Diecinueve: Generoso contra Tronco.
—¡Uy! —dejó escapar Uma.
—Un placer haberte conocido —ironizó Kuroi al instante.
—¡Eh! —soltó Haruto —Hiroshi–kun es bueno, ¿saben? Su pelea no durará ni cinco minutos.
—Confiamos en la habilidad de Hiroshi —aclaró Aoi con seriedad —En Maruta es en quien no confiamos. Es el elemento sorpresa de Mori y, por lo que logró averiguar Kuroi–kun, una sádica.
—¿Maruta? —recordó Tenshi de pronto, volviéndose hacia Wakusei.
—Sí, creo que es ella —se limitó a decir el sensei de Ginga, con semblante decaído.
Hiroshi escuchó todo eso sin mostrar inquietud alguna, limitándose a ajustar la vaina de la katana a su cintura. Bajó del mirador ignorando a Sorairo, pero agradeciendo en silencio las sonrisas de sus compañeras. Distraídamente, estudió a la chica que iba a enfrentar y arqueó una ceja al notar su bandana con el símbolo del agua. Esbozó una sonrisa irónica.
—¿Listos? —preguntó Suzaku con cierta aprensión, vigilando constantemente a Maruta. Los dos genin's no tardaron en asentir —¡Comiencen!
Hiroshi se dispuso a sacar la katana, pero Maruta abrió los brazos en cruz, con las manos extendidas y los ojos cerrados. Y en cinco segundos, ella y Hiroshi fueron encerrados en un denso banco de niebla. Tenshi se inclinó hacia adelante para ver mejor.
—El Tronco de la Niebla —musitó la jonin, aferrándose un poco más fuerte al barandal —Esa chica es no es muy cálida que digamos.
—No creí que pudieras hacer bromas —se burló Tensai con altanería.
—Tensai, guarda silencio —ordenó Kirin de mala gana.
—Sensei, ¿por qué hace tanto frío? —inquirió Haruto de repente, abrazándose a sí misma.
—Concuerdo con Haruto–san, sensei —comentó Same.
—Es la especialidad de esa chica, Maruta —respondió Kirin, ceñudo —Según lo que sabemos, echó mano de su afinidad elemental secundaria para desarrollar mahojutsus muy peculiares.
—¿Afinidad elemental secundaria? —se extrañó Hebi, arqueando las cejas.
—Es aquella ligada a nuestra afinidad elemental asignada —explicó Subaru —Por ejemplo, yo soy un mokunobi, por lo que mis afinidades elementales secundarias son la tierra y el agua. Puedo usar mahojutsus de esos elementos si quiero, pero los que mejor me saldrán serán los de madera. A juzgar por lo que hizo Maruta, se ha aprovechado del agua y del aire a su alrededor para crear un ambiente helado y con visibilidad casi cero. Aunque no sé qué pretende con ello.
—¿Y eres el estratega de Ginga? —se sorprendió Uma —Te quedaría ser informante, genio.
—Esa posición sería una pérdida de tiempo para Subaru–kun —acotó Tsuru —Él necesita un poco de acción para no aburrirse.
—Gracias por tus palabras, Tsuru–san.
—De nada.
—¿Dónde quedó Hiroshi–san? —preguntó Sorairo.
—El combate no es visible, ¿es eso válido? —indagó con ansiedad Uma.
—Mientras el árbitro no diga nada en contra, es válido —contestó Kirin.
—¿Suzaku–san puede ver algo? —se sorprendió Hikari, arqueando una ceja, incrédula.
—Algo así —fue la vaga respuesta de Wakusei.
Por su parte, Hiroshi no se había molestado en cambiar de posición. Sus ojos eran lo único que se movían, recorriendo su entorno de manera penetrante. No debía bajar la guardia, así que a cualquier signo de un ataque, tendría que defenderse. Si tan solo no hiciera tanto frío…
Un movimiento sobre su cabeza lo impulsó a hacerse a un lado justo a tiempo. Maruta había soltado una patada y su pie, al tocar el suelo, provocó que ese punto se cubriera de hielo. Hiroshi entrecerró los ojos con suspicacia.
—¿Qué se supone que es eso? —musitó.
—Lo he desarrollado especialmente para oponentes con tu reputación —explicó Maruta tranquilamente, con una voz que sonaba distorsionada y desde un punto impreciso —Una perfecta combinación de afinidades elementales. Desconcierta e intranquiliza quedar a la deriva mientras se ten enfría hasta el alma, ¿no?
Hiroshi detectó sarcasmo y crueldad en las últimas palabras, lo que debía ser la parte sádica de la personalidad de la mizunoichi. No quería prolongar la pelea, no cuando al siguiente golpe podría acabar congelado. Pero no estaba en condiciones para ver a Maruta a través de toda esa niebla, no sin consecuencias. Así pues, decidió librarse de los obstáculos por partes.
Desenfundó la katana con una mano y la varita con la otra. Una última inspección visual del terreno circundante lo convenció de realizar la primera parte de su plan, consistente en "cortar" la niebla y mantener la abertura con un buen hechizo que calentara el ambiente e hiciera que el agua evaporara se elevara y perdiera de vista. Debido a eso, los que estaban en los miradores pudieron vislumbrar la posición de Hiroshi. Y no fueron los únicos.
—Ya cayó —se burló Eda.
Hiroshi intuyó que algo andaba mal cuando se dio cuenta que, por más niebla de la que se deshacía, no hallaba a Maruta. Detuvo sus técnicas y respiró hondo, concentrándose de nuevo en rastrear indicios de su contrincante. Un sonido extraño por encima de su cabeza lo puso en alerta y alzó la vista, quedándose ligeramente atónito con lo que encontró.
La niebla que había quitado de su camino se había condensado en un santiamén, formando no nubes ni agua, sino estacas de hielo… que le apuntaban directamente a la cabeza. Maruta, oculta por algo de niebla tras el muchacho, sonrió con malicia.
—¡Esa tipa está loca! —se indignó Haruto —¡Va a usar a Hiroshi–kun de blanco humano!
—¿Y diste a entender que confías en Hiroshi–san? —refunfuñó Sorairo.
—Confío en Hiroshi–kun, ¿sabes? —se defendió Haruto, sin apartar la vista del tatami —Pero esa tipa está loca.
—Cierto —concedió Aoi, para enfado de Sorairo.
Las estacas de hielo flotaban de forma siniestra sobre Hiroshi, como si esperaran el momento indicado para ir contra el muchacho. Él no esperó de brazos cruzados y arrastrando la punta de su katana, dio un rápido giro sobre sí mismo.
Maruta hizo un gesto de mano, triunfante, haciendo que las estacas cayeran sobre su oponente. Sorairo ahogó un grito, algo impropio en ella, pero se sintió ridícula cuando Hikari y Haruto sonrieron con aire de suficiencia y la segunda exclamó.
—¡Así se hace, Hiroshi–kun! ¡Se los dije! Esto no va a durar ni cinco minutos, ¿saben?
Nadie se explicaba qué había ocurrido para que las estacas de hielo no llegaran a rozar a Hiroshi, desviándose en todas direcciones, sin orden ni concierto. Yamaneko, pasmado, atinó a susurrar "kekkai" como si no pudiera creer en semejante idea.
—¿Está bromeando? —espetó Eda —Eso es muy avanzado hasta para ese novato.
—No fue una kekkai —rebatió Kita, más taciturno que antes —Vimos una en el primer combate, por parte de la chica de Kirin–dono, ¿recuerdan? Lo que acaba de hacer Hiroshi no tiene los fundamentos básicos de una kekkai.
—¿Entonces qué fue? —inquirió Nishi.
Kita se encogió de hombros.
La misma pregunta de Nishi le hacía Maruta a Hiroshi, quien enfundando la varita, no se veía con intenciones de contestar. La katana en su diestra despedía chispas, pero fuera de eso, no se apreciaba nada extraordinario.
—¿Qué fue lo que hiciste? —insistió Maruta.
Hiroshi arqueó una ceja.
—No te serviría de nada saberlo —afirmó, adoptando una postura ofensiva de kenjutsu —Así que no hay razón para entretenerse más.
Maruta sacó la varita en cuanto lo vio dar el primer paso hacia ella, pero casi la dejó caer cuando Hiroshi desapareció de su vista. En menos de cinco segundos, los restos de niebla desaparecieron, Suzaku movió los ojos de un lado a otro y Maruta se encontró con la katana al cuello, acorralada por Hiroshi, parado a su espalda.
—Como siempre, va directo al grano —Aoi meneó negativamente la cabeza.
—¿Qué piensa hacer? —se exaltó Hebi.
La respuesta le llegó en un instante. Hiroshi presionó su arma contra el cuello de Maruta, quien tuvo una sensación muy extraña recorriéndola. ¿Era miedo, acaso?
—¿Podrías rendirte? —preguntó él.
—¿Qué? —reaccionó ella —¿Por qué piensas que debería rendirme?
—Tengo ventaja elemental y acabo de demostrar que soy mejor que tú —detalló Hiroshi sin asomo de presunción —No tengo necesidad de gastar mi tiempo y mi magia en ti.
—¿Quién te crees? No por ser de esa casta de asesinos…
La joven no pudo seguir hablando. La hoja de la katana presionó su garganta en el punto exacto que le servía para sacar la voz.
—Hiroshi, ¿qué crees que estás haciendo? —sermoneó Suzaku, temiendo que las cosas se salieran de control y debiera intervenir.
—Nada grave —el moreno aflojó la presión de su katana —Me estaba hartando con tanta palabrería. Así que la callé.
Maruta, visiblemente indignada, intentó darle un codazo a Hiroshi, pero éste se lo impidió con su mano libre. Suzaku no pudo menos que admirarse de la velocidad que poseía el rainobi.
—Lo que hice con tu voz puedo hacerlo con cada parte de tu cuerpo —advirtió Hiroshi en tono sombrío —Hazme caso y ríndete de una vez. Puede irte peor.
La muchacha hizo una mueca de obstinación. No pensaba darse por vencida. Por suerte, no necesitaba hablar al ejecutar sus mejores técnicas y Hiroshi no le había soltado el codo.
Para cuando se percató del peligro, fue demasiado tarde. Hiroshi sentía una mano entumecida, acompañado de un frío atroz. A través de esa mano, Maruta lo estaba congelando.
—¿Pero qué…?
Maruta le dedicaba una sonrisa de maliciosa satisfacción, que por algún motivo que ningún espectador entendió, hizo que Hiroshi se desconcentrara y no hiciera nada. El hielo avanzó lentamente por su brazo y al llegar al codo, el muchacho logró reaccionar. Y nadie supo qué hizo, pero el hielo dejó de avanzar.
—Tengo cinco segundos —afirmó él de pronto. Maruta y Suzaki, al oírlo, se desconcertaron —Serán más que suficientes.
Y Aoi, cerrando los ojos, fue el único que se tomó la molestia de comprobar con su reloj que aquello fuera cierto. Contó los segundos mentalmente, al tiempo que a sus lados, un jadeo colectivo le indicó que Hiroshi había cumplido su palabra. Lo conocía bien y no necesitaba verlo para saber el resultado del encuentro.
Maruta, en la misma posición de antes, se había desplomado cual títere al que le hubieran cortado los hilos. Muchos se preguntaban cómo había sido posible que el combate diera un giro tan brusco. Suzaku se acercó a la mizunoichi, la examinó y tuvo que declarar ganador a Hiroshi, quien en ese momento usaba la varita para descongelarse la mano. Los magos de túnica blanca llegaron para llevarse a Maruta, lo que Hiroshi aprovechó para retirarse del tatami.
—Era de esperarse —masculló Yamaneko, visiblemente indignado —Creí que Maruta podría hacer algo contra ese chico, pero me equivoqué.
—No cabe duda, su reputación es genuina —observó Baraken con serenidad.
—Y no solo eso, ¿sabes cuál es su clan? —espetó Yamaneko.
Baraken asintió.
—No sé cómo se le permitió entrar al Escuadrón, pero ya veremos si aguanta —opinó ella —No hay muchos que lo tengan en buen concepto.
—Exactamente.
Los alumnos de ambos jonin's encontraron ese diálogo extraño y sin sentido. Lo único en lo que podían pensar era en que si Hiroshi había vencido a Maruta de una forma que no podían definir a simple vista, debía tratarse de un shinobi de cuidado.
Y eso que apenas era un genin novato.
29 de noviembre de 2012. 11:15 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México).
Ah… ¿Qué tal? Espero que estén bien, damas, caballeros y demás entes.
¿Alguien sigue leyendo esto? Creo que sí, por lo que me comentan, pero en fin… ¿Creyeron que la pelea de Hiroshi sería más complicada? Bueno, como él mismo dijo, no había razones para entretenerse. Se trata de un muchacho con muchas cualidades para este trabajo, además de las que le da su clan, que por cierto, no parece ser muy querido, ¿verdad? Bueno, con semejante apellido que le di (Kishuu), deberían darse una idea, más si saben lo que significa.
Además, Maruta no era rival para él, admítanlo. ¿Acaso no tiene Hiroshi una kunoichi de agua a la mano con la cual entrenar? Pues eso (Bell rueda los ojos por sus indirectas confusas). Maruta estaba tan concentrada en ser mala y cruel que subestimó a Hiroshi solo por ser novato. Y le salió caro.
En fin, de momento es todo. Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.
