Temprano Despertar
No soy dueño ni de Fairy Tail, ni de Naruto ni de ningún material con dueño presentado en esta historia, solo el contenido Oc me pertenece, las dos obras principales de este crossover pertenecen a Hiro Mashima y Masashi Kishimoto respectivamente.
XXXXXXXXXX
Capítulo 4: El lugar al que jamás debimos entrar
Los viajes padre e hijo, no hay experiencia más satisfactoria en la vida de un progenitor, un mentor y un aprendiz enfrentando los peligros de la naturaleza, el padre se toma su tiempo para enseñarle pacientemente a su vástago como sobrevivir en la naturaleza, como cazar, como cocinar y como crear un refugio para pasar la noche, lanzarse ambos familiares hacia una aventura desconocida es algo tan común entre humanos y sorprendentemente los Dragones hacen algo similar a su extraña manera.
— Y así es como se construye un refugio Natsu — gruño Igneel mirando con orgullo su obra maestra.
— ¡A-aye! — respondió Natsu con una mirada plana mientras retrocedía algunos pasos, incrédulo de lo que estaba viendo, él no era ajeno a meterse con la propiedad privada, lo había hecho tantas veces que se había vuelto parte inevitable de su reputación, sin embargo, esto que estaba viendo era cruzar los limites.
— ¡Por favor no me mates! —
La idea del Dragón de fuego de lo que es construir un refugio era todo menos algo que pudiésemos considerar muy ético, frente a ellos y arrancada con todo y suelo estaba una enorme mansión en medio del bosque, mansión que el Dragón había tomado de alguna ciudad con la intención de usarla como refugio, cosa que para empezar carece de mucho sentido si nos ponemos a pensar que el tamaño de la bestia es por lo menos cinco veces mayor que la propiedad, si sumamos el hecho de que dicha mansión la trajo con todo y habitantes hace pensar que sin duda el sentido común no es un rasgo latente dentro del rey de las llamas.
El dueño de la mansión asomaba su rostro desde la ventana observando con una expresión incrédula al Dragón que arranco del suelo su hogar y lo trajo hasta el bosque.
— ¡Guau! ¡Guau! ¡Guau! — ladraba el perro de la casa quien observaba de forma retadora al enorme reptil.
El pelirosa soltó un pesado suspiro no queriendo pensar mucho en lo que pasaba frente a sus ojos y las consecuencias en que esto derivaría, ¡Oh sí! Robar una casa tendría consecuencias, terribles consecuencias, él lo sabe porque ya lo intento cuando estuvo en contacto por primera vez con las sociedades humanas cuando recién entro a fairy tail, la idea de construir un refugio para el en aquel entonces se tradujo en las mismas acciones cometidas por su padre, no hace falta decir que todo termino muy mal y el maestro Makarov había tenido que ir en persona a sacarlo de la prisión.
Ya habían pasado casi las dos semanas desde que inicio el viaje con Igneel en busca de lo que el Dragón llamaba algo casi imposible, francamente desconocía totalmente que buscaban ya que su padre no le había dado muchos detalles, solo le dijo que buscaban una isla entre los continentes de Ishgar y Alakitasia, según Igneel en ese lugar hace 400 años había escuchado un extraño rumor de que existía un objeto que ayudaba a los seres vivientes a ponerse en contacto con un dios de la muerte, cuando escucho estas palabras su reacción fue exactamente la misma que tuvo el dragón de fuego cuando escucho esto por primera vez, se hecho a reír como loco y declaro que eso era una tontería, era ridículo en su mente, sin embargo tenían muy pocas opciones así que no perdían nada con echar un vistazo, dios o demonio francamente no le importaba, si podía ayudar a su padre a seguir viviendo entonces estaba bien con él.
No fue un viaje fácil ya que un Dragón volando por el continente por encima de ciudades pobladas llamaría demasiado la atención, lo último que quería era tener al Concejo Mágico mordiéndoles el culo con alguna investigación por lo que solo volaban por cortos periodos de tiempo durante la noche, el resto del tiempo lo usaban para entrenar ya que Igneel le recrimino que se estaba volviendo demasiado perezoso ya que no había vuelto a entrenar al mismo nivel desde su supuesta desaparición, en aquel momento quiso replicar a las acusaciones del Dragón pero muy en el fondo sabía que este tenía toda la razón, había descuidado demasiado su entrenamiento pero no era demasiado tarde para retomar dicha rutina.
En honor a la verdad, Igneel Dragneel era un malnacido a la hora de entrenar y su propio hijo era prueba de esto, si en el pasado el viejo reptil había sido estricto esta vez se había convertido en un capataz de esclavos que explotaba a sus prisioneros hasta la muerte con una sonrisa cruel en su deformado rostro, la rutina era simple, solo diez minutos para desayunar, entrenar, un descanso de veinte minutos para comer e ir al baño, seguir entrenando, veinticinco minutos para cenar y bañarse, dormir en las pocas horas que volaban y luego repetir todo lo anterior, esa había sido su rutina de los últimos días y francamente había sido un verdadero infierno ya que el Dragón estaba llevando su entrenamiento a niveles que jamás hubieran pasado por su joven mente.
Control de la magia, al escucharlo por primera vez pensó que se trataba de una vil tontería, ¿Qué era control de la magia? Él ya podía controlar su magia así que no tenía sentido perder el tiempo en algo como eso, afortunadamente Igneel era alguien paciente por lo que luego de golpearlo con su cola procedió a explicarle tranquilamente en qué consistía el control de la magia, simple y llanamente en eso, controlar el poder mágico propio, sonaba simple, pero era más complejo de lo que muchos esperarían, según lo que le explico Igneel los magos normalmente tienen un control básico sobre su magia, control básico se refiere a lanzar hechizos con cierto grado de maestría y efectividad, el problema es que los magos jamás le dan la importancia adecuada a este tipo de entrenamientos ya que prefieren incrementar sus reservas y por ende el poder destructivo en sus ataques, estos sin saberlo gastan más energía de la que deberían en un hechizo que de poseer un control mágico adecuado tendría el doble de poder destructivo gastando aún menos magia de la que normalmente se usaría.
Solo los magos mayores poseen un control decente sobre su magia ya que la han usado por tantos años que han aprendido a administrarla, en palabras del propio Igneel un mago que ha obtenido un control absoluto sobre su propia magia puede provocar holocaustos con esta sin perder mucha energía, además puede acceder a otras habilidades mágicas que se vuelven naturales en él, como la levitación entre otras cosas, obviamente esto no era en absoluto fácil, por lo que le comento el Dragón obtener dicho control absoluto de la magia es algo que puede tomar muchísimos años ya que requiere de mucha meditación, control emocional y control mental, cosas en las que él era un grandísimo fracaso por lo que era mejor comenzar desde ahora, tomo nota mental de que Igneel comento que Dragones, Demonios y otros entes no humanos tenían control de su magia desde el nacimiento pero el al tener sangre humana no poseía esta ventaja.
Sorprendentemente para humano y dragón no resulto ser tan fracasado como ambos esperaban durante este entrenamiento, el rey de la llama comenzó el entrenamiento con algo simple, meditar, eso para algunas personas no sería un gran reto de no ser por el hecho de que el Dragonslayer no era una persona que pudiese quedarse quieto y dejar su mente en blanco por más de un minuto, su hiperactividad era un obstáculo muy difícil de vencer, sumando el hecho de que Igneel se la pasaba haciendo ruidos para hacerle las cosas más complejas no ayudaba mucho, le tomo casi una semana comenzar por fin a relajarse, no era un progreso extraordinario pero si era mucho más de lo esperado en un largo camino que aún faltaba por recorrer.
Poder físico y espiritual, de nuevo algo que sonaba como un entrenamiento cualquiera, pero en realidad era todo menos algo fácil, este entrenamiento consumía casi todo el tiempo del que disponían ya que en honor a la verdad Igneel está decidido a convertirlo en un verdadero monstruo, abdominales, sentadillas, lagartijas, levantar cosas pesadas mientras corría, el juego de correr por tu vida antes de que te maten, nadar, todas estas cosas eran solo un calentamiento según palabras del dragón, el entrenamiento para aumentar sus reservas era algo similar a todo lo anterior, según Igneel el poder mágico solo incrementaba con el intenso entrenamiento y la experiencia por lo que este lo obligaba a cada oportunidad a usar su magia a niveles excesivos con la esperanza de que esta creciese y de esta forma ser fuerte tanto física como espiritualmente.
Solo llevaban dos semanas, pero el progreso comenzaba a notarse ya que había ganado un poco de altura y su magia había crecido un poco, no mucho, pero era algo, no podía quejarse ya que esto le estaba ayudando a distraer su mente de los recuerdos amargos, pero le intrigaba por qué su padre estaba haciéndolo pasar por un entrenamiento tan estricto, era como si estuviese planeando algo, pero no tenía ni la más mínima idea de que pasaba por la mente del rey de las llamas.
Otra cosa que no pudo evitar pasar por alto durante el viaje fueron sus pesadillas, tal parecía que la primera de estas que tuvo no fue causa del alcohol ya que incluso hoy en día estas no habían frenado, no todas eran tan fuertes como la primera pero no por eso se hacían menos escalofriantes, la constante en todos estos sueños era aquella voz que básicamente no dejaba de criticarle por su debilidad y sobre todo hacer promesas de poder más allá de la imaginación, había una frase que siempre decía aquella voz que lo tenía algo inquieto.
¡Tú eres yo y yo soy tu! ¡Juntos formamos la existencia más poderosa!
Había tratado de buscar concejo en su padre adoptivo, pero este siempre eludía la conversación o se hacia el loco para no hablar de ello.
— ¡Está bien! ¡Está bien! ¡Quédate con tu maldita casa y ya deja de llorar! — rugió Igneel ya harto de escuchar los chillidos del pobre diablo al que le había arrebatado su propiedad.
Ignorando los gritos del hombre tomo nuevamente entre sus garras la propiedad y sin delicadeza alguna la arrojo en dirección a la ciudad de donde la había tomado, todo ante a mirada incrédula de su vástago.
— ¡Arigatou! — chillo la voz del hombre antes de perderse entre las nubes.
— ¡Y no regreses! — grito el dragón de fuego agitando su puño ganando una vez más la mirada incrédula de Natsu. — De todas formas, no necesitamos ningún refugio, si mis cálculos no fallan estamos a un par de horas volando de la dichosa isla — gruño Igneel de forma esta vez más seria mientras miraba hacia el horizonte.
El pelirosa abordo el lomo del dragón y como ya era rutinario en los últimos días salió volando a toda velocidad rumbo al mar, en medio de Ishgar y Alakitasia, estaban en el borde del continente por lo que teóricamente no debían estar muy lejos.
— ¡Igneel! — llamo Natsu mientras se cubría el rostro con la mano ya que el viento le estaba golpeando justamente en los ojos.
— ¿Si? — cuestiono el Dragón al escuchar a su vástago hablarle.
— ¿Qué tan fuertes son los dioses? — pregunto Natsu con genuina curiosidad, después de todo posiblemente se encontrarían cara a cara con una de estas entidades y quería saber que tan poderosos eran, dudaba seriamente que un dios le fuera a devolver la vida a su padre no más porque si, muy probablemente tendrían que dar algo a cambio y en el peor de los casos tendrían que usar la fuerza.
— No lo sé — respondió Igneel de forma tranquila mientras esquivaba unas formaciones rocosas salientes del mar. — En mi vida tuve la oportunidad de estar cara a cara con un dios, pero conozco bastantes historias y rumores sobre ellos, sé que existen dos tipos de dioses, los dioses menores y los dioses mayores, como sus nombres lo dices los dioses menores son las entidades divinas de menor jerarquía, sus poderes según se dice se limitan a el control absoluto de un elemento y a uno que otro truco sobrenatural, esto no los hacia menos poderosos sin embargo, los rumores dicen que en su momento solo los Dragones y Demonios de mayor jerarquía además de algunos Godslayers entrenados por ellos mismos tenían el potencial para asesinarlos, como te imaginaras no es fácil dar con ellos, se dice que solo pueden ser invocados por métodos ritualistas prohibidos o encontrando una forma de entrar a sus respectivas dimensiones — explico Igneel dejando que la información fluya por la mente de Natsu.
— ¿Godslayer? ¿Cómo ese idiota de pelo rubio? — pregunto Natsu recordando su encuentro con Zancrow, como detestaba al tipo, solo recordarlo le irritaba.
— ¿Un humano con magia asesina de dioses que no fue entrenado por un Dios? — pregunto Igneel de forma burlesca ya que vio la batalla de aquel rubio con su hijo desde el interior de este. — Debo reconocer que el niño era fuerte para ser un humano pero te aseguro que no hubiera durado ni 5 minutos en presencia de un dios, si bien la magia Godslayer aprendida de libros puede ser útil contra algunos seres divinos difícilmente podría compararse a la magia de un Godslayer entrenado directamente por un dios, Dios del Fuego, Dios del Viento, Dios de la Oscuridad, escuche rumores de algunos de esos dioses pero jamás les he visto en persona — comento Igneel dejando fascinado a su vástago, el mundo sin duda era un lugar muy grande si seres tan poderosos existían. — Por otro lado, está la otra categoría, los llamados Dioses Mayores, a diferencia de los Dioses Mayores de los Menores se sabe poco o prácticamente nada, de hecho, no se tiene la certeza de que existan, sin embargo, la humanidad ha creado cultos religiosos en torno a ellos durante siglos, a diferencia de los menores su poder no se basa en la capacidad de batalla, no la necesitan, ellos controlan la realidad en sí misma, la vida, la muerte, los llamados milagros, la llamada justicia divina, el equilibrio entre el bien y el mal, seres neutrales que muy difícilmente apoyarían a otros seres sin recibir algo a cambio, a diferencia de los dioses menores los mayores no pueden morir, son parte del espacio mismo, seres efímeros que nadie sabe desde cuando existen — sobra decir que aquella explicación dejo con mucho en que pensar al joven pelirosa, eso sonaba mucho a la extensión del título, un dios, un ser absoluto.
— ¿El Dios al que buscamos en que categoría entra? — pregunto el mago de fuego aún más curioso como un niño al que le relatan un cuento de hadas.
— Francamente no lo sé, para serte honesto yo solía creer que el único dios que controlaba la vida y la muerte era Ankhseram, incluso él nunca se supo si fue un Dios Menor o Mayor, pero tomando en cuenta de que no se ha sabido de el en 400 años debemos suponer que murió lo que lo hace entrar en la categoría de Dios Menor, al dios que buscamos me dijeron que se hacía llamar Shinigami, en caso de ser un Dios Mayor no va a tener mucho sentido usar la fuerza — lo último más que una explicación era una amenaza implícita para su hijo quien era obvio estaba pensando en la idea de medir su fuerza con un dios, un suicidio por lo menos con su nivel actual.
— ¡Bien! — gruño Natsu cruzando los brazos mientras hacía un puchero. — ¿Entonces cómo es que vamos a convencerlo de que te regrese la vida? — pregunto Natsu un poco más serio a su padre el cual lucia muy despreocupado.
— No lo sé, según los rumores los dioses normalmente no hacen tratos con cualquier ser, pero cuando los hacen no piden nada muy malo, luchar en su nombre, cumplir con alguna búsqueda, espero que no sea nada muy complejo — dijo Igneel tranquilamente mientras aumentaba la velocidad de su vuelo.
El resto del viaje continuo en un cómodo silencio cada uno perdiéndose en sus propios pensamientos, como se esperaba les tomo solo un par de horas divisar la Isla, parecía ser una isla como cualquier otra, algo pequeña, no tan pequeña como Tenroujima pero si era bastante pequeña, casi toda la isla estaba repleta de árboles de tamaño medio, no lo suficientemente grandes como para cubrir el enorme Mausoleo de arquitectura gótica que podía divisarse en el centro de la Isla, dicho mausoleo sin duda ya era algo viejo si las ramas de árboles salientes de agujeros en el techo tenían algo que decir, era esa clase de lugar donde si no se andaba uno con cuidado podía caerse a pedazos.
— Este lugar me pone de nervios — gruño Igneel mirando de forma fría el monumento donde indudablemente estaba el cadáver de un sujeto desconocido.
No podía explicarlo, pero este lugar le daba un presentimiento que ni el mismo podía explicarse, algo había en este sitio que le provocaba el sentimiento de la melancolía y la tristeza, sin duda quien murió debió tener un final miserable, además no sabía porque, pero este sitio se le hacía muy familiar, muy raro tomando en cuenta que jamás había pisado estas tierras, solo las conocía porque Atlas Flame se las menciono, aterrizo a una distancia considerable de aquel mausoleo ya que con su presencia este podría derrumbarse.
— Este sitio huele a Dragón muerto — comento Natsu haciendo una mueca mientras arrugaba la nariz ante el extraño olor que inundaba la isla, jamás había olido el cadáver de un dragón, pero si olía remotamente similar a las ratas muerta entonces no podía ser otra cosa.
— Ciertamente este sitio huele a cadáver de Dragón, tal vez este sitio en su momento fue un campo de batalla durante la guerra civil entre los Dragones hace 400 años, aunque es inusual que ese olor dure tanto tiempo — respondió Igneel olfateando el aire con sus fosas nasales súper desarrolladas. — Bien Natsu como supondrás soy demasiado grande como para siquiera pensar en entrar en ese maldito lugar, así que deberás entrar ahí, buscar algo que sea útil y salir lo más rápido posible, la idea de profanar una tumba no es precisamente algo cómodo — explico Igneel ganando un guiño de su vástago quien bajo del lomo del dragón de un brinco y comenzó a correr hacia el sitio.
— ¡Aye! — exclamo el mago de fuego mientras se abría paso entre las ramas en dirección al mausoleo.
Le tomo tan solo unos minutos llegar a la entrada del mencionado mausoleo y no podía dejar de soltar un silbido de impresión al ver aquel edificio tan imponente, tenía escalones de mármol que guiaban a la entrada cuya puerta estaba hecha de madera fina, está ya estaba algo podrida, pero se podía apreciar aun así que en su momento fue de la más alta calidad, un detalle interesante era que los lados de la puerta estaban custodiados por las estatuas de ángeles típicas de los cementerios, con la gran diferencia de que estos ángeles tenían alas de dragón, cuernos de toro y una cola demoniaca.
— ¡Sugoi! Este tipo sí que tenía estilo — susurro Salamander mientras tomaba la perilla de la puerta la cual estaba hecha de oro.
Ni lento ni perezoso el pelirosa se adentró en el mausoleo, este estaba muy lejos de ser tan impresionante por dentro como por fuera, parecía que en el interior el paso del tiempo había hecho más mella, las raíces cuarteando el piso, las paredes agrietadas y los agujeros en el techo lo dejaban muy claro, en el centro de la habitación se encontraban dos ataúdes en evidente estado de podredumbre, cabe destacar que en medio de estos había una placa de piedra posiblemente cumpliendo la función de lapida, pero sus letras se habían visto desgastadas lo que hacía difícil saber quiénes eran.
— No me siento muy cómodo con esto mejor busco cualquier artefacto que parezca tener relación con el dios de la muerte para poder irme de aquí — declaro para sí mismo mientras que con su mirada comenzaba a buscar cualquier cosa que pudiese ser útil.
No le tomo mucho tiempo darse cuenta que en una esquina de la habitación se encontraba un librero ya algo corroído, dicho mueble contenía algunos libros y uno que otro objeto curioso, sorprendentemente dichas cosas lucían medianamente bien conservadas, se acercó a dicho lugar con la intención de revisar cosa por cosa.
— Veamos… — tomo el libro más delgado que vio y luego de quitarle el polvo leyó el título en voz alta. — Los hechizos básicos más útiles, las verdaderas artes de los brujos — susurro con una mueca al ver el titulo tan largo, se había jurado a sí mismo no volver a ver un libro más de lo necesario, no desde aquella ocasión donde Erza le enseño a leer, sin embargo, como decía el titulo su contenido podría ser demasiado útil como para simplemente ignorarlo.
Su mirada se posó en otro objeto que llamo su atención, parecía ser una mochila de un solo tirante de un curioso color fuego, parecía algo polvosa, pero eso podía remediarse con una lavada.
— Lo llevare y tal vez lo lea algún día — tomo la mochila, la abrió y deposito el libro dentro de esta, sus ojos se abrieron como platos ante lo que ocurrió a continuación, en el momento en que su mano soltó el libro este adopto un tamaño muy pequeño, no mayor al de una uña, Parpadeo un par de veces, saco el libro y este retomo su tamaño original, lo volvió a meter y nuevamente se encogió, repitió dichas acciones un par de veces antes de susurrar una cosa. — Este tipo era un puto genio — esa mochila sin duda facilitaría las cosas e incluso alguien con las capacidades intelectuales de Salamander no era tan tonto como para desperdiciar algo tan valioso.
Comenzó nuevamente a buscar libro por libro, dejaba en su lugar los que tenían títulos aburridos, pero se guardaba los que contenían títulos por demás interesantes, Sellos mágicos, todos los niveles, rituales negros y blancos, entre otros que era mejor no mencionar, ya algo nervioso tomo el último libro el cual no era ni muy grueso ni muy delgado, para su gran alivio este parecía ser lo que buscaba.
— Invocación de dioses, todo lo que hay que saber — leyó en voz alta el título del libro el cual definitivamente era lo que necesitaba.
Guardo aquel libro en la mochila y estaba por irse cuando su mirada noto un objeto brillante en otra esquina del lugar, incapaz de resistir la curiosidad se acercó al lugar, el objeto que generaba ese brillo era por demás inusual, era lo que parecía ser un hyoutan, sin embargo, jamás había visto uno remotamente parecido a este, estaba hecho de plata con un diseño intrincado, su tapa parecía ser metálica y en el centro de esta estaba grabada la cara regordeta de un demonio.
— Luce muy tétrico, la muerte es tétrica, tal vez pueda ser útil — razono de forma un tanto inocente mientras guardaba aquel objeto en la mochila.
Sin nada más que hacer en aquel lugar tan lúgubre salió corriendo de vuelta a donde su padre le esperaba, le tomo solo un par de minutos llegar, tal como esperaba Igneel estaba con sus brazos cruzados con una expresión de impaciencia.
— Tardaste mucho — gruño el Dragón algo molesto no muy contento con la idea de que estaban profanando el lugar de descanso eterno de una persona, pero era un mal necesario.
— Gomen pero no fue fácil encontrarlo — se excusó el Dragneel mientras abría el cierre de la mochila, el Dragón rojo enarco su ceja al ver aquella maleta en manos de su hijo esperando que no haya hecho algo estúpido como arrebatársela a algún muerto. — Este es — dijo Natsu sacando un libro muy pequeño de color rojo.
Al dragón no le hizo mucha gracia aquello y estaba por desatar su furia sobre su hijo cuando para su incredulidad el libro comenzó a crecer hasta quedar de un grueso que nada envidiaría la Biblia.
— Mejor no pregunto — dijo Igneel soltando un pesado suspiro, había visto muchas cosas raras en su vida, cosas que era mejor no cuestionar, un libro cambiando de tamaño no era la gran cosa.
El pelirosa dejo el libro sobre el suelo permitiendo ambos pudiesen leerlo.
— Invocación de Dioses, Todo lo que hay que saber, directo al grano como me gusta — comento el Dragón leyendo el título del libro en voz alta antes de abrirlo delicadamente con su garra, ambos padre e hijo enarcaron una ceja al ver que la primera página en blanco tenía una nota pegada escrita con una caligrafía prácticamente impecable.
"Debes estar muy desesperado si estás leyendo este libro así que iremos directo al grano, invocar a un Dios es todo menos un juego, debes estar muy seguro de lo que vas a hacer ya que para empezar el 90% de los rituales de este libro son muy complejos y según algunos puntos de vista inmorales, un taboo mágico imperdonable, por lo cual antes de siquiera considerar la idea de recurrir a un Dios debes pensar en cualquier otro recurso que solucione tus problemas, sin embargo si esta es tu última opción entonces debes tener varias cosas en consideración, debes escoger cuidadosamente a que Dios necesitas invocar y sobre todo una vez más reflexionar si vale la pena, creer que todos los Dioses son buenos es el peor error que puedes cometer a la hora de invocarlos, algunos de ellos pueden ser más viles y crueles que el peor de los Demonios, nada te garantiza que de hecho ellos sean los causantes de todas tus tragedias, todo para que llegues a ellos y puedan usarte a su antojo y luego destruirte cuando dejes de ser útil, no todos son así pero si existen algunas manzanas podridas en el árbol del Edén, como ya supondrás una deidad no solucionara tus problemas así porque si, pedirán algo a cambio, desconozco totalmente que piden ya que cada uno desea cosas muy distinta, la única deidad a la que llegue a vender mi alma fue a La Diosa Blanca a la cual afortunadamente fui capaz de pagarle con algo no muy complejo, cuando haces un pacto con un Dios estos casi siempre te dan un contrato a firmar con tu propia sangre, debes leerlo atentamente para verificar que todo esté bien, si no te da un contrato cancela el ritual y no vuelvas a buscar a ese Dios ya que es muy probable que te traicione, buena suerte y ojala tus problemas se solucionen"
— Bueno eso fue informativo — comento Natsu dando un silbido luego de que Igneel terminase de leer aquella nota.
— Ciertamente quien escribió esto lo hizo sabiendo que tal vez algún día alguien encontraría este libro, además sus palabras dan a entender que esta persona tuvo experiencias con Dioses lo que hace su testimonio más confiable — dijo Igneel prestando especial atención a la mención de la Diosa Blanca, jamás había escuchado de ella para empezar, el titulo le sonaba conocido, pero no podía recordar donde lo había escuchado.
Sin querer pensar mucho en eso ambos volvieron a cambiar de página llegando directamente al índice, el libro aparentemente estaba dividido en dos secciones, Invocación de Dioses Menores e Invocación de Dioses Mayores, tomaron nota de nombres de dioses que jamás habían oído mencionar, del curioso hecho de que los dioses menores tenían casi todo el libro dedicado a sus ritos de invocación mientras los mayores tenían menos de tres páginas, en dicha sección se encontraba el nombre del Shinigami, al dios al que buscaban.
Mientras que llegaban a la sección de Shinigami no pudieron evitar ojear un poco sobre los otros Dioses, tal como decía la nota, muchos dioses tenían ritos de invocación muy complejos que rayaban en lo absurdo, algunos pedían la sangre de pueblos enteros, otros servicios sexuales, los más nobles pedían predicar ideales de paz por el resto de tu vida, entre otras cosas.
— Bastardos — gruño Natsu mirando con molestia algunos de los rituales para invocar dioses, sin duda si este libro caía en manos equivocadas podría provocar daño incalculable.
Igneel asintió estando de acuerdo con su hijo mientras hacia una nota mental de esconder el libro cuando terminasen de usarlo, sin duda este libro en manos humanas e incluso en manos de seres de otra naturaleza podría causar muchos daños, le tomo unos momentos finalmente llegar la sección del Shinigami, ambos dragón y humano enarcaron sus cejas al ver que la portada de esta sección tenía la imagen de un ser demoniaco de cabello blanco puntiagudo y cuernos vistiendo una túnica blanca.
"En contraste con la creencia popular los Dioses Mayores no requieren de ritos tan complejos como los de los Dioses Menores para ser invocados, estos Dioses no tienen ni el tiempo ni la paciencia para ver a los humanos cometiendo actos carentes de sentido solo para hablar con ellos, tampoco necesitan que les inflen el ego con ritos ostentosos como a los Dioses Menores, son seres con un pensamiento superior con posiciones neutrales, por consecuente ellos no van a aparecer si no tienes algo lo suficientemente valioso para darles o en su defecto si no eres alguien interesante, la Shinigami, la Diosa de la Muerte no es la excepción a esto, son contados los humanos que se han atrevido a invocarla, este libro es conocimiento considerado prohibido cuyo contenido no es para los ojos de cualquiera, en el pasado algunos humanos crearon métodos u objetos para forzarla a manifestarse en el mundo de los humanos, a ella no le gustaba esto así que acostumbraba a cobrarse con la vida del invocador, pero no temáis, esto no ocurrirá si sigues las instrucciones, este rito es más que nada una invitación, ella decidirá si aceptarla o no, es muy simple, al final de este libro hay varios sellos de invocación, debes tomar el que pertenezca a la Diosa de la Muerte, deja caer una gota de sangre sobre este y deja fluir sobre el un poco de energía, espera cinco minutos y sin no aparece quiere decir que ella rechazo tu invitación así que no tendrá sentido seguir intentando, se recomienda esperarla con un cesto de manzanas y una botella de Sake, ella será tu invitada y le gusta que la traten como tal, por simple y llana educación, no lambisconería"
— Esto será un problema — gruño Igneel mientras leía y releía aquel escrito, sonaba simple solo por un par de cosas, no tenían Sake ni manzanas.
— Las manzanas las podemos buscar en el bosque, pero el Sake… — el pelirosa se quedó pensando por algunos minutos tratando de pensar en alguna forma de obtener Sake, por obvias razones no podían comprar en una tienda ya que estaban en una isla desierta. — ¡Eso es! — exclamo de repente mientras buscaba algo entre sus ropas hasta que finalmente lo encontró.
— ¿De dónde sacaste eso? — exigió saber Igneel dándole una mirada inquisidora a su hijo al ver que sostenía una pequeña botella Sake.
— Luego de lo de Erza comencé a beber, había olvidado que la tenía conmigo — explico el Dragonslayer con una mueca de dolor al mencionar a la Scarlet.
— ¿Tuviste esa cosa contigo por dos semanas y no lo notaste? — pregunto el Dragón sin saber si estar molesto por la estupidez de su hijo y en cierta forma feliz porque dicha estupidez les acababa de quitar un problema de encima.
El pelirosa no respondió, se limitó a encogerse en hombros mientras con su mirada buscaba algún árbol que tuviese manzanas, afortunadamente encontraron uno a escasos metros de distancia, siendo Dragneels procedieron a bajar las manzanas de la forma más sutil posible lo que se traduce en que el Dragón derribo el árbol de un cabezazo mientras Salamander tomaba varias manzanas con ayuda de su chaleco.
— Terminemos con esto — gruño Natsu algo ansioso, comenzó a buscar en las páginas del libro los sellos mencionados, no le tomo mucho tiempo encontrarlos, el sello del Dios de la Muerte era algo simple, eran letras rojas en un idioma extraño formando un rostro cadavérico.
Sin querer perder mucho el tiempo Igneel se pinchó el dedo con su garra dejando caer una gota de su sangre sobre el sello, dejo de la misma forma fluir un poco de su magia sobre dicho sello el cual comenzaba a brillar de un extraño color negro.
Quinto Minuto
…
…
…
…
No ocurría nada
…
…
…
…
Cuarto Minuto, no ocurría nada.
…
…
…
…
Tercer Minuto, seguía sin ocurrir algo.
…
…
…
…
Segundo Minuto, no ocurría absolutamente nada.
…
…
…
…
Primer Minuto, no pasó nada.
…
…
…
…
— ¿Qué diablos fue eso? — gruño Natsu mirando frenéticamente en todas direcciones, minutos antes estaban en el bosque, pero todo ocurrió tan rápido que ni ellos mismos sabían que sucedió.
El paisaje era desolador y eso era decir poco, era un bosque marchito, la tierra era negra e infértil, el cielo nocturno totalmente nublado con excepción de la luna que apenas alumbraba débilmente, el lugar inevitablemente les hizo estremecerse visiblemente, no tanto por su apariencia sino por la vibra que emitía.
— ¿Funciono? — se cuestionó a si mismo Igneel con una expresión seria en su rostro reptiliano.
— Funciono a la perfección, Igneel Dragneel — respondió la suave y delicada voz de una mujer que llamo la atención del humano y el dragón.
Hermosa y mortífera era adjetivos que se quedaban cortos para describir lo que estaba ante sus ojos, era una mujer joven, no parecía tener más de 20 años, su cabello blanco lacio hasta la cintura, su figura digna de su título, una diosa, los hombres irían a la guerra sin dudarlo solo para hacerla suya, su piel era clara rozando lo enfermizo, pero le daba cierto encanto, su rostro hermoso esculpido a la perfección, ojos rojos que parecían perforar el alma, viste un vestido blanco y largo, sentada sobre las ramas de un árbol bebiendo el Sake y comiendo las manzanas.
La Shinigami estaba frente a ellos.
Esta historia continuara…
Muy corto lo sé pero así serán los primeros capítulos, deben comprender que soy muy nuevo a la hora de escribir los NatZa y por consecuencia debo adaptar mi forma de escribir a ellos, espero que les haya gustado, sus comentarios, críticas y opiniones son bien recibidos.
