Más nerviosa no podía estar.
Mis manos sudaban, así que tuve que fregarme las manos con los pantaloncillos cortos que llevaba.
La mano de Percy se deslizó por mi cintura y sus ojos verde azulados me miraron de manera inexplicable.
Me sonrió tranquilizadoramente.
- Todo irá bien, Pipes.- me animó y me dió un beso en la mejilla.
Alzó el puño y tocó la puerta tres veces.
Se oyeron unos platos moviendose y chocando entre sí y la puerta se abrió segundos más tarde de una forma estrepitosa.
La señora Jackson tenía la cara cubierta de un poco de harina azul, su delantal bien ajustado y una gorra de cocina en la cabeza.
Tenía el pelo castaño, con algunas canas asomándose, unos cálidos ojos azules y una sonrisa impecablemente amable.
Estrechó a Percy en un caluroso abrazo soltando exclamaciones de alegría y le llenó la cara de besos. El rostro de Percy estaba completamente rojo.
Sonreí al ver la escena y Percy se las arregló para soltarse del agarre de su madre. Me tomó de la mano y le sonrió.
- Mamá, ella es Piper, mi novia.- me presentó Percy con una sonrisa.
Le dí una de mis más sinceras sonrisas a la Señora Jackson, y ésta me apretujo en un cálido abrazo.
- Oh, es un gusto verlos por aquí, también es encantador poder conocerte el fin.- musitó con voz maternal.
Nos invitó a pasar rápidamente.
Un hombre, que anteriormente estaba sentado en el sillón, se levantó y saludó a Percy con un abrazo y unas palmaditas.
- Señorita, es un gusto conocerla.- dijo estrechando mi mano sonriendo amable.
Le devolví la sonrisa.
- Un gusto, señor...
- Paul Blofis, esposo de Sally.- se presentó.
- Encantada de conocerlo.- dije amable.
Tenía un pantalón color café, unos zapatos a juego y una camisa blanca. El pelo lo tenía castaño, hasta un poco más arriba de los hombros y unas canas asomándose. Parecía uno de esos típicos actores de cine. Me recordaba tanto a mi padre.
La señora Jackson carraspeó y le dirigió a Percy una mirada.
- Cariño, ayúdame a traer los platos, ¿sí?
Desaparecieron por la puerta de la cocina y Paul y yo tomamos asiento en los sofás.
- ¿Es usted acaso actor, señor?
Paul rió entre dientes con ganas.
- Me lo han dicho muchas veces, pero no, soy un humilde profesor de literatura en la secundaria.
Asentí un poco apenada.
- Me recuerda un poco a mi padre.- admití.
- ¿Es profesor?- preguntó inclinándose un poco hacia adelante.
Negué con la cabeza y Paul se incorporó.
- No, es actor.- respondí.
- Ah, entiendo.
Observé las fotografías clavadas en las paredes. Habían varias de Percy en la secundaria, posando junto a su madre. Había otra que me llamó la atención, era Percy con ropa de playa posando junto a Rachel Elizabeth Dare. Ella lo abrazaba por los hombros y sonreía a la cámara junto con Percy.
- Oh, ella es Rachel, una amiga de Percy.- me explicó Paul-. Tengo entendido que está en el campamento también, ¿no es así?
Asentí con una sonrisa de lado.
- Es nuestra Oráculo de Delfos, señor.- musité.
Paul puso una mueca.
- Uh, llámame Paul, señor me hace sentir muy viejo.
Me reí pero asentí con la cabeza.
Al poco rato Percy y Sally aparecieron por la puerta de la cocina con una bandeja de muffins azules y bandejas con tazas de té.
Sally tomó asiento junto a Paul y Percy se sentó a mi lado, devorando un pobre muffins azul.
- Dime querida, ¿desde hace cuanto sales con Percy?- preguntó Sally tomando un sorbo de su taza.
Miré a Percy con reproche. Técnicamente, no me lo había pedido, así que tendría ingeniármelas ahora. Luego se lo reprocharía en cara.
- Desde hace unas semanas.- contesté con una sonrisa.
Ella me devolvió la sonrisa.
- Tienes una voz muy bonita, ¿eres cantante?- preguntó Paul.
Percy soltó una risita. Le dí un leve empujón en el hombro.
- No, es porque tengo el embruja-habla, puedo engatuzar a los enemigos con la voz.- respondí dandole un mordisco a mi muffins.
Sally enarcó una ceja.
- Eres una hija de Afrodita, entonces.- afirmó.
- Sí, señora Sally.
Me dió un pequeño sermón sobre que señora le hacía sentir vieja. Me siguieron preguntando cosas y charlando. Cuando el té ya se había acabado y un aire fresco se colaba por la ventana del departamento, dirigí mi mirada hacia la ventana, donde el sol del atardecer daba pequeños toques naranjas al cielo.
Me giré hacia los rostros de Sally y Paul.
- Me ha encantado poder conocerlos, pero creo que deberíamos irnos antes que les traigamos problemas.- dije apenada.
Percy se giró hacia la ventana y abrió los ojos a más no poder.
- Ay, no. Quirón nos va a matar, si es que no lo hacen los monstruos antes.- dijo Percy mientras se paraba apresuradamente.
Nos despedimos de Sally y de Paul y marcamos por las calles de Manhattan apresuradamente.
Percy me sujetaba fuertemente de la mano mientras me arrastraba por las veredas.
- ¿Tienes a Katoptris?- preguntó Percy mientras parábamos en medio de la calle a esperar un taxi.
Asentí con pesadez.
- Bien, la necesitaremos.- dijo mirando a ambos lados de la calle, como si alguien nos estuviera siguiendo.
- ¿Qué has visto?
Me miró por el rabillo del ojo mientras observaba los autos, a la espera de un taxi.
- Unos cuántos brabucones de la calle de atrás nos miraron de una forma rara al pasar, podría jurar haber visto a más de uno lamiéndose los labios.- terció Percy.
Miré hacia atrás nerviosanente y distinguí a los brabucones que me menciono. Estaban apoyados en la pared de un callejón con los brazos cruzados y nos miraban con los ojos entrecerrado o lamiéndose los labios. No eran más de cinco.
Percy paró a un taxi con la mano alzada y nos metimos allí apresuradamente.
El taxi marchó rápidamente hacia Long Island, según las indicaciones de Percy.
Percy se giró hacia mí con una mirada nerviosa. Le sonreí tranquilizadoramente y le apreté la mano.
Acercó su rostro al mio, sin importarle las miradas del conductor a través del espejo retrovisor.
- No quiero que nada malo te pase, Pipes.- admitió con su rostro a centímetros del mio.
- Yo tampoco quiero que nada malo te pase, todo estará bien. Eres el mestizo más poderoso de todos.- le susurré lo último al oído.
El rió entre dientes y me dio un corto beso en los labios.
