La cocinera y el cerdo.
La verdadera historia fue que Ukyo lo encontró convertido en p-chan inconsciente y enterrado en la nieve. Lo reconoció de inmediato por su pañoleta amarillo. Lo recogió con todo y sus cosas acomodándolo dentro de su carrito de comida en una olla. Cada vez la tormenta se hacía más fuerte con dificultad podía arrastrar el puesto pero lo que más le preocupaba a la joven era que Ryoga estaba muy frío. Divisó a lo lejos un pequeño pueblo, ella creyó que lo más conveniente era quedarse ahí, entró a una posada, dejando estacionado su carrito de okonomiyakis en la entrada. Ukyo cargaba tanto la mochila de Ryoga como la de ella en la espalda y en sus brazos p-chan envuelto en una manta, todo su abrigo y equipaje estaban llenos de nieve,
- buenas noches- se dirigió a la casera- me puede dar una habitación por favor.
"Es cierto - penso ukyo- no puedo dejar a Ryoga con este cuerpo, tendré que mentir"- lo siento es para dos.
-supongo que con la otra persona se refiere a su esposo - contestó la señora
-a… si, si mi esposo somos recién casados.
- ¿a qué nombre pongo la habitación?
- a... a... los señores Saotome. Todavía no me acostumbro.
- muy bien señora Saotome – Ukyo se sintió en las nubes al escuchar que la casera la nombraba así- pase por aquí le enseñaré su habitación. ¿Su esposo llegará más tarde?
- este... si él no ha de tardar.
La habitación era pequeña pero suficiente para los dos, la chica se sorprendió al ver que el chico no despertaba y tenía una tremenda fiebre. Lo estuvo cuidando toda la madrugada y el día siguiente a este, para esa noche la fiebre había bajado pero aun así no despertaba, Ukyo estaba cansada y ya casi no le quedaba dinero para estar en ese hostal, pues por cuidar a su amigo no había podido vender sus platillos. Para el segundo día Ryoga despertó, no reconoció el lugar donde estaba, pero junto de él encontró a una dormida Ukyo y recordó lo que le había pasado. Acomodó a la cocinera en su futon, estaba tan agradecido con ella, después de todo sin su ayuda tal vez no la hubiera librado. Pero se preguntaba por qué estaba sola y tan lejos de Nerima. Salió de la habitación y se encontró con la casera.
- vaya con que tú debes ser el esposo...
-¿¡qué!? Pero... - se detuvo a pensar, "bueno tal vez Ukyo lo dijo para poder compartir habitación y así cuidarme"- si soy yo.
- me alegra que ya te hayas recuperado, eres un jovencito muy afortunado, tu esposa a estado cuidando de ti dos días seguidos. Por cierto del dinero... no se preocupen si no tienen para pagar el hospedaje de hoy. Entiendo su situación.
-disculpe - Ryoga se sentía muy apenado, le había causado muchos problemas a Ukyo- ¿sabe dónde se encuentra su... digo nuestro carrito de comida?
- o por supuesto señor Saotome lo guiaré hasta él.
- ¡¿Qué?!
- que lo guiaré señor Saotome.
-aaa si, si lo siento.
-Esa Ukyo, mira que decir que soy el estúpido de Ranma.- masculló
Eran las tres de la tarde y Ukyo por fin despertó, se alarmó al no encontrar a Ryoga en su habitación
- ese mal agradecido ya se fue... - vio la mochila del joven todavía en la habitación - sus cosas, ese despistado a lo mejor ya se perdió - salió corriendo de la habitación hacia la entrada.
- señora Saotome que bueno que ya despertó- volteo su mirada a la casera, estaba comiendo algo que le pareció muy familiar.
- disculpe, ¿qué es eso?
- ¿esto? a un okonomiyaki, debo decirle que no mintió cuando dijo que ustedes hacen los mejores okonomiyakis de todo Japón, su esposo es un excelente cocinero.
- ¿mi esposo?
- sí, que linda pareja hacen tan entregados el uno al otro, desde que despertó comenzó a trabajar, todo el barrio esta fascinado con su comida.
Ukyo se asomó por la entrada, un gran grupo de gente se reunía alrededor del puesto de comida. Se acercó a la multitud, el chico de la pañoleta usaba su mandil y cocinaba los panes de una manera muy vistosa, ¿en que momento aprendió a hacer eso? Camino hacia él.
-Ryoga ...
-A, Ukyo – el chico volteo con una gran sonrisa- que bueno que ya despertaste.
-¡estás loco!- grito la cocinera- ¡acabas de salir de una fiebre terrible y te pones a trabajar de esta manera! – Cada vez la gente se hacía más pequeña del miedo que les daba la chica- tú no sabes cuánto trabajo me costó bajarte la fiebre, que no sabes que puedes recaer…- Ryoga le tendió un plato con okonomiyaki.
-creo que tienes hambre- tenía una sonrisa algo forzada- porque no vas a comer adentro y sigues descansando.- la empujaba levemente por la espalda.
-no me cambies la conversación…- se dio la vuelta
-Ukyo.- el rostro del chico cerdo estaba tétrico y su voz enronqueció- estas espantando a los clientes.- Ukyo se dio cuenta que no quedaba ni la mitad de las personas que estaban en un principio.
Resignada se fue a una banca en la entrada de la posada. Vio el pan, con salsa estaba escrito "gracias", sonrió y tomó un bocado- ¡esta rico! – se sorprendió, tal vez no eran lo suficientemente buenos como los de ella, pero le faltaba poco.
Ya para las 6 Ryoga había acabado con todos los utensilios y cerro el puesto, se acercó a la chica que no abandono su lugar en aquella banca.
-ukyo - le hiso una pequeña reverencia y le dio un sobre- muchas gracias
- ¿qué es?
- es el dinero.
- no tenías que hacerlo
- no, si tenía, tú me salvaste, si no fuera por ti yo... te cause muchos problemas.
- que dices, para eso estamos los amigos.- el chico se sorprendió, creía que solo lo veía como un conocido de Ranma o con quien podía confabularse para separar a la pareja.
- aunque aquí somos los señores Saotome.
-jajajaja es cierto.- sabía que el chico se molestaría cuando se enterara.
- entiendo por qué mentiste de estar casados, pero ¡por qué tengo que ser ese idiota de Ranma!
- bueno no me acordaba de tu apellido, y no me dejaras mentir de que "Saotome Ukyo" se escucha tan lindo.
- Hi-bi-ky que no se te olvide.
- por cierto iré a verlo competir a Tokio, quieres venir, aunque creo que llegaremos sólo al último día del torneo.
- aaaah, con que por eso saliste de Nerima.
- si para apoyar a mi ran-chan
- y por qué no viajaste con él.
- bueno- se rasco la cabeza - es que es una sorpresa.- Ryoga tenía una gota de sudor en la cabeza.
- yo estaba en camino a la Universidad de Akane pero... llevo tres meses perdido- ahora él se rascaba la cabeza.
- ya veo con que tú también sigues luchando por tu amor.- le dio unas palmadas en la espalda.
- no, te equivocas. Yo desde hace mucho sé que el amor de Akane no me corresponde, sólo la quiero ver por qué le tengo mucho cariño, es una buena amiga.
- pues yo te aconsejaría que siguieras luchando porque Ranma se casará conmigo y si no te pones atento alguien más te la puede robar.
Le pagaron a la casera y salieron cada uno con sus cosas. En mitad de la calle se despidieron y se dieron la vuelta.
- Ryoga... - el chico volteó- Osaka está del otro lado.
- aaaah, muchas gracias - una gota resbalaba de la cabeza de ukyo. Al cambiar de rumbo Ryoga no evito ver a Ukyo, sentía mucha tristeza por ella, la cocinera no quería abrir los ojos y ese tonto de Ranma no era lo suficientemente hombre para aclarar las cosas con su amiga de la infancia "tal vez lo haga en esta ocasión", pensó "pero... si lo hace Ukyo se sentirá terrible, y... sola en esa ciudad" - ¡Ukyo!- se acercó- pensándolo bien si te acompaño, tengo que ver si tiene alguna técnica nueva.
- pero y akane...
- bueno ella no sabe que iré y lo más seguro es que no la encuentre, como la última vez. Yo empujo el carrito.
- bueno pero yo te dirigiré
- no tengo objeción.
En el camino la chica le preguntó a qué se refería con la última vez, al parecer el chico había visitado a Akane tres semanas después de su partida, pero al preguntar por ella le dijeron que estaba en un torneo de gimnasia. Después de dos semanas coincidió que llegó otra vez a la ciudad, le dio alegría pero nuevamente al preguntar por la peli azul le respondieron que ese fin de semana regreso a Nerima. Al llegar a dicha ciudad no la encontró, solo al chico por quien la había conocido, con una nueva pista sobre la cura de su maldición.
-No puedo enfadarme porque ella no sabe que iré, y aunque así fuera tampoco la culparía de hecho a nadie, siempre llego muy tarde.
Llegaron a Tokio justo como Ukyo lo predijo al último día del torneo, dieron rápido con el lugar, por supuesto no gracias a Ryoga, como era de esperarse Ranma llegó a la final y en poco tiempo inició la pelea del campeonato. Desgraciadamente les toco en un lugar muy lejos del podio, pero aún la cocinera no perdía el entusiasmo.
-oye, y ¿por qué tu no compites?
-no le veo el caso, yo he peleado he incluso entrenado con Ranma, he igualado su nivel en varias ocasiones. Ve la pelea, Ranma ni siquiera está utilizando le mitad de su fuerza, solo hace tiempo para que no sea tan aburrida. Para mí no tiene chiste pelear solo por un título yo no sé por qué se presta para esto.
-pero al menos el gana dinero peleando. – estas palabras le cerraron la boca a Ryoga.
La pelea termino y Ranma resultó el vencedor. Ukyo quiso acercarse a los vestidores donde se dirigía el nuevo campeón pero la multitud no la dejaba. Estaba a punto de sacar su espátula para hacerse un camino cuando Ryoga le informó que le harían una entrevista al chico de la trenza y que la transmitirían en las pantallas del lugar, después de eso Ranma podría irse, la chica comprendió y se sentó entusiasmada en las butacas, a Ryoga le enterneció verla, esa chica si quería al estúpido de Ranma, a su manera pero lo quería. La entrevista comenzó y como siempre el chico hablaba muy confiado hasta que le preguntaron si tenía alguna novia. La cara del chico enrojeció y pareciera que toda su seguridad se fue al caño. "no tengo novia, tengo prometida", Ukyo se emocionaba, por fin había confirmado que tenía un compromiso. La entrevistadora continuo con un cometario de lastima dirigido a las fanáticas del chico pero le pidió que describiera a la afortunada ya que el artista marcial no quería dar nombres, "bueno es… muy hermosa, tiene un carácter fuerte, es fuerte y ágil", la mujer le pidió que diera otra pista, a Ryoga no le dio buena espina esto, " pues… actualmente estudia en la universidad, lo siento ya no les puedo decir más", para la entrevistadora eso no resolvía nada pero para Ukyo su mundo se vino abajo. La chica corrió a toda prisa fuera del recinto. Ryoga la siguió pero él tuvo que arrastrar el carrito de comida. Ukyo corría muy rápido, la perdió de vista por un momento.
-Por favor que no me pierda. Por favor que no me pierda- repetía mientras arrastraba más rápido el carrito, la encontró sobre unos columpios en un parque. Se acercó a ella en silencio y se sentó en el otro columpio, decidió no decir nada y dejarla llorar por un rato.
-Ryoga…- por fin dijo la chica.- ¿cómo?
-¿cómo qué?
-¡¿Cómo le hiciste para sacar a Akane de tu corazón?!- soltó el llanto otra vez.
-No lo hice, la sigo amando pero por eso mismo quiero que sea feliz. Aunque no sea conmigo.
-Yo no puedo- apretó con sus puños las cadenas del columpio- ¡Yo no podría nunca!- con su fuerza rompió las cadenas del columpio y callo de sentón. Seguía llorando como una pequeña niña. Ryoga le extendió su mano para levantarla.
-te diré algo que tal vez te pueda ayudar- le dio un pañuelo- yo me sentía muy celoso de Ranma por la forma en que Akane lo quería, me molestaba que el idiota no le demostraba nada de afecto, entonces me di cuenta, Akane hacia lo mismo con él, su relación creció proporcionalmente, no caían en los juegos en los que nosotros competíamos sin sentido alguno. Y entonces vi que mi amor a Akane era meramente platónico, parecía más que la idolatraba. Me enamoré de la idea de una Akane que me correspondiera, tal vez te sientas identificada. – Ukyo abrió sus ojos, era cierto todo este momento peleaba por el amor de Ranma con otras sin ni siquiera convivir con el muchacho sin presiones de un compromiso- Yo quiero un amor como el de ellos, que aman y no temen mostrar todos sus matices. Espero enamorarme de alguien con todo y sus defectos.- Ukyo lloro por un momento más, después se sentaron en una banca, ambos guardaban silencio.- entonces… ¿qué harás?
-Por el momento no quiero regresar a Nerima. Me quedare unas semanas aquí, después tal vez valla a una playa, los okonomiyakis se venden bien a inicio de primavera.
-Yo te ayudaré en el negocio aquí en Tokio.
-¡oye!, no necesito de tu lastima, me puedo cuidar yo sola.
-no es eso, veras –señaló el carrito de comida, las ruedas por la fricción de lo rápido que iba Ryoga al perseguir a Ukyo, se trozaron.- creo que te sigo debiendo.
Y así pasaron tres semanas en Tokio, les iba muy bien tenían mucha clientela y todos quedaban encantados con los panes japoneses. Ryoga le dijo que si también la podía acompañar a la playa, ella acepto, tenía que aceptar que era de mucha ayuda y la verdad disfrutaba de su compañía, un día antes de partir el chico se dio cuenta que faltaba sal en los utensilios, y se ofreció para ir a la tienda por un costal.
-estas seguro que si sabes dónde está la tienda.
-si solo es una cuadra.
-pues eso espero porque yo me saldré a las 6 con o sin ti.
-tranquila no me perderá- llego a la tienda sin problema y compro el costal de sal, pero al salir tomo la ruta equivocada. Estuvo vagando mucho tiempo incluso llegó a Nerima por equivocación.
-ya pasó un mes y medio, no sé por qué sigo buscando- cargaba con el pequeño costal, sintió que ese lugar ya lo había visto antes pero por experiencia no se podía fiar de ese sentimiento. Recordó lo último que le dijo la chica.- muy seguramente ella ya se fue de Tokio. Debería ya ir por mi cuenta…
-Ryoga…- escucho una voz familiar a su costado, era la cocinera justo en el mismo lugar donde la vio por última vez- que bueno que por fin llegas.
-pero… ¿por qué?, ¿por qué me esperaste? Si tú dijiste…
-que tonterías dices por supuesto que te esperaría, eso era una broma
-pero tú no sabrías cuando regresaría.
- si pero sé que siempre regresas-se acercó a él- ah trajiste la sal, menos mal que no caduca.- se la quitó y se dirigió al carrito- date prisa tenemos que arreglar todo para salir rumbo a la costa.
-todavía quieres que te acompañe… y si me pierdo en el camino.
-deja de decir esas estupideces, si te vuelves a perder te esperare no importa cuántas veces lo hagas o lo que tardes. Yo te esperare.- Ryoga cayó de rodillas y con las manos en el pavimento- ¡Ryoga!, ¿qué te pasa, te lastimaste en el camino?- el chico no le respondía y podía ver como unas lágrimas caían al suelo, Ukyo se espantó y se hincó cerca de el - por favor dime, puedo hacer algo por ti…- el chico se abalanzó hacia ella llorando cascadas y la abrazo.
-¡nunca nadie me había dicho algo tan hermoso!- dijo el chico mientras seguía llorando en el hombro de la cocinera. Ukyo lo separo de ella por los hombros, se quedó viendo su rostro mojado y saco su espátula.
-¡no me vuelvas a asustar de esa manera, cerdo estúpido! -repetía mientras lo golpeaba con su gran espátula- pensé que te pasaba algo y me sales con esas cosas…- Ryoga pesco su arma y la jaló hacia él. Le planto tremendo beso en la boca que hizo que Ukyo se quedara como estatua.
NARRA UKYO
Después de eso continuamos viajando por todo Japón vendiendo los Okonomiyakis, como no teníamos prisa dejaba que la mala ubicación de Ryoga nos guiara. Tuvimos mucho éxito a donde llegábamos. Como ambos traíamos casa de campaña acampábamos en los parques, hasta que…
-Ryoga – dijo la chica- está comenzando la época de lluvias, tendremos que pensar en algo, no nos podemos dar el lujo de rentar dos habitaciones y dudo mucho que quieras dormir como p-chan.
-diremos que somos hermanos.
-Ryoga no nos parecemos en nada y por cómo se te ocurre tratarme a veces, nos van a tachar de pervertidos.
-entonces digamos que somos esposos, así no habrá problema.
-como si fuera tan fácil fingir eso.
-entonces no lo finjamos- la chica volteo a verlo- Ukyo… cásate conmigo.
-Claro que así no acepto-dijo Ryoga- después de eso me golpeó con su espátula diciendo que no bromeara con el matrimonio.
-y que hiciste.- pregunto Ranma
-Unos días después, le cocine un Okonomiyaki con salsa escrito "cásate conmigo"- suspiro- siguió creyendo que era broma y me metió una paliza- recordó que la chica lo había mojado y metido como p-chan a una olla que movía de un lado a otro mientras le gritaba "¡con el matrimonio y los Okonomiyakis no se juega!"
- entonces, ¿qué paso?
-le pedí matrimonio a la antigua, ahorre para un anillo y simplemente me hinque en medio de todos nuestros comensales.
-Awww que romántico chicos, los felicito- dijo Akane- y ¿cuándo es la boda?
-pues ya fue –dijeron al unisón.
-¿¡qué!?
-bueno cuando me lo propuso, no quería esperar más entonces, fuimos a buscar a mi padre para que Ryoga lo venciera y poder romper el antiguo compromiso.
-Ranma yo creí a ver visto todo. Fue un combate muy duro, a penas la pude librar.
-Ryoga lo venció y conseguimos su bendición entonces nos casamos a la semana.
-me da mucho gusto por los dos- Akane se acercó a abrazarlos.
-bueno creo que es una muy buena noticia. Felicidades.
-viajamos por un tiempo después de la boda pero decidimos regresar aquí, al cabo ya teníamos un local, solo necesitamos arreglarlo, llegamos hoy en la mañana, cuando nos enteramos que ustedes dos también se encontraban en la ciudad decidimos venir a saludar.
-¿cómo se enteraron que estábamos aquí?
-bueno cuando desempacábamos las cosas una vecina nos observaba, al decirle que nos estábamos mudando corrió gritando "primero esos prometidos ruidosos y ahora ellos" y conociéndolos le dije a Ryoga que no se podía tratar de nadie más.
-somos…- dijo Akane
-…los prometidos ruidosos- completo Ranma.
-bueno, recogeré la mesa, estaban muy buenos tus Okonomiyakis Ukyu, la verdad ya los extrañaba.
- muchas gracias Akane yo te ayudo a recoger.
-La lluvia ya cesó, Ryoga me acompañarías al Dojo, creo que tenemos que platicar de algo.
-de acuerdo.- ambos se pararon, a Akane le dio mucho gusto, por fin Ranma se reencontraba con su mejor amigo. Seguramente hablarían de nuevas técnicas.
Ya en el Dojo Ranma agarró del cuello a Ryoga y lo estrello a la pared.
-¡maldito cerdo ya dime la verdad!
-¿qué te pasa Ranma no te entiendo?-Ryoga con una patada en el pecho de Ranma se liberó de su agarre.
-no te quieras pasar de listo- le soltó un golpe que se estrelló en el muro abriendo un gran agujero.- dime ¿Dónde está la cura?
-¡yo no tengo nada! ¡Aun soy un maldito como tú!- dio un brinco para golpearlo por la espalda. Ranma alcanzó a atrapar el brazo y lo aventó al otro lado del Dojo.
-¡entonces explica por qué llegaste mojado de la lluvia y no te transformaste!- Ryoga se incorporó.
-Ranma eres un idiota- dijo tranquilamente- ambos juramos que si uno encontraba la cura le diría al otro, yo no pienso faltar a mi palabra.
-entonces explícame ¿por qué…- señalo sus ropas que aún seguían mojadas. Hablaba más tranquilo.
-¡ah! Esto, bueno todo es gracias a mi linda y querida esposa que siempre carga con un termo de agua caliente por precaución- dijo esto de una forma tan melosa que Ranma se empalago de escucharlo.
-hablando de eso tengo que decirte que me alegra que estén juntos pero, debes saber que considero a Ukyo como mi familia y si le llegaras a hacer daño te las veras conmigo. Le agarró de la solapa de su ropa.
-también digo lo mismo de Akane- repitió la misma acción que su amigo- ¿Qué pasa Ranma por qué te tardas tanto en actuar? Ella se va a hartar.- ambos se soltaron.
-ya lo sé, solo estoy buscando el momento.
-pues espero que sea pronto, por el bien de los dos.- le dirigió una sonrisa.- Por cierto, espero tus disculpas.
-jajaja, ¿por qué y me disculparía contigo?
-¡¿te parece poco la manera en la que me trataste hace un momento?!- Ranma volteo su mirada con indiferencia, lo jalo de su Gi- Ranma si no lo Haces te juro que te meteré la paliza de tu vida.- Ranma sonrió de lado.
-no esperaría menos.
Las dos chicas se encontraban tomando una taza de té en el pasillo que daba al jardín. Vieron volar a Ranma haciendo un gran agujero en el techo del Dojo y cayendo en el techo de los vecinos. Ryoga lo siguió brincando junto a él, vieron como brincaban de una casa a otra hasta perderse de vista.
-ya se habían tardado- dijo Akane.
-tienes razón, ellos nunca cambian.- Ukyo le toco la mano que reposaba en el suelo, la otra chica volteo a verla- sin resentimientos… ¿verdad Akane?
-sip,- respondió la peli azul con una sonrisa.
Media hora después no muy lejos de ahí estaba una pelirroja con la ropa rasguñada y sucia, sentada en mitad de un callejón con un puerco negro inconsciente sobre su cabeza.- extrañaba esto –le dijo al puerco que tenía los ojos de remolino, se paró y caminó hacia la calle, sabía que no podía regresar con Ryuoga como p-chan y que sería un descuido de su parte si lo dejaba en la calle, decidió dejarlo en el local de Ukyo, total no estaba tan lejos de ahí. Llego al restaurante, estaba recién pintado.- valla que eres un cerdo con suerte- Ranma lo bajo de si cabeza con las dos manos, lo miro a la cara y se puso de cuclillas, seguía teniendo los ojos en espiral.- debo de admitir que tienes razón, tengo que actuar ya.- dejo a su amigo en el piso del restaurante y salió del local. Tenía el cuerpo completamente adolorido, de camino al Dojo se sintió mal y calló de rodillas en mitad de la calle.
-¡oh! Ranma ¿estás bien?- levanto la cabeza, era Akane que ya estaba sosteniéndolo de los hombros y Ukyo detrás de ella con cara de sorpresa.
-sí, no te preocupes Akane, ya nos hacía falta a ambos.- se acercó a susurrarle algo al oído- aquí entre nos, él quedo peor.
-¡y Ryoga! ¡No me digas que se perdió!
-tranquila, pasamos cerca del restaurante y lo deje ahí.
-ah, qué alivio escucharlo, gracias Ranma, será mejor que me vaya, muchas gracias por el té Akane, le hizo una pequeña reverencia.
-no, gracias a ti Ukyo, tus panes estaban deliciosos.- le respondió con el mismo gesto
-basta no es para tanto luego te pasare unas recetas muy buenas, pero bueno mejor me doy prisa, adiós.
Ranma vio atónito la escena de un momento a otro las chicas se hicieron amigas. Observo como se alejaba Ukyo, se sintió feliz por ella. Sintió algo caliente que le caía, era agua caliente, que Akane vertía sobre de él. Regresó a ser hombre, Akane le tendió una manta y le ayudo a levantar.
-¿Cómo supiste que me transformaría?
-bueno siempre te pasan cosas como estas.- le sonrió, provocando que el también lo hiciera pero de una forma boba.
continuara...
