Once: Tensión.

Al cruzar la puerta que les había tocado, Nagareboshi se encontró con un paisaje rocoso y desolado, bajo un candente sol. Luego de cambiarse las ropas con un hechizo, los chicos emprendieron la marcha con Hyumaki como guía, pues él había quedado a cargo de la brújula.

Al poco rato, los cuatro divisaron a otro equipo, por lo que buscaron un escondite, cosa difícil en aquel paraje mayoritariamente llano.

—Esto es como el Gran Cañón, ¿saben? —soltó Haruto enseguida, a modo de queja.

En cuanto el otro equipo se perdió de vista, Nagareboshi siguió adelante, pero fueron sorprendidos por una lluvia de kunais que los obligó a dar saltos y retirarse hacia el borde de un precipicio. Los atacantes, un equipo de ropas negras, los había dejado sin escapatoria.

Hikari consideró rápidamente sus opciones. No iban a entregar su caja, no estaban tan desesperados. Pero si comenzaban una pelea sin saber algo de sus oponentes, quizá los pondrían en una situación en la que ella tendría que rendirse. Sólo quedaba una alternativa.

—Obento (1) —le murmuró a Hiroshi, a su derecha, que era quien estaba más cerca.

El muchacho asintió y se descolgó la mochila negra que cargaba.

—¿Qué pasa ahí? —inquirió bruscamente uno de los emboscadores, castaño con bandana de fuego en la frente, apuntándole a Hiroshi con una mano extendida.

—¿Quieren la caja, no? Pues la estoy buscando —espetó el estratega de Nagareboshi.

Haruto ocultó el temblor de sus manos al echarse la melena castaña a la espalda. Hyumaki hizo otro tanto apretando la brújula mágica en su diestra.

—¡Ahí va! —Hiroshi alzó finalmente la caja y la lanzó hacia los contrarios.

El más grande del grupo vestido de negro se adelantó y atrapó la caja con una mano. Se oyó poco después un silbido extraño.

—¡Izumo, suelta eso! —espetó una genin castaña con bandana de viento —Son los alumnos de Tenshi–dono, ¡debe ser una trampa!

Para Izumo fue tarde, pues la caja despidió mucho humo y al soltarla, estalló al contacto con el suelo. Los ninjas de negro se desorientaron hasta que la genin hizo un hechizo de viento para dispersar el humo, pero no le sirvió de mucho: sus contrincantes habían desaparecido.

En realidad, Nagareboshi había aprovechado aquello para esconderse en el precipicio, gracias a una saliente que Hyumaki había creado a toda prisa.

—Nuestra sensei es famosa, ¿eh? —comentó Haruto con una vaga sonrisa.

—Por supuesto. Hablamos de la estratega de Yonkei, por eso nos temen.

—Yo no estaría tan segura, Hiroshi–kun.

Hikari se ganó una mirada irónica de su estratega.

—Silencio —mandó Hyumaki, apoyando las manos en la pared del precipicio —Siguen arriba.

Sus compañeros obedecieron. Hyumaki estaba usando uno de sus mahojutsus elementales de espionaje, que le permitía percibir presencias humanas a través de la tierra. El problema era que estaba manteniendo dos mahojutsus elementales a la vez y eso consumía mucha energía.

—Creo… que se retiraron… Aunque no podría jurarlo —Hyukami despegó las manos de la roca, con aspecto cansado.

—¿Y eso? —se impacientó Hiroshi.

—Ah… es que… salieron de mi radio de alcance.

—¿Tienes un radio de alcance máximo?

—Hiroshi–kun…

Hikari se llevó una mano a la cabeza, tratando de no desesperarse. Sentía como si estuviera en un sueño que lentamente se convertía en pesadilla.

—Hiroshi–kun, toma en cuenta lo que tuvo que hacer Hyumaki–kun para poder ocultarnos. Me ocuparé de nuestro suelo ahora para que él descanse. Y tú —señaló con su índice a Hiroshi, quien alzó las cejas levemente —ten presente que no todos somos iguales.

Retirándole la vista a su estratega, Hikari posó una rodilla en tierra, apoyó una mano junto a ésta y cerró los ojos. En pocos segundos, la saliente se convirtió en un nido gigantesco hecho de miles de ramas entrelazadas con verde follaje.

—Ah… gracias, Hikari–san —Hyumaki sonrió débilmente, sentándose de golpe.

—De nada. Cuando te sientas mejor, verificas los alrededores.

Hyumaki asintió.

—Hikari —llamó Hiroshi fríamente, obteniendo una ceja arqueada de la chica —Podemos agilizar esto. Hyumaki, a un lado.

El informante se retiró de donde estaba y Hiroshi desenvainó su katana para clavarla en la pared de piedra con un golpe seco.

—¿Qué vas a hacer? —inquirió Haruto.

Contrario a su costumbre, Hiroshi hizo una mueca de concentración.

—Usaré el rastro de magia de Hyumaki para un mahojutsu elemental —expuso —También es de espionaje, pero por ser de mi elemento, necesito un conductor metálico en la tierra.

—¿Algo así como un pararrayos?

Hiroshi asintió, apoyando la palma de la mano en el mango de su katana. Hikari creyó verle una leve sonrisa al muchacho, pero no podría jurarlo.

Un leve destello recorrió el arma cuando el mahojutsu de Hiroshi comenzó a actuar. El joven no tardó ni dos segundos en obtener respuestas.

—Parece que se retiraron lo suficiente como para salir de aquí. ¿Podemos?

Hyumaki asintió, igual de las chicas. Hiroshi desencajó su katana y la guardó, alzando la vista. Frunció el ceño visiblemente.

—¿Cuánto tiempo llevamos aquí? —preguntó.

Sus compañeros también levantaron la vista.

—¿Ya es de noche? —exclamó Haruto.

—Este lugar no es normal —fue todo lo que se le ocurrió decir a Hikari al ver el cielo sobre sus cabezas, oscuro y estrellado.

—Esto debe ser… uno de los trucos de la Pagoda Falsa —murmuró Hyumaki.

—¿Pagoda Falsa? —Hiroshi se volvió hacia su compañero —¿Qué sabes de este lugar?

—Ah… no mucho. Básicamente, es un sitio de entrenamiento especializado en escenarios difíciles y… casi siempre la usan los jonin's.

—Genial, quieren humillarnos —se quejó Haruto.

—Y los escenarios difíciles no solamente incluyen el terreno, sino también el momento del día —aventuró Hikari, quien rápidamente estaba tomando algunas decisiones —Hiroshi–kun, sube a revisar el terreno para que puedas idearnos una estrategia. Hyumaki–kun, verifica presencias humanas lo más lejanas posibles. Haruto–chan, necesito que mantengas húmeda nuestra plataforma para que no se desmorone.

Los tres obedecieron a Hikari de inmediato y en menos de cinco minutos ya tenían un plan. Hiroshi, de acuerdo a los datos de Hyumaki, sugirió que empezaran por cruzar el precipicio, por lo que Hikari convirtió el nido gigante en un puente y Hyumaki creó escalones en la pared a la que llegaron. Al llegar a la cima, Hikari y Hyumaki cayeron visiblemente rendidos.

—¿Están bien? —les preguntó Haruto.

—Sí, claro —aseguró Hikari.

—Ah… por supuesto —balbuceó Hyumaki.

—Está muy llano aquí —sentenció Hiroshi al cabo de un rato —Pero por allá hay salientes —indicó con una mano la dirección —Allí podremos pasar esta repentina noche.

—¿Cómo puedes ver a esta hora? —se asombró Haruto.

Hiroshi no contestó y se limitó a sacar la varita, encendiendo la punta y poniéndose a la delantera. Sus compañeros lo siguieron y por suerte en la saliente más cercano había una cueva.

—¿Cuánto va a tardar en amanecer? —se preguntó Haruto en voz alta.

—Si superamos satisfactoriamente este momento del día, no mucho —Hikari había hecho una fogata en un hoyo poco profundo con ayuda de su varita, a cuyo alrededor se sentaron —Al menos eso espero. Hyumaki–kun, ¿nos desviamos mucho del rumbo?

El informante sacó la brújula de un bolsillo y tras consultarla, negó con la cabeza.

—En ese caso, nos turnaremos para vigilar.

La propuesta de Hiroshi sorprendió a todos, pero cuando Hikari y Hyumaki mostraron que no podían mantener los ojos abiertos, no sonó tan mal. Hiroshi se quedó a la entrada de la cueva, en tanto Haruto velaba el sueño de los otros dos, sentada junto a la fogata.

—Haruto, ven acá.

—¿Ah? —la chica se sobresaltó y se paró, sacando la varita —¿Viste algo, Hiroshi–kun?

El estratega tenía la vista fija en el exterior, como si viera a través de las sombras.

—¿Tienes algún mahojutsu de espionaje? —inquirió el chico.

—¿Ah? —Haruto no supo a qué vino la pregunta, formulada tan de pronto, pero se concentró por unos segundos antes de contestar —Bueno… Aprendí uno que tal vez sirva para eso, pero no estoy muy segura —rió un poco por lo bajo —Soy torpe para cosas complicadas, ¿sabes?

—¿Y eso te detiene a la hora de aprender?

Haruto negó con la cabeza, pero notó que Hiroshi no la veía, por lo que abrió la boca para hablar, pero no hizo falta.

—En algún momento, Hyumaki no podrá espiar por nosotros. Necesitamos respaldos. Así que si ese mahojutsu tuyo no lo dominas, tienes que entrenar duro.

—Oye, Hiroshi–kun, ¿eso pasó en el precipicio? ¿Respaldaste a Hyumaki–kun?

Hiroshi no contestó, solamente dio una seca cabezada. Haruto sonrió.

—Te arrepentiste de quejarte de su radio de alcance, supongo.

Hiroshi arqueó una ceja, pero no replicó.

—¡Es cierto! Debo estar atenta —Haruto caminó hacia la fogata —Cuando sea hora del cambio, avísame. Dejemos que Hikari–san y Hyumaki–kun se recuperen un poco más.

—En ese caso, deberías dormir un rato también.

—No tengo sueño, no te preocupes.

Pero una hora después, al consultar su reloj y ver que era hora del cambio, Hiroshi se halló con que Haruto estaba apoyada en una de las paredes, con la cabeza caída sobre el pecho, completamente dormida. Fue entonces que recordó que también ella había usado un mahojutsu elemental complicado a petición de Hikari.

Por lo tanto, el estratega se quedó observando el exterior con detenimiento, meditando un plan que lo ayudara a soportar el resto del tiempo que pasaran en ese lugar.


—No puedo creerlo, ¿es esto posible?

A la mañana siguiente (que según sus relojes, fue cuatro horas después de anochecer), los miembros de Nagareboshi llegaron a lo que parecía el límite de aquel paisaje desértico. Pero no esperaban encontrarse con el abrupto inicio de una verdadera jungla.

—Tal parece que la Pagoda Falsa quiere probarnos con todo lo que tiene —Hikari se encogió de hombros sin mucho ánimo —Si mi teoría es correcta, una selva por la mañana es igual de peligrosa que el desierto por la tarde o por la noche. Así que…

—No aprobaremos si no superamos todo —completó Hiroshi sombríamente.

—Exacto.

Hyumaki inclinó la cabeza, haciendo una mueca, en tanto Haruto meneaba la cabeza.

—No hay tiempo qué perder —Hikari consultó un reloj dorado que sacó de su bolsillo, que además de la hora, daba la fecha, fases lunares y otros datos similares —El primer día de esta parte está por terminar. Quisiera encontrar nuestra caja lo más pronto posible, por cualquier contratiempo que se nos presente después.

Los otros tres asintieron y a una seña de Hikari, comenzaron a caminar tras Hyumaki.

La selva era, definitivamente, un lugar incómodo. A medida que el sol ascendía, el calor aumentaba y la humedad hacía que las ropas se les pegaran al cuerpo. Volvieron a cambiar su vestimenta con hechizos y no dejaban de vigilar su entorno, por si aparecían más enemigos.

Hyumaki, tras consultar la brújula mágica, alzó una mano para indicar alto. Cuando sus compañeros lo obedecieron, el informante levantó un pulgar y al unísono, Nagareboshi saltó con fuerza hacia las ramas más altas de los árboles cercanos. Escondiéndose entre las frondosas copas, Hyumaki fue interrogado por tres miradas curiosas.

—Estamos cerca de la caja —murmuró el informante —Nos acercamos a un equipo.

Hikari asintió, igual que Hiroshi. Haruto se había distraído mirando hacia abajo, a su derecha, donde se veía un movimiento anormal de plantas y se escuchaba…

—Ahí —avisó repentinamente.

Sus compañeros dirigieron la vista hacia donde señalaba Haruto. Hikari, con suma concentración, comenzó un elaborado mahojutusu elemental que le permitiría enterarse de algunas de las características de ese equipo.

La hora de entrar en acción había llegado.


(1) Se le dice obento al almuerzo típico japonés, que se guarda en una caja.


29 de marzo de 2009. 0:55 A.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)

Hola, gente, ahora sí que me lucí. Verán, oficialmente el final de este capítulo ya no lo pasé de un borrador; ahora escribo directamente en la compu. Y eso es bueno, porque viene una parte que en papel, no hubiera podido sacar muy bien.

Tal parece que el sitio de la primera parte de la evaluación chuunin es de cuidado, pues tiene el apodo de Pagoda Falsa. La razón para ese apodo supongo que se deduce nada más viendo lo que pasa, pero más adelante prometo develar eso. Lo que sí es seguro es que todos los novatos, no sólo Nagareboshi, están teniendo problemillas.

Y bueno, una peleíta no podía faltar. Más que nada, para mostrar que cuando están bajo presión, hasta personas como Hikari pueden alterarse, lo que a ella le sirve para sacar a relucir sus cualidades de líder. Pero que Hiroshi primero reclame y después, en cierta forma, ayude… Eso sí que es raro. No es habitual en este chico, que bien podría ser descrito como un témpano de hielo andante, al menos la mayoría del tiempo.

Bien, hasta aquí los dejo con este capi. Cuídense mucho y nos leemos pronto.