El taxi viró hacia un callejón sin salida.

Ese definitivamente no era el rumbo a Long Island.

El taxi frenó a fondo y el conductor nos miró con una sonrisa diabólica a través del espejo retrovisor. Quité mi bolígrafo y coloqué mi pulgar en la tapa.

Piper actúo rápido.

- ¿Quién eres?- hizo su encanto vocal y me resisití a decir mi nombre completo.

- Soy...- el conductor gruñó y la mirada que nos mandó a través del retrovisor se puso roja.

Piper me envió una mirada con su mano en la empuñadora de su daga. Ese conductor definitivamente no era mortal.

Destapé a Contracorriente y le apunté con ella en el estómago. Piper desenfundó a Katoptris y le apuntó el cuello con su daga.

- ¿Quién eres?- preguntó Piper una vez más.

- Soy Crocker, el cí...clo...pe.- dijo entre dientes tratando de resisitirse al encanto.

Su cara comenzó a distorcionarse. Estaba volviendo a su forma natural. Sin esperar más, Piper y yo lo apuñalamos al mismo tiempo, dejandolo en su lugar un puñado de polvo dorado.

Salimos rápidamente del taxi, pero cuando nos disponíamos a salir del callejón sin salida, los mismos brabucones que habíamos visto antes taparon la salida entre ellos.

Uno de ellos, el cuál tenía el pelo teñido de rojo, un corte punk, con una chaqueta de cuero sin mangas y jeans con cadenas plateadas se acercó un paso más chocando el puño con la palma.

- Uhh, pero miren nada más lo que tenemos aquí.- dijo mordiéndose el labio y mirando a Piper de pies a cabeza mordiéndose el labio.

Me coloqué frente a ella sobreprotectoramente.

- Atrás, ella tiene quién la defienda, no los quiero hacer daño.- les advertí tapando a Contracorriente.

Eran unos simples mortales, podré con ellos, además, Contracorriente se rehúsa a dañar a mortales.

Ellos rieron con ganas, se dieron palmaditas en las piernas de tanto reírse.

Puse los ojos en blanco, estos mortales me hacían perder la paciencia.

El pelirrojo teñido avanzó un paso más y me miró con desprecio.

Yo solo solté una risita burlona.

- Te crees más solo por ir al gimnasio, ¿eh?, nosotros te daremos una lección.- me trató de dar un puñetazo.

Mis reflejos me hicieron tomar su puño en el aire y le hice una llave, pasando su brazo por los hombros y poniendo mi rodilla en su espalda.

Sus huesos crujieron y el teñido soltó un alarido.

Sus acompañantes actuaron rápidamente.

Uno se fue a socorrer a su amigo, el cuál se encontraba tirado dn el poso retorciéndose del dolor. Los otros tres nos rodearon.

- Atrás, lárguense, vamos, corran.- exclamo Piper usando su embruja-habla.

Piper me tomó de la mano para evitar que salga corriendo como ellos.

Su encanto fue tan fuerte que hasta el teñido se levantó a duras penas y salió corriendo.

Piper dió un paso y se colocó frente mio.

- ¿Estas bien?- preguntó con sus manos en cada lado de mi cara inspeccionandome.

Le sonreí con ternura.

- Mejor que nunca.

Me sonrió y la besé. Luego de unos segundos nos separamos por falta de aire.

Palpé mis bolsillos y quité un dracma.

Alcé la moneda al aire y grité.

- 《Stêthi- grité en griego antiguo-. Ô hárma diabolês》

[Detente, Carro de la Condenación]

Arrojé la moneda al asfalto, pero en vez de tintinear como es debido, se sumergió en el asfalto y desapareció.

Piper abrió los ojos a más no poder.

- ¿Qué...cómo...?- balbuceó observando el asfalto.

- El taxi de las Hermanas Grises es el medio más rápido de llegar.- le respondí sin más.

Durante unos segundos, no ocurrió nada.

Luego, poco a poco, en el mismo punto donde había caído la moneda, el asfalto se fue derritiendo, formando un charco del tamaño de una plaza de parking... un charco lleno de un líquido rojo sangre y burbujeante.

De allí fue emergiendo el tan conocido taxi. Seguía igual a la primera y última vez que lo ví. De un color gris ahumado y con las letras de 《HREMNAS GRSISE》. Mi maldita dislexia me volvía a impedir leerlo.

De repente, me ví a mi mismo en un callejón parecido a éste, con Tyson y Annabeth de trece años mirando al taxi con desagrado.

Este taxi me traía bastantes recuerdos. Aún recordaba cuando obligué a las Hermanas a darme las coordenadas del Mar de los Monstruos. Bueno, era que me lo dijeran o les arrojaría el ojo por la ventanilla.

Volviendo al presente. La ventanilla del taxi se abrió y una de las hermanas -a la que reconocí como Ira- y murmuró algo sobre pasaje.

- Dos pasajes al Campamento Mestizo.- dije y abrí la puerta de pasajeros.

Le indiqué a Piper con un movimiento de cabeza que suba.

Ella vaciló un poco, pero aún así entró.

Cuando cerré la puerta, Avispa arrancó fieramente y retrocedió a toda bala.

Piper ahogó un grito y se aferró al asiento. Avispa se colocó con movimientos bruscos en la carretera y luego aceleró a toda bala.

- Ten cuidado, inepta. ¡Gira a la derecha!- exclamó Tempestad, la que iba apretujada en el medio.

Avispa viró por una calle y derribó un quiosco. Me deslicé por el asiento y mi cabeza chocó con el vidrio de la ventanilla.

Piper me envió una mirada de Yo-Te-Mato.

- Era la única alternativa que nos quedaba.- dije en mi defensa.

Ella resopló y se aferró aún mas en el asiento.

- ¡Dame la moneda, Ira! Tú la mordiste la última vez.- exclamó Tempestad, forcejeando con Ira por la moneda.

- ¡Ni hablar! Tú tuviste el diente ayer, me toca al menos morder la moneda.- espetó Ira apartándole la mano a Tempestad de un manotazo.

Siguieron peleando a bofetada limpia.

Avispa viró por otra calle y luego nos encontrabamos cruzando el puente de Williamsburg a ciento y pico por hora.

- ¡Tempestad, dame el ojo!- gritó Avispa.

- ¡No! Tu lo tuviste ayer.

- ¡Pero ahora estoy conduciendo! Vieja tonta.

Tempestad le dió un bofetón y Avispa le devolvió el golpe de la misma manera.

Ahora definitivamente, esto era una pelea a bofetadas. Pero de todas maneras, era mejor que las luchas.

Piper me miró con el ceño fruncido.

- ¿Qué es eso del ojo?

- Solo tienen un ojo para las tres.

Ella puso una mueca de asco.

- Nos deberás el doble, por circular fuera del área metropolitana.- espetó Avispa mirándonos a través del espejo retrovisor, dando a relucir su ojo que le consiguió quitar a Tempestad.

- ¡Ah! Pero si es el hijo de Poseidón, otra vez.- dijo con desagrado Ira.

Le sonreí con sarcasmo, aunque no pudiera verme.

- También me agrada volver a verlas.- dije con sarcasmo.

Las tres soltaron un sonido de asco.

- Tan agradables como siempre.- le susurré a Piper.

Ella soltó una risita.

- Ay, nueva novia, que rápido dejas a esa hija de Atenea.- dijo Avispa soltando una risita burlona.

Apreté la mandíbula.

- Eso no les incumbe.- espeté entre dientes.

Las tres volvieron a reír mabólicamente.

Piper desvió la mirada hacia el paisaje de la ventanilla.

Ahora cruzábamos zumbando por la velocidad los campos de Long Island.

Avispa frenó a fondo y me propulsé un poco hacia el frente por la brusquedad.

- Ahora, lárguense.- espetó Avispa.

Salimos rápidamente del taxi y apenas y tocamos tierra, el taxi salió disparado y desapareció en los campos.

Los dos nos giramos hacia la colina.

Nuestra amada colina mestiza.