"Comprendí que arrancar un recuerdo es querer arrancarte a ti mismo de ti mismo, que arrancar un recuerdo es igual que intentar buscar el tapón de mar"
Marwan
Hoy era uno de esos días en los que presientes que las nubes llorarán lágrimas, pero lo único que hacen es ocultar la herida. Hoy era un día de esos en los que el corazón pide paz, pero el cuerpo retumba de entre sus adentros. El dolor aquella mañana aún no había hecho acto de presencia, y podría haber seguido así de no ser por la llamada que la morena recibió en su teléfono. El aparato retumbó en más de una ocasión contra la mesita de noche, ahuecando el sonido que producía este. Su cuerpo aún seguía abrumado por Morfeo, y éste, a pesar del ruido, era incapaz de salir de aquel trance. No fue hasta el segundo intento cuando al fin Morfeo cesó su agarre, dejando que finalmente Santana lograra volver en así, aunque ya era demasiado tarde, la llamada finalizó mucho antes de que ésta pudiera abrir los ojos. Como pudo, aún con el cuerpo hecho pedazos, abrió los ojos, notando como éstos eran cegados por la luz de la ventana que se filtraba por uno de los huecos que las cortinas no lograban tapar, haciendo que los volviera a cerrar, notando a su vez como un fuerte dolor de cabeza se apoderaba de ella, era como si se la estuvieran taladrando. No pudo evitar llevarse las manos a la cabeza, apretándose en ambos lados de las sienes, sintiendo el dolor cada vez más agudo. Trató de tragar algo de saliva, pero su boca estaba completamente seca y su garganta pedía a gritos un poco de agua. Intentó levantarse para aliviar aquella sed, pero su cuerpo aún se encontraba en medio de aquella resaca emocional, aquella que tanto quiso evitar. Entre medias de aquel dolor corporal también se encontraba aquel dolor interno, aquel que llevaba meses instalado en su corazón y que no lograba sanar.
Dejó que poco a poco sus ojos se fueran acostumbrando a la luz, dejando a su vez que estos recorrieran de forma desesperada aquella estancia, deseando tropezarse con aquella silueta que tantas mañanas había deseado tener a su lado, pero una vez más no la encontraba. Por un momento su cuerpo deseó que ella aún estuviera ahí, deseó abrir sus ojos y encontrar la silueta de su espalda al otro lado de la cama, pero de nuevo sus sentimientos se estamparon de lleno contra la realidad, a la vez que los recuerdos volvían a azotar su mente.
Había tratado de olvidar aquel sentimiento, de olvidarla, pero ahí estaba, entre esas cuatro paredes, dentro de esa cama vacía, abrazada a sus propios brazos, recordando la noche anterior, extrañándola, extrañando su olor, su forma de sonreír. Nunca en toda su vida llegó a pensar que podría enamorarse, que acabaría tragándose sus propias palabras, pero sería una locura que siguiera negando algo que ya tenía una definición, algo que ya tenía dueño. Sin duda su mente ahora mismo estaba hecha un lío, contando incluso que tenía que lidiar con aquel incesante dolor de cabeza. Pero esa no era su única preocupación, lo ocurrido con su abuela aún estaba presente en su cabeza, aún sentía rabia por no haber logrado que su abuela la entendiera, pero le dolía aún más que ésta la acabara despreciando por el mero hecho de estar enamorada de una mujer.
Aún con sus sentimientos a flor de piel y su cabeza hecha un mar de dudas, tuvo que dejar a un lado esa parte de su cuerpo hecho trizas, para volver nuevamente al mundo real, aquel mundo al cual tenía que ponerle buena cara para que nadie viera o notara cuánto estaba sufriendo por dentro. Aquel acto se había convertido en algo rutinario, se había propuesto hacía un par de semanas intentar fingir su dolor o al menos intentar que los demás no lo notaran. Algunas veces aquella máscara funcionaba, pero únicamente para el ojo ajeno, las únicas que notaban aquella farsa eran Rachel y Marley, quien al fin, después de varias semanas insistiendo en que confiara en ella, supo la verdad. Hoy se había levantado con la idea de volver a ponerse aquella máscara, pero cuando trató de ponérsela su intento se deshizo en sus propias manos, era como si su propio cuerpo le estuviera diciendo que ya estaba arto de fingir, que fuera ella misma por una vez, que dejara de esconderse tras el miedo y que le plantara cara.
En medio de aquel intento por saber qué era lo que realmente quería decir su cuerpo, su teléfono volvió a sonar, esta vez de forma distinta y de una forma aún más corta, haciendo que ésta pegara un pequeño bote contra el colchón, asustándose, puesto que no se lo esperaba. Aún con los ojos medio abiertos, debido al sol, giró su cabeza hacia su lado derecho, justo donde se encontraba su teléfono encima de la mesita de noche. El aparato había dejado de sonar y ahora permanecía en silencio, aunque con la pantalla encendida. Se trataba de un mensaje. Aún con su cuerpo hecho pedazos y sintiendo dolor en cada resquicio de piel, hizo de trizas corazón, estirando su brazo todo lo que pudo hasta que sus dedos lograron alcanzar su móvil. Cuando al fin tuvo el aparato en sus manos y una vez que sus ojos se adaptaron a la claridad, pudo ver la pantalla, comprobando que tenía dos llamadas perdidas y un mensaje de su madre. Optó primero por leer el mensaje, en el cual decía que ya estaban en el avión de vuelta a Ohio, que había querido despedirse de ella, pero como ésta no le cogió el teléfono y como iban apuradas de tiempo no pudo hacerlo. También le pedía que tuviera paciencia con su abuela, que la comprendiera y que le diera tiempo para que ésta pudiera asimilar la noticia, pero que a pesar de todo iba a tratar de hacer que entrara en razón, de hacerle comprender que no había nada de malo en que una chica amara a otra chica. Finalizó el mensaje diciéndole que a ella no le importaba a quien amara, que ella seguiría apoyándola y queriéndola por como es y no por a quien ama. Aquellas últimas palabras provocaron en la morena una pequeña sonrisa amarga, puesto que a pesar de que aquellas palabras de su madre le alegraban, le dolía aún más que su abuela no pudiera ser como ella, así de comprensiva. A pesar de que le gustaría que todo fuera distinto, no podía hacer otra cosa más que hacer lo que le había dicho su madre, darle tiempo y tratar de poner todo de su parte para hacer que ésta al fin lo comprendiera.
Alejó el teléfono de su vista, dejándolo esta vez sobre el colchón, a tan solo un par de centímetros de ella, notando como aquella nueva comedura de cabeza no hizo otra cosa más que agudizar aquel dolor de cabeza que llevaba sintiendo desde que se despertó. Se llevó nuevamente las manos hacia ambos lados de las sienes, dándose otro pequeño masaje, aún sin poder dejar de pensar en todo lo ocurrido, sintiendo a su vez la necesidad de tomarse una aspirina y lograr así cesar al menos aquel incesante dolor. No pudo hacer otra cosa más que retener aquellos pensamientos y tratar de levantarse, pese a tener todo el cuerpo adolorido. Le costó dar los primeros pasos, su cuerpo aún no estaba del todo despierto y el dolor de cabeza que tenía tampoco le ayudaba mucho. Tuvo que apoyarse en las paredes para poder colocarse las zapatillas y una rebeca, puesto que el frío había comenzado a colarse debajo de su piel. Salió de su cuarto medio tambaleante dirigiéndose hacia el salón, encontrándose de frente, nada más llegar, a una Rachel cabizbaja desayunando en la mesa del salón en un completo silencio. El ambiente se sentía incómodo pero no quiso preguntar, sabía que la noche anterior había sido demasiado desgarradora para ambas, es por eso mismo por lo que optó simplemente por sentarse en una de las sillas que rodeaba la mesa, sorprendiéndola, pues ésta no la había escuchado llegar.
-¡Dios que susto! – dijo Rachel pegando un pequeño rebote en la misma silla, llevándose a su vez una mano al pecho, sujetando con la otra el trozo de pan de soja que estaba comiendo – Buenos días – agregó una vez que logró tranquilizar a su corazón de aquel susto, recorriendo con su mirada el destrozo en el que se encontraba Santana.
La morena ni siquiera pudo decir nada, simplemente apoyó los codos sobre la mesa, dándose nuevamente pequeños masajes en las sienes.
-Me da que para ti no son tan buenos – comentó Rachel tras aquel pequeño silencio, sin apartar sus ojos de la silueta de Santana - ¿resaca? – preguntó, teniendo como respuesta de ésta un simple movimiento de cabeza a modo de afirmación.
La castaña se la quedó mirando, sabía que todo aquello tenía que ver por su abuela y por Brittany, y en cierta manera se sentía mal por ella, le dolía que por una vez que ésta era sincera todo le saliera mal. Quería ayudarla, pero sabía que ahora mismo lo único que podía hacer era ayudarla con aquel dolor de cabeza, por eso mismo, antes de que ésta lo hiciera, y sin decir nada, se levantó de su silla, fue hasta la cocina y de entre los cajones buscó algo con lo cual hacer que se le pasara aquel dolor de cabeza. Acabó decantándose por un ibuprofeno, al menos aquello iba a hacerle más efecto. Con la pastilla en una mano y con un vaso de agua en la otra, volvió de nuevo al salón, dejando ambas cosas en la mesa, frente a Santana.
-Toma, esto te aliviará el dolor, pero antes come algo, es malo tomarse las pastillas con el estómago vacío – dijo tras dejar las cosas en la mesa, sentándose de nuevo en su sitio.
Santana, al escuchar aquello, levantó la cabeza topándose primero con el vaso y la pastilla, y luego con la mirada algo preocupada de Rachel al otro lado de la mesa. No hubo palabras de por medio, pero ambas supieron describir que era lo que sentían mutuamente en aquel momento, era algo que habían comenzado a aprender en el tiempo que llevaban viviendo juntas.
-¿Que tal anoche? – preguntó Rachel después de otro silencio en el que solo hubo miradas perdidas, en su mayoría llenas de dolor.
- ¿Me lo preguntas tú o te lo pregunto yo? – contestó Santana cogiendo a su vez un trozo de pan para llevárselo a la boca y poder así tomarse la pastilla. Sabía que aunque la castaña tratara de esconderlo, también fue una noche dolorosa para ella.
- Yo pregunté primero.
- ¿Prefieres la versión larga o la versión corta? Yo te diría que eligieras la corta porque si te soy sincera no tengo muchas ganas de hablar y mucho menos con este puñetero dolor de cabeza – soltó enterrando por unos segundos la cara entre sus manos, una vez que finalmente se tomó la pastilla.
- Quiero que me cuentes la versión que mejor defina como te sientes ahora y como te sentiste anoche.
- ¿De verdad? – preguntó una vez más, fijando sus ojos en los de ella.
- Sí – respondió afirmando con la cabeza.
- Ahora mismo me siento como si el destino se estuviera riendo de mí, cuanto más trato de olvidarla más profundos se vuelven estos sentimientos. Es como cuando te das cuenta de que tienes una mancha en uno de los cristales de tus gafas y ésta te impide ver con claridad, tú intentas limpiarla y, por mucho que frotas la mancha, ésta no se va, y lo único que haces es extenderla por todo el cristal ¿me explico? – preguntó haciendo una pequeña mueca con la boca sin apartar sus ojos de ella.
- Sí, te entiendo, tratas de olvidarla pero no puedes. Es como si la tuvieras incrustada en el pecho – hizo una breve pausa sin dejar de recorrer su silueta – ¿y anoche?
- ¿Anoche? – dejó escapar un pesado suspiro, intentando recordar la noche anterior, haciéndosele un poco difícil debido a las pequeñas lagunas que tenía por culpa del alcohol – anoche necesitaba desconectar de todo, es por eso por lo que recurrí al alcohol, pero de nada me sirvió.
- ¿A qué te refieres con que de nada te sirvió?
- Tal y como suena, para lo único que sirvió fui para que Marley supiera la verdad y para nada más. Me he dado cuenta de que esto que siento es algo que ni el tiempo ni una borrachera puede borrar tan fácilmente y muy en el fondo tengo miedo de que este dolor vaya en aumento. Tengo miedo de que Brittany acabe casándose y que yo siga estancada en el mismo lugar y hecha una mierda. Tengo miedo de que ella siga su vida y que yo no pueda olvidarla – su mirada se quedó clavada en la nada, sintiendo cada vez más profundo aquel dolor, mientras que Rachel no pudo hacer otra cosa más que coger su mano y acariciarla.
- Q-Quizás lo que tú sientes por Brittany es…no sé, ¿un amor platónico? ya sabes, un amor inalcanzable que te acompaña a todas partes, pero que no puedes tener.
- Sé a lo que te refieres, pero… - dejó escapar un suspiro – el amor platónico es un amor bonito que pasa y que no duele. Te aseguro que esto es mucho más que eso, es un amor bonito que duele, un amor que te lleva al mismo borde de la locura. Porque quererla se ha convertido en eso, en un acto suicida. Pero aún así, aunque duele, sé que si la pierdo, incluso como amiga, desaparecerá con ella mi felicidad.
- Santana… - la llamó intentando hacer que ésta la mirara – sé que posiblemente ahora no estás pensando en ello pero…un clavo saca a otro clavo y quizás…no sé, quizás el conocer a otra persona puede que te ayude a olvidarte de Brittany. Tan solo tienes que querer.
- No es tan fácil, te juro que si lo fuera la olvidaba en cuestión de segundos, pero no lo es – dijo apartando nuevamente sus ojos de los de Rachel a la vez que negaba con la cabeza.
- Lo sé, nadie ha dicho que lo sea, solo tienes que intentarlo.
- Y sí… - comenzó a decir después de un breve silencio, dejando tras de sí un largo suspiro – …¿y si en el fondo no quiero olvidarla? – aquella pregunta quebró su voz, y aunque le dolía aceptarlo así era como se sentía.
- Santana, hay una frase que siempre me repite mi padre y quiero que tu también lo sepas, "por mucho que se quiera y por mucho que duela, en el corazón no se manda, pero un poco de ayuda nunca viene en falta". Con esto no te estoy queriendo decir que la vayas a olvidar tan fácilmente, es solo que si te permites conocer a otras personas quizás te sea menos doloroso olvidarla.
- Lo sé pero…no quiero estar en una relación en la que no pueda dar todo de mí, en la que arrastre a la otra persona a vivir una mentira mientras yo aún sigo confusa, mientras yo aún no puedo olvidarla. Sé lo que se siente hacer daño a alguien que ha estado por mucho tiempo a tu lado y no quiero volver a repetirlo. No quiero que otra persona vuelva a pasar por ese mismo sufrimiento.
De nuevo el silencio brotó en aquella estancia, Santana sabía que Rachel quería ayudarla pero aquello no era tan fácil, era como si le estuviera pidiendo que se arrancara la piel a tiras. Rachel por su parte no podía quitar sus ojos de ella, quería ayudarla, costase lo que costase. Le dolía verla sufrir, pues en el fondo la entendía. Ella también pasó por una etapa parecida cuando se enamoró de Finn, aunque en el fondo, aquel dolor que describió Santana se asemejaba más al dolor que sintió cuando perdió la amistad de Quinn, y aquello era lo que más le extrañaba.
-Bueno, dejemos de hablar de mí ¿Qué tal tú? ¿Qué tal tu noche? – preguntó después de un largo silencio, mientras le daba vueltas al vaso de agua que previamente le había traído Rachel.
- Después de que te fueras me quedé un rato viendo la tele, pero ya sabes, Quinn me tenía preocupada y ni mis pensamientos, ni siquiera mis sentidos estaban centrados en la televisión – comentó centrando también su mirada en el vaso al cual Santana daba vueltas – Tenía miedo – dijo a modo de arrebato después de un breve silencio.
- ¿miedo? – preguntó Santana sin entender nada.
- Sí, miedo de que le ocurriera algo parecido a la otra vez, pero también miedo de volver a perderla ahora que la tengo un poquito más cerca.
- ¿Te refieres a lo de Sam? – volvió a preguntar con cierta duda.
- Sí, tengo miedo de que se sepa la verdad, de que Quinn no llegue a entenderme o aún peor, que Quinn se entere y que Sam le haga daño. Con lo que hizo ayer me da que pensar y no quiero que Quinn se vuelva a acercar a él, no quiero que le vuelva a poner la mano encima. Prefiero que me odie a que le hagan daño, no puedo verla llorar, no quiero – dijo entre dientes, recordando el estado en el que llegó la rubia la noche anterior.
- Te prometo que no le va a pasar nada, para eso estamos nosotras aquí – esta vez fue Santana quien la agarró de la mano intentando calmarla – se nota que te importa – agregó sin poder dejar de mirarla a la vez que recordaba las últimas palabras que ésta había dicho.
- Sí, es mi mejor amiga o al menos…lo era – respondió fijando esta vez su mirada en la nada, haciendo que de nuevo el silencio inundara aquella estancia, cosa que no pasó desapercibido para Santana.
Rachel parecía que no se daba cuenta, pero aquellas palabras tenían un significado aún mayor de lo que la propia Rachel podría llegar a pensar. Sus propios actos hablaban por si solos, el hecho de ocultarle la verdad a Quinn para no hacerle daño, para no perderla; el hecho de preferir salir herida a que lo hiciera ella…, aquellos actos gritaban algo más y Santana empezaba a dudar. ¿Rachel estaba siendo totalmente sincera? ¿Aquellos actos eran actos de amistad o actos de amor? ¿Rachel podría estar confundiendo sus sentimientos? Aquellas preguntas no paraban de rondar por su cabeza, y en cierta manera necesitaba aclarar aquellas dudas, pero tenía que darse algo más de tiempo para no actuar de manera precipitada, para no asustar a Rachel, es por eso por lo que decidió callarse y esperar un poco más.
-¿Al final donde has dormido? ¿en el sofá? – preguntó intentando volver a retomar la conversación, esta vez cambiando de tema.
- No, cuando me aseguré de que estaba bien me puse a escribir un rato y acabé quedándome dormida sobre el escritorio – aclaró mostrando una pequeña sonrisa vergonzosa, provocando que Santana riera a la par – por suerte hace como media hora escuché un ruido en el salón que me despertó y pude irme antes de que Quinn despertara – agregó.
- ¿Un ruido? – Santana no entendía nada puesto que ella no había oído nada, aunque ahora que lo pensaba era normal que no hubiera escuchado nada sabiendo la resaca que tenía y lo que le costó escuchar su teléfono móvil esa misma mañana.
- Sí, al principio pensaba que podía haber sido Barbra, pero lo volví a escuchar una segunda vez de una manera aún más ruidosa y ahí fue cuando me di cuenta de que no era ella – explicó de manera pausada, recordando lo sucedido, dejando a la morena cada vez más extrañada.
- ¿Saliste para saber quién era?
- Sí, ya que la segunda opción que se me pasó por la cabeza era de que posiblemente fuera un ladrón o tú, por eso mismo cogí uno de los paraguas que tenía en mi habitación para utilizarlo a modo de arma – comentó haciendo el gesto de cómo si tuviera algo en las manos – pero cuando llegué al salón me quedé totalmente de piedra – agregó fijando su mirada en la de Santana.
- ¿A qué te refieres con que te quedaste de piedra? – preguntó sintiéndose cada vez más impaciente.
- Pues que a quien me encontré en el salón no fue ni a Barbra, ni a ti, ni a un ladrón, sino a…Brittany – aquellas palabras dejaron a Santana sin palabras, porque aquello significaba que a diferencia de lo que pensaba, Brittany había pasado la noche allí, junto a ella.
- ¿B-Brittany? – pronunció Santana casi balbuceando, aún en una especie de estado de shock mientras intentaba recordar la noche anterior, cosa que le era imposible por culpa de aquellas lagunas que dejó el alcohol en su memoria.
- Sí, Brittany, y justo fue esa cara la que puse cuando la vi – comentó mientras la señalaba.
- P-Pensé que se había ido al rato de dejarme en casa – Santana aún seguía confusa y le era difícil procesar aquellas palabras.
- Tú al menos lo sabías, yo me llevé el susto más grande de mi vida – sentenció Rachel llevándose una mano al pecho, recordando lo sucedido.
- ¿Te dijo algo? – preguntó teniendo una pequeña esperanza de que Brittany hubiera dicho algo sobre ella.
- No…b-bueno si, comentó algo pero apenas lo recuerdo ya que estaba recién levantada y con el susto aún metido en el cuerpo. Lo único que recuerdo ahora mismo es que me dijo que sentía mucho haberme despertado, que sin querer se quedó dormida y cuando se quiso dar cuenta ya era muy tarde, de ahí que saliera con tantas prisas – aclaró.
- ¿Y no te dijo nada más? – sus esperanzas se desquebrajaron tras oír aquellas palabras.
- Que yo sepa no… - dio una pequeña pausa, llevando su mirada hacia la nada, intentando recordar, pues sabía que aquello era importante para Santana – ¡Espera! – dijo al fin recordando algo, volviendo a centrar su mirada en la de la morena – Sí que dijo algo más. Me pidió que te pidiera perdón por no poder despedirse de ti, pero tenía prisa, Artie la estaba esperando y no quería despertarte, pues sabía que pasaste mala noche – aquellas últimas palabras apenas arreglaron el daño.
Por un momento Santana deseó que Brittany le hubiera dado esperanzas, que le hubiera dicho algo a lo que poder agarrarse y asegurarle de que no se iba a estampar contra el suelo, pero no fue así. Tenía que empezar a ver con claridad, tenía que empezar a darse cuenta de que agarrarse a un clavo ardiendo no le causaba más que simple dolor. Quizás debería de recapacitar en la propuesta que le dijo Rachel, intentar encontrar a alguien más para lograr sacarla de aquella prisión en la que se había convertido su cuerpo. Tal vez…tal vez esa era la solución.
Sentía la pesadez de su cuerpo sobre sus hombros junto con el cansancio acumulado de una noche "extraña". Era cierto que había dormido algo pero tan solo fueron un par de horas, cuando sus ojos no pudieron más con su propio peso. La noche anterior la había pasado allí, junto a ella, junto a Santana. Al principio la acompañó hasta su casa con el único propósito de aclarar sus dudas y de evitar que nadie le hiciera nada, pero una vez que llegó a su casa y estando la morena en el estado en el que se encontraba sintió la necesidad de no dejarla sola. Era como si su propio cuerpo le estuviera gritando no te vayas. Las palabras de Santana le dolieron, le dolieron en el sentido de que se odiaba a sí misma. Su cuerpo había entrado en una especie de espiral de dudas y ya no lograba entender nada. Se odiaba por haber intentado besarla cuando aún no podía descifrar sus propios sentimientos, pero se odiaba aún más porque había estado a punto de haberle hecho aún más daño a Santana. Aquel beso podría haberle dado esperanzas que quizás nunca iba tener y estaba segura de que no se lo perdonaría jamás si Santana la llegara a odiar. Pero también el hecho de que si ese beso se hubiera producido quizás le hubiera ayudado a aclarar esas dudas que llevaba tiempo sintiendo hacia Santana. Quizás le hubiera ayudado a explicar aquella extraña sensación que se instalaba en su cuerpo cada vez que ésta se acercaba a ella, o como cuando la besó, aquella sensación de que pareciera que le faltaba el aire. Pero no quería arriesgarlo todo, no quería arriesgar una mísera posibilidad cuando estaba a punto de casarse. Aunque era cierto que después de todo lo que había ocurrido con Artie sus deseos de casarse habían comenzado a desaparecer y aquellas dudas sobre Santana habían incrementado esa imposibilidad de entender sus sentimientos, era como si estos estuvieran escritos en braille. Simplemente no los entendía. Aquella noche le sirvió para darse cuenta de que necesitaba desconectar de todo, de darse un tiempo para ella misma y pensar con claridad para poder lograr así entender sus sentimientos. Necesitaba encontrar el ojo de aquel huracán para poder parar a tiempo su destrucción.
Acababa de llegar a casa. Lord Tubbington fue el primero en recibirla con pequeños maullidos, seguido de algún que otro roce contra sus piernas, dándole así la bienvenida a casa, a una casa silenciosa. Siempre había escuchado que el hogar era donde se encontraba el corazón, pero aquello a lo que llamaba casa ya no se sentía su hogar. Ahora se sentía perdida entre esas paredes, ya ni siquiera lograba reconocerse entre las fotos que había colgadas en ellas, era como si estuviera viendo la vida de otra persona, como si todo por lo que antes había soñado y logrado tener, ahora ya no significaba nada y en el fondo le dolía sentirse así. Le dolía porque se sentía culpable de poder estar jugando con los sentimientos de Santana, con los de Artie e incluso con los suyos propios.
Dejó sus llaves dentro del bol que tenía en la entrada, junto a las demás llaves, entrando luego poco a poco al salón, como si de un cuerpo sin vida se tratase, mientras se quitaba el abrigo. En cuanto se deshizo de él no pudo evitar llevarse las manos a la cabeza, haciendo que su pelo se colara entre medias de sus dedos, dejando escapar tras de sí un suspiro ahogado. No podía dejar de pensar en todo lo sucedido, en sus dudas. Poco a poco deshizo el enredo de sus dedos entre su pelo, para luego colocar sus manos robre el respaldar de la silla en la que había dejado su abrigo, mientras que agachaba la cabeza y cerraba sus ojos, apretándolos, volviendo a dejar escapar otro suspiro. Se sentía la peor persona del mundo.
-¿Se puede saber dónde has estado? ¿y qué son estas horas de llegar? – escuchó de la nada, notando la seriedad en su voz.
Artie acababa de llegar en el peor momento, cuando aún se sentía un desastre y las palabras seguían sin tener sentido. Su voz no hizo más que hacerle más daño. No sabía cómo iba a afrontar aquella situación. Necesitaba un par de segundos más para poder mirarle a los ojos y evitar así que las lágrimas, que estaban comenzando a formarse, cedieran.
-¿Me vas a contestar? – insistió el castaño elevando la voz, haciéndoselo aún más difícil.
A Brittany no le quedó otra que dejar escapar otro suspiro y apretar aún más sus ojos, evitando de esta manera que sus sentimientos aflorasen al exterior. Tomó una bocanada de aire, notando como éste inundaba sus pulmones, mientras levantaba la cabeza e intentaba animarse diciéndose mentalmente para sí que iba a poder con aquella situación. Tenía que hacerlo por ella, por el bien de todos. Tenía que empezar a dejar de fingir que no pasaba nada, que todo estaba bien, porque nada estaba bien, ni si quiera su relación con Artie, la cual llevaba tiempo cojeando. Tenía que empezar a ser sincera.
- He estado ayudando a una amiga – dijo al fin quebrándosele la voz, alejando sus manos de la silla, evitando cualquier contacto visual con Artie, moviéndose esta vez hasta el sofá siendo perseguida tanto por Artie como por Lord Tubbington.
- ¿Tan mal estaba tu amiga que no tuviste tiempo ni para avisarme aunque fuera con un solo mensaje? – en su voz se podía notar su enfado, el dolor de una noche en vela.
Aquella noche Artie quiso darle una sorpresa llegando un poco antes de lo habitual, pues aunque le había avisado de que iba a llegar tarde, sabía que Brittany estaba enfadada con él porque la obra le había estado acaparando todo el tiempo libre que tenía y quería recompensárselo, pero cuando llegó a casa ella no estaba. Le resultó raro puesto que ella le había dicho que iba a estar allí, que no la despertara cuando llegara. Pero su mayor sorpresa fue que ni si quiera llegó a pasar la noche allí, ni si quiera recibió un mensaje de ella avisando de su ausencia.
- … - Brittany no dijo nada, no podía hablar. Sus palabras le dolían, sonaban egoístas, como si sus sentimientos no importaran, como si él fuera el único que sufría.
- Llevas unos días actuando muy rara, cada vez que me acerco a ti no quieres que te toque; saltas por cualquier cosa. Entiendo que estés molesta porque apenas tengo tiempo libre, pero tampoco creo que sea para tanto como para que te lo tomes de esa manera, para que no quieras avisarme y pases la noche a saber dónde – dijo dando pequeñas vueltas sobre su silla, aún sentía como la sangre le ardía.
- Artie, por favor… - se llevó nuevamente las manos hacia su rostro. No soportaba sus palabras, dolían.
- No, ¡escúchame! – elevó la voz, acercándose a ella mientras intentaba hacer que ésta la mirara a los ojos, agarrándola por las muñecas.
- ¡No Artie! – gritó, deshaciéndose de su agarre - escúchame a mí ¿Crees no es para tanto? ¿lo dices tú que solo has pasado una noche en vela? – no pudo retener más sus sentimientos, sus ojos estaban al borde del llanto y Artie había sobrepasado la línea. La herida ya había comenzado a sangrar - Yo he estado al igual que tú, así, durante un mes. Ha habido noches en las que no me he despegado del teléfono pensando que en cualquier momento me llamarías o me llegaría un mensaje tuyo diciendo que aunque estabas ocupado querías oírme o simplemente hablar conmigo porque me echabas de menos. Pero esa llamada o ese mensaje nunca llegó, solo me llamabas cuando se trataba del trabajo, para que te llevara algo que se te había olvidado o para avisarme de que no ibas a llegar – las lágrimas pudieron con ella y éstas comenzaron a rodar por sus mejillas, pero aún así se atrevió a mirarle a los ojos. Artie le estaba dando a entender que no le importaba sus sentimientos, parecía como si solo le importara lo que él sintiera – ¿Y sabes? Aunque me duele en el alma decir esto, al menos he pasado la noche con alguien que de verdad me necesitaba, con alguien a quien de verdad le importo, porque tú no me lo has demostrado – sentenció negando con la cabeza mientras intentaba enjugarse las lágrimas.
(Recomiendo escuchar de fondo la canción "Lying to you" de Keaton Helson)
Aquellas palabras no pudieron evitar volver a recordarle aquella imagen de una Santana destrozada deshaciéndose en sus propios brazos, justo después de pronunciar aquellas palabras que tanto le removieron por dentro. Aunque tratara de fingirlo, Santana era de esas personas que se entregaban por completo, de esas que sufrían más que nadie pero de las que se lo callaban para dentro. Sabía que su presencia posiblemente le estaba haciendo daño, pero no pudo dejarla sola.
Tras aquella confesión y tras aquel fallido arrebato, no pudo apartar su vista de ella en toda la noche. La acompañó en silencio mientras enjugaba sus lágrimas; acurrucándose a su lado; cediéndole parte de su calor; entrelazando sus dedos entre su pelo; viendo como poco a poco su respirar dejaba de sentirse acelerado para volverse cada vez más pausado. El alcohol había hecho demasiado efecto en ella y tras romperse, acabó quedándose dormida entre sus brazos. Por primera vez sintió lo que era verla dormir a su lado y en cierta manera se sintió bien, como si realmente ese fuera su lugar, pero Artie aún seguía en su cabeza. Seguía dolida por todo lo ocurrido, aunque era cierto que por un momento Santana le hizo olvidarse de todas sus preocupaciones, aún tenía que poner cada cosa en su lugar pero sobretodo aclarar sus dudas y solo había una manera de hacerlo.
- Artie, te quiero – dijo una vez que dejó atrás aquellos recuerdos - De verdad que te quiero, pero he llegado a un punto en el que te actitud me hace daño y aunque sé que te quiero, no sé si está bien que siga con esto, que siga engañándome – fue sincera por primera vez. Sabía que iba a ser difícil, pero tenía que hacerlo, ya no lo soportaba más.
- No me puedo creer lo que me estás diciendo, suena como sí... – comenzó a decir entre dientes, dejando escapar una pequeña sonrisa a modo de incredulidad. Le dolía y a la vez le cabreaba lo que le estaba diciendo Brittany.
- ¿Cómo si qué? – le cortó de inmediato. A ella también le dolía como sonaban aquellas palabras.
- Como si estuvieras a punto de dejarme. Y no me digas que no porque te conozco y tu cara lo dice todo – clavó su mirada en ella, entrecerrando los ojos, intentando controlar sus sentimientos.
- Artie… - su voz se quebró, no podía decir nada pues éste la estaba leyendo casi a la perfección.
- Estoy en lo cierto ¿verdad? – sus ojos se volvieron rojizos, le dolía.
- Te quiero pero…- dijo tras dejar escapar un pesado suspiro - …no puedo más, esto solo nos causa dolor a los dos y creo que quizás lo mejor sea darnos un poco de tiempo para pensar, para decidir si seguir con esto nos va a hacer bien o nos va a hacer mal – las lágrimas seguían cayendo, algunas acababan estampadas en sus manos, otras en su pantalón.
- ¿Hay alguien más? – aquella preguntó pilló a Brittany desprevenida, provocando que tuviera que apartar su vista a modo de salvavidas.
- … - ésta no dijo nada ni siquiera pudo negarlo, pero tampoco podía decir que sí porque aún no entendía sus sentimientos, aún no sabía describir qué era lo que sentía por Santana. Lo que no sabía Brittany era que aquel silencio le acaba de dar a Artie su respuesta.
- Con eso lo has dejado claro – dijo después de soltar una pequeña risa incrédula. Estaba intentando fingir su dolor.
- No Artie, el hecho de que haya alguien más o no, no tiene nada que ver con que esto no esté funcionando – se atrevió a mirarlo, sintiendo como si el corazón se le estuviera resbalando de entre las manos.
- Sí que tiene ver, porque tus sentimientos están confusos y el hecho de que exista otra persona que te pueda dar lo que yo no puedo darte es una de las principales causas de que esto no funcione – parecía que solo Artie se daba cuenta de sus actos y de sus propios sentimientos, pues Brittany aún no lo había logrado.
- Artie, lo que te he dicho no es porque quiera dejarte o porque exista alguien más, es solo que necesito un poco de tiempo para poder aclarar mis dudas – esta vez fue ella quien buscó sus manos.
- Brittany ¿no te das cuenta de que si tienes dudas es porque realmente no me quieres lo suficiente como para quedarte? – fue su turno de esquivar sus manos – A mí sí que me duele decirte esto, aún más cuando estamos a dos meses de la boda, pero no voy a ser yo quien rompa esto. Solo te pido que cuando te saques esas dudas que tanto te impide estar conmigo y tomes una decisión, no te equivoques porque yo no te voy a esperar dos veces – dijo a modo de rabia, apretando los dientes mientras la apuntaba con el dedo índice.
- Artie – volvió a pronunciar su nombre con la voz totalmente quebrada, debido a las lágrimas que no dejaban de rodar por sus mejillas.
- Háblame cuando finalmente te hayas decidido – la interrumpió. No quería escucharla más, le dolía y por eso mismo decidió marcharse de allí dejándola completamente sola.
Brittany se quedó con las palabras colgando de su boca y con el corazón hecho un puño. Le dolieron las palabras de Artie, le dolieron en el sentido de que quizás tenía razón, si tantas dudas tenía era porque tal vez no lo quería tal y como lo quiso en su momento. Tal vez aquel beso y aquella confesión de Santana habían sido los causantes de que ya no sintiera lo mismo por Artie, pero fue también el cambio de actitud de él el que removió aún más sus sentimientos, dejándola completamente a la deriva, sintiéndose perdida. Y aunque le dolía, necesitaba estar sola, alejarse tanto de Artie como de Santana para lograr poner en orden a sus sentimientos, pues sabía que de una manera u otra acabaría perdiendo a uno de los dos y eso era lo que más miedo le daba.
Depositó sus llaves encima de la mesa, dejando a su vez que sus ojos contemplaran aquel desastre en el que se había convertido su casa. Todo estaba completamente desordenado, parecía como si un huracán hubiera entrado y hubiera desatado toda su locura allí. Dejó su abrigo encima del reposacabezas del sofá, dejando que su mirada se centrara aún más en aquel desorden. Había algún que otro papel esparcido por la mesita de café que había en el salón. Los cojines del sofá estaban tirados por el suelo junto con alguna que otra ropa suya. El suelo parecía estar manchado y algo pegajoso. ¿El motivo? Una botella de whisky que compraron el año pasado para algún momento especial y que al parecer Sam decidió que la noche anterior fuera aquel momento. Ésta, ya vacía, yacía tumbada sobre una de las estanterías del mueble que adornaba el salón, dejando que alguna que otra gota sobrante cayera al suelo, de ahí la viscosidad de éste.
Quinn no daba crédito a lo que sus ojos veían, ni ella ni Rachel ni Santana; quienes decidieron acompañarla a casa, una vez que ésta se despertó, para recoger algunas de sus pertenencias. No querían que fuera sola por temor a lo que Sam pudiera hacerle. Parecía como si éste se hubiera vuelto loco y ya no fuera dueño de sus actos. Por suerte cuando llegaron no tuvieron que ver con sus propios ojos su estado actual, puesto que la casa estaba completamente vacía.
-¿Qué es esto? – dijo Quinn apenas murmurando, sosteniendo entre sus manos algunas de las prendas que había rociadas por el suelo.
- ¡Oh dios mío! – exclamaron a la vez Rachel y Santana tras ver aquel desastre.
- No me puedo creer que él haya hecho esto – comentó la rubia mirándolo todo con aún más detenimiento.
Rachel y Santana se miraron a su vez, sabían que aquello había llegado demasiado lejos y que podía ser difícil para Quinn pero debían de darse prisa.
-Quinn – la llamó Santana, posando una de sus manos sobre su hombro – sé que esto es difícil de digerir pero debemos darnos prisa y recoger tus cosas antes de que llegue Sam – sabía que si el rubio llegaba mientras ellas aún seguían allí, aquello iba a ser aún más doloroso para ella.
- Sí, tienes razón – dijo mirando por última vez aquellas prendas, volviéndolas a dejar donde estaban.
- ¿Vamos? – preguntó Santana acariciando el hombro de la rubia bajo la atenta mirada de Rachel.
- Vamos – respondió Quinn posando su mano sobre la de la morena, regalándole una pequeña mueca en forma de sonrisa.
Quinn, seguida por Rachel y Santana, emprendió el camino hacia su habitación para empacar toda su ropa. Necesitaba hacerlo porque no estaba segura de si iba a poder perdonar a Sam después de lo que éste trató de hacerle. Le dolía que alguien con quien había compartido parte de su vida y de su día a día durante dos años, que alguien de quien estaba enamorada ahora pareciera otra persona completamente distinta. Pero aún así lo que más sentía era miedo, miedo de que Sam pudiera ser capaz de hacerle daño, de agredirla tal y como lo hizo con Rachel.
Cuando llegó a su habitación pudo comprobar que el panorama no era muy diferente a lo que había encontrado en el salón. A simple vista parecía como si Sam hubiera desatado su ira con todas sus pertenencias, puesto que su parte del armario estaba completamente vacío y su ropa esparcida por la cama y el suelo. Al acercarse a ellas pudo apreciar con mayor nitidez como alguna que otra prenda estaba rota, incluido aquel precioso vestido que él le regaló el día de su aniversario. Ver sus pertenencias de aquella manera le dolían, pero lo que más le dolió fue al levantar su vista y descubrir que en una de las estanterías donde guardaba todos sus álbumes junto con sus fotos más preciadas, había desaparecido aquel último álbum previo a su enemistad con Rachel, aquel álbum que guardaba sus recuerdos más dolorosos y a la vez más preciados.
-¿Dónde está? – volvió a murmurar apenas sin voz, acercándose a la estantería de manera nerviosa, contando uno por uno los álbumes que había.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Santana al ver el estado en el que se encontraba la rubia.
- No está – dijo Quinn sin especificar, aún sin apartar su vista de los demás álbumes.
- ¿El qué no está? – Santana no entendía nada.
- Mi último álbum de fotos – contestó dándole aún la espalda a la morena.
Mientras que Quinn trataba de explicarle a Santana que era lo que buscaba, Rachel decidió investigar por su propia cuenta para intentar dar con ello. Decidió buscar por la cama, debajo de algunas de las prendas que había tiradas en ella. De repente, al acercarse al lado izquierdo de la cama, sintió como un pequeño olor a papel quemado inundaba su nariz, provocando que se temiera lo peor.
-Quinn, s-será mejor q-que vengas aquí – dijo Rachel casi balbuceando, sin apartar su vista de aquel lugar.
La rubia al oír a la castaña rápidamente fue hacia donde ésta se encontraba, descubriendo con sus propios ojos qué era lo que había sorprendido tanto a Rachel. Nada más fijar sus ojos en aquel lugar, su cuerpo entró en un pequeño estado de pánico. Las fotos que con tanto recelo había guardado durante todo este tiempo ahora se encontraban tiradas por el suelo y completamente destruidas. Habían sido quemadas, destruidas a conciencia. Parecía como si Sam lo hubiera hecho simplemente para hacer daño, como si ese fuera su castigo por haberlo rechazado.
-No puede ser verdad – dijo quebrándosele la voz a la vez que el dolor se apegaba a su cuerpo, acabando de rodillas frente a lo que quedaba de sus fotos – eran los últimos recuerdos que tenía – murmuró sintiendo como sus ojos comenzaban a empañarse.
- Que hijo de… – comentó Santana una vez que se acercó y lo vio todo. Rachel por su parte no dijo nada, simplemente se la quedó mirando, le dolía ver a la rubia en aquel estado.
Quinn, como pudo trató de coger algunas de las fotos que se habían salvado, aunque por desgracia todas estaban marcadas por el fuego, solo que algunas tuvieron algo más de suerte que otras. Sus ojos no dejaban de divagar entre todas las fotos, recordando los momentos exactos en las que fueron tomadas cada una, provocando que sus ojos no pudieran retener más aquellas lágrimas. Aún con sus ojos empañados, sintiendo como las lágrimas rodaban por sus mejillas, continuó recogiendo una a una cada foto hasta que se topó con LA FOTO. Aquella con la que tantas veces había deseado poder deshacerse, pero ahora, sin saber porqué, la necesitaba al completo. En ella aparecía abrazada junto a Rachel en su fiesta de cumpleaños. Fue su última foto juntas y ahora estaba prácticamente convertida en cenizas.
Rachel, quien se había mantenido todo ese tiempo callada observándola, centró también su mirada en aquella foto, provocando que miles de recuerdos inundaran su mente. Los recuerdos eran dolorosos, se habían convertido en un pasado muy lejano, en un pasado que no sabía si iba a volver a recuperar. Volvió a centrar su mirada en ella, en aquellos ojos envueltos en lágrimas y por alguna razón se sintió culpable de todo aquello. Si hubiera sido lo suficientemente valiente como para enfrentarse a Sam, para no dejarse engañar. Si hubiera sido lo suficientemente tenaz y no se hubiera rendido a la hora de contarle la verdad a Quinn, quizás todo aquello no hubiera ocurrido. Quizás Quinn no hubiera conocido a Sam, no hubiera pasado por lo que pasó la noche anterior, pero no podía volver a reescribir el pasado y esa era la mayor carga que llevaba arrastrando desde hacía ya dos años. Tal vez el hecho de haber perdido su amistad fuese su castigo por no haber hecho las cosas bien desde un principio, tal vez se lo merecía.
-Lo siento – dijo en voz baja, colocando su mano sobre la de la rubia, acariciándola.
Quinn se sorprendió un poco ante tal afecto, llevando su mirada hacia la de la castaña, enjugándose las lágrimas al mismo tiempo.
-No es tu culpa – respondió regalándole una pequeña sonrisa algo forzada, devolviendo nuevamente su mirada hacia las fotos.
"Sí que lo es", pensó para sí Rachel aún sin poder apartar su mirada de la silueta de la rubia. Sentía el corazón pesado.
-Siento interrumpir de nuevo, pero… - comenzó a decir Santana una vez que el silencio se apoderó de ambos cuerpos.
- Lo sé, debemos darnos prisa. Será mejor de esa manera, así no tendré que verle – interrumpió Quinn enjugándose las últimas lágrimas, poniéndose de pie, sosteniendo entre sus manos las únicas fotos que se habían salvado.
Por suerte entre las tres no tardaron mucho en recoger sus pertenencias, contando sobretodo con que la mayoría de sus cosas fueron previamente destrozadas por Sam, por lo que pocas sobrevivieron. Estaban a punto de cruzar la puerta, de vuelta al piso de Santana, cuando vieron y escucharon como ésta se abría ante ellas, trayendo consigo la peor de sus pesadillas.
Sam acababa de llegar a casa, tropezándose con sus propios pies al entrar en ella. Al parecer había seguido bebiendo una vez que dejó el domicilio, de ahí su torpeza al andar. Cuando al fin logró mantener el equilibrio, apoyándose en las paredes del pasillo, fue cuando sus ojos pudieron darse cuenta de la presencia de las tres.
-¿Q-Qué esstáis haccciendo aq-quí? – apenas se le podía entender, ya que el alcohol que tenía metido en el cuerpo le impedía vocalizar con normalidad.
- Nada, ya nos íbamos – respondió Santana de manera cortante, cogiendo a Quinn de la muñeca e intentando continuar la marcha.
- No, n-no – esta vez se colocó delante de ella, impidiéndoles el paso – t-tu y yo tennemos que habllar, me ddebes algo que n-no quisisste darme annoche – dijo posando si mirada en Quinn, señalándola a su vez con el dedo índice.
- De eso nada, ni se te ocurra tocarla – soltó Rachel de manera desafiante colocándose al lado de Santana, dejando a Quinn en un segundo plano detrás de ellas.
En ese momento Sam se echó a reír, como si Rachel hubiera contado el chiste más gracioso que jamás había escuchado.
-¿Y quiénn me l-lo va a immpedir, tú? – preguntó para luego volver a echarse a reír – si nno fuisste capaz de d-detennerme en su m-momento no lo vass a connseguir ahora – dijo sin apartar sus ojos de la castaña, manteniendo aún la sonrisa en su boca.
- En su momento fui cobarde pero no voy a permitir que lo vuelvas a hacer – dio un pequeño paso hacia adelante, encarando la situación.
- Si tte hubiera lleegado a pegar d-de verdad enn aquel momennto ahora no esstarías tan su-subidita – en un descuido de Rachel éste aprovechó para agarrarla por las muñecas, acentuando su presión en ellas.
La castaña intentó deshacerse de su agarre pero le fue imposible.
- Suéltame, me estás haciendo daño – dijo después de varios forcejeos.
- No, nno te vasss a ir tan r-rápido – la trajo hacia sí, dejando que tan solo los separara aquel tufo a alcohol que desprendía la boca de Sam.
Rachel tuvo que apartar su cabeza hacia un lado, no era simplemente el olor lo que le desagradaba sino también la actitud de Sam.
- Te ha dicho que la sueltes – esta vez fue Santana quien intervino, empujando a su vez al rubio para que éste la soltara.
- No, pr-primero tengo que pponer en su sittio a esta…
- ¡Suéltala!
El grito de Quinn hizo que todos se la quedaran mirando excepto Rachel, quien simplemente optó por agachar la cabeza. Sam aún la tenía agarrada por las muñecas.
- Suéltala, no me hagas repetírtelo más veces – se acercó lentamente hasta donde se encontraban Sam y Rachel, haciendo que a medida que ésta se acercaba el rubio ejerciera cada vez menos presión en las muñecas de la castaña.
- ¿La esstás deffendiendo? – dijo Sam liberando a Rachel de su agarre de manera brusca, no sin antes dirigirle a ésta una mirada en la que se podía leer todo su odio.
- Sí – la voz le temblaba; pero eso no le impidió plantarle cara, colocándose delante de Rachel.
Aunque había actuado de manera valiente, aún se sentía afligida por todo lo que estaba viendo y por lo que había vivido en sus propias carnes. Era como si Sam hubiera dejado de ser quien era y se hubiera transformado en algo parecido a un monstruo. Ya no sabía cómo actuar ante él, sólo sentía la necesidad de proteger a Rachel, de ahí el motivo de su intervención. No se hubiera podido perdonar que Sam hubiera agredido a la castaña delante de sus ojos, no después de todo lo que ésta había hecho por ella.
- ¿Desspués de t-ttodo lo que te ha heecho la vaas a deffender? – Sam se rió de forma incrédula ante tal acto, clavando su mirada en la de Quinn.
- Sí, porque ella me ha demostrado que no todo es como yo creía. En cierta manera me ha abierto los ojos.
Aquellas palabras provocaron cierto revuelo en el corazón de Rachel, haciendo que finalmente levantara la mirada, fijando sus ojos en la silueta de la rubia. De alguna manera, gracias a aquellas palabras, había vuelto a ver a aquella Quinn que por mucho tiempo había echado de menos. Era como si realmente fuera ella, como si todo hubiera vuelto a la normalidad y en cierta manera aquello provocó que sus ojos se empañaran. ¿Era ella de verdad? ¿lo había oído bien?
-¿No mme digas que sse lo has con-ntado todo? – rió de forma sarcástica – ningún ssecreto esstá a sallvo de Rachel BBerry – agregó dando un paso hacia adelante, volviendo a plantarle cara a la morena aún y cuando ésta se encontraba detrás de Quinn.
- ¿Sabes qué? Me alegro que me lo hubiera dicho, así al menos sé qué clase de persona eres – dijo Quinn aún sin vaticinar lo que estaba a punto de pasar.
Sam volvió a reírse ante tal comentario de Quinn aunque sin apartar su mirada de la de Rachel. En sus ojos se podía leer el odio acumulado, era como si su único objetivo fuera hacerle daño a la castaña.
-¿A sí? ¿te l-lo ha contado toodo? – esta vez optó por centrar sus ojos por unos segundos en los de Quinn – ¿tammbién lo d-de la c-carta de Finn?
Sam estaba poseído por el propio alcohol. Aquello que había mantenido en secreto durante tanto tiempo y que no quería que Quinn supiera, ahora era él mismo quien lo estaba sacando a la luz y ni siquiera se estaba dando cuenta de ello. Rachel y Santana se quedaron atónitas ante lo que acababan de escuchar, en especial Rachel, quien comenzaba a temer que la rubia lo hubiera escuchado.
- ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó arrugando la frente, mientras que la duda se instalaba en ella, pues no sabía porque Sam volvía a sacar aquello a la luz.
- Pues que ttu ammiguita quiso que yo le esc-cribiera aqquella famosa c-carta a Finn y que se la dejjara en la taquilla. L-lo hizo porque essa era la ún-nica manera que ttenía para qquedarse con él y de que n-no saliera inv-volucrada, ppero yo la d-delaté – trató de ser sincero cubriendo parte de su verdad, poniendo a Rachel como la cabecilla de dicha idea, a la vez que posaba su mirada en la de la castaña. (Recomiendo escuchar de fondo la canción "You Ruin Me" de The Veronicas)
- ¿Qué? ¿Q-Qué has dicho? – aquellas palabras se sintieron como un jarro de agua fría, poniéndoselo aún más difícil a la hora de hablar - ¿es eso cierto? – se giró sobe sí misma, quedando ahora frente a Rachel.
Aquellas preguntas causaron el temor en el cuerpo de la morena, era como si su propia pesadilla se hubiera hecho realidad, a pesar de que no todo lo que había dicho Sam era cierto.
- Quinn yo no… – su voz se quebró en ese mismo instante, impidiendo que pudiera decirle la verdad.
- ¡Ves! Tu ammiguita no es ttan buena ccomo parece – la intervención de Sam no hizo más que avivar la rabia y el dolor que ahora mismo estaba sintiendo Quinn.
- No me puedo creer que tú...que vosotros… – dijo mirando hacia ambos, sintiendo cada vez más pesado aquel dolor.
- Quinn no es lo que piensas – esta vez fue Santana quien trató de intervenir, tenía que ayudar a Rachel.
- ¿No me digas que tu también lo sabías? – centró su mirada en la morena, ésta empañada en lágrimas - ¿Ahora resulta que todos os estabais riendo de mí? – sus lágrimas acabaron precipitándose al vacío, aliviando cierto dolor pero creando otros.
-No Quinn, Sam está mintiendo – Santana trataba de arreglar las cosas pero parecía que cada vez que hablaba las empeoraba.
- No me digas nada, no quiero saber nada más – dijo centrando por unos segundos su mirada en la de la morena, para luego dirigirla hacia la de Sam – pensaba que eras mi novio, que siempre me decías la verdad, pero me doy cuenta que lo único que has hecho es jugar conmigo como si fuera una marioneta. No me puedo creer que fuiste tú quien escribió aquella carta y que encima me hicieras creer que fue Rachel quien la escribió, solo para que yo no sospechara que tú también tuviste algo que ver – trató de secarse las lágrimas que seguían rodando por sus mejillas mientras sentía como la rabia le corría por las venas – y tú… - esta vez dirigió su mirada hacia la de Rachel, sintiendo a la vez como el corazón se le partía en mil pedazos – ¿Cómo pudiste ser capaz de hacerme eso? pensé que habías cambiado, pero ahora entiendo el motivo de tus actos, eran para tu propio beneficio – entrecerró sus ojos, siéndole cada vez más difícil controlar sus lágrimas.
- Quinn, vvamos car-riño no te enffades, si de ttodas formas ya lo ssabías – Sam trató de agarrarla por el brazo, pero esta logró zafarse de él.
- No me puedo creer que tengas tanta caradura como para decirme eso ahora después de lo que has dicho. Te pido una única cosa, no me vuelvas a dirigir nunca más la palabra, no quiero saber nada de ti – se acercó a él una vez que agarró sus cosas, pues su única intención era salir cuanto antes de allí.
Su siguiente movimiento consistía en eso, en salir por la puerta, pero Sam la frenó en seco agarrándola por el brazo.
- Soy tu nnovio y puedo dec-cir y hacer lo q-que me ddé la gana. Y dde aquí nno te vas a ir ssin antes renndir c-cuentas de anoche – su voz sonaba bastante sería, aunque el alcohol seguía haciendo de las suyas, costándole hablar con claridad.
- ¡Suéltame! – detrás de aquel grito se escondía el mismo miedo que sintió la noche anterior, acompañado de la rabia y el dolor que llevaba acumulado.
- No – dijo entre dientes, haciendo cada vez más presión en el brazo de la rubia, a la vez que sus ojos se tornaban grises.
- Sino la sueltas por las buenas la vas a soltar por las malas – Santana volvió a intervenir esta vez apretando sus manos en forma de puño.
Esto provocó que por unos segundos Sam apartara su mirada de la de Quinn, dándole a esta la oportunidad de zafarse de su agarre; no sin antes dejarle de regalo un pisotón en el pie haciendo que éste perdiera el equilibrio, teniendo que agarrarse a la pared para no acabar en el suelo.
Quinn no esperó más y decidió que ese era su momento de marcharse y de no mirar atrás, pero de nuevo la detuvieron. Esta vez fue Rachel quien la agarró por la muñeca de forma mucho más suave de lo que lo hizo Sam. Necesitaba aclararlo todo pues no soportaba la idea de que Quinn la volviera a odiar, no después de todo lo que habían avanzado en su relación.
-Quinn espera, déjame explicártelo todo – trató de decirlo de forma clara, pero ya apenas tenía voz.
La rubia tuvo que cerrar los ojos para tratar de mantener su postura, pues aunque era cierto que desde la noche anterior su opinión sobre la morena había cambiado, no podía negar que volver a escuchar aquello le había hecho daño. Pero lo que le hizo más daño fue saber que Rachel y Sam la habían estado engañando durante todo este tiempo. Estaba llegando incluso a cuestionarse que el hecho de que ésta le regalara su cámara fuera otro engaño más. Ya no sabía en qué o en quién confiar.
-No quiero escucharte. Ya he tenido bastante con hoy, no quiero que me mientas más – de un tirón logró liberar su muñeca del agarre de la morena, no sin antes volver a clavar su mirada empañada en la de ella. Ahí fue cuando sintió de verdad aquel dolor en el pecho que no dejaba de volverse cada vez más agudo – no quiero saber nada de ti – aquellas palabras volvieron a resonar en su boca, pero esta vez hacían más daño. Incluso su voz temblaba del propio dolor que sentía. Sonaban a despedida.
No fue a la única a la que le dolió, Rachel también sintió como aquellas palabras se clavaban en su piel a la vez que las lágrimas brotaban de sus ojos. Era un dolor parecido a esas heridas que no se ven, a aquellas que son demasiado pequeñas pero que son las que más duelen. Quinn se había convertido en esa herida, en una herida que parecía no querer sanar.
-Quinn… – su voz se quebró en aquel instante. Ya no había vuelta atrás.
Quinn se marchó con su maleta a cuestas y con alguna que otra lágrima rozando el dolor. Se marchó sin despedirse, sin mirar atrás, sin dejar que Rachel se explicara. Ese fue su adiós.
Por su parte, Rachel se quedó ahí parada durante unos minutos viendo únicamente a aquella puerta entreabierta que había visto marchar a Quinn. Parecía como si todo se hubiera parado, como si sus propios oídos le hubieran bajado el volumen al mundo. Apenas podía apreciar con nitidez aquella pelea enzarzada que acababa de surgir entre Sam y Santana. Solo podía escuchar el latido de su corazón. Éste bombeaba de forma violenta, como si su único objetivo fuera el de derribar su caja torácica. Su respiración también se había vuelto agitada y su mente no dejaba de repetirle una y otra vez que fuera detrás de ella, que no se rindiera, que había luchado demasiado como para tirar tan pronto la toalla. Y eso fue lo que hizo, de la misma forma, sin mirar atrás, fue detrás de ella.
Seguía sin poder creerse como había sido engañada por ambos, seguía sin poder deshacerse de aquellos sentimientos que no dejaban de doler, seguía hecha un mar de lágrimas y con el corazón entrecogido. Pero a pesar de todo, se vio obligada a volver a aquella casa que horas antes la acogió con los brazos abiertos. Tuvo que volver a aquella habitación en la que a pesar del miedo se sintió segura por unos momentos, momentos antes de saber la verdad. No tenía otra opción más que encerrarse en el cuarto de Rachel. A decir verdad, no tenía a donde ir ni donde pasar la noche, puesto que hacía meses que había dejado de hablar con su madre y volver a casa sería como volver a abrir la herida; tampoco podía irse a vivir con su padre, puesto que éste seguía de viaje debido a su trabajo, y tampoco se podría decir que tuviera una casa propia. Por eso y por alguna que otra razón más se vio en la obligación de acabar de nuevo allí, al menos hasta que al día siguiente encontrara otro lugar.
Se encerró en la habitación de la castaña, poniendo una silla entre el pomo y la puerta para evitar que Rachel entrara. Ahora mismo no quería hablar con ella, todo era demasiado reciente y el dolor seguía ahí. Pero aquello no paró a la cantante, quien la siguió y comenzó a aporrear la puerta como si su único objetivo fuera el de derribarla. Necesitaba explicárselo todo a pesar de que Quinn no quisiera escucharla.
- ¡Quinn abre la puerta! ¡Quinn, por favor! Déjame explicártelo todo – Rachel no dejaba de gritar y de dar golpes en su puerta, necesitaba hablar con ella.
Quinn, a pesar de escuchar sus golpes, se sentía demasiado dolida y traicionada como para encararla. Es más, el dolor había llegado a tal extremo que incluso le costaba respirar.
- ¡Quinn por favor! – en su boca volvió a sonar otra súplica a modo de grito, seguido de otro golpe, pudiéndose oír al otro lado de la puerta los quejidos de dolor y el llanto de Quinn.
-¡Rachel para! – dijo Santana tras llegar hasta donde se encontraba Rachel, tratando de que ésta dejara de aporrear la puerta, agarrándola por las muñecas, haciendo que la castaña al fin se detuviera y centrara su atención en ella.
-Santana tú no lo entiendes, no puedo permitir que me deje de hablar, no ahora – sus ojos se habían teñido de rojo, avisando de esa forma de que sus lágrimas estaban a punto de rozar sus mejillas.
- Rachel tranquilízate ¿sí? – esta vez optó por acariciarle los brazos, tratando de calmarla.
- No puedo tranquilizarme, necesito hablar con ella. Necesito hacerlo porque sé que puede sufrir un ataque de ansiedad y una vez casi la pierdo por lo mismo y no me lo puedo permitir. No puedo perderla Santana. ¡No lo entiendes! – explicó casi entre lágrimas, quebrándosele la voz, a la vez que señalaba la puerta de la habitación.
-S-Sí que lo entiendo Rachel. Créeme, pero tienes que darle tiempo para que lo asimile todo. Dale unos minutos para que esté sola, seguramente que ahora se sentirá perdida, confusa y dolida, porque quieras o no, aunque tú no tengas la culpa ha estado viviendo durante dos años en una mentira creada por Sam.
- Sí que tengo la culpa, porque yo lo podía haber parado a tiempo y… - el llanto cobró forma, dejando al descubierto su dolor.
- ¡Rachel! TÚ NO TIENES LA CULPA – clavó su mirada en la de ella, a la vez que posaba sus manos en sus mejillas, tratando de detener aquellas lágrimas con sus pulgares.
- San… - la voz se le quebró al momento de hablar, dejando que otra lágrima se estampara en las manos de la morena – No puedo volver a perderla, d-duele demasiado. Es como si te arrancaran el corazón de cuajo y el dolor te arañara las costillas. Pero lo peor es cuando cesa ese dolor, cuando te quedas colgando de las heridas, ahí es cuando no sientes nada, es como si estuvieras vacía. No quiero volver a sentir eso. Prefiero volver a sentir el dolor que creo Sam en mi cuerpo junto con sus cicatrices, incluso el dolor que trató de crearle a Quinn antes de volver a sentir ese dolor. Porque una cicatriz en la piel es mucho más fácil de curar que una cicatriz en el corazón.
Aquellas palabras decían más de lo que la propia Santana había llegado a pensar, aquellas palabras lo gritaban todo.
- ¿La quieres? – dijo después de un breve silencio. Por su cabeza seguía rondando aquella duda, pero esta vez no se detuvo a la hora de pronunciarla, necesitaba preguntarlo.
- ¿Cómo? – aquella pregunta puso en alerta todos sus sentidos, haciendo que volviera a la realidad mientras llevaba rápidamente su mirada hacia la de la morena.
- Me refiero a que la tienes que querer mucho para sentir algo así, para preferir que tú salgas herida, antes que ella. El hecho de que no te rindes aún cuando sabes que ya la has perdido – necesitaba saber la verdad que había detrás de aquello que decía Rachel.
- E-Es mi mejor amiga – tartamudeó, pues aquellas palabras de Santana no hicieron más que crearle más dudas, no entendía a lo que se refería.
- Un acto así no se hace por una amiga, sino por amor y te aseguro que lo sé porque yo también haría lo mismo por Brittany – centró su mirada en ella, dejando que por unos segundos el silencio inundara aquella estancia – Rachel, puede que te sorprenda esta pregunta pero es que no le encuentro otra explicación a tus actos – comentó después de aquel breve silencio, haciendo que Rachel se quedara callada sin entender nada, expectante a lo que le iba a decir, mientras era comida por las dudas y trataba de enjugarse las lágrimas - ¿Quieres a Quinn? q-quiero decir, ¿te gusta? – aquella pregunta abofeteó a Rachel de tal manera que le dio miedo.
Rachel nunca llegó a pensar algo así y tampoco entendía por qué Santana decía aquello, pero era verdad que llevaba tiempo que no entendía lo que le quería decir su cuerpo y en cierta manera tenía miedo, miedo porque no sabía lo que le pasaba y aquellas palabras de Santana no hicieron más que avivar aquel miedo. ¿Tenía razón? ¿Aquellos sentimientos que se empeñaba en llamar amistad eran algo más?
Tras hablar con Rachel, sin obtener la respuesta a su pregunta, y al ver como ésta se empeñó en esperar a que Quinn saliera o al menos la dejara entrar para poder hablar con ella, Santana sintió la necesidad de volver a su cuarto, como si éste fuera capaz de darle las respuestas a todas aquellas preguntas que no paraban de rondar por su cabeza desde aquella mañana.
Dejó el abrigo sobre su cama, dejando que luego fuera su cuerpo el que cayera sobre ésta. Sentada, con los codos apoyados sobre sus rodillas, entrecerró sus ojos, tratando de huir de todo por un momento. Necesitaba callar aquella voz que no dejaba de repetirse en su cabeza. Aquella charla con Rachel no solo dejó a la castaña aturdida, sino también a ella. Las palabras con las que Rachel definió aquel dolor que sintió al perder a Quinn seguían resonando en su cabeza. La verdad era que tenía miedo de llegar a sentir eso, tenía miedo de ver como Brittany se le escaba de las manos, de perderla incluso como amiga. Prácticamente se le hacía imposible imaginar un mundo sin ella, ya fuera para bien o para mal. Pero lo que más le aterraba era tener que olvidarla ¿Cómo lo iba a hacer? Volvió a abrir los ojos, sintiendo a su vez una punzada en el corazón. Esta vez optó por recorrer su habitación con la mirada, deteniéndose en cada detalle. Todo era recuerdos. La noche anterior seguía clavada allí, en su mente, aunque aún había cosas que no podía recordar. El alcohol le había jugado una mala pasada. Pero lo que aún seguía vivo en su memoria seguía siendo aquella mirada y aquellas caricias que le regaló Brittany, junto con aquel olor a azahar tan característico de ella. Era imposible olvidar aquel olor.
Su mirada seguía recorriendo su habitación cuando de repente sus ojos detectaron algo que antes había pasado desapercibido para estos. Se trataba de un papel doblado encima de su escritorio con algo escrito en él. A pesar de aquellas lagunas que el alcohol había dejado a su paso, no recordaba haber dejado allí un papel.
Con cierto miedo y con pasos dubitativos, se acercó poco a poco a dicho papel. Su corazón seguía agitado. Cuando al fin sus ojos pudieron leer con definición aquella nota, estos no pudieron evitar abrirse de par en par en cuanto identificaron aquella letra. No había dudas, era de ella.
Por un momento sintió la obligación de no leerla, era como si su propio cuerpo tuviera miedo a leer algo que nunca hubiera querido oír. Sabía que aquello podía significar su mayor error. Pero a pesar de aquellos pensamientos contradictorios, no podía luchar contra sus propios sentimientos por mucho que se lo negara. Es por eso por lo que tomó aire, entrecerrando sus ojos, mentalizándose y preparándose para lo peor; para luego volver a abrir los ojos y leer al fin aquella nota. (Recomiendo escuchar de fondo la canción "Say Something" de A Great Big World ft Christina Aguilera)
"Para Santana:
San, sé que posiblemente ahora me estés odiando por no haberme despedido de ti, por no haber terminado de aclarar las cosas, pero creo que es mejor de esta manera.
Te escribo esto porque es mi única manera de despedirme sin derrumbarme frente a ti, es mi única manera de hacerte menos daño. En estos últimos días han pasado tantas cosas que ya no logro encontrarme y las dudas no dejan de rondar por mi cabeza, aún más después de todo lo que nos ha pasado. Puede que parezca de cobardes, pero necesito estar sola durante un tiempo, aunque me duela estar lejos de ti. Necesito huir de esta ciudad que no me deja respirar.
Como comprenderás las cosas no andan bien, y si te soy sincera tengo miedo, mucho miedo. Esto lo digo con el corazón en la mano. Mi intención no es de hacer daño. No quiero hacerte daño. Eres una de las cosas más bonitas que me han pasado y por eso mismo es mejor que me aleje, prefiero alejarme para que no salgas aún más dañada.
Por favor, no me busques. No le preguntes a Artie donde estoy porque él tampoco lo sabrá. Lo prefiero de esta manera, prefiero que me odies por esto a que me odies por hacerte daño.
Britt"
Tras leer aquella nota sintió como si el mundo se le estuviera cayendo a pedazos. ¿Realmente se estaba despidiendo de ella? ¿Aquello significaba que no la iba a volver a ver? ¿Aquello realmente significaba un adiós? De repente volvió a sentir aquella punzada en el lado izquierdo de su pecho. Le costaba respirar. Sentía como si estuviera perdiendo todo lo que tenía, como si estuviera colgada sobre unas cuerdas de tender y todo estuviera a punto de romperse. Estaba comenzando a sentirse tal y como Rachel describió aquel dolor al perder a Quinn. Era un dolor que la desgarraba por dentro.
-¿De verdad todo tiene que terminar así?– se dijo para sí, sintiendo como sus ojos rompían en llanto mientras sostenía el papel entre sus manos.
Aún con el miedo arañándole las costillas y el corazón colgándole de las heridas, sentía que quizás se había sobrevalorado; quizás aún no estaba preparada para pasar página; quizás estaba a punto de perder su última oportunidad si no actuaba ya. Era ahora o nunca.
Aún con la nota en su mano, se la llevó al pecho como si ésta fuera su única manera de agarrarse a una esperanza, mientras que con la otra se agarraba a una voz que esperaba oír a través de su teléfono. Necesitaba hablar con ella y es por eso por lo que decidió llamarla. Lo estaba haciendo todo sin pensar, se estaba guiando por lo que le gritaba su corazón. Al fin empezó a escuchar los primeros tonos de aquella llamada de auxilio, esperando una respuesta que parecía que no iba a encontrar.
Escuchó el primer tono, tras él el segundo, el tercero e incluso el cuarto. Tras cada tono sentía poco a poco como el miedo y el dolor se hacían cada vez más agudos. El quinto tono hizo su llegada y con él se fue su esperanza. Estaba a punto de rendirse cuando de repente sintió como descolgaban al otro lado del teléfono, dejando que su voz se colara a través de éste.
-¡¿Brittany?! – su voz sonaba desesperada, con cierto rasgo de miedo.
- Santana… - en cambio la voz de Brittany sonaba dolida, como si esto también le resultara difícil.
- ¿Brittany donde estás? – había dejado atrás cualquier duda, cualquier miedo, solo quería estar con ella.
- Santana te dije que no me buscaras. Ahora mismo no es el mejor momento – llegó a un punto en el que su voz se quebró, como si hubiera roto a llorar.
- ¿Estás bien? Suenas como si… - ¿a quien pretendía engañar? ella se sentía de la misma manera – por favor, dime dónde estás.
- No, Santana, no lo entiendes… - su voz se volvió a romper.
- Sí que lo entiendo Britt, por eso mismo necesito hablar contigo. Por favor, aunque sea la última vez – ahí fue cuando su voz también se quebró. Las lágrimas habían vuelto a hacer de las suyas, dejando al descubierto su dolor.
Al pronunciar aquellas palabras se dio cuenta de su magnitud, de lo que significaban. Literalmente significaban su despedida.
¡Hola de nuevo! Al fin estoy por aquí para traeros un nuevo capítulo. Como os dije en los adelantos, he estado bastante mal, todo se me vino encima y lo último en lo que podía pensar era en escribir. A pesar de que aún no estoy del todo bien, poco a poco he podido escribir y finalizar este capítulo. A decir verdad, el capítulo iba a ser un poquito más largo, pero he decidido guardarme esos escritos para el siguiente capítulo, el cual sin duda moverá más de un corazón ¿para bien o para mal? Para saber eso tendréis que esperar, ojalá y que no sea tanto como con este. Quería deciros que me han servido mucho vuestros mensajes de apoyo, el hecho de que seguías ahí esperando dice mucho de vosotros y mi corazón no puede estar más contento por ello. Sois enormes y se os quiere.
Espero que hayáis disfrutado esta lectura ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
¡Cuidaros!
Con mucho cariño, San.
