Veintisiete: Visión.
Aunque Kuroi era inesperadamente rápido cuando le convenía, sus suposiciones fueron correctas. Tras su fachada de hombre rudo y fuerte, Same ocultaba un montón de ideas tan repentinas como buenas, lo que unido a sus músculos, le ocasionó a Kuroi la salida del tatami a golpe de garrote y con la muñeca izquierda rota.
—Kuroi, informante de Chi, ha sido expulsado del tatami. La victoria es para Same, elemento sorpresa de Zoo.
Desde el sitio donde cayó, Kuroi se apresuró a hacerle un gesto tranquilizador a Hyumaki, quien lo veía con el ceño fruncido, evidentemente preocupado. Acto seguido, observó a Same retirarse del tatami en completo silencio.
—Qué lata, tendré que investigarlo más —murmuró, siendo atendido por un sanador.
—Excelente, compañero —comentó Uma, dándole una palmada a Same en la espalda antes de encaminarse él mismo a la escalera.
—¿Qué clase de combate fue ese? —preguntó Sorairo a Kuroi, indignada.
—El que viste, líder, ni más ni menos. Debí retirarme desde el principio, qué lata.
Sorairo solamente se abstuvo de golpearlo al verle la muñeca vendada.
Los siguientes en contienda eran Uma y Hikari, por lo que no habían demorado demasiado en bajar en cuanto los habían llamado. El muchacho, frotándose la nuca, sonrió de lado, muy seguro de sí mismo.
La información que poseía acerca de Hikari lo declaraba con clara ventaja, pero no por eso iba a confiarse. No, el verdadero motivo de su exaltación era que quería medir, por sí mismo, a la ex–campeona de Hoshikino, una de las hijas del clan mecenas de la palabra escrita en Japón y cuyo ninkei no era precisamente ofensivo. Para él, las acciones pasadas de Hikari tenían mucho mérito y su curiosidad hacia lo que la chica podía hacer estaba alimentada por el hecho de querer saber qué la impulsaba realmente a ser ninja, si un objetivo personal o lo que consiguió averiguar de su árbol genealógico.
Hikari, en cambio, maldecía nuevamente a su suerte. No solamente debía enfrentar a otro hinobi, sino que no podía emplear con este los mismos trucos que con Minami. Así pues, esperó que fueran suficientes sus habilidades, los datos proporcionados por Hyumaki y lo que había observado de él.
—¿Listos? ¡Comiencen!
Uma estaba preparado para echar una buena llamarada, pero Hikari le lanzó un certero embrujo obstaculizador, cosa que lo detuvo el tiempo suficiente como para arrojar a sus pies unas cuantas semillas. Acto seguido, Hikari lanzó una esfera luminosa (un mahojutsu, sin duda) que causó la germinación acelerada de…
—¿No es Lazo del Diablo, verdad? —se extrañó Tensai.
—Por supuesto que no —aseguró Tenshi despreocupadamente —Hikari no usaría algo así para una simple evaluación.
Uma pensaba algo parecido, por lo que no se preocupó demasiado. Sin embargo, en cuanto sintió que podía moverse, se concentró para expulsar llamas por las manos, con lo que incineró las plantas que habían comenzado a envolverle los pies.
Con lo que no contó fue con hacer estallar diminutas bombas de humo.
Ya distraído su oponente, Hikari conjuró un hechizo tras otro hacia la nube de humo, al punto aproximado donde debía estar Uma. El joven acabó por emitir un destello, preludio del fuego que surgió de sus manos nuevamente y que pasó a arremolinarse frente a él, con el único propósito de aclararse la vista.
Cosa que no sucedió debido a una fuerte explosión.
—¿Pólvora? —interrogó Kirin a Tenshi.
—Ni más ni menos.
Cuando el tatami estuvo libre de humo y fuego, pudo verse al informante de Zoo de rodillas, cubriéndose la cara con las manos, con la ropa perforada en varios sitios donde se podían vislumbrar quemaduras. Chamuscado y aturdido, el hinobi mostró su rostro, relativamente ileso, antes de dejarse caer. El árbitro no tardó en acercarse y revisarlo.
—¿Uma? —llamó débilmente Hebi.
—Estará bien —animó Tsuru, neutra —Está prohibido matar al oponente.
—¡Tsuru–san!
—Uma, informante de Zoo, no puede continuar —anunció finalmente el árbitro —La victoria es para Hikari, líder de Nagareboshi.
—Para ser una Kiyota, resultó muy agresiva —comentó Eda con desdén.
—Se nota por qué fue elegida campeona en el Torneo de las Tres Partes.
—¿En serio crees eso, Ne? Pues yo no me trago que no hubiera mejores candidatos.
—Sekai también estaba entre los candidatos —se acordó el nombrado —Además, según los reportes, el puntaje por Parte favoreció a Asia en ese torneo.
—¿Y?
—Eso no habría sido posible sin Hikari.
—Sí, claro…
—¡Aoi y Haruto, al tatami!
—Esto de ser la última no me agrada, ¿saben? —se quejó Haruto antes de bajar.
—Será sencillo —se burló Sorairo.
—Como digas —Aoi se encogió de hombros al ponerse en marcha.
El joven no sabía gran cosa de Haruto, excepto lo que había visto y claro, lo que Kuroi pudo investigar de antemano. No confiaba mucho en las historias de Sorairo porque ella, por alguna razón, parecía detestar a su prima.
Y no había más que mirar a Haruto para darse cuenta que no daba el aspecto de ser alguien de cuidado, lo cual, viéndolo bien, era sumamente engañoso.
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Muy lejos del Templo Susanowo y de cualquier territorio de Japón, había magos mucho más preocupadas por su futuro inmediato. Habían viajado bastante, casi un año ya, de forma que ninguna alerta mágica los delatara, pero cuando cruzaban China comenzaron a seguirles la pista y fue difícil volver a pasar desapercibidos. Peor resultó cuando la situación se repitió al lograr el cruce de la frontera con Laos, creyendo que en ese país pasarían desapercibidos. Se llevaron una desagradable sorpresa al enterarse que ahora tenían nuevos perseguidores… y de que aquella era la nación del actual Jefe Supremo asiático de la Confederación Internacional de Magos, por lo que tenía duras medidas de seguridad por todos los rincones.
—Al menos logramos hacer que el último equipo se retirara.
—¿Logramos? Nadie aquí vio que hicieras algo, Suzuhara–kun. Deberías arrancarte la lengua por tener pretensiones tan absurdas.
Kotarou Suzuhara, cruzándose de brazos para intentar esconder su nerviosismo, miró a quien le hablaba con la expresión más neutra que pudo. No era nada conveniente que su antipatía quedara de manifiesto ante personas que, sabía bien, podían asesinarlo en un abrir y cerrar de ojos si llegaba a cansarlas.
Era increíble cómo él, de un clan ilustre y con un importante puesto en el Ministerio de Magia, ante el resto del mundo resultara descubierto en su doble juego, con lo cual se ganó un pase sin retorno a Shinitani, la prisión mágica en el océano Pacífico, una de las pocas que todavía empleaba dementores como guardias. En realidad, su encierro se debió a una petición retorcida de Hagen, una que Suzuhara no pudo rechazar y de la cual culpaba a su ex prometida, Sakura Kiyota, pues fue por hallarla que su imagen cayó delante de un montón de Samuráis. Y peor aún: quedó como un completo idiota, aunque bien mirado, ¿cómo iba él a prever que alguien podría salir de Amaterasu–jinja con todo y los hechizos anti aparición en el área? Estaba seguro que ni siquiera el más inteligente y talentoso de los magos consideraría tal posibilidad.
Sin embargo, el tiempo que permaneció dentro de la cárcel le sirvió para confirmar la existencia de ciertos individuos que antaño pertenecieran al Escuadrón Ninja de la Guardia Imperial de Japón. Al enviar la información a Hugo Hagen, éste respondió interesándose en tener de su lado a esos nukenin, así que les hizo llegar una oferta de alianza, de la que por cierto, nadie conocía los términos. Lo que sorprendió a Suzuhara fue que los ninjas traidores aceptaran sin hacer preguntas, quizá alimentados por sus propias ambiciones y aprovechando una oportunidad única de salir de la prisión.
Aquellos cuatro sujetos, en apariencia, no eran extraordinarios. Había oído los rumores en Shinitani, por supuesto, sobre que eran un equipo y que su traición era una que pocos magos se habrían atrevido a cometer, pero nada más. Debido al hechizo de Tabú que pesaba sobre ellos, ni siquiera conocía sus nombres, pero le quedó claro que eran de cuidado cuando supo que eran los responsables del suceso conocido como Explosión de Yamanote, ocurrido hacía casi seis años y que incluso los mahonashin recordaban con especial temor.
De los cuatro nukenin, el que causaba más escalofríos era aquel que amenazara a la integridad de la lengua de Suzuhara, de cabello castaño oscuro con un peculiar flequillo de tono muy claro, casi rubio. El hombre, cuya tez era ligeramente más bronceada que la del japonés promedio, mostraba unos rasgos finos y atractivos, que con toda seguridad podría emplear para distraer féminas siempre que no mostrara su habitual sonrisa, torcida y perversa. El tipo parecía sentir un especial placer en cualquier tarea que requiriera fuerza y dolor ajeno, por lo cual Suzuhara no dudaba de la veracidad de su sentencia.
Curiosamente, ese individuo no era el líder de los nukenin. Ese puesto lo ocupaba una mujer joven y delgada, con el cabello castaño oscuro recogido en una coleta baja de aspecto tirante. El rostro de la mujer era como el de una japonesa promedio, a excepción de su mirada, oscura y fría, y del hecho de que Suzuhara también temía los escasos momentos en que sonreía, pues eran señal de que planeaba algo en verdad cruel. Mientras el de flequillo claro llevaba una túnica color gris blancuzco, ella en cuanto pudo se vistió con una túnica roja, de un tono lo suficientemente oscuro como para pasar desapercibido pero al mismo tiempo, lo bastante llamativa como para ganarse algunas miradas del resto del grupo de fugitivos. Si nadie se le había acercado era por su costumbre de juguetear con llamaradas que salían de su varita a la menor provocación.
Otro al que no había que provocar era al nukenin más alto de los cuatro, un hombre de porte frío y distante, de cabello y ojos color castaño oscuro, que rara vez cambiaba su expresión facial, lo cual hacía que luciera como una estatua viviente. Su vestimenta, de color negro, parecía más que adecuada tomando en cuenta la profesión que ejerciera antes de su temporada en Shinitani, pero Suzuhara no podía dejar de notar la impresionante katana que colgaba a un lado de su cintura, ni tampoco el mon en la empuñadora de la misma, que declaraba la pertenencia de su dueño a uno de los clanes más siniestros de la antigüedad y en el incluso en la época actual, casi nadie depositaba su confianza.
Aunque claro, la chica de túnica gris y porte altivo que se la pasaba junto al hombre de la katana también era de temer. El cabello de ella, liso y castaño, estaba cortado a la altura de los hombros de forma tan recta como su flequillo, enmarcando un rostro ovalado con unos ojos negros opacos, una nariz respingada y una boca pequeña; todo ello recordaba a una antigua muñeca japonesa, solo le faltaba el kimono. La mujer era hermosa, aunque sus párpados caídos dieran la impresión de estar somnolienta o indiferente a su entorno.
Suzuhara lo tenía claro: solo estaba entre esos cuatro porque le convenía.
—Deja de espantar al civil, Shinigami (1) —amonestó la de túnica roja, hastiada.
Ante aquella frase, Suzuhara prestó atención. Debido al Tabú, seguramente no tendría otra oportunidad para enterarse de cómo se llamaban. Lo único que deseó fue que no se le notara el miedo ante nombres clave como aquel.
—¿Civil? ¿Hablas en serio, Kagutsuchi (2)?
—Por supuesto, ¿por qué te sorprende?
—Supongo que a Shinigami–san le sorprende que te dirijas a otro mago como civil —intervino la joven de párpados caídos, con voz seria —Es decir, como si aún fueras ninja.
—Somos ninjas, Kagenie (3) —indicó Kagutsuchi con seriedad —Traidores, quizá, pero ninjas al fin y al cabo. Por otro lado, los civiles son como mahonashin, ¿no?
A punto estuvo Suzuhara de reclamar por aquel trato cuando vio la sonrisa socarrona de Shinigami, al tiempo que el nukenin que todavía no hablaba fruncía el ceño ligeramente, en apariencia pensativo, antes de dedicarle a Suzuhara una mirada de soslayo que se sintió como una corriente de aire helado.
—¿Qué haremos cuando manden de nuevo al equipo a rastrearnos? —inquirió el sujeto de la katana, con una voz grave y apática.
—¿Crees que mandarán al mismo equipo, Shinken (4)? —indagó Kagutsuchi.
—Por supuesto. El líder es Asakura. No lo herimos de muerte. Va a regresar.
—Eso no significa que vaya a traer al mismo equipo.
—Normalmente sería así, pero Asakura no suele cambiar de personas una vez que inicia una misión, ¿verdad, Kagenie?
—Verdad —asintió la castaña de párpados caídos, acomodando con gesto elegante las mangas de su túnica, ligeramente más anchas en la zona de las muñecas de lo que solían ser las túnicas orientales. El movimiento fue acompañado por un sutil tintineo metálico.
—Y aunque cambiaran algunos miembros de ese equipo, Asakura vendrá —continuó Shinken, sonriendo de lado aunque sus ojos siguieron tan fríos como antes —Es una buena oportunidad para deshacernos de él. Procurará que los sanadores hagan su trabajo de devolverlo a servicio y después volverá a rastrearnos. Y en eso es uno de los mejores.
Se hizo el silencio entre los nukenin, lo que aprovechó Suzuhara para retirarse unos pasos de ellos. El ambiente se estaba poniendo demasiado pesado para su gusto, sus nervios no iban a tolerar por más tiempo semejante compañía. Mientras se aproximaba a un par de fugados que hablaban en apresurado cantonés, se preguntó qué consecuencias le traería el que Hugo Hagen contara con tales individuos, que no solo estaban entrenados para usar magia de forma no convencional, sino que tres de ellos, según lo que reconoció, eran miembros de clanes importantes, cuyos apellidos se susurraban con temeroso respeto.
El bando de Hagen era el de Suzuhara, por supuesto, pero no quería ser el primero con quienes esos nukenin quisieran desquitarse en caso de perder la paciencia.
Casi tuvo compasión del tal Asakura.
(1) La palabra es usada para designar espíritus encargados de los muertos. De manera más literal, se conforma por el vocablo shi (muerte) y kami o gami (dios).
(2) En la mitología japonesa, Kagutsuchi es la deidad del fuego, nacido de Izanagi e Izanami; a su madre la quemó de muerte durante el parto y presa de la ira, su padre le dio muerte con una espada divina; en ese momento, de la sangre de Kagutsuchi nacieron otros dioses. También se le conoce como Hi-no-yagihayao-no-kami, Hi-no-kagabiko-no-kami, Hi-no-kagutsuchi-no-kami y Homusubi.
(3) El término kagenie es una contracción de la unión de las palabras kage (sombra) e ikenie (sacrificio vivo, sacrificio), su significado sería sombra de sacrificio.
(4) Shinken se escribe con los kanji de shin (divino, sagrado; el mismo de kami o dios) y de ken (espada). En conjunto significa espada sagrada, espada divina.
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7 de mayo de 2015. 11:40 P. M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México).
¡Hola, hola! ¿Qué tal están aquellos escasos lectores de Juuroku? Espero que bien, que acá nos estamos cocinando de calor, calor, calor. Eso y que sigo en el desempleo no es nada bueno, se los juro (Bell rueda los ojos).
Está por terminar la segunda eliminatoria, ¿no les dije que abreviaría aquí? En parte porque quiero pasar a lo siguiente pronto y por otro lado, las peleas no son lo mío, lo siento. De todas formas, leemos que Same le ganó a Kuroi (lo que supongo que no sorprendió a nadie), mientras que Hikari logró vencer a Uma con sus habilidades y su ingenio (ella no fue campeona de Hoshikino por nada). La última contienda de esta eliminatoria es la de Aoi contra Haruto, pero no se preocupen, escrita ya está y es muy particular.
Por otro lado, nos topamos con los magos y brujas que se fugaron de Shinitani, una de las cárceles de los magos (ajá, hay más de una), donde aparece un personaje presentado en la Saga HHP: Kotarou Suzuhara, quien antaño tuviera un matrimonio arreglado con Sakura Kiyota por acuerdo de los padres de ambos, aunque ese compromiso se rompió por parte de ella (el por qué se explica en ET3P45). El tipo, que en realidad acabó en prisión por orden de Hagen (escena descrita en LAV11), fue intermediario entre el villano alemán y unos nukenin (traidores), cuyos nombres clave son bastante interesantes, por no decir escalofriantes. Han dicho algo de librarse momentáneamente de Asakura y su equipo, ¿qué habrán querido decir? Y además, ¿de qué clanes mágicos serán tres de esos cuatro ninjas renegados?
De momento es todo, aunque les alegrará saber que oficialmente, hasta antes de la escena de Suzuhara y los nukenin, era lo último que tenía escrito en papel, ¡se acabó el transcribir Juuroku! (Bell salta de gusto). Ahora los capítulos espero poder sacarlos más pronto, con la única demora de cruzar este fic correctamente con lo que va de la Saga HHP.
Cuídense mucho, atentos con el calor (los de este hemisferio) y nos leemos pronto.
