Dos: Admisión.
La primavera había llegado y con ella, el momento de decirle adiós a un curso en tierras niponas. Además, en el caso de los alumnos del último año en la Escuela de Magia Hoshikino, también era hora de su graduación.
—¡Qué triste!
Una loca castaña de cabello largo deambulaba entre los invitados a la ceremonia de graduación insistiendo en la melancolía del ambiente. Ajena a eso, Sakura Kiyota estaba con su familia, recibiendo sus felicitaciones por haber sido elegida representante de los graduados. Ella lo agradeció, aunque tener que dar un discurso de despedida no le había hecho gracia.
—Seguramente me eligieron por haber sido campeona —alegaba Sakura sin mucha convicción —Había otras personas con más méritos para ocupar mi lugar.
—No seas tan modesta, Sakura —su madre, una mujer delgada de liso cabello negro y ojos del mismo color, le dedicó una sonrisa —Eras la más adecuada.
—Eres un orgullo para la familia —declaró su padre, un hombre alto, de ojos castaños y cabello castaño dorado entrecano —Lograste cosas que otros no pudieron. No te menosprecies.
—No me menosprecio, padre, pero…
—¡Sakura–chan!
Kimi Sei, seguida de cerca por Keiko Saikaku y Shigure Komori, caminaba rápidamente en su dirección. Como todas las graduadas, ostentaba una flor de papel color verde en la parte izquierda de la cabeza. Shigure, como todos los graduados, traía una cinta dorada en la frente, anudada a la izquierda. Lo curioso es que Keiko ya no traía su flor en la cabeza.
—Buenos días —saludó Kimi a los señores Kiyota con una reverencia —Sakura–chan, que no se te olvide dónde nos reuniremos para celebrar, ¿de acuerdo?
—No, no —Sakura movió la cabeza de un lado a otro —Apenas iba a comentarlo. Allá los alcanzo, ¿está bien?
Kimi asintió, retirándose enseguida. Keiko y Shigure, dedicándole gestos de despedida (y en el caso del chico, una reverencia al matrimonio Kiyota presente), no tardaron en seguirla.
—¿A dónde irán a celebrar? —quiso saber Ren, curiosa.
—A ningún lugar en particular. Kei–chan nos quiere enseñar lo que es un karaoke mahonashi.
—¡Nosotros sabemos qué es eso! —exclamaron al unísono Tsutsuji y Touya Saionji, cada uno tomándole una mano a su madre —¡Es divertido!
—Yo he ido un par de veces, con Yui y sus amigos —recordó Kaede —Espero que te la pases bien, Sakura–chan.
—Gracias.
—Sakura, ¿podemos hablar un momento? —solicitó su padre.
La joven asintió, presintiendo a dónde iría a parar aquello. Le encargó su certificado de graduación a Ren y siguió a su padre, que andaba sin ninguna prisa por el jardín principal de Hoshikino, lleno por un conjunto de cerezos y arces espectaculares.
—Sakura, estoy por jubilarme —comenzó el señor Kiyota con su seriedad característica —Lo habría hecho el invierno pasado, pero Tsubaki no aceptó mi puesto —hizo una leve mueca —Kaede es inteligente, pero no tiene la preparación adecuada, igual que Ren. Sólo me quedas tú.
—¿Y Nade–chan?
—Nadeshiko es muy joven aún. Aunque quisiera, no podría considerarla como mi sucesora, no hasta dentro de unos años. Así que, tomando en cuenta la situación, quisiera saber qué ocurrió con tu admisión a… la Guardia Imperial.
Por alguna razón que Sakura desconocía, su padre evitaba a toda costa nombrar cualquier cosa relacionada con el Escuadrón Ninja.
—Recibiré los resultados en unos días —se decidió a contestar la chica, negando con la cabeza —Si todo sale bien, comenzaré el entrenamiento en abril.
—Y si no, ¿aceptarías sucederme en la Mahon?
—No, padre. Yo no tengo lo necesario para eso. Ren–nesan…
—No metas a Ren en esto.
—Pero ella siempre quiso hacerlo, ¿por qué no le das la oportunidad? Al menos hasta que Nade–chan tenga la edad…
El señor Kiyota suspiró con algo parecido al cansancio.
—Tú y tus hermanos no dejarán ese tema por la paz, ¿eh? —comentó, ante la mirada atónita de su hija —Si hubiera sido la misma Ren quien insistiera tanto, seguiría negándome, pero… Supongo que deberé aceptar la decisión unánime y reconsiderar la idea.
Sakura supo, por esas palabras, que la batalla la tenía ganada. Si había algo que convencía a su padre era la unidad y lealtad que se tenían mutuamente sus hijos.
—Gracias, padre —Sakura se inclinó levemente —Verás que no te arrepentirás. Le estás dando un voto de confianza a Ren–nesan y ella no lo desperdiciará.
—Eso espero, Sakura. De verdad que lo espero.
Ambos volvieron con el resto de la familia, justo a tiempo para despedirse de Tsubaki y sus hijos, que abandonarían la escuela por la puerta que la conectaba al poblado mahonashi más cercano. Los demás se concentraron (Nadeshiko sólo cerró los ojos, aferrada a una mano de Kaede) y se desaparecieron.
Una hora después, con ropa mahonashi un tanto fresca, Sakura iba caminando por el distrito de Shinjuku, buscando el edificio que Keiko le había descrito como sitio de reunión. Al fin, luego de muchas vueltas, lo encontró y en la puerta la esperaba Kimi, haciendo muecas.
—¡Kimi–chan! —llamó entre el gentío, agitando una mano en alto —Lamento la demora, estaba ayudando a Ren–nesan con unas cosas y…
—No importa —aseguró Kimi, rodando los ojos al explicar —Al menos así les dimos tiempo a los tortolitos —y señaló al interior del edificio con un pulgar.
Ambas se echaron a reír. A leguas se notaba que Keiko y Shigure se gustaban, pero ambos eran demasiado tímidos. O al menos lo era Keiko, porque Shigure intentaba acercarse a ella siempre que podía.
Kimi guió a Sakura al interior del edificio, que albergaba varias salas de karaoke y al llegar a la número quince, se sorprendieron al hallar a Keiko y Shigure sentados en un sillón, besándose. Las recién llegadas se miraron con desconcierto antes de aclararse la garganta ruidosamente, lo que sobresaltó a la nueva pareja, separándola de inmediato.
—Si quieren, nos vamos —ofreció Kimi, aguantándose la risa.
—No… no hace falta —vaciló Shigure, igual o más sonrojado que Keiko —Venimos a celebrar nuestra graduación y eso haremos, ¿no?
—¡Y también a los nuevos novios! —apuntó Kimi, tomando asiento en el sillón de la habitación que quedaba frente al de Shigure y Keiko —Vamos, Kei–chan, enséñanos a usar esta cosa.
Pasado el momento ligeramente incómodo, los cuatro jóvenes se divirtieron mucho. Sakura, aparte de Keiko, fue la única que reconoció algunas canciones del karaoke, gracias a sus dos cuñados enteramente mahonashin. No abandonaron la sala sino hasta que comenzó a oscurecer.
—Fue muy divertido —aseguró Kimi ante la puerta principal —Hay que venir de nuevo, ¿sí?
—Espero que el trabajo me dé tiempo —masculló Shigure, que a duras penas había mantenido su lugar en el Escuadrón Samurai de la Guardia Imperial —Pero lo intentaré.
—Si no estoy muy ocupada, yo también haré lo posible —prometió Sakura.
—Igualmente —secundó Keiko.
Sin previo aviso, Kimi los encerró en un fuerte abrazo. Los otros tres no se quejaron, pues a partir de ese día tomarían caminos distintos e iban a extrañarse.
—Al menos hay que escribirnos seguido, ¿sí? —pidió Kimi con voz temblorosa.
—Claro que sí, Kimi–chan —afirmó Keiko.
Sakura y Shigure asintieron ante eso.
Los cuatro se separaron (Shigure acompañó a Keiko a su casa) y en cuanto encontró un callejón vacío, Sakura se desapareció. Reapareció en la sala del departamento Asuka.
—¡Sakura–chan! ¿Eres tú?
—Sí, Ren–nesan —la chica fue hacia el comedor, donde su hermana estaba poniendo la mesa —Espera, ahora te ayudo.
—No hace falta, ya casi termino.
—Nada, nada. Siéntate, terminaré yo.
Ren negó, con aspecto resignado, tomando asiento lentamente, a causa de su estado. Apenas iba a cumplir cuatro meses de embarazo, pero éste ya estaba catalogado por los sanadores como de alto riesgo, por lo que Aki se desvivía por ella. Incluso le había pedido a Sakura que no regresara a casa de sus padres para que cuidara a su mujer en su ausencia. Solamente por eso Ren soportaba tantas atenciones, porque se las daban por bien suyo y del bebé.
—Para estas cosas, deberías usar la varita —le reprochó Sakura con suavidad a su hermana.
—Me siento mejor haciéndolo yo misma. Así me muevo un poco, ¿sabes? Por cierto, te llegó eso mientras no estabas.
Ren señaló una mesita cercana, donde estaba un sobre de pergamino que Sakura fue a tomar con mano ligeramente temblorosa. En la cara frontal del sobre había un emblema compuesto siete esferas de distinto color, dispuestas en círculo e interconectadas por varias líneas, que contenían espirales negras de diversas formas.
—¿Qué es? —preguntó Ren, usando la varita para servir la cena —Es del escuadrón, ¿cierto? Ese emblema también viene en los mensajes de trabajo de Aki–kun.
Sakura asintió distraídamente mientras rompía el sello de cera del sobre, para saber su contenido, consistente en dos pergaminos. El primero y más importante, era el que contenía aquello por lo que se había esforzado tanto.
—Lo hice… —susurró en voz tan baja que ella misma apenas se oyó —¡Lo hice! —exclamó por todo lo alto, asustando un poco a Ren —¡Aprobé la parte práctica! ¡Estoy en el Escuadrón Ninja! Ren–nesan —se volvió hacia su hermana —¡De verdad lo logré!
—Me alegro por ti, Sakura–chan. Ahora ven, que la cena se enfría.
—¿No vamos a esperar a Aki–san?
—No. Me avisó que tendría una junta.
Sakura se guardó la carta en un bolsillo, diciéndose mentalmente que debía acabar de leerla más tarde y se sentó a la mesa sin poder ocultar su satisfacción.
Lejos de allí, en una isla ubicada en la bahía de Tokio y oculta de los mahonashin mediante magia, se erigía el centro de operaciones de la Guardia Imperial: el Templo Susanowo. En ese momento, los únicos que estaban en movimiento eran los miembros de más alto rango del Escuadrón Ninja, que ocupaban la mitad norte de la isla, pues habían sido convocados a reunión. Ninjas de todas las fisonomías cuchicheaban entre sí en la sala de asambleas, viendo de vez en cuando al frente, a una larga mesa rectangular cuyas sillas estaban vacías.
De repente, el sonido de varias apariciones apagó los chismorreos. Ocho personas estaban al frente, ocupando las sillas de la mesa rectangular con el mayor decoro posible. Sus túnicas orientales, cerradas con una cinta negra, eran de distinto color cada una. A la espalda, los ocho portaban un kanji encerrado en un círculo, el cual indicaba su puesto dentro del escuadrón. Una de las personas del centro, cuya túnica era tan negra como su cinta y el kanji a su espalda (correspondiente a un número) era blanco, volvió a estar de pie.
—¡Silencio! —ordenó una grave voz que parecía venir de las paredes —Kyoshou–sama (1) va a tomar la palabra.
Aquel hombre, cuya capucha no dejaba ver su rostro, movió lentamente la cabeza en todas direcciones, asegurándose de obtener la atención de la concurrencia.
—No pretendo entretenerlos mucho —comenzó, tratando de sonar amable a pesar de la voz ronca y severa que poseía —Solamente queremos recordarles que se ha concluido el examen de admisión y este año recibiremos más nuevos reclutas de los esperados, así que les pedimos que tengan un poco de consideración con ellos, pues andamos escasos de personal.
Unos cuantos susurros no se hicieron esperar. Lo que el Kyoshou había querido decir en términos más reconfortantes era que por fin habría nuevos reclutas. Eso no ocurría desde hacía cinco años debido, en parte, al complejo examen de admisión al escuadrón.
—El Shizen Soudan (2) —prosiguió el Kyoshou, señalando a sus compañeros de mesa con ambos brazos —se encargó personalmente de revisar los expedientes de los nuevos reclutas, así como su desempeño en el examen de admisión. Las cartas de aceptación ya fueron enviadas y los jonin's (3) que serán sensei's ya fueron elegidos. En breve, se les informará a éstos de qué reclutas están a su cargo, para que preparen su evaluación genin (4). Y a los nuevos sensei's se les advierte que no por porque seamos pocos en el escuadrón, deben sentirse obligados a aprobar a los nuevos como genin's si no tienen lo necesario.
Los jonin's presentes asintieron con firmeza.
—Por otra parte, las cosas en el extranjero se ponen cada vez más difíciles. Tanto el ministro como su Majestad han declarado neutralidad. Así que no deberán atacar a ningún mago o bruja extranjero a menos que ataque primero al bienestar del Imperio, ¿está claro?
Ocupando uno de los asientos del fondo de la sala, Aki Asuka tenía sus dudas. La declaración oficial del Ministro de Magia y del emperador no era coherente si se recordaba lo sucedido en el Templo Amaterasu el verano pasado. Se preguntó cómo reaccionaría su cuñada Sakura cuando se enterara.
Tras una pausa, el Kyoshou dio la reunión por terminada y los ninjas fueron abandonando la sala poco a poco. Aki pensaba en irse al muelle y desaparecerse nada más pudiera, pero alguien lo detuvo, posando una mano en su hombro. Al girarse, vio a uno de los integrantes del Shizen Soudan, un hombre de su estatura, piel tostada, cabellos negros apenas visibles por la capucha y una túnica verde.
—Mokutaichou–sama —saludó Aki, inclinándose respetuosamente.
—Asakura–san, acompáñame.
Aki obedeció sin titubear y tomaron un pasillo lateral apenas transitado en ese momento.
—Tenemos un problema —declaró el hombre en cuanto estuvieron solos. Su grave voz, aunque ronca como la del Kyoshou, no era tan severa —Están a punto de perderles la pista a los fugitivos de Shinitani.
Aki arqueó las cejas. Después del asalto registrado en la prisión mágica, se había enviado a los mejores integrantes de la Guardia Imperial, en conjunción con algunos aurores de otros países orientales, para detener a los fugados. Tal vez los aurores extranjeros o incluso los propios Samuráis no tenían el entrenamiento necesario para rastrear y espiar, pero que incluso los ninjas estuvieran perdiendo a sus objetivos… Eso era demasiado.
—Creemos que por este hecho, el ministro no quiere tomar partido —continuó el de túnica verde —Teme que la Guardia Imperial no esté a la altura de la creciente guerra, pero tampoco quiere dar su brazo a torcer. Por sugerencia de su Majestad, el ministro ha solicitado que si el actual equipo de arresto falla, enviemos uno nuevo compuesto solamente por miembros de nuestro escuadrón, así que pensé en ti como líder de ese equipo.
—Será un honor, Mokutaichou–sama. Estoy a sus órdenes.
—Gracias, Asakura–san. En cuanto tengamos el último informe del equipo de arresto, se te enviarán instrucciones, así que ve pensando en los compañeros que quieras llevarte. Pero te advierto que esta misión sería de captura y espionaje, no pretendemos que nadie luche. Procura que todo el equipo, incluido tú, regresen enteros, ¿está claro?
Aki asintió con lentitud. Para que el Mokutaichou le dijera eso, debía ser asunto serio.
—Bien, eso es todo por el momento. Sabía que podía confiarse en ti para esto. Y a propósito, me enteré por ahí de la buena nueva en tu familia. Ojalá siga tus pasos.
Antes que Aki pudiera preguntar cómo se había enterado de su futuro hijo (¿a qué otra cosa podía referirse, sino?), el hombre de túnica verde le dedicó un gesto de mano y se retiró, lo que Aki aprovechó para salir de ahí y andar hacia el único muelle de ese lado de la isla, donde podría desaparecerse hacia el exterior. Tanto ese pequeño trayecto como la pasada reunión le habían tomado más tiempo del que pensaba, porque al aparecerse en su hogar, se halló con que Ren y Sakura charlaban animadamente en el comedor, ante unas pequeñas copas de helado.
—Lamento llegar tarde —se disculpó enseguida, tomando asiento.
—No importa, Aki–kun. ¿Cómo te fue en tu junta?
—Bien, aunque fue algo aburrida. Sakura, ¿recibiste alguna carta hoy?
—¿Porqué lo preguntas, Aki–san?
—En la reunión nos recordaron que hoy saldrían los resultados del examen de admisión.
Sakura, por toda respuesta, le mostró el sobre del Escuadrón Ninja con una enorme sonrisa.
—¿Aprobaste? —inquirió Aki, gratamente impresionado.
—Sí, Aki–san, aprobé. ¿Qué te parece?
—Excelente. Ahora tendré a una colega en la familia.
Sakura y Ren se veían muy felices, así que Aki se reservó por esa noche la información obtenida durante y después de su reunión, sobre todo lo relacionado con su próxima misión. No quería preocupar a nadie antes de tiempo.
Lo malo es que todo ese asunto le daba un mal presentimiento.
(1) Kyoshou significa maestro. Sama es un sufijo para personas importantes.
(2) La palabra shizen quiere decir naturaleza, en tanto soudan significa consejo. Por lo tanto, el sentido literal de las dos palabras juntas sería Consejo de la Naturaleza.
(3) La palabra jonin es para el rango más alto que puede alcanzar un ninja.
(4) Un genin tiene el rango más bajo en la escala ninja.
4 de Enero de 2009. 6:30 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags., México)
Hola, gente que me ama. Sí, supongo que no tanto cuando tardo en las actualizaciones, pero así soy yo. Sigamos con este complemento a HHP, ¿quieren?
Al menos Sakura sí logró entrar al Escuadrón Ninja, ¿alguno lo dudaba? Pues yo no, creo que eso de haber sido campeona le ayudó, jajaja. Por otra parte, espero que no les extrañe que los de Hoshikino se estén graduando en primavera, porque según lo que sé, en esa temporada es cuando terminan y comienzan los cursos escolares normales en Japón. Aunque no especifiqué fechas porque sinceramente, no tengo la menor idea de cuáles sean las correctas.
Como también pudieron observar, Yoh Kiyota no es tan malo, al final acabó cediendo. Ren es ahora la orgullosa presidenta de la Editorial Mahon, jajaja. Aunque con el embarazo riesgoso, seguro que en la oficina apenas si la dejan hacer algo, por órdenes de su padre. Es que ese señor ama a sus hijos, aunque a veces no los comprenda.
Y respecto a cualquier otra cosa que se les haga rara... Miren, espero perdonen a su servilleta, pero ando demasiado ocupada como para fijarme (sí, lo sé, la historia de mi vida), aparte que estoy agotada: pasé este capi en limpio de un tirón y siento que necesito descansar la vista. Por el momento deberé dejarlos, no sin antes esperar que todo el mundo haya celebrado la llegada del 2009 con mucha alegría y buenos propósitos, como debe ser. Cuídense mucho y nos leemos pronto.
