Declaración: Todos los personajes reconocibles de la Saga Harry Potter son propiedad de JKR. Sin embargo, la trama es Total y absolutamente mía y no hay permiso para publicarlo en otro lugar (Texto con Copyright) Esta historia está disponible tanto en Fanfiction. Net como en Wattpad con la autoría de AliceMlfy (Firma Alice~). Di "No al plagio".
IV
Las pociones sin sueños siempre me habían ayudado, aunque odiaba tomarlas. Seamos sinceros; la verdad del porqué me la tomé, a pesar de odiarla, era que creía que si seguía con este sueño y esta tristeza, Draco terminaría cansándose de mí, porque cuando tengo sueño y aparte tengo pena, soy la mujer más insoportable del planeta. Tal vez cuando despertara me sentiría mejor. Sin embargo, cuando bebí la poción y lo vi ahí, diciéndome todo eso y que, a pesar de haberlo tratado mal, me ofrecía una comida deliciosa, me hizo sentir horrible. Él seguía ahí, cuidándome a la distancia… y me sentí miserable. Miserable porque no pude aceptarle ni una puta botella de Coca-Cola que me daba como regalo de paz, e incluso, me regalaba para que me hiciera sentir mejor… soy la peor persona del mundo, me dije en ese momento.
Dormí, creo, lo que duraba el efecto de la poción. Cuando desperté, vi una casa blanca en medio de una pequeña isla, rodeada de agua cristalina y dulce, parecido a una piscina. Un sauce cercano a la casa y un columpio en las ramas. Me zambullí entonces, impulsada por la idílica visión, en el agua cristalina, y a mi lado, apareció Draco tan empapado como yo. Reímos. En un momento, y ya ambos bastante empapados, Draco se acercó a mí, serió, pero amable. Sentí entonces que iba a hacerlo, juré por Merlín que lo haría… y desperté.
¿Les ha pasado cuando sueñan algo y cuando ya estás en la mejor parte, despiertas? ¡Eso apesta! Aun así, desperté extrañada, prendiendo la luz de pasada; era una poción para dormir sin sueños y, sin embargo, había soñado. Di gracias mentalmente a Merlín por no haber sido una de mis "amadas" pesadillas y saqué el pijama del cajón de la cómoda.
Cuando ya estaba vestida, y quise dirigirme a la cocina, la puerta se abrió despacio. Los cabellos plateados de Draco aparecieron tras la puerta.
— Hola— susurró.
— Hola.
— ¿Te sientes mejor?—dijo entrando de lleno.
Lo miré y sonreí. Sentía que la culpa me invadía y acortando la distancia, abracé a Draco con fuerza.
Él simplemente me apretó un poco, caminando conmigo hasta la cama, deteniéndose frente a ella y me miró desde su, estaba casi segura, metro 90 de altura.
— Veo que estoy perdonado— susurró preocupado.
— Estaba molesta porque anoche te fuiste a tu cama— mentí pensando en una excusa… la verdad es que sonó bastante barata.
— Pero dormimos juntos.
— Pero igual, estaba molesta— dije sonriendo. Draco me imitó.
— Hoy escuché hablar a Potter y a la mini Weasley entre clases— lo miré extrañada por el tono culpable del platino—. Y escuché algo.
Diablos… ¿Potter no podía quedarse callado? ¿No podía dejarme con mi sufrimiento, sola? ¡No! Tenía que hablarlo y este estúpido platino tenía que aparecerse por ahí… ¿no es horrible mi mala suerte? Lo miré con el ceño fruncido. Abrí la boca pero él me interrumpió
— No sé por qué no querías celebrarlo con ellos— comentó—. Tampoco sé tus verdaderas razones, pero…
Draco salió de la habitación. Cuando entró, en sus manos llevaba un pequeño pastel de color café y algo desparramado. Una vela color morado lo adornaba.
— Draco…— dije, impresionada.
Y no quería una celebración, pero él… él me provocando algo extraño… no supe identificar qué era eso que me provocaba, pero, a pesar de que estaba enojada, sonreí. Sonreí por el gesto, porque él intenta repararme, porque simplemente me estaba haciendo sonreír.
— Soy mago, así que te cantaré como mago— rodé los ojos, pero seguí sonriendo—. Felicidades a ti, nuestra fecha querida, muchas felicidades, muchos años de vida. Hoy es día de fiesta, cantemos con nuestras almas, a Merlín por mi Mione, da una orquesta de palmas.
Nunca había escuchado eso. Ahogué un suspiro con la mano, impresionada. Jamás pensé en su vida que Draco hiciera algo así por mí.
— Vamos, hermosa… pide tu deseo.
Me acerqué, cerré los ojos y sonreí. No pensé que también esta costumbre muggle la tuvieran los magos de sangre pura. "Que se quede conmigo, siempre", deseé, y mirándolo brevemente, soplé la vela.
Me sentía feliz… pero millones de imágenes vinieron a mi mente, en especial la de dos personas que me hacían no querer un cumpleaños… en ese momento comencé a llorar. Vi como Draco sacaba su varita y mandaba escaleras abajo el pastel… mi pastel tal vez se estrellaría en una pared, pero no me importaba en ese momento; yo simplemente lloraba… y quería llorar. Me incitó a sentarme en la cama y él a mi lado, abrazándome.
— ¿No te agradó? ¿Canto muy mal? Lo siento…
— No es eso, tonto— dije golpeando su pierna—. ¡Tengo rabia, y angustia!—medio grité, al fin liberándome.
— Cuéntame, aquí estoy.
— Mis padres— articulé—… fueron masacrados por Mortífagos momentos después de que yo saliera de la casa. Y los muy malditos entraron a la casa y los quemaron vivos…no pude siquiera darles Cristiana sepultura— dije hipando mientras sentía que Draco me abrazaba fuerte.
— Lo lamento hermosa.
— ¡Lo sé!, ¡pero este día debería ser para ellos!, yo nací para ellos y les pagué siendo bruja, y ganaron una muerte horrible.
— Hermione, mírame— yo me resistí—… mírame— pidió Draco tomándome el mentón, no pude evitar mirarlo—. Ellos te amaron, te dieron todo el amor que pudieron— susurró. Yo casi hiperventilaba—. Lamentablemente los Mortifagos eran unos hijos de puta… pero no puedes sentirte culpable de eso. Pasó. Duele, lo entiendo, pero no te culpes porque los malditos Mortífagos los mataron; ellos fueron los hijos de puta, no tú— intentó consolar, yo simplemente hipaba—. Desahógate, Mione… yo estoy aquí— susurró el platino abrazándome más fuerte.
No había llorado por ellos. En realidad no había llorado por nadie… estaba sola en este mundo y eso también me hacía llorar… sin embargo, ahí estaba, llorando como una magdalena por mis padres, por Tonks, Lupín y Fred. Por todos los que murieron aquel horrible día que fue el culmine de nuestro quiebre de almas, el principio de la paz en el mundo mágico y de nuestras pesadillas.
Lloraba porque mi relación con Ron no había funcionado, lloraba porque había herido los sentimientos de Ginny y Harry al rechazarlos por sugerirme hacer algo para mi cumpleaños en Hogsmeade o en la torre de Gryffindor, y lloraba aún más porque estaba segura que me había enamorado en estos pocos días de Draco… y lo peor de todo es que sabía que todo este jodido sentimiento era simplemente por sentirme sola… y eso me hacía odiar al platinado, me hacía odiarlo y amarlo. Quería que se alejara, pero tenía miedo de que lo hiciera. Quería tenerlo para mí, para cuidarlo, que nadie se acercara a dañarlo. Quería que su brazo se recuperara al 100% para que me abrazara aún más fuerte, y quería que todo lo que sentía por ese imbécil fuera real… y lloraba más por eso.
Draco simplemente me miró largamente. Cuando dejé de llorar e hipar, Draco le ofreció la Coca-Cola que llevaba en la chaqueta de cuero… aquella pequeña que había rechazado y, en son de paz, me bebí a medias con él, en silencio.
— Vamos, bajemos que quiero que comas pastel. Lo hice de chocolate con dulce de leche.
— ¿Lo hiciste tú?—pregunté impresionada.
— Por supuesto— dijo rodando los ojos—… hice chocolate caliente también. Madre siempre me hacía chocolate caliente y me daba una porción de pastel de chocolate en mi cumpleaños— se alzó de hombros—, pensé que te gustaría… y la chimenea está encendida también, por si tienes frio y… — me quedé mirándolo, con una sonrisa en los labios— ¿Qué?
— Eres el hombre más hermoso del planeta— susurré mientras sentía que una lagrima bajaba rápidamente por mi mejilla.
Mierda, se me había escapado. Pero no me importó mucho. ¿Se acuerdan cuando dije "Enamórate"? Pues… se sentía muy doloroso.
Él sonrió y besó mi cabeza.
Bajamos al primer piso. Ahí, en la sala estaba mi pastel sano y salvo. Un aroma a chocolate caliente apareció en el ambiente y me hizo cerrar los ojos. Delicioso. Me recordaba a mi hogar.
- Feliz cumpleaños mi amor— decía mi madre al llegar a la estancia.
- ¡Mami! Gracias.
- Serán los mejores años… felices 11 años, mi vida— dijo mi padre abrazándome.
Sonreí ante el recuerdo y una lágrima apareció en mi mejilla. Al llegar a la mesa de la sala de estar, algo púrpura que no pude identificar muy bien.
— … esos son…
— Dirigibles— dijo Draco a mi lado, caminando un poco más rápido para sacar con la varita el chocolate del caldero y colocándolo en tasas—. Son una tradición; dirigibles con color… ¿cómo lo hacen los muggles?
— Globos… utilizamos globos hechos de látex— murmuré impresionada. Muchísimas ciruelas dirigibles de color púrpura adornaban la estancia. Draco me invitó a tomar asiento a tiempo que me daba una tasa color verde llena de chocolate. Vi la que de él era roja, y sonreí—. ¿Por qué púrpura?
— Es tu color favorito, ¿no?
Lo miré extrañada… jamás, en mi vida mágica, había dicho cuál era mi color favorito. Es más, podría jurar que ni Ron ni Harry lo sabían. Tal vez se lo habría dicho a Ginny hacía mucho, pero… no, estaba segura que no. Cuando le pregunté cómo supo ese detalle, el simplemente se alzó de hombros.
— Tu mochila en primer año era púrpura. Era la más vistosa de todas… y cuando usabas tus implementos muggles en clases, eran color purpura… la pluma para escribir, el cuaderno… cosas— se volvió a alzar de hombros y comenzó a beber su chocolate.
— Gracias— murmuré.
Él… niño mimado, él, la personificación de la sangre pura, él, el hombre completamente roto que tenía a mi lado, se había dado cuenta de mi color favorito…
Ok, lo sé, es una estupidez, es algo sin sentido o sin valor… pero se fijó en ese detalle…
Oh por Merlín, estoy divagando.
— ¿Quieres pastel?—preguntó tímido. Yo simplemente asentí, entusiasmada—. ¿Acerté?
— ¿En qué?—pregunté cuando recibí mi gran –gigantesco– pedazo de pastel.
— ¿En el color?
— Sí. Me sorprende que supieras eso— él rodó los ojos.
— No es tan difícil. Si una mujer usa un color siempre en cosas pequeñas es porque le gusta.
— Pues, ni Harry ni Ron lo sabían
— Es porque ellos son idiotas— dijo rodando los ojos—. Me alegro haber acertado— dijo guiñándome un ojo y comiendo pastel—, espero no haber confundido el azúcar con la sal— dijo haciendo una cara a tiempo que ambos probábamos el pastel.
Estaba delicioso.
Miré la hora, y a medida que el caldero con chocolate iba a bajando, se hacía más tarde. Ya tenía 19 años desde que me había levantado. El chocolate era cálido, suave… algo… ¿fuerte?
— ¿Draco?
— ¿Mione?
— ¿Qué le pusiste al chocolate?
— Mmm— parecía pensar—, leche, chocolate derretido amargo, azúcar, wiski de fuego… lo normal.
— Oh por Merlín, dime que tu madre no le ponía wiski a tu chocolate.
— No… le colocaba canela y clavos de olor… pero no tenía de eso, así que le puse wiski… esta rico, ¿no? Solo fue una tapita.
Comencé a reír.
Hacía muchísimo que no reía así.
Él, con una sonrisa colocó su cabeza en mi hombro. Sus manos reposaban en la humeante tasa de chocolate.
— Gracias— dijo de repente.
— ¿Por qué?
— Por hacerme sentir querido.
— ¿Con qué?
— Con todo lo que me das… con todo lo que me haces reír… por ser tú— dijo. Yo sonreí
— Te quiero, querido sangre pura— murmuré, inconsciente.
— Y yo a ti, querida hija de muggle.
Nos quedamos un rato así. Su cabello olía a manzana verde y cerré los ojos inspirando.
Y ahí me di cuenta.
— ¿Draco?
— ¿Mmm?
— ¿Qué es el amor?—pregunté, con los ojos entre cerrados.
— No tengo idea— murmuró.
— Una vez leí, no recuerdo quién lo escribió, que cuando estabas enamorado, no sentías nada.
— ¿Cómo es eso?
— Sientes paz. No sientes nervios, no sientes sonrojos… solo paz— inspiré hondo—; te sientes tranquilo, cómodo…
— … como en casa— murmuró, interrumpiéndome.
— Exacto— dije sonriendo.
Nos quedamos un momento más en esa posición, hasta que suspiró.
— Creo que estoy enamorado— murmuró. yo abrí los ojos.
— ¿te sientes en casa?
— ¿Contigo?, sí. Es como estar en casa… mejor que eso— levantó su mirada y se sentó como corresponde—… eres como si no pudiese respirar si no estás cerca— murmuró nuevamente.
Hazlo, susurró mi inconsciente, y lo hice.
Me acerqué a él lentamente, teniendo clara en una parte de mi cabeza que me podría rechazar, pero seguí avanzando, mirando como él también avanzaba. Sus labios rozaron los míos y pude sentir mariposas en el estómago en una primera instancia. Y luego, al cerrar finalmente los ojos, paz.
Era algo que necesitaba desde siempre. Una sensación de tranquilidad infinita. Como estar en una cama mullida, con una colcha suave, atrapada, enredada, pero tan libre a la vez. Jamás me había sentido así.
Sus labios eran suaves. Pude incluso sentir su mano en mi cara, la acariciaba lentamente hasta que la posó en mi mejilla. Su mano era enorme, y sus dedos quedaban bajo el lóbulo de mi oreja. Me acercó un poco más y el beso fue a otro nivel. Pude sentir su lengua queriendo entrar, tímida. Abrí los labios y él entró. Sentí más mariposas en el estómago. Y yo, pensando que esas cosas no existían. Creo que esa fue la primera vez que sentí mariposas en el estómago, y nunca se sintió tan bien.
Cuando nos separamos, demasiado pronto para mi gusto, quedamos frente a frente. Respirando por la boca, como si no hubiese respirado por mucho tiempo, junté mi frente con la suya. El cerró los ojos y tragó grueso, para luego respirar por su nariz. Sentía un aroma especial… era ese aroma que me gustaba de Draco… como a aire.
No sé cómo explicarlo. Digo, es como aire, pero el aire no tiene olor… es como cuando estas en la playa… no, eso serpia salado… Es cuando estas… estás en un lugar que sabes que hay aire puro. Creo que no es el olor, es la sensación de paz… es la sensación de que todo está bien; de que puedes respirar tranquila, sin miedo.
Draco no me daba miedo.
— Es mejor que vayamos a dormir— murmuró mientras yo debatía interiormente.
— Está bien— contesté, de la misma forma.
— Ve. Yo ordeno aquí.
— ¿Dormirás conmigo?
— Sí, sí… ve tú primero… quiero dejar limpio aquí.
Podría perfectamente usar la varita, dejarlo limpio en 5 segundos, pero entendí lo que quería. Y ahí comprendí la magnitud de lo ocurrido. Nos habíamos besado, eso significaba que, tal vez, nuestra amistad se había acabado. O quizás no le había gustado, o tal vez se había arrepentido.
Hombres, lamento decirles esto, pero las mujeres, a diferencia de ustedes, piensan muchísimo. No digo que ustedes no lo hagan, pero todo lo que ustedes piensan, no lo sienten como nosotras. Nosotras pensamos en dolor, y sentimos dolor hasta llorar. Ahora, al hecho que soy mujer (que hago lo que les dije), súmenle el hecho de que, sí, estoy loca. Porque lo tengo claro. Nadie en su sano juicio está como yo. Estoy rota, loca, o, como Draco dice, hecha mierda.
Me acosté con mi pijama, en mi lado y apagué la luz principal, dejando solo una prendida.
Eran las 2… las 3.
Yo no podía dormir. Él no estaba aquí.
— Se acabó— me dije, susurrando—, el no vendrá.
Como si fuese una invocación, la puerta se abrió. Draco venía con su pijama puesto y con la varita en la mano. Apagó con ella la luz y la dejó en la mesa de noche, a tiempo que se metía a mi lado.
— Te demoraste.
— Lo siento… estaba escribiendo.
— ¿Qué tanto escribes en esa laptop?—pregunté.
— Ya lo sabrás— dijo mientras pasaba su diestra por debajo de mi cabeza y yo me apoyaba en su pecho, de lado. Su aroma me envolvía y me invitaba a dormir—. Lamento haberte besado—. El sueño se apagó de inmediato.
— ¿Por qué?—pregunté
— Porque fue rudo…
— No fue rudo— dije mirándolo. Estábamos a oscuras. Solo la ventana estaba iluminándonos.
— No quiero perderte— murmuró.
— No lo harás— murmuré, tocando su cara.
Él me miró. Yo volvía a armarme de valor y lo besé de nuevo. Él colocó su mano en mi cintura y me dejé llevar. La cama estaba tibia, y mis manos estaban enredadas bajo su camiseta gris de "The Beatles". Su piel estaba más tibia y suave que la cama. Con pequeños surcos que pude identificar como cicatrices… ¿se habría cortado él mismo esa parte? ¿O tal vez alguien se lo hizo?
En un momento, Draco colocó su pierna entre las mías, y ahí me quebré.
Diablos.
Un gritó asustado e involuntario salió de mi garganta. Traté de separarme de aquel ser, pero tenía sus garras licántropas en mi cintura y sonreía de manera horrenda.
— Quédate quieta, puta sangre sucia, que esto te encantará— dijo a tiempo que se acercaba. Yo simplemente gritaba.
— ¡Mione, soy yo, Mione!—dijo la voz de Draco, proveniente de esa criatura. Me tranquilicé.
— ¿Draco?
— Mione— dijo él, a mi lado, con sus grises preocupados—. Perdón.
— Draco— dije abrazándolo.
Lo abracé fuerte. Me mantuve en su cuello y comencé a llorar. Me sentí tonta.
Maldito animal… aún recuerdo sus asquerosas manos en mi cuerpo, tocando mi cintura, mis pechos, mis piernas. Lamiendo… yo me desgarraba la garganta y mis amigos con una capucha y un muffliato en ellas. A Merlín gracias que solo fue Grayback quien abusó de mí, y no todos los carroñeros que tenía cerca. Y justo ahora que podía decirse que estaba reparándome, aparece en mi cabeza este imbécil.
— Tranquila… sácalo, aquí estoy, nadie te dañará— dijo Draco abrazándome fuerte, besándome la cabeza.
— Perdóname—dije entre llanto, con mi nariz en su cuello. Draco olía delicioso… no a podrido… él no era esa bestia, él era Draco.
— ¿Por qué?
— Por estar rota… traumada… yo…
— Hey— me tomó la cara y lo quedé mirando—. Yo me propasé. Te asustaste y trajiste eso a tu mente. Fue mi culpa… lo siento de verdad— dijo preocupado.
— Tú no deberías quererme— dije de repente—. Estoy rota.
— Yo también.
— Estoy sucia— dije sacando mi miedo; ya no era virgen… Mi Dios cristiano me había castigado con ello—. No podría darte algo bueno. No puedo.
— Esperaré, si es que quieres que me quede de esa forma… no me iré a ninguna parte. Y si no me quieres de esa forma, no me iré y seguiremos siendo amigos.
— Yo quería decidir a quién le daba mi primera vez… no quise que me hicieran esto, pero…
— No fue tu culpa— interrumpió abrazándome más fuerte—. Él es el culpable, y esa vez no fue tu primera vez. Hermione— tomó mi mentón y me hizo mirarlo—, te violó, no te entregaste— Hipé y lo miré—. Cuando quieras entregarte, esa será tu primera vez… ese día perderás la virginidad… lo otro fue una mala suerte del destino y culpa del imbécil de aquel asqueroso hombre lobo.
Asentí. Quería abrazarlo y que no se fuera nunca. Que se quedara conmigo para siempre. Me acerqué y lo besé castamente. Él acunó con su mano mi rostro y me besó tiernamente. Un último beso en la frente y me acomodé para dormir, dándole la espalda, apoyada en su pecho, y con un abrazo protector de Draco, y sus brazos rotos, me quedé dormida.
Al fin estos dos están comenzando a armarse. Espero que les haya gustado el capítulo. dos más y estamos ya terminando.
A: Meli Coceres: Gracias por el apoyo, linda. he leido tus reviews y son uno de los primeros.. .gracias de verdad :3
Besos a todos y gracias por los hermosos reviews.
Besos
Alice~
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