Temprano Despertar

No soy dueño ni de Fairy Tail, ni de Naruto ni de ningún material con dueño presentado en esta historia, solo el contenido Oc me pertenece, las dos obras principales de este crossover pertenecen a Hiro Mashima y Masashi Kishimoto respectivamente.

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Capítulo 5: Revelaciones ¿Quién o que soy yo?

Sancta in ultimo spiritu constitutus,

uxor pia cogitatione,

Purpura pulchritudine tua, aethereum et tunicam,

Tegunt animam meam corpus tegunt.

Tam bellum mihi videaris?

Quia igitur animalis risu dulcis?

Quia numquam viderit raptim

aut prospicit faciem meam,

celesttial mihi fascinat figura,

capilli tui tua Esto,

stellarum,

ut a virgine virgine,

delicate a princeps,

et tranquillam vitam sponsa fidelis dilecte.

Dic te amo quam tu,

non sufficit totum librum

sincere et fideliter amanti,

Non ego vivit vero in me,

Ego servus fortunam

et elegit,

Santa Muerte deboto sum vobis

Nuestros protagonistas podían ser muchas cosas, intrépidos, valientes y temerarios, estaban orgullosos de sí mismos por haber enfrentado duras pruebas a lo largo de sus vidas, pruebas que habrían quebrado a muchos pero no a ellos, las superaron con creces muchas veces plantando cara a lo que muchos considerarían causas perdidas, superando la adversidad con determinación, solo era causa de este pasado que ambos poseían que lograban mantener la compostura ante la escena que estaban viendo, una escena que nada envidiaría a una película de horror.

Por todo el bosque rondaban unos extraños esqueletos con túnicas negras, dichas criaturas hacían canticos de forma por demás escalofriante en reverencia a la reina muerte la cual les miraba con una inusual sonrisa maternal, como la de una primeriza cobijando a un niño, arrullándole con su manto blanco, los seres vivientes poseen un miedo casi innato a la muerte, no saben que precede a esta, temen a lo que desconocen y la muerte es una de estas cosas, pero la realidad la muerte es a lo que menos debe temérsele ya que es la única cosa que está asegurada en esta vida, es inevitable y todos deben pasar por ella, no hay motivo real para temerle, su verdadera apariencia no era más que un reflejo de su verdadera naturaleza.

Silencio niños ¿Qué no ven que asustan a mis anfitriones? — regaño la Diosa de forma maternal que a Natsu le recordaba un poco a Mirajane.

Aquellos esqueletos dieron un débil asentimiento y para asombro del dúo padre e hijo comenzaron a desvanecerse en una neblina negra, como si jamás hubieran estado ahí, la diosa asintió complacida antes de encarar a los humanos que le habían invocado, no dejaba de mirarles con su encantadora sonrisa y dedicándoles una dulce mirada.

Las miradas del Dragón y del humano de estrecharon, no podían dejar de sentirse algo intimidados a causa de la enorme presencia de la Shinigami, era algo muy difícil de explicar, no era poder mágico ni nada por el estilo, era una sensación divina y aplastante más allá de la comprensión mortal, aquella entidad era alguien con un poder superior lejos de su comprensión a la cual debían mostrarle respeto, cosa que cabe destacar los Dragneel no conocían.

¿Tu eres el Shinigami? — demando saber Igneel con voz grave mientras miraba de forma seria a la diosa.

No era falta de respeto o por lo menos así no lo veía Igneel, era el simple y llano hecho de que eran Dragones, las criaturas que gobernaban los cielos, seres más allá de la comprensión que siguen sus propias reglas sin dar explicaciones, no les gusta inclinarse ante nada ni ante nadie y eso incluye a los propios Dioses.

La diosa soltó una risa por lo bajo mientras su mirada coincidía con la del Dragón, dicha mirada aun reflejaba amor y dulzura, pero oculto tras todo esto se encontraba una sensación letal y amenazante que habría sometido a la mayoría de los seres, pero no a Igneel Dragneel, este se limitó a sonreír de forma muy similar a la de su vástago mientras su mirada se tornaba aún más feroz, a dicho concurso se unió Natsu Dragneel cuya mirada reflejaba sus deseos de lucha y la determinación.

Fufufu eres todo lo que se dice y mas Igneel Dragneel — rio de buena gana la Shinigami mientras bajaba del árbol aterrizando con agilidad en el frio piso con sus pies descalzos.

La diosa se acercó con pasos lentos y relajados hasta quedar peligrosamente cerca de la bestia, esta se tensó visiblemente al sentir la mano fría de la diosa acariciando su piel, era la muerte de eso no cabía duda, el simple tacto con su piel helada lo verificaba.

Puede que no lo sepas, pero tu fuerza en tu mejor momento fue reconocida y respetada incluso entre nosotros los dioses, Enryuo no Igneel, el dragón que se dice que su poder es tal que podría matar a la mayoría de los dioses menores, jamás pensé que podría llegar a tener un invocador tan interesante… — las palabras de la diosa conmocionaron tanto a Natsu como a Igneel.

El Dragón inflo el pecho con orgullo al escuchar que su poder mismo era respetado incluso entre dioses, se consideraba a sí mismo un dragón muy poderoso, cuando estaba vivo tal vez tanto como el mismísimo Acnologia, pero darse cuenta de que tenía la fuerza para matar algunos dioses sin duda era una revelación muy interesante.

Y no menos importante, Natsu Dragnee-kun, debo decir que eso que dicen que de tal palo tal astilla aplica mucho en ti, eres muy parecido a Igneel cuando apenas era una cría, eres el mejor pecado contra la naturaleza que he pasado por alto — la mirada de la diosa se suavizo en gran medida cuando mencionaba a Salamander, para la inquietud de este la diosa se abrazó a él sujetando su rostro entre sus frías manos dedicándole una mirada de ternura ante la que Natsu no sabía cómo reaccionar.

Una expresión de pánico adorno el rostro de Igneel cuando la diosa menciono Pecado contra la Naturaleza, él supo muy bien a que se refería, se maldijo mentalmente por no haber reparado en que esto podría pasar, era la Diosa de la Muerte después de todo, sería muy inocente pensar que ella desconociera la situación de Natsu, trataba de descifrar que pensaba al respecto la deidad, no se veía molesta, más bien aliviada, solo esperaba que la Shinigami dijera cosas de mas, cosas para las que Natsu no estaba preparado.

Ciertamente eres un caso único Natsu-kun, cuando ocurrió aquel incidente no sabes lo terrible que me sentí, recibo almas de niños a diario, niños que no merecían ver la miseria del mundo humano, pero tú en particular eras un alma que no quería recibir, tu existencia misma es un pecado, pero un pecado que pasé por alto, me alegra ver que valió la pena, tan solo mírate, creciste para ser una buena persona — Natsu se extrañó enormemente por las palabras de la diosa la cual parecía saber mucho de él, tal vez más que si mismo.

— ¿De que estas hablando? — cuestiono Natsu confundido por las palabras de la reina muerte.

La Diosa no respondió, en su lugar miro a Igneel cuya mirada suplicante era todo lo que necesitaba como una respuesta, Natsu no sabía absolutamente nada de si mismo y aparentemente no lo sabría en mucho tiempo, su mente no estaba lista para recibir tal información.

Nada de lo que tengas que preocuparte por ahora, lo sabrás algún día, pero no ahora, solo concéntrate en ser más fuerte como tu Tou-chan, me gustaría ver un día de estos el poder de un verdadero Dragonslayer — dijo Shinigami con la esperanza de apaciguar la sed de conocimiento del pelirosa, funciono a la perfección ya que pudo ver como la mirada del joven se encendía, la perspectiva de un reto fue demasiado para él.

— Te daré un espectáculo que jamás olvidaras, Shinigami, veras el poder de un Dragonslayer hijo de Igneel — declaro Natsu con fuego en su mirada.

La diosa asintió complacida al ver aquella mirada mientras Igneel miraba orgulloso y a su vez le daba un silencioso gracias al Shinigami por no haberle delatado la horrible verdad.

Pasemos a los negocios — declaro la muerte esta vez de forma más seria ganando la atención de los dos seres de fuego.

No creo que deba decirte por qué estamos aquí, probablemente ya lo sepas, ya estoy muerto, en este momento no soy más que una de tantas almas que pronto deberás cosechar, yo realmente estaba dispuesto a morir con dignidad, pero darme cuenta de cuanto me necesita mi hijo en estos momentos y también saber que no puedo irme sin haber vencido al Dragón del Apocalipsis me ha hecho desistir, sencillamente no puedo irme, no ahora por lo menos, no se cual sea tu precio pero si puedo vivir siquiera un poco más estoy más que dispuesto a pagarlo — declaro el Rey de las llamas con palabras llenas de convicción que ganaron un gesto curioso de la diosa de la muerte.

Quieres vivir para otros y no para ti mismo además estas dispuesto a dar cualquier precio, ciertamente un acto noble de tu parte Igneel Dragneel — comento la diosa mirando con cierto respeto al Dragón de fuego. — Te seré muy franca, puedo devolverte la vida Igneel pero no de la forma en que tú crees, ustedes los Dragones normalmente es imposible que tengan una resurrección, ningún dios puede traerles de la muerte incluyéndome ya que ustedes son creación de Haruko, La Diosa Blanca, una Diosa Mayor al igual que yo, ella les creo en cierto grado a su imagen y semejanza, ella vio que ustedes poseían un potencial incalculable, tú y Acnologia son pruebas de ello, que ustedes tuvieran la capacidad de regresar de la muerte era algo demasiado peligroso, por ello pese a que les tenía un gran amor por ser sus creaciones nos hizo a todos los dioses jurar por medio de un contrato que jamás de los jamases intentaríamos devolverle la vida a uno de ustedes para usarles para nuestros propósitos, dicho contrato anula automáticamente cualquier intento de un Dios para devolver la vida a un Dragón — explico la Diosa de forma muy tranquila dejando a los dos con mucho en que pensar.

El joven Dragonslayer siendo alguien impulsivo estaba por gritar y exigirle a la diosa que reviviese a Igneel, sin embargo, cuando recordó que en principio dijo que podía devolverle la vida decidió por una vez en su vida frenar la impulsividad y esperar a que esta dijera algo, parecía ser alguien muy amable así que esperaba que pudiera hacer algo por ellos, Igneel por otra parte era un hervidero de sentimientos y emociones, Haruko, La Diosa Blanca, de nuevo ese nombre le sonaba muy conocido, según Shinigami era la deidad que creo a su especie, sin embargo jamás había escuchado a otros dragones mencionarla, pero el nombre no dejaba de sonarle conocido.

Sin embargo, tú eres un caso muy distinto al de los otros Dragones, pero antes de que te diga el porqué, respóndeme algo, ¿Quién eres tú y de dónde vienes? — pregunto Shinigami inusualmente seria ganando la mirada confusa de los dos Dragneel.

¿Quién soy yo? Tú debes saberlo, Soy el poderoso Igneel, el Rey Dragón de las Llamas, mi mero rugido hace estremecer la tierra, vengo de uno de los linajes más poderosos entre los Dragones, eso soy yo, Igneel Dragneel — rugió el reptil con claro orgullo y arrogancia en su declaración, a su vez muy seguro de lo que le estaba diciendo a la diosa.

Ciertamente, eres todo lo que dices y más, naciste en una de las manadas de Dragones más prosperas de aquella época, hijo de uno de los pocos Dragones que podía llamarse a sí mismo un Dios, ¿Pero realmente eso es todo lo que eres? ¿Estas realmente seguro de que te quedas únicamente con esa respuesta? Eres más de lo que tú crees Igneel, al igual que Natsu-kun crees saber todo de ti mismo cuando en realidad no te conoces tan bien como crees — un silencio incomodo reino aquel paramo cuando esas palabras salieron de boca de la muerte.

El padre de Natsu se quedó en silencio mientras aquellas palabras penetraban su mente, enojado y confundido era su estado de ánimo, ¿Cómo se atreve a decirle esta mujer que no se conocía a sí mismo? Nadie se conocía mejor que el mismo, ¡Igneel Dragnel! ¡El Rey Dragón de las Llamas! Diosa o no era un insulto decirle que no sabía nada de sí mismo, pero sin embargo una parte de sí mismo le decía que no estaba satisfecho con aquella respuesta, era una sensación confusa que estaba en lo más profundo de su ser, le decía a gritos que él era algo más, mucho más de lo que él podía recordar.

¿Lo estas considerando? Una parte de ti sabe que tengo razón, te diré la verdad, una verdad que tu ignorabas totalmente ya que es algo que solo Haruko y yo conocíamos, ciertamente tu naciste como un Dragón y llevas la sangre de uno, pero tu alma es otra cosa, tu alma es 50% la de un ser humano, un ser humano que llevo un pasado tortuoso y miserable, un pobre que vivió el infierno en la tierra, vendió su alma a La Diosa Blanca luego de ser traicionado por quienes el arriesgo su vida, él se convirtió en un poderoso Dragonslayer que hizo y deshizo a capricho en el mundo humano, su muerte fue trágica por no decir horrible, a Haruko no le gusto eso y se negó a dejarle ir tan fácilmente, tomo el alma de aquel pobre humano y le reencarno en un Dragón, ese Dragón eras tú Igneel Dragneel

Un silencio incomodo reino el ambiente luego de que aquella revelación saliera de labios de la diosa de la muerte, los ojos de Natsu Dragneel se abrieron como platos al escuchar aquellas palabras, ¿Su padre fue alguna vez un humano? ¡Imposible! Simplemente era algo difícil de creer, la parte de haber sido miserable sonaba horrible por decir lo menos, si lo pensaba más a fondo tal vez por eso le había adoptado ya que inconscientemente le recordaba a él como humano, su mirada se enfocó en su padre, este tenía sus ojos abiertos en señal de incredulidad, su cuerpo temblaba ligeramente mientras trataba de hablar, pero las palabras no salían, estaba totalmente conmocionado.

"La única deidad a la que llegué a vender mi alma fue a La Diosa Blanca a la cual afortunadamente fui capaz de pagarle con algo no muy complejo"

¡No puede ser! Entonces esa tumba era… — Natsu no era alguien muy inteligente pero tampoco era un idiota, su mente hizo las conexiones rápidamente, las palabras de Shinigami, las notas en el libro, el olor a dragón muerto, todo era demasiada coincidencia.

Tiene que ser una puta broma, no puede ser verdad, simplemente no puede, ¿Yo un humano? Tonterías, ¿Entonces porque me afecta tanto? ¡Maldita sea! — la mente y corazón del Dragon rojo eran un remolino de emociones sin saber cómo tomar esta noticia, su vista se nublaba y su cabeza punzaba.

— ¡IGNEEL! — grito Natsu observando con preocupación como un brillo verdoso adornaba los ojos del Rey Dragón mientras este movía su cabeza de un lado a otro tratando de hacer que el dolor desapareciese.

GROAARRRRRR — Igneel lanzo un poderoso chorro de fuego que ilumino los cielos mismos mientras extrañas voces rondaban por su mente.

¿Crees que todo ha terminado? Pudiste haberme matado, pero todo esto solo está por empezar, ¿Sabes por qué? Porque eres como yo, dimos todo por nuestras familias, pero jamás seremos reconocidos por estas, ¿Crees que después de esto serás recordado como un héroe y tendrás todo lo que siempre soñaste? ¡MADURA DE UNA PUTA VEZ MOCOSO IMBECIL! Ellos solo te traicionaran, la gloria será para todos menos para ti y cuando eso ocurre seré testigo desde el más profundo de los infiernos de como lo que luchaste por proteger es aplastado por tus propias manos, desearan que mi proyecto Ojo de la Luna fuese un éxito porque sin saberlo ayude a dar a origen a algo peor

¡Él tenía razón!

¡Gané y a su vez perdí!

¡Todos me habían traicionado!

A su mente llegaron imágenes de una guerra contra guerreros como jamás los había visto, comandados por un hombre de armadura, cabello negro largo puntiagudo y ojos rojos como la sangre.

Les presento a mi sucesor, el Godaime Hokage de Konoha no sato, Uzumaki Namikaze Menma, y a su futura esposa, Hyuga Hinata, los héroes de la Cuarta Gran Guerra Shinobi, el que derroto a Uchiha Madara y el Niño de la profecía

Gomen Naruto-kun pero me casare con Menma, no contigo

Eres un Baka, solo te utilice para que trajeras a Sasuke-kun, ahora que ya lo hiciste no me sirves para nada, haznos un favor a todos y lárgate de aquí

Deja de comportarte como un mocoso y acepta como son las cosas, ¿Mataste a Uchiha Madara? Eso no nos importa, a la gente le gusta más Menma y a ti te desprecian, solo pensamos en lo mejor para Konoha Naruto

De nuevo a su mente llegaron visiones que por alguna razón le dolían, tumultos de gente mirándolo como si fuese la peste, un hombre rubio con cabellos puntiagudos sonriendo de forma hipócrita, un hombre de cabello blanco montando un sapo, otras personas mas con uniformes raros y bandas metálicas persiguiéndole, una mujer de ojos aperlados y cabello negro azulado besando a un hombre pelirrojo.

¡No lo acepto!

¡Querían un Demonio!

¡Bien aquí lo tienen!

¡Recen a los dioses por sus putas almas porque ni ellos podrán protegerles de mí!

¡Aprenderán que puedo odiarlos tanto como les ame alguna vez!

¿Por qué habría de juzgar a alguien cuya forma de ser fue moldeada por quienes tanto daño le han hecho? ¿Quieres el poder? Puedo ayudarte a conseguir poder más allá de cualquier ninja, algo verdaderamente mágico, puedo guiar ese potencial mal enfocado a un camino de poder y gloria, solo tienes que aceptar mi precio

Sufrirás un entrenamiento inhumano, posiblemente mueras antes de siquiera concluirlo, pero si sobrevives no habrá humano que pueda mirarte a la cara, tendrás poder como ningún otro, dioses, demonios y dragones te temerán, conviértete en un Dragonslayer y tus enemigos huirán al fuego de tu poder

— ¿Namikaze? ¿Uzumaki? No entrenare a nadie que tenga en su nombre un apellido que opaque su gloria, el apellido de mis aprendices debe reflejar poder tal que llene de temor el corazón de los enemigos, invéntate un apellido que refleje tu esencia, uno que te acompañara en esta y en la otra vida

Las visiones ahora eran de una mujer de largos cabellos negros que llegaban a sus tobillos, no podía verla claramente, pero vestía una túnica blanca similar a la de Shinigami, en sus manos llevaba un contrato y una pluma de oro, extendiéndosela para que la firme, veía a distintos seres amorfos recriminándole su debilidad, entrenándole a puntos inhumanos, dragones e incluso demonios contribuían.

¡Así lo hice!

¡Entrene tan duro como jamás lo había hecho!

¡De la mano de maestros que genuinamente se preocupaban por mi crecimiento!

¡Antes de darme cuenta obtuve poder tal que incluso Dioses lo pensaban dos veces antes de enfrentarme!

¡Namikaze Uzumaki Naruto! Por orden del comandante supremo de la Gran Alianza Shinobi, Namikaze Uzumaki Menma, quedas bajo arresto y has de venir con nosotros ha Konoha

¡Pobres diablos!

No debieron venir aquí Anbus patéticos, ustedes serán el mensaje perfecto para mi estúpida familia, el mensaje de que estoy de vuelta y más fuerte de lo que jamás he sido… Karyuu no Hoko

¡Namikaze Uzumaki Naruto Murió! ¡Muerto como siempre debió ser! ¡A partir de ahora se referirán a mi como Lord Naruto Dragneel! ¡El asesino de Dragones y Demonios!

Por el bien de Konoha has de morir incluso si eres mi hijo… Rasengan

¿Tu matarme a mí? Mide tus palabras humano patético, lamentaras haberlas dicho, hare que sientas la misma desesperación que yo senti por tu puta culpa… Enryuo no Hoken —

Ciudades, países, guerreros de todo calibre, nadie se salvaba, todo era consumido por el fuego, la silueta de un hombre de cabello puntiagudo erigiéndose sobre todo esto, riendo hacia el cielo como si lo que hizo fuera el mayor chiste del mundo.

¡Oh eso fue hasta que la conocí!

¡Aquella que domo al Dragón!

¡Su mirada veía más allá del odio y la venganza!

¡Un ser tan puro y lleno de buenos sentimientos!

¿Por qué tienes esa mirada Master?

Estoy embarazada

Mira Rose-chan, él es Naruto-Tou-chan, el cuidara bien de nosotras

Has sufrido mucho Master, pero no debes aferrarte al pasado, miremos hacia adelante, por favor deja que esta humilde sierva cure esas heridas en su corazón

¡BOOOOMMMMM!

— ¿DEJA DE COMPORTARTE COMO UN IDIOTA IGNEEL? — rugió de pronto Natsu Dragneel quien acababa de propinar un potente puñetazo con su magia de fuego en la mandíbula de su padre.

El Dragón parpadeo un par de veces tratando de asimilar lo que acababa de ocurrir, miro el entorno y contemplo con los ojos muy abiertos que todo estaba encendido, el mundo se había consumido en las abrazadoras llamas, los árboles, las montañas, absolutamente todo ardía, la Shinigami cabe destacar estaba totalmente a salvo montando una hoz como si de una escoba se tratase.

— ¡Importa una mierda quien o que hayas sido antes! ¿Qué importa lo que haya ocurrido en el pasado? ¡Deja lo malo atrás y quédate con lo bueno! ¡Solo importa lo que eres ahora! ¡ERES MI PADRE! MIRA HACIA ADELANTE Y VIVE PARA VER UN NUEVO MAÑANA— luego de aquel discurso Salamander se abrazó al hocico de su padre quien le miraba con los ojos muy abiertos.

Buen golpe… — susurro débilmente Igneel mientras abrazaba con su cola a su hijo, tenía razón, no tenía idea de quien fue o mejor dicho quién es, solo una cosa tenia clara, eso importaba una mierda, era el padre de Natsu, eso nada ni nadie lo cambiaria.

Debo preguntarte de nuevo Igneel, ¿Quién eres y de dónde vienes? — cuestiono la Reyna Muerte mirando con una sonrisa al Dragón Rojo quien le devolvió una mirada feroz.

Naruto Dragneel, no sé quién fue el, no sé quién soy yo en estos momentos, pero te diré que francamente no me importa, las cosas siguen iguales, debo vivir para mi hijo, si debo ser Igneel y Naruto al mismo tiempo no importa, yo soy el que soy y eso jamás va a cambiar — fue una respuesta algo extraña, pero Shinigami capto bien el significado de esta.

Tu alma es la de un humano, pero al mismo tiempo la de un Dragón, sin mencionar que tienes los restos del alma de un Demonio, eres un caso único que no entra en lo estipulado en el contrato por lo que técnicamente puedo revivir tu cadáver humano depositando tu alma en él, sería algo así como Acnologia sin la parte de volverte un loco, pero como debes imaginar hay un precio a pagar — explico la Shinigami de forma seria mientras sacaba de entre su vestido un contrato y una pluma de oro.

— ¿Qué precio? — pregunto Natsu lo más tranquilo posible, al igual que a su padre todas las revelaciones le habían dejado agotado mentalmente y quería terminar lo más rápido posible.

En casos como este normalmente pediría algo muy valioso como pago, ciertamente revivir algo que lleva muerto tanto tiempo no es fácil, más si se trata de un alma como la de tu padre, al revivirlo automáticamente le debo un favor a Haruko ya que después de todo fue la diosa que cuido de el en su vida anterior, sin embargo, en este momento tu llevas contigo dentro de esa mochila un artefacto que sería el pago perfecto para algo de tal calibre, es un objeto que llevo buscando siglos pero al ser una Diosa Mayor no he podido entrar al mundo humano en forma física para tomarlo con mis propias manos — explico Shinigami ganando reacciones distintas de ambos.

Igneel miro interrogante mente a su hijo sin comprender de que hablaba Shinigami, Natsu por su parte adopto una pose de pensamiento tratando de pensar en algún objeto que tenga la mochila que pueda ser del interés de la diosa.

— ¿Te refieres a este Hyoutan raro? — pregunto de repente Natsu mientras de la mochila sacaba aquel Hyoutan que tomo de aquella tumba ahora sabían perteneció a su padre en una vida pasada.

¿Qué diablos es eso? — exigió saber Igneel mirando de forma sospechosa aquel Hyoutan metálico, Dragones son sensores por naturaleza y el reptil podía sentir numerosas presencias dentro de aquella cosa, unas 12 por lo menos, algunas emitían una vibra perversa.

En otra vida tu encontraste ese Hyoutan y con el tiempo te diste cuenta que sus propiedades eran inusuales, dentro de este puedes capturar el alma de tus enemigos luego de haber acabado con ellos, algunos de los que apresaste dentro del Hyoutan tienen deudas pendientes conmigo, cometieron uno de los crímenes más abominables en mi contra, trataron de burlar a la muerte sin siquiera tratar de contactar conmigo, quienes lo hicieron se rehusaron a pagarme, es hora de que reciban su castigo, solo deben firmar aquí, abrir el Hyoutan y cuando tome las almas le devolveré la vida a Igneel — explico Shinigami mientras extendía el contrato y entrenaba la pluma a Igneel.

Veamos… — susurro el Dragón comenzando a leer el contrato, básicamente era un intercambio, en el momento en que ella tomase las 12 almas que ellos poseían el recuperaría la vida, su alma Dragón-Humano seria depositada dentro de su cadáver el cual recuperaría toda energía vital, su esperanza de vida no excedería de los 100 años, no era mucho comparado con los siglos que había vivido pero para él era más de lo que esperaba, obtendría sus poderes que había adquirido como Dragón y algunos de los que poseyó como Humano pero no recibiría el100% de golpe, los iría recuperando con el pasar del tiempo, básicamente su poder no excedería al que poseía en su mejor momento de su vida Draconiana, dependía de el mismo si este crecía o no, su nombre seria a partir de ahora Naruto Igneel Dragneel, un alivio en cierto grado ya que conservaría sus dos nombres, había otra cosa que llamaba su atención, era la última sección del contrato. — ¿Potestad de revivir a otras 5 personas? ¿Qué quieres decir con esto? — cuestiono Igneel mirando a la diosa de la muerte.

Estoy recibiendo 12 almas, cada par de estas equivaldría a una vida, en total serian 6 vidas, una será para revivirte, las otras 5 es cosa tuya, solo tienes prohibido revivir dioses o dragones — explico Shinigami ganando un asentimiento de Igneel quien comenzó a firmar el contrato con su propia sangre.

Apenas hizo esto Natsu abrió el Hyoutan ya antes mencionado, el padre y el hijo abrieron los ojos al ver que de aquel objeto comenzaron a emerger 12 esferas de energía de color azul las cuales salieron disparadas con la clara intención de escapar, esto para su mala suerte duro pocos instantes ya que del suelo salieron unos brazos esqueléticos que frenaron los movimientos de las esferas.

¿Por qué no me sorprende? — susurro Shinigami con voz plana al ver que por mero instinto aquellas almas quisieron alejarse de ahí lo más rápido posible, aun desconociendo lo que estaba por pasarles.

Ambos Natsu e Igneel observaron con fascinación como esas almas comenzaban a tomar lentamente la forma humana, comenzaban a adoptar colores y rasgos para finalmente revelar sus identidades, el reptil de colores rojos miraba de forma inquisidora a esos pobres diablos que servirían como moneda de cambio para revivir, después de todo según Shinigami él fue el que asesino a esos pobres incautos y lo mínimo que podía hacer era aprenderse sus rostros.

El primero de ellos era bastante joven, dudaba que pasara de los treinta años, un niño si lo comparase con sí mismo, el joven en cuestión físicamente era lo que las mujeres humanas describirían como alguien guapo, su color de piel era un delicado equilibrio entre el color claro y el color moreno, sus rasgos faciales tenían cierta clase que había visto en lo que los seres humanos llaman nobleza, bajo sus ojos tenía unas ojeras muy marcadas que curiosamente no parecían a causa del cansancio, su cabello era negro lacio colando a la altura de sus mejillas enmarcando perfectamente su cara, tenía una cola de caballo en la parte posterior del pelo, su físico no era precisamente intimidante, su altura era respetable cerca de 1.80 metros, sin embargo el ojo experto podía decir que estaba en buena forma y listo para la batalla, en guardia y mirando en toda dirección preparado para matar de ser necesario, los ojos del niño fue uno de los rasgos que más llamo la atención del Dragón, tenían un color rojo escarlata que le recordaban demasiado a los de Zeref cuando algo le molestaba, con la diferencia de que los del sujeto frente a él tenían unas curiosas marcas negras que parecían unas comas, vestía con un curioso abrigo negro de nubes rojas, una extraña ropa azul claro, sandalias que mostraban los dedos de sus pies y una diadema metálica con un símbolo rasgado.

El segundo sujeto inevitablemente llamo su atención y la de su estómago por su mera apariencia, parecía un pez humano, sonaba raro, pero así era, era muy alto, tal vez uno o dos centímetros más alto que el Dragonslayer artificial del gremio de su hijo, además poseía un físico fuerte aunque no tanto como el del antes mencionado, su piel era de color azul pálido, de ojos blancos muy pequeños y en sus mejillas tenía unas curiosas agallas como las de los peces, su cabello era de color azul encrespado y su rasgo casi tan notorio como su piel eran sus dientes, afilados como los de un tiburón, vestía de forma muy similar a la del primer sujeto, las únicas diferencias eran el símbolo en su diadema y el hecho de que llevaba en su espalda una enorme cosa vendada.

Un hijo de puta era las mejores palabras con las que podía describir al tercer tipo, su cara lo decía todo, era un vulgar criminal que disfrutaba matar por motivos extraños, su cabello era color plata medio largo bien peinado hacia atrás, posee un físico delgado con una altura respetable y unos ojos color morado, vestía de la misma manera que los otros dos sujetos, sin duda eran miembros de algo, su diadema extraña la portaba en su cuello junto a una medalla y llevaba consigo una guadaña.

Si los anteriores sujetos eran raros Igneel podía decir con certeza que el cuarto hombre era un friki total, era bastante alto, quizá 1.85 m si sus cálculos no fallaban, el sujeto llevaba una capucha blanca y una máscara negra en la cara siendo sus ojos la única parte visible, tenía la boca cosida en bordes, y su cabello era castaño oscuro y largo hasta los hombros, sus ojos tienen un color inusual; esclerótica burdeo con iris y pupila verde claro, vestía exactamente igual que los otros y de igual forma el símbolo en su diadema tenía un símbolo distinto pero igual con un extraño rasguño.

De acuerdo, el ultimo sujeto parecía medianamente normal, a simple vista parece ser un adolescente un par de años mayor que su propio hijo, de hecho, su altura no es muy diferente a la de este, su cabello es rojizo un tanto rebelde, quizá un par de tonos menos intenso que de la chica Scarlet de la que su hijo está enamorado, sus ojos son algo así como cafés y sus rasgos faciales son lo que algunas hembras llamarían atractivo, viste de la misma forma que los anteriores sujetos una vez solo con una diadema distinta.

El siguiente sujeto inevitablemente despertó todas las alertas en el Dragón Rojo, sus instintos le decían a gritos que esta persona era peligrosa, no había que ser genio para darse cuenta de que gritaba maldad y poder a todas luces, era un hombre alto de cabello negro corto color negro de forma puntiaguda, un traje ajustado negro, su rostro cubierto por una máscara naranja de un ojo con forma de remolino, dicho ojo es exactamente igual al del primer sujeto, rojo sangre con tres comas, finalmente el mismo abrigo con nubes rojas de los sujetos anteriores, tomo nota de que no llevaba una diadema, inconscientemente sus sentidos de batalla estallaron al límite mientras hacia una nota mental de no quitarle el ojo de encima, al menor movimiento no dudaría en dejar caer el abrazador poder de un Karyuu no hoko para eliminarle lo más rápido posible.

El próximo sujeto, aunque en menor medida que el anterior de igual forma despertó alertas en el Rey de las Llamas, no hacía falta ser un genio para darse cuenta de que era alguien perverso, su mirada era como un libro abierto, reflejaba la ambición, la morbosidad, la falta de escrúpulos y su clara falta de cordura, era un hombre alto, de físico enfermizo por decir lo menos, su cabello era negro y largo hasta su cintura, su piel pálida similar a la de una serpiente, ojos ámbar con la marca de un corte, alrededor de estos unas marcas morada, el vestía ropa negra con algo parecido al café y llevaba en la cintura una extraña cuerda, el olor a serpiente irradiaba de este ser revelando su conexión con dichos animales, igual que al anterior estaba más que preparado para eliminarle con un chorro de fuego al menor movimiento sospechoso.

Cuando su mirada se posó sobre el próximo sujeto no le tomo mucho tiempo darse cuenta de que se trataba de alguien peligroso y ciertamente muy ambicioso, curioso si tomaba en cuenta que era un viejo decrepito, su aspecto frágil, las arrugas y el bastón lo dejaban muy claro, su cabello es oscuro algo puntiagudo, casi todo su ser esta vendado dejando visible únicamente un ojo, dicho ojo refleja la ambición y hambre de poder de este sujeto, de nuevo hizo nota mental de no quitarle el ojo de encima.

Un sentimiento innato de molestia surgió en Igneel desde el preciso instante en que miro al siguiente sujeto, el si era muy diferente a los otros, era un hombre viejo cuya edad estaba alrededor de los 60 años, era considerablemente alto, muy alto, mejor dicho, 1.91 m si su cálculo no fallaba, no poseía un físico precisamente musculoso u atractivo, era más bien algo corpulento pero fuerte, su cabello era blanco, largo y de punta sujeto con una cola en la parte posterior, dudaba seriamente que ese color de cabello blanco fuera por canas, parecía ser tan natural como el cabello de los Strauss amigos de su hijo, tenía unas curiosas rayas rojas que iniciaban en sus ojos y bajaban hasta su barbilla, su vestimenta es inusual y eso es decir poco, usa un atuendo militar verde, encima de esto un manto rojo con dos círculos amarillos, unas sandalias rojas tradicionales y finalmente lleva una diadema metálica con una curiosa forma de cuernos y con la palabra aceite, el Dragón no podía entenderlo, este humano le parecía más un bufón que un enemigo potencial, podía leer la mirada del hombre a la perfección, despreocupada y con un brillo depravado que había visto en Makarov Dreyar desde el interior de su hijo, sin embargo Makarov jamás había despertado sentimiento alguno de molestia en el corazón de Igneel, pero este humano se había ganado su rencor de forma casi natural y no podía explicarse el porqué.

La siguiente persona era una mujer, considerablemente alta, no podía negarlo, considerablemente bella si hablábamos de estándares de los humanos, tenía la piel clara y ojos ámbar, su cabello es rubio recogido en dos coletas bajas, su frente es adornada por un rombo color violeta, su figura es curvilínea y la parte que inevitablemente la distinguen más son sus atributos, grandes, muy grandes, tal vez demasiado grandes en opinión de algunos, su vestimenta consiste en una camisa estilo kimono sin mangas color gris, esta se ciñe a su cuerpo gracias a una faja color azul que hace juego con sus jeans ajustados de dicho color, lleva unas sandalias negras de tacón alto y finalmente un haori verde con la palabra apuesta escrita en la parte posterior, ¿Cómo describir la sensación que le provoca esta mujer? ¿Intimidación? ¡Definidamente no! ¿El poderoso Igneel temiéndole a una mujer de tetas enormes? ¡Jamás! ¿Fastidio? Tal vez, sin duda le hacía sentir fastidio, pero más que nada la necesidad de faltarle al respeto, la necesidad de hacerle saber que ella no es nadie.

La furia, ese sentimiento repentino estuvo a punto de nublar su mente apenas miro cara a cara a la siguiente persona, era una mujer, de estatura no muy distinta a la de la anterior, hermosa no podía negarlo, el primer rasgo de ella que gano su atención fue su cabello, rojo y largo, menos intenso que el de la hembra de su hijo, pero igual poseía un tono cercano al de la sangre, ¿O tal vez marrón?, poco o nada le interesaba, dicho cabello era atado en una cola alta y sujeto con una diadema metálica, su piel era clara y tersa, con un rostro de forma algo regordeta, su figura si bien nada en comparación con las magas del gremio esto no le hacía menos atractiva, tenía ojos violeta, su vestimenta consistía en un chaleco antibalas verde, unas ropas azules con una playera de manga corta y sandalias azules que dejaban ver los dedos de sus pies, ¿Qué diablos pasaba con él? ¿Por qué sentía la imperiosa necesidad de fulminar a esta persona con un chorro de fuego? Algo en él pedía a gritos que la tomase entre sus garras y la apastase hasta volver polvo sus huesos, Shinigami decía que estas personas fueron enemigos suyos en otra vida, ¿Acaso esta mujer hizo algo tan terrible con el como para generar todo el odio que estaba sintiendo en estos momentos? No lo sabía y lo mejor era no averiguarlo, lo último que necesitaba era desarrollar complejos emo-vengador que lo conducirían a cometer actos por demás de la flojera.

La reacción al ver al último sujeto fue menos caótica ya que por alguna razón presentía que al mirarlo no le iba a gustar lo que vería, su instinto no le decepciono, ¿Por qué negarlo?, la emoción negativa naciente apenas lo vio fue igual e incluso más intensa que con la pelirroja, tuvo que frenarse a sí mismo de dejar salir su furia y fulminar todo a los alrededores solo para borrar la existencia de aquel hombre, pero extrañamente más que odio sentía un cierto dejo de superioridad, la necesidad de hacerle saber a cada instante que era más poderoso que él, la imperiosa necesidad de hacerlo sufrir, era alguien alto, de cabellos rubios salvajes y puntiagudos, de tez blanca, rostro algo afeminado y ojos azules, su vestimenta era similar a la de la mujer con escasas diferencias, llevaba un Haori blanco con llamas lamiendo los bordes, sobre la espalda estaba escrita en letras rojas la palabra Yondaime, además llevaba la misma banda metálica cubriendo su frente.

— Interesante… — susurro el hombre serpiente mirando con sumo interés el lugar donde se encontraban, ciertamente era espeluznante, estrecho los ojos ligeramente al ver a dos personas y un dragón mirándoles, sí, todo muy normal.

Los cautivos miraban de forma seria a los tres sujetos que les observaban, obviamente se pusieron en alerta al ver al enorme Dragón, aquellas manos esqueléticas que les apresaban eran lo único que les impedía sacar sus armas y atacar, cabe destacar que el rubio se puso pálido como fantasma cuando su mirada se posó sobre la Shinigami la cual sonreía dulcemente al notar esto.

— ¿Quién coños son ellos y donde putas estamos? — exigió a nadie en específico el hombre de pelo plateado con una voz por demás exigente.

— ¡Callate Hidan! No es momento para que te pongas a gritar tonterías — ordeno el hombre de boca cocida mirando seriamente a todos los presentes.

No saben cuántos siglos he estado esperando por ustedes, es una pena, desearan jamás haber salido del Hyoutan…Itachi…— señalo al pelinegro de ojos rojos quien solo le miro. — Kisame — señalo al hombre tiburón que se limitó a enseñar los dientes. — Kakuzu — señalo al de boca cocida quien no mostro reacción alguna. — Hidan — señalo al peli plateado quien quería gritar uno que otro improperio pero Kakuzu le tapó la boca silenciándolo totalmente. — Sasori — señalo al pelirrojo quien le miro de forma seria. — Obito — señalo al de mascara naranja quien le miro intensamente con su único ojo. — Orochimaru — escupió el nombre cual veneno mientras señalaba al hombre serpiente que se relamía los labios. — Danzo — señalo al hombre momia que le devolvió la mirada con su único ojo. — Jiraiya — señalo al hombre de pelo blanco haciendo una mueca al ver que este la miraba de forma lasciva. — Tsunade — gruño señalando a la rubia que frunció el ceño dándole una mirada molesta. — Kushina — señalo a la pelirroja quien le miro confundida. — Minato — señalo al rubio dedicándole una sonrisa espeluznante haciendo que dicho hombre tratara desesperadamente de liberarse del agarre de los brazos esqueléticos.

— ¿Quién es esta puta? — pregunto Hidan señalando a la peliblanca.

Todo quedo en un incómodo silencio apenas esas palabras salieron de labios del hombre de cabellos plata, Natsu e Igneel miraban con incredulidad a ese pobre diablo que se acababa de ganar el sufrimiento eterno, eran Dragones y como tal no le debían respeto a nada ni a nadie, pero ante todo era supervivientes y una de las reglas básicas que los habían mantenido así era que nunca de los nunca debían hacer enojar a una mujer ni mucho menos a una dulce y maternal, porque dentro de ellas habita un terrible monstruo que con el catalizador adecuado surge y desata su furia sobre el primer malnacido con el que se topa, Natsu había convivido muchos años con mujeres como Erza y Mira, Igneel por otro lado convivio con Grandeeney por siglos, ambos sabían que ese hombre con boca de marinero acababa de firmar su sentencia.

¿Por qué no le responder a ese humano miserable quien soy yo Minato? Así sabrá que acaba de condenar su alma por el resto de la eternidad — pidió suavemente la Shinigami mientras sonreía de forma dulce, un acto nada intimidante de no ser por qué pasaba uno de sus dedos por el filo de su guadaña y un aura negra inundaba su ser.

El mencionado trago sonoramente ganando la mirada curiosa de todos los cautivos.

— ¿Quién es esta mujer Minato? ¿De dónde la conoces? Más importante aún, ¿Dónde estamos? Si no mal recuerdo nosotros fuimos… — Kushina se quedó en silencio al darse cuenta de a dónde iban sus propias palabras mientras comenzaba a recordar la situación, todos ellos estaban muertos.

Shi-shi-shini-ga-mi-sa-ma — apenas aquel tartamudeo salió de labios de Minato las demás almas palidecieron visiblemente.

No era para menos ya que estaban frente a una deidad, la última deidad que tal vez verían, algunos de ellos quisieron negar este hecho, pero no sonaba tan descabellado, después de todo aquel rubio ya había estado alguna vez cara a cara con la Diosa de la Muerte, si el lo decía entonces debía ser verdad.

Hidan en particular palideció ligeramente dándose cuenta del error que había cometido, no solo había insultado a una deidad, había insultado a la deidad que gobernaba la muerte.

— Curioso, si no mal recuerdo nuestro asesino encerró en aquel Hyoutan las almas de todos y cada uno de nosotros, si estamos aquí quiere decir que ese Hyoutan está en tu poder, ¿Me equivoco Shinigami-sama? — pregunto Obito de forma educada y algo sumisa a la Diosa de la Muerte.

La mujer soltó un bufido, era claro que el hombre fingía que le tenía respeto, en realidad el hombre estaba furioso y maldiciéndole mentalmente ya que estando ella ahí su porvenir era oscuro, tan oscuro como los actos que perpetro en vida, se limitó a dar un asentimiento en respuesta.

— ¿Y qué es lo que pretende hacer con nosotros ahora que estamos aquí Shinigami-sama? — pregunto Itachi de forma monótona tratando de no faltarle al respeto a la Diosa, parecía que había funcionado ya que a diferencia de con los demás la muerte le dio una suave sonrisa.

Solo negocios Itachi-kun, los shinobi en su momento comerciaban a diestra y siniestra con la vida humana, ahora de forma irónica sus almas fueron vendidas a mí en pos de regresar a alguien a la vida, la mitad de ustedes cometieron innumerables pecados en mi contra al tratar de vencer a la muerte, algunos de ustedes contribuyeron para no pagar sus deudas conmigo y otros incluso trataron de convertirse en dioses, como deben imaginar no son muy queridos entre nosotros los dioses, estoy dispuesta a pagar cualquier precio con tal de tenerlos a mi merced — la respuesta de la diosa helo la sangre de aquellos sujetos ya que básicamente estaban por ser tratados como viles mercancías para los mórbidos placeres de un ente superior, algunos como Itachi, Kisame, Kakuzu, Sasori, Minato y Kushina bajaron la cabeza esperando pacientemente el cruel destino que les aguardaba, era la decisión de una diosa así que de nada serviría gritar ni cuestionar, seria alargar lo inevitable, tristemente el resto no pensaba así.

— ¡NO PUEDES HACERNOS ESTO! — rugió Tsunade mirando con furia a la deidad quien le dedico una sonrisa dulce.

— Yo no quiero morir todavía, aún tengo muchas mujeres por espiar, libros por escribir, simplemente no estoy listo — grito Jiraiya fuera de sí pero la diosa no se perturbo.

Tu ya estás muerto Jiraiya, fuiste asesinado ya hace más de mil años, incluso si no tomara tu alma esta se consumiría en poco tiempo hasta desaparecer totalmente — explico Shinigami sin dejar de sonreír como ella sabe dejando a un albo totalmente petrificado.

— ¡Yo no tengo nada que hacer aquí maldita perra! ¡Mi lugar es con Jashin-sama! ¡No contigo! — rugió Hidan mirando con odio a la peliblanca.

Tanto Igneel como Natsu soltaron un silbido de impresión al ver como Hidan le hablaba de esa forma a la Shinigami, debían reconocer que tenía las bolas de acero como para hablarle así, pobre imbécil.

Ese dios tan débil murió hace siglos, asesinado por su propio Godslayer que también murió hace un par de siglos, tu alma me pertenece Hidan — declaro suavemente la reina muerte dejando petrificado al hombre al hombre al enterarse de que su dios había muerto.

El resto estaba por presentar sus respectivas reclamaciones, pero Shinigami no quería seguir perdiendo tiempo así que las manos esqueléticas taparon las bocas de las doce almas silenciándoles totalmente.

— ¿Entonces cerramos el trato Igneel Dragneel? — cuestiono Shinigami extendiendo su mano hacia el Dragon el cual noto que menciono su apellido en voz más alta de lo normal.

Igneel noto que las almas se exaltaron ante la mención de su apellido y trataban desesperadamente de liberarse, eso no le importo en absoluto.

Es un trato Shinigami — exclamo Igneel extendiendo su garra la cual toco la mano de la diosa.

Un fulgor dorado ilumino toda la zona y entonces todo se volvió negro.

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— ¡Kuso! ¡Podría avisar antes de hacer eso! — gruño Natsu Dragneel tratando de recuperar el sentido ya que su cabeza daba vueltas y su visión era borrosa.

Le tomo tan solo unos minutos recuperar la visión y no hace falta decir que quedo en shock al ver lo que había ocurrido, estaba en medio de un cráter de proporciones colosales, el suelo mostraba signos inequívocos de quemaduras, podía ver a la lejanía que parte del bosque también había sido carbonizada.

— ¿Qué diablos paso aquí? — se preguntó el pelirosa mirando con incredulidad el entorno hasta hace unos instantes estaba lleno de vida.

— No deberías extrañarte tanto Natsu, la resurrección de un Dragón no es precisamente tranquila, de hecho, acabo de descubrir que es tan volátil como yo mismo — gruño una voz grave que llamo rápidamente la atención del mago de fuego.

Se dio la vuelta para encarar al dueño de la voz, pero quedo en un estado de shock total al verlo, era un hombre alto, muy alto, de 1.96 m aproximadamente, su piel era pálida, no tanto como la del tipo serpiente que vendieron al Shinigami pero se acercaba peligrosamente a ese tono de piel, su cabello, era como el suyo propio pero un poco más largo y puntiagudo, rubio con mechas rojizas que le daban cierto tono naranjo, sus rasgos faciales eran lo que podría describir como una versión adulta de sí mismo, afilados pero bien definidos, muy guapo en opinión de las mujeres, su físico era similar al suyo propio, fuerte y algo musculoso sin llegar a la exageración, sumándole su altura le hacía lucir muy intimidante, finalmente estaban sus ojos, con forma reptiloide, amarillos con un corte de color negro, los mismos ojos que poseía Igneel, el hombre vestía una camisa de manga larga blanca destrozada que dejaba ver su cuerpo tatuado, el que llamo su atención se ubicaba en el brazo derecho, era la perfecta forma de un dragón rojo desplegando sus alas, llevaba unos pantalones negros estilo Kung fu y unos botines negros, la cereza sobre el pastel era una réplica exacta de su bufanda de escamas protegiendo su cuello.

— ¡Yo Natsu! — saludo el sujeto divertido por la mirada incrédula de su hijo.

Naruto Igneel Dragneel estaba más que vivo.

Esta historia continuara…

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