.
.
Aroma de Cerezo
.
.
.
Frío o Calor, todo parecía lo mismo. Hasta que la vio, y la confundió con un rayo de luz, una ráfaga de viento, una gota de lluvia. Supo que aún seguía con vida
.
.
.
Sakura ese día decidió levantarse muy temprano, no porque estuviese huyendo, y mucho menos porque estuviese evitando ver la mirada ónix profunda de su inquilino tan temprano.
Si claro.
Se dedicaría a revisar el reporte que entregaría a la escuadrilla ANBU que se encargaba de la misión cerca del lugar de entrenamiento del antiguo campo de entrenamiento del renovado equipo siete. Cada vez que sus pensamientos iban lejos del lugar donde se encontraba, estaba allí en ese momento, en el pasillo hacia las habitaciones de su pequeño y modesto apartamento, donde unos atormentados y profundos ojos negros se volvían frágiles y temerosos cuando alguien se atrevía tocar a su dueño. Y de repente Sakura sentía como respirar le cuesta, mientras que la garganta se vuelve rasposa, le cuesta pronunciar palabra alguna, y debe remojarse los labios porque de otra forma, las llamas la resecarían por dentro. Sus manos empezaban a emitir un pequeño temblor casi imperceptible para lo demás, pero sumamente estremecedor para ella. Quien se enoja consigo misma, por estar perdiendo los estribos.
¿Sería ella quién está enferma?
Sus pasos, pisadas seguras y firmes, la llevaron fácilmente sin ella percatarse a aquel banco donde Sasuke había tenido "la delicadeza" de depositarla luego de despedirse de ella. Con un escueto Gracias. Aquella palabra cuando salía de su boca le daban ganas de quebrar todo lo que encontrase a su paso. Porque nunca supo y jamás lo sabría, el significado que Sasuke tal vez quiso transmitirle, en tan corta frase.
Un vacío que yacía olvidado en las profundidades del abismo donde guardaba el rencor y el dolor de aquellos años, parecían hacer acto de presencia cada vez que recordaba dicha escena, mordió su labio inferior en signo de frustración, agitó levemente su cabeza como queriendo espantar aquella insana terquedad de querer avanzar pero al mismo tiempo retroceder el tiempo. Para Sakura, el chico de cabellos azabache era un tornado, iba y venía en sus pensamientos, no sólo para desordenar su rutina, sino para desordenar y destruir todo esquema y ruta que ella había trazado en su nada simple mente de como tendria que ser la convivencia de su inquilino.
"Muy bien así es" Sólo tenía que recordar eso para saber que aunque fuese verdad lo que las chicas habían dicho en el invernadero de Ino. Era ella en estos precisos instantes quien vivía con Sasuke. Ella podría decidir si pensar bien o mal de él.
Ya Sabes Sakura. Es mucho más fácil engañarse a uno mismo.
— Es bastante temprano, como para que vayas mostrando tu rostro por aquí— Casi... pero sólo casi, estuvo a punto de tropezar con sus pies, Sakura masculló una maldición— Supongo que ya tomaste una decisión en cuanto a tu relación...
—No tenemos una relación— arrastró su voz, con tonalidad cansada, pero el rubor facial que abundaba en sus pómulos indicaban lo bochornoso de su reacción. Expresión interesante a los ojos del chico.
—¡Oh!...—pronunció con falsa sorpresa—Umm, esto es a lo que llaman ¿Negación?— Y Sakura estaba tentada a volvarle los dientes, con sus puños de concreto.
—Tienes esa mala costumbre, aparecerte a espaldas de mi— Sai sonrío ante lo irritante que parecía estar Sakura, se parecía un poco a él, cuando no comprendía alguna situación emocional entre los que lo rodeaban, pues debía decir que aunque su círculo actual era talentosos Ninjas, todos ellos poseían ricos matices al momento de expresarse, excepto él.
— Y... cómo está..
— Él se encuentra bien, en perfectas condiciones. ¿Hay alguna razón por la que no debería estarlo?— las palabras salían todas atropelladas por el repentino nerviosismo. ¿Por qué rayos, cuando alguien se acercaba a ella, lo primero que preguntaban era acerca del idiota a quien cuidaba?
—Nada en particular— respondió pensativo Sai—¿ Sasuke recibió los ramilletes?— Sakura contestó con un asentimiento de cabeza aún más sonrojada.
—Y...¿No suce-
—¡Argh! ¡Bien! ¿Qué sucede? Ino mandó a investigarme. ¿Cierto?... — tomó fuertemente el chaleco del chico, elvándolo unos centímetros del suelo.
—... —
—¿Qué significado tienen las benditas flores?
—... —
Sakura estuvo a punto de abofetearse mentalmente. Sin quererlo, perdía los estribos cuando de Sasuke se trataba, estaba segura, algo sabían todos que ella no. Algo que querían que descubriera por ella misma.
—Muy bien... Disculpa... Sólo dime a qué viniste— lo depositó lentamente en el suelo, Sai sólo acomodó su chaleco y prosiguió.
—Tsunade-sama solicita tu presencia en la biblioteca central, tiene algo que mostrarte— Sakura enarcó una ceja extrañada, ¿a la biblioteca central? Dudaba mucho que lo que buscaba se hallase en ese lugar.
—¿Sabes de qué se trata?
Sai asintió con energía extraña en él, y Sakura sonrió dandole un manotazo algo fuerte en su espalda.
—¡Vamos hombre digalo!
—... No puedo— y al finalizar su frase, Sakura observó detenidamente como Sai abría su boca, y dejaba salir su lengua rosada, marcada con un extraño sello. Uno de silencio—lamento el no poder ayudarte.
¡Vaya la raíz más bien parecía un campo del infierno! . Sellar a sus soldados, con el fin de que por más dolorosa, y traumatizante que fuera la tortura a los capturados, no fuera capaces aunque que quisieran, de revelar alguna información confidencial que colocara en peligro no la aldea, sino a los fines malévolos del difunto bastardo de Danzou. Lo que al mismo tiempo le daba una pista, si Sai no podía hablar debido a ello, significaba que de alguna forma su maestra la ayudaría a buscar lo que necesitaba. Y ese algo era extremadamente secreto, como para que un ANBU de la raíz no pudiese confirmarlo.
—¡Vamos Sai, llévame con ella!— Y en un abrir y cerrar de ojos, una neblina de humo evidenciaban su marcha.
Las hojas era antiguas con tan sólo observarlas se podía deducir aquello, se encontraban arrugadas, y algo quebradizas, temía que al tocarlas desaparecieran en un suspiro, y si lo llegase hacer no sabía que rayos le haría su maestra, aparte de romperle los huesos uno por uno claro está. Un escalofrío invadió todo su cuerpo del sólo hecho de imaginar aquella bizarra situación. Sakura suavemente empieza a hojear con sus dedos, uno de los tantos libros que conforma la biblioteca central de Konohagukare.
¿Qué por qué el misterio y el cuidado de su investigación?
Es sencillo. La señorita.-aunque no lo crean por su edad-. se encuentra precisamente en el pasillo I, pasillo que estaba totalmente prohibido visitar/husmear, sólo la Hokague, el consejo de ancianos, y contados ANBU, podían pisar dicho sitio, y sólo en caso de emergencias, pues el particular corredor contiene numerosas técnicas secretas, sellos e incluso jutsus prohibidos. Pero Sakura no se encontraba en la biblioteca por eso. La Hokague sabía muy bien como manejar el consejo, no por nada uno de los tres Sannins le depositó la Aldea en sus manos. De alguna forma.-aún desconocida para ella-. La Hokague, consiguió poder infiltrarla en una de las tantas entradas que permitían conseguir la puerta hacia el famoso pero secreto pasillo.
Sakura trataba de enfocarse en lo que se encontraba haciendo, pero cierto nerviosismo hacía que sus dedos temblaran. La mitad de todos los pensamientos que rondaban en su mente no participaban en la investigación, pero vaya que cierta persona que abarcaba sus pensamientos lo estaba.
Sasuke... Sasuke... Sasuke
Sacudió bruscamente la cabeza, haciendo que sus mechones ya no tan cortos se movieran grácilmente hasta descansar a cada lado de sus mejillas.
—Concéntrate... Sólo estás tu... Sólo estás tú para él... Nadie más — susurraba para sí quedamente, reconociendo que así era, y en un latido de corazón volvía a comprender y sentir con más intensidad aquella sensación de protección que embargaba su ser, cada vez que pensaba ayudar a alguien. Sólo eso. Ayudar. Ningún sentimiento involucrado.
Se hastió de buscar en aquel libro grueso y desgastado, carraspeó un poco, pues el polvo parecía inundar el lugar, y paseó con rapidez los lomos de cada libro que podía ser de su interés. Hasta que sin darse cuenta se topó con el lomo de un libro rojo, que tenía en relieve, letras doradas. Con leve esfuerzo, pudo extraerlo de donde estaba.
Un silbido agudo e irritante se apoderaba poco a poco de su audición.
¿Qué es esto?
Sakura no podía dar crédito a lo que sus orbes esmeraldas sorprendidas visualizaban. Los mismos sellos que se encontraban en las dos magnificas puertas que resguardaban la masión Uchiha, y también la imagen del guerrero y el sabio se hallaban plasmados en la tapa del libro. Y para su consternación también podía leer de forma algo trabajosa pero aún comprensible aquel poema retorcido y tenebroso, que oyó en susurros de los labios de su inquilino cuando trataba de despertar de una pesadilla. Y según lo que le había relatado Sasuke, dicho poema se lo contaba su madre cuando era niño.
Había algo que desde niña siempre tenía en mente cuando observaba a su amor de la infancia.-y no ahora cabe destacar-. el aura misteriosa y oscura que emanaba de Sasuke era realmente atrayente, igualmente sus ojos era realmente difícil apartar la atención de el hijo menor del jefe de la policía, pero en medio de toda esa espesa neblina oscura que embargaba su mirada, gritaba una advertencia a voces que era captada por todos sus compañeros de clases, y también maestros, antes de la tragedia, y aún más acentuada luego de ésta.
Aléjate
Apártate
No me mires... No me mires.
Sakura continuó más que por valentía, la desesperación por querer comprender las decisiones de los del Consejo, y el porqué la quinta, decidió acatar sin luchar las órdenes de aquel conjunto de desquiciados, la impulsaban aún mucho más, y por encima de esto, la necesidad de brindarle a Sasuke la oportunidad de vivir una vida normal.
Porque quisiera o no, la sospecha de la existencia de algún oscuro e intricado secreto se iba tornando más factible a medida que visualizaba el misterioso libro.
Una vida normal... sin...
Encerró sus dedos finos en poderosos puños, su vista se volvió algo borrosa, y sabía que era porque su mirada se humedecía. Dios... y una inspiración forzosa volvía a darle el impulso que necesitaba, las chicas habían sido muy clara con ella en cuanto a lo que padecía Sasuke. ¿Acaso sería ella capaz de encontrar la cura?
¡Rayos! Estaba hasta el cuello. En la mente de Sakura habia una sola cosa segura. En su mente, todo lo relacionado con Sasuke carecía de objetividad, aunado esto, su corazón se encontraba en un caos.
Hay un sonido… que lo amargaba en estos precisos instante más que cualquier sonido en el mundo.
… Uno constante, sin descanso y muy irritante, un sonido que parecía el repiqueteo de sus dientes al castañear.
… Y cuando sus orbes negras como la mismísima oscuridad se abrieron de aquel letargo al que le tenía miedo. Supo que efectivamente así era. Sasuke no lo admitiría nunca, pero cada vez que se sumía en el mundo de la inconciencia, en las más profundas lagunas de sus pensamientos, se encontraba algo oscuro, tenebroso, una sombra aferrada fuertemente a su ser, algo de lo que había tratado de deshacerse tras largos años colocando su vida en peligro. El miedo a algo que antes no consideraba siquiera imaginarlo en sus posibilidades. Pero allí estaba, aunque quisiera reprimirlo.
Ya no podía.
No más. No podía negar el hecho de que quería vivir. Aun cuando no tuviera nada por el que luchar, nada por lo que combatir, quería aún estar allí.
.
El miedo de morir… El miedo a no despertar jamás.
.
.
Las blancas sábanas se deslizaron suavemente por el ancho y fornido torso, algo húmedas, por el sudor del cuerpo al que arropaban, las gotas cristalinas recorrían lentamente sus abrazos e incluso piernas. Ya dormir ni siquiera le era un placer, y en un latido de corazón, reconoció que hace tres noches exactamente había dormido las horas más placenteras de su vida, en mucho tiempo.
… Y, la noche anterior estuvo a punto de dejar de controlar sus impulsos. Inspiró profundamente, permanecer junto a Sakura era de alguna forma una certera tortura, a pesar de que ella no fuera la más cercana de todos sus carceleros. Cerró lentamente los ojos antes de entrar rápidamente a la ducha y darse cuenta del silencio que ensombrecía la casa. Sakura no se encontraba cerca. Le extrañó la situación porque sabía que él era quien se levantaba primero de los. Seguramente saldría a investigar más de lo que a él le sucedía. Y eso sí que lo humillaba profundamente.
Era peligroso de muchas maneras que ella asomara su respingada nariz entrometida en sus asuntos sin resolver. Necesitaba colocar sus pensamientos en orden. Siempre sabía qué hacer, cuándo hacerlo, pero cuando se trataba de la ahora desafiante pelirosa, sus planes no marchaban tal cual esperaba. Así como su personalidad de alguna manera cambiaba de forma retorcida a su punto de vista.
Aún no sabe cómo demonios decidió llevar a Sakura a los territorios Uchiha, eso era terreno prohibido tanto física y sentimentalmente. Debía alejarse de ella.
—Demonios… — Susurró contra las gotas que recorrían apresuradas en sus labios finos. Sakura… Sakura… la muy traviesa sólo causaba un mar de confusiones de lo que él realmente tenía planificado en su futuro. Y cada vez se colaba una y otra vez de forma intensa y constante en sus pensamientos…
No le daría la razón a Naruto. A ninguno. Definitivamente no. Parecía una manojo de emociones juntas cada vez que se encontraba en una situación que no podría manejar.
Era una ninja, asesinaba sin dudar, perseguía sin descansar a su presa, cumplía misiones. Pero, cuando se trataba de cualquier mierda emocional, allí sí que era un real inexperto.
Por supuesto. Eso nadie lo sabría.
Se sintió rejuvenecido al salir de la ducha, mientras secaba sus cabellos, sus ojos negros dieron con dos objetos para nada relacionados entre sí, pero ambos cobraban importancia en él. Al lado de la ventana, bañados en la sombra donde los primeros rayos luminosos del día no lograban llegar, se encontraban los dos pergaminos que se hallaban en el escondite del territorio Uchiha.
Y en agua.-seguramente obra de su carcelera-. En una pequeña botella de cristal, siendo cubiertas de luz, se encontraban los tres ramilletes de fino lila, las flores cerezo que les fueron entregadas la noche anterior.
Maldita fuera Ino.
Sin duda alguna la rubia le encantaba verlo vacilar. Su estadía con ella, fue una de las más irritantes. Casi compitiendo con Naruto. Con los dos guardianes idiotas, y ambos rubios para variar, parecía empeorar su conducta e incluso se volvía mas inestable. Ino por la crudeza de sus palabras pues con él, la rubia no tenía nada de tacto como el que se esmeraba en tener con sus flores, y Naruto aunque era penúltimo de los guardianes era aún más insoportable, insistía en comprenderlo.-cosa que era cierta-. El castigo le hería en lo más profundo de su orgullo, y la pelirosa en especial lo sabía de alguna manera, pues no podría olvidar la mirada burlona y airada que Sakura le dedicaba cada vez que ocurría el intercambio de carceleros, cuando ella y sólo ella lo miraba de esa manera, le provoca de forma insana querer borrarle la luz de su mirada. Luego de 5 meses descubriría de forma no muy grata el porqué de su irritación cada vez que su aroma dulzón inundaba sus fosas nasales.
E Ino se encargaba de recordarle con sus mariconadas el porqué de su atraso en la recuperación normal de sus sentidos.
El consejo de vejestorios... Lo hacían sentir un inútil, convirtiéndolo en un despojo casi sin vida, para poco a poco retornarlo a la sociedad. Sólo a los sádicos del consejo se les ocurriría un castigo de tal calamidad.
Sabía que lo querían muerto. Una sonrisa socarrona se hizo presente en sus labios.
¿Qué clase de rostro, tenían los del consejo cuando se dieron cuenta, que la escoria Uchiha, seguía con vida?
Sasuke tomó con delizadeza extraña en él, como queriendo y no queriendo a la vez, los ramilletes de flores que la chica rubia le había enviado. Como bien había dicho todos lo sabían, absolutamente todo. Él era el único que negaba la realidad. Y lo seguiría haciendo.
Él único que sabía bien que clase de bestia era.
... Un monstruo de la oscuridad que poco a poco se extinguiría en una noche.
Y en un despojo de furia, los ojos negros de Sasuke contenía un destello entre tonos rojizos y anaranjados. No era su Sharingan... No.
Era las llamas del poderoso fuego heredado por el clan maldito, que consumía de forma lenta y torturante, los hermosos pétalos de Sakura.
.
El fuego que descubre las verdades
El fuego que consume.
.
Esos ojos rojos como la sangre
Cobran vida a costa de la vida de quien confías
A quien amas como a un hermano
Traicionarás por poder
Humillarás por la victoria
Uchiha, condenado eres.
Condenado estás
¿Qué significa?
¿Qué eres?
¿Qué soy?
Un mounstruo
Parecía tatuada en todas sus neuronas cada una de las letras de aquel tenebroso poema , por alguna razón a Sakura le parecía familiar, el escrito que se encontraba en el único pergamino que contenía algún tipo de información que había hallado Sasuke en los territorios de su clan, así como aquel incesante susurro que parecía atormentar al joven en sus ratos de sueños o debería decir de estupor. Reconocía que Sasuke evidentemente tenía trastornos del sueño, uno que ella en su rencor ignoró y evitó tratar. Se sentía la peor médico del mundo.
Sabía que Sasuke no estaba bien, pero el orgullo de él, más el increíble y nada sano rencor no la dejaba ceder.
¿Ceder? ¿Ceder a qué?...
Cuando Sakura divisó a lo lejos la copa del gran árbol de cerezos que se hallaba en el frente de su apartamento. Dos... tres latidos de su corazón parecían haberse multiplicado en millones en cada parte de su cuerpo. Y todo había empezado desde la noche anterior, ni siquiera pudo conciliar el sueño esa vez, estaba grave, muy grave, poco a poco, pero de forma tan intensa, como los latidos de enredado corazón que golpeaban en sus costillas de forma incesante, se hacía dolorosamente consciente, de lo que su alma le decía gritos escandalizados, pero la razón... la razón gobernaba cada uno de sus movimientos, y eso era lo que le había permitido triunfar en su carrera hasta ahora.
No debes. No debes.
No puedes caer en ese hoyo.
No habrá ninguna mano que te saqué después...
Y con aquella firmeza en su mente, y en su tembloroso corazón, entró a su lugar de tortura.
.
.
Sasuke entendía perfectamente que su cuerpo no estaba bien, que físicamente tenía grandes problemas, que probablemente se encontraban estrechamente relacionados con sus problemas emocionales.-Si, hasta él sabía que no era un pedazo de carne.- sabía que tenía muchos altibajos en cuanto a su adaptación a todo lo que le rodeaba, y que aquello le causaba grandes delirios, como el que probablemente estaba siendo víctima en esos precisos instantes.
Había un aroma en particular que de forma lenta e hipnotizante, sin reparo alguno lo inducía a un estado de letargo díficil de resistir, él mismo se sorprendía al sentir sus párpados pesados, su cuerpo relajado en demasía, y la sensación de tranquilidad que lo embargaba se instalaba en cada sentir de su cuerpo. Aquella sensación irresistible era extremadamente parecida cuando sentía a la cabeza dura de su carcelera cerca de él. Al principio aquella sensación lo envolvía y trepaba cada una de sus terminaciones nerviosas, y la sola experiencia, hizo que hiperventilara no sabía como controlarlo, ni expresar lo que le hacía sentir así que cuando veía venir esa avalancha de "sensaciones extrañas", lo más factible era refugiarse en cualquiera que fuera su habitación temporal.
Luego con el tiempo, sólo se irritaba al descubrir quien era la fuente de aquellas olas de paz que embargaban a su cuerpo, porque aunque lo negara.-y lo seguiría haciendo-. consciente o no, se hallaba inspirando profundamente hasta sedarse de aquel aroma, y cuando despertaba ya la distancia que había entre Sakura y él.-Si, la llamaba por su nombre en sus pensamientos frecuentemente.- se acortaba de manera impresionante, ella parecía no notarlo pues al darse cuenta de cúan cerca se encontraba él de ella, reaccionaba dando pasos torpes hacia atrás.
Y no fue hasta ahora, cuando vivir en la misma casa, hacía la condición terriblemente insoportable.
Ya no sólo era querer sentir las olas de aquella sensación que en sus pesadillas buscaba con desesperación, y aunque costara admitirlo, y más aún luego de lo sucedido la noche anterior, quería enterrar su nariz, en la curvatura de su cuello de ópalo, e inspirar hasta no saber nada más. Temía que si se acercaba demasiado terminaría haciendo algo estúpido, algo que ya poco a poco se estaba saliendo de sus manos. Los comentarios, y los pseudos consejos que sus amigos.-porque ya no podía llamarlos de otra manera.- no dudaban en argumentar jugaban con sus pensamientos, y eso hacía que se refugiara en su autocontrol. Y aún así... Aún así. Ella seguía allí.
No quería colocarle un nombre.
No queria profundizar.
Era un maldito cobarde.
No podía siquiera mover sus piernas o brazos, cómo podía si quiera tratar de construir una explicación racional para lo que ocurría con él.
O entre ustedes...
El sonido de una puerta cerrarse, lo perturbo un poco. Eso también solía suceder, bajaba la guardia constantemente...pero sabía que lo hacía para dejar de sentir tantos estímulos a la vez... Algo que un ninja no podia siquiera llegar hacer. El sólo pensamiento hacia que corriera fuego en sus venas, se sentía el peor de los inútiles.
Uno
Dos...
Un titubeo.
Y luego...
—¿Puedo pasar?...— Una respiración profunda, y el repiqueteo de los dedos de Sakura sobre la manija, lo hicieron vacilar un poco. Usualmente, ella tocaba sin cesar, y entraba sin permiso, sólo pasaba, y lo miraba con aquella mirada sardónica, que aún a estas alturas, le hubiese gustado borrar de la manera más impensable a su modo de ver — Tengo... umm— se interrumpió aquella voz un poco ronca para una chica y luego volvió a tomar atención a lo que vino a continuación— Tengo... tengo que hablar contigo.
Se regañó a si mismo por estar tan pendiente de cada uno de sus malditos ademanes como para reconocer que algo no estaba bien.
Después de anoche, nada sería igual.
Sakura sintió como se corazón quería escaparse de su sitio cuando , sorpresivamente fue Sasuke quien abrió la puerta, el impacto de su mirada ónix siempre le producía el mismo efecto aunque no lo admitiría, le robaba el aliento, y tardaba más de la cuenta en emitir palabra alguna. Uchiha seguía de pie frente a ella, sin darle oportunidad de entrar, con una mirada tosca. Sakura sonrió para sí. Alzó su mano lentamente, e hizo el ademán de colocar su palma sobre el pecho de Sasuke, quien al advertir el movimiento de ella, dió dos pasos torpemente hacia atrás, por lo que Sakura pasó y se sentó en su cama, tan fresca como una lechuga.
La muy desgraciada se aprovechaba de lo que él padecía.
—Te preguntarás por qué quiero hablar contigo— inició Sakura, alzando inquisitivamente sus cejas de forma conciliadora.
—Podría importarme menos...—Sakura apretó sus dientes al observar la postura de Sasuke, quien se había apoyada en su puerta, con los brazos cruzados. Una gota de amabilidad a tu podrido carácter no le vendría mal. Se hizo un silencio incómodo, Sasuke dejó de apoyarse en la puerta, y con pasos lentos y calmados se dirigió hacia la ventana, resoplando con hastío.
Bien.
—Vengo hablar, de tu condición física— el plan era hablar también sobre su clan, pero al observar como los hombros del odioso inquilino, se cuadraban en un instante, ya parecía ser este tema lo suficientemente delicado para él.
—Tan directa...Tardaste demasiado en meter tu nariz, entrometida— respondió Sasuke con voz mordaz— No tienes nada que hacer por mí. No lo necesito—Sakura captó el tono levemente molesto de Sasuke, no era nada amable, pero siempre era indiferente a lo que se le decía... pero obviamente había algo que lo había enojado.
—¿Qué te pasa? ¿Tan frustraste es para ti depender de mí?—soltó Sakura controladamente, pero en su fuero interno, nada estaba calmado.
—¿Depender de ti?— y una comisura de los labios se elevó dejando ver su rostro burlón, y una pizca de picardía en sus ojos.
—¡Vaya debería memorizar esto!, estás hablando más de la cuenta. No sé si te prefiero mudo, o de esta manera—
—Entonces... dime tú ¿cómo es que me prefieres?—
Sasuke veía con regocijó como los labios.-rosados recién se da cuenta.- de la chica, se abren y cierran continuamente, y algo de él se apodera de sus actos, queriendo saber más de las reacciones de ella. Trata de ignorar, el intenso impulso de trazar un recorrido con la yemas de sus dedos, los finos labios de su carcelera, lo logra, pero aún no aparta su vista de ellos. Sakura se levanta inquieta de la cama, y se coloca frente a él, con esa postura a a defensiva, que desde el principio había llamado su atención.
Y le gusta así, firme y decidida, problemática y cabezota. Le gusta molestarla haya un placer en ello que le es díficil dejar de desear. Si, le gusta... le gusta, pero de allí no hay nada más. Le gustaba descolocada, odia ese control sobre lo que piensa y lo que dice.
Si está molesto porque ella parece totalmente indiferente a lo que ocurrió la noche anterior, porque él es el único que sigue mareado de aquel aroma perturbador, el recuerdo del calor que traspasaba sus ropas, y lo desconcierta la manera en que su cuerpo reacciona, porque la razón parece olvidada.
Pero un agarre de su camisa, y un aliento dulce que impacta directamente sobre su nariz le hace perder la ubicación, y cuando logra concentrarse nuevamente, se topa con aquella mirada jade ofendida, y oscurecida.
—A mi no me provoques princesa, tal vez los demás haya tenido piedad contigo, pero yo... ¡ja!— y Sasuke sonrió ladinamente cosa que enfureció aún más a Sakura— Pero yo no soy Tenten, ni tampoco soy Ino, y mucho menos Hinata. Vas a desear que esta convivencia entre tu y yo, termine tan rápido, que huirás con la cola entre las patas.
Y Sasuke no estaba muy seguro de querer que su estadía terminara tan pronto al lado de la bipolar pelirosa.
El poema que sale allí es el de se habla constantemente en la historia. El próximo capitulo si va ser más sobre el consejo de ancianos, el clan Uchiha, y el tratamiento para Sasuke, la relación de Sakura y Sasuke seguirá en avance, al menos Sasuke admitió que Sakura sí le gusta. Jajaja. Y pues Sakura está luchando fervientemente contra eso. cosa que poco a poco se irá derrumbando.
