Mil años después y no averigüe como funciona .

Por lo mientras…

Hetalia ni sus personajes me pertenecen. (Ojalá :'v) Pertenecen a Himaruya.

Bueno… ahí va el segundo capítulo XD

Regla número 2 del secuestrado: Nunca confiar en su secuestrador.

Desperté, no quería abrir los ojos; pensando que así la pesadilla podría esfumarse, que en cualquier momento, Tina estaría ahí, despertándome. Desgraciadamente no importó cuanto deseara, al atreverme a ver no había nadie, ni siquiera estaba en mi habitación, sino en una especie de cuarto viejo y olvidado; estaba en el suelo, en un rincón, en el otro lado había una cama vieja de hierro, con un colchón delgado y desgastado, con una cobija que más bien parecía cortina, todo en colores deslavados y tristes. Una gran ventana, cubierta con unas cuantas tablas y una tela raída, era lo único que iluminaba la habitación, por los rayos de luz que se cruzaban entre las tablas se podían ver millones de partículas de polvo flotando. La puerta, de madera vieja, con algunos agujeros que parecían ser golpes directos a la débil estructura; la cerradura estaba por fuera, o bueno, eso es lo que imaginaba. Y estaba yo, con un vistazo rápido, supe que tenía la misma ropa que antes, solo que un poco más sucia y sudada; no traía mis lentes, así que trataba de completar las imágenes borrosas con cosas que ya había visto antes. Con o sin lentes trate de salir, pero antes incluso que pudiera comprobar si la puerta estaba cerrada o no, me topé con un gran obstáculo, mis muñecas tenían grilletes al igual que mis tobillos; estaba confinado a ese rincón, quise jalar, pero las cadenas eran tan cortas que no podía ejercer mucha presión en ellas. Supuse que me habían drogado; porque de cierta manera mi cuerpo se sentía pesado, como si mi sistema nervioso estuviera apagado; mis manos estaban sujetas sobre mi cabeza y aún así no podía estar seguro a que altura, las movía pero no las sentía, como si estuvieran dormidas; lo mismo sucedía con el resto de mi cuerpo, lo veía, lo movía pero no lo sentía. Incluso creía que lo mismo sucedía con mis emociones, la frustración, el enojo, la impotencia, el miedo y la tristeza, estaban presentes, pero no me sentía ni frustrado o enojado o impotente.

Pasaron días, y nadie venía; pensé que me habían dejado morir ahí. No tenía sentido, pero esperaba que fuera cierto, de esa manera dejaría de sufrir; tras un par de días el efecto de aquella droga se había esfumado, mi estomago clamaba alimento, mis manos punzaban y dolían; mis tobillos sangraban, mi lengua está seca como cartón; y la desdicha y el pesar que sentía por su muerte eran insuperables, nada del dolor físico se comparaba con el desgarre de mi corazón o la opresión en mi pecho. Mis ojos, secos, ya sin lágrimas que producir, habían segado mi visión, era como ver solo manchones de colores, no podía ver nada definido, ni siquiera mis propios pies. Cerrarlos me producía ardor.

Cuando creí que sucumbiría, que finalmente dejaría este horrendo mundo, alguien abrió la puerta, oí el sonido de las bisagras al plegarse, unos murmullos distorsionados que eran palabras, unos pasos finos y delicados. Cuando alcé la vista ahí estaba ella, sonriéndome, pensé que en serio había muerto, pero la imagen se distorsionaba, producto de alucinaciones era; no sé en qué momento enferme, pero sentí mi cuerpo arder en fiebre; una mano fría se posó sobre mi frente.

—Estás ardiendo...—era una voz dulce, era su voz, la de ella. Luego se transformaba en una voz grave, pero amable. No era ella, no podía ser ella, porque ella estaba muerta y yo vivo en este infierno— ¿Qué te han hecho? Tranquilo, todo estará bien.

Loa grilletes se abrieron y supuse que mis manos azotarían contra el suelo, pero aquella persona las detuvo, bajándolas lentamente y soltándolas con delicadeza. Colocó frente a mis labios un vaso y lo empinó lentamente, sentí el agua invadir mi boca, trate de tomar lo más que pudiera, pero retiró el vaso con una risita. Pudo ser una broma cruel, luego entendí que solo estaba tratando de evitar que me ahogara, ya que después de un rato volví a sentir el agua descender por mi garganta. Me di cuenta que estaba tan débil que ni siquiera tenía la fuerza suficiente para pelear, solo me dedique a llenar mi garganta seca, sintiéndome derrotado derrotado. Cada respiración era como inhalar vidrios rotos, había pasado creo que 3 días sin agua, estaba a punto de morir. En eso lo que hizo contacto con mis labios no fue un vaso frío y vidrioso, sino unos labios dulces y húmedos, en un instinto abrí mis labios para tratar de succionar toda el agua de dentro de su boca.

—Tienes los labios secos— rió.

Lo reconocí por su risa, era el sujeto, el del pelo desordenado. Traté de huir de cualquier manera, pero me debí de ver como un pez fuera del agua. No podía apoyar las manos ni lo pies, el dolor era demasiado como para aguantarlo. Seguí escuchando cómo se reía de mí patético intento de llegar a la puerta. Aún así me dejó, toque la áspera superficie de madera, antes de sentir un peso sobre mi espalda y unos brazos rodear mi trozo.

—Nada mal para un primer intento. Déjame curar tus heridas y lo vuelves a intentar.

Sentí mi corazón bombear al mil por hora y un escalofrío recorrerme la espalda.

Se, estoy bien enferma.

Review?