados en su silueta. Creía que era un sueño, pero no lo era - ¿Q-Quinn? ¿Q-Qué haces…aquí? – preguntó extrañada, viendo como era observada por ambas.
- Eso mismo te iba a preguntar yo ahora, ¿ha pasado algo? – comentó Santana, devolviendo la mirada hacia Quinn.
No sabía que decir. Ser observada como si la estuvieran interrogando o aún peor, como si hubiera cometido un asesinato y estuvieran intentando que confesara el crimen, no la ayudaba mucho, sobre todo cuando aún no había podido asimilar todo lo que le había ocurrido. Rachel se dio cuenta de eso, sobre todo cuando ésta acabó por llevar sus ojos hacia el suelo y a mover sus pies. Era una expresión característica de ella cuando notaba cierto nerviosismo. Es por eso que decidió darle un poco de respiro tratando de cambiar el tema, al menos por unos segundos.
-Voy a preparar un poco de té ¿queréis té verdad? Vale – dijo de manera acelerada, contestándose a sí misma, sin dar apenas tiempo a las demás a contestar, mientras ponía rumbo hacia la cocina.
Aquel comportamiento de la castaña dejó atónita a Santana, pues era primera vez que la veía tan nerviosa, era casi comparable como aquella vez en la que estuvieron en el hospital. Quinn por su parte, apenas había escuchado nada, pues aún se encontraba perdida en aquella marea de pensamientos y sentimientos. Santana, cuando finalmente volvió a dirigir su mirada hacia ella, también lo notó.
-¿Quieres pasar y ponerte cómoda? Así nos lo podrás contar mejor – comentó Santana, tratando de hacer que ésta dejara de pensar por unos segundos, apoyando una de sus manos sobre su hombro, dándole paso para que pudiera pasar hasta el salón.
Finalmente tomó asiento en el sofá de color crema que adornaba el salón, seguida de Santana. Era la primera vez que estaba en esa casa y, aunque tenía pocos adornos, era bastante acogedora. Las paredes estaban adornadas con dos grandes muebles de madera, bastante modernos, repletos de libros, CDs, y alguna que otra figurita de cristal. Incluso había un par de cuadros vintage colgados de las paredes. La casa estaba completamente decorada al estilo de Santana, pues sabía perfectamente que ese no era el estilo que le gustaba a Rachel, pues a esta le gustaban más los estilos clásicos. Pero por sus ojos no pasó desapercibido aquel pequeño rincón que había en uno de los muebles. Sabía que aquel rincón era de Rachel, pues aparte de haber en él una foto de ésta, también estaba, entre medias de otros libros, su colección de fotos antiguas que una vez Rachel le regaló. Cuando se pelearon y dejaron de ser amigas, ella le dijo que lo tirara o que hiciera con él lo que quisiera, pues no quería tener nada que ésta le hubiera regalado, pero nunca pasó por su cabeza que Rachel fuera a quedárselo, pues no eran el tipo de fotos que a ella le gustaban. Sin duda aquello le sorprendió. Con el paso del tiempo había sido muy cruel con ella, y en cierta manera se lo merecía por lo que hizo, pero ver cómo a pesar de todo Rachel seguía manteniendo sus cosas, seguía tratando de acercarse a ella, la hacía comprender que en el fondo no era tan mala. Esos pensamientos lograron que aquellos otros que previamente habían inundado su cabeza, desaparecieran por unos instantes, haciendo que sus ojos volvieran a sentir ese escozor previo a cuando vas llorar. En cierta manera aquello conmovió a sus sentimientos, aquellos que ya estaban algo desgastados por lo que habían vivido anteriormente. Ese fue su alegato a la hora de encontrar un culpable que explicara el motivo por el que se sentía así. Estaba completamente perdida en sus pensamientos, y no fue hasta que Santana pasó su mano por delante de sus ojos cuando finalmente volvió a la realidad.
-Te he estado hablando pero parecía como si estuvieras en otro mundo – alegó algo preocupada por ésta.
- L-Lo siento, me había distraído – dijo alejando finalmente sus ojos de aquel rincón, para poder encontrarse con la mirada de Santana - ¿Qué me habías dicho? – agregó, prestándole completa atención.
- Te he preguntado que si te traigo otra manta. Lo digo porque aún estás tiritando – volvió a repetir, haciendo que Quinn observara su propio cuerpo. Estaba tan concentrada en aquellos pensamientos que ni si quiera se dio cuenta de que su cuerpo aún tiritaba.
- No, tranquila, estoy bien. En cuanto entre en calor se me pasará – dijo, sintiendo como su cuerpo volvía a encontrar poco a poco su temperatura normal.
- ¿Segura? – quería cerciorarse de que realmente no necesitaba otra manta.
- Sí – esta vez su afirmación fue acompañada con un movimiento de cabeza, haciendo que volviera a reinar el silencio tras su respuesta.
- Bueno y… ¿qué es lo que ha pasado? – dijo tras unos segundos, rompiendo así el silencio, queriendo saber más acerca de su visita sorpresa.
Esas palabras hicieron que de nuevo volvieran aquellos pensamientos a su mente. Antes de responder, Quinn trató de ordenar sus palabras, pues aún estaba algo alterada. Tras un largo suspiro logró decidirse a hablar.
-Necesitaba encontrar algún lugar al que huir – comentó, volviendo a recordar todo lo sucedido.
- ¿Huir de qué? – preguntó Santana sin entender nada, tratando de saber más.
- De… - dio una pequeña pausa, aún le costaba creer lo que su novio había tratado de hacerle – …Sam – dijo finalmente, haciendo que la cara de Santana cambiara por completo, escuchando a su vez un pequeño tintineo de tazas detrás de ella.
Rachel acababa de entrar al salón junto con una bandeja en la cual llevaba las tazas de té, cuando su cuerpo se congeló por completo al momento en el que escuchó ese nombre. Aquel tintineo hizo que tanto Santana como Quinn miraran hacia donde estaba ésta, haciendo que Rachel llevara su mirada hacia Santana, temiéndose lo peor. Finalmente, tras un breve silencio en el que solo había miradas, Rachel volvió a retomar el paso, hasta llegar donde estaban Quinn y Santana. Con las manos temblorosas, como pudo, dejó la bandeja sobre la mesita de café que había frente al sofá, cesando así el tintineo de las tazas. Rachel y Santana se dieron una última mirada de soslayo, antes de que la castaña tomara asiento al lado de ésta y centraran su mirada y atención en Quinn.
-¿De Sam? – dijo finalmente Santana, rompiendo de nuevo el silencio, retomando así la conversación.
Quinn se tomó unos segundos para contestar, notando como era observada por ambos pares de ojos temerosos con ganas de saber más.
-Sam llegó a casa borracho y normalmente cuando bebe se pone muy pesado y a veces incluso violento – comenzó a decir, haciendo que ambas entraran en situación – y…hoy se puso bastante violento –dijo de forma pesada, pues le costada decir aquellas palabras.
- ¿Cómo que se puso violento? – preguntó Santana tratando de saber más. Rachel, en cambio, decidió simplemente escuchar y no decir nada, pues no quería incomodar a Quinn y mucho menos decir algo que la pueda poner en evidencia, aunque por dentro estuviera comenzando a sentir resquemor.
- Al principio trató de besarme, pero como olía tanto a alcohol no quise que me besara – prosiguió, dejando que sus ojos se perdieran de vez en cuando por el salón, para luego volver a centrar su mirada en ambas – traté de hacer que me dejara en paz, es por eso por lo que me fui a mi habitación – añadió.
- Y ahí fue cuando la cosa empeoró ¿no? – comentó Santana, sintiendo como su sangre hervía cada vez más, aunque no era la única, pues Rachel también se sentía así.
- Sí – dijo afirmando con la cabeza, volviendo a apartar su mirada – ahí fue cuando…se puso más violento. Ni si quiera lo reconocía – su voz dejó de funcionar. Volvió a hacer una pausa, tratando de controlar así sus sentimientos, pues sus ojos estaban comenzando a escocer, llenándose de nuevo de lágrimas, mientras trataba con todas sus fuerzas de evitar que estas volvieran a caer.
-¿Te hizo algo? – esta vez fue Rachel quien preguntó, con la voz entrecortada. Ya no podía contenerse.
Quinn no dijo nada, tan solo cerró los ojos afirmando con la cabeza. Sus ojos estaban tratando de retener las lágrimas, pero era prácticamente imposible.
-Cuando llegué a mi habitación, el vino detrás, trató de volver a besarme pero yo me resistí y le…le volví a decir que no – aquellos recuerdos estaban tan vivos que parecía como si lo estuviera volviendo a revivir todo de nuevo – y ahí fue cuando… - no podía pronunciar las palabras, le era demasiado doloroso.
- ¿Te pego? – preguntó Santana de la nada, bastante alterada, recibiendo una negación por parte de Quinn.
- ¿Tra-Trató de violarte? – esta vez fue Rachel quien preguntó, aún con la voz rota, pues le dolía verla así, pensar en lo que le podría haber hecho Sam. Tenía miedo de que Sam le hubiera hecho algo.
Quinn al oír aquello, abrió los ojos y llevó su mirada hacia Rachel. Cuando sus ojos conectaron, fue el momento en el que Quinn ya no pudo más y sus ojos acabaron por ceder, dejando que las lágrimas inundaran sus mejillas. Ahí fue cuando se le partió el alma a Rachel, verla llorar de esa manera tan desconsolada le dolía. No hubo necesidad de que lo afirmara, pues tanto Santana como ella lo entendieron al instante. La morena rápidamente se levantó para abrazarla, para darle a entender que ahora estaba a salvo, que no tenía que preocuparse. En cambio, Rachel simplemente se las quedó mirando. Quería ir junto a ella, consolarla de la misma manera en la que ella lo hizo la vez que Sam le hizo daño, pero no podía, tenía miedo de que Quinn la rechazara. Pero fue aquella segunda vez en la que Quinn la miró, cuando no se lo pensó más y se acercó a ella. Clavó sus rodillas en el suelo, acariciando una de sus rodillas mientras veía como ésta era abrazada por Santana. Sus ojos volvieron a conectar y esta vez se atrevió a llevar su mano hacia una de sus mejillas, para tratar de frenar en seco el par de lágrimas que se atrevían a lanzarse al vacío, tal y como ella lo hizo una vez. Era la segunda vez que la veía de esa manera, tan destrozada por dentro. Su cuerpo temblaba, posiblemente del frio o quizás por la cantidad de sentimientos que estaba tratando de retener. Parecía tan débil que solo le entraron ganas de abrazarla y no dejar de hacerlo hasta que sus ojos dejaran de llorar. Pero ahora mismo no podía hacerlo, sabía que tenía que darle algo más de tiempo para que esta la dejara. Quinn por su parte, cuando Rachel hizo aquel gesto de frenar sus lágrimas, mientras la miraba a los ojos, fue el primer momento, después de mucho tiempo, en el que se sintió a salvo. Agradeció el gesto de Santana de abrazarla, pero fue aquel pequeño gesto de Rachel, el cual logró que se sintiera así.
Al fin, después de unos cuantos minutos, Quinn logró calmarse. Terminó de explicar lo que pasó, haciendo que Santana entrara en cólera y Rachel…Rachel se limitó a guardar sus pensamientos. Quería con todas sus ganas pegarle un puñetazo a Sam, pero aún así, no quería convertirse en lo que ya era él, un matón sin escrúpulos.
-No me puedo creer que ese imbécil te haya hecho eso – comentó Santana poniéndose de pie – Es que debería de haberlo visto venir – agregó cruzándose de brazos.
- No creo que pudieras haberlo visto venir – dijo Quinn ya más calmada.
- ¡Claro que sí! Debería de haberlo pillado cuando se lo hizo a Rachel – estaba pensando en voz alta y cuando se quiso dar cuenta ya era tarde. Rachel la miró con los ojos de par en par, tratando de callarla, pero ya no podía, Quinn lo había oído.
- ¿Cómo? – preguntó sorprendida, mirando a ambas, tratando de que le explicaran.
Rachel se llevó las manos a la cabeza, sentándose de nuevo en el sillón, mientras buscaba alguna excusa que decirle a Quinn para que ésta se lo creyera. Santana, sin embargo, se había quedado prácticamente sin palabras. Había puesto en riesgo aquel secreto que le había prometido a Rachel guardar. Ahora mismo se sentía entre la espada y la pared.
-¿Me vas a querer explicar que es lo que has querido decir? – preguntó de nuevo Quinn, algo más alterada - ¿Qué es lo que ha hecho Sam? Rachel, ¿Qué es lo que te ha hecho? – esta vez dirigió su mirada hacia la castaña, quien aún seguía con la cabeza enterrada entre sus manos.
- Tú no… - Santana estaba tratando de decir alguna excusa, pero en ese instante dejó de pensar. Por su cabeza pasó la idea de que lo mejor que tenían que hacer era decirle la verdad, no podían seguir engañándola, no después de lo que acababa de hacer Sam. No veía motivo por el cual defenderlo, es por eso que tomó la palabra para hacerle un ultimátum a Rachel – C-Creo que es el momento de decírselo – comentó mirando hacia la castaña – Rachel…si no se lo dices tú se lo voy a decir yo – aquel último comentario hizo que Rachel levantara la cabeza y se la quedara mirando con cierto terror en sus ojos, pues tenía miedo de que Quinn la tomara contra ella.
- ¡No Santana! – fue lo único que pudo decir, no quería arriesgar los pocos pasos que había avanzado en su relación. Quinn por su parte, no podía hacer otra cosa más que mirarlas, esperando una respuesta.
- Rachel, tienes que hacerlo, sino lo hago yo – volvió a decir, clavando sus ojos en los de la castaña, haciendo que ésta alejara su mirada hacia la nada. Estaba tratando de pensar.
- Por favor, decídmelo – Quinn ya no podía soportar más aquel momento tan intenso, necesitaba saber la verdad.
Rachel seguía sin decir nada y la paciencia de Santana llegó a su límite, quería desenmascarar de una vez a Sam.
-Está bien, tu lo has querido Rachel – se dirigió por última vez hacia ella, para luego llevar sus ojos hacia la silueta de la rubia, tomando aire para decirle la verdad – Quinn, la verdad es que…
- ¡Santana espera! Yo… - resopló – …yo se lo diré – agregó, haciendo que Santana volviera a tomar asiento y escuchar con detenimiento, al igual que Quinn, lo que iba a decir.
- Quinn… - trató de coger aire para poder decir todo aquello que había estado tratando de ocultar - …¿recuerdas aquella vez que me viste llorando en los columpios? – esperó a que Quinn simplemente afirmara con la cabeza para poder proseguir – Aquella vez tenías razón, no me caí – la rubia arrugó su frente tratando de comprender que era lo que quería decir – ese día Sam me pidió que fuera al taller donde trabaja para hablar con él. Al principio pensé que iba a ser una charla normal, pero… - no sabía si contarle el motivo que le llevó a Sam a hacer aquello - …a medida que avanzaba la conversación, comenzó a ser cada vez más violento y acabó agarrándome por las muñecas, tan fuerte que mis muñecas acabaron marcadas – Quinn, a medida que iba contando Rachel lo que pasó, lograba recordar aquel momento que tuvieron juntas en los columpios, recordando con más detalle aquellas marcas que pudo ver en el cuerpo de la castaña. Se sentía mal con solo escucharla. Sin embargo para Rachel, aquello seguía siéndole difícil de contar, pero ya no podía dar marcha atrás – Sam estaba tan fuera de sí que acabó empujándome contra el suelo, haciendo que éste me rayara las manos y me hiciera una pequeña brecha en la frente – sus ojos se encontraron con los de Quinn, estos enrojecidos de la propia rabia que le daba escuchar aquello. No podía creerse como Sam pudo haber hecho eso – Después de eso me encontraste tú y no quería que lo supieras, porque no quería que acabaras alejándote más de lo que ya estabas – acabó sincerándose, con la voz rota, sintiendo como ahora era ella a la que le podían las lágrimas.
- Dile el motivo que le llevó a hacer eso – comentó Santana de la nada, haciendo que ambas la miraran.
Rachel dio un pequeño resoplo, cerrando los ojos por unos segundos, tratando así de volver a contener sus lágrimas. Mientras, Quinn seguía atónita ante todo lo que estaba escuchando. Tenía la necesidad de ir hasta ella y abrazarla. Le recordaba a aquella vez en la que la encontró magullada, tan débil que simplemente no sabía qué hacer, tan solo quería que parara de llorar. Ahora mismo estaba en un mar de sentimientos que era imposible de entender.
-Sam quería…quería que me alejara de ti – logró decir finalmente – No podía soportar la idea de que yo supiera más de ti que él, a pesar de que hacía tiempo que no nos hablábamos, a pesar de que sabía perfectamente que tú no querías volver a ser mi amiga, de ahí a que reaccionara de una manera egoísta – al final de aquella frase ya no pudo volver a retener más las lágrimas y estas acabaron por ceder.
Quinn aún tenía su mirada fija en la de Rachel, y no fue hasta que esta la apartó cuando no puedo contenerse más, levantándose y acabar abrazándola. Verla de nuevo de esa manera le dolía y en cierta manera esa era su forma de pedirle perdón por todo lo que le había hecho Sam. A pesar de todo el odio que le podía llegar a tener, o al menos el que llegaba a pensar que le tenía, pudo dejarlo a un lado para sentirla simplemente como era, sin esos sentimientos de por medio. Aquello la ayudó a verla de otra manera y a sobrellevar su dolor. Rachel, cuando sintió el abrazo de Quinn al principio no se lo podía creer, nunca podía haberse imaginado que aquellos sentimientos de acero que a veces tenía la rubia podían llegar a derretirse de tal forma que le permitiera darle un abrazo. Por segunda vez volvió a sentir a su mejor amiga.
El abrazo finalizó minutos después, volviendo ambas a sus asientos una vez calmados aquellos sentimientos. El silencio volvió a reinar. Santana simplemente se limitó a observarlas, ahora entendía que era a lo que se refería Rachel cuando decía que no quería decírselo. Para la castaña aquella amistad era como un pequeño tesoro, el cual tenía miedo de perder.
- ¿Ahora qué vas a hacer? – le preguntó Santana a Quinn, rompiendo el silencio.
- Lo que menos quiero hacer es volver a casa, pero estoy muy cansada – respondió llevando sus ojos hacia la nada.
- Si quieres puedes quedarte aquí - sugirió la morena, mirando de soslayo a Rachel.
- N-No quiero molestar – dijo mirando hacia a ambas.
- No molestas – comentó Rachel, hablando por primera vez después de su confesión.
- Mi cuarto está patas arriba, pero si quieres puedes quedarte en el cuarto de Rachel – volvió a sugerir Santana.
- No sé… - no estaba del todo segura, pues sería la primera vez que dormiría en su cuarto después de dos años.
- Puedes dormir en mi cuarto, yo dormiré en el sofá – dijo la castaña tratando de convencer a Quinn, pues a ella tampoco le gustaba la idea de que ésta volviera a su casa después de todo lo ocurrido.
Quinn seguía sin saber que decir. En ese momento sus ojos se volvieron a encontrar con los de Rachel, mientras que por su cabeza pasaban un montón de pensamientos, pero no fue hasta que ésta le regaló otra sonrisa, cuando finalmente se decidió.
- Está bien… - dejó salir una bocanada de aire tras aquellas palabras, regalándole también una pequeña sonrisa a Rachel.
Sentía como si aquella distancia que había puesto entre medias, poco a poco se iba desquebrajando. Era como si paso a paso, se iba convirtiendo de nuevo en su amiga.
-¿Te…te acompaño entonces hasta mi cuarto? – dijo Rachel algo nerviosa, una vez aclarado todo, poniéndose de pie, recibiendo de Quinn tan solo una afirmación con la cabeza.
Ambas atravesaron el pasillo, llegando finalmente al cuarto de Rachel. En cuanto esta abrió la puerta, Quinn pudo comprobar con sus ojos que aunque era otra casa, Rachel aún seguía manteniendo los mismos accesorios que cuando vivían juntas. Seguía teniendo colgadas aquellas medallas y premios que ganó en los concurso de canto a los cuales se presentó cuando era pequeña, aún seguía teniendo aquel tablero de corcho pegado a la pared con todas sus metas, fotos y referencias de Barbra Streisand. Aún tenía en una de las estanterías aquel tarro de colonia que le regaló hacia unos años, aunque ahora éste estaba vacío. Entrar en su cuarto fue como si hubiera retrocedido en el tiempo, como si hubiera vuelto a aquellos años en los que ambas seguían siendo mejores amigas.
-Puedes ponerte cómoda y mirar lo que quieras – comentó Rachel, dejando que Quinn se acomodara.
- ¡Guau! No ha cambiado nada – dijo sin pensar en voz baja, dejando sobre la cama su bolso y la manta que le había prestado Santana.
- Quería que al menos algo me recordara a casa – alegó, sorprendiendo a Quinn, pues esta no pensaba que Rachel la hubiera escuchado – T-Te dejo descansar, si necesitas algo tan solo dínoslo – añadió, moviendo las manos nerviosamente, dirigiéndose hacia la puerta.
- ¡R-Rachel! – exclamó tratando de llamar su atención, haciendo que ésta rápidamente se volteara para mirarla.
- ¿Sí? – preguntó algo dudosa.
- Gra…gracias – dijo titubeante, dejando que sus ojos se encontraran con los de Rachel.
Rachel se quedó completamente paralizada, sintiendo como un escalofrío le recorría todo el cuerpo, cuando volvió a escuchar una vez más aquellas palabras salir de su boca.
-No…no tienes porque darlas – respondió una vez que su cuerpo volvió a relajarse, dibujando entre sus labios una pequeña sonrisa.
Después de aquel último comentario volvió a dirigirse hacia la puerta, abriéndola finalmente, pero cuando estaba a punto de irse, algo o más bien alguien la volvió a llamar. Quinn seguía con la duda de saber quien estaba tras la cámara que le regaló Sam y tras aquella misteriosa foto de Rachel, es por eso que se tragó un poco su orgullo y tras pensárselo detenidamente antes de que la castaña se fuera, finalmente dio el paso.
-¡Rachel! – volvió a llamarla, pero esta vez de una forma más acelerada, temiendo que esta se fuera.
Rachel se paró en seco, volviendo a girarse sobre sus pies, pero esta vez sin decir nada, simplemente se limitó a mirarla a los ojos con un gesto de duda.
-Ne-Necesito preguntarte una cosa – dijo, llevando sus manos hacia su bolso, tratando de encontrar aquella foto que había guardado previamente en él. Rachel, por su parte, tan solo se la quedó mirando, expectante a lo que le iba a preguntar. Finalmente Quinn dio con la foto – ¿p-puedes explicarme el origen de esta foto? – preguntó entregándosela.
En cuanto la castaña sostuvo la foto entre sus manos y fijó su mirada en ésta, sus ojos se abrieron de par en par. No sabía porque aparecía en esa foto, ni si quiera sabía quién se la había hecho. Sus ojos se quedaron clavados por un momento en aquel fondo algo distorsionado que aparecía detrás de ella, dándose cuenta de que se parecía a su cuarto. No entendía nada, por un momento llegó a pensar que posiblemente pudo haberla hecho ella sin darse cuenta.
-¿Quién te ha dado esta foto? – preguntó algo confusa, volviendo a llevar su mirada hacia la de Quinn.
- Nadie, estaba entre las fotos que he revelado hoy. Fue hecha con la cámara que supuestamente me regaló Sam – comentó, dejando aún más atónita a la castaña.
- ¿Cómo? – abrió sus ojos del asombro.
- Lo que has oído, no creo que Sam vaya haciéndote fotos y menos de una forma tan desenfocada – acusó, haciendo que el nerviosismo volviera al cuerpo de Rachel, temiendo que Quinn supiera la verdad.
- No sé, a lo mejor la hiciste tú sin querer en el hospital – mintió, tratando de hacer que Quinn se lo creyera.
- Rachel… - cerró los ojos por unos segundos, tratando de encontrar las palabras exactas para ser más clara – dime la verdad ¿fuiste tú quien compró la cámara? – aquella pregunta hizo que la castaña entrara en un estado de shock, no sabía que decirle, no sabía si debía de serle sincera o no.
Sus ojos se volvieron a encontrar, pero de nuevo Rachel apartó la mirada. No quería que un ataque de sinceridad acabara haciéndole daño, no quería que si acababa siéndole sincera, esta rechazara su regalo, prefería mentir a que ocurriera eso.
-Dímelo – Quinn dio un par de pasos hasta acabar frente a ella, agarrando su muñeca, haciendo que su mirada volviera a centrarse en ella – por favor – suplicó, debilitando así las defensas de Rachel. Ya no podía luchar contra sus fuerzas, habían sido totalmente derribadas.
- Quinn… - comenzó a decir – la verdad es que… - dio un gran resoplo, tratando así de serenarse – sí, yo la compré – dijo finalmente, logrando hacer que Quinn la soltara, para luego comenzar a dar vueltas. A pesar de que lo intuía, Quinn aún así se sorprendió, pues pensaba que Rachel no se lo iba a decir – no…no te lo he querido decir porque no quería que lo rechazaras si sabías que era yo quien estaba detrás de ese regalo – concretó.
- ¿Por qué piensas así? – preguntó, sorprendiendo esta vez a la cantante.
- P-Porque me odias – dijo trabándose – y por eso mismo preferí que te lo regalase Sam, porque sabía que si él te lo daba tú lo ibas a aceptar de inmediato – añadió, haciendo que Quinn agachara la cabeza mientras cerraba los ojos.
- ¿Y preferías que otro se llevase el mérito? – estaba tratando de comprender el motivo que la llevó a mentir.
- Sí, lo prefería – sus ojos volvieron a aguarse, pero esta vez las lágrimas lograron contenerse - solo quería que fueras feliz por una vez en tu cumpleaños, aunque fuera mediante Sam – aquel comentario hizo que la rubia volviera a mirarla sorprendida, mientras sentía como un escalofrío le recorría todo el cuerpo. Nunca se hubiera imaginado que Rachel podría hacer tal cosa.
- No… - no pudo terminar su frase pues Rachel la interrumpió.
- No quiero que digas nada, tan solo quiero que te quedes con la cámara – dijo manteniendo su mirada en ella, para luego volver a acercarse a ella, agarrarla por la muñeca, hacerla abrir la mano, volviendo a depositar la foto sobre su palma – al menos…quédatela como un simple recuerdo. Descansa – agregó, dándole una última mirada antes de volver a dirigirse de nuevo hacia la puerta.
Quinn no sabía que decir, Rachel la acababa de dejar sin palabras. Simplemente dejó que se marchara, mientras observaba su espalda. Aquel momento le recordó a la vez en la que Rachel abandonó definitivamente la casa en la que ahora vivía con Sam, así, con la cabeza agachada, viendo tan solo la silueta de su espalda, mientras observaba como cerraba tras de sí la puerta. Sin duda aquel momento revivió viejos sentimientos y creó otros nuevos. Incluso su corazón volvió a latir de una manera acelerada, dificultándole el respirar. Una vez que Rachel abandonó la habitación, ésta llevó su mirada hacia la foto que le acababa de devolver, fijándose en su rostro algo distorsionado, mientras se mordía los labios a modo de impotencia. Se había quedado con las palabras en la boca y no pudo si quiera decirle nada. Volvió a coger aire, soltándolo de manera pesada, como si así pudiera lograr que su cuerpo y sus sentimientos se tranquilizaran, para luego volver a cerrar los ojos.
-Gracias – susurró aún con los ojos cerrados, sentándose sobre la cama, dejando que de nuevo su mente volviera a recordar todo lo que acababa de suceder.
Rachel, en cuanto salió de la habitación, atravesó una vez más el pasillo, volviendo de nuevo hasta el salón, donde aún se encontraba Santana viendo la tele o al menos eso intentaba.
-¿Ya está mejor? – preguntó Santana una vez que Rachel llegó al salón.
- Sí, la he dejado descansando – respondió aún con la mirada perdida, mientras se sentaba junto a la morena.
Santana se la quedó mirando por unos segundos, preguntándose el motivo de aquella cara.
-¿Estás bien? – preguntó de nuevo, haciendo que Rachel resoplara tras escuchar aquella pregunta.
- Quinn lo sabe – dijo fijando su mirada en la nada, dejando reposar su espalda sobre el respaldar.
- ¿El qué sabe? – no entendía nada y Rachel tampoco era clara con sus palabras.
- Que fui yo quien compró la cámara – esta vez se atrevió a mirarla hacia los ojos, sorprendiendo a Santana.
- ¿Cómo que lo sabe? ¿Cómo…? ¿Se lo has dicho tú? – soltó varias preguntas del tirón, estaba tratando de comprenderlo. Rachel, en cambio, se llevó las manos a la cabeza.
- Sin querer parece ser que hice una foto antes de darle la cámara a Sam y hoy cuando fue a revelar las fotos que había hecho, se dio cuenta de que yo aparecía en una de esas fotos – dijo con la cabeza enterrada entre sus manos.
- Pero…¿le has dicho que tú fuiste quien compró la cámara?
- No – dijo negando con la cabeza – lo averiguó ella sola y hasta que no se lo he confirmado no ha parado de preguntar – añadió.
- Pues me parece bien – comentó Santana cruzándose de brazos, dirigiendo su mirada hacia la televisión.
- ¿Cómo?
- Sí, Rachel. Ya era hora de que Quinn supiera la verdad, Sam se ha aprovechado de ti – volvió a llevar su mirada hacia la de la castaña.
- No, no lo ha hecho – sentenció.
- Sí que lo ha hecho ¿Por qué sigues defendiéndolo? ¿Acaso me estás ocultando algo más? – esta vez giró por completo su cuerpo, quedándose frente a ésta.
- N-No – dijo de una forma alterada, tratando de sonar lo más convincente posible.
- ¿Rachel…? – abrió los ojos por completo, fijando aún más su mirada en ella – Vamos Rachel, suéltalo ya – posó una de sus manos sobre la pierna de la castaña.
- Santana, ya te he dicho que no… - no le dio tiempo a terminar, pues rápidamente fue cortada por la morena.
- Rachel, ¿no te das cuenta de la clase de persona que es Sam? Si hay algo más dímelo, ¿o quieres que le haga algo más a Quinn? Porque si eso es lo que quieres vas por el camino perfecto – Santana trató de involucrar a Quinn para hacer que Rachel hablara de una vez.
Tenía miedo de contarle aquel secreto que tanto tiempo había guardado. Era cierto que sabía la clase de persona que era Sam, pero no quería decirlo por el mismo motivo que había utilizado Santana a la hora de convencerla para que se lo dijera, no quería que por su culpa, al contarlo, éste le hiciera algo a Quinn. Simplemente no quería que Quinn acabara lastimada por su culpa, por no guardar ese secreto. Tomó una gran bocanada de aire tratando de tranquilizarse, necesitaba explicarle el motivo por el cual no se lo podía decir, tenía que hacerlo.
-No puedo hacerlo, no si corre en peligro la integridad de Quinn. Sé que si al final cuento algo, Sam puede hacer una locura – logró decir.
- Yo no lo permitiré, y si hace falta haremos que Quinn se quede aquí unos días más – sentenció Santana tratando de convencer a Rachel.
- No es tan fácil – dejó que sus ojos se concentraran en sus manos.
- Lo sé, pero tienes que hacer un esfuerzo, es por el bien de Quinn – volvió a decir dándole suaves caricias en la pierna, haciendo que de nuevo Rachel resoplara.
- No me vas a dejar tranquila hasta que te lo diga ¿verdad? – comentó mirándola, mientras hacía una pequeña mueca, haciendo que Santana le respondiera negando con la cabeza – Está bien, te lo diré – dijo a regañadientes.
Después de cerca de media hora y de una explicación bastante detallada, finalmente Rachel logró contarle aquel secreto que había guardado con tanto recelo. Al fin Santana supo de aquel chantaje que había sometido Sam a Rachel. No podía creerse como el rubio pudo ser capaz de hacerse pasar por ella, de dejar aquella nota en la taquilla de Finn y hacer que Rachel mintiera por el mero hecho de conseguir que Quinn fuera su novia. Estaba complemente fuera de sí, la sangre le hervía.
-No me puedo creer como pudo haber sido capaz de hacer tal cosa – dijo entre dientes – ¡Me entran unas ganas de ir a por él y machacarlo a golpes! – agregó chocando su puño contra su propia mano.
- Santana, recuerda, el no puede saber que tú lo sabes – dijo haciendo que Santana recordara su promesa.
- Ya lo sé, pero aún así me va a ser imposible mirarlo a la cara sin sentir estas ganas de matarlo – comentó apretando sus manos en forma de puño.
Rachel simplemente se limitó a mirarla, pues la entendía perfectamente, ella se sentía de la misma manera, pero no podía hacer nada, por lo menos no por ahora. Estuvieron hablando un rato más, bueno, más bien Santana estuvo divagando sobre las posibles formas más inhumanas de matar a Sam, mientras que Rachel la escuchaba, hasta que el teléfono de Santana comenzó a sonar, haciendo que ésta tuviera que dejar para otro momento aquella lista interminable .
-¿Sí? – dijo contestando finalmente a la llamada.
- ¿Santana? – oyó al otro lado.
- ¿Kurt? ¿está todo bien? – dijo preocupándose, pues no se esperaba que la llamase a esa hora.
- Sí, sí, todo bien. Tranquila – comentó, haciendo que Santana se relajara al escuchar aquello – te llamo para decirte una cosa, pero no quiero que te cabrees – agregó, volviendo a preocuparla, pues sabía que cuando decía eso era porque algo malo había hecho el castaño.
- ¿Qué ha pasado? ¿qué has hecho? – volvió a preguntar cambiando su tono a uno más serio, haciendo que Rachel la mirara sin entender nada.
- Bueno, hacer…hacer…más bien tu madre se enteró de tu secreto cuando estaba hablando con Blaine – comentó mientras su voz perdía fuerza al final de aquella frase, haciendo que Santana entrara en cólera.
- ¡¿Qué has hecho qué?! – gritó, comenzando a dar vueltas sobre sí misma de forma descontrolada.
- E-Estábamos los dos solos, no sabía que t-tu madre estaba escuchándonos – aclaró de forma acelerada, temiéndose lo peor.
- Me estás queriendo decir que mi madre sabe que me gusta Bri… - no podía si quiera terminar la frase, estaba tratando de digerir la noticia.
- S-Sí, pero eso no es todo – dijo titubeando.
- ¿Cómo que eso no es todo? – volvió a preguntar.
- Es que… tu madre quiere contárselo a tu abuela – aquello fue el colmo para Santana. Sus ojos se abrieron de par en par. Le era prácticamente imposible pronunciar palabra tras escuchar lo que le acababa de decir Kurt.
- H-Hoy me quieres matar ¿verdad? – logró decir finalmente tras unos segundos.
- Creo… que no voy a ser yo quien te mate – comentó haciendo que Santana no entendiese nada.
- ¿Cómo? – preguntó, pero no pudo obtener respuesta, puesto que en ese momento llamaron a la puerta, haciendo que sus ojos se quedaran fijos en ésta.
- Me da a mí que ahí tienes tu respuesta – sentenció Kurt al otro lado del teléfono, confundiendo aún más a la morena.
Ésta miró a Rachel por última vez, dándole a entender que iba a abrir ella, comenzando a caminar hacia la puerta. Aún con Kurt al otro lado del teléfono, finalmente la puerta, encontrándose con su peor pesadilla.
-¿Mamá? ¿abuela? – dijo aterrorizada, manteniendo sus ojos fijos en ambas.
¡Al fin os traigo el capítulo! Si os soy sincera, esta mañana tenía pensado de dejaros otro adelanto y no subir el capítulo hasta mañana, pero me puse a escribir y a lo tonto a lo tonto he acabado terminando el capítulo. La verdad es que ha resultado ser más largo de lo que pensaba, pero eso sí, me ha dado bastante quebradero de cabeza, sobre todo al final, ya que no sabía cómo escribir todo lo que tenía imaginado. Espero haber logrado que se entienda y que hayáis podido seguir el hilo sin liaros. Comentaros que como habéis leído, el capítulo se centra completamente en Faberry, da ahí que no haya momentos Brittana, pero es esencial para la historia, además de que ya llevabais tiempo pidiéndome algo así. Os aseguro que el próximo capítulo será dedicado a Brittana, con ciertos toques Faberry (ya lo veréis). Comienzan a cerrarse capítulos, a descubrir aquellos secretos tan guardados, y los próximos capítulos serán prácticamente iguales. Estoy llegando a imaginarme cosas demasiado extremas, y quizás incluya alguna en algún capítulo. De nuevo, espero que os haya gustado y que lo hayáis entendido. De verdad, últimamente me pongo muy nerviosa cuando veo que hay un comentario, porque temo que quizás no lo hayáis entendido como yo quería que lo entendieseis. Por último, a aquellas personas que tienen tanto afán con que Sam reciba de su propia medicina, deciros que posiblemente ocurra algo en el capítulo 26. Ahí lo dejo.
Espero leeros pronto. Nos vemos en el próximo capítulo.
Gracias.
San.
