Doce pétalos de Sakura.
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No puedo asumir, todo el tiempo tener el control, es difícil, cansado, y por sobre todas las cosas sumamente egoísta; porque es mentira…
Es mentira que siempre podemos controlarlo todo, las situaciones, los pensamientos, y mucho menos los sentimientos.
A veces creemos que podemos dejar o no dejar de sentir algo en cuanto a los sentimientos. Y no es así.
Los sentimientos pueden ser comparados con el imponente mar.
Manso, tranquilo, cristalino, puro, azul…Pero cuando el mar se agita, cuando se descontrola, cuando demuestra su hermosura en su máxima expresión…No es algo que decide, es algo que se da, algo que nace, algo que se transforma, algo que no se puede controlar.
Los sentimientos son bellos, puros, desinteresados, buscan la felicidad, el bienestar, buscan sensaciones, buscan exquisiteces, buscan sonrisas, como también lágrimas.
Hay veces que son engañosos, hacen caer al alma, en un estado de ensoñación, como una ilusión permanente, de la que no se desea despertar nunca, mientras más bienestar produce al corazón, más difíciles son de ocultarlos sentimientos.
Y eso exactamente sentía el corazón de Sakura Haruno.
— ¡Oh por Dios— Exclamó, no sabía si cachetearse mentalmente, acababa de hacer una gran monólogo acerca de sus sentimientos, del que probablemente le sería inútil, al estar en presencia de su tormento más exquisito.
Y eso profundamente le molestaba.
Le molestaba que, todos esos años, en los cuales juraba que al verlo le arrancaría hasta la última gota de orgullo de la que él era predilecto, se esfumaran como el vapor de agua, en milisegundos al solamente avistarlo de lejos.
Le enojaba…y mucho.
Pero el destino no se cansaba de jugar con ella, y constantemente lo colocaba delante de sus ojos, durante esos 11 meses, donde la kunoichi lo esquivaba con maestría o si chocaban eran por momentos, ya que al estar todavía en una estadía bajo condiciones, no le permitía libertad alguna de hablar con cualquiera, a la vista de todos, el castigo era suave, pero los que realmente conocían al heredero Uchiha, para él era algo definitivamente torturador.
Al menos para él.
¿De qué forma?
Pues como TODOS sabían Uchiha precisamente no era el ser más sociable del mundo.
Corrección.
Era el sujeto más asocial que podía existir sin mencionar lo asexual. Entonces…¿ Por qué Sasuke sufría tanto con tal castigo?
Pero ya había llegado su turno. Su tan apreciado/odiado turno. Porque así pensaba Sakura, podía estar muy enredada con sus sentimientos, podía pensar aún que Sasuke Uchiha con sus rasgos y porte, mas la madurez juvenil, lo hacían todo un Adonis a sus ojos, ella jamás volvería a mirarlo con cara de idiota.
»Al menos, no en su cara «
Y eso él lo pudo notar a flor de piel aquella noche. Pero como Uchiha al fin, sumándole a eso que es hombre, entendió o quiso entender, que era uno de los tantos cambios de humor que se producen en la mujer, comprobando en su compañera que algunos de esos tan numeroso cambios también se daban en el cuerpo de las féminas.
Sakura había cambiado… y mucho. Con mucho recelo observaba cada fibra de la joven kunoichi, donde lo que más destacaba eran esos expresivos y grandes ojos jades. Su cabello corto, pero bien cuidado, y aquella piel tersa y blanca, casi como el mármol, resaltaban algunas cicatrices en sus manos, y una que sobresalía en el nacimiento de sus…pechos.
—"Aqui está tu cena Sasuke-kun"— No sabía si interpretar aquello como un sarcasmo, ya que eso no parecía comestible, sino algo hecho para envenenar a alguien; pero cuando sintió como la mesa estaba siendo resquebrajada, supo que alguien por aquí estaba bastante histérica.
» ¡Maldición, otra mesa no!«
Sasuke levantó una de las comisuras de sus labios, en señal de una mueca, mientras que los ojos jades parpadearon como centellas a punto de destrozar cualquier cosa en donde ella posare sus ojos. El joven ignoró, de manera olímpica semejante aura asesina, para proseguir a comer... Si es que eso se podía comer.
— Entonces... son 11 meses ¿No?.— Sakura se sentó a su lado, para hacerle compañía, despues de todo, no todo el tiempo, tenía a alguien con quien charlar amenamente.— ¿Qué se siente volver a casa?. Porque imagino que consideras a nuestra aldea como un hogar. Un lugar a donde regresar.
Y en cuestión de segundos, el aire parecía estar cargado de los dos polos de electricidad.
Sasuke dejó caer bruscamente los palillos en el cuenco, girando la mirada hacia Sakura.
Molestia.
Cuando Sasuke parecía querer responder, la voz juvenil de Sakura, pareció captar su atención.
Y él por primera vez desde que había regresado, no pude ver a la pequeña niña, con sueños rosados, sino a una de las guardianes de la Aldea.
—Porque Sasuke-kun, considero a Konoha, como parte de mi ser, de lo que soy, es mi vida. Soy una kunoichi de la Aldea Oculta entre las hojas, del país del Fuego...
— No es mi intención escuchar tus idealismos, Sakura.— Sasuke se levantaba lentamente de la silla, pero una fuerza mayor, lo sentó de nuevo, y supo que era una mano posada en su hombro.
—Déjame terminar... Considero a Konoha como mi hogar, y por eso...
... Si te atraves a dañar a mi hogar, a mi gran familia, yo no dudaré en arrancarte el corazón, si con eso por fin te mueres, y vas de una buena vez al infierno.
Sasuke miró mejor a Sakura, y una sonrisa en los labios de ella, lo dejó fuera de lugar.
— Así que Sasuke-kun, sé un buen chico y portate bien.—Sakura con su caminar gracil, propio de una mujer, se fue alejando hasta encerrarse en su cuarto, bajo la vista de un Sasuke con sus puños apretados.
Clavó sus ojos en el plato, suspiró contenida y largamente.
Ella había sido... Delicadamente ruda.
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