ey, Jasón- lo llame.
Me senté a su lado en los campos de fresa. Donde lo encontré y lo observe seriamente. El me devolvió la mirada.
-¿Por qué lastimaste así a Piper?- le espete.
El me miro con el ceño fruncido.
-Percy, fue lo mejor. Fue... como lo tuyo con Annabeth, ya no había chispa, química o como sea que le dicen. Ya no había el mismo amor entre nosotros- me dijo pacientemente.
-No hacía falta ser tan borde con ella.
El negó con la cabeza.
-No me vas a decir que no te sentiste como ella cuando Annabeth y tú rompieron. Ella ya sabía lo que pasaba entre nosotros, no quería aceptarlo. No se lo tomo bien- explico tranquilamente.
Me pregunte como podía ser tan paciente. Era algo raro en él, ya que generalmente siempre estábamos compitiendo. Asentí, tenía razón. Me sentí igual que ella, raro, vacío...solo.
-Tu. ¿Cómo sabes tanto de Annabeth?
Okay, él había mencionado lo de Annabeth y yo. Pero parecía que quisiera hablar más de ella que de mí.
-Eh...porque, pues...ya sabes...-balbuceo.
-Olvídalo, no es mi asunto- negué con la cabeza.
Annabeth y Jasón tramaban algo. O más bien, tenían, algo.
Nos dirigimos a la arena de entrenamiento y comenzamos un duelo amistoso. Aunque, claro, nunca faltaban las apuestas.
-Diez dracmas, Grace- dije tendiendo la mano.
Me las dio a regañadientes. Jasón sabía pelear. El mezclaba movimientos y tácticas romanas con las griegas. Me la ponía muy difícil y no es por presumir, pero fui declarado el mejor espadachín en más de un siglo.
Nos dirigimos por una botella de agua y luego a las duchas, ya que estábamos más sudorosos que unos cerdos. Esas son una de las desventajas de ser un hombre. Las mujeres nunca sudaban tanto. Si Piper me oyera me daría una bofetada a broma.
-¿Ósea que ahora sales con Piper?
-Que sí, Jasón. Ya te dije tres veces que sí y ya me has dicho tres veces que no te molesta- le respondí rodando los ojos mientras que salíamos de las duchas.
Las nuevas campistas soltaron risitas y se sonrojaron. Supongo que no ayudaba mucho que dos chicos guapos, músculos bien formados, nuestros cabellos mojados, revueltos y sonrisas coquetas, salieran de las duchas pasando por el lado de chicas nuevas en el campamento.
Nos dedicamos a tristemente ignorarlas y nos encaminamos al pabellón del comedor, cuando sonó el cuerno que indicaba la hora del almuerzo.
Como éramos hijos de los Tres Grandes, podíamos sentarnos juntos si quisiéramos. Lo que claro, me parecía una justa discriminación a los demás campistas. El caso es que, arrastramos a Nico a la mesa de Poseidón y almorzamos tratando de hacer reír a Nico con nuestros chistes. Definitivamente, el único que podía hacer reír a este chico era Will Solace, su novio. Solo se dedicaba a mirarnos como nos carcajeábamos como estúpidos y a decirnos que nuestros chistes eran más malos que los haikus de Apolo. Eso nos dio directo en el corazón.
-Y hasta pensé que azul podría ser nuestro Always- dije con una mano en el pecho negando con la cabeza.
El rodo los ojos.
Mire por encima de las demás mesas y observe a Piper. Reía con sus hermanos mientras agitaba ligeramente su cabello castaño cortado en varias partes con pequeñas trencitas. Tenía una flor azul en el cabello que la hacía ver inocentemente tierna cuando sonreía y sus hoyuelos se le formaban cuando sonreía. Esa mujer era realmente encantadora, claro, en todos los sentidos.
Le guiñe un ojo cuando dirigió su vista hacia mí y reí ligeramente cuando se sonrojo notablemente.
Desvié la vista y seguí charlando estupideces con Jasón, viendo de reojo a Piper.
-Oh, vamos Nico...
-Ya cállense, por los dioses- dijo exasperado.
-Sabes que nos amas- dijo Jasón tirándole un beso a broma.
Él puso una mueca de asco y se fue del pabellón. Vi por el rabillo del ojo como Will lo seguía.
-Déjalo, Percy, está en sus días- dijo Jasón haciendo voz de mujer.
Los dos estallamos en carcajadas.
Lo sé, somos estúpidamente estúpidos. Las demás mesas nos miraban raro por todo el barullo que hacíamos, hasta pude ver como Piper rodaba los ojos divertida.
Luego de almorzar, Quirón presento a una nueva campista, hija de Afrodita, quien se dirigió a la mesa de Piper y saludo a todos alegremente. Su pinta parecía ser de una típica porrista. Rubia, ojos azules y pintalabios rojo sangre. En fin, luego de almorzar me dirigí a la cabaña de Afrodita.
Me abrió la nueva campista y me sonrió coquetamente.
-Hola, guapo ¿Me vienes a buscar?- pregunto mientras se mordía un dedo.
-De hecho vengo a buscar a...
-A mí. Ve a desempacar tus cosas, Brooklyn- dijo Piper detrás de ella y la aparto de un empujón.
Me saludo con un abrazo y me arrastro de la mano hacia el anfiteatro.
-Es igual a Drew, y por eso mismo, se llevan fatal- dijo Piper mientras nos sentábamos y observábamos jugar a la Señorita O'Leary -la cual no se había dado cuenta de nuestra presencia-.
Reí un poco negando con la cabeza.
-Me gusta tu flor. Es azul- dije sonriendo embobado.
Ella sonrió y se sonrojo un poco.
-Me la dio Calipso. Cada vez que veo la flor me acuerdo de ti- dijo sonriendo.
Le di un beso en la mejilla.
-Y... ¿Qué tal esta tu padre?
-Bien, me dijo que hoy se iría a Hollywood a filmar una película durante un mes. ¿Cómo está tu mama?
Recordé la bella sonrisa de mi mama al darme mi desayuno azul con Paul sonriéndome a su lado. Sinceramente, los extrañaba, a los dos.
-Mejor que nunca, ¿Qué te parece si vamos a visitarla y te la presento?- propuse.
Ella sonrió emocionada.
-¿De veras? ¡Claro que me parece!- eso llamo la atención de la Señorita O'Leary, la cual me tumbo llenándome a babas.
Piper se rio de mí y yo le quite la lengua, carcajeándome cuando la lamio dejándola empapada.
-Bien, entonces vayamos a visitarla mañana.
Guardamos silencio y observamos la puesta de sol disfrutando de la compañía del otro.
