PRIMER ADELANTO CAPÍTULO 27
Antes de marchar a casa y de acabar derrumbada entre aquellas sábanas que la habían visto crecer, Brittany tuvo la necesidad de hacer una parada en su lugar favorito, en la playa de Brighton Beach. Siempre iba allí cada vez que se sentía perdida, cada vez que la vida le jugaba una mala pasada. A decir verdad, llevaba tiempo sin visitarla, pero el hecho de volver a sentir la arena entre sus pies, la brisa chocando contra su cara y el olor del mar inundando sus pulmones, volvió a darle aquella paz que tanto necesitaba. Tal vez el hecho de volver era una manera más de despedirse. Aquel lugar la había visto derrumbarse tantas veces que ya había perdido la cuenta, la había visto cicatrizar tantas heridas que ya no quedaba hueco en su piel para cicatrizar otra herida más. Le dolía marcharse, dejar atrás su vida, pero más le dolía tener que perderlos por ser demasiado egoísta, por no saber escuchar a su corazón. Pero sabía que había llegado su hora de convertirse en cicatriz.
Estar sentada allí, sobre la arena, le dio la oportunidad de poder ver la vida pasar delante de sus ojos. A pesar de que su vida ahora mismo era confusa, podía ver la de los demás. La felicidad parecía estar clavada en bocas de extraños, incluso el miedo podía verse plasmado en el cuerpo de otros, pero el dolor no lograba verlo en ellos, solo en sí misma. Tal vez se lo merecía, pues jugar con dos corazones no es tan sencillo como parece y tal vez ese era su precio a pagar. Su cabeza estaba llena de dudas, de preguntas sin respuestas, de miedos disfrazados de dolor. Se preguntaba por qué no existía un libro que enseñase y explicara con todo detalle que el amor puede ser tan doloroso como un disparo a bocajarro o tan angustioso como una despedida en una estación de tren, en la que ambos protagonistas saben que no volverán a verse nunca más, que ese será su último beso. O tal vez un libro que diagnosticara, con una extensa lista, los síntomas previos a la enfermedad del amor o algún remedio para paliar al dichoso virus del desamor. Sin duda podía haber sido un gran best seller, pero qué más podía pedir si, por culpa de aquel virus, incluso los grandes expertos confundían las "pupilas" de los ojos con el "iris".
Justo en aquel instante, inmersa en aquel vaivén de dudas, sintió la necesidad de desahogarse con su otra mitad, de intentar que ésta lograra ayudarla a resolver sus dudas o que al menos le ayudara a encontrar una solución. Necesitaba hablar con su madre, encontrar otro punto de vista. A decir verdad le había dejado algún que otro mensaje, minutos antes de partir hacia su pequeño rincón, comunicándole que pasaría unos días en casa pero aún no había recibido ninguna respuesta de ella. Aquello le parecía bastante extraño, pues su madre la conocía muy bien y siempre contestaba al instante, es por eso por lo que no entendía por qué aún no había dado señales de vida cuando más la necesitaba. Pero lo que Brittany no podía negar era que a veces su madre parecía que le leyese la mente, pues esta vez, segundos después de volver a pensar en ella, su presencia cobró vida en forma de llamada. En su móvil se podía leer aquellas cuatro letras que más de una vez la habían salvado de una gran caída e incluso desempolvado el miedo de alguna que otra herida. La palabra reflejada, "Mamá", significaba mucho más que un nombre o que una palabra de auxilio, era su propio bote salvavidas.
¡Hola de nuevo! Aquí os dejo el primer adelanto del próximo capítulo. He de decir que he tardado más en subir el adelanto porque he estado muy ocupada y tenía muchas dudas en cómo empezar el capítulo, pero me dejé llevar por los sentimientos y logré más o menos salir del apuro. Aún me queda bastante para terminar el capítulo, pero espero poder seguir escribiendo en estos días y os lo pueda subir lo antes posible. Os aseguro que este capítulo os va a dejar bastante sorprendidos y tal vez me queráis matar, pero os prometo que valdrá la pena. Este capítulo y el próximo serán los que más impacto tendrán en la historia. Pronto os traeré otro adelanto para ir abriéndoos el apetito, solo esperad un poquito más.
Os deseo mucha salud y os mando millones de abrazos.
Con cariño, San.
