Y como esto no puede faltar: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la autora de esta genial historia es FoxxyJ, yo solo la traduzco.

Y me acompaña de nuevo mi querida Beta y amiga Erica Castelo, gracias por tu ayuda y apoyo con las traducciones. ¡Eres la mejor!

Shakespeare: si no sabes quién es, entonces ve a Google de inmediato. Vamos, ve. ¡Ahora!


Capítulo 5 – Los chicos de Shakespeare

El humor de Edward no había mejorado durante la noche. No había podido dormir porque el rostro de una desolada Muñeca, con lágrimas cayendo por sus mejillas, lo perseguía. Ni siquiera sabía por qué le importaba. Esa chica significaba problemas, sin importar lo hermosa que era su mente. Había visto muchas imágenes mentales atractivas en su vida, pero tenía que admitir que su transmisión tenía una categoría propia.

La forma en que veía la vida le hacía placentero estar dentro de su cabeza. Incluso cuando estaba siendo crítica con aquellos a su alrededor, lo hacía de forma amable. En el fondo, Edward sospechaba que esta exasperante mujer tenía un corazón de oro, y quería llegar a conocerla a pesar de lo que podrían haberle dicho a ella sus acciones.

Hacerla llorar no había sido parte de su plan. Solo quería encabronarla tanto como ella a él. Cuando estaba siendo razonable, él sabía que técnicamente no era su culpa que pudiera ver cada una de las imágenes sexuales que revoloteaban en su mente, por lo que no debía estar molesto con ella. Además de eso, fue su idea llamar orgasmo a su bebida. Sabía perfectamente bien que ella se presentaría—como lo había estado planeando—y el nombre de la bebida convertiría su mente en una alcantarilla en el momento que lo dijera. Como siempre, Edward había tenido razón, pero no esperaba que su asalto mental lo excitara tanto como lo hizo. Cada vez que Bella pensaba en la palabra orgasmo, se imaginaba a sí misma gritando de placer a manos de Edward—por su lengua, sus dedos, su polla.

Estaba agradecido que sus clientes no pudieran ver su entrepierna detrás de la barra, porque había estado en diferentes estados de semi a malditamente duro durante toda la noche. Ella lo deseaba, a pesar de lo que decía, y las cosas que quería que le hiciera lo tenían al borde. Cuando ese tipo la tocó, pensando en lo que le haría si ella accedía a ir a casa con él, Edward perdió el control.

No iba a permitir que algún otro idiota cosechara los beneficios de su juego previo de cócteles. Había visto su mente excitarse cada vez más entre más se embriagaba. Edward no la estaba emborrachando para meterse en sus pantalones. Esa nunca fue su intención, porque ella tenía el control de las bebidas que elegía consumir. Edward era el dueño de un bar y nunca usó el alcohol para meterse en las bragas de las chicas. Por lo general—no lo necesitaba. Edward solo quería ver dentro de su mente cuando estaba relajada. Varias veces captó que tenía problemas de dinero, de modo que pensó que podía invitarla a una noche de cócteles gratis y ver qué resultaba.

Simplemente, Edward no comprendía por qué le había sido tan difícil cuando ella le dijo que no lo besaría al final de la noche. Quiso gritarle que era una calientapollas, pero de nuevo, no era su culpa que pudiera ver lo que estaba pensando. Sus acciones eran inocentes y no lo había engañado en lo absoluto, porque obviamente era una buena chica a diferencia de su amiga rubia.

Edward maldijo en voz alta al mismo tiempo que arrojaba con fuerza varias botellas de cerveza vacías en el gran contenedor industrial detrás del edificio. Había esperado que el trabajo físico de separar las latas y las botellas para reciclarlas calmaría su mal humor, pero no había sido así. Se sentía culpable por hacerla sentir mal, y había visto claramente lo decepcionada que estaba al verlo besando a alguien más. Se preguntó si esa sería la última vez que vería a su Muñeca.

"Eres un puto idiota," le gritó Jasper por encima del estruendo que hacían las botellas al verterlas dentro del contenedor.

Edward lo ignoró.

"¿Me escuchaste? ¿Por qué hiciste llorar a dulce cosita? ¿Eh?" Jasper estaba ahora en la cara de Edward. Quería respuestas.

"No sé de qué estás hablando."

"¡Pendejadas! ¿Crees que el desaparecer anoche después de cerrar me haría olvidarlo?"

Edward no podía recordar la última vez que había visto a su súper relajado amigo así de enojado. Continuó desarmando las cajas de cartón.

"Te había visto actuar como un cretino antes, pero lo de anoche fue injusto. Ella no merece ser tratada así," le gritó.

Aunque Edward quería gritarle en respuesta, sabía que se había extralimitado. En parte, se deleitaba por el abuso que Jasper le estaba dando por su comportamiento. El que lo castigaran por eso lo hacía sentir mejor.

"Estoy tan enojado que quiero golpear algo," dijo Jasper, claramente exasperado por la falta de respuesta de su amigo.

"¿Qué tal a mí?"

"No me tientes," dijo Jazz. Se dio la vuelta y entró otra vez al edificio solo para regresar un minuto después con otra carga de envases vacíos. Alice lo siguió.

"Desearía que lo hicieras," dijo ella.

"Estoy tratando de ser bueno," respondió.

"¿Desearías que hiciera qué?" Preguntó Edward.

"Que te golpeara. Todavía no se ha decidido."

"No veo cuál es el puñetero problema. Besé a una chica que quería ser besada. Soy un hombre libre. Eso no es nada malo," dijo Edward, limpiando el sudor de su frente.

"Sí, sigue engañándote con esa mierda, hermano," respondió Jasper. "Vi la expresión en tu rostro cuando ella salió llorando de aquí."

Los chicos continuaron con su limpieza diaria en silencio, hasta que Em entró caminando por el callejón.

"Em," exclamó Alice, viéndose muy emocionada.

"Hola, Alice. ¿No me viste venir?" Bromeó.

"Pídeselo de nuevo."

"¿De qué estás hablando?"

"De la Rosa (1) espinosa. No me agrada mucho, pero sé que te gusta."

"Oye, te dije que no husmearas en mi futuro," le dijo, pero no estaba enojado.

"Lo sé, pero esto te hará feliz, y me encanta que siempre estás feliz de todos modos, pero serás aún más feliz," terminó de decir Alice, preguntándose si al menos habría tenido sentido lo que dijo.

Antes de que él pudiera hablar, añadió, "Te dirá que sí, y ni siquiera menciones que es demasiado buena para ti porque en realidad es al revés."

Em sabía que nunca debía discutir con Alice.

"Genial," le dijo, chocando los cinco con ella. "También sé exactamente cómo lo voy a hacer. Una dama como ella se merece ser tratada de forma especial."

Edward rodó los ojos. Lo último que necesitaba era que el hombre más atento que conocía lo hiciera sentir como a un cretino aún más grande. Emmett nunca hubiera tratado a Muñeca como Edward lo había hecho si le gustara. Edward rogó que Em no haya visto a Muñeca llorando, porque no estaba seguro de que su rostro pudiera soportar ser golpeado por esos enormes puños.

"Craigslea y Asociados. ¿En qué puedo ayudarlo?" Bella dijo por el intercomunicador.

"Soy yo. Trae tu trasero aquí abajo en cinco minutos. Vamos a ir a almorzar," dijo Rose.

"No puedo, Rose."

"Bella, sé que tu receso para almorzar empieza en cinco minutos. Si es por el dinero, estoy segura que puedo comprarte una rebanada de pizza."

Bella odiaba que Rose hubiese adivinado correctamente, pero cuando acababa de llenar una aplicación para un préstamo hace dos días, no iba a desperdiciar un solo centavo innecesariamente.

"Bien."

Agarrando su bolso, metió la cabeza en la oficina de su jefe para avisarle que iba a salir, en lugar de comer en su escritorio como lo había estado haciendo últimamente.

"Genial. Tráeme un sándwich cuando regreses," dijo James.

Joder. Joder. Joder.

"Um, claro."

Esta mierda es tan embarazosa.

"Ah…"

"¿Qué? Sabes lo que me gusta."

"Sí, um, ¿me puede dar el dinero ahora? Estoy un poco recortada esta semana," admitió.

Soy una mujer de 28 años, y ni siquiera tengo dinero para un maldito sándwich para mí.

Me cago en mi vida.

"Wow, Bella, nunca pensé que fueras una adicta a gastar. A tu edad deberías tener ahorros," la sermoneó. "Empezar algunas inversiones."

"Lo sé," le dijo, tomando nota.

Bella podía administrar mejor que cualquiera que conocía, y odiaba actuar como si fuera un desastre con el dinero.

Sentadas en su lugar favorito en el parque, Bella devoró su rebanada de pepperoni. El menú de esta semana para el almuerzo eran sándwiches de mantequilla de maní—todos los días—y ya estaba harta de ellos.

"Vamos a regresar a SER el sábado por la noche," anunció Rose.

"Nop," dijo Bella, su boca llena.

"Te necesito," dijo Rose, dándole a Bella unos ojitos de cachorro.

"¿Por qué?"

"Em me envió un inmenso ramo de rosas amarillas."

"¿En serio?"

"Sí. ¿Sabías que las rosas amarillas significan amistad, alegría y nuevos comienzos?"

"Eh."

Wow, Em es bueno.

"Como sea, me dijo que si quería salir en una cita formal, tenía que mandar un mensaje diciendo 'sí' a un número, y lo hice. Me respondió el mensaje y dijo que quería hablar conmigo en persona para organizarla y me pidió si iba al bar el sábado."

"No me suena a que me necesites."

"B, no quiero ir sola. No tienes que hablar con ese imbécil si no quieres. Yo te pido todas las bebidas. Ni siquiera tienes que vestirte elegante. No me quejaré. Estará abarrotado, de modo que vas a poder evitarlo si quieres. Nos quedaremos solo una hora o dos. ¿Por favor?"

"Rose."

"¿Por fis?"

Oh, no me ruegues.

Mierda.

"Una hora máximo, y me debes una," Bella cedió.

Bella estaba sorprendida de lo calmada que se sentía esperando afuera de SER. Creyó que estaría más nerviosa al pensar en estar en la misma habitación que Edward, pero en realidad tenía tantas cosas en mente que él era la menor de sus preocupaciones. Los celos que sintió al verlo besar a otra mujer la habían sorprendido. No le había dado importancia porque no había forma que estuviera desarrollando sentimientos por ese hombre exasperante.

La expresión en el rostro de Em cuando vio a Rosalie no tenía precio. El corazón de Bella se aceleró, y deseó que algún día un hombre la viera de esa forma.

"Hola," dijo Bella. "¿Quién eres esta noche?" De verdad la divertía sus cambios de nombres en personajes.

"Cassio."

¡No puedo creerlo!

"¿En serio? ¿Voy a encontrar a Yago detrás de la barra?"

En verdad sería el villano perfecto.

"No conozco a ningún Vago, pero hay un Horacio y un Banquo trabajando en la barra esta noche." Levantó su mano para susurrar algo, "Al menos creo que así se llaman."

Eh…

Bella dejó a Rose parada con Em y entró. En el momento que lo vio, recordó el verlo succionando la cara de la rubia.

¡Mierda!

Vacío…

Había practicado pensando en nada desde que accedió a acompañar a Rose. Una de las chicas de su oficina le había dado un CD de meditación, y las técnicas realmente funcionaban. Su parloteo internó cesó.

Bella se desplazó para ocultarse entre las personas que ocupaban el área cerca de las cabinas. Mesas altas y bancos cubrían el espacio del suelo y servían bien para cubrirse. No quería estar cerca de la rocola por miedo a que Edward ya supiera que era su lugar para observar.

En efecto, vio a Edward mirando a través de la pista. La había escuchado.

Vacío…

Bella vio al joven travestí acercarse al bar. Su maquillaje lucía mucho mejor, como si hubiese estado practicando. La razón por la que lo había notado fue porque la multitud se abrió para él porque estaba usando la "camiseta de la suerte". Esta era negra con el nombre de su personaje en letras doradas a través de sus hombros. La suya decía "Titania," y eso hizo que Bella resoplara. Por un momento, se permitió pensar si el mujer/hombre joven sabía el sentido de eso, y luego consideró la razón detrás de los personajes elegidos. Solo pensó en ello por un minuto antes de vaciar su mente y esperar a Rose.

Desde la última vez que Bella vio a Edward, reflexionó en todas sus interacciones con él desde que se conocieron. Llegó a la conclusión de que había estado jugando un juego con él, pero su intención nunca había sido la de lastimarlo o molestarlo. También estaba tratando de avenirse a la regla de "solo ser". Era un concepto tan extraño para ella, y confundía su mente más de lo que le gustaría admitir.

Deseaba haberle dicho su nombre, y también deseaba haber reaccionado mejor la noche que había cuidado de ella al advertirle a ese tipo. El problema fue que los hombres siempre habían hablado por Bella toda su vida. Había iniciado con su padre tomando todas las decisiones por ella. Eligió sus actividades extracurriculares, la universidad a la que asistió, incluso su carrera. Eligió las compañías a las que debía aplicar para un trabajo, y con la ayuda de Renee, novios potenciales. Sabía que lo había hecho porque la quería más que a nada, pero ahora que estaba libre de las decisiones de él, no iba a volver a eso.

No podía entender exactamente por qué Edward siquiera se había molestado en defenderla para empezar. No estaba enamorado de ella—esa idea era ridícula—y parecía ser muy voluble con ella. Debió haberle preguntado si ella quería que se deshiciera del señor corte militar. Eso la hubiese hecho sentir especial, pero decirle al tipo que ella era suya era pasarse de la línea.

Bella se sintió como la fea del baile, sola de pie sin siquiera una bebida en la que ocuparse.

Vamos, Rose.

Vacío…

Diez minutos más tarde, Bella seguía dando vueltas. Al haber ido ya al tocador—innecesariamente—regresó circulando entre las mesas llenas de gente.

"Hola," dijo una voz femenina junto a ella.

"Oh… hola… ¿Oráculo?" La forma en que Bella lo dijo hizo que sonara como una pregunta.

El Oráculo sonrió y se acercó a ella. "En realidad es Alice, solo que no aquí."

Bella no estaba segura de qué decir, y en verdad no quería una lectura.

"Edward me pidió que te diera esto," le explicó, tendiéndole un pequeño cilindro dorado. "También dijo que hay una coca de cereza en la barra con tu nombre… si la quieres."

"Pero, ¿creí que se suponía que debía escribir en esto la bebida?"

"Creo que hay un mensaje para ti dentro de ese," dijo Alice.

"Oh."

"Espero verte por aquí. Disfruta de tu noche," le dijo antes de que se la tragara la multitud en movimiento.

Bella miró el cilindro como si guardara el paradero del Santo Grial.

No más juegos, por favor.

Abriendo las dos partes, se asomó un pequeño papel doblado. En letra clara estaban dos palabras: Lo siento.

Yo también.

Bella escarbó en su bolso por un lapicero y escribió su mensaje en respuesta. Se abrió paso hacia el extremo de la barra de Edward y esperó a que la atendiera, manteniendo su mente en blanco.

La sonrisa que él le dio cuando la vio hizo que su respiración se atorara.

"Hola," le dijo, sintiéndose tímida de pronto.

"Hola, ¿puedo prepárate esa bebida?"

"Sí, por favor," le dijo, deslizando el cilindro hacia él.

"No, ese es para ti."

"No, es para ti," le respondió.

Edward lo cogió y lo abrió. La sonrisa que le dio esta vez hizo que la anterior pareciera una mueca.

"Gracias, Bella. Gracias."

Bella deseaba que su orden fuera más complicada para que pudiera quedarse con él más tiempo. Demasiado rápido, puso su bebida gaseosa frente a ella.

"¿Puedo preguntarte sobre el tema de esta noche?" Le preguntó, al notar que la camiseta de Edward tenía una cita escrita con un color dorado similar a través de su pecho.

Decía, "Si alguna vez me diste lugar en tu corazón…"

"Claro," le dijo, bajando la vista hacia su propia camiseta.

"Sé que es de Shakespeare, pero Hamlet, Otelo y Macbeth. ¿Cuál es la conexión?"

"¿No basta con Shakespeare?" Preguntó, con una juguetona sonrisa engreída al mismo tiempo que servía un trago de vodka en un vaso pequeño junto a su coca.

"No creo que lo sea para ti."

"Estoy impresionado." Solo la observó por lo que pareció una eternidad, pero en realidad solo fueron unos cuantos segundos. "¿Horacio es?"

"El amigo de Hamlet," terminó de decir ella.

"¿Banquo es?"

"El amigo de Macbeth." Ella ahora sonrió.

"Y…"

"Cassio es el amigo de Otelo."

"Sí," él confirmó. Edward levantó su trago de vodka y lo sostuvo frente a ella. "Por los amigos."

El corazón de Bella le latía como un pequeño conejito tratando de escapar.

"Por los amigos," repitió, chocando su vaso con el de él antes de que bebieran.

"Tengo que seguir trabajando," él le dijo, señalando a los pacientes clientes esperando junto a ella.

"No me voy a quedar mucho tiempo," dijo Bella. Quería que supiera que no lo estaba evitando cuando se preguntara dónde estaba más tarde en la noche.

"Pero, ¿volverás?" Le preguntó. Una vez más la mirada en sus ojos hizo que Bella quisiera alcanzarlo y cerrar el espacio entre ellos.

"Definitivamente."

"Te veré pronto, Bella."

Bella flotó a su lugar acostumbrado cerca de la rocola y lo vio trabajar mientras se terminaba su coca de cereza. Su hora en SER casi terminaba, así que se encaminó hacia afuera para encontrar a Rose y Emmett cerca del otro conversando en la acera.

Esta noche había sido más de lo que Bella pudiera haber esperado.

Amigos.

Me gustó eso.

Sabía que dormiría bien por primera vez durante toda la semana.

No puedo creer que esté desperdiciando su dinero en otra fea pieza de basura inservible.

Bella estaba frente al escritorio de "recepción" que le llegaba hasta el pecho en la galería favorita de James. El mostrador siempre la ponía nerviosa porque parecía haber sido construido con una combinación de paneles de vidrio, alambre de cobre y cuadros de crochet. Su mayor miedo era que la maldita cosa colapsara cada vez que se acercaba a ella. Como resultado, el cheque lucía como si un niño de quinto grado lo hubiera rellenado porque no se quería recargar en el estúpido mostrador inestable.

Una fuerte brisa y la mitad de esta mierda serán escombros.

"Los llamaremos cuando Felipe haya terminado su creación," la chica con un sentido de la moda que Bella pensó combinaba con su feo escritorio dijo.

"¿Cuándo sería eso aproximadamente?"

No me pongas los ojos en blanco, Pequeña Señorita Muffet(2).

¿Te pasaría algo si peinaras tu jodido cabello?

¿O eso también es "arte"?

"No puedes ponerle un plazo a la creación de la belleza."

¿Belleza?

Eso es debatible.

"Entonces, esperaré su llamada."

Bella miró al otro lado de la calle hacia SER. Estaba felizmente sorprendida de encontrar el letrero neón de abierto brillando desde la ventana a las 3 de la tarde de un martes.

Bella estaba agradecida por su elección de ropa de esta mañana cuando abrió la puerta del bar. Traía puesto su traje negro bueno con una camisola color bermellón debajo de su chaqueta. Tenía menos de seis meses con ese conjunto y le quedaba bien. Siempre la hacía sentirse orgullosa cuando lo usaba—le daba la confianza en sí misma que no sentía a menudo. Se quitó sus guantes y la bufanda, contenta otra vez en el confortable calor del bar.

Edward levantó la vista al escuchar la puerta. Dejó de contar el cambio en la caja registradora y se movió hacia la barra para apoyar sus brazos cruzados mientras esperaba a que cruzara el piso vacío. Él estaba sonriendo.

"Bella."

"Edward."

"Esta es una agradable sorpresa."

"Estaba al otro lado de la calle por mi jefe. No esperaba que estuviera abierto."

"Solo cerramos los lunes, y abrimos como a las 2:30 o 3 de la tarde un día sí, un día no."

Bella miró alrededor. El lugar estaba desierto salvo por "Titania" en una cabina…

¿Solo?

¿Sola?

Como sea…

"¿Está aquí Pastelito?"

"Tiene el día libre. ¿Puedo servirte algo?"

Bella nunca antes se había sentido tan relajada con Edward. Si así se sentía el ser amigos con él, entonces podría acostumbrase. Su ofrecimiento de servirle algo envío un escalofrío por su espalda.

Vacío…

Esperaba que no se estuviera sonrojando, pero él se veía tan feliz de verla que en realidad no le importó. Él la observó por otro minuto, y Bella estaba a punto de preguntarse si la estaba escuchando pero se detuvo a tiempo.

Vacío…

"Bella. No fue mi intención hacerte llorar, ¿sabes?"

"No lo hiciste."

Él se le quedó mirando con curiosidad.

No preguntes. Por favor. No fue por ti.

"Me alegra. Yo estaba… bueno… estaba siendo algo cretino." Soltó una carcajada. "Estaba tratando de darte celos."

"Funcionó," admitió ella. Era justo ser honesta con él, ya que por primera vez parecía estar arriesgándose con ella. Se miraban el uno al otro en silencio mientras Edward ordenaba las cosas detrás de la barra.

"Esa es mi favorita," dijo Bella, señalando su camiseta.

"¿Labios Dulces?" Le dijo, rellenando el contenedor que tenía pajillas para bebidas de diferentes largos. Cuando sus ojos se encontraron, él lamió sus labios.

"Sí." Se sonrojó. En ese momento Bella de verdad quería ser ella misma. Quería olvidar su problemática vida incluso si solo era por un segundo. Nunca había hecho nada extremo, pero eso cambiaría hoy. Su visita era completamente inesperada, y se sentía bien.

Por primera vez en la vida de Bella, simplemente iba a ser ella misma.

Pensó en su fantasía del bar-gasmo fuerte y claro y esperó a que Edward la escuchara.

El que sus ojos se oscurecieran le dijo que había visto dentro de su mente.

"¿Me estás jodiendo?" Preguntó, sin el atisbo de una sonrisa a la vista.

"No."

"¿Qué quieres decir con 'no'?"

"Me quiero sentir viva, Edward. Muchas áreas de mi vida están muertas, pero tú me haces sentir viva. Sé que es mucho pedir, y si dices que no, lo entenderé, pero estoy tomando un riesgo," le dijo, de pronto insegura de sí misma porque le estaba haciendo una proposición a un hombre que apenas conocía, y no cualquier proposición, sino que le estaba pidiendo que le comiera el coño ni más ni menos.

"Lo que me muestres en tu mente ahora es exactamente lo que te daré, así que asegúrate de que es lo que quieres. Una vez que empiece, no habrá cambio opinión," le dijo con voz baja.

Bella cerró sus ojos e imaginó la escena que había reproducido muchas noches en su mente cuando estaba sola en cama. Se imaginó a Edward ayudándola a subir a la barra, sus dedos deslizándose hacia arriba por la parte exterior de sus muslos, subiendo su falda. Después de remover lentamente su ropa interior, atoró sus tacones detrás de la brillante barra de latón que estaba a lo largo del mostrador. Colocando sus manos sobre sus rodillas dobladas, las separó con delicadeza, dejándola completamente abierta. Se sentía vulnerable en esta posición reveladora, con su rostro muy cerca de su centro, pero al mismo tiempo se sentía segura. Confiaba en este hombre que casi no conocía y ni siquiera había besado.

Sus labios comenzaron en la parte interior de su pierna, justo debajo de su rodilla. La sensación cuando tocaron su piel fue eléctrica, y ella se aferró a la parte trasera de la barra para sostenerse. Observándolo, él fue minucioso al abrirse camino por su pierna hasta que su lengua salió y se hundió dentro de ella. Metiendo sus brazos a través de sus piernas dobladas, la acercó más, de manera que pudiera enterrarse entre sus muslos. Los dos gimieron cuando chupó con fuerza, llevándola al borde del orgasmo que le aguardaba en solo minutos. Estaba tan excitada que él no necesitó de mucho tiempo. Mordisqueando, lamiendo, chupando y con movimientos rápidos de su lengua—ella gritó su nombre.

"Jacob," dijo Edward con voz ronca. "El bar está cerrado."

"Pero, acabo de recibir mi bebida," el joven vestido con un conjunto de tafeta rosada se quejó.

"¡Tú y tu maldito fluffy duck (3), salgan de una puta vez de aquí!"

"Pero…"

"Quédate con el vaso. Maldición, muévete."

Edward rodeó la barra con un objetivo en mente. Sacó al chico sosteniendo su bonito cóctel por la puerta antes de cerrarla con llave y apagar el letrero de neón. Parecía un predador a punto de matar cuando caminaba de regreso a ella. Por primera vez, su mente estaba completamente en blanco. La reacción de su cuerpo a este hermoso hombre, con la evidente erección empujando sus jeans, la hizo apretar los muslos juntos, y rogó que sus piernas no cedieran en ese momento.

Las manos de Edward sujetaron con fuerza su cintura, y la levantó poniéndola sobre la barra como si no pesara nada. Sin decir una palabra, siguió su imagen mental al pie de la letra, y antes de que se diera cuenta, su fantasía más salvaje se acababa de volver una realidad.

Edward se enderezó y se apartó de ella, lamiendo sus labios—con una orgullosa sonrisa engreída en su rostro.

Bella sintió su cuerpo como metal líquido—ardiente y totalmente maleable.

"Wow, eso fue…" No pudo pensar en una expresión acertada.

"¿Para tu satisfacción?"

"¿Estás bromeando?" Le dijo, colgando sus piernas a un costado de la barra y tratando de enderezar su falda. "Eso fue perfecto."

Edward sacó una silla baja de una de las mesas pequeñas y la giró para quedar frente a ella. Se sentó, todavía mirándola, y Bella deseó poder leer su mente.

"No te gustaría. Créeme," le dijo bajito, antes estudiar sus manos en su regazo.

"¿No me gustaría qué?" Pensó que ya lo sabía, pero era extraño tener una conversación sin que una de las partes hablara.

"No quieres esto. No es lo que crees."

"Bueno, dime." La forma en que lo dijo no fue demandante, más bien una súplica para que la dejara entrar.

Edward se veía afligido. La tensión sexual entre ellos se había desvanecido. Bella no quería molestarlo, pero estaba desesperada por entender su habilidad. Le acababa de probar sin lugar a dudas que podía leer su mente, porque nunca le dijo una sola palabra de su fantasía, y aun así él acababa de darle exactamente lo que se había imaginado.

Bella quería acercarse a él para hacerle ver que no tenía de qué preocuparse.

"Quédate ahí," le dijo. "Por favor. Ya de por sí será bastante difícil."

Bella se quedó sentada con sus piernas colgando sobre la barra de latón y esperó. Su dedo trazó las líneas en la veta de la madera junto a ella.

"Puedo ver las imágenes en tu mente. Siempre he sido así, y no puedo evitarlo. No es como si husmeara en las cabezas de la gente como dijiste." Se detuvo y solo se le quedó mirando.

Vacío…

Edward tragó saliva y se veía como si fuera a vomitar.

Está bien.

Puedes contarme.

"Sí, tal vez ahora te parezca bien, pero pronto me estarás llamando fenómeno."

"Nunca haría eso," se defendió.

"Eso es lo que todo el mundo dice, y luego se vuelve agotador el no tener ninguna privacidad, y entonces me gritarás. Quiero decir, tú ya me gritaste que me mantuviera alejado de tu mente, ¿no es así?"

Oh Dios mío.

Lo siento tanto.

Yo nunca…

"Tampoco quiero tu lástima, Bella. ¿Ves? Nunca podrás ganar conmigo porque lo que más deseo es imposible."

No creo que seas un fenómeno.

Creo que eres increíble.

"Esto…" Dijo, señalando su cráneo "… no es increíble. Es un puñetero cáncer en mi mente."

"Edward, no es un cáncer. Es una habilidad increíble."

"Mira, lo has experimentado como unos cinco minutos. Yo le he tenido toda mi vida. Lamento no estar de acuerdo, pero por esta vez no quiero discutir contigo."

"De acuerdo, pero solo para que lo sepas, la razón por la que te grité no tenía nada que ver con tu habilidad. Eso tenía que ver contigo hablando por mí. Además, estaba confundida por…" los señaló a los dos "… nosotros. Qué es lo que está pasando… o no. No soy muy buena con las cosas chico/chica."

Esperó a que él dijera más, pero parecía perdido en sus pensamientos.

"No soy solo yo, ¿cierto? También puedes leer a otras personas, pero no a todos. ¿Verdad?" Le preguntó titubeante.

Edward parecía un caballo salvaje—inquieto, asustadizo y listo para salir corriendo en cualquier momento.

"¿Cómo sabes eso?" Parecía curioso y de pronto un poco más calmado.

"No pudiste leer a Rose, mi amiga. Y, adivinas las bebidas de algunas personas, pero no las de otras." Bella recordó lo que había presenciado. "No pudiste ver los bombones esa noche."

Edward se rio, pero fue un sonido frío.

"Mierda. Tengo que ser más cuidadoso." No estaba enojado, y Bella no pudo descifrar que emoción estaba detrás de sus palabras. "Eso es cierto. Solo puedo ver a algunas personas."

"Sigues diciendo ver en lugar de leer. ¿Por qué? ¿No lees sus pensamientos?"

"No, joder. Bella," le dijo, su tono atormentado. "No debería contarte esto. Yo… tú…"

"No quiero lastimarte, pero necesito entender si vamos a ser amigos."

Puedes confiar en mí.

"Quiero hacerlo, Bella. Pareces ser muy dulce, y tu mente es verdaderamente exquisita. La forma en que piensas es como lo que nunca antes he visto, pero… la gente dice una cosa y hace otra."

Te juro que mantendré tu secreto a salvo.

"Por favor, no hagas que me arrepienta de esto." Estaba tan vulnerable sentado en el bar vacío, mirándola. Bella casi pudo escuchar a su corazón partiéndose en dos por él. Sus emociones ahora eran intensas, y no podía controlar su mente.

¿Qué fue lo que te pasó?

¿Quién te lastimó?

Te prometo que yo no lo haré.

"No puedo leer tu mente como un libro o escuchar tus pensamientos," le explicó. "Veo imágenes."

"¿Imágenes?"

"Dibujos. Algunas personas piensan en palabras, otras no. Las personas visuales piensan en imágenes—de diversa calidad, por supuesto. Las imágenes de algunas son difíciles de interpretar, pero las tuyas… ¡Dios! Tu mente es muy hermosa." Le dio una pequeña sonrisa.

"¿En serio? ¿Pienso con dibujos?"

"Sí, casi en su totalidad, y son tan detallados que es fácil para mí saber lo que estás pensando. Eres como un libro de cuentos."

"Wow."

"Wow, es un eufemismo. Tus imágenes sexuales son las más lujuriosas y eróticas que he presenciado en mi vida. No creí que algo pudiera sorprenderme después de treinta años de ver en la mente de la gente, pero mierda, Bella… Ese primer día que viniste al bar, me tomaste totalmente desprevenido."

¡Qué vergonzoso!

"No, no es vergonzoso." Edward estaba más animado ahora que la atención se había trasladado de él a Bella. "Desearía que pudieras verlas. Son tan jodidamente sexies, Bella. Fue por eso que ese día rompí todas mis reglas y prácticamente te dije lo que podía hacer."

"Pero, ¿no te ofendiste porque estuviera pensando eso?"

"Bella, soy un hombre—todo el sexo es buen sexo. Eres una mujer atractiva. ¿Por qué estaría molesto de que quisieras acosarme sexualmente?" Su sonrisa engreída apareció y provocó que Bella se sonrojara. "Hay una pervertida oculta dentro de ti, y quiero que la dejes salir más a menudo."

Oh Dios, me desea.

"Joder, sí," dijo con voz ronca, y tan rápido como la tensión sexual se había desvanecido, regresó.

Él se recargó en la silla con las piernas abiertas.

Oh Dios… respira…

¿Dónde está mi ropa interior?

"No la necesitas todavía. Ven aquí," le dijo. Levantó una mano y le indicó con el dedo índice que se acercara. "Quiero ese beso. Me has estado tentando demasiado tiempo con él, y creo que acabo de ganármelo."

Bella se bajó de un salto de la barra con tanta gracia como pudo reunir, que no fue mucha. Estaba agradecida de haber logrado aterrizar sobre sus pies pero deseó poder haberlo hecho de forma un poco más sensual.

"No te ves a ti misma con claridad. Maldición, eres muy sexy, Bella."

Bella se paró entre sus piernas y lo miró.

"¿Por qué deseas tanto besarme?" Ella le preguntó.

"Porque te encanta besar. Lo que piensas de besar es tan íntimo y erótico que me hace querer saber cómo se siente hacerlo contigo más que nada en el mundo."

Me encanta besar.

Quiero besar tus labios dulces.

La voz de Edward sonó tan áspera como la grava. "Piensa en cómo quieres besarme. Soy un cabrón egoísta, Bella. Tomaré lo que sea que estés preparada a darme."

Bella se imaginó sentarse a horcajadas en su regazo, sintiendo su duro cuerpo debajo del suyo, deslizando sus dedos en su cabello rebelde y al fin tocar sus labios con los suyos en un beso tan ardiente que detendría el latido de sus corazones antes de volverlo a iniciar—esta vez en sincronía.

"Mierda. Vas a hacer que me corra," gruñó Edward, despertando a Bella de su ensoñación.

Agarró su mano y la sentó sobre su regazo. El contacto de sus cuerpos tocándose por primera vez—pecho con pecho, cadera con cadera—los encendió a ambos. Fue incluso mejor de lo que él había visto en su mente. Ella satisfacía sus expectativas. Era perfecta, y en ese momento, era completamente suya. Tomó su rostro entre sus manos, sin poder esperar, y la acercó a él.

La pareja se besó como si fueran sus últimos dos minutos sobre la tierra. Fue intenso y lleno de necesidad. Edward temió que esta fuera la única oportunidad que tuviera de estar con esta increíble criatura. Sabía que iría a casa y digeriría todo lo que le había contado, y luego, cuando lo hubiese asimilado, se esfumaría. La asustaría, y estaría solo una vez más.

La besó sabiendo que sería la única oportunidad que tendría, y permitió que su guardia bajara y se entregó a ese beso, en alma y cuerpo. Por primera vez desde que podía recordar, no tuvo que contenerse. Ella sabía quién era, y seguía dispuesta a besarlo.

Bella se había pegado totalmente a Edward. Se aferró a él, queriendo sentirlo por todas partes al mismo tiempo. Al necesitar aire, se separó.

"Oh Dios, de verdad sabes dulce," gimió.

"Eres tú," él le respondió, sin aliento al igual que ella. El significado de sus palabras no le pasó a ella desapercibido al recordar dónde acababan de estar sus labios.

Oh, joder, eso fue caliente.

Bella nunca se había sentido tan viva en su vida. Solo quería ser ella misma. Su cuerpo quería a Edward, y lo quería ahora. Pensó en deslizar su mano entre ellos y bajar el cierre de sus jeans mientras se besaban una vez más. Esperó su reacción pero no recibió ninguna. Sus manos sujetaban sus caderas, y empujó las suyas contra las de ella. La falda de Bella se había subido de nuevo alrededor de su trasero para permitirle estar a horcajadas sobre él. En circunstancias normales, hubiese estado mortificada, demasiado avergonzada para revelar su cuerpo de esa forma en un lugar público, pero Edward la hacía sentir como una diosa. La excitaba, y la volvía loca. Podía ser ella misma y estar orgullosa de su cuerpo y sus deseos incontrolables.

"Edward," apenas pudo decir mientras los labios de él se comían la piel de su cuello.

Sin querer detenerse, él gruñó en respuesta.

"¿Puedes oírme? Um… Dios… quiero decir, verme," finalmente logró decir.

"¿Qué, Muñeca?" Se tomó un momento para mirarla.

"Qué estoy pensando ahora."

"¿Por qué no me lo dices? Oírte decir esa mierda es igual de ardiente."

Las palabras de Edward le aseguraron a Bella que se correría de nuevo, antes de que siquiera lo hicieran.

"Te deseo. Quiero…" Era mucho más fácil pensar en sus peticiones indecentes en vez de verbalizarlas.

"¿Quieres qué?" Edward ni siquiera estaba tratando de ocultar lo duro que estaba por ella, pero tampoco quería presionarla.

Solo ser yo misma.

Ser aquí.

Ser ahora.

Ser lo que tú deseas.

"Quiero bajar el cierre de tus jeans y montarte."

"Mierda."

Antes de que Bella tuviera tiempo de cambiar de opinión, la mano de Edward estaba entre ellos mientras luchaba con su cierre. Maldijo sus estúpidos jeans al tener problemas para liberarse. Bella soltó unas risitas y a regañadientes se echó hacia atrás para darle más espacio.

Su polla saltó de sus confines y Bella gimió.

"Joder, es lo bastante grande para darme más que una sonrisa," le dijo, recordando lo que él le dijo la primera noche que pensó en su polla.

Bella tuvo un momento de claridad mental al preguntarse si él tendría un condón. Si no, no iba a detenerlo porque deseaba este momento, y había estado tomando anticonceptivos desde que tenía diecisiete años.

La mano de Edward se colocó en sus muslos y subió más su falda. Podía ver su coño, y cuando sus ojos encontraron los de ella, cualquier idea de condones quedó en el olvido. Ningún hombre había deseado a Bella a ese grado, y provocó que su cuerpo se apretara y estremeciera por la anticipación.

Agarró sus hombros y se hundió sobre él. Sus bocas conectadas se tragaron sus declaraciones de religión y la existencia del cielo. La pareja estaba tan excitada que no se necesitó de mucho tiempo para que cada uno de ellos cayera al precipicio del deseo. Fue una follada rápida y frenética y nada parecido a lo que Bella había experimentado antes. No podía recordar la última vez que se corrió con su pareja, y definitivamente nunca se corrió por simple penetración.

El bar se quedó de pronto en silencio excepto por el sonido de su respiración irregular entrando a sus pulmones. Edward descansó su cabeza en el cuello de Bella mientras sus brazos la rodeaban, aferrándose con fuerza.

"¿Estás bien?" Preguntó él.

Bella nunca se había sentido mejor.

"Yo… no puedo ver cuando nos tocamos," él admitió en un pequeño susurro.

Mierda.

No puede escucharme… o debería decir verme… ahora.

"Eso me hace sentir mejor," dijo ella.

"¿Cómo es eso?" Le dijo, todavía jadeando por aire.

"Estaba pensando en tu cierre mucho antes de que dijera algo. No estaba segura de que estuvieras interesado o no."

El cuerpo de Edward vibró debajo de ella cuando rio entre dientes. La tensión que Bella no había notado antes en él se evaporó, y se relajó contra ella aún más, si eso era posible. Él se había revelado por completo.

"¿Cómo es posible que creyeras que no estaba interesado?" Se recargó en la silla, todavía dentro de ella, y quitó el cabello de su rostro. "Nunca te diré que no, Muñeca. No creo que pueda."

Bella se acercó y sacó el máximo provecho de besarlo. Edward era el perfecto besador. No intentó comerse la mitad de su rostro como algunos hombres lo hicieron. Se preguntó cómo lucía el cuerpo de él debajo de su ropa y sonrió cuando recordó que no sabía que estaba pensando eso.

"Será mejor que dejes de hacer eso o de nuevo estaré listo para otra," le dijo.

"Por mí está bien," susurró contra sus labios.

"Bella," le dijo, viéndose tímido de pronto. "Tengo que abrir. Jazz tendrá mis bolas si se entera."

"¿Jazz?"

"Pastelito. Su nombre es Jasper."

"Oh cierto. Sí, lo siento." Demasiado pronto, la realidad la perseguía. De repente Bella se sintió incómoda sentada en su regazo. Acababa de follar a un tipo que apenas conocía, en un bar, completamente vestida, y había sido el mejor sexo de su corta vida.

Oh Dios mío.

Es lo que quisiste.

Se sintió asombroso.

No entres en pánico.

"Oye." Edward la agarró, impidiendo que se levantara. "No te vayas. Quédate un rato y habla conmigo," le pidió, tan nervioso como ella se estaba sintiendo.

"Me gustaría."

Bella encontró su ropa interior y se lavó en el baño. Edward se había disculpado por no tener protección o el suficiente control para decir que no sin ella. Se sintió aliviado por descubrir que tomaba anticonceptivos. Ahora que no se estaban tocando, Bella trató de no pensar en las muchas parejas que pudo haber tenido él, pero ahora no era el momento para eso.

Deja tus preocupaciones en la puerta.

Cuando Edward abrió otra vez el bar, encontró a un Jacob con apariencia divertida esperando pacientemente a ser readmitido.

"Supuse que abrirías de nuevo—eventualmente," le dijo, viendo de Edward a Bella y de regreso.

"¡Cierra el pico, Jake! Ni una sola palabra," le advirtió Edward.

"Sabes que no me llamo así, Labios Dulces."

"Como sea, Betty, Betsy, Bimbo… lo que sea. Siéntate y permanece callado, o averiguaremos que tan rápido te puedes mover con esos tacones."

Edward arrastró un banco alto hacia la barra y lo palmeó para Bella. Desapareció por un rato en la parte de atrás solo para regresar con un plato de alitas Buffalo y papas.

"Es lo mejor que puedo hacer," le dijo, colocando su ofrenda frente a Bella.

"No tenías que hacerlo, pero esto se ve buenísimo."

Me muero de hambre.

"Yo también." Le guiñó un ojo.

Compartieron la comida antes de que Bella viera a Edward preparar el bar. Aprendió que Alice era su hermana mayor y que también tenía un "don," pero a diferencia de Edward, ella podía ver fragmentos del futuro en lugar de los pensamientos. Esa información desencadenó un millar de preguntas. Edward preguntó en voz baja si podrían dejarlas para otra ocasión ya que varias personas habían entrado para tomar una bebida después del trabajo.

Bella divirtió a Edward al imaginar las más extrañas combinaciones en las que pudo pensar. Edward se reía o arrugaba la nariz al ver cada una, amenazando con obligarla a beberlas. Al final, ella se encontró con una enorme coca de cereza repleta de tantas cerezas que le fue difícil meter la pajilla.

"Te vas a comer cada una de esas, señorita," le advirtió.

"Y, ¿qué pasa si no?"

"Tengo mis medios."

A Bella le encantó como los regulares seguían las reglas y se dirigían a él como Labios Dulces. Notó—sin estar segura si lo hacía conscientemente o no—que se lamía los labios en respuesta cuando lo decían. Esto provocó cosas deliciosas en el cuerpo de Bella. Su sensación de saciedad desapareciendo al mismo tiempo que la llama del deseo se encendía dentro de ella.

Eres todo un coqueto.

En su siguiente viaje a la caja registradora, él le susurró, "Y, te encanta."

Edward le hablaba bajito, respondiéndole a su mente cada vez que estaba cerca de ella. Para las 7:30 pm había los suficientes clientes para mantenerlo constantemente ocupado. Un grupo de ocho señoritas entraron, y el show comenzó. Dos de ellas le presentaron cilindros dorados.

Debo preguntar sobre esos.

El show que hizo Edward como resultado mezclando sus bebidas fue impresionante. No se parecía a Tom Cruise en Cocktail, pero definitivamente tenía algunos de sus movimientos. Cuando atendió a una chica particularmente atractiva, que exudaba seguridad y carisma, Bella sintió que los celos hacían su aparición.

Oye, señorita perfección, termina con eso.

Él es mío.

Ups… lo siento.

Vacío…

Bella se concentró en la vasta colección de botellas de licor cubriendo la pared de espejos del bar.

Tequila

Ginebra

¿Están bromeando estas chicas?

Cointeau

Desearía que mis tetas fueran más grandes…

Y… Jager algo así.

Unos diez minutos más tarde, Bella había comenzado a cantar villancicos de Navidad en su cabeza. La risita coqueta de las chicas se escuchaba cada vez más como uñas arañando una pizarra para Bella. Decidió que era el momento de irse a casa. Cuando miró a Edward, él la estaba observando y le indicó que estaría con ella en dos minutos.

Soy madura.

Soy una adulta.

Quiero sacarle los malditos ojos si lo mira de nuevo…

Jingle bells, Jingle bells…

Bella no pudo terminar su canción. Edward apareció frente a ella, medio subió a la barra y le plantó un beso ardiente en la boca. Recuperándose en seguida de la sorpresa, ella agarró su cabello en un puño y lo mantuvo con ella un par de minutos.

"Gracias. Necesitaba eso," dijo finalmente. Su demostración había silenciado las risitas del grupo.

"Lo sé."

"Tengo que irme."

"¿Volverás?" Edward sabía en su interior que era improbable, pero creería en la fantasía mientras durara.

"Lo haré," le confirmó, y con otro besito en los labios, Bella flotó a su casa, sintiéndose más como ella misma de lo que jamás se había sentido.


(1) Obviamente Alice se refiere a Rose, que en español es Rosa como la flor, y lo de espinosa por la personalidad tan difícil de ella, como las espinas de una flor.

(2) En inglés Little Miss Muffet es un personaje de una canción de cuna. La razón por la que Bella llama a la chica así, creo que tiene que ver más con la apariencia del personaje, como lo visten, que con la canción en sí. Pueden buscarla en google si quieren verlo por ustedes mismos.

(3) Fluffy Duck es una bebida, la traducción en español es Pato Fluffy, o al menos así lo vi, como no es muy diferente decidí dejarlo en inglés.


¿Volverá Bella o hará lo que cree Edward? Al fin la dejó entrar, ¿pero será que lo haya hecho del todo? ¿Ustedes que creen? En este capi pudimos saber un poco más de la habilidad de Edward y la de Alice, y ya saben también porque Edward mantiene a la gente alejada, tantos años de temer ser traicionado no pueden dejarse a un lado tan fácilmente, ¿o sí? Espero que me puedan contar sus teorías y lo que piensan de lo que ocurrió entre Bella y Edward.

Muchas gracias por esos reviews, y por hacerme saber que están disfrutando de la historia: Lyuba Azher, Jade HSos, ROSIBEL, Paulina, merce, paosierra, Mony Grey, lizdayanna, Gabriela Cullen, Antonia, YessyVL13, xelatwi, labluegirl94, Lunita Black27, gaby9387, Jenny CR, SummerLove20, Shikara65, Techu, AndreCullen, shamyx, patymdn, freedom2604, tulgarita, rosy canul, Wawis Cullen, Laura Katherine, Yoliki, PEYCI CULLEN, AriiPattinson, Lizzy-0401, Marttha Cullen Dollanganger, Hanna D.L, JeniZuluCullenM, injoa, Dess Cullen, Tata XOXO, EmmaBe, Sei, Ericastelo, Roxy Sanchez, crucitaegr, Bertlin, Sol.43, glow0718, Pam Malfoy Black, lagie, Sully YM, Manligrez, , Mafer y algunos anónimos. Nos leemos en el próximo capítulo.

PD. Algunas me preguntaron por los días de actualización, por los problemas que he tenido con mi compu no puedo darles los días exactos por ahora, espero poder actualizar dos veces por semana. Espero poder hacerlo, pero si trataré que sea constante.

SummerLove20: La historia tiene 25 capítulos y un Outtake ;)