Mil años después esto está de vuelta, un amigo me convenció para que la siguiera.

Se que a casi nadie le interesa esta historia, pero por esas pocas personas a las que si tratare de terminarla. También debo advertir que tal vez este capítulo suene muy diferente a los otros dos, ya que esos lo escribí hace casi un año (Ahora ya casi nunca escribo en primera persona). Y pues, veamos qué opinan de este como relanzamiento.


Regla número 3 del secuestrado: Nunca creer en su secuestrador.

Trataba de no dormir, trataba de mantenerme alerta. Le tenía miedo a la puerta, temía que se abriera, por lo que la miraba fijamente. En cualquier momento, ese sujeto podría aparecer y quién sabe qué haría entonces. Cada vez que pensaba en lo sucedido esa vez todo mi cuerpo se estremecía, recordaba exactamente el sonido de su voz.

Hacía pocos días había logrado zafar un clavo de la pared y trabajaba afanosamente en tratar, de alguna manera, de deshacerme de las esposas; pero mi concentración no era la mejor, se desviaba constantemente hacía aquel trozo de madera que me mantenía alejado de él. Escuché que el seguro se abría, y rápidamente escondí el clavo.

—Buenos días —Dijo el sujeto con una sonrisa radiante.

Se acercó a mí, lentamente, podía ver en sus ojos como disfrutaba de lo que veía. Yo ya ni siquiera pensaba en mi aspecto, varios días sin bañar, con confrontaciones constantes y algunas heridas. Debía verme terrible. Y lo peor de todo era que desde aquel día se presentaba en la habitación demasiadas veces, no me importaba que mis entrañas rugieran cuando al abrirse esa puerta entraba un delicioso olor a comida, seguí siendo recio a comer... Aunque al final siempre perdía las batallas y terminaba engullendo la comida a la fuerza.

Ese día no fue diferente, o al menos eso pensé. Pero de pronto comencé a sentirme mareado, y pude ver cómo su sonrisa se ensanchaba, trate de darle un rodillazo pero mi cuerpo no me hacía caso.

—Sabes que me pareció siempre curioso —susurró, directamente en mi oído— Que nunca trataras de gritar.

Abrí mucho los ojos y clave mi mirada en la suya, él estaba alzando una ceja, mirándome complaciente. Si hubiera podido hubiera temblado, mi mente comenzó a trabajar en posibles explicaciones, que ya no tenía sentido vivir, o que nadie nunca me hubiera escuchado; pero otra parte de mí me decía que no era cierto, que ella, mi dulce Tina nunca hubiera deseado que me diera por vencido o que era evidente que estaba en algún lugar cerca de la superficie, que había oído carros e incluso la leve voz de gente hablando y que posiblemente si hubiera gritado, alguien me abría escuchado.

Él rió, disfrutando probablemente de mi expresión.

—¿Qué? ¿Pensando que tal vez te gusta estar aquí?

Eso definitivamente no. Colocó su mano en mi mejilla y yo traté desesperadamente de moverme, pero mis movimientos eran torpes y lentos. Lo cual me frustraba. Se acercó peligrosamente a mi, y yo me replegué contra la pared. Lo oí bufar y acto seguido mis manos impactaron contra el suelo, si no hubiera estado tan drogado posiblemente me hubiera dolido. Entonces escuche un "click" en mis pies, lo mire extrañado y acto seguido me arrepentí de haberlo hecho, el suegro seguía con su infinita sonrisa e inquietante calma. Aun así, no podía dejar esa sensación extraña, nunca antes había liberado mis pies ni por un instante. Lo cual era ridículo, teniendo en cuenta que las cadenas de estos llegaban hasta la puerta.

—Woah, sí que apestas.

Comentó antes de alzarme como si no pesara. Y de mis manos se resbaló el clavo. Fue un sonido fuerte, metal contra piso. Voltee a verlo con temor y trate de separarme pero mis pies se dieron ante mi peso y azote contra el suelo. Me produjo un terror absoluto mi desconcierto, como si después de tantas veces sosteniéndome de caer me hubiese acostumbrado, y se me hiciera extraño que me dejara caer.

—Que tierno, un clavo— ladeó la cabeza, y me miró fijamente, yo creí que se iba a enojar, que me iba dejar ahí tirado por mi patético intento de escape, más no comentó nada y solamente me preguntó— ¿Ya te convenciste de que me necesitas o prefieres seguir oliendo así otra semana?

Si hubiera sido cualquier otra cosa, tal vez no me hubiera resignado, pero ya no lo soportaba, la nariz incluso me dolía, mi olor era repugnante, había empezado incluso a respirar por la boca, con tal de bloquear ese hedor, pero no era suficiente. Deje que me volviera a levantar y odie más mi condición, no solamente no podía pararme, sino que debía apoyarme en ese sujeto para avanzar.

Al llegar a la puerta, él colocó una venda negra sobre mis ojos, bloqueándome cualquier visión. Esperaba tal vez sentir algo con las plantas de los pies, pero estaban inertes, era como caminar sobre la nada, solo sabiendo que me apoyaba al notar que ya mi pierna completa no se movía más para abajo.

Llegamos al baño, y ahí mis nervios se multiplicaron, comencé a temblar ligeramente en un esfuerzo de hacer reaccionar mi cuerpo, mis manos, mis pies... Lo que fuera, pero me fue imposible conseguirlo. Trague la poca saliva que seguía produciendo. Y respire pesado.

—Es una lástima que estés en estas condiciones —Podía oír su voz asquerosa y falsamente compasiva, mientras su labios se posaban cerca de mi oído. —Hubiera sido una linda vista.

Sentí como me quitaba la ropa, maldecía la venda que tenía puesta y la inutilidad de mi cuerpo, solo hasta que me hubo despojado de toda prenda, me di cuenta de que había errado, no estábamos en ningún baño. Y solo me di cuenta de eso, cuando me movió y escuche el chirrido de una puerta, un intenso olor a jabón perfumado me llenó la nariz y entonces él me empujó hacia una tina.

—Creo que en unos veinte minutos podrás bañarte... O ¿Quieres que lo haga yo? —Uso un tono seductor que me puso los nervios de punta; negué con la cabeza fuertemente.

Pude oír el chirrido de la puerta de nuevo y creí que se iba, pero me volví a equivocar, antes de que pudiera reaccionar él ya me había dado un corto beso y se había llevado la venda consigo. Todo mi cuerpo se estremeció por la acción.

La luz me segó, era un baño espacioso y limpio. Lleno de loseta blanca y artículos de mármol, del techo colgaba una sofisticada lámpara que estaba encendida, las puertas (porque había dos, una a la derecha y otra a la izquierda) también estaban pintadas de un color blanco tirándole a hueso; yo me encontraba en la tina, mi cuerpo yacía inerte en el agua. Lentamente comencé a recuperar el sentido del tacto, el agua estaba caliente, pero no exagerada. Sin querer me fui dejando envolver por esa atmósfera de relajación, el olor dulce del jabón, el agua caliente que entumecía mi cuerpo... Sin darme cuenta me quede dormido.


Bueno y este fue el regreso. A esas pocas almas que leen esto, pueden dejarme review para ver si les gusto la continuación o si de plano ya elimino esto. Y sé que esta parte no sonó tan DenSu, pero es que debo de ponerme al corriente en cómo anda esa ship. Si algo ha cambiado o no.

Eso sería todo por ahora

¿Gracias por leer?