Treinta: Preparación.
La mañana siguiente fue radiante, digna del verano. Hikari despertó a buena hora, estirando los brazos por encima de su cabeza, desperezándose. La habitación que compartía con otras cinco chicas estaba en un calmado silencio, a excepción de las pausadas respiraciones de las demás. Al caer en la cuenta de que no había visto a ninguna de ellas en la evaluación chuunin, se preguntó qué estarían esperando para presentarla.
La evaluación… Pensar en ella la ponía nerviosa. Mientras preparaba sus cosas, se preguntó si tendría lo necesario para aprobar la segunda parte, puesto que le tocó contra un chuunin que manejaba el metal. Quizá le preguntaría a Haruto cómo hacerle frente a alguien así.
Salió del dormitorio con sigilo, sin despertar a nadie, aferrando su equipaje con inusitada fuerza. Pensó en pasar a donde dormía su compañera de equipo, para ayudarla a no llegar tarde, cuando oyó pasos en la escalera cercana y la vio aparecer, con los ojos entrecerrados.
—Buenos días —saludó en un murmullo.
Haruto se sobresaltó, mirándola con asombro, antes de sonreír, pero el gesto no le salió como siempre. Se veía alterada, lo que considerando la evaluación que enfrentaban, a Hikari no le pareció tan raro. Le dedicó una suave sonrisa.
—¿Lista para irnos? —inquirió, comenzando a caminar.
—Sí, me pregunto qué nos enseñará Tenshi–sensei, ¿sabes? Y a dónde nos llevará, claro.
Hikari asintió en señal de acuerdo, aunque alcanzó a ver que Haruto se restregaba los ojos.
—¿Estás bien? —decidió preguntar.
La otra asintió con energía, sonriendo un poco más.
—No dormí mucho, ¿sabes? Pensando en la evaluación y todo eso… —explicó.
Por alguna razón, a Hikari eso no la convencía.
Hasta salir de la Torre Blanca Genin, Haruto no se puso a parlotear como acostumbraba, especulando cómo sería el entrenamiento que les pondría Tenshi, y a dónde irían exactamente. A Hikari le hacía gracia oírla, era como ir con una niña pequeña emocionada por un viaje.
—Puntuales —alabó Tenshi al verlas arribar al punto de partida.
Hiroshi y Hyumaki ya estaban allí. Ambos llevaban pocas cosas; de hecho, Hyumaki solo cargaba con un morral negro colgado al hombro. Se preguntó por qué tan solo un instante, antes que una persona más se les uniera.
—Lamento haberlos hecho esperar —pronunció Wakusei con una pequeña sonrisa.
El hombre ignoró olímpicamente las caras asombradas de Hikari y Haruto, así como el ceño fruncido de Hiroshi, y se dirigió a Tenshi.
—Todo en orden. Deberé volver enseguida, no puedo dejar a Ginga sin supervisión. Pero podré saludar a los niños al menos.
—De acuerdo. Hyumaki, guía al resto, nos adelantamos.
Al tiempo que el nombrado asentía en silencio, los dos jonin's se desaparecieron.
—¿De qué se trata esto? —quiso saber Hiroshi, hablando con dureza.
—Ah… Lo sabrán en cuanto lleguemos. Por favor, si se sujetan…
Hyumaki tendió ambas manos, que fueron tomadas por sus compañeras. Hiroshi dudó una fracción de segundo, antes que Haruto, con su característica impulsividad, agarrara su diestra.
—Muy bien, ¡vámonos! ¿Qué podría salir mal?
—No deberías decir eso en voz alta —masculló Hiroshi, irónico.
Al segundo siguiente, el equipo Nagareboshi abandonó la isla.
Sakura Kiyota bufó por lo bajo, no sabía si de pasmo o de contrariedad.
Su compañero de equipo los había llevado a las cercanías del Templo Yasaka, en Gion, que bullía de actividad. Sakura, dado que su familia solía vivir en Kyoto, sabía a qué se debía y pese a su fascinación por las festividades mahonashin, ignoraba por qué estaban allí.
—Ah… Por favor síganme —indicó Satoshi Kurogami, tomando una calle lateral.
Los otros tres obedecieron, mirando discretamente a su alrededor, debido a la excesiva actividad de la gente en las calles, pese a ser tan temprano.
—Están preparando el desfile de las yamaboko (1) y de los mikoshi (2), ¿cierto?
—Ah… Sí, creo que la fecha coincide, Sakura–san.
—¿Qué se supone que hacemos en Gion? Y precisamente durante su festival.
Satoshi no contestó, sino que señaló entonces una calle lateral. Dieron vuelta a la izquierda.
—¿Esto es Gion? —quiso saber Sasume Kishimoto, girando la cabeza en todas direcciones, anonadada —Siempre quise venir, ¿saben?
—Es bonito, sí, pero… Kurogami–kun, ¿alguna razón en particular para que Shiraishi–sensei nos quiera en este lugar cuando hay una enorme fiesta en progreso?
—Ah… Sí, claro. Llegamos.
Estaban ante la fachada de lo que era una tradicional casa japonesa. Las paredes eran blancas y hacían un hermoso contraste con los marcos de madera de la puerta corrediza y las ventanas, así como con el marrón de las tejas del techo. A la derecha de la puerta, podía verse un letrero rectangular colocado verticalmente. En la parte superior, aparecía un símbolo similar a una hoja de arce con nueve puntas, para a continuación mostrar los kanjis del apellido de la familia que vivía allí… Lo que por cierto, llamaba poderosamente la atención.
—¿Akimoto? —susurró Sakura, desconcertada.
—¿A qué venimos a la casa de un Akimoto? —quiso saber Sorata Kishuu con cierto enfado.
—¿Quiénes son los Akimoto? —inquirió Sasume con cordialidad.
Satoshi les pidió silencio con un gesto y acercó la mano a un punto a la izquierda del letrero, de donde sobresalía un trozo de cuerda blanca y gruesa, del cual tiró un par de veces. El sonido de algo muy parecido a las campanas de los templos sintoístas se dejó oír.
—Listo —musitó Satoshi, para acto seguido estirar la diestra y deslizar la puerta a la derecha con la confianza que da hacer algo un montón de veces —¡Llegamos! —anunció, dando un paso al interior de la casa y usando un volumen de voz que sus compañeros no le conocían.
Las chicas y Sorata lo siguieron al interior, observando que Satoshi se dispuso casi de inmediato a quitarse los zapatos, por lo que lo imitaron. El interior de la casa seguía siendo netamente japonés, con un largo pasillo de duelas de madera frente a ellos, a cuya izquierda se distinguía el inicio de un jardín interior. Inmediatamente a la derecha, en un espacio similar a un cubo, se veían unas escaleras de madera que ascendían de forma muy empinada.
—Muy bien —pronunció entonces la voz de su sensei, a quien vieron de pie frente a ellos, cubriendo la entrada al pasillo, ataviada con una versión muy sencilla de una yukata, color marrón claro y bordado con rojizas hojas de arce en la parte baja.
Hojas de arce de nueve puntas.
—Primero tomaremos el té y los pondré al corriente. Natsuki se irá pronto.
—¿Natsuki? —preguntó Sasume en un susurro.
—¿Habla de Akimoto Natsuki? —inquirió Sorata con perspicacia.
—¿Quién, si no? Satoshi, pensé que les habrías contado.
Kohana Shiraishi ladeó ligeramente la cabeza, interrogante, mientras Satoshi negaba en silencio, mostrando su nerviosismo abriendo y cerrando sin parar, a sus costados.
—Ah… No lo consideré adecuado, Kohana–sama.
—De acuerdo. Por favor, síganme. Como saben, Natsuki tiene que volver.
—¿Lo sabemos? —se sorprendió Sasume.
Por las caras de sus compañeros, dedujo que se había perdido de algo.
En un sencillo salón de té, sentados a una mesa rectangular baja, estaban los integrantes de Nagareboshi, sintiendo que el momento era como otra parte de la fastidiosa evaluación chuunin a la que se sometían. Mientras que en uno de los extremos se sentaba su sensei, concentrada en preparar y servir la humeante infusión que beberían, frente a ella se encontraba el que hasta hacía poco Sakura, Sasume y Sorata conocían solamente como Wakusei, sensei del equipo Ginga. El hombre llevaba una yukata a juego con la de Kohana, con hojas de arce de nueve puntas bordadas en la parte baja, pero las suyas eran verdes, sobre un fondo color arena.
—Listo —al decir eso, Kohana dejó la tetera y tomó la varita que descansaba sobre la mesa, para agitarla y hacer levitar las tazas frente a todos —Natsuki, ¿tienes tiempo para el té, no?
—Sí, lo tengo. Mis alumnos se iban a pasar la mañana durmiendo y después irían al edificio del archivo. Increíble pensar eso de un Hattori, si te soy sincero…
—Lo sé, pero tuvieron unos días agotadores. ¿Ya viste a los niños?
—Aún no. ¿Quieres que los traiga?
Kohana asintió y Natsuki se puso de pie, hizo una reverencia y dejó el salón de té al abrir la puerta corrediza a su espalda, que daba a un pasillo interior de la casa.
—En primera, te agradezco que esperaras a que yo hablara, Satoshi —comenzó Kohana, viendo a cada joven por unos segundos antes de fijarse en el siguiente —Y en segunda, lamento que estén en Gion en estas fechas, pero me pareció adecuado entrenar aquí. Desde hace generaciones, los Akimoto han vivido en Kyoto. Esta es una de sus casas más antiguas, de hecho, pero no la más grande. Se la cedieron a Natsuki cuando nos casamos.
Hubo un largo silencio.
—¿Entonces…? —tartamudeó Sakura —Shiraishi–sensei, ¿eso significa…?
—Bueno, sí, en realidad me llamo Akimoto Kohana. Pero la mayoría del Escuadrón no lo sabe.
—¿Por qué? Esos datos se registran en el expediente de cada ninja —hizo notar Sorata.
—Están registrados. Pero solo pocos están al pendiente de ese tipo de detalles en el edificio del archivo. Y en su caso, si su informante no habla…
Las chicas y Sorata se giraron, a la vez, en dirección a Satoshi.
—No lo miren así, le ordené no contestar preguntas de esa índole —añadió Kohana entonces.
—¿Les ordena seguido a sus tozamas, Shiraishi–sensei? —preguntó Sakura.
—De hecho, no. Satoshi es un huésped, ¿qué clase de anfitriona sería si le ordenara a cada momento? Aunque es huésped por una orden, no sé si eso cuente…
La joven mujer adoptó una pose pensativa, más acorde con su comportamiento habitual que las frases que acababa de soltar.
—Pasaremos la siguiente semana entrenando, tanto dentro como fuera de la casa —informó Kohana, cambiando de tema sin avisar —Les servirá para poder desarrollar sus habilidades en diferentes ambientes. Así mismo, el Gion Matsuri (3) lo usaremos para aprender sobre costumbres mahonashin y métodos de Encubrimiento. No estoy completamente segura si eso último les servirá en la segunda parte de la evaluación, pero no tendremos otra oportunidad cercana de practicarlo, así que no quiero ni una queja.
Los cuatro genin's asintieron, con semblantes serios.
—Satoshi no participa en esa parte de la evaluación, pero sigue siendo su informante. Sepan aprovechar eso, así como el hecho de que se me permite ayudarles en esta semana con su entrenamiento. No siempre tendrán ciertas ventajas.
—Ah, Kohana–sama… ¿Es buena idea entrenar aquí?
Ante la pregunta de Satoshi, la aludida asintió.
—Les estoy enseñando parte de mi ninkei a los niños —indicó.
—Eh… ¿Quiénes son los niños? —se interesó Sasume.
Kohana adoptó una expresión neutra, casi indiferente, para luego sonreír un poco.
—Haruto —llamó.
Sasume dio un pequeño salto de sorpresa en su sitio, quedándose muy quieta. Sin embargo, Kohana no tenía los ojos en ella.
—No querían creerme cuando les dije que también habías venido —indicó Natsuki desde el marco de la puerta que hacía unos minutos atravesara.
Nagareboshi se quedó pasmado cuando se dio cuenta que cargaba a un niño, que aparentaba máximo unos dos años, con la cabeza cubierta por un corto pelo castaño. El niño tenía los ojos idénticos a los de Kohana, aunque no contaba con su lunar en un párpado. Cuando Natsuki quiso dar un paso más al interior de la habitación, algo debió impedírselo, ya que agachó la vista.
—Son amigos —comentó.
Entonces vieron que detrás de él, con timidez, se escondía una chiquilla de túnica verde olivo, de grandes ojos marrones y corto cabello castaño. No dejaba de mirar a su alrededor, como si se preguntara qué hacía tanta gente allí.
—Konatsu —llamó Kohana.
La niña se asomó un poco más y al ver a la mujer, comenzó a sonreír y a caminar, pasando por detrás de los genin's para llegar a su destino. Solo que tropezó antes y casi se cayó, de no ser porque la sujetaron a tiempo.
—Con cuidado —dijo Sorata en un susurro, al enderezar a la niña con lentitud.
—Kirei (4)… —susurró la chiquilla, con la boca abierta y los ojos parpadeando sin cesar.
Sakura dudó que a su compañero le agradara aquello, pero no lo oyó refunfuñar o quejarse. Simplemente dejó que la niña fuera con Kohana, como era su intención, y la abrazara.
—¿Te quedarás muchos días, madre?
La vocecilla de la niña era un débil susurro, pero debido a todo el tiempo pasado con Satoshi (que en ocasiones hablaba tan bajo que apenas se le oía), Sakura comprendió la frase.
—Una semana, Konatsu. Lo siento.
La niña negó con la cabeza y miró de reojo a los integrantes de Nagareboshi.
—Toshi–kun —saludó con lentitud, agitando una manita en dirección a Satoshi.
—Ah… Hola, Konatsu–sama…
—No me gusta así —musitó la aludida, agitando la cabeza de un lado a otro.
—Lo siento… Es por costumbre, yo…
—Está bien —la pequeña sonrió, solo un poco, y con ello acentuó su parecido con Kohana —Toshi–kun, ¿son tus amigos? —preguntó, observando por turnos a Sakura, Sasume y Sorata.
—Ah… No exactamente…
—Hola, me llamo Sasume —saludó la castaña, con un tono de voz suave que sorprendió a sus compañeros —¿Cómo estás?
—Yo… Bien. ¿Eres ninja también?
—Sí, todos somos ninjas, ¿sabes? Tu madre nos enseña muchas cosas.
Konatsu sonrió un poco más.
—Hija, ¿cómo está tu hermano?
La pregunta de Kohana fue hecha con voz tranquila, pero aún así sus alumnos volvieron a quedar sorprendidos. Miraron a Natsuki, que enseguida se acercó a Kohana y se sentó a su izquierda, sin que por ello perdiera el equilibrio por seguir cargando al niño castaño, quien miraba a todos los allí reunidos con evidente curiosidad.
—Está bien, madre. Lo he cuidado mucho.
La niña parecía bastante orgullosa al decir aquello, cosa que hizo sonreír a Kohana un poco más de lo habitual, antes de estirar los brazos y tomar al niño.
—Haruto, estos son amigos de mamá —dijo, señalando a sus estudiantes.
El chiquillo los miró por unos momentos antes de sonreír vagamente y saludar con una mano.
—¡Qué tierno! —musitó Sasume, para asombro de Sakura, que esperaba que lanzara un grito o un chillido emocionado.
—Cuando un ninja lleva colegas a casa, les está dando un voto de confianza —indicó Kohana, tras besar una mejilla de su hijo y regresarlo a brazos de su padre.
—Nos hemos dado cuenta —apuntó Sorata, sin expresión alguna.
—¿Ah, sí?
—Yo… Los invité a comer en nuestro primer día libre —apuntó Sakura, repentinamente nerviosa —Fue en donde vivo ahora, con una de mis hermanas y su marido.
—¿Acaso fue en…? ¿Conocieron la vivienda de Asuka–sempai?
Satoshi, Sasume y Sorata asintieron.
—No parece sorprendida, sensei —hizo notar Sakura.
—Supe que Asuka–sempai habló contigo antes de la asignación de afinidad elemental, fui a echar un vistazo a los famosos registros del edificio del archivo y lo demás surgió solo. Eso es un voto de confianza muy grande, Sakura. Sé que tus compañeros lo aprecian.
La nombrada asintió, notando de reojo cómo Sasume y Satoshi mostraban diversos grados de vergüenza, en tanto Sorata permanecía impasible, aunque sus manos temblaron un segundo.
—Natsuki, ¿llevarías a los niños arriba? Necesito hablar con los chicos un momento.
—¿No puedo quedarme otro poco? —quiso saber Konatsu, pegándose más a su madre.
—Aquí no, querida. Pero solo será por un momento. Recuerda que me quedaré.
Konatsu asintió, sonriendo un poco más, antes de separarse de Kohana y reunirse con Natsuki quien, ya de pie, miró a su esposa con una ceja arqueada.
—¿Necesitas mi presencia? —inquirió.
—Sí, por favor. Solo unos minutos, luego podrás volver a Susanowo–jinja. ¿Tienes tiempo?
—Todavía me queda, sí. Niños, ¿quieren ver las hojas de papá?
Konatsu dio un par de palmadas mientras asentía con energía, en tanto Haruto acomodaba la cabeza en el hombro de su padre, moviéndose de tal forma que resultaba realmente adorable. Cuando los tres dejaron el salón, pudo oírse que Kohana dejaba escapar un suspiro.
—Sorata —llamó Kohana, con lo cual el muchacho dio un involuntario respingo —¿Puedes hablarnos aquí de la contrincante de Sasume?
—Eso creo. Es un ambiente más privado y con notorios hechizos de protección encima. Además, es para una evaluación reglamentaria.
—Bien. ¿Sabes ya qué hacer con quien vas a enfrentar?
Sorata asintió en silencio, sin mediar palabra.
—Sakura, ¿alguna técnica o estrategia que quieras perfeccionar en este entrenamiento?
—Tengo un par de ideas que podrían funcionar, sensei.
—Muy bien. Entonces Satoshi, entrenarás con Sasume usando tu modo Yami (5)
Sasume no sabía qué era aquello, pero a juzgar por lo pálido que se estaba poniendo Satoshi, intuyó que quizá no era nada bueno.
—Nunca ha sido mi fuerte, Kohana–sama —fue lo que indicó el joven rápidamente.
—Eso no es cierto y lo sabes. Además, no necesitamos que lo uses a toda tu capacidad, solo lo suficientemente potente como para que Sasume no quede incapacitada por tiempo indefinido.
—Perdón, pero ¿qué es ese "modo Yami"? —quiso saber Sakura.
—Es el modo avanzado del ninkei de los Kurogami —respondió Sorata sin previo aviso —Y si ella pretende hacer algo contra Karen —añadió, señalando a Sasume —entonces un entrenamiento con algo así debería funcionar.
—¿Karen? —se extrañó Sasume, intentando ocultar su temor de que a sus compañeros varones se les fuera a pasar la mano en el futuro entrenamiento.
—Tu oponente, Kishuu Karen. Y tengo una idea que podría resultar. ¿Qué opina, sensei?
Kohana, que había estado meditando sobre el entrenamiento de sus estudiantes, se desconcertó cuando Sorata dio muestras de querer ayudar a una de sus compañeras. En esas ocasiones, pensaba que el elemento sorpresa de Nagareboshi debió ser él, y no Sasume.
—Si no es extremadamente peligrosa, podemos considerarla. Toma en cuenta que no debe tener un rango de daño amplio, no quiero que mis hijos salgan heridos.
Sorata volvió a asentir en silencio.
—Ahora, si no les importa, quiero contarles una cosa —Kohana se sirvió más té.
—¿De qué se trata? —se interesó Sakura.
—Es una anécdota curiosa, y creo que la comprenderán un poco ahora que conocieron a mis hijos. Les hablaré sobre el día que nos asignaron los equipos.
(1) Las carrozas yamaboko son de dos tipos, Hoko y Yama: las primeras representan las sesenta y seis lanzas usadas en el ritual original de purificación mientras que las segundas portan figuras de tamaño natural de personalidades importantes y famosas.
(2) Se conoce como mikoshi a un tipo de capilla móvil común en el sintoísmo, semejante a un edificio en miniatura, que se cree sirve como vehículo a un ente divino a la hora de un desfile de deidades. También se le suele llamar omikoshi.
(3) El Gion Matsuri es un festival que dura prácticamente todo el mes de julio. Es uno de los festivales más conocidos de Japón.
(4) En japonés, kirei significa lindo, bonito.
(5) Yami quiere decir oscuridad.
13 de agosto de 2013. 8:11 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México).
¿Cómo han estado? Espero que bien. En mi amada ciudad llueve un día sí, el resto de la semana no, pero nos cocinamos y… Bueno, es un clima loco.
Creo que se habrán dado cuenta que este capítulo no dice gran cosa… ¡Mentira! Es un "descanso" por lo que se viene. Y no me digan que no les sorprendió saber que Kohana (Tenshi) y Natsuki Akimoto (Wakusei) están casados. Hasta hijos tienen, dos criaturas adorables (Bell quiere estrujar a Konatsu y a Haruto), pero es curioso que su hijo menor tenga por nombre de pila el mismo nombre clave que Sasume, ¿no? Bueno, en parte es por lo que descubrirán en el siguiente capítulo, y en parte por unas notas que tengo respecto al clan de Natsuki.
Por otro lado, se ha dicho un poco de lo que hallaremos en el entrenamiento de tres de los posibles chuunin, así como el nombre completo de la oponente de Sasume, Karen Kishuu. Quien a estas alturas no haya notado algo con los nombres de pila del clan de Sorata, lo mato (Bell rueda los ojos, resignada a que casi nadie capta ciertos detalles de sus fics).
¿Qué creen que les contará Kohana a sus alumnos? ¿Y cómo creen que les vaya al entrenar fuera del Templo Susanowo? Den sus pronósticos, damas y caballeros, a ver si aciertan.
Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.
