Cuatro: Aprobación.
Durante los siguientes días, Hikari y sus compañeros recorrieron el Templo Susanowo al acecho de Tenshi. De haberlo querido, habrían podido escribir un libro sobre la rutina diaria de su sensei, pero ése no era el punto. Lo importante era ubicarla en sus momentos de descuido, para usarlos a su favor, pero la jonin no parecía tener ninguno. A donde iba, su máscara de la Guardia Imperial la acompañaba.
—Casi la pesco en un pasillo, ¡qué frustrante!
Era el tercer día y los cuatro chicos se hallaban en el edificio comedir, almorzando. Haruto, que tenía un gran apetito, iba por su tercer tazón de arroz con cara enfurruñada.
—Yo casi la atrapo en un baño —recordó Hikari sin ánimo, saboreando algo de pescado —Creí que allí se relajaría, pero me lanzó una kunai —suspiró y negó con la cabeza.
—Mi último intento fue en un jardín —contó Hiroshi con el mismo pesar que las chicas, mordiendo una onigiri —Y fue igual de decepcionante que los suyos.
Mientras ellos seguían con caras de tragedia (a Hiroshi apenas se le notaba), Hyumaki no hacía más que jugar con su okonomiyaki, sin saber qué decir.
—¿Y ahora qué haremos? —se lamentó Haruto.
—Tenemos hasta mañana aún —animó Hikari —Así que echaremos mano de nuestro último recurso, si les parece.
—¿Último… recurso? —se extrañó Hyumaki.
Sus compañeros asintieron.
—Ahora márchate, que tenemos que planearlo —mandó Hiroshi.
Hyumaki, algo apesadumbrado, tomó su plato y se puso de pie, yendo a buscar otra mesa.
—Hyumaki, por aquí.
El chico se sorprendió al ver que era Tenshi quien lo llamaba, sentada a una mesa junto con un hombre joven de túnica marrón, cabello castaño y ojos negros.
—Tenshi–sensei —saludó, haciendo una reverencia.
—¿Qué haces solo? —preguntó la mujer.
—Ah… Los demás están… planeando algo. Para la evaluación. Pero… como estoy dispensado…
—No quieren que escuches —supuso Tenshi inmediatamente.
Hyumaki asintió.
—Bueno, siéntate aquí un rato. ¿Te importa, Wakusei (1)?
El hombre vestido de marrón negó con la cabeza.
—¿Gusta un poco, Tenshi–sensei? —ofreció Hyumaki, con las mejillas rojas, extendiendo su plato —Es por… dejarme sentar aquí.
Tenshi pareció dudar, pero finalmente asintió y tomó una porción de okonomiyaki con sus propios palillos. Con la mano libre, se subió un poco la máscara para poder comer, pero…
—¿Tenshi–san? —se extrañó Wakusei.
La jonin temblaba ligeramente, pero no cambiaba de posición. Hyumaki y Wakusei la veían con extrañeza hasta que alguien tras ella sujetó la mano con la que se levantaba la máscara y gritó con fuerza.
—¡Ahora!
Un brusco movimiento tiró a Tenshi hacia atrás, aplastando a quien había gritado y causando gran alboroto. Varios en el comedor acudieron a ver de qué se trataba aquello. Antes que alguien se diera cuenta, un par de destellos desorientaron a la mayoría y en la confusión, Hyumaki y la persona a la que Tenshi había aplastado habían desaparecido. Nadie sabía qué había ocurrido… hasta que vieron a Tenshi llevarse una mano a la cara.
—No puedo creerlo… —musitó la mujer, ayudada por Wakusei a levantarse.
Fuera del comedor, ocultas en lo que parecía un enorme trastero, cuatro figuras veían los resultados de su trabajo. Sonreían con orgullo.
—No puedo creer que funcionara a la primera —musitaba una chica de alborotada melena castaña, mostrando una enorme sonrisa y manos temblorosas con las cuales sujetaba una máscara —Hiroshi–kun, ¡eres un genio!
—Haruto, guarda silencio —espetó el aludido, un chico de cabello castaño oscuro y ojos negros, aunque se veía en su rostro un gesto de satisfacción consigo mismo.
—Y por si las dudas, tengo pruebas de que conseguimos el objetivo —una joven de cabello castaño dorado recogido en una cola de caballo agitó en alto una cámara fotográfica.
—Tenshi–sensei… ¿estará molesta? —tartamudeó un joven de cabello negro azulado.
—No te preocupes, Hyumaki–kun —la castaña de la cámara sonrió amablemente —No pienso que se enoje si se entera que participaste en todo esto.
—Ah, ¿en serio?
La voz, proveniente de la puerta abierta, sobresaltó a los cuatro. Se trataba de Tenshi, a quien no le veían el rostro por la penumbra de la habitación.
—¡Ay, no! —se lamentó por lo bajo Haruto.
—Los cuatro, síganme —ordenó Tenshi, perdiéndose de vista.
Anduvieron por varios pasillos por un rato, con Tenshi al frente y sin dignarse a mirar a sus pupilos, quienes se miraban entre sí sin saber qué hacer. En eso, Hikari sintió que la cámara que sostenía vibraba, por lo que la miró y dibujando una sutil sonrisa, oprimió un botón. El modelo del aparato era viejo para los mahonashin, pero en cuanto a fotografías mágicas instantáneas era lo más moderno. Ahora estaba obteniendo las que había sacado cuando Haruto, con ayuda de un certero hechizo de Hiroshi, le había quitado la máscara a Tenshi.
Al salir del aparato, Hikari les dio un rápido vistazo a las imágenes antes de enseñárselas a sus compañeros, quienes por sus gestos, parecían contener la risa, al igual que ella. Las escenas en las fotografías no podían ser más hilarantes, porque Haruto hacía muecas de disgusto al estar atrapada debajo de Tenshi y Hyumaki se puso más colorado de lo usual. Incluso Hiroshi esbozó una suave sonrisa al ver las fotografías, cosa que solamente Hiraki notó.
Tan ocupados estaban mirando las fotografías mágicas que no se dieron cuenta del momento en el que estuvieron en el exterior, recorriendo uno de los jardines. Solamente se detuvieron porque Tenshi lo hizo, alzando una mano para que la imitaran.
—Miren esto.
Los chicos retiraron la vista de las fotografías y la fijaron en lo que Tenshi les señalaba con una mano: una larga y afilada columna blanca. Era de mármol pulido, con forma de prisma, cuyas caras estaban tapizadas por caracteres de un azul oscuro y grisáceo. Terminaba en punta y en la cima, ondeaban dos estandartes: el del Escuadrón Ninja y el de la Guardia Imperial.
—¿Saben qué es esto? —interrogó Tenshi con seriedad.
—Es… el Obelisco a los Caídos.
La respuesta de Hyumaki enfrió el ambiente.
—Cada ninja fallecido en cumplimiento del deber, tiene el honor de que se conserve su nombre clave y su identidad en este monumento. Al entrar a este escuadrón de la Guardia Imperial, ¿aceptaron la posibilidad de perder la vida en alguna misión?
El equipo entero se dedicó miradas llenas de duda. Esa pregunta sonaba muy en serio.
—Yo la acepté —declaró Hikari con firmeza, dando un paso al frente —Una de las razones para entrar a este escuadrón fue para morir no por lo que crean otros, sino por lo que crea yo. Por defender lo que amo, daré mi vida si es necesario.
Nadie dudaba que eso fuera cierto. Bastaba recordar que era Sakura Kiyota la que hablaba, quien había visto de cerca el terrorismo mágico tanto al final del Torneo de las Tres Partes como en el Templo Amaterasu y en las dos ocasiones, apenas salió viva. Sin duda, eso se había debido a su determinación de luchar por las causas justas.
—Yo… también la acepté —apoyó de pronto Hyumaki, causando que Hiroshi arqueara una ceja —Sabía… que si quería ser shinobi… existía esa posibilidad. Y si muero en una misión… será porque no fui… lo suficientemente fuerte. Y en ese caso… —el chico tragó saliva —En ese caso, me disculparé con mis camaradas… para poder descansar en paz.
Para cuando acabó su última frase, Hyumaki inclinaba la cabeza, pero extrañamente no se sonrojó. Se limitó a cerrar los ojos con fuerza, como si reprimiera algo.
—No te preocupes, Hyumaki–kun —le pidió Haruto amablemente, posándole una mano en el hombro —Prometo perdonarte si mueres —intentó bromear, causando que una sonrisa se insinuara en el aludido, al igual que en Hikari —Además, estoy de acuerdo en eso, sé que me puedo morir en este trabajo —por su posición, Hiroshi fue el único que vio los ojos brillantes de Haruto, que contenían las lágrimas —Pero al menos seré yo… Yo pelearé, yo me jugaré la vida por otros, no alguien más sacrificándose por mí. Eso es un consuelo, ¿no?
Hyumaki se encogió de hombros, sin mirarla aún.
—Nadie quiere morirse realmente —sentenció de pronto Hiroshi, con su habitual aspereza, aunque su cara tenía una expresión menos hermética de lo usual —Nunca crea que lo queremos, Tenshi–sensei —hubo un respingo colectivo: Hiroshi no solía aplicarle sufijos a nadie —Pero al enfrentar todo lo que nos impedía entrar al escuadrón, era obvio que asumíamos los riesgos. Además, no pienso morirme tan fácilmente —esbozó una sonrisa de lado, ligeramente irónica —Mucho menos pienso permitir que alguien muera por mí, ¿está claro?
Hikari miró a sus compañeros con orgullo, aunque a la vez le divertía que Hiroshi hubiera terminado su discurso con un razonamiento parecido al de Haruto.
—Supongo que era lo único que me faltaba escuchar —Tenshi dio media vuelta, encarando a sus alumnos con los brazos cruzados —Ahora deberán buscarle un nombre a su equipo, jóvenes, porque oficialmente han aprobado la evaluación genin.
Los aludidos mostraron distintos grados de incredulidad en sus rostros, sin apartar los ojos del rostro claro y perfectamente ovalado de su instructora, cuyos delgados labios apenas se curvaban en una sonrisa. Su nariz era pequeña, ideal para complementar sus facciones junto con unos rasgados ojos castaños de vetas doradas. La única singularidad estaba en su párpado derecho, en el cual un conjunto de cuatro diminutos lunares semejaban una flor.
—Mucho gusto, jóvenes —dijo Tenshi, sin apenas variar su monótona voz, ni cuando Hyumaki abrió la boca intentando decir algo que al final, no le salió —Mi identidad es Shiraishi Kohana, kazenoichi de rango jonin asignada como su sensei. Sé que son novatos, pero no esperen un entrenamiento sencillo. Son el primer equipo al que apruebo.
Los cuatro muchachos le dieron a entender, con distintos gestos, que eso no importaba. Que de hecho, el entrenamiento difícil ya se lo esperaban.
(1) Wakusei, en japonés, significa planeta.
11 de marzo de 2009. 12:58 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)
Bueno, gente, creo que pasé en limpio más rápido de lo que creí. Insisto, le echo la culpa a mi última lectura de manga en línea, ¡es la única culpable, la única! Solamente por ella tengo tantas ideas para este complemento y me urge pasarlas en limpio, para sacarlas de mi sistema.
No están para saberlo ni yo para contarlo, pero ayer tuve examen, ¡el primero del semestre! Y la verdad, no sé en qué estaba pensando. Debí estudiar más esas razones financieras. Pero no mortificaré a mi público con eso. Mejor pasemos al capi.
Como ven, los chicos pasaron la evaluación. Su sensei resultó ser una mujer muy bonita, pero también es muy seria. Su nombre completo tiene una explicación… extraña. El nombre de pila, Kohana, quiere decir pequeña flor, jajaja. El apellido lo inventé y si supiera escribirlo en japonés, lo haría con los kanjis de blanco y muerte. Sí, digamos que el apellido vendría significando muerte blanca. ¿No soy macabra a veces? Y ya verán cuánto…
El término kazenoichi, con el que se refiere a sí misma aparte del de jonin y sensei, me lo inventé yo. En los próximos capítulos, quedará más claro de dónde lo saqué. Por ahora háganse a la idea de que complicaré más las cosas, pues no creerán que los únicos novatos en aprobar son Sakura y compañía, ¿verdad? Ah, les tengo unas cuantas sorpresitas con eso.
A propósito, les aviso que cuando estén en el ambiente del escuadrón, todos serán llamados por sus nombres clave, al menos la mayoría del tiempo. Cuando estén en otro lado, surgirán los nombres reales, y eso también lo explico más adelante. Solamente para que se aprendan bien quién es quién, cosa en la que mis lectores habituales ya deben tener mucha práctica, jajaja. Así pues, verán que aquí Sakura es llamada Hikari y sus compañeros, igual. Esperen lo mismo de Kohana y de los demás ninjas que aparezcan. Y créanme, serán bastantes.
Muy bien, me despido. Cuídense mucho y nos leemos pronto.
