Mi Primer día sin ti
Todo cambió. Su casa, su familia, amigos, hasta las calles no eran las mismas. Estar en su habitación era una tortura, le parecía un sitio demasiado grande, y al mismo tiempo asfixiante.
Se sentía tan débil, tan pequeño sin ella. Casi como un niño indefenso... En resumen, como un idiota.
Ella no querría que estuviera así, ¿qué pensaría si lo viera? Talvez le parezca fácil que soporte este dolor, ella es fuerte, decidida.
O probablemente le daría un par de golpes, por inútil.
¡Maldita sea! Solo ha pasado un día, es cuestión de tiempo acostumbrarse.
Si estuviera en la escuela sería más sencillo. Tendría que concentrarse para prestar atención, leer, pasar el tiempo con sus amigos, ella no estaría ahí… No. No estaba bien. Necesitaba distraerse, salir un rato, talvez los chicos tuvieran algún plan. Keigo quizás... ¡Nooo! ¡Él no! se la pasaría llorando a gritos por ella, exasperando a todos.
Pasó el día intentando llevar la situación, haciendo planes para soportar todo con dignidad. Y lo ignoró casi con éxito, pero al caer la noche fue inevitable y lo arrastró como un torbellino. Se resignó a la tortura, al delirio de los recuerdos, y así era aún más excitante. Su boca, sus manos, ¡dioses!
¿Cómo pudo vivir así tanto tiempo? Peor aún, ¿cómo iba a hacer de ahora en adelante?
Seguro que lo hizo adrede, no había otra explicación. Su mente maquiavélica planeó la manera de hacerlo sufrir a la distancia, de mostrarle nuevas caras del dolor.
¡La muy maldita!
Y fue un hecho que lo consiguió. Estaba atado a su alma, amordazado mentalmente para intentar siquiera luchar contra esos deseos que crecían cada vez más. Un monstruo. Si, ahora tenía un nuevo enemigo y era él mismo. Gracias, Rukia...
No lo mencione antes pero me inspiré en casi toda la historia gracias a los Enanitos Verdes, así que pueden reconocer estrofas y en este caso el título, si alguien los conoce sabrá a lo que me refiero.
